2. El ejemplo de Marx traído de los pelos

Ahora, Astarita nos remite a lo que Marx desarrolla en el apartado IV del Capítulo XV correspondiente al Libro III de “El Capital”, donde expone como ejemplo una empresa propiedad de una capitalista particular, en cuya estructura de producción introduce un adelanto tecnológico incorporado en sus medios de trabajo, que permite reducir a la mitad el trabajo vivo requerido (aumentando el plusvalor al doble del salario) en cada pieza que fabrica. Pero triplica el desgaste que, en términos de valor, esos medios de producción transfieren o trasladan al coste del producto fabricado con ellos, elevando su precio por encima del nivel anterior a la introducción de la mejora tecnológica.

Marx ofrece este ejemplo con la única finalidad de demostrar que, bajo las condiciones establecidas por la Ley capitalista de la productividad, la mercancía de ese productor no es reconocida por el mercado y se queda sin vender. ¿Por qué? Pues, porque a cada unidad de producto añadió más valor en concepto de desgaste de su maquinaria, que el ahorrado en concepto de salarios, razón por la cual no consigue abaratar su valor y el mercado lo rechaza.

En el mercado de un mismo producto, siempre hay fabricantes con capacidad de utilizar maquinarias tecnológicamente preparadas para que su desgaste durante el tiempo en que se trabaja con ellas, transfieran al producto que fabrican menos valor que el ahorrado en los salarios de los trabajadores que sustituyen, permitiendo así que sus patronos puedan vender ese producto por debajo del valor social promedio existente antes de la introducción de esa maquinaria, pero por encima de su valor individual actual, obteniendo así una ganancia extraordinaria. De este modo, a través del mercado, además del plustrabajo sustraído a sus asalariados, consiguen capitalizar una parte del plustrabajo obtenido por empresas con técnicas de producción menos eficaces:

<<Pero si sucede esto, al generalizarse el cambio tecnológico (y si los salarios reales permanecen constantes), la tasa de ganancia sube, en lugar de bajar. (…) por esta razón el GPM no puede explicar qué racionalidad puede tener el cambio tecnológico que postula>>, dice Astarita (el subrayado es nuestro)

Al margen de la racionalidad que el GPM pueda o no aportar —que esto lo veremos enseguida— lo que afirma Astarita —siguiendo a Marx— es que la innovación tecnológica de una maquinaria, cuya utilización permite ahorrar más valor en salarios del que la maquinaria añade al coste del producto por desgaste, lo que sucede una vez que el mercado generaliza el método, es que el valor medio unitario del producto disminuye. Esto es lo que Marx se limitó a demostrar ahí. Pero de aquí Astarita concluye, sin aportar fundamento probatorio alguno, que “la tasa de ganancia sube en lugar de bajar.

 

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