Introducción

<<El que se hace cargo de dirigir una sociedad sin descomponer su régimen político anterior, a la postre debe contar con ser derrocado por él>> (Nicolás Maquiavelo: "El Príncipe" Cap. V)

Respecto de la actual guerra civil en Libia, decir, en primer lugar que, tomar partido por el bando imperialista enfrentado al régimen nacionalista burgués económicamente dependiente del coronel Gadafi, con el pretexto de que “una democracia burguesa genera mejores condiciones” que una dictadura “para la organización de los trabajadores, para ejercer la crítica y desarrollar actividades de propaganda y denuncias”, como sostiene Rolando Astarita, desde el punto de vista revolucionario es tan falaz esgrimirlo, como ingenuo e idílico resulta, a la luz de la historia, el pasaje bíblico donde el profeta Isaías describe al lobo “habitando con el cordero” y al leopardo “acostándose con el cabrito”.

Más aun teniendo en cuenta que la “democracia” de los rebeldes libios alzados contra la dictadura política de Gadafi, es la que simboliza la bandera que enarbolaron y ampliamente difundieron los medios de comunicación occidentales. La que ondeó en todo el territorio de ese país durante la Monarquía Federal Independiente de Libia, cuyo trono fue ofrecido al Rey Idris en diciembre de 1950, y que éste aceptó logrando aprobar en 1951 una Constitución que le otorgó amplios poderes sobre el Parlamento y las recién creadas fuerzas armadas.

Idris formó un gobierno constituido por los líderes tribales de la oligarquía capitalista, a quienes entregó parte del poder a cambio de su apoyo para ejercerlo despóticamente sobre los explotados. Con el agravante de que durante el reinado de ese sátrapa de la tribu de los Sanussi, emir de Cirenaica, Libia no dejó de ser un protectorado británico, salvo la zona de Fezzan, que siguió controlada por Francia hasta el golpe de Gadafi en 1969. ¿Por qué los “revolucionarios” rebeldes libios prefirieron la bandera proimperialista del régimen autocrático, a la tricolor de la Federacion de Republicas Arabes, que en 1972 unió a Libia con Egipto y Siria tras la ratificación en referendos celebrados por esos tres países?

La democracia burguesa occidental jamás existió Libia. Y esto es tan cierto, como que la forma de gobierno imperante en este país fue y sigue siendo tribal, aunque de clase burguesa. Libia, junto a Yemen y Jordania, es una de las naciones donde las tribus han ejercido el poder político durante siglos. Según el historiador libio Faraj A. Najm, existen en Libia 140 tribus, de las cuales solo 30 tienen influencia política preponderante. Si bien el estilo de vida nómada y pastoril que dio origen a esa forma de organización política ha remitido en Libia notablemente, debido a la creciente urbanización impulsada por la industria del petróleo, esas estructuras de poder tradicionales siguen conservando plena vigencia política.

Si se quiere asimilar la estructura socio-política de Libia a la de países capitalistas dentro de la línea de desarrollo típica de Occidente, puede afirmarse que en esa República existen 140 “partidos políticos” donde el poder social burgués fáctico y el político se funden en una misma estructura de poder; no como en las llamadas “democracias avanzadas”, donde el Estado y la sociedad civil tienen ámbitos de actuación orgánica separados; aunque claro está que el determinante de última instancia en cuanto a lo que suceda —en y con— el gobierno del Estado, no depende de lo que hagan o dejen de hacer los partidos políticos sino de la dialéctica entre los poderes económicos fácticos. Como que —al decir de Engels— el poder político dominante es el poder económico concentrado. De aquí que el partido revolucionario del proletariado en el modo de producción capitalista, deba constituirse por completo al margen y actuar con independencia respecto del Estado burgués en cada país y de los entresijos económicos de la sociedad civil.

La “dictadura política” en Libia que tanto así se pregona, no es, pues, personal; no fue la dictadura del Rey Muhammad Idris al-Senussi, como tampoco cabe calificar hoy en sentido estricto al gobierno actual en ese país como “dictadura de Gadafi”. En todo caso fue y es la dictadura política de una alianza entre determinados clanes burgueses dominantes, cuya cabeza visible es todavía el Coronel Gadafi, sin referente institucional jurídico-político permanente de gobierno. Y enfrentado a ella, un movimiento social armado que tampoco en sentido estricto ha tenido su raíz en el autoritarismo político autocrático que aparentemente reivindica, sino en condiciones económico-sociales que ha venido sufriendo últimamente buena parte de los explotados libios por la crisis actual del sistema capitalista, cuyo descontento está siendo canalizado por intereses en principio encarnados en los clanes, hasta el momento del estallido marginados del poder real.

Por tanto, entremeter en este conflicto a supuestas “libertades democrático-burguesas” tal y como han sido legadas por la Revolución francesa, parece algo tan ajeno a la historia y a la realidad social y política de Libia, como a cualquier felino una ensalada de lechuga. Sin embargo, de que así lo parezca no debiera concluirse su imposibilidad. Dado que el arte político revolucionario consiste, precisamente, en hacer posible lo objetivamente necesario, el problema es saber si este cambio que propone Astarita en la forma de gobierno para Libia, es necesario, . Evidentemente, Astarita entiende que sí. Pero, entonces ¿por qué propone la democracia burguesa y no los soviets?

Sobre esto volveremos más adelante. De momento, decir algo que Astarita no ha contemplado, y es que democracia representativa de partidos y forma tribal de gobierno, explica la diferencia entre lo sucedido en Túnez y Egipto respecto de Libia. La democracia burguesa contempla el ejercicio de supuestas “libertades civiles”, para el cambio de color político-formal en el gobierno burgués del Estado —sin cambio alguno de sustancia social— por mediación de la consabida alternancia político-partidaria electoralista. De aquí que la situación en Libia sea potencialmente más explosiva, precisamente porque, en ausencia de democracia burguesa y de separación entre sociedad civil y Estado, toda crisis económica determine que allí la lucha fraccional por el ejercicio efectivo del poder político, tienda a resolverse por la coacción disuasoria o la violencia, tal como está sucediendo.

En este sentido y solo en éste, la correlación política de fuerzas en Libia puede cambiar y, a juzgar por declaraciones del vocero de la fracción burguesa en el poder, Mussa Ibrahim, hacia allí parecen orientarse asintóticamente las presiones bélicas del capital imperialista, es decir, hacia las cercanías de algo parecido a la salida “democrático burguesa” propuesta por el “marxista” Rolando Astarita:

<<Podremos tener cualquier sistema político, cualquier cambio, constitución, elecciones, cualquier cosa, pero el líder debe llevar adelante todo eso. Esto es lo que creemos", dijo el portavoz Mussa Ibrahim, citado por la radio del Sur

En tal sentido: ¿puede afirmarse sin lugar a equívoco, que la diplomacia secreta de la burguesía internacional fue ajena al cambio de chaqueta, que tan oportunista como precipitadamente protagonizaron no pocos ex altos funcionarios del gobierno presidido por Gadafi, hoy enfrentados a esa fracción burguesa en el poder una vez desatadas las hostilidades? Pues, rotundamente ¡NO!

 

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