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Opiniones

Colombia: Base del Imperio

Pedro Carreño
Tercera Información (21-11-09)


Los gobiernos de Colombia y Estados Unidos defendían públicamente que el acuerdo militar tenía como única misión actividades dentro del territorio colombiano para combatir a través de operaciones militares el narcotráfico y a los movimientos insurgentes a quienes etiquetan de terroristas, no siendo casualidad que este epíteto no lo apliquen a los sanguinarios narco-paramilitares .

El presidente Uribe en la reunión de UNASUR en Bariloche adujo como protección al acuerdo que no afectaría a sus vecinos. Sin embargo aparece ahora un documento oficial de la Fuerza Aérea del Departamento de Defensa de Estados Unidos, el cual indica que la base militar de Palanquero, Colombia: “garantiza la oportunidad para conducir operaciones de espectro por toda América del Sur” y con una inversión de cuarenta y seis millones de dólares aspiran acondicionar la pista aérea, las rampas e instalaciones de la base para convertirla en una Localidad de Cooperación de Seguridad (CSL) de Estados Unidos, reiterando dicho documento; “el desarrollo de este CSL nos da la oportunidad única para las operaciones de espectro completo en una sub-región crítica en nuestro hemisferio, donde la seguridad y la estabilidad están bajo amenaza constante de las insurgencias terroristas financiadas por el narcotráfico, los gobiernos anti-estadounidenses, la pobreza endémica y los frecuentes desastres naturales.” Revelando así las verdaderas intenciones que esconde el acuerdo para tratar de disuadir y someter a los gobiernos antiimperialistas de la región, que están resultando escogidos en procesos electorales eminentemente democráticos, producto de la elevación del nivel de conciencia de los pueblos. Este documento deja al descubierto la verdadera y única intención militar de Estados Unidos desde Colombia, pues no se necesita ser un estratega o manejar información confidencial de la CIA para saber cuales son los gobiernos de Suramérica que Washington califica de anti-estadounidenses y por lo tanto objetivos militares claros con la implementación de sus bases militares en Colombia.

Ante esta nueva evidencia, se ratifica lo que siempre ha expresado el Comandante Hugo Chávez, sobre la amenaza real que representan estas bases para la paz y la seguridad de América del Sur, mientras cínicamente, tanto el Presidente Uribe como el gobierno de Washington valiéndose de la difusión en sus grandes medios, manipulan para tratar de hacer ver lo contrario. Ahora cuando el presidente Chávez consciente del espíritu y propósito militar del acuerdo, hace un llamado de alerta al pueblo venezolano reiterando la necesidad perentoria de estar preparados para hacer frente a la amenaza en todos los ámbitos incluyendo el militar, resulta que el imperio al lado de reporteros, periodistas, editorialistas y cadenas de sus grandes medios, desvirtúan la declaración posicionando la matriz de opinión, que Chávez esta haciendo un llamado a la guerra y con ello generar confusión a tal punto que hasta el mismo senado brasileño postergó la votación sobre el ingreso de Venezuela a MERCOSUR y el propio presidente colombiano cual Caín de América tiene la desfachatez de informar que acudirá a la ONU a denunciar las amenazas de guerra de Venezuela.

Ante estos hechos que evidentemente ratifican la intención del imperio, los pueblos y gobiernos progresistas de América Latina deben dar demostraciones de unidad y fortaleza, entendiendo que esta es la mejor forma para prevenir una agresión desde Colombia y siempre vigilantes aplicar aquel viejo adagio romano: “Vis pacem para bellum” (“Si quieres paz prepárate para la guerra”).




ROMA, ENTRE DOS AGUAS
A propósito de la Cumbre Mundial de Seguridad Alimentaria, 2009

Gustavo Duch Guillot *
ATTAC Madrid (21-11-09)


1. NESTLÉ Y EL ACTIVISMO: El pasado día 12 en la reunión de diálogo entre la FAO y el sector privado, en Milán, generó algunas delegaciones que no podemos obviar. En concreto el Presidente de Nestlé, la compañía de alimentos más grande del mundo, Sr. Peter Brabeck-Letmathe, denunció que "es desalentador ver con qué facilidad un grupo de bien intencionados y bien alimentados activistas pueden decidir sobre las nuevas tecnologías en detrimento de los que están muriendo de hambre".
Antonio Onorati, del Comité Internacional de Pilotaje, corresponsable de la organización del Foro de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria que se está celebrando en Roma en paralelo a la Cumbre de la FAO, explica que "si los más de 600 representantes de la sociedad civil que aquí estamos reunidos se incluyen en esta estrambótica definición de activistas queremos expresar al Sr. Brabeck-Letmathe nuestro total desacuerdo. En tres décadas de aplicación de las nuevas tecnologías junto con las medidas neoliberales, de las que tan ufano está Nestlé se han demostrado -y lo decimos las gentes del campo y del mar- alejarse de las verdaderas necesidades para la agricultura campesina y la pesca artesanal, que puede alimentar al mundo y permitir un vida digna para los mil quinientos millones de personas que los producen."
"Si hay que señalar actores que han influido con facilidad en detrimento de las y los pequeños campesinos del Planeta -concluye Antonio- seguramente podremos pensar en grandes corporaciones como Nestlé que entre otras cosas, se han permitido marcar el precio de la compra de productos agrarios como la leche, el café y el cacao a precios que arruinan a sus productores"

2. LA JUVENTUD DEL MUNDO RURAL
En una de las carpas sembradas en los campos del antiguo matadero de Roma, se han reunido jóvenes de todos los continentes para debatir sobre su futuro en el mundo rural. En el marco del Foro de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria sus debates se centran en las dificultades para acceder a los recursos productivos (muy pocos jóvenes disponen de tierras) y en cómo producir alimentos para sus comunidades.
La conciencia de las mentes menos desgastadas es clara, los medios de producción deben de estar en manos campesinas para producir respetando los ritmos y leyes de la naturaleza. Clara y enérgica pues como dice Yeko Etienne Seder de la organización Concertation Nationale des Organsations Paysannes en Producteurs Agricoles del Congo Brazzaville, "discutimos hoy para ser capaces de imponer el cambio mañana"

3. EN ROMA SE CONSOLIDAN LAS ALIANZAS
"En este Foro de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria -explica Paul Nicholson de La Vía Campesina- estoy palpando un clima y una voluntad de alianzas de la sociedad civil, realmente estremecedor". Más de 140 personas de los cinco continentes de muy diferentes colectivos están trabajando durante dos días en un espacio de debates y reflexión sobre el entretejer redes y alianzas.
El paradigma de la Soberanía Alimentaria ha tenido la capacidad de aglutinar a movimientos muy diversos: organizaciones campesinas, de consumidores, de mujeres rurales, de pastores, de pescadores, de jóvenes rurales, de desarrollo, etc. lo que Paul define como "la biodiversidad de las alianzas". Todas estas organizaciones tienen claro qué les une, la lucha por la soberanía alimentaria como propuesta para un mundo rural vivo, y aquí en Roma se están dando pasos en el cómo se articulan. Algunas premisas están claras: se construye poco a poco, horizontalmente y respetando procesos particulares. Para tener así un edificio sostenible y durable que no viene a homogeneizar ni a sustituir los movimientos y sus luchas específicas.
Como una buena cocinera, mezclar condimentos para enriquecer los sabores de unos buenos ingredientes

4. EL DESIERTO
Al norte de Chile hay un desierto enorme. Atacama, el más árido del Planeta. Aquí en Roma se encuentra una de sus pobladoras, Florencia Arostica, representando a la organización ANAMURI, la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas. Me dice que en sus tierras o llueve cada diez años o no llueve nunca. Pero aún así, las aguas que bajan por las quebradas del deshielo de los cerros andinos, permite en sus veredas excelentes (y suficientes) cultivos de todo tipo de hortalizas. Al Sur del Atacama ya llegaron las corporaciones de la uva y el vino para exportación, que acaparan buena parte del agua que esperan las familias locales. Sin ella sus cultivos se apagan. Junto a Florencia, Julia Marlene Cconojhuilla de la Confederación Nacional Agraria del Perú asiente con la mirada. Ella conoce de muchas compañeras que salen para Chile en los picos de las cosechas. Indocumentadas trabajan más horas que las muchas horas de faena que se les exige a las mujeres chilenas, y cobran pagas más bajas que los bajos salarios que por este trabajo reciben las mujeres chilenas.
Con el resto de Asamblea de Mujeres del Foro se afanan en construir caminos de Soberanía Alimentaria. Para recuperar el control de su vida, como mujeres y como campesinas.
Dicen algunos arqueólogos de las palabras que el nombre de Atacama bien podría provenir del quechua Tercuman, algo así como hasta donde alcanza la vista, en este caso la frontera dónde lo verde se desviste para hacerse desierto. O cuando los desiertos dejan de serlo.

5. NO SOMOS PIRATAS
El mar se calienta. Eso dicen los expertos en el cambio climático. Y seguro que es cierto. Aquí en Roma, aún sin costa a la vista, se detectan las tensiones y dificultades que en los últimos años dificultan, y mucho, el vivir de las comunidades de pescadores. Son muchas las intervenciones en todos los espacios del Foro de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria de los representantes de la pesca artesanal que hasta aquí llegaron. Herman Kumara resume que “el desarrollo de la pesca artesanal es posible si se respetan sus Derechos”, con mayúsculas, para sumar a los derechos humanos, lo derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Por eso reclaman a los gobiernos reunidos estos días en el edificio de la FAO que se prohíba la pesca industrial y de arrastre en las costas que a ellos y ellas alimenta. Que se regule o frene la expansión de la acuicultura, el turismo y las industrias conserveras que monopolizan territorios que dan acceso al mar. Y que se tomen las medidas necesarias para prohibir la pesca ilegal. Que por eso se le llama así.

6. A TODA VELOCIDAD
Al salir del metro Pirámide para ir hacia los edificios de la FAO, dónde se celebra la Cumbre Mundial de la Alimentación vi pasar a varios Jefes de Estado en sus coches oficiales y con la escolta correspondiente. Con las sirenas puestas y a una velocidad de vértigo. Excelente –pensé- es urgente tomar medidas contra el hambre en el mundo. Cada 6 segundos muere un niño o niña de hambre. No hay tiempo que perder.
50 representantes del Foro también han llegado frente a la FAO. Si la reforma del Comité de Seguridad Alimentaria sale adelante, tendrán la posibilidad de trasladar sus propuestas en el interior del Edificio. Por el momento, los sistemas del mundo, marginan a las personas del mundo. Como si fuera un gran puzle gigante han construido frases que explican muy sencillo las claves a tener en cuenta, para combatir la crisis alimentaria y climática: en el mundo el 75% de los alimentos son producidos por 1.500 millones de pequeños productores. Si se potenciara su modelo de agricultura local, sostenible y ecológica se podría combatir muchas emisiones de CO2 que genera la agricultura industrializada, petroinómana y kilométrica. Tantas como el 50% del total de gases que nuestra civilización irradia en estos momentos.
Al acabar la acción, y atender a los medios de comunicación, ya volvían a salir los coches de fórmula 1. Qué rápido han encontrado las respuestas acertadas. Sería por las prisas que se olvidaron de preguntar a los interesados y, a su vez, afectados. Un último dato: de entre todos y todas las gentes que sufren desnutrición, el 80% son productores y productoras de alimentos.

* Gustavo Duch Guillot. Foro de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria. Roma, noviembre de 2009



¿Por qué falla el capitalismo?
Hyman Minsky, el economista que vio venir el desplome aún veía otro problema en el horizonte: su repetición

Stephen Mihm *
Sin Permiso (21-11-09)


Desde que el sistema financiero mundial empezara a deshilacharse hace dos años, los distinguidos economistas han sufrido su propia crisis particular. Profesores de la Ivy League que habían anunciado con fanfarrias el albor de una nueva era de estabilidad se ven en apuros a la hora de explicar cómo, por decirlo con exactitud, la peor crisis financiera desde la Gran Depresión ha cogido en paños menores a su profesión entera.

Entre el suplicio y la autoflagelación, algunos comentaristas, algo más cerebrales, han comenzado a hablar de la llegada del “momento Minsky”, y un número cada vez mayor de personas con acceso a información privilegiada incluso empiezan a advertir de la llegada de un “colapso Minsky.”

“Minsky” es la abreviación para Hyman Minsky, un macroeconomista desconocido hasta la fecha que murió hace ya más de una década. Muchos economistas nunca habían oído hablar de él cuando estalló la crisis, y sigue siendo en gran medida una figura oscurecida en el gremio. Pero últimamente ha comenzado a emerger como el más aventajado pensador sobre los sucesos en desarrollo. Un economista a contracorriente en la conformidad de la Norteamérica de la posguerra, un experto en los campos de las finanzas y las crisis, entonces tan poco de moda, Minsky fue uno de los economistas que vio lo que se avecinaba. Predijo, hace décadas, casi con toda exactitud el tipo de desplome que ha sacudido a la economía mundial recientemente.

En los últimos meses la estrella de Minsky no ha hecho más que brillar. Economistas galardonados con el premio Nobel hablan de incorporar sus conocimientos a la disciplina y se reimprimen copias de sus libros que se venden estupendamente bien. Ha pasado de ser una figura prácticamente olvidada a otra clave en el debate sobre cómo solucionar el sistema financiero.

Pero si Minsky estaba en lo cierto, como parece que así fue, la noticia no es algo que precisamente anime. Él creía en el capitalismo, pero también creía que tenía una flaqueza en su genética: las modernas finanzas, dijo, estaban muy lejos de ser la fuerza estabilizadora que la economía al uso retrataba. Es más, se trataba de un sistema que creaba la ilusión de estabilidad mientras creaba simultáneamente las condiciones para un desplome inevitable y dramático.

En otras palabras, la única persona que predijo la crisis también creía que el sistema financiero contenía las semillas de su propia destrucción. “La inestabilidad”, escribió, “es una imperfección inherente al capitalismo de la que éste no puede escapar.”

Puede que la visión de Minsky fuera sombría, pero él no era ningún fatalista: creía que era posible diseñar políticas que pudiesen atemperar los daños colaterales causados por las crisis financieras. Pero con un número cada vez mayor de economistas prestos a declarar que la recesión ya ha terminado, que hemos dejado a la crisis misma detrás nuestro, estas políticas pueden demostrarse tan poco cómodas como las que acaba de reemplazar. Más aún: a medida que los economistas van adoptando los juicios proféticos de Minsky, parece que están muy lejos de recordar todo lo que ello implica.

En un mundo ideal, una profesión dedicada al estudio del capitalismo sería tan irresponsable e innovadora como el objeto de su estudio. Pero los economistas han estado a menudo sujetos a poderosas ortodoxias, y nunca lo estuvieron tanto como cuando Minsky entró en escena.

Esa ortodoxia, nacida en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, era conocida como “síntesis neoclásica.” La vieja creencia en un mercado libre que se autoregulaba y se estabilizaba a sí mismo había absorbido selectivamente algunas de las teorías de John Maynard Keynes, el gran economista de la década de los treinta que escribió extensivamente sobre cómo el capitalismo puede fracasar a la hora de mantener el pleno empleo. La mayoría de economistas aún creía que el capitalismo de mercado libre era, en lo fundamental, una base estable para la economía, aunque gracias a Keynes, algunos ahora reconocían que el gobierno podía bajo ciertas circunstancias jugar un papel central en la economía –y en el empleo– para mantener la estabilidad del sistema.

Economistas como Paul Samuelson se convirtieron en el rostro del nuevo establishment: él y otros, procedentes de contadas universidades de elite, terminaron siendo inmensamente influyentes en Washington. En teoría, Minsky podría haber sido una estrella académica en el nuevo establishment. Como Samuelson, se doctoró en economía por la Universidad de Harvard, donde estudió con el legendario economista austríaco Joseph Schumpeter, así como el futuro premio Nobel Wassily Leontief.

Pero Minsky estaba cortado por otro patrón. Descendiente de inmigrantes de Minsk, actual Bielorrusia, Minsky vino al mundo entre paños rojos, hijo de socialistas mencheviques. Mientras que la mayoría de economistas se pasaron los años cincuenta y sesenta estudiando penosamente modelos matemáticos, Minsky hizo una investigación sobre la pobreza, algo que difícilmente puede considerarse el no va más para los economistas. Con sus largos cabellos blancos, Minsky se encontraba más cerca de la contracultura que de la economía al uso. Era, según recuerda el economista L. Randall Wray, un antiguo estudiante, “todo un personaje.”

Así que mientras sus colegas de universidad iban ganando premios Nobel y escalando posiciones en la Academia, Minsky palidecía. Fue sin rumbo de trabajo en trabajo, de Brown a Berkeley, y de ahí a la Universidad de Washington. Aún peor: muchos economistas ni siquiera conocían su obra. Una reseña sobre Minsky publicada en 1997 anotaba simplemente que “su obra no ha ejercido una influencia a tener en cuenta en las discusiones macroeconómicas de los últimos treinta años.”

Con todo, se mantuvo ocupado. Además de la pobreza, Minsky empezó a ahondar en el estudio de las finanzas, las cuales, a pesar de su aparente importancia, no ocupaban ningún lugar en las teorías formuladas por Samuelson y otros. También empezó a formular una pregunta simple e inquietante: “¿'Eso' podría volver a ocurrir?”, donde “eso” era, como Voldemort, la némesis de Harry Potter, lo innombrable: la Gran Depresión.

En sus escritos, Minsky miraba hacia su héroe intelectual, Keynes, razonablemente el mayor economista del siglo XX. Pero donde la mayoría de economistas extraían una lección, por lo demás muy simple, de Keynes (a saber, que el gobierno podía dar un paso al frente y microgestionar la economía, limar las asperezas del ciclo económico y mantener las cosas en funcionamiento), Minsky no tenía ningún interés en lo que él y otros economistas disidentes llegaron a definir como “keynesianismo bastardo.”

En vez de eso Minsky extrajo sus propias y mucho más sombrías conclusiones de los principales escritos de Keynes, en los que no sólo trató los problemas del desempleo, sino también del dinero y la banca. Aunque Keynes nunca lo afirmó explícitamente, Minsky sostuvo que toda la obra de Keynes conducía a la conclusión de que el capitalismo era por su misma naturaleza inestable y propenso a su desplome. Lejos de dirigirse hacia algún tipo de estado de equilibrio mágico, el capitalismo podía hacer justamente lo contrario. Podía ir dando bandazos por un acantilado.

Este análisis llevaba la marca de su consejero Joseph Schumpeter, el reputado economista austríaco hoy famoso por documentar el incesante proceso de “destrucción creativa” del capitalismo. Pero Minsky se pasó más tiempo pensando en la destrucción que en la creación. Al hacerlo, formuló una intrigante teoría: no sólo el capitalismo era propenso al desplome, escribió, sino que precisamente eran sus períodos de estabilidad económica los que allanaban el camino a crisis monumentales.

Minsky llamó a esta idea “la hipótesis de la inestabilidad financiera.” En el despuntar de una depresión, observó, las instituciones financieras son extraordinariamente conservadoras, como lo son los negocios. Con los prestatarios y prestamistas alimentando la economía con sus acuerdos de alto riesgo, las cosas marchan con suavidad: los préstamos se pagan casi siempre a tiempo, los negocios tienen por lo general éxito y a todo el mundo le va bien. Este éxito, empero, inevitablemente anima a los prestatarios y a los prestamistas a arriesgarse más con la razonable esperanza de conseguir más dinero. Como observó Minsky, “el éxito alimenta el rechazo a la posibilidad de un fracaso.”

Cuando la gente olvida que el fracaso es una posibilidad, una “economía eufórica” se desarrolla finalmente, alimentada por el crecimiento de prestatarios que emprenden riesgos -lo que denominó prestatarios especuladores, cuyos ingresos cubrirían los intereses pero no las deudas principales; y aquellos a quienes denominó “prestatarios Ponzi”, que ni siquiera cubrirían los intereses y sólo podrían pagar sus facturas pidiendo nuevos préstamos. A medida que los miembros de estas últimas categorías creciesen, la economía general se desplazaría de un ambiente conservador pero rentable a un sistema mucho más irresponsable dominado por agentes cuya supervivencia no depende solamente de planes empresariales sólidos, sino del dinero prestado y de créditos a libre disposición.

Una vez desarrollada una economía como ésta, cualquier pánico podría hacer que se fuera a pique al mercado. El fracaso de una sola empresa, por ejemplo, o la revelación de un fraude asombroso podrían disparar el miedo y un repentino y generalizado intento de la economía por liberarse de la deuda. Este hito -que más tarde recibiría el nombre de “momento Minsky”- crearía un ambiente profundamente inhóspito para todos los prestatarios. Los especuladores y prestatarios Ponzi serían los primeros en venirse abajo, a medida que pierden acceso al crédito que necesitan para sobrevivir. Incluso los agentes más estables pueden encontrarse en la situación de no ser capaces de afrontar sus deudas sin vender sus activos. Esta venta de activos forzada haría entrar el valor de los mismos en una espiral descendente e inevitablemente el agrietado edificio financiero empezaría a venirse abajo. Los negocios se tambalearían y la crisis se extendería a la economía “real” dependiente del sistema financiero ahora en desplome.

Desde los sesenta en adelante Minsky trabajó en esta hipótesis. En aquella época creyó que este desplazamiento estaba ya produciéndose: la estabilidad de posguerra, la innovación financiera y el reflujo del recuerdo de la Gran Depresión estaban gradualmente estableciendo las bases para una crisis de proporciones épicas. La mayor parte de lo que dijo fue a caer en oídos sordos. Los sesenta fueron una época de sólido crecimiento, y aunque el estancamiento económico de los setenta fue un duro golpe para el grueso de la economía neokeynesiana, los responsables de la política económica no acudieron raudos a Minsky. En vez de eso, el fundamentalismo de libre mercado echó raíces: el gobierno era el problema, no la solución.

Además, el nuevo dogma coincidió con una notable época de estabilidad. El período de finales de los ochenta hacia adelante ha recibido el nombre de la “gran moderación”, una época de recesiones poco profundas y de una gran capacidad de recuperación en la mayor parte de las mayores economías industriales. Las cosas nunca habían sido tan estables. La posibilidad de que “eso” ocurriese de nuevo parecía una broma.

Y a pesar de todo, en este período el sistema financiero -no la economía, sino las finanzas como industria- estaba creciendo a pasos agigantados. Minsky se pasó los últimos años de su vida, a principios de los noventa, advirtiendo de los peligros de la titulización y otras formas de innovación financiera, pero pocos economistas le escucharon. Tampoco prestaron atención a la creciente dependencia de los consumidores y empresas de la deuda, y el empleo creciente del apalancamiento en el sistema financiero.

Para finales de siglo XX, el sistema financiero del que Minsky había advertido se había ya materializado, completado con prestatarios especuladores, prestatarios Ponzi y unos pocos prestatarios conservadores que completaban el esquema y eran los cimientos de una economía verdaderamente estable. Después de décadas, habíamos olvidado de verdad el significado de la palabra riesgo. Cuando empresas financieras de varios pisos de altura empezaron a derrumbarse, enviando señales a través de la economía “real”, sus predicciones comenzaron a parecerse mucho a un mapa de carreteras.

“No fue un momento Minsky”, explica Randall Wray. “Fue medio siglo Minsky.”

Ahora Minsky hace furor. Hace un año un influyente columnista del Financial Times le confió a sus lectores que la relectura de la “obra maestra” de Minsky de 1986 -Stabilizing and Unstable Economy (Estabilizando una economía inestable)- “me había ayudado a aclarar mis ideas respecto a la crisis.” Otros se unieron al coro sin tardanza. A principios de este año, dos pesos pesados de la economía –Paul Krugman y Brad DeLond– se quitaron el sombrero ante él en foros públicos. Es más, el ganador del premio Nobel Paul Krugman tituló una de sus conferencias en la London School of Economics “The Night They Re-read Minsky.” (La noche en que releyeron a Minsky)

Hoy la mayoría de economistas, qué duda cabe, están leyendo por vez primera a Minsky, intentando encajar sus análisis, tan poco convencionales, en los andamiajes teoréticos de su profesión. Si Minsky viviera, sin duda hubiera aplaudido este reconocimiento tardío, aún produciéndose a un terrible costo. Como observó irónicamente en una ocasión, ¿acaso nos es Minsky de alguna ayuda? Si el capitalismo es un sistema inestable e inherentemente autodestructivo -más allá de que produce desigualdades y desempleo, como observó Keynes-, ¿ahora qué?

Después de haber empleado su vida advirtiendo de los peligros de la complacencia en lo que se refiere a la estabilidad -y que dieron en oídos sordos-, Minsky fue razonablemente pesimista en cuanto a la posibilidad de cortocircuitar el trágico ciclo de booms y pinchazos. Pero sí que creía que se podían hacer muchas cosas con el fin de sortear el peligro.

Para evitar que el momento Minsky se convirtiese en una calamidad nacional, parte de su solución (que era compartida por otros economistas) era que la Reserva Federal -que él gustaba en llamar “Big Bank”- se adentrase en la brecha y actuase como prestamista en última instancia para las empresas bajo asedio. Inyectando liquidez a las empresas en zozobra, la Reserva Federal podría romper el ciclo y estabilizar el sistema financiero. Fracasó a la hora de hacerlo en la Gran Depresión, cuando se quedó a un lado y dejó que la crisis bancaria entrase en una espiral fuera de todo control. Esta vez, bajo la dirección de Ben Bernanke –como Minsky, un académico de la Depresión– ha tomado un acercamiento diferente, convirtiéndose en el prestamista en última instancia de todo, desde hedge funds a bancos de inversión y fondos monetarios.

La otra solución de Minsky, no obstante, era considerablemente más radical y políticamente un sapo difícil de tragar. La táctica favorita de sacar a la economía de la crisis estaba –y está– basada en la noción keynesiana de “bombear el inflador” (priming the pump) enviando dinero para emplear a grandes masas de mano de obra cualificada y sindicada en la construcción de una línea de ferrocarril, por ejemplo.

Minsky, sin embargo, defendió un acercamiento del tipo “burbuja”, que enviase primero dinero a los pobres y los obreros no cualificados. El gobierno –o como él prefería llamarlo, el “Gran gobierno”– debería convertirse en “última instancia en el empleador”, dijo, ofreciendo trabajo a cualquiera que quisiera ejercer uno a partir de un salario mínimo que sería pagado a los trabajadores que proporcionasen cuidados a los niños, limpiasen las calles o proporcionasen servicios que dieran a los contribuyentes pruebas visibles de la inversión de sus dólares. Disponibles para todos, sería incluso más ambicioso que el New Deal, reduciendo considerablemente las cuentas del estado de bienestar al garantizar un empleo para cualquiera que fuese capaz de trabajar. Un programa como éste no sólo ayudaría, según él creía, a los pobres y a los trabajadores no cualificados, sino que también pondría una red de seguridad debajo del salario de todos los demás, previniendo que los salarios de los trabajadores más cualificados cayese precipitadamente, y enviando los beneficios a lo largo de toda la escalera socioeconómica.

Mientras los economistas acaso reconozcan algunos de los análisis de Minsky respecto a la inestabilidad financiera, parece que puede afirmarse con seguridad que incluso los responsables políticos más liberales están muy lejos de pensar un papel para el gobierno americano tan expansivo. Un caro programa de pleno empleo estaría demasiado cerca del socialismo como para que fuese cómodo para los políticos. Por su parte, Wray piensa que los críticos están dispuestos a interpretar incorrectamente a Minsky: “él vio estas ideas como perfectamente consistentes con el capitalismo”, dice Wray. “Harían que el capitalismo funcionase mejor.”

Pero no a la perfección. Si hay que extraer alguna conclusión de las obras completas de Minsky, es que la perfección, como la estabilidad y el equilibrio, son espejismos. Minsky no compartió la extraña creencia de su profesión de que todo podía ser reducido a un pequeño modelo o a una teoría fácil. La suya era una especie de economía existencial: el capitalismo, como la vida misma, era difícil, e incluso trágica. “No hay ninguna respuesta simple a los problemas de nuestro capitalismo”, escribió Minsky. “No hay ninguna solución que pueda transformarse en una frase pegadiza e imprimirse en grandes carteles.”

Es un sentir que puede limitar el que Minsky se convierta en parte de una nueva ortodoxia. Pero eso es probablemente lo que él hubiera preferido, según creía el economista James Galbraith. “Creo que se resistiría a ser domesticado”, dijo Galbraith. “Se pasó toda su carrera aislado profesionalmente.”

* Stephen Mihm es profesor de historia en la Universidad de Georgia y autor de A Nation of Counterfeiters [Una nación de falsificadores] (Harvard, 2007).
Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero

 

 

¿Alguien está a favor de la especulación financiera?

Carlos Martínez y Daniel Vila * – Presidentes de ATTAC España y ATTAC Madrid
ATTAC España (20-11-09)


La violenta y desigual acumulación de riqueza a nivel mundial en las últimas décadas se apoyó en un discurso hegemónico para el que todo lo bueno sucedió porque había mercado y lo malo por la falta de mercado. Ni las instituciones públicas ni la sociedad tenían justificación en la asignación de recursos. Una nueva burocracia global de gestores, directivos y ejecutivos eran los grandes timoneles del crecimiento sin límites.

A pesar de algunos oportunistas mea culpa, el aspecto central de la globalización financiera sigue en pié con su enorme capacidad de provocar destrucción masiva de empleo y calidad de vida.

Por eso consideramos que el debate acerca de la aplicación de una tasa tipo Tobin es importante para recuperar la presencia ciudadana en la salida de la crisis económica actual.

La estabilidad financiera es un bien público global. En un mundo en el que las políticas neoliberales han posibilitado la desregulación irresponsable en el movimiento de capitales a nivel mundial es imprescindible disponer de instrumentos que permitan luchar contra la impunidad de la especulación financiera. La Tasa Tobin es uno de ellos.

La salud, la educación, el medio ambiente, el conocimiento y la información, el mantenimiento de la paz y la diversidad cultural son bienes públicos globales. La obtención de recursos suficientes para satisfacerlos y su asignación eficaz y transparente a nivel mundial es un imperativo social que requiere de instrumentos fiscales adecuados. La Tasa Tobin es uno de ellos.

La justicia universal es un bien público global. El establecimiento de mecanismos de control y sanción de las conductas corporativas responsables de las crisis económicas es una necesidad para romper la falsa contradicción neoliberal entre el riesgo moral de las conductas financieras y el riesgo sistémico de las instituciones “demasiado grandes para caer”. La Tasa Tobin es uno de ellos.

De una forma creciente se debate hoy en los centros de la élite mundial sobre la conveniencia de implantar un impuesto a las transacciones financieras. El premier inglés Gordon Brown ha removido las turbulentas aguas de la crisis financiera proponiendo a los ministros del G-20 la implantación de un “tipo de Tasa Tobin” con el fin de crear una especie de provisión para futuras crisis financieras.

La Tasa Tobin no es esto, pero admitamos que lo que se plantea es al menos algo: el argumento neoliberal de que en las finanzas todos los gatos son pardos y los ratones daltónicos no cuela más en los cenáculos del poder. Se puede, y se debe, intervenir fiscalmente en los movimientos financieros; la difusa frontera entre cobertura, arbitraje y especulación que tanto gustan subrayar los portavoces neoliberales no es tal.

Es grotesca la búsqueda de un nombre propio para este impuesto rebautizado hace 10 años por nuestra asociación Attac como Tobin Tax, debido al premio Nobel que lo propuso inicialmente para los mercados de divisas: Turner Tax, como algunos sugieren en referencia a la actual autoridad bursátil inglesa; FMI Tax, como sugirió su director gerente, Strauss-Kahn; o Robin Hood Tax, por razones obvias.

Les regalamos el nombre, pero ni un día por venir: lo importante es que no se desaproveche la ocasión para debatir con urgencia el establecimiento de una imposición a las transacciones financieras a nivel mundial.

La propuesta ha sido refrendada en estos últimos años por diversos parlamentos nacionales y por el Parlamento Europeo, además de ser esgrimida de un modo descafeinado y oportunista por gobernantes como la Sra. Merkel y el Sr. Sarkozy, entre otros.

El silencio del Gobierno y el Parlamento Español, con la colaboración de los medios de comunicación más importantes ha hecho pasar casi desapercibido el debate en nuestro país. Es hora de que se incluya en la agenda política española esta cuestión y de que el Gobierno del Sr. Rodríguez Zapatero coloque este debate en la agenda del próximo semestre de presidencia europea.

Un impuesto global a las transacciones financieras cuya finalidad es reducir significativamente la especulación no perjudica, sino al contrario, la actividad productiva: sólo el que especula paga mucho. Un impuesto así permitiría recaudar importantes sumas de dinero para financiar proyectos de desarrollo humano a través de nuevas instituciones internacionales sería un paso de gigante en un proceso de gestión democrática mundial de los recursos comunes.

La Tasa Tobin no puede ser el único instrumento de actuación; es necesario acompañarla de otros impuestos globales complementarios (ecotasas, impuesto único al beneficio de las multinacionales etc.); es imprescindible también combatir la opacidad financiera (cierre de los paraísos fiscales, restricción del secreto bancario etc.); y es fundamental reforzar la financiación crediticia frente a la bursátil: hay que reducir el endeudamiento de las familias y empresas al tiempo que prohibir el apalancamiento en los negocios financieros especulativos.

La inestabilidad financiera provocada por la interesada utopía neoliberal de la autorregulación de los mercados es un mal público global. Opongámosle la desinteresada utopía de que otro mundo es posible.

* Carlos Martínez y Daniel Vila: Presidentes de ATTAC España y ATTAC Madrid



¿Han arruinado las mujeres sus vidas por culpa del feminismo?

Barbara Ehrenreich *
Sin Permiso (20-11-09)


El feminismo hizo a las mujeres miserables. Esto, en cualquier caso, parece la coletilla más popular de “The Paradox of Declining Female Happiness” (“la paradoja de la felicidad femenina en decadencia”), un estudio reciente de Betsey Stevenson y Justin Wolfers que pretende mostrar que las mujeres se han vuelto progresivamente infelices desde 1972. Maureen Dowd y Arianna Huffington recibieron la noticia con sombría perplejidad, si bien la respuesta más común ha sido un triunfante: “os lo advertí”.

En la página web Slate’s DoubleX, un columnista concluyó del estudio que “el movimiento feminista de los años 60 y 70 nos dio un flujo constante de quejas de las mujeres disfrazadas de manifiesto… y una marca de poder femenino sexual tan promiscuo que lo celebra todo como acto feminista, desde la prostitución hasta los piercings en el pezón– en otras palabras gemidos y correas. O como lo dice más sobriamente Phyllis Schlafly: “El movimiento feminista enseñó a las mujeres a verse a si mismas como víctimas de un patriarcado opresivo en el que su verdadero valor nunca será reconocido y cualquier éxito está más allá de su alcance… un victimismo autoimpuesto no es receta para la felicidad”.

Pero es un poco pronto para culpar a Gloria Steinem (1) por nuestra dependencia de ISRS (2). En toda esta profunda inquietud generada por el estudio de Stevenson y Wolfers prácticamente nadie ha señalado que en general hay algunas problemáticas con los estudios sobre la felicidad que hacen que haya razones para dudar de este estudio en particular, o que, si se toma este estudio en su valor nominal, no tiene nada en absoluto que decir sobre el impacto del feminismo en el estado de ánimo de nadie.

Para los principiantes, la felicidad es una cosa inherentemente resbaladiza a la hora de medir o definir. Los filósofos han debatido qué era durante siglos e incluso, si la definiéramos simplemente como una mayor frecuencia de sentimientos positivos que negativos, cuando le preguntamos a la gente si es feliz, les estamos pidiendo establecer una especie de media sobre muchos momentos y estados de ánimo; tal vez estuviera enfadado pronto por la mañana tras abrir las facturas, pero después se alegró el día con la llamada de un amigo, ¿qué siento realmente?

En un célebre experimento psicológico, se pidió a individuos que respondieran un cuestionario sobre su satisfacción en la vida, pero sólo después de haber realizado la tarea en apariencia irrelevante de fotocopiar la hoja de papel para el experimento. Para una mitad de los sujetos escogidos al azar, se dejó una moneda para que la encontraran en la fotocopiadora. Dos economistas resumieron así el resultado: “El informe de satisfacción con la vida creció substancialmente por el descubrimiento de la moneda en la fotocopiadora, claramente no un efecto renta”.

Para el estudio de la felicidad del que discutimos, las señales de alarma empiezan a saltar cuando observamos los datos. No es por ser antiintelectual pero los datos sobre como los hombres y las mujeres responden a la encuesta no revela tendencias discernibles a simple vista. Sólo realizando una manipulación estadística oculta llamada “estimación de la función estadística probit” logran los autores desentrañar una tendencia generalizada; ésta es una muestra pequeña: “Las mujeres tenían un punto porcentual menos que los hombres de probabilidad de decir que no estaban demasiado felices al principio de la muestra [1972]; en 2006 las mujeres tenían un punto más de probabilidad de hallarse en esta categoría”. Diferencias de esta magnitud serían pasmosas si estuviéramos midiendo, por ejemplo, la velocidad de la luz bajo diferentes condiciones físicas, pero cuando el tema es algo tan elusivo como la felicidad, no estamos hablando de un cambio de paradigma en los resultados.

Además, la idea de que la mujer se aboca a la desesperación se contradice por una medida objetiva de infelicidad que ofrecen los autores: la tasa de suicidio. La felicidad es, por supuesto, un estado subjetivo, pero el suicidio es un acto duro y frío, y la tasa de suicidio ha sido el estándar de oro de la miseria desde que el sociólogo Émile Durkheim escribió su libro en 1897. Como Stevenson y Wolfers señalan – tímidamente, debemos imaginar – “contrario al bienestar subjetivo que documentamos, las tasas de suicidio femenino ha ido a la baja, incluso cuando las de suicidio masculino se han mantenido aproximadamente constantes a lo largo de nuestra muestra [1972 – 2006]. “Las mujeres tendrían depresión mientras que los hombres tienen más posibilidades de recibir una bala en la sien”.

Otro pequeño dato del que nadie, incluyendo los autores, parece tener mucho que decir es que, mientras que la “mujer” se vuelve marginalmente más triste, la mujer negra es cada vez más y más feliz. Citando a los autores: “… la felicidad tiene una tendencia al alza entre los afroestadounidenses… es más, las estimaciones puntuales sugieren que el bienestar habría crecido más intensamente entre las mujeres negras que entre los hombres negros”. El documento debería titularse “La paradoja de la felicidad de la mujer blanca en decadencia” lo que podría sugerir que el problema podría resolverse con melanina y Restylane (3).

Pero asumamos que el estudio es profundo y que las mujeres (blancas) son más infelices que los hombres desde 1972. ¿Significa eso que el feminismo ha arruinado sus vidas?

No, de acuerdo con Stevenson y Wolfers, que encuentran que “la relativa disminución en el bienestar femenino… se da tanto en la mujer trabajadora como el ama de casa, en la casada y la divorciada, en la joven y la vieja y a lo largo de los distintos niveles de educación” – tanto como para las madres como para las mujeres sin hijos. Si el feminismo fuera el problema, podría esperarse que la mujer divorciada fuera menos feliz que la casada y que las mujeres trabajadoras fueran menos felices que las amas de casa. El tener hijos, la presunta fuente principal de plenitud femenina, haría de hecho a la mujer menos feliz.

Y si el movimiento por la mujer fuera tan deprimente, se esperaría que las mujeres más tristes fueran aquellas que tuvieran alguna exposición directa a los nocivos efectos de la segunda ola de feminismo. Como señalan los autores, sin embargo, “no hay evidencias de que las mujeres que experimentaron las protestas y entusiasmo en los años 70 se hayan distanciad de la felicidad más que aquellas mujeres que nacieron durante aquel periodo”.

Lo que muestra este estudio, si algo demuestra, es que ni el matrimonio ni los niños hacen a las mujeres felices. (Los resultados tampoco están en los piercings en el pecho). Tampoco para el caso parece haber ningún problema con “demasiadas elecciones”, “el balance vida laboral – familiar” o el “segundo turno” (4). Si creen a Stevenson y Wolfers, la felicidad de la mujer es absolutamente indiferente a sus condiciones objetivas de vida, incluyendo la pobreza y la discriminación racial. Sea lo que sea la “felicidad” es…

Por tanto ¿por qué este alboroto repentino con el estudio de Wharton que de todos modos se filtró por primera vez hace dos años? Básicamente porque se ha convertido en la plataforma de lanzamiento para el nuevo libro del prolífico consultor de gestión Marcus Buckingham más conocido por “First, Break All the Rules and Now, Find Your Strengths”. Su nuevo libro “Find Your Strongest Life: What the Happiest and Most Successful Women Do Differently” es el clásico molde de pensamiento positivo y género de autoayuda: Primero, las desgarradoras citas de mujeres desdichadas identificadas sólo por su pseudónimo de correo electrónico (Countess1, Luveyduvey…), después las historias de mujeres “de éxito”, seguidas del obligatorio test de autoevaluación para descubrir “el rol que estabas obligada a jugar” (creador, ofreciendo cuidados, influenciador…) todo culminado con un anuncio de los muchos productos relacionados que puedes comprar, incluyendo un video introductorio de Buckingham, una “guía del participante” con “ejercicios” incluidos para llevarte a la felicidad y un atractivo juego de “Ocho Planes de Vida Sólida” que adoptar. El Huffington Post dio a Buckingham una columna en la cual continuar con su campaña de marketing.

Es una vieja historia: Si quieres vender algo, primero encuentra la terrible aflicción que el producto cura. En los 80, como los implantes de silicona caían, los doctores descubrieron la “micromastia”, la “enfermedad” de los pechos pequeños. Más recientemente se da la furiosa búsqueda de las grandes farmacéuticas de la Viagra femenina, se ha encontrado un sorprendentemente alto 43% de mujeres que sufre de “disfunción sexual femenina”. Ahora esta infelicidad y la gama de potenciales curas es impresionante: Seagrams, Godiva y Harlequin (5) toman nota.

NOTAS del traductor i la redacción:
(1) Activista feminista en los EEUU.
(2) Inhibidores selectivos de recaptación de serotonina (antidepresivo).
(3) Gama de productos de belleza.
(4) Second Shift en inglés: Podemos dividir el día en tres periodos de 8 horas, este término indica ese “segundo turno” que la mujer desempeñaría en el hogar después de su jornada de trabajo.
(5) Marcas de bebidas alcohólicas, chocolates y novelas románticas, respectivamente.

* Barbara Ehrenreich es la presidente de la “United Professionals” y autora, recientemente, de This Land Is Their Land: Reports From a Divided Nation. Dedrick Muhammad es investigador asociado senior del Institute for Policy Studies.
Traducción para www.sinpermiso.info: Txomin Martino



África en el sistema multipolar
En el nuevo orden multipolar, en plena fase de consolidación, África corre el riesgo de convertirse, por razones económicas y geoestratégicas, en la apuesta entre el sistema occidental guiado por Estados Unidos y las potencias eurasiáticas, Rusia, China e India. Con el fin de evitar y obstaculizar tal eventualidad, y sobre todo para adquirir una determinante función global a medio y largo plazo, la integración continental de África parece una necesidad y un desafío, a los cuales han de dar respuesta urgentemente las clases dirigentes africanas. De forma verosímil, tal integración se debería configurar sobre una base regional, siguiendo tres directrices principales, constituidas respectivamente por el Mar Mediterráneo, el Océano Índico y el Océano Atlántico.

Tiberio Graziani *
Rebelión (20-11-09)


La multipolaridad: un escenario en vía de consolidación

Múltiples factores, entre los que se encuentran principalmente: a) la incapacidad estadounidense de gestionar la fase post-bipolar surgida tras el colapso soviético; b) la reafirmación de Rusia llevada a cabo por Putin y consolidada por Medvedev; c) el crecimiento económico y el peso político que han alcanzado dos naciones-continentes como China e India; d) la desvinculación de algunos países importantes de la América meridional de la tutela de Washington, han planteado las condiciones previas para la constitución de un sistema multipolar.

El nuevo escenario geopolítico, después de una primera fase de gestación por otra parte continuamente minada por Washington, Londres y por las oligarquías europeas a cuya cabeza se encuentran Sarkozy y Merkel, está en estos momentos en vías de consolidación, gracias a las continuas actividades de colaboración que tienen lugar entre Moscú, Pekín y Nueva Delhi en relación con grandes temas cruciales, como los siguientes: el aprovisionamiento y la distribución de recursos energéticos, la seguridad continental, la soluciones que se van adoptando con respecto a la crisis económica-financiera, el refuerzo de algunas instituciones de valor multi-regional, o incluso continental, como, por ejemplo, la organización para la cooperación de Shangai, las posturas realistas sobre varias cuestiones impuestas por EE.UU. en el debate internacional, desde la referente al tema nuclear iraní hasta la temática de los derechos humanos en China, Rusia, Irán y últimamente también en India (1). Más allá del proceso de integración eurasiático, es preciso indicar que el nuevo marco internacional se va consolidando ulteriormente también por efecto de los acuerdos estratégicos que algunos países eurasiáticos (Rusia, Irán y China) han alcanzado con importantes naciones sudamericanas como Brasil, Venezuela y Argentina, en el ámbito económico y en algunos casos también en el militar.

A la luz de las consideraciones que acabamos de exponer, los rasgos que distinguen el nuevo marco geopolítico parecen ser esencialmente dos:

1. uno –relativo a la constitución y a la existencia misma del nuevo orden internacional– parece surgir de la sinergia de intenciones que animan a los mayores países eurasiáticos y a los países de la América indiolatina. Los desiderata de las élites dirigentes de Moscú, Pekín, Nueva Delhi, Teherán y últimamente también Ankara (2) convergen con los de Brasilia, Caracas y Buenos Aires y tienden a materializarse en prácticas geopolíticas que prevén, a través de relaciones estratégicas, el desclasamiento de EEUU, que de potencia mundial pasaría a potencia regional. A finales de la primera década del siglo actual, Eurasia y la América indiolatina (3) parecen constituir los pilares sobre los que se apoya el actual sistema internacional. Sobre la integración interna, o mejor, sobre el grado de cohesión interno de las dos grandes masas continentales, muy probablemente, se disputará a medio y largo plazo toda la apuesta multipolar.

2. el otro rasgo, que, a nuestro juicio, se referiría a la naturaleza del nuevo contexto geopolítico, parece consistir en la articulación continentalista con la que éste tiende a manifestarse (4)

Ante la consolidación de tal escenario nuevo, sin embargo, hay que tener presente que el sistema occidental guiado por EEUU, aunque esté en fase declinante, o quizás precisamente por eso, parece acentuar, pese a la retórica de la nueva administración, su carácter expansionista y agresivo. Esto no solo alimentará los actuales enfrentamientos, sino que generará otros adicionales, que, con verosimilitud, se descargarán en las áreas geopolítica y geoestratégicamente más frágiles. Y África es una de ellas.

La fragilidad de África y la penetración estadounidense en el hemisferio sur

En tal marco de referencia altamente cargado de tensiones ya que, como hemos puesto de relieve anteriormente, está determinado por la contraposición entre el nuevo sistema multipolar en fase de acelerada definición y el sistema centrado en EE.UU, a África le resulta difícil encontrar una posición propia clara, por tanto, le cuesta concebirse como una entidad geopolítica unitaria, si bien muy compleja, si atendemos a las profundas y variadas deshomogeneidades culturales, étnicas, confesionales, climáticas, económicas y sociales que todo el continente presenta (5).

Sin embargo, desde el lejano 1919 (por tanto, en un contexto completamente distinto, pero también entonces en fase de transición, vale la pena subrayarlo) con la conferencia de París, los africanos expresan la necesidad de unificar su continente (6). Anteriormente, el movimiento panafricanista, surgido en EE.UU y en las Antillas a finales del siglo XIX sobre la base de las ideas del mestizo americano William Edward Burghardt Du Bois, cantor de movimiento ‘pan-negro’, y del jamaicano Marcus Garvey, creador del lema ‘retorno a África’ y del llamado ‘sionismo negro’, trataba principalmente de la unidad cultural de los pueblos africanos. En el plano netamente político, el movimiento panafricanista contribuyó, durante el proceso de descolonización, a la creación de la ‘Organización de la unidad africana’, hoy conocida como ‘Unión Africana’.

En nuestros días, después de casi un siglo de cumbres y conferencias no concluyentes dedicadas a la unidad (o a la integración) continental (entendida y teorizada de formas distintas), los obstáculos que se interponen para su realización parecen residir en las habituales cuestiones histórico-políticas nunca resueltas que comprenden, entre otras cosas, los clásicos problemas relativos a la ausencia de infraestructuras, a la fragmentación política en estados modulados según el paradigma occidental (7), a la incapacidad de las clases dirigentes locales para gestionar los diversos tribalismos en una lógica unitaria y pro continental, a la herencia colonial y, sobre todo, a los apetitos occidentales, adicionalmente aumentados en estos últimos años, en virtud de la sinérgica política africana llevada a cabo por EE.UU. y su aliado regional, Israel (8).

Una lectura veloz y superficial de los acontecimientos africanos llevaría al analista a añadir a los apetitos occidentales también los apetitos chinos, rusos e indios. A tal respecto, sin embargo, hay que observar que los intereses asiáticos, o mejor, eurasiáticos en África tienen un valor particular del que, a la larga, se beneficiaría precisamente África en su conjunto, ya que facilitaría su inserción en el nuevo sistema multipolar y, por tanto, lo situaría geopolíticamente en la masa continental eurasiática. África, en tal escenario futuro, constituiría el tercer polo del espacio euro-afro-asiático.

Washington, en el último año de la administración Bush, empantanado en los conflictos mediorientales (Iraq y Afganistán), obstaculizado por Rusia y China en su marcha de aproximación hacia las repúblicas centroasiáticas, habiendo perdido, junto a Londres y la Unión Europea, la partida en la disputa ruso-ucraniana sobre el gas, habiendo salido con cabeza gacha de la aventura georgiana (agosto de 2008), habiendo digerido mal la autonomía turca sobre la proyectación del South Stream (9), ha intensificado su política exterior en el sur del planeta, respectivamente en la América meridional y en África.

En el curso del bienio 2007-2008, EE.UU. ha tratado de desarticular el BRIC (Brasil, Rusia, India y China), el nuevo eje geoeconómico que se ha establecido entre Eurasia y la América Indiolatina, y ha tratado de minar los acuerdos orientados a la integración sudamericana, presionando principalmente a Brasil y a Venezuela. En tal estrategia, que podemos definir como ‘estrategia para la recuperación del control del patio trasero’, se sitúan, por ejemplo, tanto la reexhumación de la Cuarta Flota, como episodios como el de los movimientos secesionistas en la región de la media luna boliviana, orquestados, según diversos analistas sudamericanos, entre ellos el brasileño Moniz Bandeira, precisamente por Washington. Tal renovado interés estadounidense por el control de la América meridional, iniciado por la precedente administración republicana, es igualmente continuado por la actual administración, guiada por el demócrata Obama, como han demostrado dos casos emblemáticos: el de la intromisión estadounidense en el golpe de estado de Honduras y, sobre todo, el de la instalación de bases militares en Colombia.

Respecto a la corriente penetración estadounidense en África, ésta es para EE.UU. un pasaje obligado debido a tres razones principales.

Una se refiere a la cuestión energética. Según un estudio encargado en el año 2000 por el National Intelligence Council a algunos expertos, EE.UU. espera poder disfrutar para el 2015 de al menos el 25% de petróleo procedente de África (10). La búsqueda y el control de fuentes energéticas en África responden a dos exigencias consideradas prioritarias por Washington y por los grupos petroleros que dirigen y sustentan su política energética (11). La primera exigencia deriva obviamente de las estrategias destinadas a buscar fuentes de aprovisionamiento energético, diversificadas y alternativas a las mediorientales; la segunda, en cambio, afecta a la protección de la función hegemónica, que EE.UU. adquirió durante el siglo pasado, en referencia al control y a la distribución de los recursos energéticos mundiales. Tal función atraviesa actualmente una fase muy crítica, a causa de las recientes y sinérgicas políticas llevadas a cabo por Rusia, China y por algunos países sudamericanos en el sector energético. El antagonista en África de EE.UU. es, como se sabe, China. La República Popular China, en la última década, ha reforzado e implementado las relaciones y el lanzamiento de inversiones, en particular, en infraestructuras en el continente africano, prosiguiendo, por otra parte, una política puesta en marcha ya durante la Guerra Fría. China no sólo está interesada en el petróleo africano, sino también en el gas (12) y en los materiales considerados estratégicos para su desarrollo como el carbón, el cobalto y el cobre. En el frente energético, un ejemplo, importante para las consecuencias sobre las relaciones entre las potencias de China y EE.UU., lo proporciona la fundamental contribución china a Sudán para la exportación del petróleo. Sudán, como se sabe, gracias a la ayuda china exporta petróleo desde 1999; esto ha llevado a que Jartum reciba las ‘particulares’ atenciones y cuidados de Washington. Recientemente (27 de octubre de 2009), la Casa Blanca ha renovado formalmente las sanciones económicas a Sudán por la cuestión de los derechos de las poblaciones de Darfur.

La otra razón por la cual la política africana constituye una de las prioridades estadounidenses de la próxima década es de orden geopolítico y estratégico. En medio de la actual crisis económico-financiera, Washington debería, en cuanto gran actor global, dirigir sus esfuerzos hacia el mantenimiento de sus posiciones en el tablero global, a riesgo de que, en el mejor de los casos, tenga lugar una rápida reducción de su papel a potencia regional media, o, en el peor, un desastroso colapso, difícil de superar a corto plazo. Sin embargo, en línea con la tradicional geopolítica expansionista que desde siempre caracteriza sus relaciones con las otras partes del planeta, Washington ha elegido a África como amplio espacio de maniobra, desde el cual relanzar su peso militar en el plano global con el fin de disputar a las potencias asiáticas la primacía mundial. En tal aventurada iniciativa, Washington obviamente implicará a toda Europa. La nueva política estadounidense en África se debe al hecho de que EE.UU. encuentra cerradas dos de las principales vías anteriormente elegidas para acceder al espacio eurasiático: la Europa centroriental y Oriente Próximo y Medio. La primera vía, tras la ráfaga de victoriosas revoluciones coloradas que habían atraído al espacio geopolítico hegemonizado por EE.UU. a los países del exterior próximo ruso (la llamada Nueva Europa), parece por ahora un camino difícil de seguir, ya que Moscú ha elevado el nivel de guardia. A tal respecto, son indicativas las dificultades encontradas por EE.UU. en la cuestión del escudo espacial. La segunda vía es la trazada, ya desde hace años, por la doctrina llamada del Gran Oriente Medio: control total del mar Mediterráneo, eliminación de Irak, ocupación militar de Afganistán, penetración en las repúblicas centroasiáticas. La aplicación de esta doctrina geopolítica, sin embargo, no ha producido los resultados que Washington y el Vaticano esperaban en tiempos razonablemente breves, sino que, al contrario, se ha revelado negativa a causa del duradero y desgastador conflicto afgano y de la no resuelta cuestión iraquí y, sobre todo, de la política eurasiática de Moscú, orientada a recuperar prestigio e importancia en el espacio centroasiático.

La tercera razón, finalmente, es de orden preventivo. Está conectada a la política que actualmente los Estados Unidos conducen en el hemisferio meridional del planeta, con el fin de invalidar el eje sur-sur, fatigosamente en vías de definición entre muchas naciones africanas y sudamericanas. Los principales jefes de Estado de la América indiolatina y de África han vuelto a confirmar recientemente, en septiembre de 2009, durante la cumbre de Isla Margarita (Venezuela) la voluntad de continuar en el proyecto estratégico de ‘‘cooperación sur-sur’’ entre África y América meridional puesto en marcha en diciembre de 2006 en Nigeria, en Abuja.

Los instrumentos de penetración que Washington ha adoptado para controlar el espacio africano son de tres órdenes : de orden militar, a través del AFRICOM (13), es decir, el Mando militar de los Estados Unidos para África, creado en 2007 y activado al año siguiente ; de orden económico-financiero (véase el caso de las sanciones a Sudán y la intromisión del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en las relaciones entre la República Democrática del Congo y China) (14) ; y, finalmente, otro referente a la estrategia de comunicación ejemplificada gráficamente por los ya considerados ‘históricos’ discursos de Obama pronunciados respectivamente en Cairo y Accra. Sobre el plano militar, es importante observar que la penetración estadounidense parece privilegiar, como cabeza de puente para neutralizar a Sudán y a la República democrática del Congo, el área constituida por Tanzania, Burundi, Kenia, Uganda y Ruanda. Hay que subrayar que el control militar total constituye una importante pieza en la estrategia estadounidense para la hegemonía del océano Índico.

Las directrices geopolíticas de África para el siglo XXI

Pese a las dificultades que obstaculizan hoy su unificación geopolítica, África, con el fin de salvaguardar sus propios recursos y mantenerse fuera de las disputas entre EE.UU., China y, muy probablemente, Rusia e India –disputas que se resolverán precisamente sobre su territorio –necesita organizarse, al menos regionalmente, según tres directrices principales que pivotan respectivamente sobre la orilla mediterránea, sobre el Océano Índico y sobre el Atlántico.

La activación de políticas de cooperación económica y estratégica, al menos en lo referente a seguridad, entre los países norteafricanos y Europa, por un lado, y, por otro, lo mismo con India ( a tal respecto, hay que hacer referencia a la Declaración de Delhi, firmada durante la Cumbre 2008 India-África) (15) , además de cohesionar las regiones africanas implicadas, predispondría las bases para una futura y potencial unificación continental articulada sobre polos regionales e insertada en un más amplio contexto euro-afro-asiático.

Igualmente, la directriz atlántica, es decir, la continuación de una cooperación estratégica sur-sur entre África y la América indiolatina, favorecería, en este caso, la cohesión de las regiones del África occidental, y contribuiría a la unificación del continente. En particular, el desarrollo de la directriz atlántica reforzaría el peso africano con respecto a Asia, y con respecto a China en primer lugar

La deseable integración de África –realistamente posible sólo si se estructura sobre polos regionales– evoca el desarrollo histórico, anterior al periodo colonial, de las formaciones políticas auténticamente africanas, que, conviene recordarlo, han tenido lugar precisamente sobre bases regionales (16).

Notas:
1. Con respecto a India y a la violación de los derechos humanos, en particular los referentes a la religión, véase el India Chapter del Annual Report of the United States Commission on International Religious Freedom, ( http://www.uscirf.gov/ ) y el interesante artículo crítico de M. V. Kamath, US must stop meddling in India's internal problems, “The Free Press Journal”, 3 de septiembre de 2009 (http://www.freepressjournal.in/ ), que denuncia la instrumentalización llevada a cabo por Washington en referencia a los derechos humanos y a las libertades civiles por evidentes finalidades geopolíticas.
2. En relación con la erosión de las relaciones entre la Turquía guiada por Erdogan y Occidente, véase Soner Cagaptay, Is Turkey Leaving the West?, www.foreignaffairs.com, 26/10/2009 y el ensayo de Morton Abramowitz y Henri J. Barkey, Turkey’s Transformers, Foreign Affairs, noviembre/diciembre 2009.
3. Recientemente (17-18 octubre de 2009) los trece países sudamericanos adheridos al ALBA han firmado el tratado constitutivo del sistema unificado de compensación nacional (sucre), cuyo objetivo es la sustitución del dólar en los intercambios comerciales a partir del 2010.
4. Tiberio Graziani, Il tempo dei continenti e la destabilizzazione del pianeta, Eurasia. Rivista di studi geopolitici, n. 2, 2008.
5. Para una reseña de las cuestiones que impiden la integración africana y sobre los factores de deshomogeneidad remitimos a Géopolitique de l’Afrique et du Moyen-Orient, obra coordinada por Vincent Thébault, Nathan, Paris 2006, pp.69-220.
6. Diecinueve años antes, en julio de 1900, había tenido lugar en Londres el primer congreso dedicado a la unidad de los africanos y a sus descendientes en las Américas.
7. África está subdividida en 53 estados y en dos enclaves españoles (Ceuta y Melilla), a los que hay que añadir los autoproclamados estados de El Ayún (Sahara occidental) y de Hargeisa (Somaliland).
8. Para la reciente política israelí en África léase: Nicolas Michel, Le grand retour de Israël en Afrique, Jeune Afrique (http://www.jeuneafrique.com ), 3/9/2009; Philippe Perdrix, F. Pompey, P.F. Naudé, Israël et l’Afrique : le business avant tout, Jeune Afrique (http://www.jeuneafrique.com ), 3/9/2009; René Naba, Israël en Afrique, à la quête d’un paradis perdu, http://www.renenaba.com/ , 10/10/2009.
9. El 6 de agosto de 2009, Putin y Erdogan han firmado un acuerdo que preve el paso por las aguas territoriales turcas del gasoducto ruso, antagonista del proyecto Nabucco, sostenido por EE.UU. y la Unión Europea.
10. El estudio citado, Global Trends 2015. A dialogue about the Future with Nongovernment Experts, diciembre de 2000, se encuentra en el sitio gubernamental del Office of the Director of National Intelligence, www.dni.gov/
11. African Oil: A Priority for U. S. National Security And African Development, Proceedings of an Institute Symposium, The Institute for Advanced Strategic and Political Studies, Research Papers in Strategy, maggio 2002, 14. El documento se encuentra en: http://www.israeleconomy.org/.
12. “El continente africano posee enormes reservas de gas natural que se estiman en 14,56 trillones de metros cúbicos, es decir, el 7,9% del total mundial. Las reservas verificadas en Nigeria y Argelia (5,22 e 4,5 trillones de metros cúbicos respectivamente) son inferiores a las de Rusia (43,3 trillones de metros cúbicos) Irán (29,61), Qatar (25,46), Turkmenistán (7,94), Arabia Saudita (7,57) Y Emiratos Árabes Unidos (6.43) pero superiores a las de Noruega (2,91), que es uno de los países clave en la exportación del gas. Sin embargo, los niveles de producción y consumo de gas natural en África son bastante bajos. La producción de gas en 2008 ha sido de 214,8 billones de metros cúbicos, es decir, el 7% del total mundial (un incremento de 4,85 respecto al 2007). Sudamérica ha sido el único continente que ha producido menos gas natural en el mismo año. El consumo de gas natural en 2008 en África ha sido de 94,9 billones de metros cúbicos, es decir, el 3,1% del total mundial (un 6,1% de crecimiento respecto al 2007) que es el nivel más bajo a escala mundial. Más del 50% del gas natural producido en África – 115,6 billones de metros cúbicos –es exportado, por lo demás, como gas natural licuado (62,18 billones de metros cúbicos). La cuota de los países africanos (Argelia, Nigeria, Egipto, Libia, Guinea Ecuatorial y Mozambique) en el suministro global de gas es del 14,2 % pero el mismo nivel de gas natural licuado es mucho más alto – 27,5%.”, Roman Tomberg, Le prospettive di Gazprom in Africa, www.eurasia-rivista.org, 16 octubre de 2009.
13. El proceso de militarización de África se ha intensificado últimamente por parte de Washington. A tal respecto, véase Kevin J. Kelley, Uganda: grande esercitazione militare degli USA nella regione settentrionale, www.eurasia-rivista.org, 14 de octubre de 2009.
14. Renaud Viviene et alii, L’ipocrita ingerenza del FMI e della Banca mondiale nella Repubblica democratica del Congo, www.eurasia-rivista.org , 19 de octubre de 2009.
15. El texto de la Delhi Declaration se encuentra en: http://www.africa-union.org.
16. A propósito del carácter “regionalista” de África, observa el africanista francés Bernard Lugan en la introducción a su poderosa Histoire de l’Afrique, Ellipses, Parigi 2009, p.3.: «El largo despliegue de la historia del continente africano está ritmado por varias mutaciones o rupturas que se produjeron según una periodización diferente a la de la historia europea. Además, cuando en Europa los grandes fenómenos históricos o civilizacionales fueron continentales, en los africanos tuvieron consecuencias regionales, excepto en el caso de la colonización».

* Tiberio Graziani esdirector de Eurasia. Rivista di studi geopolitici. – www.eurasia-rivista.org  - direzione@eurasia-rivista.org
Traducido por Javier Estrada

 

 

La crisis no ha terminado... la corrupción tampoco

Josep Maria Antentas y Esther Vivas *
El Triangle (18-11-09)


Los últimos meses hemos asistido a una intensa campaña de propaganda desplegada por los principales gobiernos de todo el mundo, entre ellos el catalán y el español, sobre el final de la crisis. El discurso es simple: lo peor ya ha pasado, la recuperación se aproxima y enfilamos ya la recta final. Asunto concluido. Y dentro de poco, business as usual, como dicen en los Estados Unidos. Mirándolo bien, la crisis no era tan grave.

La realidad, sin embargo, parece un poco diferente. La crisis económica se ha transformado en una verdadera crisis social, donde el desempleo y las dificultades para llegar a final de mes son una realidad que afecta amplios sectores de la población. Estamos al final del principio, no al principio del final.

Más de un año después del crack de Wall Street, a pesar de la retórica de los gobiernos del G20, las medidas adoptadas por todas partes buscan hacer pagar el coste de la crisis a los sectores populares y apuntalar los cimientos del actual modelo económico, sin cambios significativos más allá de la corrección de algunos "excesos". Contrariamente a algunas ilusiones iniciales, a menudo extraídas de lecturas erróneas de los años treinta, no ha habido un giro neokeynesiano a las políticas dominantes hacia un "capitalismo regulado".

No lloverán reformas espontáneas desde arriba. Para conseguir un cambio de orientación, habría que construir otra correlación de fuerzas entre capital y trabajo. Pero la respuesta social a los intentos de que la crisis la paguemos todos y todas son de momento todavía débiles. Hay un sesgo muy grande entre el descrédito del actual modelo económico y su traducción en movilización colectiva. Y la política de los grandes sindicados, francamente, no ayuda mucho, y favorece la pasividad y la resignación.

En un paisaje marcado por la crisis hay que añadir el estallido de los graves escándalos de corrupción que han sacudido Catalunya en el último periodo. De nuevo, las explicaciones oficiales que se intentan vender no son creíbles. Si la crisis no es consecuencia del comportamiento irresponsable de cuatro directivos y banqueros avariciosos, sino que se trata de una crisis sistémica y estructural; la corrupción tampoco es resultado de comportamientos aislados de individuos con afán de enriquecerse a todo trapo. La corrupción está ligada a un determinado modelo de desarrollo basado en la especulación inmobiliaria, los vínculos entre poder político y empresarial, y la transformación de los partidos en maquinarias electorales, dirigidas por una casta de políticos profesionales con sensación de impunidad y de blindaje absoluto.

En un contexto como el actual, marcado por la crisis, la corrupción y el desencanto generalizado es necesario organizar una amplia respuesta. Las reacciones de los sectores populares, en escenarios como el actual, pueden estar dominadas por el miedo y el egoísmo o por la rabia frente a la injusticia y la solidaridad. Y orientarse hacia opciones progresistas o girarse hacia alternativas reaccionarias. A pesar de las dificultades de la situación, no hay que ser pesimistas. Estamos aún en una primera etapa.

Las movilizaciones de estos días en Santa Coloma de Gramanet contra la corrupción, las protestas ecologistas con ocasión de la conferencia de la ONU sobre cambio climático en Barcelona y el inicio de los preparativos para organizar una amplia respuesta a la presidencia española de la Unión Europea el primer semestre del 2010 van en la dirección adecuada. Junto a esto, tenemos que seguir trabajando para la construcción de una alternativa anticapitalista hoy más necesaria que nunca, que defienda un horizonte de ruptura con una realidad cada vez más inaceptable.

* Josep Maria Antentas y Esther Vivas son miembros de Izquierda Anticapitalista.



La moral y la izquierda
La moral de la izquierda, frente a la cómoda indolencia, exalta el trabajo y el esfuerzo, y lucha por recrearlos en una estructura social guiada por los trabajadores, por la ciencia y la creación renovadas.

Carlos París
Público (18-11-09)


¿Invocar la moral, sus normas y directrices como guía de la conducta humana supone adoptar una actitud conservadora? Pienso que más de uno así lo cree. Desde luego aquellos que, considerándose muy progres, pretenden descalificar cualquier argumentación que apele a la ética, con el despectivo término de “moralina”. Tal confusión, que olvida toda la tradición ética de la izquierda, no es concebible, a mi modo de ver, sino como producto de los equívocos inducidos por la dictadura franquista y por la frustrante salida de esta en la Transición, incapaz de abrir los nuevos horizontes que el desarrollo de nuestra sociedad, apoyado por la oposición más radical, exigía.

Es evidente que el franquismo ha marcado a la sociedad española con una profunda huella que todavía, desgraciadamente, permanece. Pero no sólo en aspectos muy llamativos –como la existencia de una derecha montaraz o la prepotencia de la jerarquía eclesiástica, así como la difusión de la corrupción o el atraso de nuestro Estado del bienestar–, sino en aspectos más sutiles, en trampas tendidas a la lucidez del pensamiento y de la acción, resultantes de la identificación del régimen dictatorial con realidades que, aun siéndole ajenas, se apropiaba y deformaba. Tal, como he comentado en otra ocasión, ocurrió con la idea de España, que dejaba fuera de su ámbito a la mayoría de la realidad española, convertida en la Anti-España. Pero ahora querría referirme a la atribución y mixtificación de la moral, en la cual los sectores nacional-católicos del régimen encontraron su campo propio de acción.

Mientras se guardaba un silencio cómplice con los crímenes y la corrupción de un régimen resultado de la sublevación –bendecida por la jerarquía eclesiástica– contra un gobierno legítimo, la supuesta moralización de nuestra sociedad se centró, según viejas obsesiones, en la sexualidad. Los que hemos vivido bajo la dictadura no podemos dejar de recordar, con cierto regocijo, el pintoresco panorama de aquella pseudo-moralización. Las cómicas predicaciones en que, desde el púlpito, el orador sacro describía, con morboso deleite, la apariencia de mujeres descocadas que circulaban por las calles con provocativos y ceñidos vestidos y que, desprovistas de la púdica faja, bamboleaban provocativamente su cuerpo. Los discursos en que se explicaban los terribles efectos destructivos de la masturbación. La persecución y detención de las parejas que osaban besarse en un parque. La censura de las películas. Las normas impuestas al atuendo en las playas, hasta que el negocio del turismo venció a la pudibundez. Todo ello acompañado, sin embargo, por el más desatado machismo en que los prepotentes presumían, sin empacho, de tener atractivas amantes y de llevar a los hijos a los prostíbulos para “hacerlos hombres”. La más rotunda hipocresía presidía la situación. Confundir semejante mundo con la moral es hacer un involuntario favor al franquismo y someter a sacrificio la verdadera moral.

El resultado fue que, apenas iniciada la Transición, levantadas las barreras, se desembocó en el “destape”. Las portadas de las revistas y las nuevas películas ofrecían hermosas jóvenes brindando su desnudez a los ávidos ojos masculinos. Aquello parecía la veloz salida de los niños al recreo, gritando eufóricos al verse liberados de las paredes del aula. Para completar el panorama apareció la droga, exaltada como la avanzada forma de liberación. El hedonismo de la satisfacción inmediata se alzó como negación de la anterior represión. Pero en el fondo no constituía sino una reacción primaria que, marcada por la etapa anterior, asumía el mismo terreno de confrontación. Y, lo que es más grave, tal situación ahogaba las fuerzas que luchaban por lograr la necesaria transformación de la sociedad española, degradada por la dictadura. Y amenazaba con hundir la necesaria rebeldía en el conformismo. La estrategia conservadora podía ver con agrado este giro que imponía la docilidad a una sociedad cuya emergencia de tendencias revolucionarias en la oposición no había dejado de inquietarle.

Y aquella ficción de la liberación se sigue prolongando, en el desconocimiento de una auténtica moral. Aquella que, frente al conformismo y la reducción de la vida a la persecución alienante de gratificaciones placenteras, parte de la convicción de que en los seres humanos alienta la potencia de su más alta realización, en una sociedad de seres libres e iguales, hoy frustrada por las relaciones de dominación y explotación. Que aspira a dignificar a los seres humanos por encima de las diferencias de sexos, de razas, de clases. Una dignificación que ve la sexualidad como un componente fundamental de la vida, pero exige que las relaciones sexuales se den entre seres libres en condiciones de igualdad y mutuo consentimiento, sin coacción. Y rechaza todas las formas de mercantilización que degradan en este noble impulso humano.
La moral de la izquierda, frente a la cómoda indolencia, exalta el trabajo y el esfuerzo, y lucha por recrearlos en una estructura social guiada por los trabajadores, por la ciencia y la creación renovadas. Es una moral prometeica, el titán que, frente a la tiranía de Zeus, arrancó el fuego a los cielos para traerlo a los humanos y crear la civilización. Y que soportó con heroísmo el sufrimiento de su condena, consciente de la grandeza benefactora de su obra.

Como Hércules, en la encrucijada entre el vicio y la virtud, debemos escoger nuestro camino entre las atracciones alienantes de la sociedad actual o la aspiración a una nueva historia. ¿Seremos capaces de elegir el camino más arduo, pero también más noble?

* Carlos París es presidente del Ateneo de Madrid. Filósofo y escritor



La necesidad de un impuesto sobre las transacciones financieras

Dean Baker *
Sin Permiso (18-11-09)


La pandilla de los halcones deficitarios, ya famosos por hacer desaparecer en la burbuja inmobiliaria 8 billones de dólares, que derrumbó la economía está en pie de guerra, ahora insiste sobre la urgencia de imponer un impuesto a las ventas nacionales. Proclaman que el país necesita urgentemente ingresos adicionales para hacer frente a los déficits presupuestarios previstos.

Si bien es posible que precisemos de ingresos adicionales en algún momento, todavía tiene más sentido imponer un impuesto sobre las transacciones financieras (FTT, por sus siglas en inglés), que afectaría principalmente a los bancos de Wall Street que nos dieron este desastre, que no imponer un impuesto al consumo de las familias trabajadoras. Podemos recoger grandes cantidades de dinero mediante el impuesto a la especulación de los ambiciosos de Wall Street sin que apenas afecte la suerte de las transacciones financieras que muchos de nosotros hacemos en nuestra existencia cotidiana.

La lógica del FTT es sencilla. Impondría un pequeño recargo a las transacciones de acciones, de futuros, los seguros derivados de crédito y otros instrumentos financieros. El Reino Unido impone actualmente un 0,25% sobre la compra o venta de acciones. Esto tiene muy poco impacto sobre la gente que compra acciones con la intención de mantenerlas durante un largo período de tiempo.

Por ejemplo, si alguien compra 10.000 dólares de acciones, pagará 25 dólares en impuesto en el momento de la compra. Si esta persona vende las acciones diez años después por 20.000 dólares, deberá pagar 50 dólares en impuestos. Los impuestos totales serían equivalentes a un incremento de 0,8 puntos porcentuales en el impuesto a las ganancias de capital.

Por el contrario, si alguien está interesado en comprar acciones a la una en punto para venderlas una hora después, este impuesto es probable que dé un buen golpe a los beneficios esperados. Lo mismo se aplica a la gente que está especulando en futuros, seguros derivados de crédito y otros instrumentos financieros.

Podemos obtener más de 140.000 millones de dólares al año mediante esta imposición a las transacciones financieras, una cantidad equivalente al 1% del PIB. Antes de buscar la aplicación de un impuesto sobre las ventas nacionales, o un impuesto sobre el valor añadido, como le gustaría a la pandilla de los halcones deficitarios, deberíamos insistir en poner en marcha en primer lugar un conjunto de impuestos a las transacciones financieras.

Un impuesto a las ventas nacionales afectará principalmente al consumo de los trabajadores. La gente lo pagará en todas las compras diarias (comida, ropa, medicinas); todo va a costar un poco más como resultado del impuesto a las ventas. La gente pobre y de medianos ingresos acabará pagando una proporción mayor de sus ingresos en este impuesto. Ello es a causa de que gastan una mayor proporción de su renta que los ricos y también porque gastan una mayor proporción de la misma en los Estados Unidos. Así como los ricos pueden tener la oportunidad de viajar exhaustivamente por Europa o por países no afectados por los impuestos a las ventas nacionales, bien poca gente de poca o mediana renta tendrá esta opción. Esta gente vive y gasta su dinero en los Estados Unidos.

Dado que el sector financiero es la fuente de los problemas presupuestarios y de la actual situación económica del país, es lógico que este sector soporte el peso de los nuevos impuestos que podamos necesitar. El colapso económico causado por la exuberancia irracional de Wall Street ha llevado a un gran aumento de la carga de la deuda del país. Parece justo que Wall Street se lleve la peor parte de los costes de la limpieza. Un FTT es la forma de asegurarse de que esto sea así.

En resumen, tenemos que decirle a la pandilla de los halcones deficitarios, muchos de los cuales ganaron su fortuna en Wall Street, que han de lentificar el ritmo. El país debe hacer frente a serios problemas de presupuesto, incluso aunque no sean tan malos como esta pandilla afirma. Sin embargo, si precisamos impuestos para hacer frente al déficit presupuestario, entonces Wall Street es el sitio por donde empezar. Después que hayamos puesto en marcha un impuesto sobre la especulación de Wall Street, si aún necesitamos más dinero, entonces podremos hablar sobre un impuesto que afectará principalmente a la clase media.

* Dean Baker es co-director del Center for Economic and Policy Research (CEPR). Es autor de Plunder and Blunder: The Rise and Fall of the Bubble Economy.
Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós

 

 

A 10 años de Seattle

Emir Sader
La Jornada (17-11-09)


Pareció un rayo en el cielo azul aquel espectáculo sensacional en que se transformó lo que debería haber sido un show mediático más del Consenso de Washington, una nueva cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en una de las ciudades símbolo de la posmodernidad: Seattle.

La reunión no se pudo realizar, y se vio a los ministros correr por las calles para ver si conseguían regresar a sus hoteles –entre ellos Pedro Malán (ministro de Economía de Brasil), figurita en ese tipo de actos. En cuanto a la gente, convocada por Internet, no se sabía de dónde salía, pero ocupaba plazas, calles, hoteles, salas de junta, estaciones del metro, protagonizando la primera gran manifestación global contra el pensamiento único y el Consenso de Washington.

No era un rayo en el cielo azul para quienes habían constatado que entremezclados con la aparente pax neoliberal existían malestares que la globalización iba produciendo. Es cierto que los gobiernos que mejor la representaron y practicaron se relegían –Fernando Henrique Cardoso, Alberto Fujimori, Carlos Menem– después de que lo hicieran Reagan y Thatcher, seguidos por Clinton y Blair. Pero al mismo tiempo se estaban agotando. Las crisis financieras –típicas del neoliberalismo– se extendían por América Latina, el sudeste asiático, Rusia.

Hugo Chávez había sido elegido un año antes. La economía brasileña enfrentaba otra crisis, lo que llevó al gobierno de Cardoso a elevar la tasa de interés al 48 por ciento y empujar al país hacia una prolongada recesión. Existían señales claras de que la economía argentina se estaba aproximando a la explosión de una bomba de relojería instalada por Menem con la paridad artificial entre el peso y el dólar. México se venía recuperando con dificultades de la crisis de 1994.

Desde que los zapatistas habían lanzado su grito contra la globalización neoliberal, en 1994, las acciones populares se fueron sucediendo, entre ellas las extraordinarias marchas de los Trabajadores sin Tierra en Brasil, mientras las luchas de los movimientos indígenas en Perú, Bolivia y Ecuador se extendían, anunciando nuevos ciclos de movilización como resistencia popular al neoliberalismo.

Ignacio Ramonet había publicado su famoso editorial en Le Monde Diplomatique de Francia, convocando a la lucha contra el pensamiento único. ATTAC (1) surgía como un nuevo tipo de movimiento, de lucha por la fiscalización del capital financiero para promover políticas para la ciudadanía, con el lema "Lo esencial no tiene precio".

Se inició, con Seattle, un nuevo ciclo de movilizaciones populares que, al enlazarse con el surgimiento del Foro Social Mundial, extendió sus acciones contra la OMC por Europa, Asia, América Latina, desembocando –en otra vertiente– en las mayores y ya conocidas manifestaciones contra la guerrra en Iraq, en 2003.

Desde entonces, la lucha por la superación del neoliberalismo ganó nuevas formas, más avanzadas, pasando de la protesta y la resistencia a la derrota de los regímenes neoliberales y al inicio del ciclo actual –latinoamericano– de construcción de gobiernos posneoliberales. A su victoria contribuyeron decisivamente las luchas de Seattle y aquellas que en el continente frenaron los procesos de privatización, como los movimientos indígenas y de ciudadanos en Bolivia y Ecuador.

Podemos decir que este renovado escenario es heredero de las luchas de resistencia de la década de 1990 y, en particular, de las espectaculares manifestaciones de Seattle, que marcaron el fin de la luna de miel neoliberal y el comienzo de la construcción de "otro mundo posible", el del posneoliberalismo latinoamericano.

Nota:

(1) Asociación por la Tasación de las Transacciones y por la Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC), fundada en Francia en 1998; exige la aplicación de un canon a las transacciones financieras internacionales para acotar la volatilidad de los mercados de capitales. El editorial de Ignacio Ramonet demandaba la aplicación de la tasa Tobin y la creación de un grupo en pro de la aplicación de la referida contribución (N. del T.).

* Emir Sader. Secretario ejecutivo de Clacso.
Traducción: Ruben Montedónico.



Miserias del progresismo

CARLOS TAIBO *
Público (17-11-09)


Se ha dicho de todo sobre la respuesta que el Gobierno español ha asumido ante la crisis. Se ha hablado, así, de su responsabilidad, no precisamente menor, en la gestación de aquella, de impresentables acatamientos del credo neoliberal y de políticas tan erráticas como complacientes con los poderosos. Es muy escasa, sin embargo, la atención que hemos dispensado a la percepción de la crisis y de sus remedios que alienta el grueso de los partidos y de los sindicatos que, conforme a la descripción más común, están a la izquierda del PSOE. No hay, pese a ello, mejor prueba de la zozobra en la que nos encontramos que el escaso empaque, la sumisión al orden establecido y la llamativa ausencia de algo que huela a prospección crítica del futuro que muestran diputados, consejeros y concejales de fuerzas políticas, liberados sindicales y, en su caso, intelectuales y artistas afectos a firmar manifiestos.

Cifremos el sinsentido de esas percepciones en dos hechos. El primero nos recuerda que el horizonte mayor que parecen contemplar las propuestas progresistas –en mal momento reaparece este hueco adjetivo– es el que proporciona la defensa de los estados del bienestar, en un intento de devolver el reloj a dos o tres años atrás y en abierto olvido, por cierto, de la inanidad histórica de los derechos sociales entre nosotros. Pareciera, en otras palabras, como si debiéramos sentirnos orgullosos de lo alcanzado en los últimos decenios en una suerte de remedo, muy común en los dirigentes sindicales biempensantes, del “España va bien” aznariano. Al abrigo de unas demandas que, ajustadas al discurso alicaído y cortoplacista de los sindicatos mayoritarios, parecen entender que saldremos adelante si acrecentamos, o al menos mantenemos, los salarios –o si conseguimos para todos un trabajo por cuenta ajena, que para el caso tanto vale–, ha quedado dramáticamente en el olvido cualquier horizonte de transformación de la sociedad. A duras penas sorprenderá que, en este caldo, y no sin que falten llamativas invocaciones a la solidaridad con la pequeña y mediana empresa, todo lo que está lejos de nuestros reductos de prosperidad, y en singular el expolio de los recursos humanos y materiales de los países pobres, quede relegado a un discretísimo segundo plano.

No deja de sorprender, por lo demás, que la propuesta progresista asumida por el grueso de las formaciones que dicen ser de izquierda, luego de criticar la inanidad de la reacción gubernamental ante la crisis, asuma con frecuencia, sin embargo, todo tipo de miramientos ante unos sindicatos, los mayoritarios, que nadan en la misma miseria (cómo estará de subida la patronal, por cierto, para que, con los sindicatos que tiene a su merced, se permita rechazar acuerdos claramente ventajosos para los empresarios). Lejos de tirar de esas fuerzas sindicales hacia posiciones de mayor entereza y confrontación –no hay ningún camino que recorrer en sentido contrario–, lo que se intuye es, sin más, un acatamiento de la podredumbre que aquellas, burocratizadas y coartadas por su dependencia económica de la teta estatal, difunden.

El segundo hecho relevante bebe de un sonoro silencio: el que se dispensa a una cuestión vital como es la de los límites medioambientales y de recursos del planeta. No se busque en los pronunciamientos progresistas ninguna mención que no sea sibilina y retórica al crecimiento imparable de la huella ecológica, a un cambio climático que empieza a ser una realidad omnipresente o al inevitable encarecimiento que, en el medio y el largo plazo, afectará a la mayoría de las materias primas energéticas que empleamos. El hecho de que todo esto quede, también, en segundo plano, en provecho de nuevo de una visiblemente abusiva sacralización de salarios y derechos sociales –para qué preguntarnos qué producimos, con qué lo hacemos y al servicio de quién–, acerca una vez más el discurso progresista a las miserias de las propuestas oficiales que padecemos, incapaces de abandonar el terreno de juego que perfila un oxímoron, el del crecimiento sostenible, que retrata bien a las claras lo que tenemos entre manos: pan para hoy y hambre para mañana.

Si las posiciones que ahora me atraen se hallan claramente a la defensiva y se ajustan, mal que bien, al “virgencita, que me quede como estaba”, nada retrata mejor su sentido de fondo que la exultante crítica del neoliberalismo que nos rodea por todas partes. Aunque en una primera y superficial lectura pueda sonar a contestación radical del orden establecido, haríamos mal en olvidar que esconde a menudo –no me atreveré a afirmar que siempre– el designio de no ir más allá y de esquivar cualquier discusión que afecte, no ya al neoliberalismo, sino al propio capitalismo. Y es que una de las trampas mayores que se nos tienden en los últimos tiempos es la que nace de la afirmación, mil veces repetida, de que lo que está en crisis es el capitalismo desregulado, con el consiguiente corolario, a menudo orgullosamente verbalizado, de que el capitalismo regulado no arrastra ningún problema de relieve.

En la trastienda es fácil adivinar lo que se nos vende: la aceptación callada y vergonzante de que no hay vida fuera del capitalismo y, con ella, la inevitable negativa a examinar la hondura de la crisis que afecta al paraíso fiscal de escala planetaria y a una crisis ecológica imparable que aquel, regulado o desregulado, ha contribuido a crear. El mero retorno a un estado de cosas que está en el origen de lo que hoy padecemos, al amparo de un procedimiento que invita, franca o subterráneamente, a darle otra oportunidad al capitalismo, mal escudo parece para hacer frente a los duros tiempos que se avecinan.

* Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid



Copenhague: Seattle madura

Naomi Klein
Rebelión (17-11-09)


El otro día recibí una copia prepublicación de The Battle of the Story of the Battle of Seattle (La Batalla de la Historia de la Batalla de Seattle), de David Solnit y Rebecca Solnit. Planean sacarlo a 10 años de la histórica coalición de activistas que impidió que se llevara a cabo la cumbre de la Organización Mundial del Comercio en Seattle, la chispa que prendió un movimiento anticorporativo global.

El libro es un fascinante recuento de lo que realmente pasó en Seattle, pero cuando hablé con David Solnit, el gurú de acción directa que ayudó a que fuera posible el cierre, descubrí que estaba menos interesado en rememorar lo ocurrido en 1999 que en hablar acerca de la próxima conferencia de la ONU sobre el cambio climático, que tendrá lugar en Copenhague, y las acciones de "justicia climática" que ayuda a organizar en Estados Unidos, programadas para el 30 de noviembre. "Ése es, definitivamente, un momento tipo Seattle", me dijo Solnit. "La gente está lista para dar la pelea".

Sí, hay una cualidad estilo Seattle en la movilización de Copenhague: el enorme abanico de los grupos que estarán presentes; la diversidad de las tácticas que se exhibirán; y los gobiernos de los países en desarrollo listos para incorporar en la conferencia las demandas de los activistas. Pero Copenhague no es simplemente una segunda versión de Seattle. En vez de eso, la sensación es que las placas tectónicas progresistas se desplazan y crean un movimiento que se construye a partir de las fortalezas de una época anterior, pero también aprende de sus errores.

La gran crítica al movimiento que los medios insistían en llamar "antiglobalización" siempre fue que tenía una larga lista de quejas y pocas alternativas concretas. En contraste, el movimiento que converge en Copenhague aborda un solo tema –cambio climático– pero teje una coherente narrativa sobre su causa y sus curas, que incorpora prácticamente todos los temas en el planeta. En esta narrativa, nuestro clima cambia no sólo debido a ciertas prácticas contaminantes sino por la subyacente lógica del capitalismo, que valora, sobre todo lo demás, la ganancia a corto plazo y el crecimiento perpetuo. Nuestros gobiernos quieren hacernos creer que la misma lógica puede ser aprovechada ahora para resolver la crisis climática, mediante crear un bien que puede ser comercializado, llamado "carbono", y mediante transformar los bosques y la tierra agrícola en "sumideros" que supuestamente van a compensar nuestras desenfrenadas emisiones.

Los activistas por la justicia climática en Copenhague argumentarán que, lejos de resolver la crisis climática, el mercado de carbono representa una privatización sin precedente de la atmósfera, y que las compensaciones y los sumideros amenazan con convertirse en una manera de apoderarse de recursos, de proporciones coloniales. Estas "soluciones basadas en el mercado" no sólo fracasarán en resolver la crisis climática; además, este fracaso profundizará drásticamente la pobreza y la desigualdad, porque los más pobres y los más vulnerables son las principales víctimas del cambio climático, y también los principales conejillos de Indias en estos esquemas de comercio de emisiones.

Pero los activistas en Copenhague no dirán simplemente "no" a todo esto. Promoverán soluciones que simultáneamente reducen las emisiones y la desigualdad. A diferencia de cumbres previas, donde las alternativas parecían una idea de último momento, en Copenhague las alternativas tendrán un lugar central. Por ejemplo, la coalición de acción directa Climate Justice Action (Acción por la Justicia Climática) ha llamado a los activistas a que el 16 de diciembre irrumpan en el centro de conferencias. Muchos lo harán como parte del "bloque de bicis": manejarán juntos una aún no revelada "irresistible nueva máquina de resistencia", compuesta de cientos de viejas bicicletas. La meta de la acción no es cerrar la cumbre, al estilo de Seattle, sino abrirla, transformarla en “un espacio para hablar acerca de nuestra agenda, una agenda de abajo, una agenda de justicia climática, de verdaderas soluciones en contraposición con las suyas, falsas… este día será nuestro”.

Algunas de las soluciones provenientes del campamento activista son las mismas que el movimiento por la justicia global ha defendido durante años: agricultura local y sustentable; proyectos energéticos descentralizados y más pequeños; respeto al derecho a la tierra de los indígenas; dejar los combustibles fósiles en la tierra; aflojar las protecciones en lo que respecta a la tecnología verde; y pagar estas transformaciones por medio de gravar las transacciones financieras y cancelar las deudas externas. Algunas soluciones son nuevas, como la creciente demanda de que los países ricos paguen reparaciones de "deuda climática" a los pobres. Está difícil de conseguir, pero todos acabamos de ver el tipo de recursos que nuestros gobiernos pueden congregar cuando se trata de salvar a las elites. Como dice un lema para Copenhague, "Si el clima fuese un banco, ya lo habrían salvado". No lo hubieran abandonado a la brutalidad del mercado.

Además de la coherente narrativa y el enfoque en las alternativas, hay bastantes otros cambios: un enfoque más meditado en lo que se refiere a la acción directa, uno que reconoce la urgencia de hacer algo más que simplemente hablar, pero que está empeñado en no interpretar el cansado guión de policías contra manifestantes. "Nuestra acción es de desobediencia civil", dicen los organizadores de la acción del 16 de diciembre. “Venceremos cualquier barrera física que se nos interponga –pero no responderemos con violencia si la policía ‘intenta’ escalar la situación.” (Dicho eso, no hay manera de que la cumbre de dos semanas no incluya unas cuantas batallas campales entre los tiras y los chavos de negro; después de todo, esto es Europa.)

Hace un decenio, en un artículo de opinión en The New York Times publicado luego que Seattle fue cerrado, escribí que un nuevo movimiento que defendía una forma radicalmente diferente de globalización "acababa de tener su fiesta debut". ¿Cuál irá a ser el significado de Copenhague? Se lo pregunté a John Jordan, cuya predicción de lo que finalmente ocurrió en Seattle cité en mi libro No Logo. Respondió: "Si Seattle fue la fiesta debut del movimiento de movimientos, entonces quizá Copenhague será una celebración de nuestra mayoría de edad."

Advierte, sin embargo, que crecer no implica ir a lo seguro, no tomar riesgos, evadir la desobediencia civil y favorecer sobrias reuniones. "Espero que hayamos crecido para volvernos mucho más desobedientes", dijo Jordan, "porque la vida en este planeta puede llegar a su fin por demasiadas acciones de obediencia."

Este texto fue publicado originamente en The Nation.
Traducción: Tania Molina Ramírez.

 

 

La Tierra está grave
Hacia la Cumbre del Clima de Copenhague, 7-18 diciembre 2009

Sergio Ferrari
Rebelión (16-11-09)


El planeta está enfermo. Y como nuestro propio organismo cuando está doliente, manifiesta síntomas para llamar la atención y reclamar su cura.

Su temperatura corporal ha aumentado como media 0,74 °C (grados Celsius) en los últimos 100 años. En algunas regiones superó 1,5°C. Durante todo el último milenio, el margen de variación de la temperatura había sido apenas de 1°C.

Causa principal de esta explosión de calor: el aumento descontrolado de emisión de gases de efecto invernadero producto de ciertas actividades humanas como la combustión de carbón, petróleo y gas natural así como la deforestación a gran escala. Principales responsables históricas de esta situación: las naciones desarrolladas.

Otro dato elocuente. Durante 800.000 años, la concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera fue de entre 200 y 300 ppm (medida que indica la cantidad de moléculas del dióxido de carbono por cada millón de moléculas de aire seco). Hoy supera las 380 ppm, la marca más elevada desde que el hombre tiene memoria.

La amenaza de una convulsión global –producto de la fiebre- está a la puerta con eventuales consecuencias apocalípticas: polos descongelados, mares en aumento, costas desaparecidas, tifones y huracanes multiplicados, sequías crecientes en los países tropicales, agricultura diezmada, flora y fauna amenazada, millones de refugiados climáticos dispersos en el mundo.

LOS DESAFIOS DE COPENHAGUE

En algunos días, entre el 7 y el 18 de diciembre próximo, Copenhague, capital de Dinamarca, reunirá a los representantes del mundo entero en la Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 15), continuando así los esfuerzos de Balí (2007, COP13) y Poznan (2008, COP14). Y la pregunta del millón sigue siendo la misma.

¿Cómo llegar a un acuerdo para evitar que la temperatura aumente más de 2°C en los próximos 40 años? Con la hipótesis científica que ese registro pueda constituir la frontera de la viabilidad misma de la existencia de la vida en el planeta. Y por ende, ¿cómo reducir a escala planetaria la emisión de gases de efecto invernadero?

No se trata hoy de acuerdos jurídicos. Existen ya la Convención del Clima de 1992 y el Protocolo de Kyoto que proponen mecanismos concretos.

Lo que está en juego es la voluntad política para definir responsabilidades históricas en el deterioro climático. Y poner en cuestión el concepto mismo de crecimiento y de la lógica productiva planetaria. Temas tan de fondo que no dejan mucho margen al optimismo.

La reciente y fracasada reunión preparatoria de Barcelona de la primera semana de noviembre, convocada para preparar la Cumbre de Copenhague, no hizo más que desnudar la falta de esa disposición de negociación, particularmente de las grandes potencias, muy especialmente de los Estados Unidos, quien hasta ahora no ratificó el Protocolo de Kyoto. El cual obliga a los países industrializados involucrados a reducir sus emisiones hasta 2012 en un 5,2 por ciento menos que las cifras vigentes en1990 (año tomado como referencia).

Sobre la mesa entonces, tres temas esenciales que imposibilitan por el momento el consenso. El primero: medir el rol histórico de cada actor planetario en la situación actual del deterioro climático, sin esconder la responsabilidad preponderante de las naciones más desarrolladas.

Segundo: sacar conclusiones prácticas, financieras, contables, para que los que más han deteriorado el clima asuman su responsabilidad y financien a los países “en desarrollo” (empobrecidos) facilitándoles a hacer frente al deterioro climático con medidas muy concretas.

Y en tercer lugar, mirar hacia al futuro, previendo reducciones significativas de las emisiones de gases destructores por parte de los países desarrollados y “emergentes” (China entre ellos), para evitar el sobrecalentamiento del planeta y posibilitar la continuidad de la vida en el mismo.

Un ABC tan simple como complejo. Copenhague se perfila ya como una nueva frustración climática. Mientras tanto la Tierra, ya grave, sigue empeorando.



Gaza, ¿recuerdas?

Marwan A. Diab *
sin Permiso (16-11-09)


Nueve meses después de la feroz invasión de Gaza y más de dos años después de un implacable asedio, Gaza está a un paso del abismo. Ningún aspecto de la vida pública o privada ha escapado a los estragos de la guerra, la pobreza, el paro, la destrucción y el aislamiento.

La guerra de Israel en Gaza afecta a todo y a todos. Se destruyeron o destrozaron veinte mil hogares y toda la infraestructura civil. Murieron más de 1.400 personas y más de 5.000 resultaron heridas, y la mayoría eran civiles. Centenares de padres, madres hijos e hijas, fueron asesinados o reventaron bajo la explosión de las bombas, o ardieron hasta morir por la utilización de armamento con fósforo blanco.

Una población furiosa, desolada y traumatizada lucha para hacer frente a la pérdida y la agonía. La magnitud del sufrimiento ha sobrepasado la capacidad institucional para prestar apoyo terapéutico.

El bombardeo y el bloqueo de Gaza la han reducido a un páramo económico. Las fábricas están en ruinas, los cultivos son arrancados por las excavadoras israelíes, los pescadores se mantienen cerca de la orilla y son atacados a tiros por las patrullas navales si se aventuran demasiado lejos. Una abrumadora mayoría de los residentes de Gaza está en el paro, y el 80 por ciento depende de los alimentos donados por organizaciones internacionales de ayuda.

Más allá de un salario, el empleo remunerado es la clave para el orgullo personal, poderse casar, tener un hogar y una familia. Estas expectativas normales se han convertido en lujos que ahora están fuera del alcance de casi todos.

El paso de la autosuficiencia a la dependencia ha desatado una cascada de problemas sociales, incluyendo una epidemia de violencia doméstica. Los chicos, que ven a sus padres humillados por la inactividad en lugar de orgullosos y productivos, encuentran un modelo de escape en la lucha de la resistencia armada.

Muchas escuelas fueron dañadas o destruidas y las aulas sufren graves condiciones de hacinamiento. Los maestros están mal pagados y desmoralizados. Sin recursos, poco pueden hacer aparte de imponer la disciplina.

Los estudiantes universitarios se enfrentan el aumento de la matrícula que sus familias no pueden permitirse. El asedio ha interrumpido el intercambio con profesores y profesoras de otros países, y mantiene a los estudiantes y profesionales intelectualmente aislados. Menos del uno por ciento de los jóvenes pueden permitirse estudiar en el extranjero.

El asedio de Gaza ha obligado literalmente a recurrir a la economía sumergida. Un flujo constante de productos de contrabando pasa por un gran sistema de túneles entre Rafah y Egipto. Mientras que el mercado negro proporciona los bienes necesarios, se ha generado una élite empresarial que se beneficia del caos, acapara productos y marca sus propias reglas. Los que "administran" los túneles buscan mano de obra barata y obligan a los niños de familias necesitadas a trabajar largas y peligrosas jornadas, a menudo bajo la influencia de drogas para mantenerlos alerta.

El castigo colectivo

Ninguno de estos sufrimientos es accidental. Israel libró una guerra salvaje y sigue imponiendo un asfixiante asedio para degradar, intimidar y aislar a un millón y medio de personas en la esperanza de que aceptarán la derrota total. El Informe Goldstone documenta la naturaleza criminal de este castigo colectivo.

Poderosos intereses han tratado de ignorar, minimizar y rechazar este informe junto con la desesperada situación que se vive en Gaza. Nuestra tarea es presionar para la rendición de cuentas, para poner fin a la impunidad y para la plena aplicación del derecho internacional.

Las personas que han hecho su profesión de la atención a la salud mental comprenden la naturaleza patológica de la crueldad y sus terribles efectos a largo plazo sobre las víctimas y los perpetradores. En el Día Mundial de la Salud Mental, pedimos su ayuda para poner fin de inmediato al asedio israelí, ayuda de emergencia para la reconstrucción de Gaza y la reparación para el pueblo de Palestina.

* Marwan A. Diab trabaja en salud mental y es la persona encargada de las Relaciones Públicas del Programa de Salud Mental de la Comunidad de Gaza (GCMHP): Gaza Community Mental Health Programme
Traducción para DEMPEUS: Àngels Martínez




Los muros de la hipocresía

Eduardo Galeano
Viento Sur (15-11-09)


El Muro de Berlín era la noticia de cada día. De la mañana a la noche leíamos, veíamos, escuchábamos: el Muro de la Vergüenza, el Muro de la Infamia, la
Cortina de Hierro...
Por fin, ese muro, que merecía caer, cayó. Pero otros muros han brotado, siguen brotando, en el mundo, y aunque son mucho más grandes que el de Berlín, de ellos se habla poco o nada.
Poco se habla del muro que los Estados Unidos están alzando en la frontera mexicana, y poco se habla de las alambradas de Ceuta y Melilla.
Casi nada se habla del Muro de Cisjordania, que perpetúa la ocupación israelí de tierras palestinas y de aquí a poco será quince veces más largo que el Muro de Berlín.
Y nada, nada de nada, se habla del Muro de Marruecos, que desde hace veinte años perpetúa la ocupación marroquí del Sahara Occidental. Este muro, minado de punta a punta y de punta a punta vigilado por miles de soldados, mide sesenta veces más que el Muro de Berlín.
¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos? ¿Será por los muros de la incomunicación, que los grandes medios de comunicación construyen cada día?

*********
En julio del 2004, la Corte Internacional de Justicia de La Haya sentenció que el Muro de Cisjordania violaba el derecho internacional y mandó que se demoliera. Hasta ahora, Israel no se ha enterado.
En octubre de 1975, la misma Corte había dictaminado: “No se establece la existencia de vínculo alguno de soberanía entre el Sahara Occidental y Marruecos”. Nos quedamos cortos si decimos que Marruecos fue sordo.
Fue peor: al día siguiente de esta resolución, desató la invasión, la llamada Marcha Verde, y poco después se apoderó a sangre y fuego de esas vastas tierras ajenas y expulsó a la mayoría de la población. Y ahí sigue.

*********
¿De qué han servido las mil y una resoluciones de las Naciones Unidas contra la ocupación israelí de los territorios palestinos? ¿Y las mil y una resoluciones contra el bloqueo de Cuba?
El viejo proverbio enseña: La hipocresía es el impuesto que el vicio paga a la virtud.
El patriotismo es, hoy por hoy, un privilegio de las naciones dominantes. Cuando lo practican las naciones dominadas, el patriotismo se hace sospechoso de populismo o terrorismo, o simplemente no merece la menor atención.

 

 

TASA TOBIN
Por ahora del G-20 sólo emergen discursos de buenas intenciones respecto de la reforma en la regulación del sistema financiero global, del control de los capitales especulativos y de la eliminación de los paraísos fiscales.

Alfredo Zaiat
Página 12 (15-11-09)

La formación de una nueva burbuja especulativa global ya no es un escenario imaginado por grupos altermundistas que advierten sobre el peligro de un nuevo estallido. Analistas como Nouriel Roubini, considerado gurú de Wall Street por haber alertado sobre la explosión de las subprime, o los Nobel de Economía Joseph Stiglitz y Paul Krugman, entre otros, previenen acerca de que el riesgo está presente. El movimiento de los tipos de cambio, con un dólar muy débil y la consiguiente fortaleza del resto de las monedas, está provocando desequilibrios que no tardarán en expresarse. Otra señal para estar atento se encuentra en el boom de las cotizaciones de acciones y títulos públicos, que en la mayoría de las bolsas van camino a recuperar los valores previos a la debacle. Esta renovada exuberancia especulativa tiene su explicación en que poco y nada ha cambiado de la estructura financiera internacional pese a las publicitadas reuniones del G-20. Y, en especial, a que Estados Unidos, como potencia hegemónica, ha transferido su crisis a escala mundial y, fundamentalmente, va consiguiendo financiamiento para enfrentarla. Esto lo está logrando con una fabulosa emisión de dólares y deuda activos aplicados para salvar sus megacompañías y, por lo tanto, su economía. Esos bonos y billetes han sido absorbidos por el mercado global. En forma muy sintética, ese proceso tuvo la siguiente dinámica:

- Las quiebras de los bancos de inversión Bear Stearns y Lehman Brothers pusieron al borde del precipicio el sistema financiero estadounidense, expandiendo la crisis a Europa y al resto del planeta, hundiendo en recesión al 80 por ciento de la economía mundial.
- Estados Unidos y las potencias europeas arrastradas en la debacle instrumentaron millonarios paquetes fiscales de auxilio que implicaron una impresionante emisión de moneda y deuda.
- Debido a que se trata de monedas de aceptación universal, principalmente el dólar, esa mayor circulación de billetes aspirada por el mercado mundial está permitiendo una más amigable administración de la crisis.
- A la vez, esa emisión ha debilitado a la moneda-patrón, que en primera instancia refleja los problemas de las cuentas (fiscal y comercial) y de la productividad de la economía estadounidense. Pero esa debilidad, acompañada de otras medidas, como tasas de interés cercanas al cero por ciento, brinda la posibilidad de su salida. Entre otros impactos, favorece la exportación y frena la compra de productos importados, mientras se recupera la productividad, como se ha empezado a verificar. Esta situación la está padeciendo Europa con un euro fuerte frente al dólar.
- Así, dólares abundantes circulando por el sistema especulativo global y tasas de interés bajísimas han generado las condiciones para recrear una nueva burbuja a una sorprendente velocidad.

En ese contexto, motivado por razones de política interna, el vapuleado primer ministro británico, Gordon Brown, propuso instalar la Tasa Tobin en la última reunión de ministros de Finanzas del G-20, desarrollada en Londres el fin de semana pasado. “De ninguna manera subestimo las enormes y difíciles cuestiones técnicas y prácticas que será necesario superar”, invitó Brown. Teniendo en cuenta la dinámica de crisis descripta, era previsible quién sería el primero en rechazar esa iniciativa: Timothy Geithner, secretario del Tesoro de Estados Unidos. “Un impuesto sobre las transacciones financieras diarias no es algo que estemos preparados para soportar”, replicó. El aspecto interesante de ese contrapunto se encuentra en que manifiesta la tensión existente entre las potencias occidentales acerca de cómo se distribuyen los costos asociados a la peor crisis desde el crac del ‘29 del siglo pasado. Esa puja dominada por Estados Unidos y el establishment financiero abre igualmente un espacio para debatir iniciativas que hasta hace poco eran menospreciadas por la corriente de pensamiento económico dominante, como la Tasa Tobin.

Esta consiste en pagar un impuesto cada vez que se produce una operación de cambio entre divisas para desalentar de ese modo la especulación con monedas. En palabras de James Tobin, Nobel de Economía en 1981, consiste en “echar arena en los engranajes demasiado bien engrasados” de los mercados monetarios y financieros internacionales. Esa propuesta la presentó en 1972, meses después de que Estados Unidos dispusiera la inconvertibilidad del dólar con el oro, generando un sistema de tipos de cambios flotantes y un debilitamiento de los controles sobre el movimiento de los capitales. Tobin sugirió entonces una tasa muy reducida para mantener la estabilidad monetaria mundial. Esa idea no fue considerada y se mantuvo dormida durante veinticinco años hasta que la rescató la asociación Attac liderada por el editor de Le Monde Diplomatique Ignacio Ramonet. La apropiación de esa propuesta por grupos antiglobalización y críticos del funcionamiento del capitalismo provocó la reacción de Tobin, quien renegó de la utilización que hizo esa organización de la Tasa denominada con su apellido. En una entrevista con la publicación alemana Der Spiegel, del 3 de septiembre de 2001, el periodista le pregunta si está contento con que se reconozca su idea. La respuesta de Tobin, que falleció seis meses después, es una pieza perfecta de lo que significa la corriente dominante del pensamiento económico de las últimas décadas: “Naturalmente que me alegra; pero los aplausos más sonoros vienen del lado equivocado. Mire usted, yo soy economista y, como la mayoría de los economistas, partidario del libre comercio. Además, estoy a favor del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial, de la Organización Mundial de Comercio. Abusan de mi nombre”. Para agregar que “no tengo ni lo más mínimo en común con estos revoltosos de la antiglobalización”.

El movimiento que está poniendo en discusión cómo está funcionando el capitalismo global dominado por las finanzas trasciende las ideas políticas conservadoras del keynesiano Tobin, adquiriendo para sí la propuesta de gravar el flujo de fondos especulativos. A su modo, Brasil decidió aplicar un impuesto del 2 por ciento al ingreso de capitales destinado a la compra de activos financieros. Las críticas provenientes del liberalismo sostienen que ese tipo de gravámenes no los frenarán, lo que es cierto, pero establecería obstáculos, lo que permitiría incorporar un poco más de márgenes a la política económica doméstica. Desde corrientes de izquierda sostienen que pretender controlar la especulación es querer curar los síntomas sin ocuparse de las causas de la enfermedad, que en este caso sería el propio sistema capitalista. Pero, mientras tanto, la Tasa Tobin podría actuar de pequeño amortiguador para desacelerar el flujo de capitales especulativos y los movimientos bruscos de los tipos de cambio. Una tasa impositiva muy baja (0,1 a 0,5 por ciento) apuntaría a disminuir la volatilidad de las operaciones financieras globales. Se penalizaría a las transacciones fuertemente especulativas con monedas, y su producido se destinaría a planes de asistencia. Algunos de sus promotores proponen orientar esos fondos hacia países muy pobres y otros indican que servirían al fisco para recuperar el dinero aportado en el auxilio a los grandes bancos. El Banco Internacional de Pagos de Basilea estima que el movimiento diario en el mercado de divisas es de poco más de 1 billón de dólares.

Sin embargo, el poder del establishment financiero internacional la descarta argumentando que sería de difícil implementación y recaudación. Como se sabe, la complejidad no ha sido un impedimento para estructurar instrumentos sofisticados de especulación, que terminaron en un estallido de proporciones. La revitalización de la Tasa Tobin como la resistencia que levanta refleja, en última instancia, que por ahora del G-20 sólo emergen discursos de buenas intenciones respecto de la reforma en la regulación del sistema financiero global, del control de los capitales especulativos y de la eliminación de los paraísos fiscales.



La mirada africana. Un análisis del panorama mediático en el continente negro

Ana Eloisa Molina Goigoux *
Revista Pueblos (15-11-09)


La visión que los medios de comunicación ofrecen sobre África no es la más adecuada. La razón fundamental de esta afirmación es que se trata siempre de una perspectiva externa al continente. De ahí la importancia de generar un cambio. Sobre todo, si tenemos en cuenta que los grandes medios de información están controlados por las mismas multinacionales que extraen recursos en el continente de un modo éticamente dudoso. Se puede comprender así que estas corporaciones tengan interés en que no se hable de África.

En las escasas ocasiones en las que se habla de algún suceso ocurrido en el continente, éste es ofrecido en la línea del africano salvaje. De esta forma, se conforma un imaginario que asocia todo lo africano con la ignorancia, las guerras, el hambre o los conflictos tribales. Estos tópicos son aludidos reiteradamente llegándose a consolidar como verdades absolutas. Por tanto, el cambio debe centrarse en los medios de comunicación del propio continente africano. En palabras de Gabriel Ayite Baglo, director de la Federación de Periodistas Africanos (FAJ) [1]: “nos incumbe a nosotros los africanos encontrar los medios necesarios para tener empresas de comunicación”.

La imagen que la opinión pública occidental tiene de África es una perspectiva cocinada en Occidente. Por ejemplo, la imagen de los dirigentes africanos es, bien la de unos autócratas que utilizan todos los medios para mantenerse en el poder corrupto, bien dictaduras enmascaradas en democracias para respaldar los intereses occidentales. Los medios de comunicación africanos, el cuarto poder del continente, son los que deben hacer ver que esto es una verdad a medias. El primer ministro de Kenia, Raila Odinga, comentó en breves palabras la idea clave de este cambio, diciendo que África debe “ordenar su casa” para generar noticias positivas que el mundo pueda ver. De igual forma, los conflictos armados en África se presentan en los medios como consecuencia de los odios ancestrales entre las etnias, como si la violencia fuera una característica innata de los africanos. Sin embargo, no se mencionan los intereses económicos y geopolíticos que los países occidentales tienen en el continente. Y, por supuesto, se omite la información de la procedencia de las armas que alimentan estos conflictos; desde los nuevos artefactos que las potencias de la Guerra Fría llevaron a África hasta la financiación directa de golpes de Estado por parte de Occidente.

Por no hablar del fenómeno migratorio, que, no obstante, sí es cubierto en la prensa africana de “forma correcta”, según palabras de Gabriel Baglo. Los medios de comunicación españoles ofrecen la visión humana acerca de cómo los “pobres africanos” malviven de forma que son obligados a abandonar su país llegando a morir en el intento. Pero de nuevo olvidan informar sobre qué ocurre en nuestro país, las deportaciones y las condiciones en los centros de internamiento de inmigrantes; pero sobre todo, olvidan informar sobre la actuación, o ausencia de ella, del Estado.

Sin duda, es cierto que la mejor explicación que tienen los medios de comunicación occidentales, para proteger sus diversos intereses, es volver al cliché del negro salvaje al que Occidente desde su perspectiva de superioridad debe ayudar.

Cambio de perspectiva

La atención, por tanto, debe centrarse en el desarrollo de los medios de comunicación africanos para convertirse en proveedores de información. Si África logra difundir más allá de sus fronteras su propia información, será el momento de destruir esos clichés. Según Muheldin Titawi, presidente de la Asociación de Periodistas de África del Este (EAJA), en el Congreso de la Federación Africana de Periodistas: “tenemos derecho a trazar nuestro propio destino y centrar nuestros esfuerzos en la lucha contra posibles intervenciones neocoloniales en nuestros asuntos, y tomar en cuenta los intereses de generaciones futuras.”

El camino para asegurar una prensa libre y plural ha comenzado. Del congreso celebrado en Nairobi por la FAJ [2] se puede concluir que el primer paso a tener en cuenta es mejorar las condiciones de los periodistas en África, que la mayor parte de las veces trabajan como autónomos o periodistas independientes. Estas condiciones deben consolidarse para mejorar así la calidad de su trabajo y la propia imagen del periodismo. No debemos olvidar que entre 1990 y 2006 murieron 199 periodistas y personal de apoyo ejerciendo su trabajo. El presidente de la Federación Internacional de periodistas (IFJ) declaró en Nairobi que “es imposible hablar maravillas sobre la libertad de prensa cuando hay periodistas que viven en condiciones de extrema miseria y abandono.”

El principal motivo de esta precariedad en la información es la dificultad que tienen los propios periodistas para acceder a informaciones veraces sin tener que hacer referencia siempre a rumores. Según Gabriel Baglo “a excepción de Sudáfrica, Angola y Uganda, el continente africano está muy atrasado en el movimiento mundial que pretende promover sus leyes sobre la libertad de información, lo cual garantizaría a los periodistas el acceso a la información retenida por las autoridades públicas”.

Sin embargo, ya vemos como muchos países africanos han conseguido franquear la barrera de la política denunciando, en sus medios de comunicación, las actuaciones de sus dirigentes. Sin duda, los africanos están optando por la libertad pero tienen demasiado miedo pues se trata de una “profesión empobrecida” [3]. Como explicó Odinga, estos periodistas con salarios bajos son una amenaza para la información objetiva pues se venden al mejor postor. El problema, sin duda, lo encontramos en su origen, pues la formación ha fracasado derivando en una cultura del día a día, en la que no hay interés por parte de las empresas en que los trabajadores se formen. La mayoría de los periodistas no ejercen siendo enseñados para ello, de hecho sólo es obligatorio registrarse como periodista en Ghana, Uganda y Zimbabwe. No obstante, se está avanzando en este aspecto pues ya en el 2000, Botsuana y Mozambique crearon universidades específicas. Si bien, no sería ético criticar a los trabajadores nuevamente, pues lo realmente necesario es el apoyo estatal y la financiación externa complementada por recursos internos, como defiende Baglo.

Las agencias donantes de ayuda y la comunidad internacional en general deben percatarse de la gran importancia de este sector en el desarrollo local. En palabras de Jose Carlos Sendín [4] la clave está en “generar iniciativas que integren financiación pública y privada (coordinando a los donantes y evitando duplicidad)”. Aunque hay que puntualizar que no se debe olvidar, nuevamente, a las instituciones africanas, pues los africanos deben ser los actores principales de estas iniciativas para generar desarrollo gracias a los medios de comunicación.

El objetivo mencionado por Sendín sobre falta de coordinación fue la clave en Nairobi. Se deben coordinar todos los esfuerzos empleados, africanos y externos, para enfrentarse a los desafíos; y la mejor forma de hacerlo es construir y fortalecer las uniones, sindicatos o gremios existentes. En concreto, Baglo declaró que “el futuro del periodismo en África debería pasar y ser estimulado por el sindicalismo”.

Ejemplo de esta voluntad de coordinación es la petición de la Federación Internacional de Periodistas (FIJ) a la Unión Africana y a la Unión Europea para comprometer a los Estados africanos a mejorar las leyes sobre la libertad de la prensa y las condiciones de los periodistas en el continente; después de que las dos instituciones recientemente firmaran una hoja de ruta sobre los medios de comunicación y el desarrollo [5].

Recogiendo las primeras propuestas de cambio que surgían se fundó la Federación de Periodistas Africanos (FAJ) en la conferencia regional en Abuja, Nigeria (12-14 de noviembre 2007), donde se acordó que actuaría como el cuerpo de la ley continental de sindicatos de periodistas en la industria de la comunicación en África.

La labor principal de esta Federación es promover un movimiento sindical fuerte en el sector de los medios, fortalecer los grupos subregionales de sindicatos, así como generar convenios de trabajo colectivos para establecer la libertad de prensa; entre otros aspectos clave. Sin duda, uno de los puntos a destacar en la Federación es la campaña para la liberación de periodistas encarcelados y contra la impunidad, actualmente centrada en Eritrea. En el programa de trabajo propuesto desde el 2008 al 2010 se hace referencia a dos temas principales: la solidaridad entre asociaciones y el periodismo de calidad. El desempleo y el significativo continuo aumento del denominado trabajo freelance sin protección son también alguna de las cuestiones principales. Sin duda, los proyectos de la federación tienen que hacer frente a un problema fundamental como es la falta de recursos financieros. Sin embargo, aunque existe un primer paso como es la constitución del Fondo Solidario Africano para poder atraer recursos externos al programa, las opiniones de los expertos no son nada positivas a este respecto, por lo que es conveniente que la FAJ se esfuerce en metas realistas y en propuestas que puedan funcionar.

La situación mediática

Como estamos viendo, los objetivos de la FAJ son cada vez más necesarios debido a la explosión de medios de comunicación que está viviendo África desde hace 15 años en radio, prensa y televisión. Estamos ante un crecimiento en cantidad y diversidad. Los africanos instan al movimiento de sus medios, y éstos a su vez mueven a sus sociedades. Nos encontramos ante una cultura de trasmisión oral, pues la radio es la que domina el panorama mediático con el 90 por ciento de escucha semanal en algunos países como Sudáfrica o Tanzania. La televisión es menos vista por su elevado coste, además de la falta de electricidad en la mayoría de las casas. Por su parte los lectores de periódicos son escasos, pues existe un alto grado de analfabetismo, por lo que los pocos ejemplares existentes se dirigen a la población urbana. Si bien, como estima Madieng Seck, director de la agencia Jade, primera agencia de prensa no gubernamental de Senegal: “la prensa ha evolucionado mucho, aunque no todos los periódicos merecen este nombre”. No debemos olvidar el papel de Internet que, aunque sin mucha presencia en el continente, es de gran utilidad para la diáspora. Sin duda, es el medio que mejor puede esquivar la censura; la información y los medios prohibidos reaparecen en Internet.

En concreto podemos mencionar a Pambazuka News, (www.pambazu ka.org) un portal de Internet que va más allá de la información. Se trata de una herramienta de comunicación fundada por panafricanistas del siglo XXI, que lucha por la justicia social en el continente. Pambazuka, que en kiswahili significa “amanecer”, ha tratado de generar un espacio de reflexión y denuncia. Un esfuerzo por ofrecer información, contrainformación, análisis y opiniones sobre numerosos temas de interés en el continente y fuera de sus fronteras y, sin duda, las redes regionales e internacionales de universidades, los movimientos sociales y en general la sociedad, colaboran en gran medida a ello.

Según Sendín, el sector mediático en África se puede dividir en tres grandes bloques. El primero de ellos, sin duda de gran relevancia, son los medios comunitarios principalmente audiovisuales de carácter no lucrativo que son desarrollados a pequeña escala por empresas privadas. Destaca la radio como principal medio de comunicación pues todo el mundo la escucha en las zonas rurales. Estos medios están dirigidos a grupos o localidades concretas con la finalidad principal de empoderar de alguna forma a estas comunidades. El principal problema es, de nuevo, la dependencia económica de donaciones externas, y por tanto su sostenibilidad.

En el segundo lugar, los medios estatales que, como ya he señalado, no gozan de las condiciones óptimas por diversos intereses. Los recursos destinados no son los suficientes tanto por su cantidad como por la variedad de los beneficiarios, es decir, se observa en éstos una orientación progubernamental. Además el personal no está formado, por lo que la calidad de los contenidos baja considerablemente. Al contrario que el grupo anterior, se concentra en los núcleos urbanos. Por último, tenemos los medios de carácter privado, y por tanto de crecimiento independiente. Sin embargo, esta independencia es relativa pues, al igual que los medios comunitarios, deben su existencia a la financiación privada, por lo que sirven a intereses comerciales. La mayoría de estos priorizan la publicidad frente a la información.

Estamos ante el despegue de los medios de comunicación africanos. Las diversas empresas de comunicación africanas son capaces de ofrecer su propia perspectiva y vender así al mundo una visión propia del continente. Si bien, la comunidad internacional y las entidades africanas deben considerar los medios de comunicación como un motor clave para el desarrollo y como un asunto ineludible para ofrecer una imagen de África más cercana a su realidad.

* Ana Eloisa Molina Goigoux es periodista, doctorando en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos en la UAM (Universidad Autónoma de Madrid) y estudiante en prácticas en la revista Pueblos. Este artículo ha sido publicado originalmente en el nº 39 de la revista Pueblos, septiembre de 2009.

Notas
[1] Mesa redonda sobre “África en los medios de comunicación: conflictos olvidados”, en el marco del Foro de las Ciudades, organizado por el Ayuntamiento de Fuenlabrada (Madrid) bajo el lema “La hora de África”.
[2] Congreso de la Federación de Periodistas Africanos (FAJ) el 22 y 23 de noviembre de 2008 en Nairobi.
[3] Definida así por Edouard Adzotsa, secretario general de la federación sindical de trabajadores de la comunicación.
[4] Artículo en la revista Nova África de enero de 2009 sobre el papel de los medios de comunicación en la construcción democrática de África.
[5] Se llevó a cabo el 13 de septiembre 2008 en Uagadugú en Burkina Faso. En el encuentro, llamado Foro Medios de Comunicación y Desarrollo, participaron numerosos periodistas y organizaciones.




Norteamérica, a precio de saldo

Pam Martens *
Sin Permiso (15-11-09)


En una época en la que los dirigentes de las grandes corporaciones empresariales de los EEUU han demostrado ya su incurable proclividad a prender fuego a cualquier tierra seca, procediendo a su saqueo a través de instituciones bancarias, comerciales, inmobiliarias e hipotecarias, el público puede ahora experimentar ya el olor de un nuevo y pestilente incendio divisable en el horizonte.

Si la Norteamérica granempresarial se sale con la suya, todo, absolutamente todo, desde parquímetros, zoológicos y aeropuertos hasta carreteras y agua potable, va ser privatizado en lo que puede convertirse en el mayor proceso de ventas a precio de saldo de la historia del mundo industrializado. En otras palabras, mandemos un potente mensaje a nuestros hijos: la recompensa a la codicia, la incompetencia y la conducta criminal de las corporaciones empresariales será hacerse con lo que queda de los activos del país.

La venta a precios de saldo viene estimulada por una insuficiencia sin precedentes de los ingresos de los gobiernos estatales y locales. Según el CBPP (Centro para las Prioridades Presupuestarias y de Políticas Públicas, por sus siglas en inglés), “la peor recesión desde los años 30 ha provocado la más profunda caída en los ingresos fiscales de los estados, hasta alcanzar niveles récord (…) 48 estados se enfrentan o tienen que lidiar ya con esas insuficiencias presupuestarias para el año fiscal de 2010, con un agujero de 178 mil millones de dólares (…), un agujero presupuestario récord. Los hiatos del año fiscal 2011 –los que ya se han abierto y aquellos a los que se hace frente— suman un total de 80 mil millones de dólares, el 14% de los presupuestos de los 35 estados que han estimado el monto de esos hiatos. Esos totales crecerán probablemente, en la medida en que sigan deteriorándose los ingresos, y podrían terminar rebasando los 180 mil millones de dólares. (…) Esas cifras sugieren que, todo dicho y contado, los estados tendrán que vérselas con una insuficiencia presupuestaria de al menos 350 mil millones de dólares para 2010 y 2011.”.

Irónicamente, 350 mil millones es exactamente el monto con que el Gobierno federal obsequió a la banda de Wall Street que pagó millones de dólares en bonificaciones, alojó a su personal ejecutivo en hoteles de lujo o se pagó anuncios en los estadios deportivos.

He aquí un recorrido de lo que, a lo largo y ancho del país, está disponible para las garras de las corporaciones empresariales:

Aquí, en la hermosa región meridional de New Hampshire, se recomienda ya la privatización de la Granja del Condado de Cheshire, una institución de 143 años de antigüedad que posee algunos de los espacios abiertos y de los terrenos cultivables más apreciados del estado. Los niños urbanos pueden, libremente, sin tasas de ingreso, acariciar vacas o ver alzar el vuelo de águilas pescadoras o de cóndores.

En la periferia de la Bahía Verde, Wisconsin, las autoridades trataron de organizar una reunión a puerta cerrada para discutir la privatización del Departamento de Planificación del Condado de Brown. (¿No es una función clave del Departamento de Planificación la de controlar los intereses de las corporaciones empresariales? Eso recuerda al modelo del Tesoro norteamericano, también conocido como de asalto a las instancias reguladoras.)

En los Grandes Rápidos del Condado de Kentuky, unos comisionados están sopesando la recomendación del sheriff, Larry Stelma, de privatizar el servicio alimentario de la cárcel del condado.

De acuerdo con un estudio de la GAO (Oficina para el control del gobierno, por sus siglas en inglés) realizado a fines de octubre, en donde se argumentaba que sería despilfarrar el dinero del contribuyente, el Ejército se ha echado atrás (por ahora, al menos) de un plan para privatizar los servicios de mantenimiento de carpintería, fontanería y calzadas, así como otros trabajos ahora desempeñados por el personal de la academia militar en West Point.

En un artículo de Blaine Mogil publicado el pasado 3 de noviembre en The Pride --el periódico estudiantil independiente de la Universidad del Estado de California en San Marcos, se resumía así la atmósfera que se palpa:

“Si parece desapoderada la idea de un profesor que os dijera “Buenos días y bienvenidos a la McUniversidad, ¿le puedo ya tomar el pedido?”, la silenciosa batalla que se libra en Sacramento no se abierto paso en vuestro espacio mental. Es hora de despertar del sopor político, y de sumarse a la batalla. No sólo se atacan vuestras oportunidades educativas, también están hostigadas las oportunidades educativas de un montón de amigos y familiares vuestros pertenecientes a las capas bajas del estrato socio-económico. Es una batalla para salvar de la privatización el sistema de la Universidad del Estado de California. (…) Nosotros, todos nosotros, que hacemos esfuerzos financieros para acudir a esta gran institución, tenemos que ponernos al frente de esta ola y participar para prevenir la privatización. Porque si se pierde esta batalla, seremos víctimas de la primera limpia en cuanto el yate granempresarial atraque en nuestro puerto.”

De Océano a Océano, todo está a disposición de las garras granempresariales: las cárceles de Arizona; las bibliotecas del Condad de Nevada, California; el zoológico del Condado de Milwaukee; los servicios de poda de árboles de Detroit; el aeropuerto internacional Louis Amstrong en Nueva Orléans; un albergue juvenil en Cabo Mayo, Nueva Jersey; una planta de tratamiento de residuos en el Condado de Marin, California. Los parquímetros de Chicago ya han sido privatizados.

Si las duras lecciones que nos ha proporcionado y nos sigue proporcionando la confianza ciega que nuestro país tiene en la capacidad de las grandes corporaciones empresariales para hallar un equilibrio entre beneficio codicioso y bien público no consiguen disuadir a nuestras autoridades de poner por obra esos grotescos y necios planes consistentes en dejar al albur de la motivación del beneficio empresarial programas públicos esenciales, tal vez el ejemplo reciente de Indiana sirva a modo de epifanía.

En 2006, el gobernador de Indiana, Mitch Daniels, privatizó los servicios de bienestar del estado, cerrando un contrato de 1.340 millones de dólares con IBM. Se confiaba a una compañía informática experta en gigabytes y chips de memoria, la gestión de las cartillas de comida y de Medicaid, así como los pagos asistenciales a los hambrientos y a los pobres. Se liquidó el anterior sistema de Indiana, consistente en encuentros cara a cara con trabajadores asistenciales, que vino a ser substituido por centros de llamadas telefónicas con respuestas autómatas. Luego de que llegaran a oídos de los legisladores incontables historias de incumplimientos de prescripciones básicas para salvar vidas, de gentes con ingresos inferiores a los 100 dólares que no recibían sus cartillas de comida en los plazos legalmente obligatorios, de centros automatizados que no atendían al teléfono o que perdían las llamadas o de extravíos de documentos, y tras una acción popular ante tribunales, finalmente, el gobernador Daniels tuvo que echar a IBM el mes pasado.

¿Pero qué pasa con la gente que, entretanto, murió o fue gravemente perjudicada por ese horrible sistema de autómatas telefónicos? ¿No debería el gobernador Daniels admitirlo avergonzadamente, como Alan Greenspan en su día: “me equivoqué”? Afortunadamente, al menos al gobernador los votantes podrán pedirle alguna cuenta.

* Pam Martens trabajó en Wall Street durante 21 años; no tiene intereses, ni a corto ni a largo plazo, en ninguna de las empresas mencionadas en este artículo, salvo los que el Tesoro norteamericano le ha impuesto sin su consentimiento, como al resto de sus compatriotas norteamericanos, con sus planes de rescate. Escribe regularmente sobre cuestiones de interés público desde New Hampshire.
Traducción para www.sinpermiso.info: Ricardo Timón

 

 

ALIMENTACIÓN: El hambre de los ricos
¿La lucha contra el hambre beneficia a los países ricos? La respuesta de los expertos en alimentación es un categórico sí. ¿El público del Norte rico debería estar al tanto de esto? La respuesta: tal vez no.

Paul Virgo
IPS (12-11-09)


Aquellos que no están directamente afectados por la inseguridad alimentaria deberían considerarla un problema que les incumbe, aun sin tomar en cuenta la justicia social y otras cuestiones morales, y por unas cuantas razones.

La primera razón es la seguridad. El hambre crea desesperación y es fuente de conflictos. Por lo tanto, constituye una amenaza para todos.

"La pobreza y el hambre constituyen un caldo de cultivo para el terrorismo", dijo a IPS el economista David Dawe, de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) con sede en Roma.

"Un mundo hambriento es un mundo peligroso", coincidió a comienzos de año la directora ejecutiva del Programa Mundial de Alimentos (PMA), Josette Sheeran. "A los que carecen de alimentos les quedan tres opciones: el disturbio, la emigración o la muerte. Ninguna de ellas es aceptable."

Tal vez se trate de argumentos fuertes. Pero organizaciones de la sociedad civil los rechazan.

"No compro el argumento de que si no hacemos lo que debemos hacer vendrán de otros lugares para arruinarnos la vida", dijo a IPS John Hilary, director ejecutivo de la organización contra la pobreza War on Want, de Gran Bretaña. "Está demasiado cerca de la derecha extrema."

La organización humanitaria Oxfam Internacional cree que el argumento es válido, pero le preocupa que ciertos sectores del público lo usen para bloquear las inmigraciones e importaciones procedentes del mundo en desarrollo.

"Es cierto que al mundo industrializado le sirve erradicar el hambre, pero también percibo algunos riesgos en el mensaje. Con la crisis económica y la tentación proteccionista, sería una espada de doble filo", dijo a IPS la directora de investigaciones de la filial española de Oxfam, Teresa Cavero.

"Podría decirse, por ejemplo, que alentar el crecimiento en los países pobres les dará a sus poblaciones más oportunidades de empleo, y que, por lo tanto, habrá menos emigración. Lo cual sería, en parte, correcto. Pero eso no significa que la inmigración sea mala", explicó.

Pero no es menos cierto que los reclamos formulados durante decenios al Norte rico para que haga algo en pos de erradicar el hambre han caído en saco roto.

También podría argumentarse que el compromiso surgirá sólo cuando el problema se encarame en la agenda política, lo cual no sucederá a menos que los votantes del mundo rico perciban en la inseguridad alimentaria un problema propio.

"Me siento más cómoda con el mensaje de justicia, pero es cierto que la lucha contra el hambre redunda en beneficio de los países industriales. Y cualquier argumento que sirva para que los países industriales actúen es positivo", dijo Cavero.

"Lo primero que los gobiernos y los pueblos de los países ricos deben saber es la realidad con la que nos enfrentamos. Cada vez hay más gente con hambre, y hoy son más de 1.000 millones de personas", agregó.

Además del argumento de la seguridad, el economista Dawe propone esgrimir el del dinero. "Si los habitantes del mundo en desarrollo rompen el círculo del hambre y la pobreza, se abrirá un enorme reservorio de demanda potencial para los productos del mundo industrial", afirmó.

Oxfam coincide. "El comercio puede cumplir con un papel" contra el hambre y la pobreza "si es conducido con reglas de justicia y en mercados transparentes, cosa que ahora no sucede", dijo Cavero.

"El crecimiento económico saludable conduce a mejoras en el bienestar general, lo cual es bueno para el Sur y para el Norte", agregó.

"Que el mundo en desarrollo no sufra hambre beneficia al Norte, porque este flagelo hace sufrir a toda la economía. Si el Sur lo logra, podrá trabajar en su propio desarrollo. Pero debes librarte del hambre antes de poder derrotar la pobreza, y sólo entonces podrás participar en la economía global", indicó.

Cavero cree que destacar el vínculo entre la seguridad y la amenaza del cambio climático es otro mecanismo para alentar a los países ricos a actuar. Si las naciones en desarrollo intentan acabar con la pobreza y el hambre siguiendo el modelo de desarrollo del Norte --con uso intensivo de energía-- la temperatura aumentará.

"Debemos lograr que un acuerdo internacional sobre cambio climático les garantice la seguridad alimentaria a aquellos países donde se concentra la mayor parte del hambre y la pobreza rural, de modo de evitar un desastre mundial", sostuvo la experta española.

"Debemos lograrlo a través de un modelo agrícola sustentable. Hay posibilidades de establecer un escenario donde todos ganen: que se alcance la seguridad alimentaria, que se detenga el cambio climático y que se avance en la sustentabilidad social, económica y ambiental", añadió.

El mundo industrializado también se beneficiaría de la contribución de los pueblos a la ciencia y la cultura, una vez que puedan librarse de la inseguridad alimentaria, según Dawe.

"Vivimos en un mundo interdependiente. Todo el conocimiento se construye con descubrimientos y contribuciones de otros", afirmó. "Cuanta más gente inteligente trabaje para solucionar un problema, llámese sida, cambio climático o lo que sea, más cerca estaremos de encontrar soluciones. Y eso se aplica también a la cultura, el arte, la música y otros campos del conocimiento."

La organización War on Want cree que los argumentos para alentar la lucha contra el hambre deben basarse sobre la justicia social y no en el interés propio.

"Lo que resulta escandaloso es que mucha gente que produce alimentos en áreas rurales" del Sur en desarrollo "no puede darse el lujo de comprar lo que produce", según Hilary. "Esto condena el modelo que nos ha permitido crecer" a los países ricos, explicó.




Bienvenidos a 2025

Michael T. Klare *
Sin Permiso (12-11-09)


Memorándum para la CIA: puede que no estén preparados para viajar en el tiempo, pero de todos modos ¡bienvenidos a 2025! Es posible que sus habitaciones sean algo pequeñas, la posibilidad de pedir un mejor alojamiento puede que se haya ido a tomar viento, y los accesorios seguramente no sean de su agrado, pero váyanse acostumbrando. Esta va a ser su nueva realidad de ahora en adelante.

Vale, ahora la versión seria de lo de arriba: en noviembre de 2008 el Consejo Nacional de Inteligencia (NIC, por sus siglas en inglés), un organismo vinculado a la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés), editó la última de una serie de publicaciones de índole futurista, que tenían el objeto de ser una guía para la nueva administración Obama. Escudriñando en su bola de cristal analítica sacaron un informe titulado Global Trends 2025 (Tendencias Globales 2025), que predecía que la preeminencia global de EEUU iba a desaparecer gradualmente durante los próximos 15 años – a la vez que ascienden otras nuevas potencias globales, especialmente China e India. El informe examinaba varios aspectos del panorama estratégico internacional que se podía esperar en un futuro inmediato, pero su hallazgo más alarmante y novedoso tenía que ver con la previsión de un deterioro a largo plazo del dominio internacional de EEUU, junto con la aparición de nuevos competidores globales. “Aunque los EEUU posiblemente seguirán siendo el actor individual más poderoso [en 2025]”, dejaba claro que “en términos relativos, la fuerza del país – incluso en el ámbito militar – va a reducirse y la capacidad de influencia de los EEUU va a ser mucho más limitada”.

Eso, claro, fue entonces; ahora – unos 11 meses más tarde – es otro momento y las cosas pueden haber cambiado. Las predicciones tendrán que ponerse al día según los rápidos cambios que afectan a las realidades de hoy. A pesar de que se publicó cuando la debacle económica mundial estaba ya en marcha, el informe fue escrito bastante antes de que la crisis alcanzase sus mayores dimensiones y por ello insistía en que el declive del poder de EEUU sería gradual, prolongándose a lo largo de los 15 años de horizonte temporal analizado. Pero la crisis económica y algunos de los más recientes sucesos han alterado radicalmente ese calendario. Así, debido a las descomunales pérdidas económicas que han sufrido los EEUU el pasado año junto con la impresionante recuperación económica de China, el cambio en la balanza del poder global que predecía el informe se ha acelerado. A efectos prácticos, 2025 ya está aquí.

Muchas de las predicciones generales y a medio plazo que se hacían en el Global Trends 2025 ya han sucedido. Brasil, Rusia, India y China – conocidos como el grupo de países BRIC – ya están presionando para conseguir un rol más activo en las cuestiones económicas global, como predecía el informe que iba a ocurrir a lo largo demás o menos una década. Al mismo tiempo, el dominio global que hasta hace poco monopolizaban los EEUU junto con la ayuda de las potencias industriales occidentales – el llamado G-7 – se ha ido apagando a un ritmo nada despreciable. Países que hasta hace poco miraban a los EEUU en busca de una guía para las grandes cuestiones internacionales, ahora ignoran los consejos de Washington y en cambio están creando sus propias redes de autónomas de colaboración política. Los EEUU son cada vez menos proclives a desplegar en el exterior sus fuerzas militares, especialmente a medida que las otras potencias aumentan su propia capacidad y otros actores no estatales cuentan con mecanismos de ataque “asimétricos” para contrarrestar la ventaja de los EEUU en capacidad armamentística convencional.

Hasta el momento no parece que haya nadie diciendo esto alto y claro, pero seamos francos: transcurrido menos de un año del periodo de 15 que mencionaba el informe Global Trends 2025, los días en que no se cuestionaba el dominio global americano han llegado a su fin. Puede que lleve una década o dos (o tres) hasta que los historiadores puedan mirar atrás y decir sin dudar “ese fue el momento en que los EEUU dejaron de ser la gran potencia dominante en el planeta y se les obligó a comportarse como cualquier otro gran actor en un mundo con varias potencias que compiten entre si”. Pero los indicios de que esa importante transición está ya sucediendo están ahí, para quién se moleste en mirar.

Seis paradas en el camino hacia una nación ordinaria

A continuación propongo una lista de seis acontecimientos recientes que indican que estamos ya llegando a ese “2025”. Todos seis han aparecido en las noticias en las últimas semanas, aunque nunca juntas en un mismo espacio. Estos acontecimientos (y otros parecidos) constituyen un patrón: la entrada, de hecho, en una nueva era.

En la cumbre económica global de Pittsburgh del 24 y 25 de septiembre, los líderes de las grandes potencias industriales, el G-7 (G-8 si se incluye a Rusia) acordaron trasladar la responsabilidad de supervisar la evolución de la economía mundial a un grupo mayor y más inclusivo, el G-20, que incorpora a China, India, Brasil, Turquía y otros países en vías de desarrollo. Aunque se han expresado reservas sobre la habilidad de este grupo más amplio más ejercer un liderazgo mundial eficaz, no hay duda de que este cambio indica por si mismo un desplazamiento del eje del poder económico mundial desde el Oeste hacia el gran Este y el Sur – y junto con este desplazamiento se ha producido un atronador declive de la preeminencia económica de los EEUU.

“La verdadera importancia del G-20 no reside en que se la haya pasado la batuta desde un G-7/G-8, sino que ha sido desde un G-1, los EEUU”, escribía en el Financial Times Jeffrey Sachs, de la Universidad de Columbia. “Incluso durante los 33 años en que ha estado operando el foro económico del G-7, los EEUU estuvo al frente de las grandes decisiones económicas tomadas”. El declive del liderazgo americano durante estas últimas décadas quedó ofuscado por el colapso de la Unión Soviética y la importancia de su papel en el desarrollo de las tecnologías de la información, señala Sachs, pero ahora no queda ya duda alguna de que ha habido un desplazamiento del poder económico de los EEUU hacia China y otros nuevos motores económicos.

2. Según varias informaciones aparecidas en prensa, los rivales económicos de EEUU llevan a cabo reuniones secretas – y no tan secretas – para explorar la posibilidad de un menor rol del dólar americano – que se está depreciando rápidamente – en el comercio internacional. Hasta ahora, el uso del dólar como el medio internacional de pago ha dado a los EEUU una ventaja significativa: puede sencillamente imprimir dólares para hacer frente a sus obligaciones internacionales mientras que los otros países deben convertir su moneda en dólares, lo que a menudo conlleva importantes costes. Sin embargo recientemente muchas de las grandes potencias comerciales – entre las que están China, Rusia, Japón, Brasil y los países petroleros del Golfo Pérsico – han empezado a considerar seriamente el uso del Euro, o de una “cesta” de divisas, como nuevo medio de pago. Si ello es así, se trata de un plan que acelerará la precipitada caída del dólar e incrementará aún más la erosión de la influencia americana en los asuntos económicos internacionales.

Un debate de este tipo se sabe que tuvo lugar este verano en una cumbre que reunió a los países del BRIC. Lo que era solamente un concepto hace un año, cuando la idea misma de un grupo de países BRIC fue lanzada por el economista jefe de Goldman Sachs, se ha convertido en un consorcio de carne y hueso el pasado mes de junio, cuando los líderes de los cuatro países celebraron una reunión inaugural en Yekaterinburgo, Rusia.

El sólo hecho de que Brasil, Rusia, India y China decidieran reunirse como grupo ha sido visto como algo significativo, ya que conjuntamente suponen sobre el 43% de la población del planeta y se espera que hacia 2030 produzcan el 33% del PIB mundial – aproximadamente lo mismo que supondrá en esa fecha la de EEUU y Europa. Aunque los líderes del BRIC decidieron no conformar por el momento un organismo permanente como el G-7, sí acordaron coordinar los esfuerzos para desarrollar alternativas al dólar y reformar el Fondo Monetario Internacional (FMI) de manera que la voz de los países no occidentales tenga un mayor peso.

3. En el frente diplomático, Washington se ha visto enfrentado por Rusia y China en sus esfuerzos por constituir un frente internacional que aumente la presión sobre Irán para que detenga su programa nuclear de enriquecimiento. Un mes después de que el Presidente Obama cancelase los planes para el despliegue de un sistema anti-balístico de misiles en Europa del este, aparentemente una apuesta a favor de reforzar la seguridad de la frontera rusa a cambio de una posición más dura frente a Teherán, los altos mandatarios rusos están dejando claro que no tiene intención alguna de apoyar nuevas sanciones a Irán. “Amenazas, sanciones y una mayor presión creemos que serían, en la situación actual, contraproducentes”, declaró el Ministro de Exteriores ruso Sergey V. Lavrov, después de una reunión con la Secretaria de Estado Hillary Clinton en Moscú el pasado 13 de octubre. Al día siguiente, el Primer Ministro ruso Vladimir Putin dijo que amenazar con sanciones era “prematuro”. Dados los riesgos políticos que asumió Obama cancelando el programa de misiles – una decisión que fue ampliamente criticada por los Republicanos en Washington – el rápido desprecio de Moscú por la petición estadounidense de una mayor cooperación en la cuestión del enriquecimiento en Irán puede solo interpretarse como un signo más del rápido languidecer de la influencia norteamericana.

4. Y se puede inferir exactamente lo mismo de una reunión al más alto nivel que tuvo lugar en Beijing el 15 de octubre entre el Primer Ministro chino Wen Jiabao y el Primer Vicepresidente iraní, Mohammed Reza Rahimi. “La relación sino-iraní ha sido testigo de un rápido desarrollo ya que los líderes de ambos países han tenido frecuentes contactos, y la cooperación en cuestiones de comercio y energía se ha ampliado y profundizado”, dijo Wen en el Gran Salón del Pueblo. Dicho en un momento en el que los EEUU están tratando de persuadir a China y Rusia, entre otros, para que reduzcan sus lazos comerciales con Irán como preludio de sanciones más duras, la declaración china sólo puede considerarse como otro desplante a Washington.

5. Desde el punto de vista de Washington, los esfuerzos para lograr un mayor apoyo internacional al esfuerzo bélico aliado en Afganistán se han tropezado también con una asombrosa respuesta negativa. En lo que sólo puede considerarse como un gesto trivial y renuente de apoyo al esfuerzo bélico de EEUU, el Primer Ministro británico Gordon Brown anunció el 14 de octubre que el Reino Unido añadiría más tropas al contingente británico en dicho país – pero sólo 500 efectivos más, y sólo si el resto de países europeos aumentan también su compromiso militar, algo que él sin duda sabe que es difícil que ocurra. Hasta el momento, dicho minúsculo contingente provisional representa todas las tropas adicionales que la administración Obama ha sido capaz de obtener de los aliados europeos de EEUU, a pesar de un continuo esfuerzo diplomático encaminado a reforzar las fuerzas de la OTAN en Afganistán. En otras palabras, incluso el más leal y servil aliado de EEUU en Europa parece no estar ya dispuesto a cargar con lo que mayoritariamente ya se percibe como otra costosa y extenuante aventura militar americana en el Gran Oriente Medio.

6. Por último, en un asombroso gesto simbólico el Comité Olímpico Internacional (COI) dejó de lado a Chicago (así como a Madrid y Tokio) para elegir a Rio de Janeiro como sede de los juegos olímpicos de verano de 2016, la primera vez que un país suramericano es elegido para ese honor. Hasta que no llegó el momento de la votación, Chicago era considerada como una candidata con posibilidades, especialmente una vez el antiguo residente en Chicago Barack Obama apareció en persona en Copenhague para promover su candidatura frente al COI. Sin embargo, tras un giro que sorprendió al mundo entero, Chicago no sólo perdió sino que fue la ciudad eliminada ya en la primera ronda de votaciones.

“Brasil pasó de ser un país de segunda a ser un país de primera clase, y hoy empezamos a recibir el respeto que merecemos”, dijo el Presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva durante la celebración de la victoria tras la votación de Copenhague. “Podría morirme ahora y aún así habría valido la pena”. Pocos prestaron atención a este hecho, pero a lo largo del proceso de decisión olímpico los EEUU fueron sumaria e instantáneamente relegados de la posición de única superpotencia a la de uno más del grupo, un gesto simbólico en un mundo que inicia una nueva era.

Respecto a ser un país común y corriente

Lo dicho son sólo algunos pocos ejemplos ocurridos recientemente que indican, según creo, que el tiempo de la preeminencia global de los EEUU ha tocado a su fin, años antes de lo que la comunidad de la inteligencia americana pensaba. Está cada vez más claro que las otras potencias – incluidos nuestros aliados más cercanos – plantean políticas exteriores más independientes, sin importar la presión que Washington pueda llegar a hacer.

Por supuesto que nada de esto significa que durante mucho tiempo los EEUU no vayan a seguir teniendo la economía más grande del mundo y, en términos de puro poder destructivo, su mayor fuerza militar. Sin embargo, no hay duda alguna que el contexto estratégico en el que los líderes norteamericanos van a tener que tomar decisiones críticas, aquellas relacionadas con los intereses vitales para la nación, ha cambiado dramáticamente desde el inicio de la crisis económica global. Pero aún más importante es el hecho de que el Presidente Obama y sus principales asesores parece que, a regañadientes, están empezando a configurar la política exterior de los EEUU con esa nueva realidad en mente. Ello resulta evidente, por ejemplo, en la decisión de la administración de revisar nuestra estrategia en Afganistán.

Porque después de todo no fue hasta el pasado marzo cuando el presidente accedió a una nueva estrategia basada en la contrainsurgencia, que requería un mayor despliegue de soldados sobre el terreno y un compromiso de intensificar los esfuerzos para ganarse los corazones y las mentes en las aldeas afganas donde están resurgiendo los Talibanes. Fue por esto por lo que cesó al entonces comandante en jefe de la guerra en Afganistán, el General David D. McKiernan, reemplazándolo por el General Stanley A. McChrystal, considerado mucho más proclive a la contrainsurgencia. Pero cuando McChrystal presentó a Obama las implicaciones y los costes de esta nueva estrategia – entre 40.000 y 80.000 nuevos efectivos (muchos más que los únicos 20.000 que recientemente se han añadido a la lucha) – mucha gente del círculo más cercano al presidente puso el grito en el cielo.

Un despliegue de tamañas proporciones no sólo costará al Tesoro cientos de miles de millones de dólares que difícilmente pueden pagarse, sino que la tensión que posiblemente generará en los cuerpos del Ejército y la Marina será, después de años de actividad y estrés en Irak, poco menos que insoportable. Estos costes serían claro mucho más fáciles de asumir si nuestros aliados asumiesen una mayor parte del trabajo, algo a lo que están cada vez menos dispuestos.

Obviamente, los líderes de Rusia y China no están del todo insatisfechos de ver a los EEUU agotar sus recursos militares y financieros en Afganistán. Bajo estas circunstancias, no es sorprendente que el Vicepresidente Joe Biden, entre otros, esté abogando por un nuevo giro en la política norteamericana, abandonando el enfoque de la contrainsurgencia y optando en cambio por una estrategia de “contra-terrorismo” menos costosa, y destinada en parte a aplastar a Al Qaeda en Pakistán – usando aviones teledirigidos y las Fuerzas Especiales, en lugar de gran cantidad de tropas regulares (mientras que el número de efectivos en Afganistán quedarían relativamente inalterados).

Es demasiado pronto para decir cómo concluirá la revisión de la estrategia en Afganistán que está haciendo el presidente, pero el hecho de que no aceptase inmediatamente el plan de McChrystal y que haya dejado tanto espacio a Biden para que defienda su posición sugiere que puede estar dándose cuenta de la locura que sería un aumento de las obligaciones militares de los EEUU en el exterior en un momento en que su preeminencia global se debilita. A uno le parece detectar esa prudencia de Obama en otros gestos recientes. Aunque él sigue insistiendo en que la adquisición por parte de Irán de armamento nuclear es totalmente intolerable y que el uso de la fuerza para evitarlo sigue siendo una opción, claramente ha tomado medidas para que minimizar las probabilidades de que dicha opción – que tampoco sería del agrado de unos “aliados” recalcitrantes – no llegue a utilizarse nunca.

Por otro lado, Obama también ha dado un nuevo aire a la diplomacia norteamericana, buscando reforzar los lazos con Moscú y aprobando el establecimiento de relaciones diplomáticas con anteriores estados paria como Burma, Sudán y Siria. Ello refleja también la realidad de un mundo cambiante: que la postura agresiva del “estamos en posesión de la verdad” que la administración Bush adoptó hacia estos países durante ocho años rara vez sirvió para conseguir nada. Interprétese pues como un reconocimiento implícito de que los EEUU se están bajando de su pedestal de “única superpotencia del mundo” para ser un país más como cualquier otro. Porque después de todo eso es lo que hacen los países normales; se embarcan en relaciones diplomáticas con los otros países, les gusten o no sus actuales gobiernos.

Así que bienvenidos al mundo del 2025. No se parece al mundo de nuestro pasado reciente, cuando los EEUU miraban por encima de los hombros al resto de naciones, y no encaja demasiado bien con las fantasías de Washington de ostentar un poder global tras el colapso de la URSS en 1991. Pero es la realidad.

Muchos norteamericanos puede que vivan la pérdida de esa preeminencia con angustia, o incluso menosprecio. Pero por el otro lado, no deben olvidarse las ventajas de ser un país normal como cualquier otro: nadie espera que Canadá, Francia o Italia manden otras 40.000 tropas a Afganistán, añadiéndolas a las 68.000 que ya están allí y las 120.000 que siguen en Irak. Ni nadie espera que esos países se gasten 925.000 millones de dólares de los contribuyentes para financiar ese despliegue – el coste que actualmente se estima que tienen esas dos guerras, según el National Priorities Project.

Pero la pregunta clave sigue ahí: ¿cuanto tiempo más seguirá Washington pensando que los norteamericanos pueden permitirse subsidiar jugar un papel global, que conlleva guarnecer medio planeta y luchar lejanas guerras en nombre de la seguridad mundial, mientras la economía de EEUU pierde más y más terreno frente a sus competidores? Este es el dilema que el Presidente Obama y sus asesores deben hacer frente en este nuevo mundo del 2025.

* Michael T. Klare es profesor de estudios de Paz y Seguridad Mundial en el Hampshire College. Su ratuï libro es Rising Powers, Shrinking Planet: The New Geopolitics of Energy (Metropolitan Books). Una versión documental de su anterior libro, Blood and Oil, puede encontrarse en la Media Education Foundation (Bloodandoilmovie.com).
Traducción para www.sinpermiso.info: Xavier Fontcuberta i Estrada



El otro 1989

Carlos Rivera Lugo
Rebelión (12-11-09)


Según ese “pensamiento único” que el neoliberalismo nos impuso a diestra y a siniestra como interpretación “políticamente razonable” de la historia contemporánea, se conmemora en estos días el vigésimo aniversario de la demolición del funesto Muro de Berlín, símbolo de unos regímenes políticamente opresivos y económicamente agotados que también llegaron a su fin para esos días. Según uno de los intérpretes más notorios de este hecho histórico, el japonés-estadounidense Francis Fukuyama, con el llamado “colapso del comunismo” la historia de la humanidad llegaba a una estación terminal. Fiel a la sentencia filosófica hegeliana, se arribó al agotamiento histórico de la razón ideológica, cuya máxima expresión fue el socialismo real europeo, y se impuso la razón universal representada por el liberalismo político y económico.

En ese sentido, es bueno recordar el juicio emitido por el historiador británico Eric Hobsbawm: “El principal efecto de 1989 es que el capitalismo y la riqueza han dejado, por el momento, de tener miedo”. Precisamente, ese año 1989 representa la consolidación coyuntural de la contrarrevolución neoliberal iniciada en la década de los setentas, precisamente en el Chile de la dictadura sangrienta de Augusto Pinochet, para ser profundizada pocos años después por el presidente estadounidense Ronald Reagan y la primer ministro británica Margaret Thatcher.

El objetivo de la contrarrevolución neoliberal fue restaurar el poder de las elites económicas y políticas capitalistas a partir del desmantelamiento del Estado social, fuese en su forma de socialismo real o en su versión de Estado benefactor. Bajo ambas, como saldo de una lucha de clases en que los trabajadores adquirieron un poder cada vez mayor, la burguesía quiso liberar al capital de toda limitación que le fue impuesta, sobre todo a partir del compromiso de clase entre el capital y el trabajo que caracterizó este periodo histórico. A partir de 1989, la clase capitalista siente que ya ha abierto de par en par las puertas para restablecer unas condiciones de acumulación por desposesión similares a las existentes durante el periodo histórico precedente: el capitalismo salvaje. A partir de ello, escala su ofensiva de clase para subsumir la vida toda bajo los dictados del capital y cancelar los avances logrados por las clases trabajadores.

Ahora bien, es necesario aclarar que el 1989 encierra un proceso histórico mucho más profundo y amplio que no debemos ignorar a costa de que caigamos como tontos en las redes ideológicas del capital. Y es que en el fondo la crisis representada por el 1989 no es sino continuación de la iniciada en el 1968. La contrarrevolución neoliberal es, esencialmente, una respuesta a la revolución de 1968 y su subversión soñadora de unas nuevas relaciones de poder liberadoras, así como sus prácticas constitutivas de nuevos sujetos políticos portadores de subjetividades crecientemente descolonizadas y proyectos alternativos al orden civilizatorio capitalista. Incluso, en sus afanes antisistémicos la revolución del 1968 contribuyó en las siguientes dos décadas al desarrollo de movimientos, desde la sociedad civil, a favor de cambios democráticos en varios países de Europa Oriental como, por ejemplo, Checoslovaquia y Polonia.

Ya el Che Guevara lo había advertido: Los países del socialismo real reprodujeron en su seno toda la racionalidad capitalista, lo que terminaría por deslegitimarlos. El socialismo real en Europa, con su Estado fuerte y centralizado como administrador de un proceso de acumulación acelerado, nunca pudo superar esas lógicas explotadoras del capital. Sus formas ideológicas y jurídicas socialistas nunca estuvieron acompañadas, en la realidad, de la necesaria socialización y democratización de las relaciones sociales que es imperativo para el desarrollo de la sociedad comunista. Dichos regímenes pudieron alcanzar indudables logros sociales y económicos e, incluso, lograron influir, a partir del keynesianismo, en el desarrollo del Estado benefactor en el resto de Europa y en Estados Unidos. Pero tras sus éxitos materiales, se durmieron, se corrompieron y burocratizaron, perdiendo de vista el verdadero reto comunista: la construcción de una sociedad dedicada a la promoción efectiva del bien común como capacidad común de producir y reproducir lo social en plena libertad e igualdad.

Ello ha llevado a algunos pensadores marxistas contemporáneos como, por ejemplo, Antonio Negri, a sugerir el agotamiento de la idea del socialismo. Ello a partir de la pesada carga de una experiencia histórica que tiende a evidenciarla como representativa de un modelo de acumulación que, a pesar de un ideario comprometido ideológicamente con la justicia social, tiende a desenvolverse en la práctica dentro de las lógicas capitalistas de mando de la producción y del Estado. De ahí que Negri sugiera al comunismo como el verdadero carácter del “nuevo y gran ciclo de civilización” que anida más allá del capitalismo.

Por su parte, el filósofo francés Alain Badiou insiste en que no ve más ni mejor alternativa en este momento histórico que la “hipótesis comunista”. Asimismo, el conocido pensador crítico esloveno Slavoj Zizek, dice que la idea comunista es la única que merece ser pensada en estos tiempos. Enseguida advierte, sin embargo, contra toda nostalgia acerca de lo que pudo haber sido y no fue. De lo que se trata es de reinventar, radicalizar y realizar la idea del comunismo a partir de las circunstancias históricas actuales. Con éstos coincide ese genial pensador marxista boliviano, Álvaro García Linera: “El horizonte general de la época es comunista. Y ese comunismo se tendrá que construir a partir de capacidades autoorganizativas de la sociedad, de procesos de generación y distribución de riqueza comunitaria, de autogestión”.

Precisamente, el escenario donde más elocuentemente se da testimonio de ese carácter general de la época es en Nuestra América, sobre todo a partir de la crisis sistémica que demuestra hoy el capitalismo real, bajo su rostro neoliberal, a sólo veinte años de aquellos aires triunfalistas que prevalecieron entre los capitalistas a partir del 1989. Porque debemos entender que, en el fondo, el llamado colapso del socialismo real encubre otro colapso más profundo: el de la Modernidad capitalista, de la que el socialismo real fue tan sólo una versión ideológicamente diferenciada. Tal vez sus primeros y más evidentes indicios se dieron en la América nuestra.

Si en Europa la época queda simbolizada en la demolición en 1989 del Muro de Berlín, en Nuestra América queda marcada por otro acontecimiento histórico, el Caracazo, que inaugura la resistencia popular frente a ese capital que se alza triunfante en otras latitudes pero con una agenda de dominación global. Nuestro 1989 dio inicio a una era caracterizada por múltiples rebeliones civiles contra la tiranía del capital, ante los estragos sociales causados por éste y la incapacitación creciente de sus representantes políticos para someter, a las buenas o a las malas, a los pueblos nuestros a la obediencia de sus dictados.

Ya en diciembre de 1994, la insurrección zapatista en Chiapas constituyó un segundo aldabonazo para sacar a la izquierda de cierta tendencia nociva al liquidacionismo y retarla a reinventarse a partir de las nuevas circunstancias y los nuevos sujetos que, como los pueblos indígenas, afloraban por doquier desde las entrañas de la sociedad. Incluso, la Revolución cubana pudo sobrevivir heroicamente el más criminal asedio y refutar de paso a quienes les auguraban un colapso similar al vivido por sus aliados europeos. Contrario a los pregones apocalípticos, la lucha de clases no llegó a su fin, sino que sólo se repotenció ante la intensificación de las condiciones generales de explotación y exclusión propias del neoliberalismo que se nos imponía a la trágala desde los centros de poder estadounidense y europeos.

De ahí la reconfiguración política hacia la izquierda habida en la región durante los últimos veinte años. De ahí el relanzamiento de las ideas comunistas como inspiradoras de un futuro esperanzador, firmemente anclado en el desarrollo de una democracia absoluta, más que en la evocación de un pasado turbio de estreñidas “democracias” liberales o controvertibles dictaduras del proletariado.

Precisamente, en estos días la BBC realizó una encuesta entre miles de personas a través de 27 países en la que el 89 por ciento expresó un fuerte rechazo al capitalismo. Según la BBC, la consulta de opinión demuele en ese sentido la tesis tan publicitada de Fukuyama sobre el triunfo definitivo del capitalismo. Contrario a los febriles augurios de aquellos aciagos días, se ha confirmado al cabo de estas últimas dos décadas que la posibilidad de la felicidad social no anida definitivamente en el capitalismo.

* El autor es Catedrático de Filosofía y Teoría del Derecho y del Estado en la Facultad de Derecho Eugenio María de Hostos, en Mayagüez, Puerto Rico. Es, además, colaborador permanente y miembro de la Junta de Directores del semanario puertorriqueño Claridad.

 

 

20 años sin muro de Berlín

José Haro
Tercera Información (11-11-09)


Hoy se cumplen 20 años de la caída del muro que dividía Berlín. Se conmemora tal acontecimiento como un hecho tan trascendente como positivo, y los principales protagonistas del evento(Gorbachov, Bush padre y Khol) se pasean por el mundo entero entre agasajos y parabienes, reconocidos como insignes estadistas que habrían contribuido al triunfo del reino de la libertad. El transcurso de dos décadas quizá ofrezca una perspectiva suficiente sobre las causas y consecuencias de aquel hecho histórico, más allá de triunfalismos simplistas en no pocas ocasiones cargados de ideología y parcialidad, que mientras arrojan luz sobre determinadas circunstancias, se cuidan mucho de mantener otras en la penumbra. En principio, tendríamos que preguntarnos sobre quiénes perdieron y quiénes ganaron a resultas de aquellos acontecimientos que conmovieron al mundo. Y las estadísticas, como el algodón, no engañan. Y los números cuentan que en toda la Europa del Este se produjo, tras el fin del socialismo, un espectacular retroceso social. Efectivamente, las capas más desfavorecidas de la sociedad se hundieron en la pobreza, de la que no han salido 20 años después. Hoy en día, en Rusia, según Mirónov, presidente del Senado de aquel país, existen 45 millones de personas, un tercio de la población, con ingresos inferiores al nivel de subsistencia. Recientemente, Zbigniew Kowaleski, exdirigente del sindicato Solidaridad, ariete decisivo contra el ’comunismo’ polaco, declaraba que ’el capitalismo ha enriquecido a una parte pequeña de la población y empobrecido a amplias capas sociales’. Pero es que incluso en términos de simple crecimiento económico, la restauración del mercado puro y duro en los antiguos países socialistas ha supuesto un fracaso sin paliativos. En 2007, la renta por habitante rusa era un 27% de la estadounidense. En 1989, antes de que cayera la URSS, era del 43%. Las cifras son semejantes en toda la Europa oriental, donde se ha reducido la esperanza de vida casi en la misma proporción en que ha crecido la miseria. Los informes de la ONU sobre los estándares sociales de esa zona, veinte años después, son contundentes. Pero es que en el Occidente opulento, el triunfo del capitalismo en Europa oriental también ha tenido sus consecuencias. La OCDE, en su informe de 2008, establece que ’los últimos 20 años han provocado aumento de las diferencias entre ricos y pobres’ en el seno de esa organización, que agrupa a las 30 economías más desarrolladas. En Europa Occidental, desde 1990 hasta el presente, la parte del PIB que atañe a los salarios se ha reducido un 40% en favor de las rentas del capital. La globalización neoliberal, liberada del corsé que suponía la existencia de un modelo alternativo, emerge de los escombros de Berlín y coloniza todas las sociedades, inoculándolas el virus de la insolidaridad. Para los trabajadores y los pobres, el mundo de hoy es peor que aquél de 1989, cuando un muro partía en dos una ciudad, un país y un continente.

Dicho esto, las responsabilidades de los sistemas de tipo soviético en su propio fracaso y, en consecuencia, en el advenimiento en todo el orbe de un capitalismo inmisericorde que ahora exhibe sus límites, son evidentes. Rusia exportó a todo el Este un modelo socialista en el que el Estado todo lo posee y controla, con un fuerte sesgo militarista, resultado de las peculiares condiciones en que la URSS, en 1917, emprende la senda socialista, a saber: carencia de aparato productivo en el país e intenso acoso de las potencias capitalistas. Ello configura un modelo estatista y autoritario que, además, dado el tipo de incentivos en que se desenvuelve la burocracia, es incapaz de abordar la transición económica desde una acumulación extensiva a otra intensiva. La escasez y la falta de libertad coexisten con la garantía de los servicios básicos para la población y una cierta cohesión y solidaridad social. Estas carencias, unidas a la carrera de armamentos y a la imagen de opulencia que proyectan las sociedades occidentales, dan el toque de gracia a unos regímenes que, no obstante, son hoy depositarios de la nostalgia de quienes perdieron con su colapso. Hace 20 años cayó un muro, pero hoy existe otro, más grande, que excluye de una vida decente a una parte cada vez mayor de la humanidad. A ver quién tira ése.



Bolonia en marcha: precarización, mercantilización y privatización de Universidad pública
El movimiento contra Bolonia ha dejado claro que “otra Universidad es posible”, rechazando el modelo que aún domina en la Universidad, una institución clasista, decimonónica y con una democracia tradicionalista y autoritaria.

Jesús Castillo
En Lucha (11-11-09)


En los últimos dos años las universidades públicas del Estado español han sufrido y aún están sufriendo un gran número de reformas, conocidas de modo general como “Plan Bolonia” o “reformas boloñesas”. La excusa para estas reformas es establecer, siempre desde arriba, un Espacio Europeo de Educación Superior (EEES).

Para llevar a cabo esta imposición los sucesivos gobiernos de Aznar y Zapatero y los rectores han intentado ocultar las reformas bajo un manto de silencio que ha sido criticado, incluso, por el Defensor del Pueblo1. Otros altos cargos, como el presidente de la Conferencia de Rectores (CRUE), tan solo reconocen errores de comunicación2.

“Bolonia es un proceso fundamentalmente económico, no académico ni científico, promovido desde instancias políticas y asumido de forma acrítica por las autoridades académicas”.3
Ramón Muñoz Chapuli.
Catedrático de Biología Animal de la Universidad de Málaga.

Estas reformas universitarias han suscitado una fuerte resistencia en las aulas y departamentos universitarios que ha ido configurando el “movimiento contra Bolonia” a lo largo y ancho del Estado español; un movimiento amplio, radicalmente democrático y participativo.

El movimiento contra Bolonia ha estado conformado fundamentalmente por estudiantes que han analizado a fondo las reformas, han informado a sus compañeros y compañeras, han planteado alternativas, han llevado el debate sobre la Educación Superior a la sociedad en su conjunto4, han organizado jornadas de debate, actividades culturales y artísticas de protesta5, se han movilizado en las calles y campus contra las reformas que consideraban injustas6, han organizado asambleas y referendos, han ocupado simbólicamente el Ministerio de Educación7, la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA)8, sucursales bancarias9, rectorados y aulas10, etc. Y todo esto pacíficamente, con sus propios medios, muy escasos económicamente pero ricos en personas llenas de esperanzas de cambio11.

En los referéndums que se han celebrado en diferentes universidades tras la presión del movimiento estudiantil, los y las estudiantes se expresaron claramente contra Bolonia. En la Universidad de Barcelona el 93% de los estudiantes mostró su oposición a la puesta en marcha del EEES que se imponía desde arriba12, el 94% en la Universitat de Girona, el 97% en la Universitat Autònoma de Barcelona, el 95% en Universitat de Lleida, el 89% en la Universitat Pompeu Fabra, el 90% en la Univeritat Politècnica de Catalunya, el 89% en la Universidad Complutense de Madrid, y el 88% en la Universidad de Zaragoza13. A pesar de que la participación en estas consultas electorales fue mayor que las que se dieron en las diferentes elecciones a rector, sus resultados fueron sistemáticamente ignorados por esos equipos rectorales.

Las movilizaciones estudiantiles, en contra de lo que alguno/as podrían haber pensado, continúan en el curso 2009-1014. Y estas movilizaciones, posible mente, continuarán ya que las reformas no se debaten y deciden en las bases de la comunidad universitaria sino que vienen impuestas desde arriba, aunque sea con la participación de representantes de todos los sectores en los órganos de gobierno universitarios. Los y las universitarias se resisten a un modelo de democracia representativa que sienten que no las representa realmente.

A las movilizaciones de los estudiantes se han unido profesores e investigadores (PDI) y personal de administración y servicios (PAS) organizados en asambleas locales que han impulsado la firma de diferentes manifiestos de denuncia del proceso de Bolonia15 y han llegado a coordinarse estatalmente hasta reunirse con el Ministro de Educación en julio de 2009 para plantearle sus reivindicaciones17. Las asambleas y asociaciones de PDI y PAS han participado en las manifestaciones de estudiantes y han organizado diferentes jornadas de debate sobre el EEES en universidades como la Politécnica de Cataluña17, la Universidad Complutense de Madrid18, la Universidad de Valencia19 o la Universidad de Sevilla20. Especialmente intensa ha sido la movilización del PDI en campos del saber como la filosofía21, el derecho22, la ingeniería23, la medicina24,25, o la arquitectura26. Desde el colectivo del PDI también se han editado varios libros que analizan críticamente las reformas boloñesas27 y páginas web que informan sobre la mercantilización y la privatización universitaria, como la excelente página realizada desde la Universidad de Santiago de Compostela28.

El movimiento contra Bolonia ha dejado claro que “otra Universidad es posible”, rechazando el modelo que aún domina en la Universidad, una institución clasista, decimonónica y con una democracia tradicionalista y autoritaria. Pero al mismo tiempo, el movimiento ha venido denunciado que las reformas actuales están conduciendo a la precarización, la mercantilización y la privatización de la Universidad Pública. Frente a la imposición desde arriba de las reformas, desde el movimiento contra Bolonia se propuso una moratoria activa de un año a la entrada en vigor de los nuevos planes de estudio de Grados para poder debatir de forma abierta y participativa qué modelo de universidad quiere la sociedad en su conjunto29, propuesta que fue rechazada por los rectores y el gobierno30. En algunos casos, como en la Universidad de Sevilla, el rector al tomar el cargo expresó su deseo de “gobernar con un estilo cercano, sensible y dialogante, buscando siempre el consenso, propiciando en todo momento la participación e intentando crear las mejores condiciones para la construcción del futuro de la institución en torno a objetivos comunes de interés general”31. Nada más lejos de su comportamiento frente al debate entorno a las reformas boloñesas.

Las manifestaciones contra este EEES no se han limitado al Estado español y han estallado también, incluso con más fuerza, en Grecia (donde se ha frenado el proceso de Bolonia), Francia32, Alemania33 o Italia34. Y es que, en Alemania, donde las reformas neoliberales de la Universidad llegaron hace dos años, existe un descontento generalizado35. En Francia se dieron durante 2009 las mayores huelgas universitarias de su historia, mayores a las del famoso 1968.

“Sin duda, la Universidad necesita una importante reforma, dado su anquilosamiento burocrático, sus vicios internos y su pérdida de peso en la sociedad. Lo que ocurre es que la reestructuración emprendida basada en la Declaración de Bolonia ha ido en la dirección contraria. La Universidad debe seguir siendo un lugar de producción, transmisión, difusión y crítica del conocimiento, y no una mera fábrica de titulados con los perfiles que interesen al mercado. Es de esto, y también del nulo debate sobre el tema en las propias universidades, de lo que protestan muchos estudiantes y no pocos profesores”.
La Universidad, el Mercado y Bolonia36 - Isidoro Moreno.
Catedrático de Antropología Social, Universidad de Sevilla.

Las autoridades académicas y políticas han justificado, en parte, las reformas boloñesas por “una necesidad de confluir con Europa”37. Sin embargo, tal y como expone el manifiesto “Nuestro No Razonado a Bolonia” de profesores y profesoras de la Universidad de Jaén: “Asociar la actual reforma a la homologación europea es falso. No existe ningún catálogo europeo de carreras superiores ni unas directrices generales que cada universidad deba cumplir para la homologación. La prueba de este desajuste es que los créditos ECTS no están unívocamente definidos y en algunos países el grado son tres años y en otros (como en España, por ejemplo) cuatro; en unos el postgrado dura dos años y en otros uno. No se avanza, pues, en la homologación más allá de lo que ya había antes de la reforma (desde 1956, existe el Convenio Europeo de Equivalencia de los Estudios Universitarios en el marco del Consejo de Europa)”38. Además, no existe una directiva europea que obligue a implementar el EEES39, se trata de decisiones de los gobiernos centrales aunque el de ZP lo intente ocultar. Incluso países de otros continentes además del europeo, como Ecuador, están desarrollando reformas universitarias similares a las del Plan Bolonia, lo que muestra que existen en dichas reformas motivaciones que no tienen nada que ver con la integración europea.
También se han intentado justificar las reformas por un cambio en el sistema de enseñanza, cuando para realizar los cambios pedagógicos no era necesario el proceso Bolonia, convirtiendo las Licenciaturas en Grados. Además, los y las que han impuesto las reformas desde arriba han repetido una y otra vez que se trataba de una adecuación de la universidad a las demandas sociales, cuando querían decir empresariales. Desde las autoridades académicas se han negado los argumentos del movimiento contra Bolonia, esgrimiendo que la institucionalización de la lógica capitalista del mercado viene a “modernizar la Universidad”.

En la mayoría de los casos, las autoridades académicas han evitado el debate público, con excepciones como la del Rector de la Universitat d’Alacant40 y el de la Universidad Complutense de Madrid41. En estas labores, los rectores han contado con la inestimable ayuda, por ejemplo, del ‘universitario’ Banco Santander en la realización de una campaña de propaganda pro-Bolonia42. También el Ministerio de Educación ha realizado, a petición de los rectores, una campaña de propaganda a favor de las reformas boloñesas. Realmente, la sustitución del debate por la propaganda ha resultado y aún resulta muy preocupante, aunque sea para un buen entendimiento entre las diferentes partes.

Además, las autoridades académicas han utilizado la criminalización contra el movimiento estudiantil para justificar su represión. Así, en universidades como la de Sevilla en la lucha contra la puesta en marcha de la Ley Orgánica de Universidades (LOU) o en la de Barcelona en la puesta en marcha del EEES, los rectorados seleccionaron a varios de los y las estudiantes más comprometidos con el movimiento de protesta como cabezas de turco, acusándolos de violentos, denunciándolos y expulsándolos de la Universidad43.

Por otro lado, los partidos mayoritarios, Partido “Socialista Obrero” Español (PSOE) y el Partido Popular (PP) han coincidido en las líneas fundamentales de la política universitaria, impulsando ambos desde el gobierno central y los gobiernos autonómicos la LOU como un primer paso y, posteriormente, las reformas boloñesas. Zapatero se comprometió a derogar la LOU desde la oposición en el Paraninfo de la Universidad de Sevilla44 y después, tan solo, la reformó muy levemente.

“Conviene recordar que, en el caso español, el tiempo inmediato a los acuerdos de Bolonia estuvo ocupado por la confrontación en torno a la LOU que impuso el PP a pesar de la oposición de la mayoría de los estudiantes, profesores e incluso de buena parte de los rectores, y también del PSOE, aunque luego éste, cuando llegó al Gobierno, no la anulara como había prometido”.
La Universidad, el Mercado y Bolonia - Isidoro Moreno.
Catedrático de Antropología Social, Universidad de Sevilla.

Además, los gobernantes han respondido a las movilizaciones estudiantiles pacíficas con represión policial y judicial, desalojando a estudiantes encerrados pacíficamente en las universidades o cargando directamente contra manifestaciones pacíficas, como ocurrió en Barcelona tras el desalojo policial del edificio del rectorado de la Universitat de Barcelona.

Los sindicatos mayoritarios, Unión General de Trabajadores (UGT) y Comisiones Obreras (CC.OO.), han criticado muy fría y superficialmente las reformas boloñesas, cuando no las han aplaudido y han colaborado en su puesta en marcha. Aún así, CC.OO. ha sido más crítica que UGT con el proceso boloñés, fundamentalmente limitándose a pedir más fondos para ponerlo en marcha, y oponiéndose a la actuación de la opaca y arbitraria Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). Otros sindicatos, como la Confederación General de Trabajadores (CGT)45 o la Confederación Nacional del Trabajo (CNT)46 sí han mostrado claramente su oposición a la puesta en marcha del Plan Bolonia por tratarse de un proceso privatizador y mercantilista.

A pesar de la fuerte oposición y los numerosos obstáculos que ha encontrado el movimiento contra Bolonia, sus movilizaciones han seguido reformas importantes. Es cierto que consiguió frenar Bolonia, pero sí avances concretos, aunque parciales, importantes para la Universidad Pública. Entre estas victorias del movimiento contra Bolonia destacan: sacar al debate público las verdades que esconde el Plan Bolonia, más becas de estudios durante el curso 2008-09, más fondos para la puesta en marcha de los planes de estudio de Grado, la simbólica vuelta de las competencias de Universidad del Ministerio de Innovación y Ciencia a un Ministerio de Educación con nuevo ministro, la puesta en marcha de maestrías gratuitas para licenciados en paro cobrando el subsidio de desempleo47, una moratoria activa de un año a la entrada en vigor de los grados en varios centros universitarios de diferentes universidades, o que el rectorado de la Universidad de Sevilla emita carnés universitarios sin el logo del Banco Santander. Aún así, estas victorias del movimiento contra Bolonia las ha puesto en marcha un gobierno neoliberal que impulsa también políticas racistas y xenófobas, y lo ha hecho a su manera. Por ejemplo, ha dejado fuera del acceso a las becas para máster a los inmigrantes extracomunitarios en paro48.

Aunque el balance general es muy negativo, no todas las reformas universitarias puestas en marcha últimamente lo son. Por ejemplo, tal y como expone la RED IRES (una Red de Investigación y Renovación Escolar que agrupa a docentes de todos los niveles educativos) ha sido un avance importante sobre una situación previa nefasta que los y las licenciadas y graduadas que quieran ser profesoras de secundaria cursen ahora una maestría enfocada a la formación profesionalizadota para la docencia en la que reciban la formación imprescindible en aspectos pedagógicos, psicológicos, sociológicos, didácticos y de práctica profesional. Sin embargo, el diseño de este curso y su puesta en marcha se ha llevado a cabo de manera apresurada y poco participativa, además de conllevar los problemas generales asociados con las maestrías en el modelo actual que se exponen más adelante. Además, como esta Plataforma sería mucho mejor que el máster que la formación del profesorado se diera en carreras equivalentes a las de cualquier otro campo de conocimiento, como ocurre en bastantes países. Es decir, en grados o licenciaturas de docente de primaria generalista y de docente de secundaria en cada una de las áreas del currículum, de manera que los y las estudiantes sepan, desde el principio, que se preparan para ser profesores49.

En este contexto, los análisis de futuro del movimiento contra Bolonia respecto a las reformas boloñesas ya se están demostrando acertados, antes siquiera de comenzar el primer curso en el que se impartirán los nuevos Grados. Veremos en las tres siguientes entregas de este análisis cómo se está produciendo la precarización, la mercantilización y la privatización de la Universidad Pública.

Jesús Castillo, profesor de la Universidad de Sevilla, miembro de la Plataforma por una Universidad Pública, Democrática y de Calidad, STOP BOLONIA, del grupo anticapitalista En lucha y del Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) en la Universidad de Sevilla (SAT-US).

Fuente: http://www.enlucha.org/?q=node/1682

Notas
1. http://www.revistaelobservador.com/index.php?option=com_content&task=view&id=2570&Itemid=0
2. http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Defensor/Pueblo/acusa/Educacion/incomprensible/opacidad/Bolonia/elpepusoc/20090525elpepusoc_14/Tes
3. http://www.elpais.com/articulo/ultima/Hay/bajar/Universidad/pedestal/elpepuult/20090625elpepiult_2/Tes
4. http://www.youtube.com/watch?v=TRYRrMPua8E&feature=related
5. Entre estas actividades artísticas se incluye este rap contra Bolonia. http://www.hhdirecto.net/temas/ver/krap/a-la-mierda-el-plan-bolonia/9522 , una canción popular contra Bolonia http://www.lsi.us.es/~dbc/temp/Bolonia.mp3 , y otras acciones artísticas de protesta: http://www.youtube.com/watch?v=SJPmLkjy4L4 http://noaboloniahistoria.wordpress.com/
6. http://www.youtube.com/watch?v=og2MuJ_mYqU&feature=related
7. http://fotograccion.org/wp/2009/06/madrid-las-asambleas-contra-bolonia-ocupan-simbolicamente-el-ministerio-de-educacion/
8. http://www.centrodemedios.org/Cobertura-Accion-Eje-de-Educacion.html
9. http://www.20minutos.es/noticia/465594/0/bolonia/universidad/estudiantes/
10. Cuadernos de Pedagogía 390 (mayo 2009), p. 20-27.
11. http://blip.tv/file/2224626
12. http://www.ub.edu/acad/representacio/resultats_referendum.html
13. http://acpu-aragon.blogspot.com/
14. http://noticias.terra.es/local/2009/0916/actualidad/estudiantes-de-la-universidad-rey-juan-carlos-se-movilizaran-el-viernes-contra-la-normativa-de-cierre-de-asignaturas-llave.aspx
15. https://uwc2.us.es/attach/bolonia_2.pdf?sid=&mbox=Trash&uid=56977&number=4&filename=bolonia_2.pdf
http://assembleapdipas.wordpress.com/manifiesto-28feb09/
16. http://coordinadora.universidadpublica.net/
http://www.kaosenlared.net/noticia/movimiento-antibolonia-reune-ministro-gabilondo
17. http://www.jornadauniversidadpublica.org/
18. http://www.jornadauniversidadpublica.org/
19. http://www.cracs.info/
20. http://area.us.es/adius/
21. http://blogs.publico.es/dominiopublico/503/la-filosofia-en-huelga/
22. http://www.soitu.es/soitu/2009/06/05/actualidad/1244207915_331965.html
23. http://www.elperiodicoextremadura.com/noticias/noticia.asp?pkid=452675
24. http://www.publico.es/espana/232828/medicos/amenazan/huelga/bolonia
25. http://www.cesm.org/nueva/index.asp?pag=detallenoticia.asp&formid=506662&categoria=2
26. http://www.europapress.es/madrid/noticia-arquitectos-pie-guerra-exigir-educacion-titulacion-tenga-categoria-master-20090528124900.html
27. http://assembleapdipas.universidadpublica.net/llibre
28. http://firgoa.usc.es/drupal/presentacion
39. http://www.elmundo.es/suplementos/campus/2009/547/1239746410.html
30. http://www.europapress.es/andalucia/sevilla-00357/noticia-profesores-alumnos-expresan-malestar-implantacion-grados-curso-2009-2010-us-20090627120407.html
31. http://www.abc.es/hemeroteca/historico-27-03-2008/sevilla/Home/el-rector-joaquin-luque-promete-su-cargo-asumiendo-la-tarea-ingente-que-se-avecina_1641748645692.html
32. http://www.elpais.com/articulo/educacion/Campus/borde/desastre/elpepusocedu/20090518elpepiedu_2/Tes
http://math.univ-lyon1.fr/appel/spip.php?article4
http://www.cafebabel.com/fre/article/28680/antibolonia-protesta-futuro-universidad-bolonia.html
33. http://www.latercera.com/contenido/657_141690_9.shtml
http://www.emancipating-education-for-all.org/content/bildungsstreik
34. http://www.publico.es/estaticos/pdf/ficheros/pdf/25052009.pdf  (Página 30) http://www.publico.es/espana/actualidad/227696/malestar/universitario/italia
35. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=84504
36. Le Monde Diplomatique, nº 159, Enero 2009 .
37. http://www.adide.org/revista/index.php?option=com_content&task=view&id=307&Itemid=63
38. http://www.kaosenlared.net/noticia/nuestro-no-razonado-a-bolonia
39. http://www.elpais.com/articulo/opinion/Informacion/mentiras/Bolonia/elpepiopi/20090128elpepiopi_4/Tes
40. http://www.ua.es/es/servicios/si/servicios/videostreaming/actos/debate_eees_26Feb2009.html
41. http://video.google.com/videoplay?docid=-5368266624125739328&q=debate+complutense&ei=bHcnSPapJJuKigLGpLnmCQ#
42. http://bolonia.universia.es/
43. http://58imes.wordpress.com/ , http://antilousevilla.blogspot.com/
44. http://video.google.es/videoplay?docid=1443547196511290855&ei=S5rTSoiVCoen-AbGqrDpDw&q=zapatero+paraninfo+universidad+sevilla&hl=es#
45. http://www.cgt-uab.net/web/ca/node/537
http://revistacatalunya.cat/Revista-Catalunya-104.pdf
46. http://ensemad.cnt.es/component/option,com_remository/Itemid,23/func,fileinfo/id,9/
47. http://www.elpais.com/articulo/sociedad/titulados/universitarios/paro/pueden/solicitar/ayudas/cursar/master/elpepusocedu/20090820elpepusoc_7/Tes
48. http://www.publico.es/espana/245644/gobierno/veta/master/parados/inmigrantes 
49. http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Bolonia/formacion/profesorado/Secundaria/fracaso/escolar/elpepusocedu/20090615elpepusoc_5/Tes




La dolorosa muerte del sueño económico norteamericano

Larry Elliott *
Sin Permiso (11-11-09)

La verdad es que no se suponía que fuera a terminar así. Cuando el Muro de Berlín se derrumbó hace veinte años, la Guerra Fría acabó con la victoria de Occidente. En lugar de dos superpotencias, quedó una. En lugar de ideologías en competencias, quedó el capitalismo, y además en una versión especialmente desacomplejada.

George Bush el Viejo declaró que el mundo aprendería a hacer las cosas al estilo norteamericano. "Sabemos lo que funciona", afirmó. "Los mercados libres funcionan".

Los confines del mercado se fueron ensanchando durante dos décadas, abarcando a China e India, así como a la antigua Unión Soviética y sus satélites. El veloz crecimiento produjo una impresionante reducción de la pobreza en China e India; y hay pocos polacos o checos que añoren los días en que Moscú manejaba los hilos.

Pero resultaba inevitable en todo momento que, tarde o temprano, la globalización se diera de bruces con la crisis, y lo que hemos visto en los últimos dos años no es más que el comienzo de ello. No dejemos que nos engañe la recuperación para necios de los últimos seis meses: los americanos andan de nuevo agotando sus ahorros para consumir bienes que no pueden permitirse; las exportaciones de Chines se disparan.

Han vuelto los desequilibrios globales. La combinación de cambio político y revolución tecnológica siempre ha producido agitación. Lo que fue verdad al coincidir la hiladora de husos múltiples con la Ilustración no resultó menos cierto cuando una segunda oleada de inventos -el cine, la luz eléctrica, el automóvil, el aeroplano - coincidió con el desmoronamiento del equilibrio de poder decimonónico.

La tecnología digital y la biociencia impulsarán la tercera revolución industrial, pero estos cambios tienen lugar en un momento en el que la difusión del mercado ha incrementado inmensamente el ejército de reserva laboral. La hegemonía de Norteamérica se ve amenazada por el ascenso de China.

Son, pues, tiempos combustibles. Esta crisis ha tardado en llegar, y la historia sugiere que el periodo de trastorno será prolongado y doloroso, como lo fue entre 1914 y 1945.

No tardaron en aparecer las primeras grietas en el nuevo orden global. La edad de oro duró apenas la mitad de una década, el periodo entre el alzamiento del telón de acero y la creación de la Organización Mundial del Comercio en 1994. A lo largo incluso de ese lustro se registraron señales de inquietud, de las que no fue la menor el impacto del tratamiento de choque aplicado a la economía rusa a principios de los años 90.

Pero fue la sucesión de crisis financieras que se iniciaban en la periferia de la economía global y se abrían gradualmente camino hacia el centro lo que desmintió la noción de que habría una transición suave y regular al nirvana del mercado. Se ignoraron los avisos de México, Tailandia y Corea del Sur, del derrumbe de los fondos de protección ("hedge funds") de Long Term Capital Management [1] a la burbuja de los punto com.

A los políticos no les costó nada desechar estos detonantes como dolores de una dentición en desarrollo. El crecimiento era fuerte y la inflación baja. Desde principios de los años 90 a mediados de la primera década posterior al 2000 tuvimos lo que Mervyn King, gobernador del Banco de Inglaterra, describió como la década "bonita" o NICE, es decir, los años de "noninflationary continual expansion" (continua expansión sin inflación).

Por supuesto, la clave estuvo en la deuda. La pérdida de poder adquisitivo y de negociación de los trabajadores de Occidente quedó compensada con los feroces periodos de auge del precio de los activos que permitió a los consumidores pedir prestado sobre la base del valor creciente de sus hogares.

Eso no sólo era cierto de economías desarrolladas tales como los EE.UU. y Gran Bretaña. El informe anual de transición del Banco Europeo de Recostrucción y Desarrollo, publicado hoy, afirma que la afluencia de capital a gran escala a los países del Este de Europa había "contribuido al auge del crédito y del préstamo en moneda extranjera. Estas cosas, a su vez, hicieron más profunda la crisis y complicaron su gestión".

Al igual que en Gran Bretaña y los Estados Unidos, la fácil disponibilidad del crédito vino a suponer niveles de deuda excesivos cuando la economía se resintió y exigió una acción internacional concertada para impedir un desplome de la banca del género del ocurrido en Islandia. Como es comprensible, los políticos se han quedado perplejos ante la primera crisis sistémica de la era global. Hasta 2007 pensaban que su trabajo consistía en hacer pequeños ajustes en las economías de mercado; y se enfrentan en cambio a un desafío existencial: ¿hacia dónde tiramos partiendo de aquí?

La opción uno es la schumpeteriana: esta es una época de destrucción creativa, de modo que bien podemos aguantarnos y soportarlo. El problema del sistema financiero es que no se le ha permitido que funcione como debiera: hay que dejar caer a la banca mal gestionada para que los buenos bancos puedan prosperar. La segunda opción es "business as usual", que todo siga como de costumbre, la cual, como resulta previsible, es la que prefieren la City y Wall Street. Considerando el volumen de los cheques del bienestar aportados por el contribuyente, las grandes finanzas apenas pueden presentar objeciones ante la perspectiva de una regulación más estricta, pero están cabildeando duramente en contra de cambios más radicales. Se habla mucho de tirar al niño con el agua del baño y matar a la gallina de los huevos de oro.

Los conservadores militan este campo, y no sólo porque David Cameron piense de modo excéntrico que la crisis la causó el exceso de gobernación más que su ausencia, sino debido a que Boris Johnson [alcalde conservador de Londres] anda cabildeando activamente en nombre de los hedge funds y las empresas de capital riesgo de la City con el fin de bloquear una reglamentación europea más estricta.

La opción tres consiste en seguir como de costumbre añadiéndole algunos extras. Reconoce que se ha producido un problema sistémico en el sector financiero, pero considera que la respuesta ha de consistir en una supervisión más estricta, una vigilancia mejorada de la economía global por parte del Fondo Monetario Internacional, cambios en las normas sobre capital de riesgo para garantizar que los bancos no puedan tomarse tantas libertades a la hora prestar en periodo de auge, y nuevas estructuras de incentivos para financieros que favorezcan el crecimiento a largo plazo de los negocios por encima de la actividad especulativa a corto plazo. Aquí es donde encontraríamos, no hay que ser un lince para adivinarlo, a Gordon Brown y Barack Obama.

Pero existe un variopinto hatajo de descontentos para quienes el que todo siga como de costumbre, cualquiera que sea la forma, significa que estallará otra crisis en no mucho tiempo. Sostienen que la exigua naturaleza de de las actuales propuestas de reforma se explica por el cautiverio institucional al que han reducido a los gobiernos los bancos de inversión, los grupos de presión más poderosos del mundo.

Las ideas de King de separar los bancos en divisiones comerciales y de inversión le coloca en el grupo de la opción cuatro, al igual que el apoyo de Adair Turner a imponer tasas a las transacciones financieras. Hay quien iría más allá. Un informe reciente del Comité de Comercio y Desarrollo de las Naciones Unidas (Unctad) urgía a repensar "la suposición convencional de que desmantelar todos los obstáculos transfronterizos a los flujos de capital privado es la mejor receta para que los países avancen en su desarrollo económico". Quienes apoyan un "new deal" verde -políticas monetarias y fiscales expansioniarias destinadas a impulsar las energías renovables y apoyar a las empresas que desarrollan tecnologías medioambientales- afirman que debería haberse utilizado el ajuste cuantitativo [imprimir moneda y ponerla en circulación] para apoyar la inversión sostenible y productiva en lugar de volver a hinchar los precios de los activos. Si la causa de raíz de la crisis financiera estuvo en los desequilibrios de la economía global provocados por la búsqueda de mayores beneficios, la reforma real exigirá salarios reales más altos en Occidente, de modo que los consumidores dependan menos de la deuda. Eso significa un desplazamiento en el equilibrio de poder entre trabajo y capital; significa también repensar el modelo de capitalismo de accionistas.

Por último están quienes creen que cualquier reforma convencional está destinada a fracasar porque cualquier modelo basado en el crecimiento está reñido con la viabilidad del planeta.

¿Dónde está hoy el centro político de gravedad? En algún sitio entre la opción dos y tres. Eso no sólo representa una oportunidad perdida sino una profunda falta de juicio.

Se están sembrando las semillas de la próxima crisis. Aquí mismo, ahora mismo.

NOTA T.: [1] Long Term Capital Management, fundada por John Meriwether, afamado operador financiero procedente de Salomon Brothers, se jactaba de contar con dos premios Nobel de Economía, Myron Scholes y Robert Merton, en su junta. Mientras LCTM adivinó correctamente la orientación de los precios, ganó dinero. En un principio disfrutó de rendimientos medios de un 33% anual, al operar en posiciones muy apalancadas con grandes cantidades de valores prestados por bancos comerciales y de inversión, con el fin de aprovechar pequeñas discrepancias en los precios relativos de instrumentos como bonos, swaps y opciones, así como acciones y derivados . Cuando en agosto de 1998 Rusia devaluó el rublo y declaró una moratoria sobre los bonos del Estado, se produjo una huida masiva de los inversores en mercados de riesgo a instrumentos más seguros como los bonos del tesoro norteamericanos. Con el nerviosismo del mercado, los inversores reclamaron su dinero a LCTM. El fondo no pudo devolverlo, pues sus responsabilidades excedían con mucho a sus activos (un descubierto equivalente a 28 veces sus activos). Temerosas de las repercusiones, las autoridades financieras norteamericanas intervinieron para garantizar una devolución ordenada del dinero de los inversores.

* Larry Elliott dirige la sección de economía del diario británico The Guardian.
Traducción para www.sinpermiso.info: Lucas Antón

 

 

El Estado del Bienestar no es un problema, es la solución
La reducción de impuestos tiene menor impacto estimulante, las familias están tan endeudadas que utilizan los fondos obtenidos a base de la reducción fiscal para pagar sus deudas, más que para consumir y estimular la demanda.

Vicenç Navarro *
El Plural (10-11-09)


Existe un consenso casi generalizado por parte de las instituciones internacionales, desde el Fondo Monetario Internacional a la Comisión Europea, de que es necesario continuar el estímulo económico, pues la economía mundial está todavía en baja forma. El punto de discusión no es, entonces, estímulo o no, sino el tipo de estímulo.

Las dos alternativas que se han propuesto son bajar los impuestos o aumentar el gasto público, aún cuando ambas alternativas signifiquen mantener o aumentar el déficit del estado. Durante este periodo de gran recesión, ha habido también consenso (con excepciones, como es el caso del Partido Popular en España) en que deben flexibilizarse las reglas del Pacto de Estabilidad, para poder aumentar el déficit público, el cual ha crecido en todos los países de la OCDE (el club de países ricos). La razón de que haya consenso en que la recuperación económica requiera un incremento del déficit público se debe al entendimiento de que, en un momento de debilidad del consumo privado, es necesario aumentar el consumo público, incluso a costa de aumentar el déficit público.

Menos consenso hay en cuanto al porcentaje del déficit público sobre el PIB que debiera permitirse y la rapidez de reducción del mismo una vez aparezcan los síntomas de recuperación. Y la otra área donde tampoco hay consenso es en si el efecto estimulante de la economía es mayor cuando se bajan los impuestos (como creen los conservadores y liberales) o cuando se aumenta la inversión pública. En la UE se ha hecho mayor hincapié en la reducción de impuestos; y en EEUU se ha dado prioridad al aumento del gasto público.

La evidencia muestra que mientras las dos alternativas activan la economía, la reducción de impuestos tiene, por lo general, menor impacto estimulante, y ello como consecuencia de que las familias están tan endeudadas que utilizan los fondos obtenidos a base de la reducción fiscal para pagar sus deudas, más que para consumir y estimular la demanda. En realidad, la subida del ahorro, que se ha considerado erróneamente como un signo de recuperación, no es más que el deseo de acumular fondos para poder pagar sus deudas en un momento de grave crisis y endeudamiento. En EEUU se sabe que dos terceras partes de los fondos originados por los recortes fiscales del Presidente Bush fueron a pagar las deudas. La evidencia existente apunta, pues, hacia el incremento del gasto público como la mejor manera de estimular la economía.

Ahora bien, dentro del gasto público, la pregunta que debiéramos hacernos es: ¿qué tipo de gasto público es el más estimulante? Y la respuesta a esta pregunta la conocemos ya, pues la evidencia acumulada en EEUU y también en España es que, en un momento de gran recesión y elevado desempleo, la mejor manera de estimular la economía es creando empleo. ¿Pero dónde crear empleo? La respuesta en EEUU, que da el equipo económico encargado del estímulo económico de la Administración Obama, dirigido por el Vicepresidente Biden, es crearlo donde se necesita más y donde pueda crearse empleo más rápidamente. Y ahí el estado del bienestar juega un papel clave, pues es la dimensión del estado donde debiera crearse más empleo. Esta observación es particularmente relevante para España, donde el porcentaje de la población adulta que trabaja en los servicios públicos del estado del bienestar (sanidad, educación, escuelas de infancias, servicios domiciliarios, servicios sociales, vivienda social y otros), es el más bajo de la UE-15 (ver sección Estado del Bienestar, en mi blog http://www.vnavarro.org/). Pero esta inversión en los servicios del estado del bienestar es tan importante, no sólo para crear empleo, sino también para aumentar la productividad del país.

En España, cuando se habla del estado del bienestar como inversión (y no sólo como consumo), se piensa inmediatamente en educación e investigación y desarrollo. Este entendimiento ha alcanzado un nivel de dogma. Pero es enormemente reduccionista. Hay otras dimensiones del estado del bienestar, además de educación, que son inversiones, incluyendo la protección social. De ahí que, en EEUU, la administración Obama, (que ha enfatizado la vía de gasto público -con un crecimiento de tal gasto equivalente al 5% del PIB-, como manera de estimular la economía) se ha centrado en la creación de empleo en las áreas sociales (y también en las nuevas energías verdes). Esta estrategia traduce también una visión de los servicios del estado del bienestar como inversión y no sólo como consumo.

En España, el estímulo económico ha sido menor, alcanzando un 2% del PIB, un porcentaje bajo (aunque en el resto de la UE ha sido incluso menor). Pero más preocupante que el bajo porcentaje del estímulo es que sólo una parte pequeña de este estímulo se ha dedicado directamente a crear empleo. Los 8.000 millones de euros destinados a las administraciones locales han sido una inversión en la creación de empleo (se han creado directa e indirectamente 421.000 puestos de trabajo), lo cual es positivo, pero insuficiente. Se deberían gastar unos porcentajes mucho mayores del PIB en este tipo de inversiones, incluso a costa de incrementar el déficit. Se está dando excesiva importancia al objetivo de reducir el déficit. Tal reducción retrasará enormemente la recuperación económica. Intentar que los déficits se reduzcan al 3% del PIB en tres o cuatro años es una receta de suicidio económico. En este momento de enorme crisis hay que aumentar el gasto público en crear empleo y corregir el enorme déficit social de España, invirtiendo en su protección social, incluyendo servicios públicos al estado del bienestar.

La famosa flexiguridad de los países nórdicos (de clara tradición socialdemócrata) se basa precisamente en una extensa protección social –transferencias y servicios públicos- que da seguridad al trabajador. El promedio de gasto en protección social en aquellos países es un 32% del PIB. En España es sólo un 20% del PIB. La flexibilidad laboral necesaria para la eficiencia económica no se conseguirá, como la patronal y la banca (incluyendo el gobernador del Banco de España) están reclamando mediante la desregulación de los mercados de trabajo que se caracterizan por su escasa protección social. Inseguridad no crea flexibilidad. Crea miedo y resistencia. De ahí que, para conseguir flexibilidad, se requiera una mayor inversión en protección social, alternativa no considerada por aquellos agentes e instituciones. Se está ignorando, en los círculos económicos del país, que la productividad en un país y su eficiencia económica dependen en gran manera de su cohesión social. Incluso el informe Davos (el Vaticano del pensamiento liberal) sobre la competitividad señala a los países nórdicos como unos de los países más eficientes y competitivos en Europa, pero sus seguidores en España parecen todavía no entenderlo. Considero sorprendente que en la reciente reunión de los ex Ministros de Economía y Hacienda, para discutir como salir de la crisis, ninguno de ellos acentuó este aspecto clave, viendo el gasto social más como un consumo que como lo que es, una inversión.

* Vicenç Navarro, Consejo Científico de ATTAC, El Plural



América del Sur ante el futuro

José Luis Fiori *
Sin Permiso (11-11-09)

Después de una década a la izquierda, América del Sur está entrando en una zona de turbulencia. En este final de 2009, el Uruguay puede elegir para presidente de la república, a un hombre del pueblo y ex guerrillero tupamaro, y Chile tal vez elija a un millonario arrogante y de derecha, que recuerda mucho al primer ministro italiano Silvio Berlusconi. En el mismo año en que Bolivia y Ecuador reelegirán gobiernos dispuestos a cambiar radicalmente la estructura del Estado y de la propiedad de sus países, con objetivos socialistas, aunque sin ruptura revolucionaria. En 2010, habrá elecciones en Colombia y en Brasil, y en 2011, en Perú y Argentina. Durante esta primera década del siglo los cambios en el continente fueron apoyados por la expansión económica mundial, que también estimuló el proyecto de integración de América del Sur. Pero la crisis financiera de 2008 provocó una desaceleración del crecimiento y del propio proyecto de integración económica. Y el proyecto de integración política fue alcanzado de lleno por el nuevo acuerdo militar entre Colombia y los Estados Unidos, que autoriza el uso del territorio colombiano por fuerzas militares norteamericanas, desde donde podrán controlar el espacio aéreo de Venezuela y de toda la América del Sur. Por eso, no es exagerado decir que el futuro de América del Sur, en la primera mitad del Siglo XXI, puede estar siendo decidido en estos próximos dos años. Y ya es posible mapear las grandes disyuntivas y opciones que están en el horizonte del continente sudamericano.

En primer lugar, del punto de vista económico, lo que de puede esperar para después de la crisis, es un aumento de la presión de los mercados internacionales y la profundización de la condición periférica y primario-exportadora de la mayoría de los países sudamericanos. Incluso con la ampliación y diversificación de sus mercados compradores, en dirección de Asia, y de China en particular. En esta nueva coyuntura, sólo una voluntad política coherente y continuada podrá mantener en pié el proyecto de integración sudamericano. Esto supone una decisión de Estado y una capacidad colectiva de mantener bajo control los conflictos locales, a pesar de los cambios de gobierno. Y supone también una política conjunta de fortalecimiento del mercado interno de América del Sur, con la reducción de la dependencia nacional de las crisis y de las fluctuaciones de precios internacionales. En este punto, no existe el término medio, porque los países dependientes de la exportación de productos primarios, incluso en el caso del petróleo, nunca conseguirán comandar su propia política macro-económica, y mucho menos todavía, su inserción en la economía mundial.

En segundo lugar, del punto de vista político, la crisis económica explicitó más aún las asimetrías y desigualdades nacionales y sociales que están por atrás de la heterogeneidad política regional y que explican, en parte, la falta de interés o de entusiasmo de algunos países del continente por el proyecto sud americanista. Finalmente, desde el punto de vista de la seguridad continental, el aumento de la presencia militar norteamericana en Colombia sirve para recordar que América del Sur continuará por un buen tiempo – incluso cuando no lo quiera - bajo la “protección” del poder espacial, aéreo y naval de los EE.UU. Y tendrá que tener una enorme persistencia y tenacidad para construir un sistema autónomo de seguridad regional, sin producir una carrera armamentista dentro de la propia región.

De cualquier forma, una cosa es cierta: el futuro del proyecto sudamericano dependerá cada vez más de las opciones brasileñas, y de la forma en que Brasil desarrolle sus relaciones con los Estados Unidos. Del punto de vista económico, la presión de los mercados internacionales y de los nuevos descubrimientos de petróleo en la cuenca del Pre-Sal, también están ofreciendo para Brasil la posibilidad de transformarse en una economía exportadora de alta intensidad, una especie de “periferia de lujo” de las grandes potencias compradoras del mundo, como fueron en su debido tiempo Australia y Argentina, entre otros. Pero existe la posibilidad para Brasil de escoger otro camino que combine su potencial exportador, con una estructura productiva industrial asociada y liderada por una economía más dinámica, como es el caso contemporáneo de Canadá, por ejemplo. Y además de esto, existe una tercera alternativa, absolutamente nueva para el país, y que apunta en cierta forma hacia el modelo de la estructura productiva norteamericana: con una industria extensa y sólida, y una enorme capacidad de producción y exportación de alimentos y otros commodities de alta productividad, incluyendo el petróleo, en el caso brasileño.

Por otro lado, en el campo político, luego de la hegemonía de las ideas neoliberales y privatistas, y del “cosmopolitismo subordinado”, en el campo internacional, se está consolidando en el Brasil un nuevo consenso desarrollista, democrático y popular, pero que en este caso, no tiene nada que ver con el socialismo. Las perspectivas futuras de esta coalición de poder, sin embargo, dependerán en gran medida de la estrategia internacional de los próximos gobiernos brasileños. El Brasil puede transformarse en un “aliado estratégico” de los Estados Unidos, de Gran Bretaña y de Francia, con acceso directo a una parte de su tecnología de punta, como en el caso de Japón, o incluso Israel, que accedió a su tecnología atómica militar con ayuda de Francia. Aunque Brasil también puede escoger un camino propio de afirmación soberana y de expansión de su poder internacional. En este caso, si Brasil quisiera cambiar su posición geopolítica, obedeciendo a las “reglas del juego” del sistema mundial, tendrá que desarrollar un trabajo extremadamente complejo de administración continua de las relaciones de competencia, conflicto y complementariedad con los Estados Unidos y con las demás potencias, tomando como norte sus propios intereses económicos y geopolíticos. En una disputa prolongada por la hegemonía de América del Sur, como si fuese una “lucha oriental” con los Estados Unidos. Caminando a través de una senda muy estrecha durante un tiempo, que puede prolongarse varias décadas.

Más allá de eso, si Brasil quisiera liderar la integración soberana de América del Sur en el mundo, tendrá que inventar una nueva forma de expansión económica y política continental y mundial, sin “destino manifiesto” ni vocación misionaria, y sin el imperialismo bélico de las dos grandes potencia anglo-sajonas.

* José Luis Fiori es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez

 

 

La Muerte de la Igualdad

Daniel Castro Aniyar
Tercera Información (8-11-09)


Levi-Strauss fue el hombre que demostró con la lógica más infalible que el pensamiento complejo es común a todos los pueblos del planeta. Que nuestra complejidad, la occidental, por muchas acrobacias y señales de poder que demuestre, es fortuita y, de hecho, más aún, peor aún, es ineficaz para entender el mundo. Que con haber perdido nuestro pensamiento salvaje, perdimos nuestra naturaleza más poderosa. Que la Ilustración es el ocaso de la profundidad y la contemporaneidad es el tiempo de la soledad.

Fue un hombre extremadamente serio y riguroso, un científico de los verdaderos, como los de antes, sin ensayismos fútiles, que puso su "lógica infalible" (que tantos criticaron) al servicio de una idea que la Alemania Nazi y luego el capitalismo han puesto dramáticamente en duda desde la expansión del imperialismo en los años 30: todos los hombres somos iguales.

Era judío, como lo fue Hanna Arendt, Primo Levi, Elías Canetti e Ida Gramcko, y por ello se preguntó, junto a los demás, acerca de la incapacidad del ser humano en comprender la igualdad. Fue un judío como aquellos del "Día de del Cielo Plomizo", cuando un gigantesca poblada se disponía a incendiar a todos los habitantes del ghetto hebreo de Roma por apoyar a la Revolución Francesa, esto es, por creer que todos los hombres son iguales, no importa si tienen sangre azul, más armas o más dinero.

Levi Strauss, amado apasionadamente por la antropología (tanto, que es simultáneamente muy odiado), fue asesinado de muchas maneras. Tantas veces muerto, no le quedó más remedio que seguir con vida, escondido en el elixir de la selva. Como también fueron muertos y, peor aun, traicionados, Arendt, Gramcko, Levi y Canetti por las generaciones posteriores. Por la misma razón que muere Helena de Hipatia viendo sucumbir la Biblioteca de Alejandría, según nos cuenta Amenábar: Por las circunstancias que siempre depasan a los grandes pensadores que ven lúcidamente el futuro en tiempos oscuranos. No murió a los 100 años, de muerte natural, como dice el periódico. Murió en medio de la ola de destrucción de las culturas originarias, sus ecosistemas, el crecimiento desmedido de la pobreza, el crecimiento desmedido de las riquezas, guerras por petróleo y terroristas suicidas que ya están muertos antes de estallar amarrados a sus víctimas.

Levi-Strauss habla del Amazonas de la misma manera que habló Darwin. Y luego de ese inmenso amor, ambos fueron llevados por tal marea, que tuvieron feroces cortocircuitos con la idea de Dios, y se dedicaron a ordenar, como cabalistas preparando un viaje hasta el sitio de los ángeles, la naturaleza inapresable de las cosas. Y así fueron envejeciendo, convencidos de que ya el mundo no les pertenecía, sin más nunca poder regresar a Europa, aunque no pudieran salir, uno de la Biblioteca de Etnología de Paris y otro de su huraña casa de Down House.

Decía Darwin: “en medio de la grandiosidad de una selva brasileña, ‘no es posible transmitir una idea adecuada de los altos sentimientos de asombro, admiración y devoción que llenan y elevan la mente’. Recuerdo bien mi convicción de que en el ser humano hay algo más que la mera respiración del cuerpo.”

Levi-Strauss, como si le respondiese: "Estamos en un mundo al que yo ya no pertenezco. El que yo he conocido, el que he amado, tenía 1.500 millones de habitantes. El mundo actual tiene 6.000 millones de humanos. Ya no es el mío".

Y como si el cielo nos quisiera decir algo, muere uno y nace el otro el mismo año, doscientos años después.

Los que creemos en la igualdad estamos tristes. Estamos tristes por estos últimos doscientos años.



BANQUEROS, ¿QUIÉN LOS METE EN CINTURA?*
Indignados por la conducta de los banqueros en la crisis financiera y por las consecuencias económicas y sociales, muchos ciudadanos de Islandia, Reino Unido o EEUU, salen a la calle para exigir que los poderes públicos impidan tantos desmanes.

Francisco Morote Costa
ATTAC Madrid (8-11-09)


Existe una élite financiera mundial, anclada firmemente en Estados Unidos - Wall Street -, y en Europa, Reino Unido - City -, Suiza, Holanda, etcétera, que en las décadas finales del siglo XX y en la primera del XXI, se ha convertido en el poder hegemónico conductor del sistema capitalista. Es la élite que desde el Foro Económico Mundial de Davos ( Suiza ) y otras instancias semejantes, apoyándose en el renacido pensamiento liberal, reclamó manos libres para entronizar el mercado en el marco de una globalización neoliberal.

Imponiendo la libre circulación de capitales - en su provecho -, y apoyando la reivindicación de las grandes corporaciones occidentales para la libre, pero en realidad tramposa, circulación de mercancías en la Organización Mundial del Comercio ( OMC ), esa élite ha sido la verdadera dueña del mundo hasta la crisis financiera de 2008.

Lo más sorprendente es que desde el triunfo político mundial que para ella supuso el acceso al gobierno del neoconservadurismo, primero en Reino Unido - M. Thatcher, 1979 -, y después en Estados Unidos - R. Reagan, 1981 -, la única resistencia real frente a sus despropósitos fue la representada por organizaciones de la sociedad civil - entre ellas Attac -, que alertaron sobre los peligros de la financiarización de la economía capitalista, e invocaron la intervención de los poderes políticos para poner freno, mediante una reglamentación mínima, a una economía de casino, de burbujas especulativas que fueron estallando sucesivamente, en los años 80 y 90 del siglo pasado, en diversos países de la semiperiferia y de la periferia, latinoamericana, asiática y europeo oriental del renacido sistema capitalista global.

La exigencia, asumida gradualmente por el conjunto del movimiento altermundista - antiglobalizador, en la jerga descalificadora neoliberal -, fue ignorada irresponsablemente por los poderes políticos occidentales, es decir, centrales al sistema, para los que el estallido de las burbujas especulativas era - según una ideología culturalmente reaccionaria -, un fenómeno propio de países en vías de desarrollo, inmaduros, periféricos o semiperiféricos en el sistema, pero imposible de imaginar en países desarrollados y solventes, como los del centro estructural.

Tanta arrogancia y prepotencia se vino abajo cuando la burbuja especulativa inmobiliaria, impulsada desde Wall Street, estalló provocando la crisis financiera, bancaria del corazón del sistema : Estados Unidos, Reino Unido, Holanda, Suiza, etcétera. Quebró Lehman Brothers y para evitar una cadena de quiebras que como un reguero de pólvora se extendiera por el conjunto del sistema financiero mundial, los poderes políticos, los estados, intervinieron inyectando a la banca ingentes cantidades - billones -, de dólares, euros, etcétera. El objetivo era evitar que la crisis financiera agudizara aún más la inevitable crisis económica del sistema. El temor, que la crisis financiera fuera el preludio de una Depresión tan devastadora como la de los años 30 del siglo XX.

Estabilizado el sistema, las miradas se dirigieron hacia los responsables directos del desaguisado, los banqueros. Durante años, como magos de las finanzas, gurus, etcétera, capaces de multiplicar la fortuna de toda clase de inversores, se les había ensalzado y considerado como intocables. Ellos mismos se asignaban unos ingresos desmesurados, pero " proporcionales" al dinero, a la riqueza que teóricamente podían generar para los clientes de sus entidades y productos.

Con la crisis estos falsos ídolos cayeron de sus pedestales. Algunos fueron desenmascarados como simples timadores, caso Madoff. Parecería que su estrepitoso fracaso - que en algunos casos llevó incluso a la nacionalización de bancos -, favorecería la imposición estatal, nacional e internacional, de una regulación o reglamentación del sistema financiero, con el fin de evitar la vuelta a prácticas especulativas susceptibles de provocar nuevas y dramáticas recaídas en la economía de casino. Durante algún tiempo hemos oído no solo las denuncias de políticos occidentales - estadounidenses y europeos- , dentro y fuera del G-7 y del G- 20, sobre su codicia y los riesgos excesivos que asumieron, y el propósito de poner coto a tanta aventura especulativa. Sin embargo, a la hora de la verdad es bien poco lo que se ha hecho. Persuadidos, por la experiencia, de que los estados no pueden permitir, so pena de aceptar depresiones económicas catastróficas, la caída libre de las entidades bancarias, pasado el pánico y el silencio inicial, los poderes financieros, la élite financiera, cercana siempre cuando no incrustada en los ministerios económicos de los gobiernos occidentales, ha vuelto por sus fueros, protestando y rechazando una excesiva regulación del sistema financiero nacional e internacional.

Rescatados por el estado, los bancos americanos, británicos, etcétera vuelven a obtener grandes beneficios, especulan con el petróleo, y sus altos directivos se asignan ingresos desorbitados en medio de una recesión que ha multiplicado, en la totalidad del sistema, el número de desempleados.

¿ Harán algo los gobiernos y las cumbres del G-7 y del G-20 para meter en cintura a esta insaciable y provocadora élite financiera? ¿ Impondrán, al menos, impuestos solidarios a las transacciones financieras con los que reequilibrar los maltrechos presupuestos generales de los estados? ¿ Cerrarán, de verdad, los sórdidos paraísos fiscales? Me temo que no, que harán algunas operaciones cosméticas de maquillaje y que más pronto que tarde - N. Roubini, dixit -, se reproducirá el fenómeno de las devastadoras burbujas especulativas.
¿ Por qué? Porque como ha recordado recientemente E. Toussaint - " Los movimientos de izquierda pueden llegar al gobierno, sin embargo, no consiguen el poder" -, en el orden capitalista los partidos pueden alcanzar el gobierno, pero el poder económico está en manos de la clase capitalista y, sobre todo, de su fracción financiera.

Por otra parte, casi todos los partido en Occidente son deudores, para la financiación de sus campañas electorales, de los bancos, lo que implica una situación de debilidad, cuando no de dependencia paralizadora. Poco puede esperarse, por consiguiente, de los gobiernos sin interés, ni coraje por estatalizar y / o crear una banca pública que suprima o reste fuerza al poder omnímodo de la casta financiera. Y, sin embargo, esa es una verdadera necesidad no sólo para los millones de trabajadores asalariados que constituyen la mayoría de la sociedad, sino también para los millones de pequeños y aún medianos empresarios que dependen del crédito de una entidades bancarias más inclinadas a especular que a facilitar la actividad productiva de la sociedad.

No es de extrañar, pues, que indignados por el papel jugado por los banqueros en la crisis financiera y por las consecuencias económicas y sociales de ésta, muchos ciudadanos, en países como Islandia, Reino Unido o Estados Unidos, salgan a la calle para exigir que los poderes públicos pongan coto de una vez a tantos desmanes.

* Meter en cintura = Hacer entrar en razón, imponer disciplina a la fuerza.



La Vía hacia un nuevo campesinado
La Vía Campesina se ha convertido en un importante actor contestatario y en el principal referente de movimientos campesinos de todo el mundo.

Breno Bringel *
Diagonal (8-11-09)


Cuando a principios de los ‘90, en un contexto de estallido de la globalización neoliberal, se acumulaban las predicciones de ‘crisis’, ‘fines’ y ‘muertes’ (el fin de la historia, la muerte del marxismo), decir que los campesinos se convertirían, años después, en uno de los actores sociales transformadores más importantes del globo era, como poco, una suerte de atrevimiento, dado que éstos también estaban destinados a desaparecer. A emigrar a las ciudades. A renunciar a su condición de campesinos. El ritmo acelerado de las transformaciones agrarias así lo exigía: el sistema agroalimentario se globalizaba, se expandía el modelo agroexportador, las zonas rurales se convertían en espacios de gran importancia para la liberalización del comercio y, como consecuencia, se producía una internacionalización de los intereses, la emergencia de nuevos paradigmas en torno al agronegocio o los transgénicos y la resignificación de temas clásicos como la reforma agraria.

Pero mientras muchos auguraban “el fin de los campesinos”, éstos se reorganizaban para enfrentar los retos de la nueva agricultura globalizada. Cuestión de supervivencia. Atrás queda la visión de los campesinos como comunidades “tradicionales” y “aisladas”. Y empieza a ponerse en jaque la posición, todavía con muchos adeptos, de que los campesinos son parte inherente (léase pasiva) de esta nueva vuelta de tuerca de la “modernización” agrícola. La deconstrucción práctica de estos imaginarios y políticas se da con la irrupción de unos movimientos campesinos renovados. Con demandas más complejas como la soberanía alimentaria, un repertorio de acción colectiva amplio y radicalizado donde convergen protestas locales e internacionales y, sobre todo, una transnacionalización que marca el salto del campesinado a la primera plana de la política contestataria global.

En todas estas cuestiones La Vía Campesina ejerce un rol de liderazgo fundamental. Ha pasado a ser el referente de organizaciones campesinas en todo el mundo: La Vía hacia un nuevo campesinado, al albergar en su seno nuevas discusiones, proyectos y horizontes de transformación que sirven como germen de una nueva construcción simbólica, política e identitaria para los campesinos. Lo ha hecho a través de la revalorización de sus tierras y territorios, su cultura y saberes, la oposición tajante al actual modelo comercial y de producción, la construcción de procesos y mecanismos verdaderamente democráticos y de alternativas ‘glocales’.

Por todo ello La Vía Campesina se autodenomina un “movimiento internacional”. No quedan dudas de ello pero, siendo rigurosos, más que un movimiento per se, tenemos que hablar de una red transnacional de organizaciones campesinas. Es una plataforma que engloba varios movimientos y organizaciones y no un movimiento en sí. No se trata de cuestionar la autopercepción, pero en este caso la definición y los matices importan y tienen profundas implicaciones. Sus miembros tienen distintas procedencias, referencias, mecanismos de actuación, organización y formas de movilizarse. Las particularidades del MST brasileño, de la UNAC de Mozambique o del KRSS de la India inciden en cómo se insertan en la red a nivel nacional, regional e internacional y no sólo en cómo estos movimientos saltan a lo global, sino cómo lo global repercute en lo local. Se trata de un viaje de ida y vuelta. La mayor debilidad y a la vez fortaleza de La Vía reside en esta unidad en la diversidad. Algo bonito, pero difícil de aplicar y que consigue llevar a cabo con una advertencia: no cabe todo en La Vía. Hay criterios muy bien definidos, se distinguen las alianzas tácticas de las estratégicas y se mantiene la autonomía y la centralidad del campesinado como actor. Éste es el aspecto más relevante: la recuperación de la voz del campesino a nivel internacional, sin la necesidad de que esté representado por terceros, en una red que no es ni fluida ni dispersa, tal y como se suele interpretar habitualmente por el “nuevo paradigma reticular”, sino territorializada y pegada a la base.

* Breno Bringel (Investigador de la UCM) Madrid

 

 

El clima no es una mercancía

Esther Vivas *
Foro Social de Jaén (7-11-09)


La crisis climática es hoy una realidad innegable. Según el Panel Internacional Sobre Cambio Climático (IPCC), la temperatura global ha aumentado, entre 1906 y 2005, un 0,74ºC de media y en los últimos cincuenta años esta subida ha doblado prácticamente la de los cien anteriores.

La lógica del sistema capitalista, que antepone los intereses privados a los bienes públicos y comunitarios, es el máximo responsable de esta situación límite. Un modelo productivista, basado en el uso intensivo de recursos fósiles altamente contaminantes, explotación sistemática de la tierra... Un modelo que nos ha conducido a una crisis financiera, energética, social, alimentaria y climática sin precedentes.

Las "soluciones" que se están aplicando para salir de la actual crisis van en una dirección pro-capitalista. Frente a la quiebra de la economía: más ayudas a la empresa privada y a los bancos, mientras el número de parados no para de aumentar. Frente al hambre en el mundo: se apuesta por una nueva revolución verde, más transgénicos y agricultura intensiva, mientras la dificultad para acceder a los alimentos continúa y el número de personas que pasan hambre no para de crecer. Frente al cambio climático: se promueve un "capitalismo verde", los agrocombustibles, la comercialización con los derechos de emisiones..., mientras el planeta continúa calentándose. En definitiva, nos quieren hacer creer que las soluciones a la "gran crisis" pasan por intensificar, precisamente, aquellas políticas que nos han conducido a la misma.

Estos días, Barcelona acoge la reunión de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático previa a la cumbre de Copenhague (COP 15) donde se quiere revisar el actual protocolo de Kyoto y todo apunta a un previsible fracaso de las negociaciones. Los intereses empresariales, en connivencia con los gubernamentales, priman por sobre la voluntad de reducir los gases de efecto invernadero y acabar con el cambio climático.

Frente esta situación, hay que exigir reducciones drásticas, obligatorias y proporcionales. Los países del Norte son los que más tienen que reducir las emisiones en su territorio y sin recurrir a la compensación por inversiones en países terceros. También hay que impulsar un nuevo modelo energético basado en las renovables y un sistema de movilidad sostenible partiendo del transporte terrestre y de carácter público, a la vez que hace falta una reforma radical de los Mecanismos de Desarrollo Limpio.

Todo esto y más es lo que reivindica la campaña El clima no está en venta, integrada por un amplio abanico de asociaciones ecologistas, en defensa del territorio, cooperativas y grupos de consumo, sindicatos, ONGs... en motivo de la reunión de las Naciones Unidas en Barcelona.

Porque no se puede seguir comercializando con el planeta. La vida, los alimentos, la salud, la tierra, la educación y el clima no son una mercancía.

* Esther Vivas es miembro de la campaña El clima no está en venta. Artículo publicado en La Directa, nº 159.




Las causas políticas de la crisis mundial

Vicenç Navarro
Sistema Digital (7-11-09)


Si ustedes leen la prensa económica de mayor difusión en España (incluyendo las secciones económicas de los cinco rotativos más importantes del país) apenas verán artículos que tocan las causas reales de la Gran Recesión, es decir, la enorme polarización de las rentas que ha ocurrido en la mayoría de países de la OCDE, y muy en particular, en EEUU, como consecuencia de la aplicación de las políticas liberales iniciadas por el gobierno federal de EEUU del Presidente Reagan y por el gobierno Thatcher de Gran Bretaña, y continuadas por los gobiernos de Bush padre, de Clinton y de Bush hijo en EEUU, y de Tony Blair y de Gordon Brown de Gran Bretaña, así como por los gobiernos de Lionel Jospin en Francia, Romano Prodi y Silvio Berlusconi en Italia, Gerhard Schröder y Angela Merkel en Alemania, y José Mª Aznar en España, así como por los dirigentes de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso y por el equipo económico de tal Comisión liderado por el Sr. Pedro Solbes (como Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios). Estas políticas incluían; 1) la reducción de impuestos y gasto público; 2) la desregulación de los mercados laborales, comerciales y financieros, y 3) la reducción de los beneficios sociales y laborales. Cada una de estas políticas contribuyó a la enorme polarización de las rentas, beneficiando las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo. La evidencia de ello (ignorada cuando no silenciada en aquellos medios de información) es abrumadora (ver Navarro, V. (ed.) Globalization, Neoliberalism and Inequalities. Baywood. 2008).

En realidad, hay que remontarse a los años posteriores a 1929 (del crash de Wall Street) para encontrar polarizaciones de renta tan acentuadas como ahora. En 1979, el uno por ciento de la población que pagaba impuestos en EEUU recibía el 8% de la renta nacional. Tal porcentaje había subido en el año 2007 a un 18% de la renta nacional. Y si se incluyen las rentas recibidas por aquel 1% de la población de renta superior, como consecuencia de su propiedad de acciones, los porcentajes aumentan de un 10% en 1979 a un 23% en el 2007. Existe una enorme concentración tanto de la renta como de la propiedad, en los sectores superiores de renta del país, alcanzando una polarización sin precedentes desde la Gran Depresión.

¿POR QUÉ EL INCREMENTO DE LA POLARIZACIÓN?

Las escuelas económicas dominantes han explicado esta polarización de las rentas como resultado de dos hechos. Uno es la introducción de nuevas tecnologías en la actividad económica, que ha dado mayor valor al conocimiento y a las cualificaciones de los trabajadores. En este escenario teórico, el incremento de las rentas superiores se percibe como consecuencia de la importancia que adquiere la formación de los trabajadores en una economía necesitada de personal cualificado. Todo el proyecto intelectual-político de establecer la “sociedad del conocimiento” (promovida por la estrategia de Lisboa del año 2000) estaba basado en esta interpretación de la realidad. Puesto que a mayor educación/formación, mayor salario, había que invertir en educación y formación. Era un esquema fácil de entender y fácil de llevar a cabo. Según tal argumento, lo que tenía que hacerse para disminuir las desigualdades sociales y prevenir la exclusión social era dar formación a la fuerza laboral. Este mensaje ha sido muy poderoso en estos últimos años.

La segunda explicación que se ha dado de la creciente polarización de rentas era el fenómeno de la globalización, que estaba relacionada con la explicación anterior. Los trabajadores no cualificados en los países ricos competían con los trabajadores no cualificados del tercer y cuarto mundo, forzando sus salarios y condiciones de trabajo a la baja. Esta situación ocurría bien a través de la globalización de la actividad económica (incluyendo la deslocalización de las empresas, trasladándose a países del tercer o cuarto mundo) o mediante la movilidad internacional del trabajo, es decir, la inmigración. Según tal explicación, la globalización ha llevado a un empobrecimiento masivo de los sectores laborales de escasa formación, distanciándose sus rentas de los sectores laborales cualificados menos afectados por tal fenómeno de la globalización.

LA DESPOLITIZACIÓN DEL FENÓMENO ECONÓMICO

A primera vista parece que ambas explicaciones son creíbles: parecen razonables. Ahora bien, el problema que tienen es que ambas explicaciones despolitizan lo que es un fenómeno profundamente político. Asumen que la importancia del conocimiento y de la globalización como factores causantes de la enorme polarización de las rentas (y de la propiedad) son factores exógenos a la sociedad (algo que viene dado de fuera de la propia sociedad) sin que se vean consecuencia del desarrollo de los conflictos internos existentes en cada sociedad. Tales argumentos representan la apolitización del fenómeno económico, lo cual es un obstáculo para entender lo que ocurre en la sociedad y, poder intervenir para cambiarla. Tanto la introducción de nuevas tecnologías como la globalización, ocurren dentro de contextos políticos específicos que configuran cómo, cuándo y con qué consecuencias ocurre cada uno de estos fenómenos. En otras palabras, tales fenómenos no son las causas de la polarización de rentas sino los síntomas de unas relaciones de poder, que son las causas reales de tal polarización. Veamos los datos.

La reducción de las desigualdades de renta en EEUU que tuvo lugar desde los años treinta a finales de los años setenta fue resultado de la fuerza del movimiento obrero en aquel país. Fue en los años treinta cuando se estableció el movimiento sindical (apoyado por la Administración Roosevelt primero y la Administración Truman después) que organizó, en los años cuarenta y cincuenta, a la mayoría de los trabajadores industriales, la fuerza mayor dentro del movimiento obrero. Más tarde, el movimiento de los derechos civiles en los años sesenta, y los movimientos feministas, así como el movimiento ecologista en los años setenta y ochenta forzaron cambios, no sólo políticos, sino también económicos tales como la prohibición de la discriminación de raza y de género, así como la inclusión de los costes de destrucción del ambiente como factor evaluador de las políticas públicas. Todas estas medidas fueron opuestas por el mundo empresarial que tuvieron que aceptarlas, por fin, a regañadientes, aunque nunca acabaron de incorporarlas completamente en sus prácticas empresariales. Aprovecharon cualquier resquicio en las leyes y prácticas federales para no llevar a cabo su puesta en marcha y desarrollo.

En realidad, la respuesta neoliberal de los años ochenta fue la respuesta del mundo empresarial a las conquistas sociales del mundo del trabajo, que habían conseguido toda una serie de conquistas sociales y laborales en la época 1930-1970, alcanzándose en 1979 la menor polarización de las rentas que EEUU conoció desde los años treinta. La respuesta empresarial se inició ya durante la Administración Carter, cuando su ministro de Economía, el Sr. Volker, inició una recesión como manera de reducir el poder sindical. Las políticas de Carter fueron continuadas y aumentadas por Reagan. Tales políticas representaron un ataque frontal a los movimientos obreros y a los movimientos sociales, y se presentaron bajo el argumento de que eran necesarias para mejorar la eficiencia de la economía. El descenso del salario mínimo, la desregulación de los mercados de trabajo, la desregulación del comercio, la privatización de los servicios públicos, y el aumento de la regresividad fiscal, eran presentadas como necesarias para recuperar la eficiencia de la economía; en realidad estaban orientadas a debilitar al mundo del trabajo. Y todas ellas contribuyeron a incrementar las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, causando un enorme crecimiento de la polarización de las rentas. La manera como se utilizaron las nuevas tecnologías y como se realizó la globalización era consecuencia directa del enorme dominio del capital que diseñó tales políticas públicas con el fin de incrementar su poder y sus rentas a costa de las rentas del trabajo. Y esto ocurrió en ambos lados del Atlántico, alcanzando su máximo desarrollo en EEUU, donde la enorme debilidad del mundo del trabajo y de las izquierdas (en ningún país de la OCDE las izquierdas son tan débiles como en EEUU), ha sido devastador para la calidad de vida de las clases populares. Es importante señalar que el objetivo teórico de tales reformas no se alcanzó. Antes al contrario, la eficiencia económica del periodo 1980-2004 fue menor que la del periodo 1950-1980. Pero aumentar la eficiencia económica no era la causa real de tales políticas. La causa real era aumentar las rentas del capital a costa del trabajo y esto es lo que lo consiguieron, incluso a costa de crear la crisis mundial.



Corrupción en España

Antoni Domènech *
Sin Permiso (7-11-09)


El texto que se reproduce a continuación es el esquema de una intervención de su autor en el Seminario de cultura socialista que se realiza con profesores de las facultades de Economía y de Derecho de la Universidad de Barcelona.

Con Bartomeu Muñoz, el alcalde socialista de la importante ciudad de la conurbación industrial barcelonesa que es Santa Coloma de Gramenet el pasado 29 de octubre, llevamos ya en poco más de tres años diecinueve alcaldes detenidos por corrupción en España: 7 del PP, 5 del PSOE, y otros "independientes" de pequeños partidos o agrupaciones electorales locales o regionales. Tenemos esta semana, además, la imputación en casos de corrupción de un antiguo presidentes del PP de la Comunidad Balear, Cañellas, y la investigación judicial sobre otro presidente balear del PP, Matas, así como los escándalos del "caso Gürtel", que afectan al presidente de la Comunidad valenciana, Camps, y a un creciente rimero de personalidades y altos cargos del PP en buena parte de la geografía nacional, señaladamente en la Comunidad de Madrid.

La detención del alcalde de Santa Coloma –una ciudad obrera, en la que su alcalde socialista no se molestaba en dormir: vivía en un barrio alto de Barcelona— forma parte de un caso que afecta también a otros antiguos altos cargos del partido de la derecha nacionalista catalana, CiU y en el que andan de por medio, al alimón, turbios negocios inmobiliarios con blanqueo de capitales a través de una agencia del segundo banco español (el BBVA) que operaba en el paraíso fiscal de la Isla británica de Jersey. Y ese caso catalán ha venido a añadirse al que estalló hace no muchas semanas, conocido por el nombre de "caso Palau de la Música", un caso de espectacular saqueo –más de 20 millones de euros- en beneficio privado de su presidente –un prohombre del patriciado barcelonés, condecorado hace años con la Creu de Sant Jordi— y allegados, así como de partidos afines a los saqueadores, de una entidad cultural emblemática de la ciudad de Barcelona, sostenida con aportaciones públicas y con donaciones privadas altruistas.

Nadie espera que la cosa termine aquí. El antiguo presidente de la Generalitat catalana, Jordi Pujol, se ha avilantado hace unos días, en una entrevista concedida a un programa televisivo de gran audiencia, a aconsejar que no se tirara mucho de la manta, porque el hedor (farum) podría llegar a ser insoportable para todos. (Algo parecido debió pensar en su día el presidente español José María Aznar cuando, ante el caso seguramente más alarmante de corrupción política registrado hasta ahora en España, la compra por parte del negocio inmobiliario madrileño de dos diputados autonómicos madrileños del PSOE para que no votaran la investidura de quien había ganado las elecciones autonómicas de mayo de 2003 (el candidato socialista, apoyado por Izquierda Unida), impidió que el fiscal de Madrid –el socialista Fernández-Bermejo— investigara el asunto. Hubo que repetir las elecciones. Y ganó el PP. Y no hubo más.)

Cuatro reacciones del establishment político-mediático

Cuatro son las reacciones más comunes a lo que algunos, acaso sin exageración, llaman ya epidemia de corrupción política extendida por España. Las que siguen, que no son necesariamente excluyentes:

1 Está, primero, la reacción miope nacida de la obnubilación política sectaria: sí, nosotros también, pero vosotros más, mucho más.

2 Viene, luego, el cierre de filas de quienes aceptan ya sin rubor el formar parte de una "clase política" que, estupefacientemente, se identifica con el conjunto del "sistema democrático" y aun con los valores democráticos mismos: hay que defender del descrédito a un sistema político democrático creciente y peligrosamente amenazado por la pérdida de crédito ante la población. El grueso de la "clase política" es honrada, y el interminable rimero de escándalos de corrupción política afectaría, en realidad, a una minoría. Toda la "clase política" debería olvidar sus (legítimos) enfrentamientos partidistas, para unirse en ese mensaje a la población, si es necesario, con nuevas y más duras medidas legislativas y administrativas.

3 Otra reacción común es el escándalo farisaico de la antipolítica. La política como servicio público y como representación fiduciaria de los distintos y encontrados intereses de la vida social sería pura ilusión. No habría tal. La política sería, siempre, un negocio, y quienes a ella se dedican, necesariamente, unos negociantes que están ahí "para forrarse" (como dijo textualmente una vez en una conversación privada que acabó transcendiendo públicamente el expresidente de la Generalitat valenciana y exminisro de José María Aznar Eduardo Zaplana).

4 Cuarta reacción, y última aquí inventariada: el recurso al cinismo antropológico; la corrupción estaría en la "naturaleza humana". Lo dijo Alan Greenspan, acaso el principal responsable político de una de las eras de codicia y corrupción económica más desapoderadas del último siglo. Ahora lo están repitiendo muchos comentaristas políticos en España.

Esas cuatro reacciones, tan distintas, tienen, sin embargo, en común la pretensión de despolitizar el problema de la corrupción política:

1 La obnubilación sectaria, por la vía de una hipermoralización partidista elemental: los nuestros son necesariamente más honrados: o porque, siendo de "izquierda", se les suponen valores morales incompatibles con la puesta en almoneda de sus actos de servicio público; o porque, siendo gentes de viso y de "derecha", se les supone con suficiente patrimonio personal como para resistir al soborno.

2 La despolitización dimanante del cierre de filas viene de suponer, acaso sin advertirlo, que la política democrática es algo más que, y acaso metafísicamente superior a, la representación fiduciaria de intereses y voluntades existentes en nuestra vida social, y de intereses y voluntades las más veces pugnaces y encontrados. Viene, esto es, de ignorar que lo único que tienen en común los representantes políticos es la obligación de defender los intereses y las voluntades de sus representados en el marco de una deliberación pública realizada con argumentos dimanantes de razones públicamente defendibles y atenidos al interés general (nadie puede proponer una ley con el argumento, dimanante de una razón privada, de que esa ley le favorecería en sus negocios o favorecería a sus amigos y parientes). Y parte esencial del interés general en una sociedad escindida en clases y grupos de interés es el reconocimiento político, con todas sus consecuencias, de esa escisión social de base y de la legitimidad de sus expresiones y manifestaciones en la vida política. Patentemente, es la ignorancia de eso lo que permite a muchos políticos aceptar hoy con un donaire digno de mejor causa el constituir nada menos que una "clase política", es decir, un grupo de individuos unidos por intereses privados propios, y en esa medida, seccionados, desgajados como casta o como "clase", del pueblo supuestamente "soberano".

3 El escándalo farisaico niega directamente la posibilidad de la política democrática. O bien porque cree que el mejor modo de promover el interés público es tener políticos codiciosos y corruptibles –no han faltado voces en España en estos últimos años que han sugerido que la corrupción política es también un saludable índice de dinamismo y prosperidad económicos—, una versión posmoderna del viejo ideologema de Mandeville: vicios privados, virtudes públicas. O bien porque, y tal vez en el otro extremo, ha llegado a creer que la representación política fiduciaria de intereses y valores socialmente existentes es tarea de antemano condenada al fracaso: la "política" es y será siempre una mierda, y los políticos, sea cual fuere su signo ideológico, un hatillo de hipócritas y mangantes; de gentes que, ¡qué diablos!, como todo el mundo, van a la suya.

4 El cinismo antropológico despolitiza el específico fenómeno de la corrupción política por la vía de la banalización inespecífica: no hay un problema de corrupción política, distinto del problema de la corrupción administrativa, distinto del problema de la corrupción económica privada, etc., sino que la naturaleza humana, en general, sería pronta al soborno. Consuelo para políticos corruptos o irresponsables y pretexto para las protestas de agudeza de tertulianos y columnistas de grandes absolvederas, el planteamiento político del problema de la corrupción política es substituido por la reafirmación de la doctrina paulina de la corrupción general de la naturaleza humana como consecuencia de la caída de nuestros padres en el pecado original:

"Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido a sujeción del pecado. / Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. / Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. / De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí. / Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. / Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. / Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. / Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí." (Pablo, Romanos, 6, 14-21)

Corrupción, política, administrativa y económica [El fenómeno de la corrupción política, visto políticamente]

Para ver políticamente el fenómeno de la corrupción política, lo primero es distinguirla de otras formas de corrupción socialmente significativas, como la corrupción económica privada y la corrupción administrativa.

La corrupción económica privada afecta a las instituciones y a los agentes económicos privados, y a las relaciones de agencia fiduciaria entre ellos, entre los que actúan como agentes propiamente dichos y los que actúan como principales: un ejecutivo es un agente fiduciario de su principal, que son los accionistas propietarios de la empresa; un abogado de empresa es un agente fiduciario de su principal, que son los directivos de la empresa; un bróker financiero es un agente de su principal, que es el inversor financiero o bolsístico. Las relaciones entre principales y agentes están marcadas siempre por una asimetría informativa que hace que, objetivamente, las posibilidades de que el agente traicione la confianza puesta en él por el principal sean enormes, es decir, que hay un amplio espacio para que el agente se deje interferir en su labor por intereses propios o de que se deje corromper y sobornar por intereses privados que no son los de su principal. La regulación pública de la actividad económica privada tiene en buena medida que ver con la yugulación legislativa de aquellas posibilidades, con la restricción radical del espacio social e institucional que permite el fraude en las relaciones de agencia. No hará falta insistir en que el incremento espectacular de la corrupción económica en el mundo en las pasadas décadas, señaladamente en el sector financiero, tiene que ver con la desregulación pública de la actividad económica privada.

La corrupción administrativa afecta a los funcionarios públicos, es decir, a agentes que, a diferencia de los representantes políticos, guardan con el "pueblo soberano" una relación muy mediata. O bien son cargos de confianza de políticos electos (así pues, agentes fiduciarios del político electo, que es su principal, el cual, a su vez, es agente fiduciario del "pueblo soberano"), o bien son funcionarios de carrera, y entonces la relación de agencia con la ciudadanía es aún más remota: en general, viene dada por los criterios legalmente establecidos de selección para entrar en la carrera del servicio público y por los criterios, legalmente establecidos también, para sancionar al funcionario público que falta a su deber de probidad. El descrédito de la función pública que ha acompañado al auge del "neoliberalismo" en las últimas décadas ha jugado un papel de primer orden en la degradación de ambas cosas: ha habido una bien documentada relajación en los criterios de selección de funcionarios (con la admisión de zorros como guardianes del gallinero: como el estafador Madoff presidiendo el Comité de directores de la agencia regulatoria NASDA): culpa in eligendo; y ha habido una política de gestión y de sanciones, importada del mundo de la empresa privada e impropia del sector público (todos serían corruptos y holgazanes, hasta que se demuestre lo contrario), como el llamado New Public Management, que ha traído consigo, entre otras cosas, una desmoralización general de los trabajadores públicos: culpa in vigilando.

Huelga decir que el caso más interesante de corrupción administrativa es el que trae su origen causal en la vida económica privada, es decir, la corrupción de funcionarios públicos por grandes (o pequeñas) empresas privadas. El incremento de la corrupción administrativa en las pasadas décadas, señaladamente en los países en vías de desarrollo, ha sido sencillamente espectacular. También porque ha sido instrumento capital del saqueo de esos países por las grandes empresas del hemisferio norte en el orden neoliberal de la "globalización". Peter Eigen, el fundador de Transparency International, con sede en Berlín, lo resumía así en enero de 2000:

"La magnitud de los sobornos pagados por corporaciones internacionales en los países en desarrollo es a gran escala. Las acciones emprendidas por la mayoría de los gobiernos de los países industrializados para luchar contra la corrupción internacional son modestas. Los resultados se traducen en mayor pobreza en los países pobres, un persistente socavamiento de las instituciones democráticas, y cada vez más distorsiones en el comercio internacional honrado."

La corrupción política es particularmente lacerante, porque afecta a una relación de agencia fiduciaria directa entre el supuesto "pueblo soberano", como principal, y los partidos y los representantes políticos como meros agentes suyos, formadores y canalizadores de las voluntades y los intereses populares. No suele observarse que los distintos partidos políticos no sólo representan distintos intereses sociales –lo que es una obviedad—, sino que las relaciones fiduciarias de los distintos partidos con sus bases sociales (y más en general, con los intereses sociales que supuestamente representan) son también muy distintas. El marxista Gramsci popularizó la idea de que los intelectuales y los políticos de un determinado signo social, político o ideológico pueden ser más o menos "orgánicos en" sus respectivas bases. Y observó con gran perspicacia que para los dirigentes y representantes de las clases y estratos subalternos de la población la "organicidad" en, es decir, la miríada de vínculos capilares de retroalimentación con, sus bases sociales es mucho más difícil de mantener que en el caso de los representantes y los agentes fiduciarios de las elites sociales y económicas tradicionales. No sólo porque resulta harto más difícil encontrar buenos representantes y calificados dirigentes entre quienes están obligados a vivir por sus manos, y desde luego, no de renta; no sólo porque, una vez encontrados, es más difícil substituirlos por otros, lo que da a esos agentes un gran margen de chantaje autoritario sobre sus bases ("si no os gusta, me voy": como Felipe González, cuando obligó a un PSOE mayoritariamente reluctante a "abandonar el marxismo" en 1979; o como el propio Felipe González, cuando en 1986 obligó a un pueblo abrumadoramente pacifista como el español a entrar en la OTAN); también porque, una vez con cargos y aupados al núcleo del funcionamiento del sistema político, con todas su pompas y vanidades, tienden espontáneamente a desarrollar una nueva identificación con los hábitos de sus colegas bienhabientes, tienden, esto es, a sentirse más "clase política" que representantes de su fábrica, de su barrio o, en general, de las gentes menudas de cuyas filas proceden o a las que, al menos, declaran representar. Así que, en punto a corrupción política, el partido de izquierda que no sea especialmente sensible a esas realidades, va listo: quien no vive según piensa, termina pensando según vive. El alcalde de Santa Coloma detenido por corrupción la pasada semana –dicen que un socialista aficionado a los buenos restaurantes, a los buenos automóviles y a las buenas compañías de gente con estilo—, que regía con mayoría absoluta una de las ciudades obreras más importantes del cinturón industrial de Barcelona, ni siquiera vivía en Santa Coloma, sino en uno de los barrios altos de la Ciudad Condal.

Eso no quiere decir que las elites políticas o ideológicas de la derecha hayan de tener siempre mayor "organicidad en" sus bases, o más facilidad para lograrla. Los numerosos casos –en realidad, ampliamente mayoritarios— de corrupción política de la derecha tradicional en la España de estos últimos años son buen ejemplo de ello. Pero es interesante observar que la pérdida radical de organicidad en sus bases sociales de las elites ideológicas y políticas conservadores se da fundamentalmente en momentos históricos dominados por la mentalidad rentista, es decir, en épocas de hegemonía social y cultural de los estratos y capas sociales que viven fundamentalmente de rentas: de rentas inmobiliarias, de rentas dimanantes de grandes patrimonios financieros y de rentas monopólicas desapoderadas, derivadas de posiciones de abuso de poder en los mercados. El rentista no produce nada, no crea nada, no genera valor, ni riqueza, sino, a lo sumo, apariencia de ella; el rentista es, básicamente, un saqueador; un expoliador de bienes comunes y de bienes privados ajenos; y un activo buscador de rentas a través de mecanismos políticos, que no puede ver en la vida política representación de interés social alguno, sino oportunidad de negocio y cabildeo. Lo que en Alemania ha dado en llamarse "puerta giratoria" entre la política y el mundo de los negocios (el hecho de que grandes fortunas entren como si nada en el juego de la vida política –Berlusconi— y, a la inversa, grandes dirigentes políticos vayan a parar al mundo de los negocios luego de abandonar su cargo –Schröder con Gazprom, Felipe González con Carlos Slim, Aznar con Rupert Murdoch—), un fenómeno relativamente reciente, expresa bien esa realidad.

No es por casualidad que uno de los clásicos de la ciencia social contemporánea, La teoría de la clase ociosa (1898), del economista noruego-estadounidense Thorstein Vebblen se escribiera en plena Era de la Codicia norteamericana, un período, por tantos conceptos, muy semejante al que hemos vivido en las últimas décadas. En Veblen puede encontrarse un atisbo de explicación al hecho de que precisamente políticos sin la menor organicidad en intereses sociales objetivos de ningún estrato social relevante –basta ver la pinta, involuntariamente cómica, de un Ricardo Costa, el de los relojes de 6.000 euros y los coches de 60.000—, y enfangados hasta el cuello en asuntos de corrupción política, como en Madrid, como en Valencia, o como en Santa Coloma de Gramanet, puedan jactarse de lograr una y otra vez mayorías absolutas:

"… la institución de una clase ociosa opera en el sentido de hacer conservadoras a las clases inferiores al privarles, hasta donde es posible, de los medios de subsistencia, reduciendo así su consumo, y, por ende, de la energía de que pueden disponer, hasta el punto de hacerlas incapaces del esfuerzo exigido para el aprendizaje y adopción de nuevos hábitos mentales. La acumulación de riqueza en el extremo superior de la escala pecuniaria implica privaciones en el extremo inferior. (…) El efecto inhibitorio directo de la desigual distribución de la riqueza está secundado por otro indirecto que tiende al mismo resultado. (…) El mantenimiento del consumo ostensible como uno de los elementos principales del patrón que mide el decoro en todas las clases, no es, desde luego, atribuible por entero al ejemplo de la clase ociosa adinerada, pero la práctica y la importancia que se le da se robustecen, sin duda, por el ejemplo de la clase ociosa."

La percepción de la corrupción económica, administrativa y política. El caso de España.

A pesar de la epidemia de corrupción política que aparentemente se ha abatido sobre España, es muy notable que, en la percepción de los españoles –y como saben todos los estudiosos del fenómeno de la corrupción, suele haber, ceteris paribus, una elevada correlación positiva entre la percepción de la misma y su realidad objetivamente medida— la corrupción económica del sector privado resulta ser mucho más importante que la corrupción de los partidos y de los representantes políticos. Según el informe de 2009 de Tranparency International, mientras que en países como Argentina, Grecia, Israel, Italia o Reino Unido lo más destacado en la percepción ciudadana es la corrupción de los partidos políticos; mientras que en países como los EEUU, Indonesia y Panamá se destaca la corrupción de todo el poder legislativo (las cámaras parlamentarias); mientras que en países como Chequia, Japón y Rusia se destaca la corrupción administrativa; en España, en cambio –como en Hong Kong, Islandia, Países Bajos y Noruega—, se destaca la corrupción empresarial.

En contra de los sermones casi unánimes de los políticos españoles de estos días, el crédito popular de la "democracia", del sistema de partidos políticos y de los representantes políticos electos no está por ahora gravemente amenazado, a pesar de la que está cayendo. Diríase, en cambio, que la población española tiene una percepción bastante clara del origen causal de los males de la política en los males de una vida económica –de un "modelo de crecimiento", como se dice con tecnocrática unción— fundada, no en la creación de riqueza o de valor, sino en la inflación de activos (inmobiliarios y financieros), en la inclemente destrucción del patrimonio común natural (el caso de las costas españolas es particularmente llamativo, y ahora ha saltado dramáticamente a la luz el caso de los humedales de las Tablas de Daimiel), en el saqueo y privatización de patrimonio público del Estado (una política de privatizaciones iniciada por Felipe González y seguida luego por Aznar, pero a la que, inicialmente, se oponía hasta la derecha política tradicional), en la asombrosa sobreexplotación de una mano de obra calificada (el 63% de los asalariados españoles es "mileurista"), en un Estado social raquítico, en el volumen de desempleo estructural más crecido de los países de la OCDE y en el insostenible endeudamiento de las empresas y de los trabajadores españoles.

Si comparamos con Italia, el contraste es notable. Mientras en España un 29% considera que el sector más corrompido es el de la empresa privada, en Italia sólo un 7% cree eso. Es verdad que en España un 27% creen ya que son los partidos el sector más corrompido (cerca, pues, de la empresa privada), pero en Italia tenemos un abrumador 44% de ciudadanos que lo cree. Ese 27% registrado en 2009 podría crecer; visto lo visto estos días, y lo cierto es que si la pregunta es cuán corrompido está un sector (no qué sector es el más corrompido), en España ganan ya los partidos políticos con una puntuación de 3,4 (en contraste con el 3,3 que se da a las empresas, el 3,1 que se da al parlamento, o el moderado 3,0 –el más bajo— que se da a los funcionarios. (Por seguir con el contraste: en Italia la puntuación más alta de descrédito en materia de corrupción se la llevan también los partidos, pero con un 4,1, seguidos de los funcionarios, 3,9, del poder judicial, 3,5, y de los medios de comunicación, 3,4; la empresa privada queda en un 3,3, al mismo nivel que el Parlamento).

Y si la izquierda institucional no reacciona políticamente a esos males básicos de la vida económico-social de nuestro país, si no logra al menos acompasar sus percepciones básicas a las percepciones del común de la ciudadanía, entonces sí podría empezar a temerse muy en serio en España una generalización à la italiana de la antipolítica.

* Antoni Domènech es el editor de SinPermiso.

 

 

Soberanía alimentaria en Somalia
Sabemos también que una de las razones por las que se llega a esta situación ha sido la pesca ilegal, la pesca en aguas territoriales somalíes, y siempre a unos ritmos y cantidades que dejan los caladeros al borde del colapso.

Gustavo Duch Guillot
ATTA Madrid (6-11-09)


La información que los medios de comunicación nos van ofreciendo sobre los secuestros de barcos atuneros frente a las costas de Somalia ha ido, gota a gota, matizándose. Aunque se siga hablando de piratería, se ha explicado como en esas aguas muchos países desarrollados hemos ido vertiendo residuos tóxicos. Sabemos también que una de las razones por las que se llega a esta situación ha sido la pesca ilegal, la pesca en aguas territoriales somalíes, y siempre a unos ritmos y cantidades que dejan los caladeros al borde del colapso. Entre los barcos responsables está la flota española que ha sido además altamente subvencionada por la Unión Europea para éste, digamos, ecocidio. Por ejemplo, el Alakrana, barco recientemente secuestrad,o recibió una ayuda para su construcción de más de cuatro millones de euros.

Pero aún hay un nuevo dato que añadir -y muy significativo- que demuestra el terrible daño que hace esta flota extractiva saqueando en territorios dónde la pobreza y el hambre están instaladas. Este último año los pescadores locales de Kenia, al sur de Somalia, llegan cada día a puerto con capturas cómo hacía años no recordaban. Cuentan que vuelven a pescar atunes, barra cudas o rayas gigantes porque la presencia de los “piratas” somalíes ha ahuyentado y alejado mar adentro a las grandes factorías flotantes. En el pequeño pueblo de Malendi un pescador puede estar ganando más de 200€ diarios, cincuenta veces más que el salario medio de la población. Un salario más que digno. Hemos de tener en cuenta que los grandes barcos en sus capturas de atunes pescan también muchas otras especias que simplemente descartan. Hoy sin estos barcos, la pesca de atún y los “descartes” son fuentes de ingresos y de proteínas para la población local. También se ha beneficiado el sector de la pesca deportiva donde las cámaras fotográficas vuelven a encuadrar grandes piezas antes de devolverlas al mar.

Por lo tanto, si en lugar de medidas de militarización de los buques españoles se planteara la prohibición de la pesca industrializada en el continente africano, se podría por un lado dedicar esos fondos en potenciar una política europea y española a favor de la pesca artesanal, local y sostenible, que tanta falta hace, y por otro, contribuiríamos en el desarrollo de los pueblos africanos con mucha mayor eficacia que con muchos programas de solidaridad. Respetando, como debe ser, la propia soberanía alimentaria africana.

Un vídeo, oleadas de satisfacción: http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article15709

* Gustavo Duch Guillot, Ex Director de Veterinarios Sin Fronteras




Otro mundo en el que los cuerpos no estén en venta

Maruccia Ciotta *
Sin Permiso (6-11-09)


La doble moral es algo que gusta al poder, gusta a los bienpensantes. Dios, patria, familia, predica Tremonti, el último por el momento, que sabe bien que el reverso de la moneda es la alegre, y privadísima, práctica del burdel. La santa y la prostituta, el amor sagrado y el amor profano. Pero, si un gobernante piensa así, que el placer se satisface previo pago de su importe, que un cuerpo humano es una mercancía más en el mercado, mientras la “familia” es la célula de la sociedad, a salvaguardar a toda costa (incluido el desahogo mercenario), pilar de la economía y el orden público, yo lo considero un adversario político.

No se trata de moralismo, sino de la idea que tengamos respecto de las relaciones entre personas y , por consiguiente, de un modelo cultural distinto de ese otro hipócrita dispensador de “valores” (según el editorial de Ida Dominijanni). La idea sobre lo que es la felicidad, desplazada a la esfera íntima, una felicidad basada en placeres mucho más “perversos” que el sexo mercenario, esto es, de las relaciones eróticas y sentimentales, homo, hetero, trans. ¿Y qué tiene que ver el libertinaje, que tienen que ver la proezas sexuales, una, ciento, mil amantes?. Berlusconi no tiene amantes. Bill Clinton si las tenía, y esto es algo muy distinto. Monica Levinsky no era un “vicio privado” del presidente, era una relación privada, un intercambio entre individuos, y poco importa si ella era su secretaria. No hay solución de continuidad entre el Berlusconi que manipula cuerpos de mujeres y cuerpos de precarios y de “clandestinos”, todos están a “su disposición”, todos tienen un precio. El juicio sobre el mundo del que procede un primer ministro que paga a intermediarios para que le provean de carne fresca a domicilio nos hace volver sobre esenismo mundo, pero por razones opuestas a las de la pulsión beaturrona que caracteriza a los que se posicionan en su favor.

Son ellos los que se declaran en contra de las uniones de hecho y de los matrimonios gays, son ellos los que demonizan el 68como fuente de todo desorden, sexo, droga y rock´n´roll. Nos hace volver a él porque va contra nuestra concepción de la persona, sean o no cómplices los escoltas y las chicas de alterne, porque es la prueba del “abuso de poder”, y no solamente, y como bien se ha dicho con justeza en otras ocasiones, a causa de la compensación en términos electorales y televisivos ofrecida por Berlusconi a cambio de las prestaciones sexuales, sino por la abyecta visión del poder como ejercicio de la prepotencia. ¿Qué presente y qué futuro nos puede deparar quien se entretiene a sí mismo con alguien cuya única “libertad” es la de venderse? Y la pregunta va más allá del sexo, se extiende y atañe a categorías humanas diversas. Y por eso también, no obstante las evidentes diferencias que hay en relación con el caso del presidente de la región del Lazio (que no ha ofrecido puestos de trabajo a sus prostitutas) pienso que Marrazzo no puede representarnos 1. Las especulaciones en relación con su abandono definitivo de la política se han ido haciendo más barrocas con el transcurso del tiempo como consecuencia de la “protección” ofrecida por el jefe de la mayoría que lo habría puesto en situación de vulnerabilidad. El “beso mortal” de Berlusconi. Pero, incluso si es verdad, ese es un modo de eludir la cuestión principal, ante la que muchos se detienen para evitar ser acusados de dedicarse a “hurgar bajo las sábanas” y de dar lecciones de ética. Y esta es la vida, en la que el biopoder ha metido mano, y que constituye la materia prima de cualquier programa de cambio

Se termina a continuación por incluir también dentro de lo “personal” e intocable el historial judicial de los políticos, que es considerado como un último “intento de distraer” el juicio sobre la actividad de gobierno. Si han transferido capitales al extranjero, corrompido jueces, creado sociedades en paraísos fiscales, hinchado derechos televisivos, eso es cosa suya…Es cierto, si todo se resuelve con el tintineo de los grilletes se oscurece la trama inextricable entre la conducta privada y la política

Los periódicos de referencia del primer ministro, sostienen que al no haber cometido delito, el Berlusconi don Juan debe seguir en su cargo, en tanto que Marrazzo, que sí lo habría cometido (habría cedido al chantaje), debe dimitir . Se han conformado incluso si el ex gobernador no resulta investigado. El “delito” sin embargo no solo está registrado en las tablas de la ley. Dicen también que la “patatona” (palabras del portavoz del presidente del Consejo, Feltri) es un atenuante mientras el trans es un agravante. Esto solo vale para su propio consumo interior. Si Berlusconi hubiese tenido un amante trans y Marrazzo también le habríamos defendido a muerte, le habríamos echado más ganas a su defensa. Pero no es de esto de lo que se trata. La diferencia entre el caso de Berlusconi y el de Marrazzo está sobre todo en la reacción de sus respectivas formaciones electorales y de gobierno. Los primeros consideran el comportamiento de Berlusconi una prueba de exuberancia viril, un modo envidiable de hacer uso de su poder, los otros se han sentido ofendidos y no ciertamente por la “desviación” del líder regional (que, es más, en todo caso merece comprensión) sino porque ha traicionado la idea de un mundo mejor que excluye el tráfico con seres humanos, que está hecho de proyectos de amor, de conquistas civiles, de derechos y de comportamientos ya nunca más ilícitos, sino practicables a la luz del día. Un mundo sin doble moral

Los “puteros” de la comedia a la italiana son la fotografía de una Italia que el difamado 68 ha barrido por completo, como resultado de las luchas de las mujeres y de los hombres, que exigen una gestión de la cosa pública basada en el respeto de todos y cada uno.

* Mariuccia Ciotta es una analista política italiana que escribe regularmente en el cotidiano comunista italiano Il Manifesto.
Traducción para www.sinpermiso.info: Joaquín Miras



Hacia la sostenibilidad en el ciclo de los recursos hídricos

Andrea Innocenti
Revista Pueblos (6-11-09)

En un mundo que se vuelve cada vez más pequeño, los recursos naturales representan un factor limitante. En el caso del agua, lo que se ve afectado no es solamente el desarrollo personal, comunitario o nacional, sino la vida misma. Por esta razón en las últimas dos décadas el agua ha entrado en la agenda política, tanto a nivel nacional como internacional, por las problemáticas relacionadas con ello. Pero ¿cuáles son las causas de la actual crisis hídrica, cuáles las repercusiones sobre el medio ambiente y sobre la población y cuáles las posibles soluciones? ¿Es real la falta de agua? y ¿Cómo podemos pensar para enfrentarnos a los problemas relacionados con la escasez y el saneamiento básico?

Si bien la superficie terrestre está recubierta casi en su totalidad por agua, el agua dulce realmente disponible es solamente una pequeña parte de ella. Su escasa cantidad se une a la desigualdad en la distribución geográfica de los recursos hídricos, determinada por fenómenos naturales o geomorfológicos que favorecen la escasez hídrica local; es el caso, por ejemplo, de África Subsahariana. Eso, por supuesto, no impide que, por razones de mala gestión y pésima optimización de los recursos, haya también escasez en países ricos. De hecho, la mala gestión de los recursos hídricos y de la insuficiente cobertura de las infraestructuras hídrico-sanitarias representa la segunda causa de la actual crisis por la que estamos pasando. La tercera causa es la creciente contaminación de las aguas superficiales y subterráneas debida a los productos químicos y metales pesados procedentes del sector industrial, la falta de tratamiento de las aguas residuales de origen civil y el uso excesivo de pesticidas y fertilizantes químicos en el sector agrícola, que las lluvias sucesivamente trasfieren a los acuíferos. Por último, nos encontramos con los factores que aumentan la demanda a nivel local, sobre todo en los países en vías de desarrollo, tales como el aumento poblacional, la concentración poblacional en las megalópolis del Sur o la deslocalización hacia esos países de los procesos productivos industriales y agrícolas.

La crisis hídrica

Estos factores causan una dramática desigualdad en el acceso a fuentes de agua segura para la población, privación que es causa de pobreza y enfermedades que afectan, como siempre ocurre cuando se observan fenómenos de desigualdad, principalmente a los grupos más vulnerables como niños y mujeres. Las consecuencias de la crisis son múltiples y se manifiestan en diferentes ámbitos. De hecho, en el marco de los ODM (Objetivos de Desarrollo del Milenio), los temas de agua han sido incluidos en el Objetivo 7 [1], sobre la sostenibilidad ambiental. Pero si pensamos en los demás objetivos (reducción de la pobreza y erradicación del hambre, acceso a educación, temáticas de género, reducción de la mortalidad infantil, mejora de la salud materna, lucha contra las enfermedades, establecimiento de acuerdos comunes sobre las políticas de desarrollo), se observa cómo para alcanzar cada uno de ellos habrá que enfrentar problemas relacionados con el recurso agua. Sin embargo, los más visibles y medibles son las consecuencias sanitarias del problema. Datos recientes afirman que 884 millones de personas no tienen acceso a una fuente segura de agua y que 2.533 millones de personas no tienen acceso a infraestructuras de saneamiento adecuadas (JMP 2008). Los efectos de esta situación se reflejan en las "estadísticas": cada año mueren un número estimado de entre 2 y 5 millones de personas por enfermedades relacionadas con el agua (Gleick 2002), el 98 por ciento de las víctimas de dichas enfermedades han nacido en países en vía de desarrollo, el 30 por ciento de ellas es causada por la diarrea, que es causa a su vez del 84 por ciento de las muertes relacionadas con el agua en menores entre 0-14 años (WHO 2008).

Además de los problemas para la salud pública, la crisis hídrica se manifiesta también mediante la competición entre usos agrícolas y mantenimiento de las funciones naturales del medio ambiente, competición desigual por la diferente capacidad de presión política de las partes: agricultores y naturaleza. La escasez hídrica causa estrés ecológico cuando los recursos hídricos son desviados de su cauce natural de forma no sostenible, transformándose en desastre cuando el fenómeno se prolonga en el tiempo. En la actualidad, se estiman en 25 millones las personas desplazadas por razones ambientales o también llamados refugiados ambientales (Myers 2005), frente a los 23,7 millones de desplazados por razones políticas y conflictos bélicos (UNDP 2007).

El camino hacia una solución pasa por la adopción de una serie de cambios conceptuales en lo referente al agua, cambios que van de acuerdo con las ideas fundamentales de la teoría del decrecimiento. Los cambios que se proponen son conocidos como las ocho R: Reevaluar, Recontextualizar, Reestructurar, Relocalizar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar, Reciclar (Latouche, 2008). En el caso del agua se necesita su reevaluacióny recontextualización según los valores éticos subyacentes a la Declaración de los Derechos Humanos, abandonando o reconsiderando la visión exclusivamente economicista de este recurso. Reestructurar el sistema de abastecimiento, para poder redistribuir y democratizar el acceso al agua. Por otro lado, es preciso modificar el uso que el ser humano hace del agua, a través de un cambio que repercuta en las tecnologías y modalidades de manejo del recurso agua, para lo que habrá que introducir conceptos tales como relocalización, reducción, reciclo y reutilización.

El enfoque ECOSAN

La creciente necesidad hídrica, sobre todo en el Norte del mundo, tiene que ser enfrentada también desde una perspectiva educativa que permita una reducción social del consumo de agua como consecuencia de un cambio de costumbres. Reciclar y reutilizar el agua, junto con la relocalización de los procesos de tratamiento y aumentar la disponibilidad hídrica reciclando y preservando la calidad de la existente. Dichos conceptos son los que fundamentan el enfoque del Saneamiento Ecológico (ECOSAN), teoría que ve a las aguas residuales, históricamente consideradas como desecho, como un recurso que hay que aprovechar mediante pequeños sistemas de tratamiento a nivel local.

En la actualidad el modelo que se puede observar en todo el mundo es un sistema lineal, que prevé la eliminación de los desechos mediante sistemas de alcantarillado utilizando el agua (muchas veces potable) como medio de transporte (Lettinga, 2001), sistemas que de hecho no eliminan el peligro de contacto con los contaminantes presentes en las heces humanas, simplemente lo alejan. El sistema actual de producción agrícola prevé el uso intensivo de fertilizantes derivados del petróleo si bien el mismo objetivo se puede conseguir utilizando los macronutrientes (nitrógeno, fósforo y potasio) presentes en heces y orina, abandonando los fertilizantes químicos (Vinnerås, 2004). ECOSAN propone el uso de tecnologías que varían desde los sistemas de tratamiento naturales hasta las letrinas de compostaje, pequeñas instalaciones unifamiliares y medianos complejos de tratamiento descentralizados tales como los sistemas de fitodepuración (Otterpohl, 2004). Siguiendo la filosofía de dicho enfoque, la responsabilidad pasa a los actores locales, por eso, en el momento de la puesta en práctica de un sistema de manejo de las aguas residuales según el enfoque ECOSAN, una parte del trabajo es representado por las actividades de socialización y de promoción de la participación de los beneficiarios (GTZ, 2003). La mayor flexibilidad de sus elementos permite adaptarse a cada realidad y cada problema, utilizando las técnicas más apropiadas, ya sea bajo el punto de vista técnico como de aceptación social. Si a las aguas residuales se les aplica un proceso de tratamiento, es posible considerarlas un recurso y dirigirse hacia una forma de desarrollo sostenible que integre aspectos económicos, sociales y ambientales, solucionando al mismo tiempo: el problema sanitario, el problema medioambiental y la futura disponibilidad de recursos tales como agua dulce y minerales (Steen, 1998).

Con el intento de trabajar en esta dirección la ONG italiana Cooperación Internacional Sur Sur (CISS) durante el año 2002 comenzó a promover la fitodepuración en uno de los países donde podía contar con una presencia estable, Honduras. Dicho proceso fue sucesivamente retomado, con mayores recursos humanos y económicos, por parte de Naciones Unidas y la Unión Europea en 2003. Durante el periodo 2002-2005 se llevó a cabo el proceso de identificación, preparación, financiación, implementación, monitoreo y evaluación de un proyecto experimental, dirigido a comprobar el funcionamiento de un sistema de fitodepuración piloto. Los principales objetivos del proyecto piloto fueron, por un lado, identificar los recursos y materiales locales disponibles con el fin de demostrar que los sistemas de fitodepuración representan una tecnología viable en un país en vías de desarrollo. Por otro lado, demostró la efectividad del uso de la fitodepuración para el tratamiento de las aguas servidas de origen doméstico. La experiencia permitió comprobar los diseños más apropiados a las condiciones locales y poder calcular los recursos económicos necesarios para la construcción de sistemas a mayor escala. Paralelamente a las obras físicas, se sensibilizó al Ayuntamiento de Nacaome, municipio donde se realizó la intervención, sobre la importancia de acciones que impulsaran el ahorro y reutilización de las aguas depuradas desarrollándose actividades dirigidas a la formación de técnicos locales. Durante todo el periodo de observaciones los valores de salida fueron constantemente inferiores a los límites establecidos por la ley hondureña.

Uno de los retos pendientes es la lucha por una disminución social del consumo de agua, intentando optimizar los recursos existentes mediante inversiones en infraestructuras hídricas modernas y funcionales, sean estas destinadas al abastecimiento o al tratamiento de las aguas residuales. Promover la gestión participativa de los servicios de abastecimiento y tratamiento de las aguas, involucrando a los sectores públicos, privados y a la sociedad civil; independientemente del contexto de intervención, tanto en una capital con millones de habitantes como en una comunidad rural constituida por pocas viviendas. Además, es importante contar con un sistema de gestión que permita invertir parte de los beneficios generados por el servicio en la mejora de las infraestructuras existente y la ampliación del servicio; las experiencias positivas, en este sentido, están bien documentadas (Hall, 2005). En esta dirección, e intentando perseguir la sostenibilidad de las actividades humanas, ha nacido el enfoque ECOSAN, metodología de intervención que lleva en su interior los últimos treinta años de investigación científica y de recontextualización de la relación entre ser humano y medioambiente. Una nueva forma de entender el problema que sugiere nuevas soluciones, más efectivas y más sostenibles. La fitodepuración es un componente del enfoque ECOSAN y, al mismo tiempo, un eficaz sistema de tratamiento de aguas residuales. Eficaz, caracterizado por bajo impacto ambiental y bajo contenido tecnológico, aspectos que hacen de esta tecnología un instrumento apropiado para solucionar el problema del saneamiento básico en muchos contextos. La experimentación conducida en Honduras permite afirmar que es una tecnología viable y efectiva, también en países en vías de desarrollo.

BIBLIOGRAFÍA:
- GLEICK, P. H. (2002): Dirty Water: Estimated Deaths from Water-Related Diseases 2000-2020, Pacific Institute for Studies in Development, Environment, and Security, Oakland, CA. Fecha consulta: enero 2009.
- GTZ (2003): Guidelines for the preparation and implementation of ECOSAN projects, Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit, Eschborn, Germany 7 GTZ; 2003. 2nd draft, 31 October 2003.
- HALL, D. (2005): Por un modelo público de agua – Triunfos, luchas y sueños, El Viejo Topo, Mataró, España.
- JMP (2008): "Progress on Drinking-water and Sanitation: special focus on sanitation", Joint Monitoring Programme for Water Supply and Sanitation, World Health Organization y United Nations Children’s Fund, New York.
- LATOUCHE, S. (2008): Breve trattato sulla decrescita serena, Bollati Borighieri, Torino.
- LETTINGA G., P. Lens, G. Zeeman, (2001): "Environmental protection technologies for sustainable development", en P. Lens, G. Zeeman, G. Lettinga (eds.) Decentralized sanitation and reuse—concepts, systems and implementation. London (UK) 7 IWA Publishing; 2001. p. 3– 10.
- MYERS, N. (2005): "Environmental Refugees: An Emergent Security Issue", 13th Economic Forum, Prague.
- OTTERPOHL, R. (2004): "New technological developments in ecological sanitation", en Werner C, Avendano V, Demsat S, Eicher I, Hernandez L, Jung C, Kraus S, Lacayo I, Neupane K, Rabiega A, Wafler M, (eds.), "Ecosan - closing the loop", Proceedings of the 2nd International Symposium on ecological sanitation, 07–11 April 2003, Lübeck, Germany; 2004. p. 101–8.
- STEEN, I. (1998): "Phosphorus availability in the 21st century management of a nonrenewable resource", Phosphorus Potassium, 217. Fecha consulta: enero 2009.
- UNDP (2007), Fighting climate change: Human solidarity in a divided world – HDR 2007, United Nations Development Programme, New York.
- VINNERÅS, B. JÖNSSON H, SALOMON E, STINTZING AR., (2004): "Tentative guidelines for agricultural use of urine and faeces", en Werner C, Avendano V, Demsat S, Eicher I, Hernandez L, Jung C, Kraus S, Lacayo I, Neupane K, Rabiega A, Wafler M, (eds.), "Ecosan - closing the loop", Proceedings of the 2nd International Symposium on ecological sanitation, 07–11 April 2003, Lübeck, Germany; 2004. p. 101–8.
- WHO, (2008): Safer water, better health, World Health Organization, Ginebra. Fecha consulta: enero 2009.

Notas
[1] El objetivo relativo a los temas de agua en su primera edición mencionaba exclusivamente la reducción del 50 por ciento de la población sin acceso a una fuente de agua segura dentro del 2015, sin hacer mención de ningún objetivo relativo al saneamiento básico, añadido solamente con ocasión de la Cumbre de Johannesburgo (2002).

* Andrea Innocenti es consultor independiente. Este artículo ha sido publicado en el nº 39 de la revista Pueblos, septiembre de 2009.

 

 

La dictadura de los banqueros

Luis Alsó
Rebelión (5-11-09)


“El poder político real es ejercido a nivel mundial por un pequeño grupo de individuos sin escrúpulos que se encuentra en EE.UU., un país gobernado por dirigentes de sociedades secretas, que coincide que son los dueños de los seis principales bancos. Este pequeño grupo dirigente constituye el cerebro que domina el mundo”.
Louis de Brouwer, consultor de la ONU-UNESCO.

En las manifestaciones con motivo de la huelga general del pasado 19 de marzo en Francia, la pancarta de cabecera rezaba: “El pueblo antes que los banqueros”. En EE.UU. la furia popular se ha desatado hasta el punto de que se aconseja a los dirigentes de bancos y de AIG que no salgan a la calle con nada que les pueda identificar. En Inglaterra tambien se ha desatado la caza del banquero: Fred Goodwin, consejero delegado del Royal Bank of Scotland, se halla en paradero desconocido despues de recibir amenazas. El pueblo, empobrecido y airado, empieza a identificar al enemigo.

Los ciudadanos asisten estupefactos al espectáculo de unos gobernantes que esquilman las arcas públicas para salvar a una banca que no responde ante ellos, ni ante nadie, sobre el destino del dinero que reciben; unos gobernantes que parecen impotentes o resignados ante ella. La razon de esa parálisis-sumisión es porque, en su inmensa mayoría, están puestos ahí por ella, que los coopta o financia sus campañas electorales (Sarkozy y Gordon Brown son protegidos de la banca Rostchild; y Obama está virtualmente secuestrado por Wall Street); los pocos restantes están estrechamente “vigilados”. Son los gobiernos, pues, los que responden ante la banca y no al revés. Por otra parte, los bancos centrales, supuestamente independientes, son, en realidad, tentáculos del clan banquero para consolidar su poder mundial, y tampoco responden ante nadie ni son elegidos democráticamente (el analista mexicano Alfredo Jalife Rhame se refiere a ellos como “la dictadura centralbanquista”).

No existe en las constituciones ni en los programas electorales de los países con economía de mercado ninguna ley o principio que diga que cualquier empresa privada puede quebrar excepto los grandes bancos, ya que -hayan hecho lo que hayan hecho- “son demasiado importantes para dejarlos caer”. Una declaración semejante supondría una arbitrariedad y una vulneración de las reglas de dicha economía de mercado, salvo que se considerase a los bancos rescatados como empresas semipúblicas, bajo control, por tanto, del Estado; pero en el neoliberalismo la nacionalización de la banca está, por principio, excluída. Y sin embargo el lema -no declarado- “la banca primero” ha estado como una regla de oro detrás del comportamiento de todos los gobiernos occidentales, que saquean sin pudor los fondos publicos (¿no deberían ser procesados por malversarlos?) como si el reflotamiento de la banca privada constituyese una prioridad sobre cualquier otro problema económico o social. Las reticencias para salvar a la General Motors, empresa emblemática de la industria estadounidense, contrastan con la ayuda inmediata e incondicional recibida por el Citibank, ejemplo perfecto de banster (banco ganster). Este inicuo salvamento de los victimarios con dinero de las víctimas, dejando a éstas en el más completo desamparo, no tiene precedentes en la historia de las modernas democracias y desvela que los gobiernos neoliberales son meros instrumentos de una, hasta ahora camuflada, dictadura de Los Banqueros (con mayúscula, para referirnos a la gran banca, pues la pequeña está siendo absorbida por ésta).

El crédito bancario asequible es fundamental para el funcionamiento de la economía productiva capitalista. Su corte brusco y prolongado –y la inoperancia de los gobiernos- está dejando miles de pequeñas y medianas empresas quebradas y millones de trabajadores en paro. Cuando, tras un largo rescate -el Banco de Inglaterra prevé una década de resaca bancaria- vuelva a fluir habrán desaparecido muchos de los que lo necesitaban y los daños económicos y sociales serán cuantiosos e irreversibles. La reciente reunión del G20 que, presidida por los que crearon la crisis (¡la zorra al cuidado de las gallinas!), se autoarroga la representación del planeta, mantiene el principio de “la banca primero” entre otras medidas para, previo maquillaje, reflotar el sistema y empobrecer más aún a la gente. Como dice Lyndon Larouche, las recetas del G20 “acabarán con el paciente”. Todo ello justifica el calificativo de Juan Torres López de “crimen contra la humanidad” aplicado a esta política.

Un poco de historia

La cita que encabeza este artículo corresponde a unas declaraciones hechas hace más de una década. Sin embargo, pese a la caída de Lheman Brothers (mas bién una estratégica “demolición controlada”) y la absorción de Merrill Lynch, no ha perdido actualidad: el clan de los grandes banqueros sigue siendo, básicamente, el mismo; y a la siniestra secta Bildelberg, presidida por ellos, se la señala como “gobierno mundial en la sombra”. Recientemente, Daniel Kaufman y Simón Johnson, ex economistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional respectivamente, denunciaban un “golpe de Estado” de la banca estadounidense, que en la última década corrompió a los políticos para que evitasen cualquier regulación o control de su actividad, propiciando la aparición de burbujas especulativas. Pero la historia de ese “golpe” viene de mucho más atrás.

Hay que remontarse al nacimiento de la FED (Reserva Federal Estadounidense) en 1913, una asociación de bancos privados que consigue asumir en régimen de monopolio importantes prerrogativas del Estado. Previamente, en el siglo XIX , la familia europea de los Rostchild había desembarcado en EE.UU. para asociarse con John Rockefeller I y formar un poderoso lobby de grandes banqueros e industriales en aquel país. A principios del siglo XX este clan ya había instalado allí diversas sucursales de lo que llamaron Federal Reserve Banks (conocida como la FED), una asociación de bancos privados con tal capacidad de presión que en aquel año consiguió del presidente Woodrow Wilson la autorización para emitir en exclusiva papel moneda con garantía del Estado y manejar los tipos de interés. Se dice que algún presidente que trató de revertir esta insólita situación murió en el intento. Cuando, después de la segunda guerra mundial el dólar sustituye al oro y deviene moneda-patrón, el poder económico-financiero de ese grupo de banqueros privados se expande internacionalmente. Este poder se multiplica hasta convertirse en la cúpula del poder capitalista mundial cuando, a partir de la crisis de los años setenta, la economía se financieriza y liberaliza (consenso de Washington) y el capital financiero pasa a dominar toda la economía productiva.

Como decíamos en otro trabajo, todo poder económico acaba convirtiendose en un poder político. En estrecha alianza con el poderoso complejo industrial-militar, la FED, en efecto, ha acabado controlando la política interior y exterior de la potencia mas grande del mundo: los Estados Unidos de Norteamérica. Ya lo predecía en el siglo XIX, con profética lucidez, uno de los padres de la patria norteamericana, Thomas Jefferson, cuando, a la vista de las intrigas de los banqueros, avisaba: “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a ellos privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo sobre la tierra que sus padres conquistaron”. En esas estamos: millones de estadounidenses duermen en carpas o en automóviles en las afueras de las grandes ciudades.

Para desarmar la dictadura

Como si de un anti Robin Hood se tratara, el G20 busca, con sus recetas, perpetuar la criminal succión de riqueza de abajo hacia arriba; es decir, robar a los pobres para ayudar a los ricos. Ello nos acabaría abocando, como avisan algunos analistas, a una situación neofeudal: todos los derechos y todo el poder económico concentrado en unos pocos que someten a la servidumbre a la inmensa mayoría de la humanidad. Creen poder ahogar su previsible rebelión con sofisticadas técnicas de control social y eliminando a una buena parte de ella con un “caos controlado”. Antes de que estos nuevos señores feudales -que, como los de la Edad Media, son tambien “señores de la guerra”- lleven a cabo sus criminales propósitos y consoliden su dictadura, tenemos que derribar los pilares en que asientan su poder. Esos pilares son cinco: la erradicación de la banca pública, la red de bancos centrales seudoindependientes, los paraísos fiscales, el patrón-dólar y, en última instancia, el poder militar.

Empecemos por los más problemáticos: los paraísos fiscales fueron objeto de una condena formal en la última reunión del G20, pero, en la práctica, seguirán funcionando en los centro del poder financiero, Estados Unidos e Inglaterra. No obstante, la conciencia de su carácter criminal se extiende por el mundo y, si persistimos en su denuncia, cada vez será mas difícil seguir operando con ellos. En cuanto al dólar, atraviesa también una profunda crisis (China, alarmada, pidió sustituirlo por “derechos especiales de giro” del FMI en el G20) y, a la larga, su papel es insostenible por su falta de respaldo y la proliferación de monedas regionales u otros medios de intercambio. Algunos analistas -como el citado Jalife Rhame- piensan que la banca “anglosajona-israelí” desencadenaría una tercera guerra mundial si viese la hegemonía del dólar directamente amenazada. No obstante, ésta sería inevitable con la deshumanizada mentalidad de estos banqueros-guerreros. Como dice Danielle Bleitrach, comentando un trabajo de Rémy Herrera en la revista Afrique-Asie, “las dimensiones económicas y militares de la crisis están estrechamente relacionadas: la guerra agrava los desequilibrios de la economía estadounidense que las altas finanzas tratan de resarcir por medio del saqueo y la guerra perpetua..”.

Mas viable, de forma inmediata, sería una ofensiva contra los otros dos pilares, empezando por la reivindicación de una banca pública sin ánimo de lucro y democráticamente controlada. Como decíamos al principio, la conciencia de la responsabilidad de la banca privada respecto a la grave crisis que padecemos se extiende por todos los países occidentales. La indignación no se circunscribe a las clases populares, sino que abarca también a pequeños y medianos empresarios, víctimas directas del recorte del crédito. Pese a que, previsiblemente, los gobernantes lacayos presentarán una resistencia numantina, no podrían mantenerla por mucho tiempo, pues, a medida que avance la penuria, la presión social les desbordaría: se trata simplemente de exigir que el dinero de nuestros impuestos venga en nuestra ayuda y no en la de la odiada banca. Se trata, como dice Michel Husson, de reivindicar el crédito como un servicio público. La consecución de este objetivo -para el que habría que desplegar y combinar todas las formas de movilización ciudadana- supondría un torpedo en la línea de flotación de la dictadura de Los Banqueros. Facilitaría, además, la ofensiva contra los bancos centrales “independientes”, con los cuales una banca nacionalizada devendría incompatible; y, posteriormente, contra los paraísos fiscales y los gastos militares. En la UE esta movilización debería hacerse en dos frentes, el nacional, el europeo; para intentar coordinarse después con EU, donde la indignación ciudadana es aún mayor.

Decía recientemente el ex congresista y ex candidato presidencial Ron Paul, uno de los pocos políticos estadounidenses que se ha pronunciado por el cierre de la FED, afirmando que es una organización secreta insconstitucional: “Nos acercamos no a un fascismo al estilo Hitler, sino a otro de apariencia más suave, que se manifiesta en la pérdida gradual de libertades civiles, en el que las corporaciones lo dirigen todo... y el gobierno está en la misma cama con el gran dinero”. Le faltó señalar una similitud con el hitleriano: con una confianza ciega en su siniestra “agenda oculta”, este neofascismo sueña también con un imperio que dure mil años. Pero como aquél -y como todos los imperios- nos llevará, si no lo desarmamos, a un escenario de barbarie y destrucción.




Una nueva igualdad después de la crisis
Publicamos a continuación un fragmento de la conferencia que dio el historiador Eric Hobsbawm en el Word Political Forum, realizado en Bosco Marengo (Alejandría), en el que también participaron Mikhail Gorbachev y Yuri Afanasiev. Tomada de la versión en portugués traducida para Carta Maior por Moisés Sbardelotto.

“El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población. El crecimiento económico no es un fin, sino un medio para dar vida a las sociedades buenas, humanas y justas. No importa como llamamos a los regímenes que buscan esa finalidad. Importa únicamente cómo y con qué prioridades podremos combinar las potencialidades del sector público y del sector privado en nuestras economías mixtas. Esa es la prioridad política más importarte del siglo XXI”

Eric Hobsbawm *
Sin Permiso (5-11-09)


El “Siglo breve”, o XX, fue un período marcado por un conflicto religioso entre ideologías laicas. Por razones más históricas que lógicas, fue dominado por la contraposición de dos modelos económicos – e incluso dos modelos excluyentes entre sí –: el “Socialismo”, identificados con economías centralmente planificadas de tipo soviético, y el “Capitalismo”, que cubría todo el resto.

Esa contraposición, aparentemente fundamental, entre un sistema que ambiciona sacar del medio del camino a las empresas privadas interesadas en las ganancias (el mercado, por ejemplo) y uno que pretendía liberar al mercado de toda restricción oficial o de otro tipo, nunca fue realista. Todas las economías modernas deben combinar público y privado de varios modos y en varios grados, y de hecho hacen eso. Ambas tentativas de vivir a la altura de esa lógica totalmente binaria, de esas definiciones de “capitalismo” y “socialismo”, fallaron. Las economías de tipo soviético y las organizaciones y gestiones estatales no sobrevivieron a los años ´80. El “fundamentalismo de mercado” anglo-norteamericano quebró en 2008, en el momento de su apogeo. El siglo XXI tendrá que reconsiderar, por lo tanto, sus propios problemas en términos mucho más realistas.

¿Cómo influyó todo eso sobre los países que en el pasado eran devotos del modelo “socialista”? Bajo el socialismo, se encontraron con a imposibilidad de reformar sus sistemas administrativos de planeamiento estatal, incluso cuando sus técnicos y sus economistas fueran plenamente conscientes de sus principales carencias. Los sistemas – no competitivos a nivel internacional – fueron capaces de sobrevivir hasta que quedaron completamente aislados del resto de la economía mundial.

Ese aislamiento, por lo tanto, no pudo ser mantenido en el tiempo, y cuando el socialismo fue abandonado – sea inmediatamente de la caída de los regímenes políticos como en Europa Oriental, sea por el propio régimen, como en China o en Vietnam – sin ningún preaviso, ellos se encontraron inmersos en aquello que para muchos parecía ser la única alternativa disponible: el capitalismo globalizado, en su forma entonces predominante de capitalismo de libre mercado.

Las consecuencias directas en Europa fueron catastróficas. Los países de la ex Unión Soviética todavía no han superado sus repercusiones. China, para su suerte, escogió un modelo capitalista diferente al del neoliberalismo anglo-norteamericano, prefiriendo el modelo mucho más dirigista de las “economías tigres” o de asalto de Asia oriental, pero abrió el camino para su “gigantesco salto hacia adelante” con muy poca preocupación y consideración por las implicaciones sociales y humanas.

Ese período está casi a nuestras espaldas, así como el del predominio global del liberalismo económico extremo de matriz anglo-norteamericana, incluso cuando no sepamos cuales cambios implicará la crisis mundial en curso – la más grave desde los años 30 - cuando los impresionantes acontecimientos de los últimos dos años consiguieran superarse. Una cosa, en efecto, es desde ya muy clara: está en curso una alternancia de enormes proporciones de las viejas economías del Atlántico Norte al Sur del planeta y principalmente al Asia oriental.

En estas circunstancias, los ex Estados soviéticos (incluyendo aquellos todavía gobernados por partidos comunistas) están teniendo que enfrentar problemas y perspectivas muy diferentes. Excluyendo de entrada las divergencias de alineamiento político, diré solamente que la mayor parte de ellos continúan relativamente frágiles. En Europa, algunos están asimilando el modelo social capitalista de Europa occidental, aunque tengan una renta media per cápita considerablemente inferior. En la Unión Europea, también es probable prever el surgimiento de una doble economía. Rusia, recuperada en cierta medida de la catástrofe de los años ´90, está casi reducida a un país exportador, poderoso pero vulnerable, de productos primarios y de energías y fue hasta ahora incapaz de reconstruir una base económica mejor equilibrada.

Las reacciones contras los excesos de la era neoliberal llevaron a un retorno, parcial, a formas de capitalismo estatal acompañadas por una especie de regresión a algunos aspectos de la herencia soviética. Claramente, la simple “imitación de Occidente” dejó de ser una opción posible. Ese fenómeno todavía es más evidente en China, que desenvolvió con considerable éxito un capitalismo pos-comunista propio, a tal punto que, en el futuro, puede también ocurrir que los historiadores puedan ver en ese país el verdadero salvador de la economía capitalista mundial en la crisis en la que nos encontramos actualmente. En síntesis, no es más posible creer en una única forma global de capitalismo o de pos-capitalismo.

En todo caso, delinear la economía del mañana es tal vez la parte menos relevante de nuestras preocupaciones futuras. La diferencia crucial entre los sistemas económicos no reside en su estructura, sino más bien en sus prioridades sociales y morales, y éstas deberían ilustrar dos de sus aspectos de fundamental importancia a ese propósito.

Lo primero es que el fin del Comunismo comportó la desaparición repentina de valores, hábitos y prácticas sociales que habían marcado la vida de generaciones enteras, no sólo en los regímenes comunistas en sentido estricto, sino también los del pasado pre comunista que, bajo esos regímenes, en buena parte se habían protegido. Debemos reconocer cuan profundos y graves fueron el shock y la desgracia en términos humanos que fueron padecidos como consecuencia de ese brusco e inesperado terremoto social. Inevitablemente, serán necesarias varias décadas antes de que las sociedades pos-comunistas encuentren en la nueva era una estabilidad en su “modus vivendi”, y algunas consecuencias de esa desagregación social, de la corrupción, de la criminalidad institucionalizada podrían exigir todavía mucho más tiempo para ser derrotadas.

El segundo aspecto es que tanto la política occidental del neoliberalismo, como las políticas pos-comunistas que ella inspiró, subordinaron propositivamente el bienestar y la justicia social a la tiranía del Producto Interior Bruto (PIB): el mayor crecimiento económico posible, deliberadamente inequitativo. Haciendo esto, ellos minaron – y en los ex países comunistas hasta destruyeron – los sistemas de asistencia social, de bienestar, los valores y las finalidades de los servicios públicos. Todo ello no constituye una premisa de la cual partir, sea para el “capitalismo europeo con rostro humano” de las décadas posteriores a 1945, sea para satisfactorios sistemas mixtos pos-comunistas.

El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población. El crecimiento económico no es un fin, sino un medio para dar vida a las sociedades buenas, humanas y justas. No importa como llamamos a los regímenes que buscan esa finalidad. Importa únicamente cómo y con qué prioridades podremos combinar las potencialidades del sector público y del sector privado en nuestras economías mixtas. Esa es la prioridad política más importarte del siglo XXI.

* Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez



La ONU se reforma en círculo: la “responsabilidad de proteger”

Alberto Cruz
Revista Pueblos (5-11-09)


El Premio Nobel de la Paz concedido al presidente de EEUU es un sarcasmo; dicen que se lo han otorgado por su trabajo en pro de un Nuevo Orden Mundial y por su “apuesta por el multilateralismo”. Pero si alguien ha trabajado con ahínco ese Nuevo Orden Mundial y por el multilateralismo mereciéndose, por lo tanto, ese galardón, por otra parte prescindible como todos los que otorga cualquier institución occidental –y hasta la fecha sólo el ministro vietnamita de Relaciones Exteriores Le Duc Tho ha tenido la dignidad de rechazarlo (1973) cuando se lo otorgaron junto a Henry Kissinger por alcanzar un acuerdo de paz en Vietnam aunque la guerra siguiese todavía otros dos años más-, es el nicaragüense Miguel D’Escoto Brockmann, quien acaba de dejar su cargo de presidente de la Asamblea General de la ONU. Durante su mandato el organismo multinacional se ha intentado recuperar de los serios embates a que Occidente en pleno, esos arrogantes y pomposos países autodenominados “comunidad internacional”, le ha venido sometiendo desde la guerra contra Yugoslavia (1999).

Los últimos meses de D’Escoto como presidente de la 63 sesión de la Asamblea General de la ONU pasarán a la historia de las Relaciones Internacionales por haber puesto en marcha dos iniciativas que molestaron, y mucho, a Occidente. La primera, la organización de una conferencia sobre la crisis financiera y económica mundial y sus impactos sobre el desarrollo (junio); la segunda, la invitación a destacados intelectuales como Jean Bricmont, Ngugi wa Thiong’o y Noam Chomnsky, entre otros, para debatir frente a/con los siempre acartonados representantes diplomáticos ante la ONU sobre la nueva estrategia que Occidente quiere imponer en las relaciones internacionales: la “responsabilidad de proteger” (septiembre).

De estas dos iniciativas los siempre atacados y nunca bien ponderados “medios de comunicación” no publicaron palabra alguna. Y nosotros, pobrecitos, dependemos de ellos para saber qué tenemos que decir, qué tenemos que pensar, cómo tenemos que comportarnos, cómo tenemos que vestir. Incluso para hacer lo contrario. Por lo tanto, sobre estas dos iniciativas no tendremos opinión alguna. Un error, un craso error el tener como referentes a esos “medios de comunicación” tan vilipendiados pero de los que dependemos como un drogadicto de su dosis diaria, que repetimos una y otra vez porque luego nos llega el tsunami de turno y nos coge desprevenidos. Y nos arrolla. Somos muy buenos a la hora de establecer análisis a posteriori de lo que ha pasado y muy malos a la hora de establecer hipótesis de trabajo a priori sobre lo que va a pasar. D’Escoto intentó que eso no fuese así y aun siendo consciente que la conferencia sobre la crisis sólo podría tener influencias teóricas porque a la Asamblea General de la ONU le está prácticamente prohibido inmiscuirse en las finanzas internacionales –coto exclusivo del FMI, BM y la OMC pese a que el artículo 13 de la Carta de las Naciones Unidas establece que la Asamblea General "hará recomendaciones con el fin de promover la cooperación internacional en las esferas económica, social, cultural, educativa y sanitaria", un artículo no aplicado en los últimos 30 años- intentó que la ONU se convirtiese realmente en un foro democrático e inclusivo. “No queremos que sean solo un G-8 o un G-20 los que hablen y decidan, respetaremos criterios, los escucharemos, pero en una real democracia la mayoría es quien decide, por eso empecé a hablar de que la que debe imponerse es la voz del G-192, de todos los miembros de la ONU. ... Así que hay buen ánimo para el encuentro, el cual se ha convocado al máximo nivel, porque esta batalla hay que darla en las Naciones Unidas, para que democráticamente se pueda participar en el diseño de la nueva arquitectura financiera, económica, monetaria y comercial mundial”, declaraba al diario cubano Granma [1] anticipando la realización de esa conferencia.

No es el momento para hablar del contenido de la misma, en la que tuvo un papel protagonista Joseph Stiglitz, por mencionar sólo a uno de los participantes, sino de la que sirvió para cerrar con broche de oro su presidencia: la relativa a la “responsabilidad de proteger”, un concepto adoptado en una cumbre mundial celebrada en 2005 y que viene a sustituir, con otro nombre pero con las mismas premisas, al “derecho de injerencia” o como se le ha denominado eufemísticamente por ser una denominación mucho menos agresiva “derecho de intervención humanitaria”. Hoy “humanitaria” es la palabra de moda incluso para referirse a guerras de ocupación como las de Irak o Afganistán y es de suponer que las balas y las bombas son totalmente humanitarias puesto que aceleran el proceso de muerte: en vez de morir de hambre, que siempre es una muerte lenta (que se lo cuenten a los iraquíes durante la etapa anterior a la invasión de 2003 o a los gazatíes, que continúan sufriendo el bloqueo israelí), es mejor morir de un balazo o destrozado por una bomba, que te garantiza una muerte rápida si tienes suerte de que te alcance de lleno. D’Escoto, que se atrevió a levantar la voz contra la matanza que Israel llevó a cabo en la Franja de Gaza prácticamente al inicio de su mandato criticando la inacción de la ONU, quiso despedirse a lo grande, consciente que la incapacidad de la ONU para resolver los problemas fundamentales del sistema económico, la pobreza extrema y la desigualdad en que se basa el sistema capitalista actual es lo que ha llevado al organismo multinacional a poner en marcha “medidas paliativas” (expresión del propio D’Escoto) como los Objetivos de Desarrollo del Milenio o, como plantean ahora los países occidentales, “la aplicación urgente del concepto de la responsabilidad de proteger”. Es decir, que en ausencia de una voluntad política –pese a toda la palabrería del G-8, G-20, FMI, BM, OMC- para hacer frente a las graves injusticias y desigualdades existentes en el mundo es mucho más conveniente para los países capitalistas (“comunidad internacional” en la neolengua orwelliana) recurrir a la “responsabilidad de proteger” que garantizar de manera eficaz el derecho a la salud, educación o no discriminación racial o étnica, por poner unos pocos casos, en los países del Sur. “Responsabilidad de proteger” para así no abordar una reforma integral de la ONU –empezando por el Consejo de Seguridad y su vetusto y antidemocrático derecho de veto- para superar las limitaciones derivadas de sus métodos restrictivos (¿por qué sí la intervención en Kosovo y no en Israel tras la matanza de Gaza?) y de toma de decisiones en muy pocas manos. Y es que el mandato de D’Escoto como presidente de la 63 sesión de la Asamblea General de la ONU se ha caracterizado por una coherencia poco frecuente en los diplomáticos. Dijo prácticamente lo mismo, y con las mismas palabras, cuando tomó posesión de su presidencia y cuando hizo su discurso de despedida: “Sólo una Asamblea General que ejerce enérgicamente la formulación de políticas de deliberación y de toma de decisiones será capaz de reforzar el multilateralismo como la mejor opción para las relaciones entre los Estados” [2].

Un concepto colonial

La “responsabilidad de proteger” es presentada como una nueva norma en las relaciones internacionales, un nuevo referente que permite el uso de la fuerza por razones humanitarias porque la doctrina de la “intervención humanitaria”, vigente hasta ahora, es rechazada de plano por los países del Sur.

El denominado “derecho de intervención humanitaria” es un concepto desarrollado por Occidente tras el triunfo de los movimientos de liberación en el Tercer Mundo y la derrota de las potencias coloniales especialmente en Indochina y más concretamente, en Vietnam. Los nuevos países, liberados de la ocupación colonial, se enfrentaban a situaciones catastróficas en muchos sentidos –y en la mayoría de las ocasiones como consecuencia de la etapa colonial- y a Occidente se le ocurrió que el “derecho de intervención humanitaria” sería una buena fórmula para mantener bajo control a sus antiguas posesiones coloniales, especialmente cuando Occidente consideró que la nueva normativa de la ONU en materia de derechos humanos, los colectivos, atacaba directamente sus intereses al aprobar la “Declaración sobre concesión de independencia a países y pueblos coloniales” en la que se dice textualmente: “la sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjera constituye una denegación de los derechos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y cooperación mundiales”.

Por esta razón la práctica totalidad de países del Sur se han venido oponiendo a la “intervención humanitaria”, de una u otra forma, en las tres últimas décadas y el esfuerzo final comenzó a cristalizar en una cumbre celebrada el año 2000 en La Habana (Cuba) en la que se contrapuso el principio de soberanía nacional con el de “intervención humanitaria”. El caso de la guerra contra Yugoslavia estaba muy presente en la mente de los participantes.

De La Habana salió la decisión de sancionar de forma oficial el rechazo al “derecho de intervención humanitaria” en una reunión del Movimiento de Países No Alineados. Esa cumbre de los países que componen el MNOAL tuvo lugar en Kuala Lumpur (Malasia) en febrero de 2003 cuando se oteaba en el horizonte otra guerra, esta vez contra Irak, y ahí se sancionó oficialmente ese rechazo. Es conocido que tanto EEUU como Gran Bretaña y otros países, como España, hicieron caso omiso de esta resolución y atacaron e invadieron Irak violando el derecho internacional amparándose en la misma expresión cínica que habían utilizado unos años antes, en 1999, durante la guerra contra Yugoslavia: “es un ataque ilegal, pero legítimo”. Si entonces utilizaron la excusa de las matanzas étnicas, ahora utilizaban lo de las armas de destrucción masiva.

La expresión “ilegal, pero legítima” para invadir un país o derrocar a un gobierno tiene un padre, el ex primer ministro británico Tony Blair, hoy flamante enviado especial del Cuarteto para Oriente Medio. Este personaje, que debería ser encausado como criminal de guerra junto a algunos de sus socios tanto de la agresión contra Yugoslavia como las posteriores de Afganistán e Irak, fue algo más allá al justificar los ataques de la OTAN contra territorio yugoslavo al afirmar que la guerra no se hacía por un territorio, sino por unos “valores” [3].

Y este es el quid de la cuestión ahora también. Occidente, convencido que sus valores son la imagen superior e inmodificable del mundo –y no duda en aplicarlos por la fuerza-, está tratando de lograr que la “responsabilidad de proteger” sea amparada por la Carta de las Naciones Unidas, a fin de que pueda ser aceptable para la opinión pública, destacando que la opción militar debe contemplarse como último recurso y debe ser aprobada por el Consejo Seguridad. O sea, que esté bajo el control de los de siempre. No conviene olvidar que en los meses siguientes a las invasiones de Afganistán (2001) e Irak (2003) los diferentes órganos de la ONU, empezando por el Consejo de Seguridad y después por la Secretaría General, comenzaron a legitimar post facto dichas invasiones, con lo que la ONU no actuaba como una organización internacional imparcial, neutral e independiente, como se establece en su propia Carta de principios.

De ahí la importancia de la presidencia de D’Escoto en la 63 sesión de la Asamblea General que acaba de terminar y del nuevo sesgo que imprimió a la organización con sus iniciativas. Le ha sucedido un libio y sería de desear que continuase esta senda emancipatoria que comenzó a caminar D’Escoto.

La soberanía nacional

Pero lo más sorprendente respecto a la “responsabilidad de proteger” es que la pretendida “sociedad civil”, las ONGs y demás comparsas de los países capitalistas estén apoyando de forma entusiasta esta pretendida nueva doctrina en las relaciones internacionales. Lo justifican diciendo que la masacre ocurrida en Ruanda en los años 90 fue posible por el respeto a la soberanía nacional –batalla del MNOAL- y que fue eso lo que evitó detener el genocidio.

Sin embargo, no son capaces de utilizar el mismo argumento a la hora de referirse a la situación en la Palestina ocupada. Ya que critican a los defensores de la primacía del concepto de “soberanía nacional” sobre el de la “responsabilidad de proteger” deberían haberse puesto en primera fila a la hora de defender esta doctrina en el caso de Palestina, que no es un país y que no tiene “soberanía nacional” alguna que defender porque se le niega su derecho a ser un Estado. O de argumentar que si EEUU y sus aliados de la OTAN atacaron Yugoslavia e invadieron Irak sin que lo impidiese el derecho internacional lo mismo podían haber hecho en Ruanda o en Israel ante la matanza llevada a cabo en Gaza puesto que, a fin de cuentas, los palestinos están protegidos por los Convenios de Ginebra y éstos forman parte tanto del andamiaje internacional de las relaciones internacionales como del de los derechos humanos.

Luego la razón para intervenir, sea bajo el viejo paraguas de la “intervención humanitaria” o del nuevo “responsabilidad de proteger”, es cómo los países capitalistas (“comunidad internacional” en la neolengua orwelliana) evalúan las tragedias y si éstas se producen en un país amigo o enemigo en virtud de cómo sea considerado su gobierno. Véase, de nuevo, lo ocurrido con Kosovo y la forma en que se trató el caso –defendido a ultranza por Occidente en pleno- y lo ocurrido en Osetia tras la intervención rusa –criticada unánimemente por Occidente- pese a que en ambos casos la justificación para “intervenir” por unos y otros fue la misma. La diferencia es que el gobierno yugoslavo no era amigo de Occidente y el georgiano sí.

En el debate ha terciado, como no podía ser menos, el actual secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Ante el temor que la iniciativa de Miguel d’Escoto cuaje en el futuro, desde la secretaría general de la ONU se intentó adelantar y ningunear a la conferencia relanzando un documento elaborado en enero de este año en el que aparecen los tres pilares sobre los que se asentaría la “responsabilidad de proteger” (R2P en el lenguaje técnico anglosajón) y que diferenciaría esta doctrina de la “intervención humanitaria”: la responsabilidad de los estados para evitar los crímenes contra su pueblo, la responsabilidad de la comunidad internacional para detectar y evitar situaciones de este tipo y la responsabilidad de aplicar diferentes grados de coerción contra los responsables llegando, en caso necesario, hasta la intervención militar [4]. Y para mitigar el recelo de los críticos, especialmente de los países que componen en MNOAL, Ban Ki-moon añadía en su propuesta que además del CS de la ONU tendría un papel en esa última y drástica decisión la Asamblea General, aunque sin especificar qué tipo de papel.

Este hecho no es baladí, puesto que EEUU viene despreciando el papel de la Asamblea General desde que a mediados de los años 80 del siglo XX los palestinos utilizaron esta vía para eludir el veto sistemático que EEUU ponía a cualquier condena a Israel. Se crea aquí un conflicto de competencias importante que sólo se solventará con la reforma del CS y con otorgar más poder a la Asamblea General, algo que no está en la mente de Ban Ki-moon ni, como es obvio, de los miembros permanentes del CS.

Pero a pesar del documento en cuestión, Ban Ki-moon tiene claro del lado de quién se posiciona y matiza que si bien es aceptable el principio de “soberanía nacional” esta tiene que ser “responsable”. Es de suponer que se está refiriendo a todos los países que son miembros de la ONU, por lo tanto lo primero que Ban Ki-moon tendría que hacer sería garantizar que Occidente cumple el derecho internacional, empezando por la propia ONU tal y como está poniendo de manifiesto el fraude electoral en Afganistán –que ha sido calificado como “masivo” o “general” y cuantificado por los más conservadores “en un 30%”- y cómo dicho fraude ha sido encubierto por sus representantes hasta que ha sido imposible mantenerlo oculto por más tiempo.

Y debería seguir por Israel obligándole –“responsabilidad de proteger” al pueblo palestino- a cumplir las resoluciones que viene incumpliendo desde hace más de 40 años. Y con Estados Unidos obligándole –“responsabilidad de proteger” al pueblo cubano- a levantar el bloqueo al que es sometida la isla desde hace ya casi 50 años. Y con la OTAN –“responsabilidad de proteger” al pueblo afgano-, aunque aquí rozaríamos el absurdo puesto que él mismo ha llegado (septiembre de 2008) a un acuerdo de colaboración con la OTAN sin consultar a los miembros de la ONU, como denunciaron en su momento tanto altos funcionarios de la propia ONU como Rusia y en el que se dice que “la cooperación [entre la OTAN y la ONU] seguirá contribuyendo de manera significativa a abordar las amenazas y desafíos que enfrenta la comunidad internacional a los que está llamada a responder” [5].

La comunidad internacional está compuesta por todos y cada uno de los países que forman parte del sistema multinacional denominado Organización de las Naciones Unidas. Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus valores, sino por su superioridad a la hora de imponer la violencia organizada, una característica que se repite a lo largo de la historia una y otra vez y en los últimos años hay al menos tres ejemplos claros de que “las amenazas y desafíos que enfrenta la comunidad internacional” parten de Occidente y no al revés. Los casos de la invasión y ocupación de Irak en 2003, el apoyo mostrado a Israel en la guerra contra Hizbulá en 2006, reiterado hasta la náusea en la reciente agresión a Gaza de finales de 2008 principios de 2009, ponen de manifiesto que esto es así.

Es hora de intervenir en el debate abierto con gran valentía por Miguel D’Escoto y comenzar a tener opinión. Ningún sistema de relaciones internacionales y/o de justicia, incluyendo a la Corte Penal Internacional –las 14 órdenes de detención que lleva emitidas en este año son contra africanos de la República Democrática del Congo, República Centroafricana, Uganda y Sudán sin que entre ellos estén los aliados de Occidente como Paul Kagame o Yoweri Museveni, presidentes actuales de Ruanda y Uganda, respectivamente, y responsables de matanzas-, puede funcionar sin confianza e igualdad de trato.

Los panegiristas de la reforma que se plantea en la ONU se encuentran ahora en una inmejorable posición para demostrar que la reforma que defienden en las relaciones internacionales con la “responsabilidad de proteger” no tiene nada que ver con los intereses imperialistas o la injerencia neocolonial hacia los países del Sur: el Consejo de Derechos Humanos ha aprobado el informe Goldstone que acusa a Israel de crímenes de guerra y si el estado sionista no inicia investigaciones fiables sobre la matanza que perpetró en Gaza el asunto debe ser retomado por el Consejo de Seguridad y trasladado a la Corte Penal Internacional. La ONU debería aplicar ya mismo la “responsabilidad de proteger” al pueblo palestino. Sin embargo, no hace falta ser muy sagaz a la hora de predecir la actitud de las potencias occidentales (EEUU, Francia y Gran Bretaña) cuando esta situación se produzca –Israel nunca investiga sus crímenes- y cómo, de nuevo, se aplicará una doble vara de medir y no se actuará con Israel como se hizo con Sudán, por ejemplo, cuando el CS remitió el tema de Darfur a la CPI y presionó para que se enjuiciase al presidente sudanés.

Si se quiere una nueva era en las relaciones internacionales hay que abogar por un mundo verdaderamente democrático y eso no se logra con premios como el Nobel de la Paz al presidente de EEUU. Basta sólo con que se apliquen los principios del Capítulo I de la Carta de la ONU: “todos los Estados miembros deberán respetar el principio de la igualdad soberana, arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos y se abstendrán de la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de cualquier Estado”.

Es algo que D’Escoto dijo en su discurso de despedida: “Yo soy de los que cree que la ONU es potencialmente una Organización indispensable para ayudar a la Humanidad a sobrevivir el conjunto de crisis convergentes que amenazan con llevarla a su extinción. El problema principal es, sin embargo, que no todos sus fundadores realmente creían, ni creen aún hoy, en la visión o los principios explícitos e implícitos en su Carta constituyente. Creo que no es desatinado señalar lo que todo el mundo sabe y eso, entre muchas otras verdades, es el hecho de que entre nuestros más poderosos e influyentes Estados Miembros hay quienes, definitivamente, no creen en el imperio de la ley en las relaciones internacionales y consideran, más bien, que eso de acatar las normas de derecho a que nos hemos formalmente comprometido al firmar la Carta, es algo que atañe solamente a los países débiles. Con tan bajo nivel de compromiso, no nos debería sorprender que las Naciones Unidas no haya logrado cumplir con los principales objetivos para los que fue creada. Consideran ciertos Estados Miembros que ellos pueden comportarse según la ley de la selva y defienden el derecho de los más fuertes a hacer lo que se les antoje con total y absoluta impunidad, sin tener que rendir cuentas a nadie. Además, consideran correcto el despotricar contra el multilateralismo y proclaman las bondades del unilateralismo al mismo tiempo que pontifican, sin ningún empacho, desde sus privilegiados escaños en el Consejo de Seguridad, sobre la necesidad de que los Estados Miembros cumplan a cabalidad sus obligaciones bajo la Carta, o que se les apliquen sanciones (selectivamente, por supuesto) por no hacerlo. Lo de la igualdad soberana de todos los Estados Miembros y lo de la obligación de impedir las guerras son, para ellos, pequeños detalles que no merecen ser tomados muy en serio” [6].

La batalla contra la “responsabilidad de proteger” no es baladí. En ella los pueblos se juegan su futuro. Y tal vez ya no sirve con impulsar la reforma de la ONU puesto que como muy bien dijo D’Escoto al terminar su presidencia –es de suponer que conociendo muy bien la ONU tras el año que estuvo al frente de la Asamblea General- “está ya más allá de reformas o remiendos” y lo que necesitamos es “reinventarla”. D’Escoto citaba el tempus fugit, que decían los romanos, el tiempo vuela y con él se van también “las oportunidades de hacer lo que tenemos que hacer para garantizar un futuro digno para las generaciones venideras” [7]. Amén.

* Alberto Cruz es periodista y politólogo. Correo electrónico: albercruz@eresmas.com. Artículo publicado originalmente en CEPRID.

Notas
[1] Granma, 22 de mayo de 2009.
[2] Miguel D’Escoto, discurso de despedida como presidente de la 63 sesión de la Asamblea General de la ONU, 14 de septiembre de 2009. http://www.un.org/spanish/aboutun/organs/ga/63/president/63/statements/final_PGA_closing_address_to_GA_sept142009.shtml
[3] Newsweek:: “Se dibuja la línea de una nueva generación”, 19 de abril de 1999.
[4] Ban Ki-moon: “Implementando la responsabilidad de proteger”. A/63/677. 30 de enero de 2009.
[5] http://wikileaks.org/wiki/UN-NATO_Cooperation_Declaration,_23_Sep_2008
[6] Miguel D’Escoto, discurso de despedida. Op. Cit.
[7] Ibid.

 

 

Otra agricultura para otro clima

Esther Vivas
Público (4-11-09)


El actual modelo de producción agrícola y ganadero industrial contribuye a profundizar en la crisis ecológica global con un impacto directo en la generación de cambio climático. Aunque a primera vista no lo parezca, la agroindustria es una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.

Así lo ha puesto de relieve la campaña No te comas el mundo, en el marco de las movilizaciones de estos días en motivo de la reunión de las Naciones Unidas en Barcelona sobre cambio climático, previa a la crucial cumbre de Copenhague (COP15) en diciembre donde debe aprobarse un nuevo tratado que sustituya al de Kyoto.

Según la campaña, entre un 44 y un 57% de las emisiones de gases de efecto invernadero son provocadas por el actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos. Una cifra resultado de sumar las emisiones de las actividades estrictamente agrícolas (11-15%), de la deforestación (15-18%), del procesamiento, transporte y refrigeración de los alimentos (15-20%) y de los residuos orgánicos (3-4%).

Y es que no podemos olvidar los elementos que caracterizan a este sistema de producción de alimentos: intensivo, industrial, kilométrico, deslocalizado y petrodependiente. Veámoslo en detalle. Intensivo, porque lleva a cabo una sobre-explotación de los suelos y de los recursos naturales que acaba generando la liberación de gases de efecto invernadero por parte de bosques, campos de cultivo y pastos. Al anteponer la productividad, por delante del cuidado del medio ambiente y la regeneración de la tierra, se rompe el equilibrio mediante el cual los suelos capturan y almacenan carbono, contribuyendo a la estabilidad climática.

Industrial, porque consiste en un modelo de producción mecanizado, con uso de agroquímicos, monocultivos, etc. La utilización de grandes tractores para labrar la tierra y procesar la comida contribuye a la liberación de más CO2. Los fertilizantes químicos utilizados en la agricultura y en la ganadería moderna generan una importante cantidad de óxido nitroso, una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero. Asimismo, la quema de bosques, selvas... para convertirlos en pastos o monocultivos acaba afectando gravemente a la biodiversidad y contribuye a la liberación masiva de carbono.

Kilométrico y petrodependiente, porque se trata de una producción de mercancías deslocalizada en búsqueda de la mano de obra más barata y de la legislación medioambiental más laxa. Los alimentos que consumimos recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa con el consiguiente impacto medioambiental. Se calcula que en la actualidad, la mayor parte de los alimentos viajan entre 2.500 y 4.000 kilómetros antes de ser consumidos, un 25% más que en 1980. Nos encontramos ante una situación totalmente insostenible donde, por ejemplo, la energía para mandar unas lechugas de Almería a Holanda es tres veces superior a la utilizada para cultivarlas, a la vez que consumimos alimentos que provienen de la otra punta del mundo cuando muchos de éstos se cultivan también a nivel local.

La ganadería industrial es otro de los principales generadores de gases de efecto invernadero y su avance ha significado una mayor deforestación con un 26% de la superficie terrestre dedicada a pastos y el 33% a la producción de grano para piensos. Sus porcentajes de emisión equivalen al 9% de las emisiones de CO2 (principalmente por deforestación), el 37% de las de metano (por la digestión de los rumiantes) y el 65% del óxido nitroso (por el estiércol).

Este modelo de alimentación kilométrica y viajera, así como el alto uso de agroquímicos derivados del petróleo, implica una fuerte dependencia de los recursos fósiles. En consecuencia, en la medida en que el modelo productivo agrícola y ganadero industrial depende fuertemente del petróleo, la crisis alimentaria, la crisis energética y la crisis climática están íntimamente relacionadas.

Pero a pesar de estos datos, podemos parar el cambio climático y la agricultura campesina, local y agroecológica, como señala el centro de investigación GRAIN, puede contribuir de forma determinante a ello. Se trata de devolverle a la tierra la materia orgánica que se le ha quitado, después de que la revolución verde haya agotado los suelos con el uso intensivo de fertilizantes químicos, pesticidas, etc. Para hacerlo, hace falta apostar por técnicas agrícolas sostenibles que pueden aumentar gradualmente la materia orgánica de la tierra en un 2% en un periodo de cincuenta años, restituyendo el porcentaje eliminado desde la década de los 60.

Es necesario apostar por un modelo de producción diversificado, incorporando praderas y abono verde, integrando de nuevo la producción animal en el cultivo agrícola, con árboles y plantas silvestres, así como promover circuitos cortos de comercialización y la venta directa en mercados locales. Con estas prácticas, se calcula que sería posible capturar hasta 2/3 del actual exceso de CO2 en la atmósfera. El movimiento internacional de La Vía Campesina lo tiene claro cuando señala que “la agricultura campesina puede enfriar el planeta”.

Asimismo, hay que denunciar las falsas soluciones del capitalismo verde al cambio climático como la energía nuclear, los agrocombustibles u otras, así como los lobbies empresariales que buscan mercantilizar el tratado de Copenhague. Desde distintos movimientos sociales se exige “justicia climática”, frente a los mecanismos de mercado incorporados en el protocolo de Kyoto y que tendrán continuidad en Copenhague. Una justicia climática que debe ir a la par con la “justicia social”, ligando la lucha contra la crisis ecológica global con el combate contra la crisis económica que afecta a amplios sectores populares, en base a una perspectiva anticapitalista y ecosocialista. Para que el clima no cambie, hay que cambiar el mundo.

*Esther Vivas es autora “Del campo al plato” (Icaria, 2009).



Macroeconomía: ¿de agua dulce o salada?

Alejandro Nadal *
La Jornada (4-11-09)


Si algo aclaró la crisis de 2008-2009 es que esta generación de economistas no tenía la más mínima idea de cómo funciona una economía monetaria. La gran mayoría tenía un compromiso ideológico con una teoría del mercado cuyo nulo contenido científico impidió ver los síntomas de la hecatombe. Su enamoramiento con las fáciles recetas del neoliberalismo los llevó a una cosmovisión en la que las crisis no existen.

Sin embargo, hoy casi todos los economistas (en Estados Unidos, Europa, Japón, China y Brasil) aceptan que se necesita algún tipo de intervención estatal para sacar del atolladero a la economía. Y si bien es cierto que los dividen preguntas sobre los instrumentos de la intervención estatal o la duración de dicha acción, casi nadie se preocupa si lo califican de “keynesiano”.

Esto es un cambio mayúsculo. Después de todo, hasta hace poco “keynesiano” era un epíteto peyorativo. Pero hay que decirlo con claridad: no estamos frente a la transformación que se necesita. Y es que el calificativo “keynesiano” es resultado de un largo proceso en el que la obra de Keynes fue, primero, edulcorada, después, tergiversada y, finalmente, destruida.

En Estados Unidos la diferencia entre economistas “keynesianos” y los que pensaban que la intervención gubernamental era inútil comenzó a ser descrita con la expresión “macroeconomistas de agua salada y de agua dulce” en 1988. Los de agua salada eran los economistas ubicados en las universidades del litoral marítimo de Estados Unidos (Harvard, MIT, Princeton y Stanford). Los de agua dulce estaban en las orillas de los Grandes Lagos (Chicago y Minnesota). A decir verdad, las aguas se mezclaron y muchos economistas de agua salada se convirtieron en peces diádromos, adaptados tanto al agua de mar como a la de los ríos que deben remontar para desovar.

La macroeconomía de agua salada navegaba pensando que ocasionalmente era necesaria la intervención del gobierno para restablecer los equilibrios que por algún problema el mercado no había podido consolidar. Es decir, el mercado tenía la propiedad de alcanzar una posición de equilibrio, pero a veces surgían obstáculos que se lo impedían y ahí se requería la acción del gobierno. Los tripulantes de esta embarcación: Samuelson, Solow, Modigliani y otros.

Los macroeconomistas de agua dulce (Friedman, Lucas, Sargent) estaban convencidos de que esa intervención era inoperante porque los agentes en la economía podían adaptarse muy rápidamente a la acción del gobierno. Lo único que surge cuando el gobierno se entromete es inflación y desempleo.La posición de los macroeconomistas de agua salada estuvo asociada con el nombre de Keynes.

Pero esto es parte de la confusión de los últimos 70 años. Para la macro de agua salada, la preocupación de Keynes por el desempleo se reducía a identificar las rigideces del mercado que impedían alcanzar una posición de pleno empleo. La intervención estatal debía concentrarse en eliminarlas.

Eso es absurdo. El proyecto de Keynes partía de la base de que aun sin obstáculos ni rigideces en el mercado laboral (o algún otro), el capitalismo podía mantener niveles de desempleo intolerables. Este proyecto tenía un componente teórico profundo cuyo ingrediente central es la incertidumbre, definida como un estado de cosas que no puede ser objeto de un cálculo probabilístico para medir niveles de riesgo. Como la incertidumbre afecta las decisiones de inversión y de composición de la cartera de activos de todos los agentes económicos, es imposible asegurar la estabilidad de los mercados. A ese proyecto analítico estaban asociadas implicaciones de política económica muy importantes.

El ingrediente subversivo en ese esquema no pasó desapercibido para un mundo académico firmemente anclado en las creencias religiosas de los mercados eficientes y bien portados. Por eso, a partir de 1936, año en que Keynes publicó su Teoría general, sus aportaciones fueron desvirtuadas, recuperadas y finalmente destruidas por una comunidad académica cada vez más temerosa de emprender un trabajo genuinamente científico.

Esa historia es demasiado larga para contarse en este espacio. Pero es importante llamar la atención sobre esta evolución con el fin de disipar un poco la confusión e ir sentando las bases de una transformación en la investigación y la docencia. De todos modos, una conclusión es clara: los “keynesianos” tienen muy poco que ver con Keynes y, por otro lado, la escuelita de agua dulce quedó rebasada por los acontecimientos.

Epílogo: la expresión “marinero de agua dulce” se utiliza en sentido peyorativo para denotar navegantes que no pueden aventurarse más allá de un lago o río. El corolario es que el verdadero marinero es aquél que cruza los siete mares. Ahora que si se aplica la metáfora a nuestro país, no se puede evitar concluir que la macroeconomía de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México no es ni de agua dulce ni de agua salada. Esos marineros zozobran desde hace mucho en un charco de agua estancada.

* Alejandro Nadal es economista, profesor investigador del Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México, y colabora regularmente con el cotidiano mexicano de izquierda La Jornada.




Movimientos armados en Latinoamérica: ¿volverán?
Un análisis sobre las derrotas del campo popular y las luchas armadas en Latinoamérica nos invita a pensar estrategias para la actualidad.

Marcelo Colussi
Tercera Información (4-11-09)


¿Qué pasó con las guerrillas?

Desde hace algún tiempo suele decirse que los movimientos armados en Latinoamérica, las legendarias guerrillas de corte socialista, han desaparecido, y además que ya no son una opción política válida. De ambas aseveraciones puede decirse que son relativas. Es decir: hay que ver quién dice eso, y en qué contexto.

Sin ningún lugar a dudas vemos que muchos, o quizá la mayoría de movimientos político-militares nacidos hacia los años 60 y 70 del pasado siglo desaparecieron, fueron derrotados en el plano bélico. Esa es una verdad inobjetable. La política contrainsurgente impulsada por Washington en el marco de la Guerra Fría, que dio como resultado la Doctrina de Seguridad Nacional en que se formaron las fuerzas armadas de la región, fue el factor clave para contener el ascenso de las luchas populares y los movimientos armados que se expandían por aquel entonces. Sería miope no ver que de casi todas esas guerrillas -muy bien organizadas en su momento, con fuerte impacto popular en muchos casos- hoy día no queda nada, o queda muy poco. O peor aún: lo que queda es un espíritu de derrota y un profundo miedo incorporado en el imaginario colectivo. ¿Cuántas de ella hoy ejercen el poder político en sus países? ¿Cuántas quedaron totalmente desintegradas?

En general, todos los movimientos armados que se alzaron para aquella época sufrieron terribles golpes merced a las guerras sucias que barrieron el continente, con tácticas que no repararon en nada. La desaparición forzada de personas, las torturas, los ataques indiscriminados contra población civil que jugaba el papel de su base social, el clima de militarización de toda las sociedades, la sistemática violación de derechos humanos básicos como parte de las campañas intimidatorias, todo eso fueron elementos de la maquinaria contrainsurgente con que se les derrotó en el plano militar. Pero lo importante a destacar es que ello no sólo significó una derrota bélica: fue, básicamente, una derrota para toda la población civil. Luego de ese tiempo de combate contra el “enemigo interno”, cuando el fantasma del “comunismo apátrida y ateo” fue el blanco de todas las fuerzas armadas de prácticamente todos los países latinoamericanos, lo que quedó fue una desmovilización mayúscula, terror instalado en todas las poblaciones, desánimo.

Sobre esa derrota -que es la derrota de las guerrillas, pero más aún lo es de los procesos organizativos de los pueblos- se erigieron las políticas de ajuste estructural que hicieron retroceder a todas las sociedades en varios años. En el medio de la euforia triunfalista del gran capital, reforzada por la caída del bloque soviético, se cerraron prácticamente todos los espacios de disidencia política. La idea de protesta armada quedó sepultada en el olvido. Los movimientos guerrilleros que lograron sobrevivir la debacle de las políticas neoliberales no tuvieron mucho más espacio político que negociar salidas decorosas (con mucho de rendiciones encubiertas, porque no había condiciones para seguir la lucha). Así, con suertes distintas, se transformaron en fuerzas políticas en el marco de las democracias constitucionales vigentes.

Retomando la afirmación con que se abría el artículo, podemos decir que es cierto en relativa medida que los movimientos armados desaparecieron, pero no lo es totalmente. En Colombia continúan vigente, y de hecho, de los dos grupos que operan, uno de ellos es el más viejo del continente, con ya más de 50 años de existencia y un poderío que no parece poder ser derrotado en lo inmediato (según estimaciones de estrategas tanto colombianos como estadounidenses, así se replegaran totalmente, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia demorarían unos 20 años en ser vencidas en el plano militar). Por otro lado en Chiapas, en el sur de México, el movimiento zapatista (movimiento guerrillero bastante sui generis, por cierto, que no usa las armas, pero guerrilla al fin) sigue vivo y sin miras de ser derrotado en lo inmediato. Es decir: si bien en términos generales estas expresiones han sufrido derrotas contundentes en lo militar o se han “reciclado” pasando a formar parte del juego político vigente (con saco y corbata, y todo lo que eso significa), no puede decirse que hayan desaparecido en su totalidad: en algunos lugares siguen operativas y los planes geoestratégicos de Estados Unidos para todo su patio trasero las contempla como un factor importante del panorama político-social.

Pero lo más importante de la afirmación citada va en relación a si, hoy por hoy, son o no una forma política válida.

¿Opción política?

Habría que contextualizar la pregunta: ¿opción “válida” para quién? ¿En qué sentido? Para las derechas, obviamente que no lo son. Son subversivas, y punto. Es decir: son la más radical expresión de opción de cambio, mucho más que cualquier partido político de izquierda (los de saco y corbata), o que un movimiento popular incluso, visto que se ayudan con el poder de las armas. Ahora bien: para el campo popular, para quienes pueden pensar y anhelar genuinamente procesos de transformación, ¿constituyen hoy los movimientos armados una salida?

Después de las experiencias de terribles represiones vividas las décadas pasadas en Latinoamérica, y luego de la fenomenal marea mediática que une “izquierda” con “violencia” -ahí está el caso Chávez como patética expresión de esta matriz que ya se ha impuesto: el “autoritario castro-comunista que, mostrando los dientes, exporta su revolución y su socialismo del siglo XXI por otros países del área trayendo la confrontación”-; después de los fantasmas de una Guerra Fría que nunca se han extinguido -el “comunismo” sigue siendo malo y violento por antonomasia, “expropia televisores o artículos de cocina y roba niños para dárselos al Estado”-, después, incluso, del fracaso de proyectos de izquierda que se centraron en la acción armada (desde la columna guerrillera del Che en Bolivia hasta las guerrillas urbanas de Uruguay y Argentina, desde los movimientos guerrilleros de Venezuela de la década del 60 hasta el desaparecido Sendero Luminoso en Perú, etc., etc.), en todos los casos desarticulados y exhibidos como “fanáticos violentos” que sólo trajeron desgracia a los pueblos donde operaban; después de todo este historial no muy glorioso precisamente, queda la pregunta: ¿son realmente una opción válida para plantearse cambios revolucionarios?

En estos momentos, inicios del siglo XXI, el poder de la derecha política, de los grandes capitales, de la industria cultural que maneja planetariamente las cabezas de buena parte de -por no decir toda- la humanidad, es grande, muy grande, desmedidamente grande. Su poder asienta, entre otras cosas, en el miedo que ha creado, y en la sensación de casi invencibilidad con que se presenta. Los movimientos armados sobrevivientes pudieron comprobar fehacientemente este poder con el operativo que terminara en marzo del 2008 con el segundo comandante de las FARC, Raúl Reyes, en una incursión asistida con la más desarrollada tecnología militar que pudo detectarlo de noche en el medio de la selva. Ante ese sofisticado y aparentemente imbatible poderío militar cabe la pregunta práctica, lógica y necesaria, con los pies sobre la tierra, si es posible enfrentarse con visos de realidad a esa fuerza que se muestra tan colosal. Poder de fuego, por cierto, del que dispone la gran potencia del Norte y que se puede traspasar a las fuerzas armadas de cualquier país latinoamericano para controlar estos movimientos subversivos. Si la diferencia militar se muestra tan grande: ¿es legítimo entonces, es racional, es lógico plantearse la lucha armada hoy?

Esta es una pregunta no sólo práctica sino en definitiva -y quizá básicamente-, ética: ¿para qué se organiza un movimiento de lucha armada? ¿Qué se busca con una organización político-militar como cualquiera de las numerosas guerrillas que han surgido en Latinoamérica? (igual que en otras partes del mundo, en África, en Asia). La lucha armada no es un deporte, no se lleva a cabo por el puro placer de disparar tiros, obviamente. Tiene una finalidad política. Es un instrumento, una herramienta, un paso para la consecución de fines superiores: la toma del poder político acompañando procesos populares de construcción de un nuevo modelo de sociedad. Por eso, lo que la motiva es una cuestión profundamente ética, de convicciones, de principios irrenunciables. Aún a riesgo de parecer producto de un soñador desconectado de lo real, valen los versos de Luis Burela: “¿Con qué armas, señor, pelearemos? ¡Con las que les quitaremos! dicen que gritó”. Por todo ello, entonces, no deja de ser necesario aclarar lo que se preguntaba más arriba: después de las experiencias de movimientos armados fracasados, y ante la despolitización que sufren las sociedades productos de las represiones sufridas y de los planes neoliberales que sólo dejan espacio para la sobrevivencia a las grandes mayorías, ¿cómo encarar una lucha transformadora? ¿Son realmente válidas las expresiones armadas? Hoy por hoy, ¿pueden triunfar y dar paso a la construcción de experiencias como las de Cuba o Nicaragua, que fueron justamente triunfos de guerrillas acompañadas de pueblos movilizados?

Si vemos la respuesta de la derecha (la de Washington y la de las oligarquías nacionales de los países de América Latina), es que no. Luego de Nicaragua, la última revolución triunfante del siglo XX, en 1979, la represión fue feroz. Los movimientos armados de la región centroamericana, que al igual que los sandinistas podrían haber llegado a tomar el poder político con el fuerte apoyo popular con que contaban, fueron brutalmente reprimidos. El genocidio de Guatemala (200.000 muertos y 45.000 desaparecidos, proporcionalmente comparable al holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial) y las masacres de El Salvador (75.000 muertos) son la elocuencia de cómo se les cerró el camino a esos grupos insurgentes. Luego de feroces procesos de guerra sucia, ambos terminaron deponiendo las armas y concertado salidas negociadas a las guerras internas en que se encontraban. Puestos ya en la arena de la lucha constitucional, siguieron derroteros distintos, pero más allá de las evaluaciones de cómo se movieron cuando pasaron a la legalidad, sus posibilidades de impulsar transformaciones sociales quedaron muy menguadas. En Guatemala pasaron a ser una muy pequeña fuerza política casi sin incidencia parlamentaria, y en El Salvador, si bien ganaron la presidencia a principios del 2009 -con la figura de un extrapartidario, no hay que olvidar-, queda la pregunta de hasta dónde podrán profundizar cambios reales. De hecho, en este orden, el legendario movimiento urbano Tupamaros, de Uruguay, acompañó al actual presidente, Tabaré Vásquez, y ya vemos por dónde anda este gobierno (más de lo mismo, no pasa -o no puede pasar- de las recetas neoliberales). Entonces: ¿“traición” de los Tupamaros, o constatación de las posibilidades reales de cambio que puede ofrecer la legalidad capitalista?

La pregunta abierta gira básicamente en cómo construir alternativas reales para la transformación social; los movimientos armados que se creyeron una herramienta para ello algunas décadas atrás, hoy día abren estos interrogantes. ¿Quién está más cerca de la revolución socialista: los colombianos con dos grupos insurgentes muy operativos o, por ejemplo, los chilenos, con varios gobiernos elegidos democráticamente que se vienen sucediendo dentro de los patrones de la legalidad capitalista? ¿O el cambio será gradual, lento y sin traumas, como lo quiere la Revolución Bolivariana de Venezuela, socialismo por decreto? ¿Es posible cambiar algo? ¿Sigue siendo válido el socialismo revolucionario, o hay que declararlo ya finiquitado? ¿Qué significan los recién festejados 60 años de “socialismo” chino, ahora en su versión de socialismo de mercado -y cuarta potencia mundial en lo económico, con poderosos arsenales nucleares-? ¿Sigue teniendo sentido el llamado a “enmontañarse” para luchar por un mundo nuevo?

¿Es posible cambiar algo?

Esto lleva a plantear el papel de las vanguardias revolucionarias -¡menudo tema!-. ¿Para qué existe un movimiento político-militar como todas esas guerrillas que funcionaron en décadas pasadas en Latinoamérica? ¿Son un elemento catalizador de procesos populares? En Cuba y en Nicaragua, en otros contextos, con un campo socialista aún vigente, con otros escenarios políticos a nivel internacional, evidentemente sí sirvieron para disparar procesos de organización popular que resultaron en cambios políticos profundos. Luego de esas experiencias, ninguna guerrilla pudo llegar a tomar el poder. El caso del movimiento zapatista en el sur de México es algo distinto: son un referente, son un laboratorio si se quiere, pero aún no se puede decir que hayan iniciado un proceso de real de construcción de un nuevo modelo de sociedad. A no ser que los municipios liberados donde actúan sea el camino. Otra pregunta para profundizar entonces: ¿socialismo nacional?, ¿socialismo municipal?

Bolivia, Ecuador, Venezuela, sin movimientos de acción armada que hayan facilitado cambios y en el medio de andamiajes legales capitalistas, transitan hoy procesos políticos que quizá pueden ir conduciendo hacia modelos socialistas. ¿Es ese el camino? ¿Qué se necesita para transformar las sociedades: poderosos movimientos de base como en Bolivia y en Ecuador, líderes carismáticos como en Venezuela? Obviamente no hay manual. Décadas atrás se podía ver en las columnas guerrilleras, fusil en mano, un instrumento para eso. Y en ese contexto se podían pedir “varios Vietnam” en el mundo como modo de apurar los procesos de transformación. Hoy día, viendo con los pies en la tierra que las tecnologías militares de la derecha pueden detectar y aniquilar una persona en todo el globo terráqueo con una precisión digna de película de ciencia ficción (por ejemplo, recordemos la recaptura de la embajada de Japón en Perú en 1996, donde con asistencia satelital y detectores de calor humano se pudo implementar un contragolpe militar demoledor, sólo como para dar una pequeña muestra de ese poderío), viendo eso, y además considerando el grado de desmovilización imperante: ¿son una opción válida los movimientos de acción armada?

Es cierto que después del fabuloso montaje mediático del 11 de septiembre de 2001 con la peliculesca caída de las Torres Gemelas quedó oficializada la sentencia: “Toda resistencia, en cualquier parte del mundo, se haga con un arma o una pluma, denunciando algo o fomentando la organización de la gente, es terrorismo e insurgencia, y como tal será castigado”. ¿Qué queda después de eso? ¿Es válida o no entonces la resistencia del pueblo iraquí? ¿Es válida o no la resistencia armada en los lugares invadidos por la bota imperial? En general, ante esta estrategia de guerras preventivas que impuso la Casa Blanca, ¿es válida o no la resistencia, cualquiera sea?

Tomando esto como matriz de lo que va siendo nuestro mundo, nuestra aldea global, ¿deja de ser válida entonces la resistencia? Es cierto que los iraquíes mueren por cantidades industriales con las tropas estadounidenses dentro de su territorio (ya van más de un millón), pero ¿qué otra alternativa les queda que resistir de esa manera, fusil en mano o con bombas caseras eliminando, cuando pueden, a un pobre soldado norteamericano, en muchos casos negro o latino, tan alejado de Wall Street como cualquier habitante del Sur? Extendiendo esa matriz al mundo, donde las fuerzas del gran capital dominan en forma impune, y donde no dejan de poner zancadillas a cada proceso de liberación que se intenta por aquí o por allá, ¿no es válida toda forma de resistencia entonces?

Este pequeño escrito no pretende para nada ser un llamado a la lucha armada. Solamente intenta fomentar un debate por mucho tiempo silenciado: ¿cuáles son los caminos para conseguir un poco más de justicia?: ¿el juego de las instituciones democráticas dentro de la legalidad capitalista?, ¿la organización popular de base?, ¿las vanguardias armadas?, ¿una combinación de todo ello?, ¿rezar o prender velas para que las cosas cambien?

Sin dudas que las guerrillas en Latinoamérica no lograron grandes cambios, porque fuera de los dos países mencionados (y en uno de ellos, Nicaragua, por poco tiempo), toda la lucha de décadas pasadas no prosperó como muchos pensaban. ¿Dónde va Colombia con dos movimientos armados en lucha y más de 50 años de guerra interna? ¿Dónde va el zapatismo: qué logrará en el mediano y largo plazo? ¿Reaparecerán grupos armados en el corto plazo en América Latina? ¿Y dónde va Bolivia con el actual proceso con sus campesinos indígenas cada vez más organizados? Hugo Chávez, como militar del ejército venezolano, perseguía guerrilleros algunas décadas atrás; hoy habla de socialismo del siglo XXI y tiene algunos ex combatientes en su gabinete. ¿Para dónde va ese experimento?

Son todas preguntas para ampliar, no para cerrar el debate antes de comenzarlo. Quizá lo más dinámico hoy por hoy en la lucha por arrancarle al sistema mayores cuotas de justicia son los movimientos populares que han ido surgiendo estos últimos años, ese “pobretariado” -como lo llamó Frei Betto- que se va constituyendo en el principal fermento de protesta, en muchos casos sin mucha direccionalidad política, pero evidentemente con un gran potencial transformador.

Cerrados los espacios reales de transformación económico-social como ha venido pasando en estos últimos años con los planes neoliberales, más allá de las democracias formales que se mantienen siempre bajo vigilancia (Honduras es la patética demostración de qué son esas “democracias”, siempre al borde de poder ser violadas), no es impensable que puedan reaparecer movimientos armados. Quizá como reacción desesperada, así como puede ser cada francotirador iraquí apostado en algún rincón de su país (si es que a eso se le podría llamar “reacción desesperada”). Sin dudas que la diferencia de potencial bélico entre la derecha dominante y posibles grupos insurgentes de izquierda es enorme, mucho mayor hoy que hace algunas décadas cuando surgían las primeras guerrillas en el continente. Pero también es enorme el retroceso sufrido en el plano político, por lo que no sería nada impensable que aparezcan esas respuestas ¿desesperadas?

No estamos proponiéndolas; simplemente estamos diciendo que, ante la cerrazón de los mecanismos “democráticos” no parecen tan imposibles nuevas reacciones insurgentes. Ernesto Guevara fue el heroico guerrillero unos años atrás, en algún sentido casi reverenciado; hoy, ¿sería un loco soñador, un dinosaurio prehistórico? Sin dudas las cosas son de acuerdo a las circunstancias. En la década de los 60 del pasado siglo, con toda la ola libertaria que barría el mundo, con una Revolución Cultural impetuosa en China, con teorías de cambio dando vueltas por todos los espacios sociales, con cuestionamientos varios a los poderes constituidos, en esa marea de marea de cuestionamientos muchos vieron en la lucha armada una opción. Hoy el mundo es distinto. Entre hiper consumo de show futbolístico por televisión y fanáticas iglesias evangélicas que dan salida regulada al fabuloso descontento popular, la energía transformadora se ve bastante golpeada, manipulada, encajonada. ¿Qué permiten estas actuales democracias vigiladas, de baja intensidad? No mucho. ¿Todo cambio real necesita la movilización, la fuerza, la protesta subida de tono, tal como son estos “violentos” movimientos populares que barren el continente sin ser partidos políticos ni grupos organizados: movimientos indígenas, campesinos sin tierra, desocupados, jóvenes sin futuro, piqueteros, etc.? Sin dudas. Nos guste o no, la violencia sigue siendo la partera de la historia.

En todo caso, todo este escrito es un simple comentario y no un llamado a la acción armada concreta. Más precisamente, es una invitación a debatir estos puntos: no sería imposible que los movimientos armados de izquierda reaparezcan, dadas las dinámicas políticas que se van dando en la región. Quizá eso sería entrar en un nuevo espiral de contra-violencia estatal, peor aún al sufrido años atrás, con ejércitos más represores que los que ya pasaron. Pero hay que entender la dinámica en juego; si ello sucediera es, como dijo el sub-comandante Marcos en Chiapas, porque “tomamos las armas para abrir paso a un mundo en el que ya no sean necesarios los ejércitos”. El debate está abierto.

 

 

"OTRA POLÍTICA Y OTROS VALORES PARA SALIR DE LA CRISIS"
MANIFIESTO DEL MUNDO DE LA CULTURA

ATTAC Madrid (2-11-09)


Después de dos años de una crisis que ha creado millones de desempleados y ha provocado que el número de personas hambrientas y desnutridas en el mundo alcance un nuevo récord, están bien claras las causas de esta grave situación.

Dejar en plena libertad a los capitales financieros y dejar que los mercados sean los únicos reguladores de las relaciones económicas sólo lleva, como estamos comprobando, a la inestabilidad permanente, a la escasez de recursos financieros para crear empleo y riqueza y a las crisis recurrentes.

Se ha demostrado también que la falta de vigilancia e incluso la complicidad de las autoridades con los poderosos que controlan el dinero y las finanzas, esto es, la falta de una auténtica democracia, sólo produce desorden, y que concederles continuamente privilegios, lejos de favorecer a las economías, las lleva al desastre.

Dejar que los bancos se dediquen con absoluta libertad a incrementar artificialmente la deuda con tal de ganar más dinero es lo que ha provocado esta última crisis.

Pero también es una evidencia que las políticas neoliberales basadas en reducir los salarios y la presencia del Estado, el gasto social y los impuestos progresivos para favorecer a las rentas del capital, han provocado una desigualdad creciente. Y que la inmensa acumulación de beneficios de unos pocos, en lugar de producir el efecto "derrame" que pregonan los liberales, ha alimentado la especulación inmobiliaria y financiera que ha convertido a la economía mundial en un auténtico e irracional casino.

Y es evidente que esos desencadenantes de la crisis no tienen que ver solamente con los mecanismos económicos, sino con la política controlada cada vez más por los mercados, por el poder al servicio de los privilegiados y por el predominio de la avaricia y el afán de lucro como el único impulso ético que quieren imponer al resto del mundo los grandes propietarios y los financieros multimillonarios.

Por eso la crisis económica que vivimos es sobre todo una crisis política y cultural y ecosistémica.

Las prácticas financieras neoliberales que la han provocado se justificaron con el predominio de unos valores culturales marcados por la soledad, el individualismo egoísta, la degradación mercantil de los conceptos de felicidad y de éxito, el consumo irresponsable, la pérdida del sentido humano de la compasión y el descrédito de las ilusiones y las responsabilidades colectivas.

Los debates surgidos en torno a esta crisis demuestran que en las democracias occidentales se ha establecido un enfrentamiento peligroso entre los poderes económicos y la ilusión política. Los partidarios del mercado como único regulador de la Historia piensan que el Estado debe limitarse a dejar que los individuos actúen sin trabas, olvidando que entre ellos hay una gran desigualdad de capacidades, de medios y de oportunidades. Por eso le niegan capacidad pública para ordenar la economía en espacios transparentes, y para promover los equilibrios fiscales y la solidaridad social. Y por eso desacreditan el ejercicio de la política.

Pero la política no debe confundirse con la corrupción, el sectarismo y la humillación cómplice ante los poderes económicos. La política representa en la tradición democrática el protagonismo de los ciudadanos a la hora de organizar su convivencia y su futuro. Palabras como diálogo, compromiso, conciencia, entrega, legalidad, bien y público, están mucho más cerca de la verdadera política que otras palabras por desgracia comunes en nuestra vida cotidiana: corrupción, paraíso fiscal, dinero negro, beneficio, soborno, opacidad y escándalo.

Como esta crisis es política y cultural, debemos salir de esta crisis reivindicando la importancia de la política, la educación y la cultura. No podemos confundir la sensatez y la verdad científica con diagnósticos interesados en perpetuar el modelo neoliberal y sus recetas financieras.

Ahora resulta prioritario buscar una respuesta progresista a la crisis.

Para evitar nuevas crisis en el futuro hay que luchar en primer lugar contra todas las manifestaciones de la desigualdad. Y para ello es necesario garantizar el trabajo decente que proporcione a mujeres y hombres salarios dignos y suficientes, y el respeto a sus derechos laborales como fundamento de un crecimiento económico sostenible.

Así mismo, es imprescindible que se lleven a cabo reformas fiscales que garanticen la equidad, la solidaridad fiscal, sin paraísos ni privilegios para millonarios, y la mayor contribución de los que más tienen, para que el Estado pueda aumentar sus prestaciones sociales y ejercer como un potente impulsor de la actividad económica.

Frente a los daños ecológicos de la ambición especulativa, una respuesta progresista supone revisar los marcos jurídicos para que sea posible una mayor protección de nuestro ecosistema y establecer suficientes incentivos para promocionar la producción y el consumo sostenibles.

Frente a un modelo productivo basado en la especulación financiera e inmobiliaria y en la consideración de que nuestros recursos son ilimitados, una respuesta progresista supone invertir más en educación, investigación y cualificación laboral.

Frente al desprestigio de la política, una respuesta progresista supone devolverle la autoridad a los espacios públicos y a los representantes de los ciudadanos para que regulen en nombre del interés común las estrategias del mercado.

Frente a la misoginia y la discriminación de género, una respuesta progresista supone consolidar las políticas de igualdad, defender el derecho a la reproducción y medidas específicas para evitar que las mujeres se vean relegadas al paro o a la economía sumergida y a soportar muchas más horas de trabajo no retribuido que los hombres, sufriendo así en mucha mayor medida que éstos los efectos de la crisis.

Frente al racismo y a la xenofobia, una respuesta progresista supone defender los derechos de los trabajadores extranjeros y asegurar el respeto jurídico a la dignidad las personas.

Frente a la soledad social, la pobreza y el egoísmo, una respuesta progresista supone apostar por los valores culturales de la solidaridad, que no son ideales utópicos trasnochados, sino la mejor muestra de la dignidad cívica de los sentimientos humanos.

RELACIÓN FIRMANTES

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PÉREZ MARTÍNEZ, JESÚS PRESIDENTE FUNDACIÓN LARGO CABALLERO
PÉREZ MELÉNDEZ, CRISTINO PROFESOR UNIVERSIDAD
PRADO, BENJAMÍN ESCRITOR
QUERO, PEPE ACTOR
RAMONCÍN CANTANTE
RAMOS, ANA MARÍA MÚSICO
RAMOS, JESÚS DIRECTOR ESCUELA JUAN MUÑIZ ZAPICO
REBOLLO, JOSÉ ÓSCAR INVESTIGADOR
REGÁS, ROSA ESCRITORA
REIG, RAFAEL ESCRITOR
RICO, MAUEL ESCRITOR Y CRÍTICO LITERARIO
RÍOS, MIGUEL CANTANTE
RIOYO, JAVIER CINEASTA Y PERIODISTA
RIPOLL, JOSÉ RAMÓN POETA
RIVAS, CARMEN PERIODISTA
RIVAS, MANUEL ESCRITOR
RODRÍGUEZ MOYA, DANIEL POETA
RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, INÉS PROFESORA UNIVERSIDAD
RODRÍGUEZ, AZUCENA CINEASTA
RODRÍGUEZ, JUAN CARLOS CATEDRÁTICO UNIVERSIDAD
RODRÍGUEZ, MILENA ESCRITORA
RODRÍGUEZ, OLGA PERIODISTA
RODRIGUEZ-ARIAS, ANNA MARÍA GESTORA CULTURAL
ROSA, ISAAC ESCRITOR
ROSALES, JOSÉ CARLOS ESCRITOR
ROSSETTI, ANA ESCRITORA
RUIZ BRAVO-VILLASANTE, CARMEN ARABISTA
SABINA, JOAQUÍN CANTANTE
SABORIDO, EDUARDO DIRECTOR FUNDACIÓN ESTUDIOS SINDICALES CCOO-A
SÁENZ BADILLO, ÁNGEL HEBRAÍSTA
SAINZ, TINA ACTRIZ
SALVADOR, ÁLVARO POETA
SAMPEDRO, JOSÉ LUIS ESCRITOR
SAMPIETRO, MERCEDES ACTRIZ
SÁNCHEZ LLOPIS, ELVIRA FILÓSOFA. VICEPRESIDENTA FUNDACIÓN 1º MAYO
SÁNCHEZ MUÑOZ, ÁNGEL LUCAS MÚSICO
SÁNCHEZ, CLARA ESCRITORA
SANDOVAL, MAITE ACTRIZ
SANS AMENÓS, ROSA DIRECTORA FUNDACIÓ CIPRIANO GARCÍA
SANZ PASTOR, MARTA ESCRITORA
SANZ VILLANUEVA, SANTOS CATEDRÁTICO UNIVERSIDAD
SARTORIUS, NICOLÁS ABOGADO Y VICEPRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN ALTERNATIVAS
SEDA, JOSÉ MANUEL ACTOR
SERRANO, ISMAEL CANTANTE
SERRANO, RODOLFO PERIODISTA
SERRAT, JOSÉ MANUEL CANTANTE
SILVA, EMILIO PERIODISTA
SILVE, JOAN DIRECTOR FUNDACIÓ D´ESTUDIS I INICIATIVA SOCIOLABORAL
SIMÓN, ENRIQUE ACTOR
TAMAYO, JUAN JOSÉ PROFESOR UNIVERSIDAD
TARDUCHI, JOSÉ DIRECTOR TÉCNICO FUNDACIÓN ATENEO CULTURAL 1º DE MAYO
TARGARONA, JUDIT HEBRAÍSTA
TATO GONZÁLEZ, VALENTÍN PERIODISTA
TÉLLEZ, JUAN JOSÉ PERIODISTA Y ESCRITOR
TEMPORELLI, MANUELA POETA
TORRES, JUAN CATEDRÁTICO UNIVERSIDAD
TOUS, PACO ACTOR
TRASOBARES GAVÍN, JOSÉ LUIS PERIODISTA, COLUMNISTA Y ASESOR EDITORIAL
URDIALES, FERNANDO DIRECTOR TEATRO CORSARIO
UTRERA FERNÁNDEZ, RICARDO ANDRÉS DIRECTOR CENTRO DE OCIO CONTEMPORÁNEO DE BADAJOZ
VALENCIA, HERNANDO PROFESOR UNIVERSIDAD
VALPUESTA, ROSARIO CATEDRÁTICA UNIVERSIDAD
VALVERDE, FERNANDO POETA
VÁZQUEZ MEDEL, MANUEL ÁGEL CATEDRÁTICO UNIVERSIDAD
VICTOR MANUEL CANTANTE
VIDA, JUAN PINTOR
VIDAL COY, JOSÉ LUIS PERIODISTA
VILA IZQUIERDO, JUSTO DIRECTOR DE LA BIBLIOTECA DE EXTREMADURA
VILLA, CHARO PERIODISTA
VILLARES CRESPO, MANUEL PRESIDENTE FUNDACION 10 DE MARZO
VILLARROCHA ARDISA, ESTEBAN PRODUCTOR TEATRAL
VIYUELA, PEPE ACTOR
WENCES, ISABEL PROFESORA UNIVERSIDAD
ZAMORANO, PEDRO ESCULTOR
ZUBERO, IMANOL SOCIÓLOGO
ZÚÑIGA, JUAN EDUARDO ESCRITOR




Defensa de la palabra

Eduardo Galeano
Tercera Información (2-11-09)


1. Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno escribe contra la propia soledad y la soledad de los otros. Uno supone que la literatura transmite conocimiento y actúa sobre el lenguaje y la conducta de quien la recibe; que nos ayuda a conocernos mejor para salvarnos juntos.. Pero "los demás" y "los otros" son términos demasiado vagos; y en tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira. Uno escribe, en realidad, para la gente con cuya suerte, o mala suerte, uno se siente identificado, los malcomidos, los maldormidos, los rebeldes y los humillados de esta tierra, y la mayoría de ellos no sabe leer. Entre la minoría que sabe, ¿cuántos disponen de dinero para comprar libros? ¿Se resuelve esta contradicción proclamando que uno escribe para esa cómoda abstracción llamada "masa"?

2. No hemos nacido en la luna, no habitamos el séptimo cielo. Tenemos la dicha y la desgracia de pertenecer a una región atormentada del mundo, América Latina, y de vivir un tiempo histórico que golpea duro. Las contradicciones de la sociedad de clases son, aquí, más feroces que en los países ricos. La miseria masiva es el precio que los países pobres pagan para que el seis por ciento de la población mundial pueda consumir impunemente la mitad de la riqueza que el mundo entero genera. Es mucho mayor la distancia, el abismo que en América Latina se abre entre el bienestar de pocos y la desgracia de muchos; y son más salvajes los métodos necesarios para salvaguardar esa distancia.

El desarrollo de una industria restrictiva y dependiente, que aterrizó sobre las viejas estructuras agrarias y mineras sin alterar sus deformaciones esenciales, ha agudizado las contradicciones sociales en lugar de aliviarlas. La habilidad de los políticos tradicionales, expertos en las artes de la seducción y la estafa, resulta hoy insuficiente, anticuada, inútil; el juego populista que permitía otorgar para manipular ya no es posible, o revela su peligroso doble filo. Las clases y los países dominantes recurren a la maquinaria represiva. ¿De qué otra manera podría sobrevivir sin cambios un sistema social cada vez más parecida a un campo de concentración? ¿Cómo mantener a raya, sin alambradas de púas, a la reciente legión de los malditos? En la medida en que el sistema se siente amenazado por el desarrollo sin tregua de la desocupación, la pobreza y las tensiones sociales y políticas derivadas, se abrevia el espacio disponible para la simulación y los buenos modales: en los suburbios del mundo el sistema revela su verdadero rostro.

¿Por qué no reconocer un cierto mérito de sinceridad en las dictaduras que oprimen, hoy por hoy, a la mayoría de nuestros países? La libertad de los negocios implica, en tiempos de crisis, la prisión de las personas. Los científicos latinoamericanos emigran, los laboratorios y las universidades no tienen recursos, el "know how" industrial es siempre extranjero y se paga carísimo, pero ¿por qué no reconocer un cierto mérito de creatividad en el desarrollo de una tecnología del terror? América Latina está haciendo inspirados aportes universales en cuanto al desarrollo de métodos de torturas, técnicas del asesinato de personas e ideas, cultivo del silencio, multiplicación de la impotencia y siembra del miedo..

Quienes queremos trabajar por una literatura que ayude a revelar la voz de los que no tienen voz, ¿cómo podemos actuar en el marco de esta realidad? ¿Podemos hacernos oír en medio de una cultura sorda y muda? Las nuestras son repúblicas del silencio. La pequeña libertad del escritor, ¿no es a veces la prueba de su fracaso? ¿Hasta dónde y hasta quiénes podemos llegar? Hermosa tarea la de anunciar el mundo de los justos y los libres; digna función la de negar el sistema del hambre y de las jaulas visibles o invisibles. Pero, ¿a cuántos metros tenemos la frontera? ¿Hasta dónde otorgan permiso los dueños del poder?

3. Mucho se ha discutido en torno de las formas directas de censura bajo los diversos regímenes sociales y políticos que en el mundo son o han sido, la prohibición de libros y periódicos incómodos o peligrosos y el destino de destierro, cárcel o fosa de algunos escritores y periodistas. Pero la censura indirecta actúa de un modo más sutil. No por menos aparente es menos real. Poco se habla de ella; sin embargo, en América Latina es la que más profundamente define el carácter opresor y excluyente del sistema que la mayoría de nuestros países padece. ¿En qué consiste esta censura que nunca osa decir su nombre? Consiste en que no viaja el barco porque no hay agua en el mar: si un cinco por ciento de la población latinoamericana puede comprar refrigeradores, ¿qué porcentaje puede comprar libros? ¿Y qué porcentaje puede leerlos, sentir su necesidad, recibir su influencia? Los escritores latinoamericanos, asalariados de una industria de la cultura que sirve al consumo de una elite ilustrada, provenimos de una minoría y escribimos para ella. Esta es la situación objetiva de los escritores cuya obra confirma la desigualdad social y la ideología dominante; y es también la situación objetiva de quienes pretendemos romper con ellas. Estamos bloqueados, en gran medida, por las reglas de juego de la realidad en la que actuamos. El orden social vigente pervierte o aniquila la capacidad creadora de la inmensa mayoría de los hombres y reduce la posibilidad de la creación - antigua respuesta al dolor humano y a la certidumbre de la muerte - al ejercicio profesional de un puñado de especialistas. ¿Cuántos somos, en América Latina, esos "especialistas"? ¿Para quiénes escribimos, a quiénes llegamos? ¿Cuál es nuestro público real? Desconfiemos de los aplausos. A veces nos felicitan quienes nos consideran inocuos.

4. Uno escribe para despistar a la muerte y estrangular los fantasmas que por dentro lo acosan; pero lo que uno escribe puede ser históricamente útil sólo cuando de alguna manera coincide con la necesidad colectiva de conquista de la identidad.

Esto, creo, quisiera uno: que al decir: "Así soy" y ofrecerse, el escritor pudiera ayudar a muchos a tomar conciencia de lo que son. Como medio de revelación de la identidad colectiva, el arte debería ser considerado un artículo de primera necesidad y no un lujo. Pero en América Latina el acceso a los productos de arte y cultura está vedado a la inmensa mayoría.

Para los pueblos cuya identidad ha sido rota por las sucesivas culturas de conquista, y cuya explotación despiadada sirve al funcionamiento de la maquinaria del capitalismo mundial, el sistema genera una "cultura de masas". Cultura para masas, debería decirse, definición más adecuada de este arte degradado de circulación masiva que manipula las conciencias, oculta la realidad y aplasta la imaginación creadora. No sirve, por cierto, a la revelación de la identidad, sino que es un medio de borrarla o deformarla, para imponer modos de vida y pautas de consumo que se difunden masivamente a través de los medios de comunicación. Se llama "cultura nacional" a la cultura de la clase dominante, que vive una vida importada y se limita a copiar, con torpeza y mal gusto, a la llamada "cultura universal", o lo que por ella entienden quienes la confunden con la cultura de los países dominantes. En nuestro tiempo, era de los mercados múltiples y las corporaciones multinacionales, se ha internacionalizado la economía y también la cultura, la "cultura de masas", gracias al desarrollo acelerado y la difusión masiva de los medios. Los centros de poder nos exportan máquinas y patentes y también ideología. Si en América Latina está reservado a pocos el goce de los bienes terrenales, es preciso que la mayoría se resigne a consumir fantasías. Se vende ilusiones de riqueza a los pobres y de libertad a los oprimidos, sueños de triunfo para los vencidos y de poder para los débiles. No hace falta saber leer para consumir las apelaciones simbólicas que la televisión, la radio y el cine difunden para justificar la organización desigual del mundo.

Para perpetuar el estado de cosas vigente en estas tierras donde cada minuto muere un niño de enfermedad o de hambre, es preciso que nos miremos a nosotros mismos con los ojos de quien nos oprime. Se domestica a la gente para que acepte "este" orden como el orden "natural" y por lo tanto eterno; y se identifica al sistema con la patria, de modo que el enemigo del régimen resulta ser un traidor o un agente foráneo. Se santifica la ley de la selva, que es la ley del sistema, para que los pueblos derrotados acepten su suerte como un destino; falsificando el pasado se escamotean las verdaderas causas del fracaso histórico de América Latina, cuya pobreza ha alimentado siempre la riqueza ajena: en la pantalla chica y en la pantalla grande gana el mejor, y el mejor es el más fuerte. El derroche, el exhibicionismo y la falta de escrúpulos no producen asco, sino admiración; todo puede ser comprado, vendido, alquilado, consumido, sin exceptuar el alma. Se atribuye a un cigarrillo, a un automóvil, a una botella de whisky o a un reloj, propiedades mágicas: otorgan personalidad, hacen triunfar en la vida, dan felicidad o éxito. A la proliferación de héroes y modelos extranjeros, corresponde el fetichismo de las marcas y las modas de los países ricos. Las fotonovelas y los teleteatros locales transcurren en un limbo de cursilería, al margen de los problemas sociales y políticos reales de cada país; y las series importadas venden democracia occidental y cristiana junto con violencia y salsa de tomates.

5. En estas tierras de jóvenes, jóvenes que se multiplican sin cesar y que no encuentran empleo, el tic-tac de la bomba de tiempo obliga a los que mandan a dormir con un solo ojo. Los múltiples métodos de alienación cultural, máquinas de dopar y de castrar, cobran una importancia cada vez mayor. Las fórmulas de esterilización de las conciencias se ensayan con más éxito que los planes de control de la natalidad. La mejor manera de colonizar una conciencia consiste en suprimirla. En este sentido también opera, deliberadamente o no, la importación de una falsa contracultura que encuentra eco creciente en las nuevas generaciones de algunos países latinoamericanos. Los países que no abren a los muchachos opciones de participación política - por la petrificación de sus estructuras o por sus asfixiantes mecanismos de represión - ofrecen los terrenos mejor abonados para la proliferación de una presunta "cultura de protesta", venida de afuera, subproducto de la sociedad del ocio y el despilfarro, que se proyecta hacia todas las clases sociales a partir del anti-convencionalismo postizo de las clases parasitarias.

Los hábitos y símbolos de la revuelta juvenil de los años sesenta en Estados Unidos y en Europa, nacidos de una reacción contra la uniformidad del consumo, son ahora objeto de producción en serie. La ropa con diseños psicodélicos se vende al grito de "¡Libérate!"; la música, los posters, los peinados y los vestidos que reproducen los modelos estéticos de la alucinación por las drogas, son volcados en escala industrial sobre el Tercer Mundo. Junto con los símbolos, coloridos y simpáticos, se ofrece pasajes al limbo a los jóvenes que quieren huir del infierno. Se invita a las nuevas generaciones a abandonar la historia, que duele, para viajar al Nirvana. Al incorporarse a esta "cultura de la droga", ciertos sectores juveniles latinoamericanos realizan la ilusión de reproducir el modo de vida de sus equivalentes metropolitanos. Originada en el inconformismo de grupos marginales de la sociedad industrial alienada, esta falsa contra-cultura nada tiene que ver con nuestras necesidades reales de identidad y destino: brinda aventuras para paralíticos; genera resignación, egoísmo, incomunicación; deja intacta la realidad pero cambia su imagen; promete amor sin dolor y paz sin guerra. Además, al convertir a las sensaciones en artículos de consumo, encaja perfectamente con la "ideología de supermercado" que difunden los medios masivos de comunicación. Si el fetichismo de los autos y las heladeras no resulta suficiente para apagar la angustia y calmar la ansiedad, es posible comprar paz, intensidad y alegría en el supermercado clandestino.

6. Encender conciencias, revelar la realidad: ¿Puede la literatura reivindicar mejor función en estos tiempos y estas tierras nuestras? La cultura del sistema, cultura de los sucedáneos de la vida, enmascara la realidad y anestesia la conciencia. Pero, ¿qué puede un escritor, por mucho que arda su fueguito, contra el engranaje ideológico de la mentira y el conformismo? Si la sociedad tiende a organizarse de tal modo que nadie se encuentra con nadie, y a reducir las relaciones humanas al juego siniestro de la competencia y el consumo - hombres solos usándose entre sí y aplastándose los unos a los otros -¿qué papel puede cumplir una literatura del vínculo fraternal y la participación solidaria? Hemos llegado a un punto en el que nombrar las cosas implica denunciarlas: ¿ante quiénes, para quiénes?

7. Nuestro propio destino de escritores latinoamericanos está ligado a la necesidad de transformaciones sociales profundas. Narrar es darse: parece obvio que la literatura, como tentativa de comunicación plena, continuará bloqueada de antemano mientras existan la miseria y el analfabetismo y los dueños del poder sigan realizando impunemente su proyecto de imbecilización colectiva a través de los medios masivos de comunicación.

No comparto la actitud de quienes reivindican para los escritores un privilegio de libertad al margen de la libertad de los demás trabajadores. Grandes cambios, hondos cambios de estructura serán necesarios en nuestros países para que los escritores podamos llegar más allá de las ciudadelas cerradas de las élites y para que podamos expresarnos sin mordazas visibles o invisibles. Dentro de una sociedad presa, la literatura libre sólo puede existir como denuncia y esperanza.

En el mismo sentido, creo que sería un sueño de una noche de verano suponer que por vías exclusivamente culturales podría llegar a liberarse la potencia creadora del pueblo, desde temprano adormecida por las duras condiciones materiales y las exigencias de la vida. ¿Cuántos talentos se extinguen, en América Latina, antes de que puedan llegar a manifestarse? ¿Cuántos escritores y artistas no llegan ni siquiera a enterarse de que lo son?

8. Por otra parte, ¿puede realizarse cabalmente una cultura nacional en países donde las bases materiales del poder no son nacionales, o dependen de centros extranjeros? Si esto no es posible, ¿qué sentido tiene escribir? No hay un "grado cero" de la cultura, así como no existe un "grado cero" de la historia.

Si reconocemos una inevitable continuidad entre la etapa del dominio y la etapa de la liberación en cualquier proceso de desarrollo social, ¿por qué negar la importancia de la literatura y su posible función revolucionaria en la exploración, revelación y difusión de nuestra verdadera identidad o de su proyecto? El opresor quiere que el espejo no devuelva al oprimido más que una mancha de azogue. ¿Qué proceso de cambio puede impulsar un pueblo que no sabe quién es, ni de dónde viene? Si no sabe quién es, ¿cómo puede saber lo que merece ser? ¿No puede la literatura ayudar, directa o indirectamente, a esa revelación? En gran medida, pienso, la posibilidad del aporte depende del grado de intensidad de la comunidad del escritor con las raíces, los andares y el destino de su pueblo. También de su sensibilidad para percibir el latido, el sonido y el ritmo de la auténtica contra-cultura en ascenso. Muchas veces lo que se considera "incultura" contiene semillas o frutos de "otra" cultura, que enfrenta a la cultura dominante y no tiene sus valores ni su retórica. Se la suele menospreciar, por error, como a una mera repetición degradada de los productos "cultos" de la élite o de los modelos culturales que el sistema fabrica en serie, pero a menudo es más reveladora y valiosa una crónica popular que una novela "profesional", y el pulso de la vida real se siente con más fuerza en ciertas coplas anónimas del cancionero nacional que en muchos libros de poesía escritos en el código de los iniciados; los testimonios de la gente que de mil modos expresa sus lastimaduras y sus esperanzas frecuentemente resultan más elocuentes y bellos que las obras escritas "en nombre del pueblo".

Nuestra auténtica identidad colectiva nace del pasado y se nutre de él - huellas sobre las que caminan nuestros pies, pasos que presienten nuestros andares de ahora - pero no se cristaliza en la nostalgia. No vamos a encontrar, por cierto, nuestro escondido rostro en la perpetuación artificial de trajes, costumbres y objetos típicos que los turistas exigen a los pueblos vencidos. Somos lo que hacemos, y sobre todo lo que hacemos para cambiar lo que somos: nuestra identidad reside en la acción y en la lucha. Por eso la revelación de lo que somos implica la denuncia de lo que nos impide ser lo que podemos ser. Nos definimos a partir del desafío y por oposición al obstáculo.

Una literatura nacida del proceso de crisis y de cambio y metida a fondo en el riesgo y la aventura de su tiempo, bien puede ayudar a crear los símbolos de la realidad nueva y quizás alumbre, si el talento no falta y el coraje tampoco, las señales del camino.

No es inútil cantar al dolor y la hermosura de haber nacido en América. 9. No siempre los datos de tiraje o venta dan la medida de la resonancia de un libro. A veces la obra escrita irradia una influencia mucho mayor que su difusión aparente; a veces responde con años de anticipación a las preguntas y necesidades colectivas, si el creador ha sabido vivirlas previamente como dudas y desgarramientos dentro de sí. La obra brota de la conciencia herida del escritor y se proyecta al mundo: el acto de creación es un acto de solidaridad que no siempre cumple su destino en vida de quien lo realiza.

10. No comparto la actitud de los escritores que se atribuyen privilegios divinos no otorgados al común de los mortales, ni la actitud de quienes se golpean el pecho y rasgan sus vestiduras clamando el perdón público por vivir al servicio de una vocación inútil. Ni tan dioses ni tan insectos. La conciencia de nuestras imitaciones no es una conciencia de impotencia: la literatura, una forma de la acción, no tiene poderes sobrenaturales, pero el escritor puede ser un poquito mago cuando consigue que sobrevivan, a través de su obra, personas y experiencias que valen la pena. Si lo que escribe no es leído impunemente y cambia o alimenta, en alguna medida, la conciencia de quien lee, bien puede un escritor reivindicar su parte en el proceso de cambio: sin soberbia ni falsa humildad, y sabiéndose padecido de algo mucho más vasto.

Me parece coherente que renieguen de la palabra quienes cultivan el monólogo con sus propias sombras y laberintos sin fin; pero la palabra tiene sentido para quienes queremos celebrar y compartir la certidumbre de que la condición humana no es una cloaca. Buscamos interlocutores, no admiradores; ofrecemos diálogo, no espectáculo. Escribimos a partir de una tentativa de encuentro, para que el lector comulgue con palabras que nos vienen de él y que vuelven a él como aliento y profecía. 11. Sostener que la literatura va a cambiar, de por sí, la realidad, sería un acto de locura o soberbia. No me parece menos necio negar que en algo puede ayudar a que cambie.

La conciencia de nuestras limitaciones es, en definitiva, una conciencia de nuestra realidad. En medio de la niebla de la desesperanza y la duda, es posible enfrentar las cosas cara a cara y pelearlas cuerpo a cuerpo: a partir de nuestras limitaciones, pero contra ellas.

En este sentido, resulta tan desertora una literatura "revolucionaria" escrita para los convencidos, como una literatura conservadora consagrada al éxtasis en la contemplación del propio ombligo. Hay quienes cultivan una literatura "ultra" y de tono apocalíptico, dirigida a un público reducido y que está de antemano de acuerdo con lo que propone y trasmite: ¿cuál es el riesgo que asumen estos escritores, por más revolucionarios que digan ser, si escriben para la minoría que piensa y siente como ellos y le dan lo que espera recibir? No hay, entonces, posibilidad de fracaso; pero tampoco de éxito. ¿De qué sirve escribir si no es para desafiar el bloqueo que el sistema impone al mensaje disidente? Nuestra eficacia depende de nuestra capacidad de ser audaces y astutos, claros y atractivos. Ojalá podamos crear un lenguaje entrador y más hermoso que el que los escritores conformistas emplean para saludar al crepúsculo.

12. Pero no es solamente un problema de lenguaje. También de medios. La cultura de la resistencia emplea todos los medios a su alcance y no se concede el lujo de desperdiciar ningún vehículo ni oportunidad de expresión. El tiempo es breve, ardiente el desafío, enorme la tarea: para un escritor latinoamericano enrolado en la causa del cambio social, la producción de libros forma parte de un frente de trabajo múltiple. No compartimos la sacralización de la literatura como institución congelada de la cultura burguesa. La crónica y el reportaje de tirajes masivos, los guiones para radio, cine y televisión y la canción popular no siempre son géneros "menores", de categoría subalterna, como creen algunos marqueses del discurso literario especializado que los miran por encima del hombro. Las fisuras abiertas por el periodismo rebelde latinoamericano en el engranaje alienante de los medios masivos de comunicación, han sido a menudo el resultado de trabajos sacrificados y creadores que nada tienen que envidiar, por su nivel estético y su eficacia, a las buenas novelas y cuentos de ficción.

13. Creo en mi oficio; creo en mi instrumento. Nunca pude entender por qué escriben los escritores que mientras tanto declaran, tan campantes, que escribir no tiene sentido en un mundo donde la gente muere de hambre. Tampoco pude nunca entender a los que convierten a la palabra en blanco de furias o en objeto de fetichismo. La palabra es un arma, y puede ser usada para bien o para mal: la culpa del crimen nunca es del cuchillo.

Creo que una función primordial de la literatura latinoamericana actual consiste en rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o traicionar la comunicación. "Libertad" es, en mi país, el nombre de una cárcel para presos políticos y "Democracia" se llaman varios regímenes de terror; la palabra "amor" define la relación del hombre con su automóvil y por "revolución" se entiende lo que un nuevo detergente puede hacer en su cocina; la "gloria" es algo que produce un jabón suave de determinada marca y la "felicidad" una sensación que da comer salchichas. "País en paz" significa, en muchos lugares de América Latina, "cementerio en orden", y donde dice "hombre sano" habría que leer a veces "hombre impotente".

Escribiendo es posible ofrecer, a pesar de la persecución y la censura, el testimonio de nuestro tiempo y nuestra gente - para ahora y después -. Se puede escribir como diciendo, en cierto modo: "Estamos aquí, aquí estuvimos; somos así, así fuimos".

Lentamente va cobrando fuerza y forma, en América Latina, una literatura que no ayuda a los demás a dormir, sino que les quita el sueño; que no se propone enterrar a nuestros muertos, sino perpetuarlos; que se niega a barrer las cenizas y procura, en cambio, encender el fuego. Esa literatura continúa y enriquece una formidable tradición de palabras peleadoras. Si es mejor, como creemos, la esperanza que la nostalgia, quizás esa literatura naciente pueda llegar a merecer la belleza de las fuerzas sociales que tarde o temprano, por las buenas o por las malas, cambiarán radicalmente el curso de nuestra historia. Y quizás ayude a guardar para los jóvenes.

Fuente: Contextos Observaciones: El texto Defensa de la Palabra se encuentra publicado en el libro de Eduardo Galeano Nosotros decimos No (Crónicas 1963 -1988) - Editorial Siglo XXI.



Los verdaderos piratas

Joaquim Sempere *
Sin Permiso (2-11-09)


En 1991 se hundió el orden político de Somalia, país que sucumbió a una guerra civil empeorada por la intervención estadounidense. El colapso político dejó la sociedad somalí sin defensas, situación que fue aprovechada por navíos procedentes de Europa, Estados Unidos, China y otros países para verter en sus aguas grandes cantidades de residuos tóxicos y radioactivos. El abuso se hizo visible cuando, en 2005, un tsunami depositó en las playas y costas somalíes bidones corroídos y otras muestras de estos residuos. Según el enviado de las Naciones Unidas en Somalia Ahmadou Ould-Abdallah, la porquería tóxica acumulada en pocos días por la catástrofe marina provocó úlceras, cánceres, náuseas y malformaciones genéticas en recién nacidos y, al menos, 300 muertes.

Pero las desgracias no terminan ahí. Aprovechando el desgobierno, una multitud de barcos de pesca empezó a faenar en las aguas frente al país, incluidas sus aguas territoriales. En 2005 se calculó que pescaron allí unos 800 barcos de distintos países, muchos de ellos europeos y, más específicamente, españoles. Se estima que los ingresos generados durante un año por esta pesca extranjera ilegal ascendía a 450 millones de dólares. El resultado fue la rápida disminución de unas reservas pesqueras que eran el principal recurso para las comunidades de pescadores del país, catalogado como uno de los más pobres del mundo.

Un reportaje de Al Yazira informa de que grupos de somalíes trataron de constituir un cuerpo autodenominado “Guardacostas Voluntarios de Somalia”, reuniendo dinero con el que pagar a la empresa estadounidense Hart Security, que se dedica a entrenar y formar luchadores y mercenarios por todo el mundo –y que, años más tarde, ha actuado como mediadora para el cobro de rescates en aquellas mismas aguas: ¡negocio redondo!–. Al parecer, hubo intentos de esos guardacostas voluntarios de negociar con los buques de pesca extranjeros para que dejaran de faenar o pagaran un impuesto para seguir haciéndolo, intentos que resultaron fallidos. El desenlace final fue lo que hoy se califica como piratería somalí. En un país plagado de armas, desgarrado por bandas rivales y sometido a una situación económica desesperada, un desenlace así no debería sorprender. A la vista de lo anterior es legítimo preguntarse: ¿quiénes son, en esta historia, los verdaderos piratas?

Hay en España quien propone que los atuneros españoles (que son sobre todo vascos) lleven militares a bordo para disuadir a los piratas. En el Parlamento vasco, los votos del PP y el PNV han hecho posible el pasado 8 de octubre aprobar una moción en esta línea. El Congreso ya lo había descartado meses antes arguyendo que la legislación española no lo permite. Francia sí lo permite, y hace tiempo que en el Índico los barcos de pesca franceses llevan militares a bordo. Pero esta diferencia es de detalle: ambos países lograron que el 10 de diciembre de 2008 los ministros de Defensa de la Unión Europea aprobaran la llamada Operación Atalanta contra la piratería somalí, y que se diera luz verde al envío de entre 6 y 10 buques de guerra para “garantizar la seguridad” en el golfo de Adén con el mandato de vigilar las costas de Somalia, “incluidas sus aguas territoriales”.

Estos hechos muestran que el colonialismo no sólo no ha muerto, sino que está tomando nuevos bríos. Y un nuevo aspecto marcado por la crisis de recursos naturales, en este caso la pesca. Las flotas pesqueras de los países ricos, compuestas por buques con capacidad para moverse por todos los mares del mundo, esquilman un caladero tras otro: son las principales culpables de la sobrepesca que desde hace años viene destruyendo la capacidad de regeneración de las especies marinas y preparando un colapso de las capturas a escala mundial. Las primeras perjudicadas son las poblaciones de los países pobres que dependen de la pesca local: ellas carecen de flotas potentes para pescar lejos de sus costas. El caso somalí es uno de los más sangrantes por las circunstancias políticas internas, pero no es el único.

España está recuperando sus blasones imperiales contribuyendo a empobrecer a uno de los países más pobres del mundo. Al hacerlo no sólo comete una injusticia, sino que practica una política sin futuro también para sus habitantes. Porque cuando ya no haya caladeros por explotar en ningún rincón del mundo, ¿qué harán nuestros marineros y pescadores?

Es una indignidad aprovecharse de un país desangrado por una guerra civil y luego mandar a los soldados a defender una causa indefendible que no hace más que profundizar la tragedia de ese pueblo. Y si se quiere mirar desde otra óptica, ¿cuánto nos cuesta mantener la dotación de dos buques de guerra, un avión y 395 efectivos de la Marina española que tenemos destacados en la zona?

El caso tiene su moraleja. Un país desarrollado como España no debe, tras agotar sus propios recursos pesqueros, expandirse por los mares del mundo privando a otras poblaciones más pobres de sus medios de subsistencia, porque agrava la situación de esas poblaciones y las empuja a una resistencia que desemboca en aventuras violentas y salidas militares. La solución hay que buscarla en casa, adaptándose a unos ecosistemas dañados y gestionándolos mejor (por ejemplo, con la piscicultura como alternativa a la pesca), y adoptando medidas previsoras para que nadie se quede sin trabajo y sin fuente de ingresos. Es inquietante que se esté haciendo exactamente lo contrario: optar por la huida hacia delante y por un neoimperialismo ecológico reforzado militarmente que sólo puede redundar en un empeoramiento de la situación.

* Joaquim Sempere es Profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona.

 

 

Cinco claves para otra economía
El poder lo da el saber qué, para qué y para quienes queremos hacer las cosas junto a la decisión y voluntad firme de hacerlo.

Fernando Moreno Bernal
ATTAC Madrid (1-11-09)


La crisis financiera ha puesto de manifiesto para todo aquel que no se obstine en mantener cerrado los ojos que el crédito es un bien imprescindible para el actual funcionamiento del sistema económico, y como tal debe ser considerado como un bien público. Igual que el suministro de energía, agua potable, infraestructuras ferroviarias y de carreteras, sanidad, educación, pensiones, etc, etc.
El sistema financiero funciona para la economía como el sistema sanguíneo para los organismos vivos: aportando oxígeno y nutrientes que permiten mantenerse, reproducirse y funcionar al resto de órganos del cuerpo. Si el circuito del crédito no llega a las pequeñas empresas, autónomos y familias, como está ocurriendo actualmente en todos los llamados países desarrollados, la actividad decae, el desempleo se dispara y las necesidades sociales quedan sin cubrirse. Es tan importante que no podemos contentarnos con reformar el modelo productivo sino cambiarlo en profundidad para garantizar que esté al servicio de la economía productiva, al servicio de cubrir las necesidades con justicia social, respeto medioambiental sostenible en el largo plazo, inclusiva e integradora de migrantes y en igualdad de género, al servicio del bien vivir. Tenemos que cambiarlo de tal modo que garantice la imposibilidad de volver a estar de nuevo al servicio de unos intereses privados minoritarios avarientos que destrocen el bienestar y el futuro de la inmensa mayoría de la sociedad.
Como denuncia en su teoría del shock Naomi Klein la élite de los defensores del sistema, con la CEOE a la cabeza en España, no quieren desaprovechar esta buena crisis para exigir reformas profundas del mercado laboral que profundicen en la situación de poder en el seno de las relaciones laborales antes de que el “enfermo” se recupere, o vea por si sólo una respuesta distinta; de que llegue a tener el valor de ver en la crisis la oportunidad de superar de una vez por todas este sistema injusto, desigual, depredador, insostenible, dictatorial y deshumanizador.

Para hacer que otra economía sea posible dando respuestas inmediatas a las necesidades haciendo que todo funcione de nuevo son necesarias cinco claves.

El sistema financiero es un bien público, pero los banqueros no. La crisis financiera internacional y el peso que las operaciones con activos inmobiliarios tienen en el balance de los bancos y Cajas de Ahorros siguen amenazando con hundir el sistema financiero internacional, y hoy aún con más gravedad al sistema financiero español. La primera tarea clave es salir al rescate del propio sistema financiero, de los bancos y Cajas de Ahorros, utilizando para ello el dinero de los contribuyentes y provocando déficit público. Y así se ha hecho. El hecho de que se utilicen recursos de los ciudadanos para remediar los desaguisados de directivos de una banca privada muy bien pagados y que no se hacen responsables de sus fallos debe generar no sólo la justa indignación sino la respuesta coherente de la nacionalización de la banca privada y Cajas de Ahorros rescatada, de un servicio público esencial para la sociedad. Más allá de la crisis, ésta es una de las grandes cuestiones pendientes que nos deja esta crisis financiera. Un sistema financiero público garantiza que su actividad no se desvíe hacia la especulación y esté centrado en la demanda de la economía productiva. Esta respuesta sería en época de quiebras financieras menos costosa (en algunos casos coste cero) para los presupuestos públicos y, en consecuencia, para los déficit públicos.

La siguiente clave es la recuperación de la actividad económica. Una economía no funciona si no se satisfacen las necesidades sociales básicas de supervivencia: comida, vestido, vivienda, sanidad, educación, transporte, etc. Y ello requiere consumo e inversión pública y privada. Cuando estas no se satisfacen hay que salir al rescate de la demanda social con un plan de rentas mínima garantizada. Esto genera más gasto público que en gran parte si no en toda se compensará con los mayores ingresos por impuestos que esta demanda de las familias y actividad de las pequeñas y medianas empresas, que son las únicas que verdaderamente pagan impuestos, generan. El conflicto entre recuperación y déficit hay que resolverlo en el medio plazo. Para ayudar en esta recuperación de la demanda social habría que establecer tipos de interés negativos desde ese sistema financiero público. Esto supone que quién pagará por esos créditos será el propio sistema financiero público liberando de esta forma a los déficit de los presupuestos públicos y suponiendo un modelo innovador de autofinanciamiento de los Planes públicos a medio y largo plazo. A su vez forzaría a la banca privada a bajar los tipos de interés a empresas y familias para mantener cuotas de mercado y desincentivaría el ansia de privatizarlo en el futuro.

La tercera clave es la apuesta por los modelos de empresas del futuro y la reconversión de los sectores industriales para el bien vivir. Una recesión se lleva por delante empresas y modelos de negocio obsoletos, poniendo de manifiesto las contradicciones de nuestro mal vivir actual. Pero también ponen de manifiesto la fortaleza de las empresas de economía social con mayor índice de supervivencia que el resto de las empresas del mismo sector dentro de este mismo mercado capitalista competitivo, marcando la línea del futuro modelo de empresa para superar de forma duradera la actual crisis. Esta crisis obliga a sectores y empresas a reestructurarse haciendo desaparecer actividades que no deben continuar en una economía del bien vivir. El sector de la agricultura, ganadería, construcción, automóvil, energía, turístico, etc han de transformarse desde modelos de negocios enfocados a unos mercados internacionales especulativos y generadores de plusvalía ajenas a las necesidades sociales del entorno hacia modelos de actividad generadores de empleo que satisfagan las necesidades sociales reales de sus poblaciones respetando sus valores, tradiciones y empresas artesanales. Se trata de cambiar el modelo productivo, no de reformarlo, porque ya no es posible seguir igual. Eso exige una profunda reforma empresarial, en la que los verdaderos protagonistas sean los/as trabajadores, los/as autónomos y las pequeñas y medianas empresas. Pero el sector público ha de ayudar mediante planes que marquen con nitidez los objetivos a conseguir, fomenten la reconversión y las reformas necesarias. Planes que con un sistema financiero público innovador como antes describimos no tienen por qué generar ningún déficit público.

La cuarta clave es el cambio de valores y la democratización de las instituciones y reglas que rigen la actividad económica. Cambiar el enfoque competitivo por planteamientos cooperativos y solidarios, en la línea del desarrollo de la economía con igualdad de género; cambiar el enfoque a corto plazo por el enfoque a medio y largo plazo; re-localizar la actividad pública; revalorizar el papel de lo público y del Estado como garante, regulador y proveedor de bienes públicos esenciales; e imponer un sistema financiero internacional público que impida la especulación y la opacidad y atesoramiento de la riqueza en los paraísos fiscales. Estos nuevos valores deben ser acordes con una democratización y recuperación del control político de las instituciones financieras empezando por los Bancos Centrales.

La última clave es la recuperación de la equidad y progresividad de las cuentas públicas. Es de sentido común que pague más quién más tiene. No se puede seguir justificando la creciente desigualdad y polarización social con la demagogia neoliberal de potenciar el ahorro en manos de pocas manos para favorecer la inversión productiva que creará, en un futuro cada vez más lejano y difuso, empleo para todos. Nunca ha sido así y nunca lo será. La clave está en que el reequilibrio afecte tanto a los ingresos como a los gastos. Un Presupuesto es progresista o no tanto por los ingresos como por los gastos. No puede serlo en uno y no serlo en el otro. Decir que es progresista en los gastos y no en los ingresos es querer ocultar que se está haciendo recaer exclusivamente entre las clases populares la financiación de las políticas públicas de gasto social, pero también las de apoyo y recuperación de un sistema privado de banca y empresas que tan sólo buscan su propio lucro. Justificar que hay margen para hacer de los gastos un instrumento socialmente más equitativo y eficiente sin tocar los ingresos desde una perspectiva de recuperación de la progresividad impositiva no es sino justificar ideológicamente la “socialización de las perdidas privadas” que es hoy la necesidad urgente e imperiosa de un sistema capitalista agonizante.

¿Cómo podemos establecer estas cinco claves para una economía del bien vivir? La respuesta no puede ser otra que con voluntad política y decisión firme. Confianza plena en la fuerza que da las bases sociales siempre que se sea coherente con la defensa de sus intereses, las clases populares que tienen mucho que ganar y nada que perder y que son más del 99% de la sociedad. Con una información clara sobre quién se beneficia y quién se perjudica desde una perspectiva de clase social. Y con un equipo económico que participe de esta perspectiva de clase y de sus intereses.

El poder lo da el saber qué, para qué y para quienes queremos hacer las cosas junto a la decisión y voluntad firme de hacerlo.




La trastienda negra de los supermercados
La lista de la compra se reduce a cinco grandes empresas y a dos centrales de compra que ejercen la distribución de alimentos en el país. El precio de los productos aumenta mientras que el productor recibe cada vez menos dinero.

Sebastián Ruiz
Diagonal (1-11-09)


Paren el mundo que hay que reponer. Aquí y ahora. Pero antes puede elegir usted alguna de las cinco alternativas propuestas para abastecer su cesta de la compra: Carrefour (que también incluye a Día y Champion), Mercadona, Eroski, Alcampo y el Corte Inglés (con Opencor). Además, hay que sumar la distribución que llevan a cabo las dos principales centrales de compra, Euromadi e IFA. Oferta del día: flexibilidad de horarios con salarios reducidos, variedad de productos nacionales e internacionales precocinados y congelados, y la venta de alimentos de comercio justo y de agricultura ecológica para limpiar la imagen. Irresistible y no es ficticio. Según el informe Expo Retail 2006, estas cinco grandes empresas y las dos centrales controlan el 75% de la distribución de alimentos en el Estado español. Mucho ha llovido desde que en 1957 abriera las puertas el primer supermercado. ¿Dónde queda el pequeño comercio? Para Esther Vivas, autora del libro Supermercados, no gracias, la respuesta está clara: en la cuerda floja. La activista catalana afirma que con la crisis actual muchas pequeñas empresas se han visto obligadas a colgar el cartel de ‘se vende o alquila’ por la fuerte competencia de las grandes cadenas de distribución de alimentos. Pero la situación ya era familiar. “A finales del año 1998 había 95.000 tiendas en el Estado español. La cifra en 2004 era de 25.000 establecimientos. Hay que hacer algo urgentemente y todo pasa por cambiar la lógica actual de consumo”, declara Vivas.

Cadenas de distribución

Isidro Jiménez, de Ecologistas en Acción y de Consume Hasta Morir, reflexiona sobre un aspecto fundamental y que, según él, queda a menudo en el tintero: la nueva gestión del suelo provocada por la apertura de nuevos centros comerciales. “El actual modelo de crecimiento urbanístico privilegia a las grandes superficies como opción de compra y como centro de ocio, así que el pequeño comercio, con todos los beneficios que éste ofrece al consumidor y a la economía local, se ve amenazado”. Los datos reflejan, y cada vez más, cómo las compras de alimentos por parte del consumidor final están concentradas alrededor de las grandes empresas de distribución alimentaria. Ferrán García, coordinador de la campaña No te Comas el Mundo, impulsada por la plataforma rural en la que convergen colectivos ecologistas y de agricultores, lo explica: “Esta situación nos lleva a describir la cadena de distribución de alimentos como un embudo donde la gran distribución ejerce de cuello de botella en la relación comercial entre campesinos/ productores y consumidores”. Este monopolio tiene graves consecuencias para los diferentes actores que participan en la cadena comercial. “El diferencial entre el precio en origen de un producto (lo que la gran distribución paga al campesino) y el precio en destino (lo que se paga en el supermercado) es de un 400%, siendo esos grandes distribuidores quienes se llevan este beneficio”, recalca Vivas. Por lo tanto, el campesino cada vez recibe menos dinero por aquello que vende, el consumidor paga más por lo que compra y la gran distribución es quien sale ganando. Desde numerosos colectivos ecologistas se insiste en las alternativas a las grandes centrales de compra. Esta línea es la que sigue el economista francés Christian Jacquian, experto en ‘supermercadismo’ y autor del libro Las bambalinas del comercio justo, al confesar que con un 1% o 2% de consumidores que digan ‘así no quiero consumir’, el crecimiento de los grandes grupos agroalimentarios se retraería afectando a los grandes distribuidores. Xavier Montagut, economista especializado en comercio internacional, consumo responsable y comercio justo, y presidente de la Red de Consumo Solidario, confía en volver a controlar la cadena de alimentación empezando por comprar en los pequeños establecimientos y cambiar la legislación. “La administración es responsable de que no se potencie lo suficiente la agricultura ecológica de proximidad y que, por el contrario, no haya impuestos para productos que vienen de lejos”, apostilla Montagut.

EVOLUCIÓN ALIMENTARIA

¿ADIÓS A LA TIENDA? En España, el 81,9% de las compras de alimentos se realizan a través de los supermercados, hipermercados y tiendas de descuentos. Esta cifra contrasta con el 2,7% de la compra que se hace en las tiendas tradicionales y el 11,2% en tiendas especializadas.

FRESCO VERSUS PRECOCINADOS Las frutas y las verduras son un 16% más caras en los grandes supermercados que en los comercios especializados debido a que los platos precocinados y los productos enlatados suponen ya casi el 40% de la oferta en alimentación de las grandes superficies.

EXTINCIÓN En los últimos diez años han desaparecido en el Estado español diez explotaciones agrarias al día y la población campesina activa se ha visto reducida a un 5,6% del total. En los próximos 15 años habrá que importar el 80% de los alimentos necesarios.

IMPACTOS DEL CONSUMO POR PRODUCTOS

ARROZ El International Rice Research Institute (IRRI) ha anunciado que el precio del arroz se mantendrá alto en 2010 después de haber alcanzado récords en 2009. El portal Bloomberg ha vaticinado que en 2010 se pueden producir “revueltas del hambre” en Asia como las que se han dado en Haití a lo largo de este año.

CARNE La ganadería intensiva busca acortar los plazos para el sacrificio de los animales. Así, un pollo sobrevive entre 43 y 45 días en este tipo de granjas, mientras que en la minoritaria ganadería extensiva el plazo es de 80 días. Las condiciones de salud e inseminación han sido muchas veces denunciadas.

LANGOSTINOS El cultivo de langostinos afecta negativamente a los ecosistemas costeros de 50 países en zonas tropicales de todo el mundo. La acuicultura ha destruido el 75% de los manglares de Filipinas y el 38% de los de Bangladesh. El uso de antibióticos en su crianza ha causado problemas a varias marcas.

DÍA SIN COMPRAS

El próximo 27 de noviembre será el Día Internacional Sin Compras. Un día en el que Ecologistas en Acción propone una apuesta activa por otro modelo de consumo, donde el eje no sea la optimización de los beneficios empresariales a costa de sistemáticas injusticias sociales, la polarización de la riqueza y la dependencia del consumismo. A través de actividades programadas por todo el país se pretende que esta jornada sea algo más que un día de reflexión para convertirse en una apuesta decidida por un modelo de consumo social y ambientalmente sostenible.




Un ejemplo de pereza y comunismo

Carlos Ferrnández Liria
Rebelión (1-11-09)


El trabajo ocupa todo el tiempo y no queda nada de él para la República y los amigos. Jenofonte

El 13 de agosto de 1866, Carlos Marx escribió la siguiente carta al novio de su hija Laura, un cubano llamado Paul Lafargue:

Usted me permitirá hacerle las siguientes observaciones:

1º Si quiere continuar sus relaciones con mi hija tendrá que reconsiderar su modo de ‘hacer la corte’. Usted sabe que no hay compromiso definitivo, que todo es provisional; incluso si ella fuera su prometida en toda regla, no debería olvidar que se trata de un asunto de larga duración. La intimidad excesiva está, por ello, fuera de lugar, si se tiene en cuenta que los novios tendrán que habitar la misma ciudad durante un período necesariamente prolongado de rudas pruebas y de purgatorio (...). A mi juicio, el amor verdadero se manifiesta en la reserva, la modestia e incluso la timidez del amante ante su ídolo, y no en la libertad de la pasión y las manifestaciones de una familiaridad precoz. Si usted defiende su temperamento criollo, es mi deber interponer mi razón entre ese temperamento y mi hija (...).

2º Antes de establecer definitivamente sus relaciones con Laura necesito serias explicaciones sobre su posición económica.

Mi hija supone que estoy al corriente de sus asuntos. Se equivoca. No he puesto esta cuestión sobre el tapete porque, a mi juicio, la iniciativa debería haber sido de usted. Usted sabe que he sacrificado toda mi fortuna en las luchas revolucionarias. No lo siento, sin embargo. Si tuviera que recomenzar mi vida, obraría de la misma forma (...). Pero, en lo que esté en mi manos, quiero salvar a mi hija de los escollos con los que se ha encontrado su madre1.

Aparte de su “temperamento criollo”, Marx le reprochaba también a su futuro yerno una cierta tendencia a la pereza: “la observación me ha demostrado que usted no es trabajador por naturaleza, pese a su buena voluntad y sus accesos de actividad febril”.

El autor del Manifiesto comunista no podía por aquel entonces sospechar la extraordinaria relevancia que iba a tener para el destino del socialismo el asunto que acababa de mencionar: la pereza.

1. Socialismo y cultura proletaria.

Sin duda, Marx tampoco podía sospechar el naufragio antropológico y la insólita degradación moral y política que traerían en el futuro de la tradición comunista los intentos estalinistas, maoístas o coreanos de instaurar una “cultura proletaria”, un “culto al trabajo” bajo el imperativo de la industrialización a ultranza. Bien es cierto que la industrialización (concebida como un “gran salto adelante” para el que no había que reparar en costes humanos) venía exigida por la correlación de fuerzas internacional, en la que el “socialismo real” estaba obligado a competir con el capitalismo o resignarse a ser aniquilado. En esto último estaban todos de acuerdo, aunque se discutían los ritmos y los medios. En 1920, en el IX Congreso del Partido, Trotsky se mostró incluso resueltamente favorable a la militarización del trabajo y de los sindicatos:

“Hay que decir a los obreros el lugar que deben ocupar, desplazándolos y dirigiéndolos como si fuesen soldados... La obligación de trabajar alcanza su más alto grado de intensidad durante la transición del capitalismo al socialismo... Los ‘desertores’ del trabajo deberán ser incorporados a batallones disciplinarios enviados a campos de concentración” (...) “La militarización es impensable sin la militarización de los sindicatos como tales, sin el establecimiento de un régimen en el que cada trabajador se considere como un soldado del trabajo, que no puede disponer libremente de sí mismo; si recibe una orden de traslado, debe ejecutarla; si no la ejecuta será un desertor y castigado en consecuencia. ¿Y quién se cuidará de esto? El sindicato. El sindicato crea el nuevo régimen. Es la militarización de la clase obrera”.2

Los razonamientos de Trotsky estremecen por su claridad y por su contundencia; ni siquiera se muerde la lengua al hacer una apología del trabajo forzado e incluso de la “utilidad” del esclavismo: “¿Es verdad, realmente, que el trabajo obligatorio es siempre improductivo?... Estamos ante el prejuicio liberal más lamentable y miserable: los rebaños de esclavos también eran productivos (...), el trabajo obligatorio de los esclavos fue en su tiempo un fenómeno progresista” (ibid., p. 354).

Como es sabido, el Partido se negó entonces a seguir el camino propuesto por Trotsky: la militarización del trabajo no puede justificarse –se concluiría- más que en caso de guerra. Ahora bien, a la vista de la historia posterior del siglo XX, un cierto trotskismo todavía podría preguntar ¿y cuándo dejó la URSS de estar en guerra entre 1920 y 1991? Trotsky, al menos, era partidario de hablar con claridad, de decir la verdad: así están las cosas, así tenemos que proceder. O proletarizamos e industrializamos la URSS de forma masiva, o perdemos la (próxima) guerra (que será tanto más inminente cuanta más debilidad mostremos).

En esos momentos, Stalin se inclinaba por las opción más moderada (al igual que Lenin). Sin embargo, tras el paréntesis de la NEP3, optará por la superindustrialización a ultranza, rebasando incluso las antiguas propuestas trotskistas. Con la diferencia de que Stalin ya no se podía permitir decir la verdad. “Al terror, Lenin y Trotsky lo llamaron a terror; llamaron represión a la represión, y, al hambre, hambre”4. Stalin, en cambio, proletarizó el campo soviético pretendiendo “que existía un movimiento ‘espontáneo’ de la ‘mayoría abrumadora de campesinos pobres hacia las formas colectivas de explotación. De la noche a la mañana, los campesinos se habían hecho entusiastas de la colectivización”5. En noviembre de 1929, el Comité Central constató que existía esa aspiración popular generalizada; el 5 de enero de 1930, dictó el decreto de colectivización y el 20 de febrero se anunció que el 50 % de los campesinos ya se habían integrado en granjas colectivas. Todo ello, se pretendía, era una decisión espontánea de la población campesina. A causa de este proceso, murieron centenares de miles de personas, pero, pese a ello, jamás se dejó de aludir al principio leninista del “trabajo voluntario”. Y para generar la ilusión de voluntariedad, hacía falta instituir toda una “cultura proletaria”, un “culto al trabajo”, una mistificación de la clase obrera y una entronización de los “valores proletarios”. El resultado fue una nueva religiosidad, mucho más abyecta que la del cristianismo o el islam, vertebrada por el culto a la personalidad de Stalin.

El “culto al trabajo” se llevó todavía más lejos en la China maoísta, primero con el “gran salto adelante” y, luego, en el marco de la “revolución cultural”. Frente a todo ello, no cabe duda de que la militarización trotskista del proceso laboral habría resultado menos indigna: pues, aunque desconocemos cuál habría sido su coste humano, para implantarla no hacía falta mentir. Para instaurar una “cultura proletaria”, en cambio, se imponía infantilizar a toda la población, generalizar una execrable minoría de edad vigilada por policías y delatores. En el ejército se obedecen órdenes. Pero para vestir a la necesidad con los ropajes de la virtud y a la sumisión con el halo de la voluntariedad (e incluso de la espontaneidad) hacía falta todo un tinglado cultural y religioso.

No es el momento de discutir ahora cuánto hubo de necesario o de inevitable en todo este proceso por el que el “socialismo real” se vio obligado a industrializarse a ultranza, en mucho menos tiempo y con muchos menos recursos coloniales de los que había gozado el capitalismo. Una cosa es que fuera imprescindible y otra que fuese deseable por sí mismo; y el “culto al trabajo”, el obrerismo, la cultura proletaria, no argumentaban lo primero, sino que ensalzaban lo segundo.

Por aquel entonces, además, todavía se creía que la economía socialista era en su esencia mucho más productiva que la capitalista. El capitalismo, en efecto, se consideraba una camisa de fuerza para el desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, un lastre del progreso y del crecimiento económico. La realidad era muy distinta, sin embargo. El capitalismo es un sistema en el que el conjunto de la población está sometida al chantaje de trabajar (en lo que sea, como sea, al ritmo que sea) o morir de hambre. Se trata, además, de un sistema productivo que necesita acelerarse todos los días, en una ininterrumpida acumulación ampliada. El capitalismo –como dijeron Wallerstein y Galbraight- es como un ratón en una rueda: corre más deprisa a fin de correr más deprisa. El socialismo, por el contrario, puede permitirse ralentizar la marcha. Puede permitirse incluso pararse o decrecer sin que crujan sus estructuras productivas. Además, bajo el socialismo la población no está sometida al chantaje del hambre o el trabajo excesivo. En consecuencia, para lograr un ritmo de trabajo equivalente al del capitalismo haría falta un voluntarismo insólito –y, tal y como ha sido históricamente más habitual, muchísima policía.

Sin duda que -como decimos- la búsqueda imperiosa de la productividad le vino siempre exigida al socialismo por la necesidad de combatir y competir con el capitalismo exterior. Pero reconocer esto no es, en el fondo, más que dar la razón a Trotsky y aceptar que el socialismo jamás dejó de estar en guerra y que, por lo tanto, jamás se pudo permitir ralentizar la marcha. Fue la guerra y no la esencia del socialismo la que imponía la productividad. En esas condiciones, era muy difícil hacerse cargo de que el propio Marx había sido cualquier cosa menos obrerista y que, al hablar del comunismo, había puesto mucho más el acento en el ocio que en la productividad:

"El reino de la libertad sólo comienza allí donde cesa el trabajo determinado por la necesidad y la adecuación a finalidades exteriores. Allende el reino de la necesidad empieza el desarrollo de las fuerzas humanas, considerado como un fin en sí mismo, el verdadero reino de la libertad, que, sin embargo sólo puede florecer sobre aquel reino de la necesidad como su base. La reducción de la jornada laboral es la condición básica"6.

2. El comunismo como derecho a la pereza.

Cualquiera que sea el grado de inevitabilidad del culto al trabajo en la historia pasada del socialismo, es obvio que hoy se impone insistir en una dirección enteramente opuesta. El capitalismo ha llevado al planeta a una situación insostenible, en la que seguir creciendo indefinidamente equivale a un suicidio seguro a no muy largo plazo. La Tierra se ha quedado pequeña para las necesidades de reproducción ampliada del capital. El agotamiento de los recursos y el cambio climático son realidades incuestionables. Al tiempo, el coste humano que requiere semejante ritmo productivo es estremecedor. Incluso en el Primer Mundo se habla ya de implantar la jornada de 65 horas semanales. Pero, además, basta sumar dos y dos para comprender que la condición sine qua non de esta productividad suicida exige que el Tercer Mundo permanezca en una situación humanamente insostenible. El 20 % de la humanidad consume ahora el 86 % de la producción mundial. Pretender que el 80 % restante está destinado a alcanzar niveles de consumo semejantes es incompatible con la supervivencia del planeta; pero pretender que no deben alcanzarlos jamás es inmoral, probablemente es, incluso, racista.

Ahora bien, este cambio de mentalidad no debería coger de improviso a la tradición marxista. Precisamente Paul Lafargue, el yerno de Marx7 con quien comenzábamos estas líneas, definió en 1880 el comunismo como el “derecho a la pereza” de la humanidad, en una obra clarividente, que partía del comentario de un texto de Aristóteles: "si cada uno de los instrumentos pudiera realizar por sí mismo su trabajo, cuando recibiera órdenes, o al preverlas; y como cuentan de las estatuas de Dédalo o de los trípodes de Hefesto, de los que dice el poeta que ’entraban por sí solos en la asamblea de los dioses’, de tal modo que las lanzaderas tejieran por sí solas y los plectros tocaran la cítara, para nada necesitarían ni los maestros de obra sirvientes, ni los amos esclavos".

"El sueño de Aristóteles ─ comenta Lafargue ─ es nuestra realidad. Nuestras máquinas de hálito de fuego, de infatigables miembros de acero y de fecundidad maravillosa e inextinguible, cumplen dócilmente y por sí mismas su trabajo sagrado, y a pesar de esto, el espíritu de los grandes filósofos del capitalismo permanece dominado por el prejuicio del sistema salarial, la peor de las esclavitudes. Aún no han alcanzado a comprender que la máquina es la redentora de la Humanidad, la diosa que rescatará al hombre de las sordidae artes y del trabajo asalariado, la diosa que le dará comodidades y libertad".

Para Lafargue el socialismo y el comunismo deberían asegurar, ante todo, el "derecho a la pereza", que es, a su vez, la clave por la que el hombre ha conquistado y puede conquistar la posibilidad del ocio, en el cual germinan todas sus dignidades racionales: la ciencia, el arte, el derecho, la política. El capitalismo nos ha traído una sociedad en la que se ha hecho realidad, por primera vez en la historia, el milagro de Aristóteles; pero, sin embargo, el inmenso potencial de ocio liberado no ha desprendido a la humanidad en absoluto de las cargas del trabajo y tampoco le ha otorgado ningún derecho a la pereza, ningún descanso. El hecho es más bien que nunca se ha trabajado tanto y a un ritmo tan suicida como cuando las lanzaderas se han puesto a tejer solas. Trabajamos, en realidad, en una economía muy primitiva, en la que el esfuerzo por supervivir suprime la posibilidad de vivir. En efecto, una sociedad que gasta todas sus energías en reproducirse ampliadamente hasta el infinito es una sociedad tan primitiva (desde un punto de vista antropológico) como una sociedad que gasta todas sus energías en la pura subsistencia. La revolución neolítica permitió al ser humano trascender el puro ciclo de la supervivencia biológica. El capitalismo, paradójicamente, ha movilizado la infinita potencia de tres revoluciones industriales, esquilmando todos los recursos del planeta, para devolver al ser humano a la prehistoria8.

El capital acumula capital para seguir acumulando capital. La humanidad trabaja más para trabajar más aún. Ni siquiera la constatación de un inevitable suicidio ecológico sirve para detener este rodar hacia el abismo. No se puede uno cansar de repetir que nadie tuvo, por tanto, más razón que Paul Lafargue, hace ya más de un siglo. La superioridad del socialismo no consistía en su más alta productividad, sino, por el contrario, en su capacidad de detenerse, de ralentizar, de frenar. No necesitamos correr más, necesitamos pararnos. El socialismo debía de haber instituido una cultura del pereza, no una cultura proletaria. Si no podía hacerlo en su momento, ahora tenemos la ocasión de proclamarlo a los cuatro vientos: la humanidad tiene derecho a la pereza.

Tal y como exigía Lafargue, la jornada laboral debería de poder guardar algún tipo de relación inversa con el aumento de la productividad del trabajo. Y así sería, en efecto, en una economía estatalizada. En el socialismo siempre es posible discutir (en el Parlamento, pongamos por caso) si la aparición de nuevas tecnologías debería traducirse de inmediato en una reducción general de la jornada laboral (de modo que la sociedad adquiriría la misma riqueza en menos tiempo, destinando al ocio o la pereza el restante) o si convendría, por el contrario, conservar la jornada laboral para aumentar el volumen de riqueza. El motivo por el que las sociedades socialistas "reales" –y Cuba es aquí un caso inclasificable, como vamos a ver- jamás pudieron permitirse ese lujo no parece que sea otro, se diga lo que se diga, que el que jamás pudieron decidir políticamente otra cosa que el emplearse en un "comunismo de guerra" en el que siempre era necesario trabajar más para seguir trabajando más, ya que esto era lo que hacía el enemigo. Sólo que el enemigo lo hacía por una necesidad de su sistema económico y ellos por la decisión política de no sucumbir frente a su agresión. Ahora bien, fueran cuales fueran los problemas de las economías socialistas "reales", lo que seguro que no se planteaba era la necesidad de seguir produciendo más, en peores condiciones laborales, a causa de que se hubiera producido demasiado. Y sin embargo, este es el pan de cada día bajo las condiciones capitalistas de producción: trabajar siempre más es el imperativo de toda posibilidad de trabajar y, si hay paro, es porque no se ha trabajado bastante (lo que parece patentemente absurdo, pero al mismo tiempo bien evidente para cualquier empresario que ve su empresa al borde de la quiebra). Las empresas tienen que producir siempre más, por mucho que hayan producido ya (y esto incluso en plena crisis de sobreproducción), si no quieren sucumbir a las crisis económicas y dejar de producir completamente. Los asalariados, mientras tanto, tienen que trabajar siempre más, si no quieren dejar de trabajar por completo y engrosar las filas del paro. Este engranaje no puede pararse nunca. Las manzanas, la mantequilla o los cereales pueden llegar a ser suficientes y los misiles para destruir el mundo pueden llegar a sobrar. Pero bajo condiciones capitalistas de producción ni las manzanas son manzanas, ni los misiles son misiles si no son antes, de forma mucho más esencial, una ocasión para el beneficio empresarial, es decir, eso que los marxistas llamamos plusvalor . Puede haber manzanas o misiles de sobra, pero el plusvalor será siempre escaso. Si mañana quiere poderse producir algo, manzanas o misiles o lo que sea, es preciso que hoy se haya producido más plusvalor que ayer. Ello también trae sus problemas: si se produce más plusvalor del que puede absorber el mercado, la riqueza no puede ser transformada en dinero y, entonces, no es posible seguir poniendo en marcha el proceso. Pero el absurdo llega hasta el extremo de que el único remedio a la sobreproducción de plusvalor es producir todavía más, con la esperanza siempre de hundir a las empresas de la competencia y lograr imponerse en el mercado. De ahí que, en una crisis económica, políticamente no se pueda hacer nada, ni, de hecho, "convenga" hacer nada ─ y, en efecto, así lo proclaman los economistas hayekianos ─ , pues no se puede hacer nada en una situación en la que todo remedio coincide enteramente con la enfermedad.

Aunque, por supuesto, hay una cosa que sí se puede hacer: cambiar de juego. Pero para eso hace falta cambiar de tablero (o como decía la letra de la Internacional, “cambiar de base”).

3. Cuba y la herencia de Lafargue.

Para instituir un “derecho a la pereza” hace falta que el Derecho mismo tenga alguna eficacia institucional sobre la sociedad. Esto es una obviedad, al menos dicho en abstracto. Sin embargo, la cosa dista mucho de resultar obvia desde el momento en que se intentan poner ejemplos.

El presupuesto más elemental de los países que actualmente se llaman a sí mismos “Estados de Derechos” o “democracias constitucionales” es que las cuestiones importantes que afectan a la vida social se deciden políticamente, a partir de la argumentación y contrargumentación parlamentaria. Esas decisiones se plasman en “leyes”. “Estado de Derecho” no significa otra cosa que el hecho de que la sociedad obedece a lo que las leyes dicen, en unas condiciones, claro está, en la que las leyes remiten al ordenamiento constitucional y el ordenamiento constitucional remite a su vez a la Declaración Universal de los Derechos humanos.

La realidad, por supuesto, dista mucho de ser así. Esa idea presupone, ante todo, que las cuestiones importantes se deciden políticamente. Pero la pura verdad es que la instancia política jamás ha tenido menos relevancia que en la actualidad. Las opciones políticas por las que puede optar la ciudadanía en Europa o en EEUU no se diferencian demasiado (demócratas o republicanos, o, por ejemplo, en España, PSOE o PP), pero los respectivos ministros de economía son, sencillamente, indistinguibles. Lo que se decide en la arena de la economía pesa infinitamente más que todos los debates políticos en el Parlamento. No vivimos en sistemas parlamentarios, sino en dictaduras económicas con fachada parlamentaria.

Piénsese, por ejemplo, en lo que significa que el programa de ATTAC haya sido considerado utópico e izquierdista por todas las autoridades políticas europeas. ¿Era una utopía la idea de cargar con un 0,01 % de política las transacciones financieras no productivas? ¿La instancia política no tiene ni siquiera el poder de aportar una centésima de decisiones en la arena de la economía? Ahora nos encontramos con lo que ya sabíamos, que íbamos camino del abismo. Sin embargo, ni aún así puede la instancia política hacer otra cosa que rendirse a la autoridad surrealista de las fuerzas económicas. El mismo día que se destinaban 700.000 millones de dólares para salvar a la Banca, la FAO había solicitado 30.000 millones para salvar del hambre a 1.000 millones de personas. Salvar a los bancos resultó realista. Salvar a las personas, utópico, aunque fuese mucho más barato.

El sistema capitalista ha hecho realidad los chistes más surrealistas y, en cambio, ha convertido en utópico al mismísimo sentido común. Júzguese por sus resultados: según un cálculo elemental, para que una de las 2500 millones de personas que subsisten al día con 2 dólares diarios, llegara a amasar, con el sudor de su frente, una fortuna como la de Bill Gates, tendría que estar trabajando (ahorrando todo lo que ganara) 68 millones de años. Por un anuncio de zapatillas deportivas Nike, Michael Jordan cobró más dinero del que se había empleado en todo el complejo industrial del sureste asiático que las fabricaba. Esto es la realidad. Gravar con un impuesto mínimo el capital financiero es una utopía política.

Pero, como decíamos antes, el surrealismo de la cruda realidad ha llegado mucho más allá: la supervivencia misma del planeta se ha convertido en utopía. El capitalismo no puede mantener la tasa de ganancia sin crecimiento. Y cuanto más se agotan los recursos energéticos, el crecimiento resulta más y más caro, lo que afecta a su vez a la tasa de ganancia. Pero el capitalismo solo puede huir hacia delante, acelerando aún más el ritmo de crecimiento, en un proceso que sería infinito si no fuera porque, desdichadamente, el mundo no lo es.

Si los sistemas políticos del primer mundo fueran lo que dicen ser, en todos los parlamentos se estaría discutiendo ahora una gráfica elaborada por Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California)9. Pero no parece que el asunto haya llamado demasiado la atención. Y sin embargo, la gráfica resulta demoledora para las más firmes certezas de la clase política occidental y, por supuesto, para los criterios más evidentes de sus votantes. Sobre todo, en un mundo político en el que izquierda y derecha se llenan la boca con los objetivos del “desarrollo sostenible”.

La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH “alto” cuando es igual o superior a 0’8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están “suficientemente desarrollados”. En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que sería preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0’3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra. EEUU tiene también buena nota en desarrollo humano; pero su “huella ecológica” es tal que harían falta más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida.

Repasando el resto de los 93 países, se comprende que hay motivos para que el trabajo de Wackernagel se titule El mundo suspende en desarrollo sostenible. Como no hay más que un planeta Tierra, es obvio que sólo los países que se sitúen en el área coloreada de la gráfica (por encima de un 0’8 en IDH, sin sobrepasar el número 1 de planetas disponibles) tienen un desarrollo sostenible. Sólo los países comprendidos en esa área serían un modelo político a imitar, al menos para aquellos políticos que quieran conservar el mundo a medio plazo o que no estén dispuestos a defender su derecho (¿quizás racial, divino o histórico?) a vivir indefinidamente muy por encima del resto del mundo.

Ahora bien, ocurre que el área en cuestión está prácticamente vacía. Hay un solo país en el mundo que –por ahora al menos– tiene un desarrollo aceptable y sostenible a la vez: Cuba.

La cosa, por supuesto, da mucho que pensar. Para empezar porque es fácil advertir que la mayor parte de los balseros cubanos huyeron y huyen del país buscando ese otro nivel de consumo que no puede ser generalizado sin destruir el planeta, es decir, reivindicando su derecho a ser tan globalmente irresponsables, criminales y suicidas como lo somos los consumidores estadounidenses o europeos. De acuerdo: tendríamos muy poca vergüenza, desde luego, si condenásemos la pretensión de los demás de imitar el modo como devoramos impunemente el planeta. Pero se reconocerá que la imagen mediática del asunto cambia de forma radical: de lo que realmente huyen los balseros cubanos es del consumo responsable en busca del Paraíso del consumo suicida y, por intereses estratégicos de acoso a Cuba, se les recibe como héroes de la Libertad en vez de cerrarles las puertas como se hace con quienes huyen de la miseria, por ejemplo, de Burundi (a quienes se trata como una plaga de la que hay que protegerse).

Y a un nivel más general, la cosa es aún más interesante. Es muy significativo que el único país sostenible del mundo sea un país socialista. Suele ser un lugar común entre los economistas que el socialismo resultó ruinoso e ineficaz desde un punto de vista económico. Sorprende que, en un mundo como éste, la falta de competitividad pueda aún considerarse una acusación de peso. En términos de desarrollo sostenible, la economía socialista cubana parece ser máximamente competitiva. En términos de desarrollo suicida, no cabe duda, el capitalismo lo es mucho más.

Frente a esta dinámica suicida, debemos exigir el derecho a pararnos. No podemos permitir que las autoridades económicas mundiales sigan convenciendo a la humanidad de que “crecer” por debajo del 2 ó 3% es catastrófico y proponiendo como solución a los países pobres que imiten a los ricos. En el FMI, el BM, la OMC y el G8 saben perfectamente que es materialmente imposible un crecimiento universal. El planeta no da para tanto. Cuando proponen ese modelo saben que, en realidad, están defendiendo algo muy distinto: que nos encerremos en fortalezas, protegidos por vallas cada vez más altas, donde poder literalmente devorar el planeta sin que nadie nos moleste ni nos imite. Es nuestra solución final, un nuevo Auschwitz invertido en el que en lugar de encerrar a las víctimas, nos encerramos nosotros a salvo de lo que es, sin duda –así se lo oí decir en Cuba a Osvaldo Martínez10-, el “arma de destrucción masiva más potente de la historia: el sistema económico internacional”.

1 La traducción y algunas referencias y datos han sido tomados del “Estudio preliminar” –un texto excelente, por cierto- que Manuel Pérez Ledesma antepone a la edición castellana de El derecho a la pereza de Paul Lafargue (Editorial Funamentos, Madrid, 1991).
2 Citado en Bettelheim, C.: Las luchas de clases en la URSS. Primer Periodo (1917-1923), Siglo XXI Editores, p. 353.
3 NEP: La Nueva Política Económica (1921-1929) se caracterizó por una cierta “libertad de comercio” y por dejar a los campesinos un margen de iniciativa mayor comparado con su situación durante el “comunismo de guerra” (1918-1920).
4 Martínez Marzoa, F.: De la revolución, Alberto Corazón Editor, Madrid, 1976, p.143.
5 Ibid., p. 137.
6 Marx, K.: El capital, Libro III, Capítulo XLVIII, Siglo XXI, vol. 8, p. 1044.
7 Paul Lafargue se casó finalmente con Laura Marx el 2 de abril de 1868. Su actividad política en el seno de la AIT fue incansable, tanto en Francia como en España. Finalmente, Paul y Laura se suicidaron juntos el 26 de noviembre de 1911, tras haber pasado la tarde en un cine de París y haber compartido una bandeja de pasteles. Lafargue dejó la siguiente nota: “Sano de cuerpo y espíritu, me doy muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno tras otro los placeres y los goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas físicas e intelectuales, paralice mi energía y acabe con mi voluntad, convirtiéndome en una carga para mí mismo y para los demás. Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, y preparado el modo de ejecutar mi decisión: un inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero con la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años” (citado por Manuel Pérez Ledesma en ob.cit., p. 75)
8 Esta idea ha sido ampliamente desarrollada en las obras de Santiago Alba Rico Las reglas del caos. Apuntes para una antropología del mercado, Anagrama, 1998 y La ciudad intangible. Ensayo sobre el fin del neolítico, Hiru, 2001. También en su reciente publicación Capitalismo y Nihilismo, Akal, 2008.
9 Cfr. Wackernagel, M.: World failing on sustainable development , en
http://www.newscientist.com/article... 10 Cfr. Martínez, O.: La compleja muerte del neoliberalismo, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007.