Foro Social de Jaén

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Opiniones

La Muerte de la Igualdad

Daniel Castro Aniyar
Tercera Información (8-11-09)


Levi-Strauss fue el hombre que demostró con la lógica más infalible que el pensamiento complejo es común a todos los pueblos del planeta. Que nuestra complejidad, la occidental, por muchas acrobacias y señales de poder que demuestre, es fortuita y, de hecho, más aún, peor aún, es ineficaz para entender el mundo. Que con haber perdido nuestro pensamiento salvaje, perdimos nuestra naturaleza más poderosa. Que la Ilustración es el ocaso de la profundidad y la contemporaneidad es el tiempo de la soledad.

Fue un hombre extremadamente serio y riguroso, un científico de los verdaderos, como los de antes, sin ensayismos fútiles, que puso su "lógica infalible" (que tantos criticaron) al servicio de una idea que la Alemania Nazi y luego el capitalismo han puesto dramáticamente en duda desde la expansión del imperialismo en los años 30: todos los hombres somos iguales.

Era judío, como lo fue Hanna Arendt, Primo Levi, Elías Canetti e Ida Gramcko, y por ello se preguntó, junto a los demás, acerca de la incapacidad del ser humano en comprender la igualdad. Fue un judío como aquellos del "Día de del Cielo Plomizo", cuando un gigantesca poblada se disponía a incendiar a todos los habitantes del ghetto hebreo de Roma por apoyar a la Revolución Francesa, esto es, por creer que todos los hombres son iguales, no importa si tienen sangre azul, más armas o más dinero.

Levi Strauss, amado apasionadamente por la antropología (tanto, que es simultáneamente muy odiado), fue asesinado de muchas maneras. Tantas veces muerto, no le quedó más remedio que seguir con vida, escondido en el elixir de la selva. Como también fueron muertos y, peor aun, traicionados, Arendt, Gramcko, Levi y Canetti por las generaciones posteriores. Por la misma razón que muere Helena de Hipatia viendo sucumbir la Biblioteca de Alejandría, según nos cuenta Amenábar: Por las circunstancias que siempre depasan a los grandes pensadores que ven lúcidamente el futuro en tiempos oscuranos. No murió a los 100 años, de muerte natural, como dice el periódico. Murió en medio de la ola de destrucción de las culturas originarias, sus ecosistemas, el crecimiento desmedido de la pobreza, el crecimiento desmedido de las riquezas, guerras por petróleo y terroristas suicidas que ya están muertos antes de estallar amarrados a sus víctimas.

Levi-Strauss habla del Amazonas de la misma manera que habló Darwin. Y luego de ese inmenso amor, ambos fueron llevados por tal marea, que tuvieron feroces cortocircuitos con la idea de Dios, y se dedicaron a ordenar, como cabalistas preparando un viaje hasta el sitio de los ángeles, la naturaleza inapresable de las cosas. Y así fueron envejeciendo, convencidos de que ya el mundo no les pertenecía, sin más nunca poder regresar a Europa, aunque no pudieran salir, uno de la Biblioteca de Etnología de Paris y otro de su huraña casa de Down House.

Decía Darwin: “en medio de la grandiosidad de una selva brasileña, ‘no es posible transmitir una idea adecuada de los altos sentimientos de asombro, admiración y devoción que llenan y elevan la mente’. Recuerdo bien mi convicción de que en el ser humano hay algo más que la mera respiración del cuerpo.”

Levi-Strauss, como si le respondiese: "Estamos en un mundo al que yo ya no pertenezco. El que yo he conocido, el que he amado, tenía 1.500 millones de habitantes. El mundo actual tiene 6.000 millones de humanos. Ya no es el mío".

Y como si el cielo nos quisiera decir algo, muere uno y nace el otro el mismo año, doscientos años después.

Los que creemos en la igualdad estamos tristes. Estamos tristes por estos últimos doscientos años.



BANQUEROS, ¿QUIÉN LOS METE EN CINTURA?*
Indignados por la conducta de los banqueros en la crisis financiera y por las consecuencias económicas y sociales, muchos ciudadanos de Islandia, Reino Unido o EEUU, salen a la calle para exigir que los poderes públicos impidan tantos desmanes.

Francisco Morote Costa
ATTAC Madrid (8-11-09)


Existe una élite financiera mundial, anclada firmemente en Estados Unidos - Wall Street -, y en Europa, Reino Unido - City -, Suiza, Holanda, etcétera, que en las décadas finales del siglo XX y en la primera del XXI, se ha convertido en el poder hegemónico conductor del sistema capitalista. Es la élite que desde el Foro Económico Mundial de Davos ( Suiza ) y otras instancias semejantes, apoyándose en el renacido pensamiento liberal, reclamó manos libres para entronizar el mercado en el marco de una globalización neoliberal.

Imponiendo la libre circulación de capitales - en su provecho -, y apoyando la reivindicación de las grandes corporaciones occidentales para la libre, pero en realidad tramposa, circulación de mercancías en la Organización Mundial del Comercio ( OMC ), esa élite ha sido la verdadera dueña del mundo hasta la crisis financiera de 2008.

Lo más sorprendente es que desde el triunfo político mundial que para ella supuso el acceso al gobierno del neoconservadurismo, primero en Reino Unido - M. Thatcher, 1979 -, y después en Estados Unidos - R. Reagan, 1981 -, la única resistencia real frente a sus despropósitos fue la representada por organizaciones de la sociedad civil - entre ellas Attac -, que alertaron sobre los peligros de la financiarización de la economía capitalista, e invocaron la intervención de los poderes políticos para poner freno, mediante una reglamentación mínima, a una economía de casino, de burbujas especulativas que fueron estallando sucesivamente, en los años 80 y 90 del siglo pasado, en diversos países de la semiperiferia y de la periferia, latinoamericana, asiática y europeo oriental del renacido sistema capitalista global.

La exigencia, asumida gradualmente por el conjunto del movimiento altermundista - antiglobalizador, en la jerga descalificadora neoliberal -, fue ignorada irresponsablemente por los poderes políticos occidentales, es decir, centrales al sistema, para los que el estallido de las burbujas especulativas era - según una ideología culturalmente reaccionaria -, un fenómeno propio de países en vías de desarrollo, inmaduros, periféricos o semiperiféricos en el sistema, pero imposible de imaginar en países desarrollados y solventes, como los del centro estructural.

Tanta arrogancia y prepotencia se vino abajo cuando la burbuja especulativa inmobiliaria, impulsada desde Wall Street, estalló provocando la crisis financiera, bancaria del corazón del sistema : Estados Unidos, Reino Unido, Holanda, Suiza, etcétera. Quebró Lehman Brothers y para evitar una cadena de quiebras que como un reguero de pólvora se extendiera por el conjunto del sistema financiero mundial, los poderes políticos, los estados, intervinieron inyectando a la banca ingentes cantidades - billones -, de dólares, euros, etcétera. El objetivo era evitar que la crisis financiera agudizara aún más la inevitable crisis económica del sistema. El temor, que la crisis financiera fuera el preludio de una Depresión tan devastadora como la de los años 30 del siglo XX.

Estabilizado el sistema, las miradas se dirigieron hacia los responsables directos del desaguisado, los banqueros. Durante años, como magos de las finanzas, gurus, etcétera, capaces de multiplicar la fortuna de toda clase de inversores, se les había ensalzado y considerado como intocables. Ellos mismos se asignaban unos ingresos desmesurados, pero " proporcionales" al dinero, a la riqueza que teóricamente podían generar para los clientes de sus entidades y productos.

Con la crisis estos falsos ídolos cayeron de sus pedestales. Algunos fueron desenmascarados como simples timadores, caso Madoff. Parecería que su estrepitoso fracaso - que en algunos casos llevó incluso a la nacionalización de bancos -, favorecería la imposición estatal, nacional e internacional, de una regulación o reglamentación del sistema financiero, con el fin de evitar la vuelta a prácticas especulativas susceptibles de provocar nuevas y dramáticas recaídas en la economía de casino. Durante algún tiempo hemos oído no solo las denuncias de políticos occidentales - estadounidenses y europeos- , dentro y fuera del G-7 y del G- 20, sobre su codicia y los riesgos excesivos que asumieron, y el propósito de poner coto a tanta aventura especulativa. Sin embargo, a la hora de la verdad es bien poco lo que se ha hecho. Persuadidos, por la experiencia, de que los estados no pueden permitir, so pena de aceptar depresiones económicas catastróficas, la caída libre de las entidades bancarias, pasado el pánico y el silencio inicial, los poderes financieros, la élite financiera, cercana siempre cuando no incrustada en los ministerios económicos de los gobiernos occidentales, ha vuelto por sus fueros, protestando y rechazando una excesiva regulación del sistema financiero nacional e internacional.

Rescatados por el estado, los bancos americanos, británicos, etcétera vuelven a obtener grandes beneficios, especulan con el petróleo, y sus altos directivos se asignan ingresos desorbitados en medio de una recesión que ha multiplicado, en la totalidad del sistema, el número de desempleados.

¿ Harán algo los gobiernos y las cumbres del G-7 y del G-20 para meter en cintura a esta insaciable y provocadora élite financiera? ¿ Impondrán, al menos, impuestos solidarios a las transacciones financieras con los que reequilibrar los maltrechos presupuestos generales de los estados? ¿ Cerrarán, de verdad, los sórdidos paraísos fiscales? Me temo que no, que harán algunas operaciones cosméticas de maquillaje y que más pronto que tarde - N. Roubini, dixit -, se reproducirá el fenómeno de las devastadoras burbujas especulativas.
¿ Por qué? Porque como ha recordado recientemente E. Toussaint - " Los movimientos de izquierda pueden llegar al gobierno, sin embargo, no consiguen el poder" -, en el orden capitalista los partidos pueden alcanzar el gobierno, pero el poder económico está en manos de la clase capitalista y, sobre todo, de su fracción financiera.

Por otra parte, casi todos los partido en Occidente son deudores, para la financiación de sus campañas electorales, de los bancos, lo que implica una situación de debilidad, cuando no de dependencia paralizadora. Poco puede esperarse, por consiguiente, de los gobiernos sin interés, ni coraje por estatalizar y / o crear una banca pública que suprima o reste fuerza al poder omnímodo de la casta financiera. Y, sin embargo, esa es una verdadera necesidad no sólo para los millones de trabajadores asalariados que constituyen la mayoría de la sociedad, sino también para los millones de pequeños y aún medianos empresarios que dependen del crédito de una entidades bancarias más inclinadas a especular que a facilitar la actividad productiva de la sociedad.

No es de extrañar, pues, que indignados por el papel jugado por los banqueros en la crisis financiera y por las consecuencias económicas y sociales de ésta, muchos ciudadanos, en países como Islandia, Reino Unido o Estados Unidos, salgan a la calle para exigir que los poderes públicos pongan coto de una vez a tantos desmanes.

* Meter en cintura = Hacer entrar en razón, imponer disciplina a la fuerza.



La Vía hacia un nuevo campesinado
La Vía Campesina se ha convertido en un importante actor contestatario y en el principal referente de movimientos campesinos de todo el mundo.

Breno Bringel *
Diagonal (8-11-09)


Cuando a principios de los ‘90, en un contexto de estallido de la globalización neoliberal, se acumulaban las predicciones de ‘crisis’, ‘fines’ y ‘muertes’ (el fin de la historia, la muerte del marxismo), decir que los campesinos se convertirían, años después, en uno de los actores sociales transformadores más importantes del globo era, como poco, una suerte de atrevimiento, dado que éstos también estaban destinados a desaparecer. A emigrar a las ciudades. A renunciar a su condición de campesinos. El ritmo acelerado de las transformaciones agrarias así lo exigía: el sistema agroalimentario se globalizaba, se expandía el modelo agroexportador, las zonas rurales se convertían en espacios de gran importancia para la liberalización del comercio y, como consecuencia, se producía una internacionalización de los intereses, la emergencia de nuevos paradigmas en torno al agronegocio o los transgénicos y la resignificación de temas clásicos como la reforma agraria.

Pero mientras muchos auguraban “el fin de los campesinos”, éstos se reorganizaban para enfrentar los retos de la nueva agricultura globalizada. Cuestión de supervivencia. Atrás queda la visión de los campesinos como comunidades “tradicionales” y “aisladas”. Y empieza a ponerse en jaque la posición, todavía con muchos adeptos, de que los campesinos son parte inherente (léase pasiva) de esta nueva vuelta de tuerca de la “modernización” agrícola. La deconstrucción práctica de estos imaginarios y políticas se da con la irrupción de unos movimientos campesinos renovados. Con demandas más complejas como la soberanía alimentaria, un repertorio de acción colectiva amplio y radicalizado donde convergen protestas locales e internacionales y, sobre todo, una transnacionalización que marca el salto del campesinado a la primera plana de la política contestataria global.

En todas estas cuestiones La Vía Campesina ejerce un rol de liderazgo fundamental. Ha pasado a ser el referente de organizaciones campesinas en todo el mundo: La Vía hacia un nuevo campesinado, al albergar en su seno nuevas discusiones, proyectos y horizontes de transformación que sirven como germen de una nueva construcción simbólica, política e identitaria para los campesinos. Lo ha hecho a través de la revalorización de sus tierras y territorios, su cultura y saberes, la oposición tajante al actual modelo comercial y de producción, la construcción de procesos y mecanismos verdaderamente democráticos y de alternativas ‘glocales’.

Por todo ello La Vía Campesina se autodenomina un “movimiento internacional”. No quedan dudas de ello pero, siendo rigurosos, más que un movimiento per se, tenemos que hablar de una red transnacional de organizaciones campesinas. Es una plataforma que engloba varios movimientos y organizaciones y no un movimiento en sí. No se trata de cuestionar la autopercepción, pero en este caso la definición y los matices importan y tienen profundas implicaciones. Sus miembros tienen distintas procedencias, referencias, mecanismos de actuación, organización y formas de movilizarse. Las particularidades del MST brasileño, de la UNAC de Mozambique o del KRSS de la India inciden en cómo se insertan en la red a nivel nacional, regional e internacional y no sólo en cómo estos movimientos saltan a lo global, sino cómo lo global repercute en lo local. Se trata de un viaje de ida y vuelta. La mayor debilidad y a la vez fortaleza de La Vía reside en esta unidad en la diversidad. Algo bonito, pero difícil de aplicar y que consigue llevar a cabo con una advertencia: no cabe todo en La Vía. Hay criterios muy bien definidos, se distinguen las alianzas tácticas de las estratégicas y se mantiene la autonomía y la centralidad del campesinado como actor. Éste es el aspecto más relevante: la recuperación de la voz del campesino a nivel internacional, sin la necesidad de que esté representado por terceros, en una red que no es ni fluida ni dispersa, tal y como se suele interpretar habitualmente por el “nuevo paradigma reticular”, sino territorializada y pegada a la base.

* Breno Bringel (Investigador de la UCM) Madrid

 

 

El clima no es una mercancía

Esther Vivas *
Foro Social de Jaén (7-11-09)


La crisis climática es hoy una realidad innegable. Según el Panel Internacional Sobre Cambio Climático (IPCC), la temperatura global ha aumentado, entre 1906 y 2005, un 0,74ºC de media y en los últimos cincuenta años esta subida ha doblado prácticamente la de los cien anteriores.

La lógica del sistema capitalista, que antepone los intereses privados a los bienes públicos y comunitarios, es el máximo responsable de esta situación límite. Un modelo productivista, basado en el uso intensivo de recursos fósiles altamente contaminantes, explotación sistemática de la tierra... Un modelo que nos ha conducido a una crisis financiera, energética, social, alimentaria y climática sin precedentes.

Las "soluciones" que se están aplicando para salir de la actual crisis van en una dirección pro-capitalista. Frente a la quiebra de la economía: más ayudas a la empresa privada y a los bancos, mientras el número de parados no para de aumentar. Frente al hambre en el mundo: se apuesta por una nueva revolución verde, más transgénicos y agricultura intensiva, mientras la dificultad para acceder a los alimentos continúa y el número de personas que pasan hambre no para de crecer. Frente al cambio climático: se promueve un "capitalismo verde", los agrocombustibles, la comercialización con los derechos de emisiones..., mientras el planeta continúa calentándose. En definitiva, nos quieren hacer creer que las soluciones a la "gran crisis" pasan por intensificar, precisamente, aquellas políticas que nos han conducido a la misma.

Estos días, Barcelona acoge la reunión de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático previa a la cumbre de Copenhague (COP 15) donde se quiere revisar el actual protocolo de Kyoto y todo apunta a un previsible fracaso de las negociaciones. Los intereses empresariales, en connivencia con los gubernamentales, priman por sobre la voluntad de reducir los gases de efecto invernadero y acabar con el cambio climático.

Frente esta situación, hay que exigir reducciones drásticas, obligatorias y proporcionales. Los países del Norte son los que más tienen que reducir las emisiones en su territorio y sin recurrir a la compensación por inversiones en países terceros. También hay que impulsar un nuevo modelo energético basado en las renovables y un sistema de movilidad sostenible partiendo del transporte terrestre y de carácter público, a la vez que hace falta una reforma radical de los Mecanismos de Desarrollo Limpio.

Todo esto y más es lo que reivindica la campaña El clima no está en venta, integrada por un amplio abanico de asociaciones ecologistas, en defensa del territorio, cooperativas y grupos de consumo, sindicatos, ONGs... en motivo de la reunión de las Naciones Unidas en Barcelona.

Porque no se puede seguir comercializando con el planeta. La vida, los alimentos, la salud, la tierra, la educación y el clima no son una mercancía.

* Esther Vivas es miembro de la campaña El clima no está en venta. Artículo publicado en La Directa, nº 159.




Las causas políticas de la crisis mundial

Vicenç Navarro
Sistema Digital (7-11-09)


Si ustedes leen la prensa económica de mayor difusión en España (incluyendo las secciones económicas de los cinco rotativos más importantes del país) apenas verán artículos que tocan las causas reales de la Gran Recesión, es decir, la enorme polarización de las rentas que ha ocurrido en la mayoría de países de la OCDE, y muy en particular, en EEUU, como consecuencia de la aplicación de las políticas liberales iniciadas por el gobierno federal de EEUU del Presidente Reagan y por el gobierno Thatcher de Gran Bretaña, y continuadas por los gobiernos de Bush padre, de Clinton y de Bush hijo en EEUU, y de Tony Blair y de Gordon Brown de Gran Bretaña, así como por los gobiernos de Lionel Jospin en Francia, Romano Prodi y Silvio Berlusconi en Italia, Gerhard Schröder y Angela Merkel en Alemania, y José Mª Aznar en España, así como por los dirigentes de la Comisión Europea, Jose Manuel Durao Barroso y por el equipo económico de tal Comisión liderado por el Sr. Pedro Solbes (como Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios). Estas políticas incluían; 1) la reducción de impuestos y gasto público; 2) la desregulación de los mercados laborales, comerciales y financieros, y 3) la reducción de los beneficios sociales y laborales. Cada una de estas políticas contribuyó a la enorme polarización de las rentas, beneficiando las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo. La evidencia de ello (ignorada cuando no silenciada en aquellos medios de información) es abrumadora (ver Navarro, V. (ed.) Globalization, Neoliberalism and Inequalities. Baywood. 2008).

En realidad, hay que remontarse a los años posteriores a 1929 (del crash de Wall Street) para encontrar polarizaciones de renta tan acentuadas como ahora. En 1979, el uno por ciento de la población que pagaba impuestos en EEUU recibía el 8% de la renta nacional. Tal porcentaje había subido en el año 2007 a un 18% de la renta nacional. Y si se incluyen las rentas recibidas por aquel 1% de la población de renta superior, como consecuencia de su propiedad de acciones, los porcentajes aumentan de un 10% en 1979 a un 23% en el 2007. Existe una enorme concentración tanto de la renta como de la propiedad, en los sectores superiores de renta del país, alcanzando una polarización sin precedentes desde la Gran Depresión.

¿POR QUÉ EL INCREMENTO DE LA POLARIZACIÓN?

Las escuelas económicas dominantes han explicado esta polarización de las rentas como resultado de dos hechos. Uno es la introducción de nuevas tecnologías en la actividad económica, que ha dado mayor valor al conocimiento y a las cualificaciones de los trabajadores. En este escenario teórico, el incremento de las rentas superiores se percibe como consecuencia de la importancia que adquiere la formación de los trabajadores en una economía necesitada de personal cualificado. Todo el proyecto intelectual-político de establecer la “sociedad del conocimiento” (promovida por la estrategia de Lisboa del año 2000) estaba basado en esta interpretación de la realidad. Puesto que a mayor educación/formación, mayor salario, había que invertir en educación y formación. Era un esquema fácil de entender y fácil de llevar a cabo. Según tal argumento, lo que tenía que hacerse para disminuir las desigualdades sociales y prevenir la exclusión social era dar formación a la fuerza laboral. Este mensaje ha sido muy poderoso en estos últimos años.

La segunda explicación que se ha dado de la creciente polarización de rentas era el fenómeno de la globalización, que estaba relacionada con la explicación anterior. Los trabajadores no cualificados en los países ricos competían con los trabajadores no cualificados del tercer y cuarto mundo, forzando sus salarios y condiciones de trabajo a la baja. Esta situación ocurría bien a través de la globalización de la actividad económica (incluyendo la deslocalización de las empresas, trasladándose a países del tercer o cuarto mundo) o mediante la movilidad internacional del trabajo, es decir, la inmigración. Según tal explicación, la globalización ha llevado a un empobrecimiento masivo de los sectores laborales de escasa formación, distanciándose sus rentas de los sectores laborales cualificados menos afectados por tal fenómeno de la globalización.

LA DESPOLITIZACIÓN DEL FENÓMENO ECONÓMICO

A primera vista parece que ambas explicaciones son creíbles: parecen razonables. Ahora bien, el problema que tienen es que ambas explicaciones despolitizan lo que es un fenómeno profundamente político. Asumen que la importancia del conocimiento y de la globalización como factores causantes de la enorme polarización de las rentas (y de la propiedad) son factores exógenos a la sociedad (algo que viene dado de fuera de la propia sociedad) sin que se vean consecuencia del desarrollo de los conflictos internos existentes en cada sociedad. Tales argumentos representan la apolitización del fenómeno económico, lo cual es un obstáculo para entender lo que ocurre en la sociedad y, poder intervenir para cambiarla. Tanto la introducción de nuevas tecnologías como la globalización, ocurren dentro de contextos políticos específicos que configuran cómo, cuándo y con qué consecuencias ocurre cada uno de estos fenómenos. En otras palabras, tales fenómenos no son las causas de la polarización de rentas sino los síntomas de unas relaciones de poder, que son las causas reales de tal polarización. Veamos los datos.

La reducción de las desigualdades de renta en EEUU que tuvo lugar desde los años treinta a finales de los años setenta fue resultado de la fuerza del movimiento obrero en aquel país. Fue en los años treinta cuando se estableció el movimiento sindical (apoyado por la Administración Roosevelt primero y la Administración Truman después) que organizó, en los años cuarenta y cincuenta, a la mayoría de los trabajadores industriales, la fuerza mayor dentro del movimiento obrero. Más tarde, el movimiento de los derechos civiles en los años sesenta, y los movimientos feministas, así como el movimiento ecologista en los años setenta y ochenta forzaron cambios, no sólo políticos, sino también económicos tales como la prohibición de la discriminación de raza y de género, así como la inclusión de los costes de destrucción del ambiente como factor evaluador de las políticas públicas. Todas estas medidas fueron opuestas por el mundo empresarial que tuvieron que aceptarlas, por fin, a regañadientes, aunque nunca acabaron de incorporarlas completamente en sus prácticas empresariales. Aprovecharon cualquier resquicio en las leyes y prácticas federales para no llevar a cabo su puesta en marcha y desarrollo.

En realidad, la respuesta neoliberal de los años ochenta fue la respuesta del mundo empresarial a las conquistas sociales del mundo del trabajo, que habían conseguido toda una serie de conquistas sociales y laborales en la época 1930-1970, alcanzándose en 1979 la menor polarización de las rentas que EEUU conoció desde los años treinta. La respuesta empresarial se inició ya durante la Administración Carter, cuando su ministro de Economía, el Sr. Volker, inició una recesión como manera de reducir el poder sindical. Las políticas de Carter fueron continuadas y aumentadas por Reagan. Tales políticas representaron un ataque frontal a los movimientos obreros y a los movimientos sociales, y se presentaron bajo el argumento de que eran necesarias para mejorar la eficiencia de la economía. El descenso del salario mínimo, la desregulación de los mercados de trabajo, la desregulación del comercio, la privatización de los servicios públicos, y el aumento de la regresividad fiscal, eran presentadas como necesarias para recuperar la eficiencia de la economía; en realidad estaban orientadas a debilitar al mundo del trabajo. Y todas ellas contribuyeron a incrementar las rentas del capital a costa de las rentas del trabajo, causando un enorme crecimiento de la polarización de las rentas. La manera como se utilizaron las nuevas tecnologías y como se realizó la globalización era consecuencia directa del enorme dominio del capital que diseñó tales políticas públicas con el fin de incrementar su poder y sus rentas a costa de las rentas del trabajo. Y esto ocurrió en ambos lados del Atlántico, alcanzando su máximo desarrollo en EEUU, donde la enorme debilidad del mundo del trabajo y de las izquierdas (en ningún país de la OCDE las izquierdas son tan débiles como en EEUU), ha sido devastador para la calidad de vida de las clases populares. Es importante señalar que el objetivo teórico de tales reformas no se alcanzó. Antes al contrario, la eficiencia económica del periodo 1980-2004 fue menor que la del periodo 1950-1980. Pero aumentar la eficiencia económica no era la causa real de tales políticas. La causa real era aumentar las rentas del capital a costa del trabajo y esto es lo que lo consiguieron, incluso a costa de crear la crisis mundial.



Corrupción en España

Antoni Domènech *
Sin Permiso (7-11-09)


El texto que se reproduce a continuación es el esquema de una intervención de su autor en el Seminario de cultura socialista que se realiza con profesores de las facultades de Economía y de Derecho de la Universidad de Barcelona.

Con Bartomeu Muñoz, el alcalde socialista de la importante ciudad de la conurbación industrial barcelonesa que es Santa Coloma de Gramenet el pasado 29 de octubre, llevamos ya en poco más de tres años diecinueve alcaldes detenidos por corrupción en España: 7 del PP, 5 del PSOE, y otros "independientes" de pequeños partidos o agrupaciones electorales locales o regionales. Tenemos esta semana, además, la imputación en casos de corrupción de un antiguo presidentes del PP de la Comunidad Balear, Cañellas, y la investigación judicial sobre otro presidente balear del PP, Matas, así como los escándalos del "caso Gürtel", que afectan al presidente de la Comunidad valenciana, Camps, y a un creciente rimero de personalidades y altos cargos del PP en buena parte de la geografía nacional, señaladamente en la Comunidad de Madrid.

La detención del alcalde de Santa Coloma –una ciudad obrera, en la que su alcalde socialista no se molestaba en dormir: vivía en un barrio alto de Barcelona— forma parte de un caso que afecta también a otros antiguos altos cargos del partido de la derecha nacionalista catalana, CiU y en el que andan de por medio, al alimón, turbios negocios inmobiliarios con blanqueo de capitales a través de una agencia del segundo banco español (el BBVA) que operaba en el paraíso fiscal de la Isla británica de Jersey. Y ese caso catalán ha venido a añadirse al que estalló hace no muchas semanas, conocido por el nombre de "caso Palau de la Música", un caso de espectacular saqueo –más de 20 millones de euros- en beneficio privado de su presidente –un prohombre del patriciado barcelonés, condecorado hace años con la Creu de Sant Jordi— y allegados, así como de partidos afines a los saqueadores, de una entidad cultural emblemática de la ciudad de Barcelona, sostenida con aportaciones públicas y con donaciones privadas altruistas.

Nadie espera que la cosa termine aquí. El antiguo presidente de la Generalitat catalana, Jordi Pujol, se ha avilantado hace unos días, en una entrevista concedida a un programa televisivo de gran audiencia, a aconsejar que no se tirara mucho de la manta, porque el hedor (farum) podría llegar a ser insoportable para todos. (Algo parecido debió pensar en su día el presidente español José María Aznar cuando, ante el caso seguramente más alarmante de corrupción política registrado hasta ahora en España, la compra por parte del negocio inmobiliario madrileño de dos diputados autonómicos madrileños del PSOE para que no votaran la investidura de quien había ganado las elecciones autonómicas de mayo de 2003 (el candidato socialista, apoyado por Izquierda Unida), impidió que el fiscal de Madrid –el socialista Fernández-Bermejo— investigara el asunto. Hubo que repetir las elecciones. Y ganó el PP. Y no hubo más.)

Cuatro reacciones del establishment político-mediático

Cuatro son las reacciones más comunes a lo que algunos, acaso sin exageración, llaman ya epidemia de corrupción política extendida por España. Las que siguen, que no son necesariamente excluyentes:

1 Está, primero, la reacción miope nacida de la obnubilación política sectaria: sí, nosotros también, pero vosotros más, mucho más.

2 Viene, luego, el cierre de filas de quienes aceptan ya sin rubor el formar parte de una "clase política" que, estupefacientemente, se identifica con el conjunto del "sistema democrático" y aun con los valores democráticos mismos: hay que defender del descrédito a un sistema político democrático creciente y peligrosamente amenazado por la pérdida de crédito ante la población. El grueso de la "clase política" es honrada, y el interminable rimero de escándalos de corrupción política afectaría, en realidad, a una minoría. Toda la "clase política" debería olvidar sus (legítimos) enfrentamientos partidistas, para unirse en ese mensaje a la población, si es necesario, con nuevas y más duras medidas legislativas y administrativas.

3 Otra reacción común es el escándalo farisaico de la antipolítica. La política como servicio público y como representación fiduciaria de los distintos y encontrados intereses de la vida social sería pura ilusión. No habría tal. La política sería, siempre, un negocio, y quienes a ella se dedican, necesariamente, unos negociantes que están ahí "para forrarse" (como dijo textualmente una vez en una conversación privada que acabó transcendiendo públicamente el expresidente de la Generalitat valenciana y exminisro de José María Aznar Eduardo Zaplana).

4 Cuarta reacción, y última aquí inventariada: el recurso al cinismo antropológico; la corrupción estaría en la "naturaleza humana". Lo dijo Alan Greenspan, acaso el principal responsable político de una de las eras de codicia y corrupción económica más desapoderadas del último siglo. Ahora lo están repitiendo muchos comentaristas políticos en España.

Esas cuatro reacciones, tan distintas, tienen, sin embargo, en común la pretensión de despolitizar el problema de la corrupción política:

1 La obnubilación sectaria, por la vía de una hipermoralización partidista elemental: los nuestros son necesariamente más honrados: o porque, siendo de "izquierda", se les suponen valores morales incompatibles con la puesta en almoneda de sus actos de servicio público; o porque, siendo gentes de viso y de "derecha", se les supone con suficiente patrimonio personal como para resistir al soborno.

2 La despolitización dimanante del cierre de filas viene de suponer, acaso sin advertirlo, que la política democrática es algo más que, y acaso metafísicamente superior a, la representación fiduciaria de intereses y voluntades existentes en nuestra vida social, y de intereses y voluntades las más veces pugnaces y encontrados. Viene, esto es, de ignorar que lo único que tienen en común los representantes políticos es la obligación de defender los intereses y las voluntades de sus representados en el marco de una deliberación pública realizada con argumentos dimanantes de razones públicamente defendibles y atenidos al interés general (nadie puede proponer una ley con el argumento, dimanante de una razón privada, de que esa ley le favorecería en sus negocios o favorecería a sus amigos y parientes). Y parte esencial del interés general en una sociedad escindida en clases y grupos de interés es el reconocimiento político, con todas sus consecuencias, de esa escisión social de base y de la legitimidad de sus expresiones y manifestaciones en la vida política. Patentemente, es la ignorancia de eso lo que permite a muchos políticos aceptar hoy con un donaire digno de mejor causa el constituir nada menos que una "clase política", es decir, un grupo de individuos unidos por intereses privados propios, y en esa medida, seccionados, desgajados como casta o como "clase", del pueblo supuestamente "soberano".

3 El escándalo farisaico niega directamente la posibilidad de la política democrática. O bien porque cree que el mejor modo de promover el interés público es tener políticos codiciosos y corruptibles –no han faltado voces en España en estos últimos años que han sugerido que la corrupción política es también un saludable índice de dinamismo y prosperidad económicos—, una versión posmoderna del viejo ideologema de Mandeville: vicios privados, virtudes públicas. O bien porque, y tal vez en el otro extremo, ha llegado a creer que la representación política fiduciaria de intereses y valores socialmente existentes es tarea de antemano condenada al fracaso: la "política" es y será siempre una mierda, y los políticos, sea cual fuere su signo ideológico, un hatillo de hipócritas y mangantes; de gentes que, ¡qué diablos!, como todo el mundo, van a la suya.

4 El cinismo antropológico despolitiza el específico fenómeno de la corrupción política por la vía de la banalización inespecífica: no hay un problema de corrupción política, distinto del problema de la corrupción administrativa, distinto del problema de la corrupción económica privada, etc., sino que la naturaleza humana, en general, sería pronta al soborno. Consuelo para políticos corruptos o irresponsables y pretexto para las protestas de agudeza de tertulianos y columnistas de grandes absolvederas, el planteamiento político del problema de la corrupción política es substituido por la reafirmación de la doctrina paulina de la corrupción general de la naturaleza humana como consecuencia de la caída de nuestros padres en el pecado original:

"Porque sabemos que la ley es espiritual; mas yo soy carnal, vendido a sujeción del pecado. / Porque lo que hago, no lo entiendo; ni lo que quiero, hago; antes lo que aborrezco, aquello hago. / Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena. / De manera que ya no obro aquello, sino el pecado que mora en mí. / Y yo sé que en mí (es a saber, en mi carne) no mora el bien: porque tengo el querer, mas efectuar el bien no lo alcanzo. / Porque no hago el bien que quiero; mas el mal que no quiero, éste hago. / Y si hago lo que no quiero, ya no lo obro yo, sino el pecado que mora en mí. / Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: Que el mal está en mí." (Pablo, Romanos, 6, 14-21)

Corrupción, política, administrativa y económica [El fenómeno de la corrupción política, visto políticamente]

Para ver políticamente el fenómeno de la corrupción política, lo primero es distinguirla de otras formas de corrupción socialmente significativas, como la corrupción económica privada y la corrupción administrativa.

La corrupción económica privada afecta a las instituciones y a los agentes económicos privados, y a las relaciones de agencia fiduciaria entre ellos, entre los que actúan como agentes propiamente dichos y los que actúan como principales: un ejecutivo es un agente fiduciario de su principal, que son los accionistas propietarios de la empresa; un abogado de empresa es un agente fiduciario de su principal, que son los directivos de la empresa; un bróker financiero es un agente de su principal, que es el inversor financiero o bolsístico. Las relaciones entre principales y agentes están marcadas siempre por una asimetría informativa que hace que, objetivamente, las posibilidades de que el agente traicione la confianza puesta en él por el principal sean enormes, es decir, que hay un amplio espacio para que el agente se deje interferir en su labor por intereses propios o de que se deje corromper y sobornar por intereses privados que no son los de su principal. La regulación pública de la actividad económica privada tiene en buena medida que ver con la yugulación legislativa de aquellas posibilidades, con la restricción radical del espacio social e institucional que permite el fraude en las relaciones de agencia. No hará falta insistir en que el incremento espectacular de la corrupción económica en el mundo en las pasadas décadas, señaladamente en el sector financiero, tiene que ver con la desregulación pública de la actividad económica privada.

La corrupción administrativa afecta a los funcionarios públicos, es decir, a agentes que, a diferencia de los representantes políticos, guardan con el "pueblo soberano" una relación muy mediata. O bien son cargos de confianza de políticos electos (así pues, agentes fiduciarios del político electo, que es su principal, el cual, a su vez, es agente fiduciario del "pueblo soberano"), o bien son funcionarios de carrera, y entonces la relación de agencia con la ciudadanía es aún más remota: en general, viene dada por los criterios legalmente establecidos de selección para entrar en la carrera del servicio público y por los criterios, legalmente establecidos también, para sancionar al funcionario público que falta a su deber de probidad. El descrédito de la función pública que ha acompañado al auge del "neoliberalismo" en las últimas décadas ha jugado un papel de primer orden en la degradación de ambas cosas: ha habido una bien documentada relajación en los criterios de selección de funcionarios (con la admisión de zorros como guardianes del gallinero: como el estafador Madoff presidiendo el Comité de directores de la agencia regulatoria NASDA): culpa in eligendo; y ha habido una política de gestión y de sanciones, importada del mundo de la empresa privada e impropia del sector público (todos serían corruptos y holgazanes, hasta que se demuestre lo contrario), como el llamado New Public Management, que ha traído consigo, entre otras cosas, una desmoralización general de los trabajadores públicos: culpa in vigilando.

Huelga decir que el caso más interesante de corrupción administrativa es el que trae su origen causal en la vida económica privada, es decir, la corrupción de funcionarios públicos por grandes (o pequeñas) empresas privadas. El incremento de la corrupción administrativa en las pasadas décadas, señaladamente en los países en vías de desarrollo, ha sido sencillamente espectacular. También porque ha sido instrumento capital del saqueo de esos países por las grandes empresas del hemisferio norte en el orden neoliberal de la "globalización". Peter Eigen, el fundador de Transparency International, con sede en Berlín, lo resumía así en enero de 2000:

"La magnitud de los sobornos pagados por corporaciones internacionales en los países en desarrollo es a gran escala. Las acciones emprendidas por la mayoría de los gobiernos de los países industrializados para luchar contra la corrupción internacional son modestas. Los resultados se traducen en mayor pobreza en los países pobres, un persistente socavamiento de las instituciones democráticas, y cada vez más distorsiones en el comercio internacional honrado."

La corrupción política es particularmente lacerante, porque afecta a una relación de agencia fiduciaria directa entre el supuesto "pueblo soberano", como principal, y los partidos y los representantes políticos como meros agentes suyos, formadores y canalizadores de las voluntades y los intereses populares. No suele observarse que los distintos partidos políticos no sólo representan distintos intereses sociales –lo que es una obviedad—, sino que las relaciones fiduciarias de los distintos partidos con sus bases sociales (y más en general, con los intereses sociales que supuestamente representan) son también muy distintas. El marxista Gramsci popularizó la idea de que los intelectuales y los políticos de un determinado signo social, político o ideológico pueden ser más o menos "orgánicos en" sus respectivas bases. Y observó con gran perspicacia que para los dirigentes y representantes de las clases y estratos subalternos de la población la "organicidad" en, es decir, la miríada de vínculos capilares de retroalimentación con, sus bases sociales es mucho más difícil de mantener que en el caso de los representantes y los agentes fiduciarios de las elites sociales y económicas tradicionales. No sólo porque resulta harto más difícil encontrar buenos representantes y calificados dirigentes entre quienes están obligados a vivir por sus manos, y desde luego, no de renta; no sólo porque, una vez encontrados, es más difícil substituirlos por otros, lo que da a esos agentes un gran margen de chantaje autoritario sobre sus bases ("si no os gusta, me voy": como Felipe González, cuando obligó a un PSOE mayoritariamente reluctante a "abandonar el marxismo" en 1979; o como el propio Felipe González, cuando en 1986 obligó a un pueblo abrumadoramente pacifista como el español a entrar en la OTAN); también porque, una vez con cargos y aupados al núcleo del funcionamiento del sistema político, con todas su pompas y vanidades, tienden espontáneamente a desarrollar una nueva identificación con los hábitos de sus colegas bienhabientes, tienden, esto es, a sentirse más "clase política" que representantes de su fábrica, de su barrio o, en general, de las gentes menudas de cuyas filas proceden o a las que, al menos, declaran representar. Así que, en punto a corrupción política, el partido de izquierda que no sea especialmente sensible a esas realidades, va listo: quien no vive según piensa, termina pensando según vive. El alcalde de Santa Coloma detenido por corrupción la pasada semana –dicen que un socialista aficionado a los buenos restaurantes, a los buenos automóviles y a las buenas compañías de gente con estilo—, que regía con mayoría absoluta una de las ciudades obreras más importantes del cinturón industrial de Barcelona, ni siquiera vivía en Santa Coloma, sino en uno de los barrios altos de la Ciudad Condal.

Eso no quiere decir que las elites políticas o ideológicas de la derecha hayan de tener siempre mayor "organicidad en" sus bases, o más facilidad para lograrla. Los numerosos casos –en realidad, ampliamente mayoritarios— de corrupción política de la derecha tradicional en la España de estos últimos años son buen ejemplo de ello. Pero es interesante observar que la pérdida radical de organicidad en sus bases sociales de las elites ideológicas y políticas conservadores se da fundamentalmente en momentos históricos dominados por la mentalidad rentista, es decir, en épocas de hegemonía social y cultural de los estratos y capas sociales que viven fundamentalmente de rentas: de rentas inmobiliarias, de rentas dimanantes de grandes patrimonios financieros y de rentas monopólicas desapoderadas, derivadas de posiciones de abuso de poder en los mercados. El rentista no produce nada, no crea nada, no genera valor, ni riqueza, sino, a lo sumo, apariencia de ella; el rentista es, básicamente, un saqueador; un expoliador de bienes comunes y de bienes privados ajenos; y un activo buscador de rentas a través de mecanismos políticos, que no puede ver en la vida política representación de interés social alguno, sino oportunidad de negocio y cabildeo. Lo que en Alemania ha dado en llamarse "puerta giratoria" entre la política y el mundo de los negocios (el hecho de que grandes fortunas entren como si nada en el juego de la vida política –Berlusconi— y, a la inversa, grandes dirigentes políticos vayan a parar al mundo de los negocios luego de abandonar su cargo –Schröder con Gazprom, Felipe González con Carlos Slim, Aznar con Rupert Murdoch—), un fenómeno relativamente reciente, expresa bien esa realidad.

No es por casualidad que uno de los clásicos de la ciencia social contemporánea, La teoría de la clase ociosa (1898), del economista noruego-estadounidense Thorstein Vebblen se escribiera en plena Era de la Codicia norteamericana, un período, por tantos conceptos, muy semejante al que hemos vivido en las últimas décadas. En Veblen puede encontrarse un atisbo de explicación al hecho de que precisamente políticos sin la menor organicidad en intereses sociales objetivos de ningún estrato social relevante –basta ver la pinta, involuntariamente cómica, de un Ricardo Costa, el de los relojes de 6.000 euros y los coches de 60.000—, y enfangados hasta el cuello en asuntos de corrupción política, como en Madrid, como en Valencia, o como en Santa Coloma de Gramanet, puedan jactarse de lograr una y otra vez mayorías absolutas:

"… la institución de una clase ociosa opera en el sentido de hacer conservadoras a las clases inferiores al privarles, hasta donde es posible, de los medios de subsistencia, reduciendo así su consumo, y, por ende, de la energía de que pueden disponer, hasta el punto de hacerlas incapaces del esfuerzo exigido para el aprendizaje y adopción de nuevos hábitos mentales. La acumulación de riqueza en el extremo superior de la escala pecuniaria implica privaciones en el extremo inferior. (…) El efecto inhibitorio directo de la desigual distribución de la riqueza está secundado por otro indirecto que tiende al mismo resultado. (…) El mantenimiento del consumo ostensible como uno de los elementos principales del patrón que mide el decoro en todas las clases, no es, desde luego, atribuible por entero al ejemplo de la clase ociosa adinerada, pero la práctica y la importancia que se le da se robustecen, sin duda, por el ejemplo de la clase ociosa."

La percepción de la corrupción económica, administrativa y política. El caso de España.

A pesar de la epidemia de corrupción política que aparentemente se ha abatido sobre España, es muy notable que, en la percepción de los españoles –y como saben todos los estudiosos del fenómeno de la corrupción, suele haber, ceteris paribus, una elevada correlación positiva entre la percepción de la misma y su realidad objetivamente medida— la corrupción económica del sector privado resulta ser mucho más importante que la corrupción de los partidos y de los representantes políticos. Según el informe de 2009 de Tranparency International, mientras que en países como Argentina, Grecia, Israel, Italia o Reino Unido lo más destacado en la percepción ciudadana es la corrupción de los partidos políticos; mientras que en países como los EEUU, Indonesia y Panamá se destaca la corrupción de todo el poder legislativo (las cámaras parlamentarias); mientras que en países como Chequia, Japón y Rusia se destaca la corrupción administrativa; en España, en cambio –como en Hong Kong, Islandia, Países Bajos y Noruega—, se destaca la corrupción empresarial.

En contra de los sermones casi unánimes de los políticos españoles de estos días, el crédito popular de la "democracia", del sistema de partidos políticos y de los representantes políticos electos no está por ahora gravemente amenazado, a pesar de la que está cayendo. Diríase, en cambio, que la población española tiene una percepción bastante clara del origen causal de los males de la política en los males de una vida económica –de un "modelo de crecimiento", como se dice con tecnocrática unción— fundada, no en la creación de riqueza o de valor, sino en la inflación de activos (inmobiliarios y financieros), en la inclemente destrucción del patrimonio común natural (el caso de las costas españolas es particularmente llamativo, y ahora ha saltado dramáticamente a la luz el caso de los humedales de las Tablas de Daimiel), en el saqueo y privatización de patrimonio público del Estado (una política de privatizaciones iniciada por Felipe González y seguida luego por Aznar, pero a la que, inicialmente, se oponía hasta la derecha política tradicional), en la asombrosa sobreexplotación de una mano de obra calificada (el 63% de los asalariados españoles es "mileurista"), en un Estado social raquítico, en el volumen de desempleo estructural más crecido de los países de la OCDE y en el insostenible endeudamiento de las empresas y de los trabajadores españoles.

Si comparamos con Italia, el contraste es notable. Mientras en España un 29% considera que el sector más corrompido es el de la empresa privada, en Italia sólo un 7% cree eso. Es verdad que en España un 27% creen ya que son los partidos el sector más corrompido (cerca, pues, de la empresa privada), pero en Italia tenemos un abrumador 44% de ciudadanos que lo cree. Ese 27% registrado en 2009 podría crecer; visto lo visto estos días, y lo cierto es que si la pregunta es cuán corrompido está un sector (no qué sector es el más corrompido), en España ganan ya los partidos políticos con una puntuación de 3,4 (en contraste con el 3,3 que se da a las empresas, el 3,1 que se da al parlamento, o el moderado 3,0 –el más bajo— que se da a los funcionarios. (Por seguir con el contraste: en Italia la puntuación más alta de descrédito en materia de corrupción se la llevan también los partidos, pero con un 4,1, seguidos de los funcionarios, 3,9, del poder judicial, 3,5, y de los medios de comunicación, 3,4; la empresa privada queda en un 3,3, al mismo nivel que el Parlamento).

Y si la izquierda institucional no reacciona políticamente a esos males básicos de la vida económico-social de nuestro país, si no logra al menos acompasar sus percepciones básicas a las percepciones del común de la ciudadanía, entonces sí podría empezar a temerse muy en serio en España una generalización à la italiana de la antipolítica.

* Antoni Domènech es el editor de SinPermiso.

 

 

Soberanía alimentaria en Somalia
Sabemos también que una de las razones por las que se llega a esta situación ha sido la pesca ilegal, la pesca en aguas territoriales somalíes, y siempre a unos ritmos y cantidades que dejan los caladeros al borde del colapso.

Gustavo Duch Guillot
ATTA Madrid (6-11-09)


La información que los medios de comunicación nos van ofreciendo sobre los secuestros de barcos atuneros frente a las costas de Somalia ha ido, gota a gota, matizándose. Aunque se siga hablando de piratería, se ha explicado como en esas aguas muchos países desarrollados hemos ido vertiendo residuos tóxicos. Sabemos también que una de las razones por las que se llega a esta situación ha sido la pesca ilegal, la pesca en aguas territoriales somalíes, y siempre a unos ritmos y cantidades que dejan los caladeros al borde del colapso. Entre los barcos responsables está la flota española que ha sido además altamente subvencionada por la Unión Europea para éste, digamos, ecocidio. Por ejemplo, el Alakrana, barco recientemente secuestrad,o recibió una ayuda para su construcción de más de cuatro millones de euros.

Pero aún hay un nuevo dato que añadir -y muy significativo- que demuestra el terrible daño que hace esta flota extractiva saqueando en territorios dónde la pobreza y el hambre están instaladas. Este último año los pescadores locales de Kenia, al sur de Somalia, llegan cada día a puerto con capturas cómo hacía años no recordaban. Cuentan que vuelven a pescar atunes, barra cudas o rayas gigantes porque la presencia de los “piratas” somalíes ha ahuyentado y alejado mar adentro a las grandes factorías flotantes. En el pequeño pueblo de Malendi un pescador puede estar ganando más de 200€ diarios, cincuenta veces más que el salario medio de la población. Un salario más que digno. Hemos de tener en cuenta que los grandes barcos en sus capturas de atunes pescan también muchas otras especias que simplemente descartan. Hoy sin estos barcos, la pesca de atún y los “descartes” son fuentes de ingresos y de proteínas para la población local. También se ha beneficiado el sector de la pesca deportiva donde las cámaras fotográficas vuelven a encuadrar grandes piezas antes de devolverlas al mar.

Por lo tanto, si en lugar de medidas de militarización de los buques españoles se planteara la prohibición de la pesca industrializada en el continente africano, se podría por un lado dedicar esos fondos en potenciar una política europea y española a favor de la pesca artesanal, local y sostenible, que tanta falta hace, y por otro, contribuiríamos en el desarrollo de los pueblos africanos con mucha mayor eficacia que con muchos programas de solidaridad. Respetando, como debe ser, la propia soberanía alimentaria africana.

Un vídeo, oleadas de satisfacción: http://www.ecologistasenaccion.org/spip.php?article15709

* Gustavo Duch Guillot, Ex Director de Veterinarios Sin Fronteras




Otro mundo en el que los cuerpos no estén en venta

Maruccia Ciotta *
Sin Permiso (6-11-09)


La doble moral es algo que gusta al poder, gusta a los bienpensantes. Dios, patria, familia, predica Tremonti, el último por el momento, que sabe bien que el reverso de la moneda es la alegre, y privadísima, práctica del burdel. La santa y la prostituta, el amor sagrado y el amor profano. Pero, si un gobernante piensa así, que el placer se satisface previo pago de su importe, que un cuerpo humano es una mercancía más en el mercado, mientras la “familia” es la célula de la sociedad, a salvaguardar a toda costa (incluido el desahogo mercenario), pilar de la economía y el orden público, yo lo considero un adversario político.

No se trata de moralismo, sino de la idea que tengamos respecto de las relaciones entre personas y , por consiguiente, de un modelo cultural distinto de ese otro hipócrita dispensador de “valores” (según el editorial de Ida Dominijanni). La idea sobre lo que es la felicidad, desplazada a la esfera íntima, una felicidad basada en placeres mucho más “perversos” que el sexo mercenario, esto es, de las relaciones eróticas y sentimentales, homo, hetero, trans. ¿Y qué tiene que ver el libertinaje, que tienen que ver la proezas sexuales, una, ciento, mil amantes?. Berlusconi no tiene amantes. Bill Clinton si las tenía, y esto es algo muy distinto. Monica Levinsky no era un “vicio privado” del presidente, era una relación privada, un intercambio entre individuos, y poco importa si ella era su secretaria. No hay solución de continuidad entre el Berlusconi que manipula cuerpos de mujeres y cuerpos de precarios y de “clandestinos”, todos están a “su disposición”, todos tienen un precio. El juicio sobre el mundo del que procede un primer ministro que paga a intermediarios para que le provean de carne fresca a domicilio nos hace volver sobre esenismo mundo, pero por razones opuestas a las de la pulsión beaturrona que caracteriza a los que se posicionan en su favor.

Son ellos los que se declaran en contra de las uniones de hecho y de los matrimonios gays, son ellos los que demonizan el 68como fuente de todo desorden, sexo, droga y rock´n´roll. Nos hace volver a él porque va contra nuestra concepción de la persona, sean o no cómplices los escoltas y las chicas de alterne, porque es la prueba del “abuso de poder”, y no solamente, y como bien se ha dicho con justeza en otras ocasiones, a causa de la compensación en términos electorales y televisivos ofrecida por Berlusconi a cambio de las prestaciones sexuales, sino por la abyecta visión del poder como ejercicio de la prepotencia. ¿Qué presente y qué futuro nos puede deparar quien se entretiene a sí mismo con alguien cuya única “libertad” es la de venderse? Y la pregunta va más allá del sexo, se extiende y atañe a categorías humanas diversas. Y por eso también, no obstante las evidentes diferencias que hay en relación con el caso del presidente de la región del Lazio (que no ha ofrecido puestos de trabajo a sus prostitutas) pienso que Marrazzo no puede representarnos 1. Las especulaciones en relación con su abandono definitivo de la política se han ido haciendo más barrocas con el transcurso del tiempo como consecuencia de la “protección” ofrecida por el jefe de la mayoría que lo habría puesto en situación de vulnerabilidad. El “beso mortal” de Berlusconi. Pero, incluso si es verdad, ese es un modo de eludir la cuestión principal, ante la que muchos se detienen para evitar ser acusados de dedicarse a “hurgar bajo las sábanas” y de dar lecciones de ética. Y esta es la vida, en la que el biopoder ha metido mano, y que constituye la materia prima de cualquier programa de cambio

Se termina a continuación por incluir también dentro de lo “personal” e intocable el historial judicial de los políticos, que es considerado como un último “intento de distraer” el juicio sobre la actividad de gobierno. Si han transferido capitales al extranjero, corrompido jueces, creado sociedades en paraísos fiscales, hinchado derechos televisivos, eso es cosa suya…Es cierto, si todo se resuelve con el tintineo de los grilletes se oscurece la trama inextricable entre la conducta privada y la política

Los periódicos de referencia del primer ministro, sostienen que al no haber cometido delito, el Berlusconi don Juan debe seguir en su cargo, en tanto que Marrazzo, que sí lo habría cometido (habría cedido al chantaje), debe dimitir . Se han conformado incluso si el ex gobernador no resulta investigado. El “delito” sin embargo no solo está registrado en las tablas de la ley. Dicen también que la “patatona” (palabras del portavoz del presidente del Consejo, Feltri) es un atenuante mientras el trans es un agravante. Esto solo vale para su propio consumo interior. Si Berlusconi hubiese tenido un amante trans y Marrazzo también le habríamos defendido a muerte, le habríamos echado más ganas a su defensa. Pero no es de esto de lo que se trata. La diferencia entre el caso de Berlusconi y el de Marrazzo está sobre todo en la reacción de sus respectivas formaciones electorales y de gobierno. Los primeros consideran el comportamiento de Berlusconi una prueba de exuberancia viril, un modo envidiable de hacer uso de su poder, los otros se han sentido ofendidos y no ciertamente por la “desviación” del líder regional (que, es más, en todo caso merece comprensión) sino porque ha traicionado la idea de un mundo mejor que excluye el tráfico con seres humanos, que está hecho de proyectos de amor, de conquistas civiles, de derechos y de comportamientos ya nunca más ilícitos, sino practicables a la luz del día. Un mundo sin doble moral

Los “puteros” de la comedia a la italiana son la fotografía de una Italia que el difamado 68 ha barrido por completo, como resultado de las luchas de las mujeres y de los hombres, que exigen una gestión de la cosa pública basada en el respeto de todos y cada uno.

* Mariuccia Ciotta es una analista política italiana que escribe regularmente en el cotidiano comunista italiano Il Manifesto.
Traducción para www.sinpermiso.info: Joaquín Miras



Hacia la sostenibilidad en el ciclo de los recursos hídricos

Andrea Innocenti
Revista Pueblos (6-11-09)

En un mundo que se vuelve cada vez más pequeño, los recursos naturales representan un factor limitante. En el caso del agua, lo que se ve afectado no es solamente el desarrollo personal, comunitario o nacional, sino la vida misma. Por esta razón en las últimas dos décadas el agua ha entrado en la agenda política, tanto a nivel nacional como internacional, por las problemáticas relacionadas con ello. Pero ¿cuáles son las causas de la actual crisis hídrica, cuáles las repercusiones sobre el medio ambiente y sobre la población y cuáles las posibles soluciones? ¿Es real la falta de agua? y ¿Cómo podemos pensar para enfrentarnos a los problemas relacionados con la escasez y el saneamiento básico?

Si bien la superficie terrestre está recubierta casi en su totalidad por agua, el agua dulce realmente disponible es solamente una pequeña parte de ella. Su escasa cantidad se une a la desigualdad en la distribución geográfica de los recursos hídricos, determinada por fenómenos naturales o geomorfológicos que favorecen la escasez hídrica local; es el caso, por ejemplo, de África Subsahariana. Eso, por supuesto, no impide que, por razones de mala gestión y pésima optimización de los recursos, haya también escasez en países ricos. De hecho, la mala gestión de los recursos hídricos y de la insuficiente cobertura de las infraestructuras hídrico-sanitarias representa la segunda causa de la actual crisis por la que estamos pasando. La tercera causa es la creciente contaminación de las aguas superficiales y subterráneas debida a los productos químicos y metales pesados procedentes del sector industrial, la falta de tratamiento de las aguas residuales de origen civil y el uso excesivo de pesticidas y fertilizantes químicos en el sector agrícola, que las lluvias sucesivamente trasfieren a los acuíferos. Por último, nos encontramos con los factores que aumentan la demanda a nivel local, sobre todo en los países en vías de desarrollo, tales como el aumento poblacional, la concentración poblacional en las megalópolis del Sur o la deslocalización hacia esos países de los procesos productivos industriales y agrícolas.

La crisis hídrica

Estos factores causan una dramática desigualdad en el acceso a fuentes de agua segura para la población, privación que es causa de pobreza y enfermedades que afectan, como siempre ocurre cuando se observan fenómenos de desigualdad, principalmente a los grupos más vulnerables como niños y mujeres. Las consecuencias de la crisis son múltiples y se manifiestan en diferentes ámbitos. De hecho, en el marco de los ODM (Objetivos de Desarrollo del Milenio), los temas de agua han sido incluidos en el Objetivo 7 [1], sobre la sostenibilidad ambiental. Pero si pensamos en los demás objetivos (reducción de la pobreza y erradicación del hambre, acceso a educación, temáticas de género, reducción de la mortalidad infantil, mejora de la salud materna, lucha contra las enfermedades, establecimiento de acuerdos comunes sobre las políticas de desarrollo), se observa cómo para alcanzar cada uno de ellos habrá que enfrentar problemas relacionados con el recurso agua. Sin embargo, los más visibles y medibles son las consecuencias sanitarias del problema. Datos recientes afirman que 884 millones de personas no tienen acceso a una fuente segura de agua y que 2.533 millones de personas no tienen acceso a infraestructuras de saneamiento adecuadas (JMP 2008). Los efectos de esta situación se reflejan en las "estadísticas": cada año mueren un número estimado de entre 2 y 5 millones de personas por enfermedades relacionadas con el agua (Gleick 2002), el 98 por ciento de las víctimas de dichas enfermedades han nacido en países en vía de desarrollo, el 30 por ciento de ellas es causada por la diarrea, que es causa a su vez del 84 por ciento de las muertes relacionadas con el agua en menores entre 0-14 años (WHO 2008).

Además de los problemas para la salud pública, la crisis hídrica se manifiesta también mediante la competición entre usos agrícolas y mantenimiento de las funciones naturales del medio ambiente, competición desigual por la diferente capacidad de presión política de las partes: agricultores y naturaleza. La escasez hídrica causa estrés ecológico cuando los recursos hídricos son desviados de su cauce natural de forma no sostenible, transformándose en desastre cuando el fenómeno se prolonga en el tiempo. En la actualidad, se estiman en 25 millones las personas desplazadas por razones ambientales o también llamados refugiados ambientales (Myers 2005), frente a los 23,7 millones de desplazados por razones políticas y conflictos bélicos (UNDP 2007).

El camino hacia una solución pasa por la adopción de una serie de cambios conceptuales en lo referente al agua, cambios que van de acuerdo con las ideas fundamentales de la teoría del decrecimiento. Los cambios que se proponen son conocidos como las ocho R: Reevaluar, Recontextualizar, Reestructurar, Relocalizar, Redistribuir, Reducir, Reutilizar, Reciclar (Latouche, 2008). En el caso del agua se necesita su reevaluacióny recontextualización según los valores éticos subyacentes a la Declaración de los Derechos Humanos, abandonando o reconsiderando la visión exclusivamente economicista de este recurso. Reestructurar el sistema de abastecimiento, para poder redistribuir y democratizar el acceso al agua. Por otro lado, es preciso modificar el uso que el ser humano hace del agua, a través de un cambio que repercuta en las tecnologías y modalidades de manejo del recurso agua, para lo que habrá que introducir conceptos tales como relocalización, reducción, reciclo y reutilización.

El enfoque ECOSAN

La creciente necesidad hídrica, sobre todo en el Norte del mundo, tiene que ser enfrentada también desde una perspectiva educativa que permita una reducción social del consumo de agua como consecuencia de un cambio de costumbres. Reciclar y reutilizar el agua, junto con la relocalización de los procesos de tratamiento y aumentar la disponibilidad hídrica reciclando y preservando la calidad de la existente. Dichos conceptos son los que fundamentan el enfoque del Saneamiento Ecológico (ECOSAN), teoría que ve a las aguas residuales, históricamente consideradas como desecho, como un recurso que hay que aprovechar mediante pequeños sistemas de tratamiento a nivel local.

En la actualidad el modelo que se puede observar en todo el mundo es un sistema lineal, que prevé la eliminación de los desechos mediante sistemas de alcantarillado utilizando el agua (muchas veces potable) como medio de transporte (Lettinga, 2001), sistemas que de hecho no eliminan el peligro de contacto con los contaminantes presentes en las heces humanas, simplemente lo alejan. El sistema actual de producción agrícola prevé el uso intensivo de fertilizantes derivados del petróleo si bien el mismo objetivo se puede conseguir utilizando los macronutrientes (nitrógeno, fósforo y potasio) presentes en heces y orina, abandonando los fertilizantes químicos (Vinnerås, 2004). ECOSAN propone el uso de tecnologías que varían desde los sistemas de tratamiento naturales hasta las letrinas de compostaje, pequeñas instalaciones unifamiliares y medianos complejos de tratamiento descentralizados tales como los sistemas de fitodepuración (Otterpohl, 2004). Siguiendo la filosofía de dicho enfoque, la responsabilidad pasa a los actores locales, por eso, en el momento de la puesta en práctica de un sistema de manejo de las aguas residuales según el enfoque ECOSAN, una parte del trabajo es representado por las actividades de socialización y de promoción de la participación de los beneficiarios (GTZ, 2003). La mayor flexibilidad de sus elementos permite adaptarse a cada realidad y cada problema, utilizando las técnicas más apropiadas, ya sea bajo el punto de vista técnico como de aceptación social. Si a las aguas residuales se les aplica un proceso de tratamiento, es posible considerarlas un recurso y dirigirse hacia una forma de desarrollo sostenible que integre aspectos económicos, sociales y ambientales, solucionando al mismo tiempo: el problema sanitario, el problema medioambiental y la futura disponibilidad de recursos tales como agua dulce y minerales (Steen, 1998).

Con el intento de trabajar en esta dirección la ONG italiana Cooperación Internacional Sur Sur (CISS) durante el año 2002 comenzó a promover la fitodepuración en uno de los países donde podía contar con una presencia estable, Honduras. Dicho proceso fue sucesivamente retomado, con mayores recursos humanos y económicos, por parte de Naciones Unidas y la Unión Europea en 2003. Durante el periodo 2002-2005 se llevó a cabo el proceso de identificación, preparación, financiación, implementación, monitoreo y evaluación de un proyecto experimental, dirigido a comprobar el funcionamiento de un sistema de fitodepuración piloto. Los principales objetivos del proyecto piloto fueron, por un lado, identificar los recursos y materiales locales disponibles con el fin de demostrar que los sistemas de fitodepuración representan una tecnología viable en un país en vías de desarrollo. Por otro lado, demostró la efectividad del uso de la fitodepuración para el tratamiento de las aguas servidas de origen doméstico. La experiencia permitió comprobar los diseños más apropiados a las condiciones locales y poder calcular los recursos económicos necesarios para la construcción de sistemas a mayor escala. Paralelamente a las obras físicas, se sensibilizó al Ayuntamiento de Nacaome, municipio donde se realizó la intervención, sobre la importancia de acciones que impulsaran el ahorro y reutilización de las aguas depuradas desarrollándose actividades dirigidas a la formación de técnicos locales. Durante todo el periodo de observaciones los valores de salida fueron constantemente inferiores a los límites establecidos por la ley hondureña.

Uno de los retos pendientes es la lucha por una disminución social del consumo de agua, intentando optimizar los recursos existentes mediante inversiones en infraestructuras hídricas modernas y funcionales, sean estas destinadas al abastecimiento o al tratamiento de las aguas residuales. Promover la gestión participativa de los servicios de abastecimiento y tratamiento de las aguas, involucrando a los sectores públicos, privados y a la sociedad civil; independientemente del contexto de intervención, tanto en una capital con millones de habitantes como en una comunidad rural constituida por pocas viviendas. Además, es importante contar con un sistema de gestión que permita invertir parte de los beneficios generados por el servicio en la mejora de las infraestructuras existente y la ampliación del servicio; las experiencias positivas, en este sentido, están bien documentadas (Hall, 2005). En esta dirección, e intentando perseguir la sostenibilidad de las actividades humanas, ha nacido el enfoque ECOSAN, metodología de intervención que lleva en su interior los últimos treinta años de investigación científica y de recontextualización de la relación entre ser humano y medioambiente. Una nueva forma de entender el problema que sugiere nuevas soluciones, más efectivas y más sostenibles. La fitodepuración es un componente del enfoque ECOSAN y, al mismo tiempo, un eficaz sistema de tratamiento de aguas residuales. Eficaz, caracterizado por bajo impacto ambiental y bajo contenido tecnológico, aspectos que hacen de esta tecnología un instrumento apropiado para solucionar el problema del saneamiento básico en muchos contextos. La experimentación conducida en Honduras permite afirmar que es una tecnología viable y efectiva, también en países en vías de desarrollo.

BIBLIOGRAFÍA:
- GLEICK, P. H. (2002): Dirty Water: Estimated Deaths from Water-Related Diseases 2000-2020, Pacific Institute for Studies in Development, Environment, and Security, Oakland, CA. Fecha consulta: enero 2009.
- GTZ (2003): Guidelines for the preparation and implementation of ECOSAN projects, Deutsche Gesellschaft für Technische Zusammenarbeit, Eschborn, Germany 7 GTZ; 2003. 2nd draft, 31 October 2003.
- HALL, D. (2005): Por un modelo público de agua – Triunfos, luchas y sueños, El Viejo Topo, Mataró, España.
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- WHO, (2008): Safer water, better health, World Health Organization, Ginebra. Fecha consulta: enero 2009.

Notas
[1] El objetivo relativo a los temas de agua en su primera edición mencionaba exclusivamente la reducción del 50 por ciento de la población sin acceso a una fuente de agua segura dentro del 2015, sin hacer mención de ningún objetivo relativo al saneamiento básico, añadido solamente con ocasión de la Cumbre de Johannesburgo (2002).

* Andrea Innocenti es consultor independiente. Este artículo ha sido publicado en el nº 39 de la revista Pueblos, septiembre de 2009.

 

 

La dictadura de los banqueros

Luis Alsó
Rebelión (5-11-09)


“El poder político real es ejercido a nivel mundial por un pequeño grupo de individuos sin escrúpulos que se encuentra en EE.UU., un país gobernado por dirigentes de sociedades secretas, que coincide que son los dueños de los seis principales bancos. Este pequeño grupo dirigente constituye el cerebro que domina el mundo”.
Louis de Brouwer, consultor de la ONU-UNESCO.

En las manifestaciones con motivo de la huelga general del pasado 19 de marzo en Francia, la pancarta de cabecera rezaba: “El pueblo antes que los banqueros”. En EE.UU. la furia popular se ha desatado hasta el punto de que se aconseja a los dirigentes de bancos y de AIG que no salgan a la calle con nada que les pueda identificar. En Inglaterra tambien se ha desatado la caza del banquero: Fred Goodwin, consejero delegado del Royal Bank of Scotland, se halla en paradero desconocido despues de recibir amenazas. El pueblo, empobrecido y airado, empieza a identificar al enemigo.

Los ciudadanos asisten estupefactos al espectáculo de unos gobernantes que esquilman las arcas públicas para salvar a una banca que no responde ante ellos, ni ante nadie, sobre el destino del dinero que reciben; unos gobernantes que parecen impotentes o resignados ante ella. La razon de esa parálisis-sumisión es porque, en su inmensa mayoría, están puestos ahí por ella, que los coopta o financia sus campañas electorales (Sarkozy y Gordon Brown son protegidos de la banca Rostchild; y Obama está virtualmente secuestrado por Wall Street); los pocos restantes están estrechamente “vigilados”. Son los gobiernos, pues, los que responden ante la banca y no al revés. Por otra parte, los bancos centrales, supuestamente independientes, son, en realidad, tentáculos del clan banquero para consolidar su poder mundial, y tampoco responden ante nadie ni son elegidos democráticamente (el analista mexicano Alfredo Jalife Rhame se refiere a ellos como “la dictadura centralbanquista”).

No existe en las constituciones ni en los programas electorales de los países con economía de mercado ninguna ley o principio que diga que cualquier empresa privada puede quebrar excepto los grandes bancos, ya que -hayan hecho lo que hayan hecho- “son demasiado importantes para dejarlos caer”. Una declaración semejante supondría una arbitrariedad y una vulneración de las reglas de dicha economía de mercado, salvo que se considerase a los bancos rescatados como empresas semipúblicas, bajo control, por tanto, del Estado; pero en el neoliberalismo la nacionalización de la banca está, por principio, excluída. Y sin embargo el lema -no declarado- “la banca primero” ha estado como una regla de oro detrás del comportamiento de todos los gobiernos occidentales, que saquean sin pudor los fondos publicos (¿no deberían ser procesados por malversarlos?) como si el reflotamiento de la banca privada constituyese una prioridad sobre cualquier otro problema económico o social. Las reticencias para salvar a la General Motors, empresa emblemática de la industria estadounidense, contrastan con la ayuda inmediata e incondicional recibida por el Citibank, ejemplo perfecto de banster (banco ganster). Este inicuo salvamento de los victimarios con dinero de las víctimas, dejando a éstas en el más completo desamparo, no tiene precedentes en la historia de las modernas democracias y desvela que los gobiernos neoliberales son meros instrumentos de una, hasta ahora camuflada, dictadura de Los Banqueros (con mayúscula, para referirnos a la gran banca, pues la pequeña está siendo absorbida por ésta).

El crédito bancario asequible es fundamental para el funcionamiento de la economía productiva capitalista. Su corte brusco y prolongado –y la inoperancia de los gobiernos- está dejando miles de pequeñas y medianas empresas quebradas y millones de trabajadores en paro. Cuando, tras un largo rescate -el Banco de Inglaterra prevé una década de resaca bancaria- vuelva a fluir habrán desaparecido muchos de los que lo necesitaban y los daños económicos y sociales serán cuantiosos e irreversibles. La reciente reunión del G20 que, presidida por los que crearon la crisis (¡la zorra al cuidado de las gallinas!), se autoarroga la representación del planeta, mantiene el principio de “la banca primero” entre otras medidas para, previo maquillaje, reflotar el sistema y empobrecer más aún a la gente. Como dice Lyndon Larouche, las recetas del G20 “acabarán con el paciente”. Todo ello justifica el calificativo de Juan Torres López de “crimen contra la humanidad” aplicado a esta política.

Un poco de historia

La cita que encabeza este artículo corresponde a unas declaraciones hechas hace más de una década. Sin embargo, pese a la caída de Lheman Brothers (mas bién una estratégica “demolición controlada”) y la absorción de Merrill Lynch, no ha perdido actualidad: el clan de los grandes banqueros sigue siendo, básicamente, el mismo; y a la siniestra secta Bildelberg, presidida por ellos, se la señala como “gobierno mundial en la sombra”. Recientemente, Daniel Kaufman y Simón Johnson, ex economistas del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional respectivamente, denunciaban un “golpe de Estado” de la banca estadounidense, que en la última década corrompió a los políticos para que evitasen cualquier regulación o control de su actividad, propiciando la aparición de burbujas especulativas. Pero la historia de ese “golpe” viene de mucho más atrás.

Hay que remontarse al nacimiento de la FED (Reserva Federal Estadounidense) en 1913, una asociación de bancos privados que consigue asumir en régimen de monopolio importantes prerrogativas del Estado. Previamente, en el siglo XIX , la familia europea de los Rostchild había desembarcado en EE.UU. para asociarse con John Rockefeller I y formar un poderoso lobby de grandes banqueros e industriales en aquel país. A principios del siglo XX este clan ya había instalado allí diversas sucursales de lo que llamaron Federal Reserve Banks (conocida como la FED), una asociación de bancos privados con tal capacidad de presión que en aquel año consiguió del presidente Woodrow Wilson la autorización para emitir en exclusiva papel moneda con garantía del Estado y manejar los tipos de interés. Se dice que algún presidente que trató de revertir esta insólita situación murió en el intento. Cuando, después de la segunda guerra mundial el dólar sustituye al oro y deviene moneda-patrón, el poder económico-financiero de ese grupo de banqueros privados se expande internacionalmente. Este poder se multiplica hasta convertirse en la cúpula del poder capitalista mundial cuando, a partir de la crisis de los años setenta, la economía se financieriza y liberaliza (consenso de Washington) y el capital financiero pasa a dominar toda la economía productiva.

Como decíamos en otro trabajo, todo poder económico acaba convirtiendose en un poder político. En estrecha alianza con el poderoso complejo industrial-militar, la FED, en efecto, ha acabado controlando la política interior y exterior de la potencia mas grande del mundo: los Estados Unidos de Norteamérica. Ya lo predecía en el siglo XIX, con profética lucidez, uno de los padres de la patria norteamericana, Thomas Jefferson, cuando, a la vista de las intrigas de los banqueros, avisaba: “Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a ellos privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo sobre la tierra que sus padres conquistaron”. En esas estamos: millones de estadounidenses duermen en carpas o en automóviles en las afueras de las grandes ciudades.

Para desarmar la dictadura

Como si de un anti Robin Hood se tratara, el G20 busca, con sus recetas, perpetuar la criminal succión de riqueza de abajo hacia arriba; es decir, robar a los pobres para ayudar a los ricos. Ello nos acabaría abocando, como avisan algunos analistas, a una situación neofeudal: todos los derechos y todo el poder económico concentrado en unos pocos que someten a la servidumbre a la inmensa mayoría de la humanidad. Creen poder ahogar su previsible rebelión con sofisticadas técnicas de control social y eliminando a una buena parte de ella con un “caos controlado”. Antes de que estos nuevos señores feudales -que, como los de la Edad Media, son tambien “señores de la guerra”- lleven a cabo sus criminales propósitos y consoliden su dictadura, tenemos que derribar los pilares en que asientan su poder. Esos pilares son cinco: la erradicación de la banca pública, la red de bancos centrales seudoindependientes, los paraísos fiscales, el patrón-dólar y, en última instancia, el poder militar.

Empecemos por los más problemáticos: los paraísos fiscales fueron objeto de una condena formal en la última reunión del G20, pero, en la práctica, seguirán funcionando en los centro del poder financiero, Estados Unidos e Inglaterra. No obstante, la conciencia de su carácter criminal se extiende por el mundo y, si persistimos en su denuncia, cada vez será mas difícil seguir operando con ellos. En cuanto al dólar, atraviesa también una profunda crisis (China, alarmada, pidió sustituirlo por “derechos especiales de giro” del FMI en el G20) y, a la larga, su papel es insostenible por su falta de respaldo y la proliferación de monedas regionales u otros medios de intercambio. Algunos analistas -como el citado Jalife Rhame- piensan que la banca “anglosajona-israelí” desencadenaría una tercera guerra mundial si viese la hegemonía del dólar directamente amenazada. No obstante, ésta sería inevitable con la deshumanizada mentalidad de estos banqueros-guerreros. Como dice Danielle Bleitrach, comentando un trabajo de Rémy Herrera en la revista Afrique-Asie, “las dimensiones económicas y militares de la crisis están estrechamente relacionadas: la guerra agrava los desequilibrios de la economía estadounidense que las altas finanzas tratan de resarcir por medio del saqueo y la guerra perpetua..”.

Mas viable, de forma inmediata, sería una ofensiva contra los otros dos pilares, empezando por la reivindicación de una banca pública sin ánimo de lucro y democráticamente controlada. Como decíamos al principio, la conciencia de la responsabilidad de la banca privada respecto a la grave crisis que padecemos se extiende por todos los países occidentales. La indignación no se circunscribe a las clases populares, sino que abarca también a pequeños y medianos empresarios, víctimas directas del recorte del crédito. Pese a que, previsiblemente, los gobernantes lacayos presentarán una resistencia numantina, no podrían mantenerla por mucho tiempo, pues, a medida que avance la penuria, la presión social les desbordaría: se trata simplemente de exigir que el dinero de nuestros impuestos venga en nuestra ayuda y no en la de la odiada banca. Se trata, como dice Michel Husson, de reivindicar el crédito como un servicio público. La consecución de este objetivo -para el que habría que desplegar y combinar todas las formas de movilización ciudadana- supondría un torpedo en la línea de flotación de la dictadura de Los Banqueros. Facilitaría, además, la ofensiva contra los bancos centrales “independientes”, con los cuales una banca nacionalizada devendría incompatible; y, posteriormente, contra los paraísos fiscales y los gastos militares. En la UE esta movilización debería hacerse en dos frentes, el nacional, el europeo; para intentar coordinarse después con EU, donde la indignación ciudadana es aún mayor.

Decía recientemente el ex congresista y ex candidato presidencial Ron Paul, uno de los pocos políticos estadounidenses que se ha pronunciado por el cierre de la FED, afirmando que es una organización secreta insconstitucional: “Nos acercamos no a un fascismo al estilo Hitler, sino a otro de apariencia más suave, que se manifiesta en la pérdida gradual de libertades civiles, en el que las corporaciones lo dirigen todo... y el gobierno está en la misma cama con el gran dinero”. Le faltó señalar una similitud con el hitleriano: con una confianza ciega en su siniestra “agenda oculta”, este neofascismo sueña también con un imperio que dure mil años. Pero como aquél -y como todos los imperios- nos llevará, si no lo desarmamos, a un escenario de barbarie y destrucción.




Una nueva igualdad después de la crisis
Publicamos a continuación un fragmento de la conferencia que dio el historiador Eric Hobsbawm en el Word Political Forum, realizado en Bosco Marengo (Alejandría), en el que también participaron Mikhail Gorbachev y Yuri Afanasiev. Tomada de la versión en portugués traducida para Carta Maior por Moisés Sbardelotto.

“El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población. El crecimiento económico no es un fin, sino un medio para dar vida a las sociedades buenas, humanas y justas. No importa como llamamos a los regímenes que buscan esa finalidad. Importa únicamente cómo y con qué prioridades podremos combinar las potencialidades del sector público y del sector privado en nuestras economías mixtas. Esa es la prioridad política más importarte del siglo XXI”

Eric Hobsbawm *
Sin Permiso (5-11-09)


El “Siglo breve”, o XX, fue un período marcado por un conflicto religioso entre ideologías laicas. Por razones más históricas que lógicas, fue dominado por la contraposición de dos modelos económicos – e incluso dos modelos excluyentes entre sí –: el “Socialismo”, identificados con economías centralmente planificadas de tipo soviético, y el “Capitalismo”, que cubría todo el resto.

Esa contraposición, aparentemente fundamental, entre un sistema que ambiciona sacar del medio del camino a las empresas privadas interesadas en las ganancias (el mercado, por ejemplo) y uno que pretendía liberar al mercado de toda restricción oficial o de otro tipo, nunca fue realista. Todas las economías modernas deben combinar público y privado de varios modos y en varios grados, y de hecho hacen eso. Ambas tentativas de vivir a la altura de esa lógica totalmente binaria, de esas definiciones de “capitalismo” y “socialismo”, fallaron. Las economías de tipo soviético y las organizaciones y gestiones estatales no sobrevivieron a los años ´80. El “fundamentalismo de mercado” anglo-norteamericano quebró en 2008, en el momento de su apogeo. El siglo XXI tendrá que reconsiderar, por lo tanto, sus propios problemas en términos mucho más realistas.

¿Cómo influyó todo eso sobre los países que en el pasado eran devotos del modelo “socialista”? Bajo el socialismo, se encontraron con a imposibilidad de reformar sus sistemas administrativos de planeamiento estatal, incluso cuando sus técnicos y sus economistas fueran plenamente conscientes de sus principales carencias. Los sistemas – no competitivos a nivel internacional – fueron capaces de sobrevivir hasta que quedaron completamente aislados del resto de la economía mundial.

Ese aislamiento, por lo tanto, no pudo ser mantenido en el tiempo, y cuando el socialismo fue abandonado – sea inmediatamente de la caída de los regímenes políticos como en Europa Oriental, sea por el propio régimen, como en China o en Vietnam – sin ningún preaviso, ellos se encontraron inmersos en aquello que para muchos parecía ser la única alternativa disponible: el capitalismo globalizado, en su forma entonces predominante de capitalismo de libre mercado.

Las consecuencias directas en Europa fueron catastróficas. Los países de la ex Unión Soviética todavía no han superado sus repercusiones. China, para su suerte, escogió un modelo capitalista diferente al del neoliberalismo anglo-norteamericano, prefiriendo el modelo mucho más dirigista de las “economías tigres” o de asalto de Asia oriental, pero abrió el camino para su “gigantesco salto hacia adelante” con muy poca preocupación y consideración por las implicaciones sociales y humanas.

Ese período está casi a nuestras espaldas, así como el del predominio global del liberalismo económico extremo de matriz anglo-norteamericana, incluso cuando no sepamos cuales cambios implicará la crisis mundial en curso – la más grave desde los años 30 - cuando los impresionantes acontecimientos de los últimos dos años consiguieran superarse. Una cosa, en efecto, es desde ya muy clara: está en curso una alternancia de enormes proporciones de las viejas economías del Atlántico Norte al Sur del planeta y principalmente al Asia oriental.

En estas circunstancias, los ex Estados soviéticos (incluyendo aquellos todavía gobernados por partidos comunistas) están teniendo que enfrentar problemas y perspectivas muy diferentes. Excluyendo de entrada las divergencias de alineamiento político, diré solamente que la mayor parte de ellos continúan relativamente frágiles. En Europa, algunos están asimilando el modelo social capitalista de Europa occidental, aunque tengan una renta media per cápita considerablemente inferior. En la Unión Europea, también es probable prever el surgimiento de una doble economía. Rusia, recuperada en cierta medida de la catástrofe de los años ´90, está casi reducida a un país exportador, poderoso pero vulnerable, de productos primarios y de energías y fue hasta ahora incapaz de reconstruir una base económica mejor equilibrada.

Las reacciones contras los excesos de la era neoliberal llevaron a un retorno, parcial, a formas de capitalismo estatal acompañadas por una especie de regresión a algunos aspectos de la herencia soviética. Claramente, la simple “imitación de Occidente” dejó de ser una opción posible. Ese fenómeno todavía es más evidente en China, que desenvolvió con considerable éxito un capitalismo pos-comunista propio, a tal punto que, en el futuro, puede también ocurrir que los historiadores puedan ver en ese país el verdadero salvador de la economía capitalista mundial en la crisis en la que nos encontramos actualmente. En síntesis, no es más posible creer en una única forma global de capitalismo o de pos-capitalismo.

En todo caso, delinear la economía del mañana es tal vez la parte menos relevante de nuestras preocupaciones futuras. La diferencia crucial entre los sistemas económicos no reside en su estructura, sino más bien en sus prioridades sociales y morales, y éstas deberían ilustrar dos de sus aspectos de fundamental importancia a ese propósito.

Lo primero es que el fin del Comunismo comportó la desaparición repentina de valores, hábitos y prácticas sociales que habían marcado la vida de generaciones enteras, no sólo en los regímenes comunistas en sentido estricto, sino también los del pasado pre comunista que, bajo esos regímenes, en buena parte se habían protegido. Debemos reconocer cuan profundos y graves fueron el shock y la desgracia en términos humanos que fueron padecidos como consecuencia de ese brusco e inesperado terremoto social. Inevitablemente, serán necesarias varias décadas antes de que las sociedades pos-comunistas encuentren en la nueva era una estabilidad en su “modus vivendi”, y algunas consecuencias de esa desagregación social, de la corrupción, de la criminalidad institucionalizada podrían exigir todavía mucho más tiempo para ser derrotadas.

El segundo aspecto es que tanto la política occidental del neoliberalismo, como las políticas pos-comunistas que ella inspiró, subordinaron propositivamente el bienestar y la justicia social a la tiranía del Producto Interior Bruto (PIB): el mayor crecimiento económico posible, deliberadamente inequitativo. Haciendo esto, ellos minaron – y en los ex países comunistas hasta destruyeron – los sistemas de asistencia social, de bienestar, los valores y las finalidades de los servicios públicos. Todo ello no constituye una premisa de la cual partir, sea para el “capitalismo europeo con rostro humano” de las décadas posteriores a 1945, sea para satisfactorios sistemas mixtos pos-comunistas.

El objetivo de una economía no es el beneficio, sino el bienestar de toda la población. El crecimiento económico no es un fin, sino un medio para dar vida a las sociedades buenas, humanas y justas. No importa como llamamos a los regímenes que buscan esa finalidad. Importa únicamente cómo y con qué prioridades podremos combinar las potencialidades del sector público y del sector privado en nuestras economías mixtas. Esa es la prioridad política más importarte del siglo XXI.

* Eric Hobsbawm es el decano de la historiografía marxista británica. Uno de sus últimos libros es un volumen de memorias autobiográficas: Años interesantes, Barcelona, Critica, 2003.

Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez



La ONU se reforma en círculo: la “responsabilidad de proteger”

Alberto Cruz
Revista Pueblos (5-11-09)


El Premio Nobel de la Paz concedido al presidente de EEUU es un sarcasmo; dicen que se lo han otorgado por su trabajo en pro de un Nuevo Orden Mundial y por su “apuesta por el multilateralismo”. Pero si alguien ha trabajado con ahínco ese Nuevo Orden Mundial y por el multilateralismo mereciéndose, por lo tanto, ese galardón, por otra parte prescindible como todos los que otorga cualquier institución occidental –y hasta la fecha sólo el ministro vietnamita de Relaciones Exteriores Le Duc Tho ha tenido la dignidad de rechazarlo (1973) cuando se lo otorgaron junto a Henry Kissinger por alcanzar un acuerdo de paz en Vietnam aunque la guerra siguiese todavía otros dos años más-, es el nicaragüense Miguel D’Escoto Brockmann, quien acaba de dejar su cargo de presidente de la Asamblea General de la ONU. Durante su mandato el organismo multinacional se ha intentado recuperar de los serios embates a que Occidente en pleno, esos arrogantes y pomposos países autodenominados “comunidad internacional”, le ha venido sometiendo desde la guerra contra Yugoslavia (1999).

Los últimos meses de D’Escoto como presidente de la 63 sesión de la Asamblea General de la ONU pasarán a la historia de las Relaciones Internacionales por haber puesto en marcha dos iniciativas que molestaron, y mucho, a Occidente. La primera, la organización de una conferencia sobre la crisis financiera y económica mundial y sus impactos sobre el desarrollo (junio); la segunda, la invitación a destacados intelectuales como Jean Bricmont, Ngugi wa Thiong’o y Noam Chomnsky, entre otros, para debatir frente a/con los siempre acartonados representantes diplomáticos ante la ONU sobre la nueva estrategia que Occidente quiere imponer en las relaciones internacionales: la “responsabilidad de proteger” (septiembre).

De estas dos iniciativas los siempre atacados y nunca bien ponderados “medios de comunicación” no publicaron palabra alguna. Y nosotros, pobrecitos, dependemos de ellos para saber qué tenemos que decir, qué tenemos que pensar, cómo tenemos que comportarnos, cómo tenemos que vestir. Incluso para hacer lo contrario. Por lo tanto, sobre estas dos iniciativas no tendremos opinión alguna. Un error, un craso error el tener como referentes a esos “medios de comunicación” tan vilipendiados pero de los que dependemos como un drogadicto de su dosis diaria, que repetimos una y otra vez porque luego nos llega el tsunami de turno y nos coge desprevenidos. Y nos arrolla. Somos muy buenos a la hora de establecer análisis a posteriori de lo que ha pasado y muy malos a la hora de establecer hipótesis de trabajo a priori sobre lo que va a pasar. D’Escoto intentó que eso no fuese así y aun siendo consciente que la conferencia sobre la crisis sólo podría tener influencias teóricas porque a la Asamblea General de la ONU le está prácticamente prohibido inmiscuirse en las finanzas internacionales –coto exclusivo del FMI, BM y la OMC pese a que el artículo 13 de la Carta de las Naciones Unidas establece que la Asamblea General "hará recomendaciones con el fin de promover la cooperación internacional en las esferas económica, social, cultural, educativa y sanitaria", un artículo no aplicado en los últimos 30 años- intentó que la ONU se convirtiese realmente en un foro democrático e inclusivo. “No queremos que sean solo un G-8 o un G-20 los que hablen y decidan, respetaremos criterios, los escucharemos, pero en una real democracia la mayoría es quien decide, por eso empecé a hablar de que la que debe imponerse es la voz del G-192, de todos los miembros de la ONU. ... Así que hay buen ánimo para el encuentro, el cual se ha convocado al máximo nivel, porque esta batalla hay que darla en las Naciones Unidas, para que democráticamente se pueda participar en el diseño de la nueva arquitectura financiera, económica, monetaria y comercial mundial”, declaraba al diario cubano Granma [1] anticipando la realización de esa conferencia.

No es el momento para hablar del contenido de la misma, en la que tuvo un papel protagonista Joseph Stiglitz, por mencionar sólo a uno de los participantes, sino de la que sirvió para cerrar con broche de oro su presidencia: la relativa a la “responsabilidad de proteger”, un concepto adoptado en una cumbre mundial celebrada en 2005 y que viene a sustituir, con otro nombre pero con las mismas premisas, al “derecho de injerencia” o como se le ha denominado eufemísticamente por ser una denominación mucho menos agresiva “derecho de intervención humanitaria”. Hoy “humanitaria” es la palabra de moda incluso para referirse a guerras de ocupación como las de Irak o Afganistán y es de suponer que las balas y las bombas son totalmente humanitarias puesto que aceleran el proceso de muerte: en vez de morir de hambre, que siempre es una muerte lenta (que se lo cuenten a los iraquíes durante la etapa anterior a la invasión de 2003 o a los gazatíes, que continúan sufriendo el bloqueo israelí), es mejor morir de un balazo o destrozado por una bomba, que te garantiza una muerte rápida si tienes suerte de que te alcance de lleno. D’Escoto, que se atrevió a levantar la voz contra la matanza que Israel llevó a cabo en la Franja de Gaza prácticamente al inicio de su mandato criticando la inacción de la ONU, quiso despedirse a lo grande, consciente que la incapacidad de la ONU para resolver los problemas fundamentales del sistema económico, la pobreza extrema y la desigualdad en que se basa el sistema capitalista actual es lo que ha llevado al organismo multinacional a poner en marcha “medidas paliativas” (expresión del propio D’Escoto) como los Objetivos de Desarrollo del Milenio o, como plantean ahora los países occidentales, “la aplicación urgente del concepto de la responsabilidad de proteger”. Es decir, que en ausencia de una voluntad política –pese a toda la palabrería del G-8, G-20, FMI, BM, OMC- para hacer frente a las graves injusticias y desigualdades existentes en el mundo es mucho más conveniente para los países capitalistas (“comunidad internacional” en la neolengua orwelliana) recurrir a la “responsabilidad de proteger” que garantizar de manera eficaz el derecho a la salud, educación o no discriminación racial o étnica, por poner unos pocos casos, en los países del Sur. “Responsabilidad de proteger” para así no abordar una reforma integral de la ONU –empezando por el Consejo de Seguridad y su vetusto y antidemocrático derecho de veto- para superar las limitaciones derivadas de sus métodos restrictivos (¿por qué sí la intervención en Kosovo y no en Israel tras la matanza de Gaza?) y de toma de decisiones en muy pocas manos. Y es que el mandato de D’Escoto como presidente de la 63 sesión de la Asamblea General de la ONU se ha caracterizado por una coherencia poco frecuente en los diplomáticos. Dijo prácticamente lo mismo, y con las mismas palabras, cuando tomó posesión de su presidencia y cuando hizo su discurso de despedida: “Sólo una Asamblea General que ejerce enérgicamente la formulación de políticas de deliberación y de toma de decisiones será capaz de reforzar el multilateralismo como la mejor opción para las relaciones entre los Estados” [2].

Un concepto colonial

La “responsabilidad de proteger” es presentada como una nueva norma en las relaciones internacionales, un nuevo referente que permite el uso de la fuerza por razones humanitarias porque la doctrina de la “intervención humanitaria”, vigente hasta ahora, es rechazada de plano por los países del Sur.

El denominado “derecho de intervención humanitaria” es un concepto desarrollado por Occidente tras el triunfo de los movimientos de liberación en el Tercer Mundo y la derrota de las potencias coloniales especialmente en Indochina y más concretamente, en Vietnam. Los nuevos países, liberados de la ocupación colonial, se enfrentaban a situaciones catastróficas en muchos sentidos –y en la mayoría de las ocasiones como consecuencia de la etapa colonial- y a Occidente se le ocurrió que el “derecho de intervención humanitaria” sería una buena fórmula para mantener bajo control a sus antiguas posesiones coloniales, especialmente cuando Occidente consideró que la nueva normativa de la ONU en materia de derechos humanos, los colectivos, atacaba directamente sus intereses al aprobar la “Declaración sobre concesión de independencia a países y pueblos coloniales” en la que se dice textualmente: “la sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjera constituye una denegación de los derechos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y cooperación mundiales”.

Por esta razón la práctica totalidad de países del Sur se han venido oponiendo a la “intervención humanitaria”, de una u otra forma, en las tres últimas décadas y el esfuerzo final comenzó a cristalizar en una cumbre celebrada el año 2000 en La Habana (Cuba) en la que se contrapuso el principio de soberanía nacional con el de “intervención humanitaria”. El caso de la guerra contra Yugoslavia estaba muy presente en la mente de los participantes.

De La Habana salió la decisión de sancionar de forma oficial el rechazo al “derecho de intervención humanitaria” en una reunión del Movimiento de Países No Alineados. Esa cumbre de los países que componen el MNOAL tuvo lugar en Kuala Lumpur (Malasia) en febrero de 2003 cuando se oteaba en el horizonte otra guerra, esta vez contra Irak, y ahí se sancionó oficialmente ese rechazo. Es conocido que tanto EEUU como Gran Bretaña y otros países, como España, hicieron caso omiso de esta resolución y atacaron e invadieron Irak violando el derecho internacional amparándose en la misma expresión cínica que habían utilizado unos años antes, en 1999, durante la guerra contra Yugoslavia: “es un ataque ilegal, pero legítimo”. Si entonces utilizaron la excusa de las matanzas étnicas, ahora utilizaban lo de las armas de destrucción masiva.

La expresión “ilegal, pero legítima” para invadir un país o derrocar a un gobierno tiene un padre, el ex primer ministro británico Tony Blair, hoy flamante enviado especial del Cuarteto para Oriente Medio. Este personaje, que debería ser encausado como criminal de guerra junto a algunos de sus socios tanto de la agresión contra Yugoslavia como las posteriores de Afganistán e Irak, fue algo más allá al justificar los ataques de la OTAN contra territorio yugoslavo al afirmar que la guerra no se hacía por un territorio, sino por unos “valores” [3].

Y este es el quid de la cuestión ahora también. Occidente, convencido que sus valores son la imagen superior e inmodificable del mundo –y no duda en aplicarlos por la fuerza-, está tratando de lograr que la “responsabilidad de proteger” sea amparada por la Carta de las Naciones Unidas, a fin de que pueda ser aceptable para la opinión pública, destacando que la opción militar debe contemplarse como último recurso y debe ser aprobada por el Consejo Seguridad. O sea, que esté bajo el control de los de siempre. No conviene olvidar que en los meses siguientes a las invasiones de Afganistán (2001) e Irak (2003) los diferentes órganos de la ONU, empezando por el Consejo de Seguridad y después por la Secretaría General, comenzaron a legitimar post facto dichas invasiones, con lo que la ONU no actuaba como una organización internacional imparcial, neutral e independiente, como se establece en su propia Carta de principios.

De ahí la importancia de la presidencia de D’Escoto en la 63 sesión de la Asamblea General que acaba de terminar y del nuevo sesgo que imprimió a la organización con sus iniciativas. Le ha sucedido un libio y sería de desear que continuase esta senda emancipatoria que comenzó a caminar D’Escoto.

La soberanía nacional

Pero lo más sorprendente respecto a la “responsabilidad de proteger” es que la pretendida “sociedad civil”, las ONGs y demás comparsas de los países capitalistas estén apoyando de forma entusiasta esta pretendida nueva doctrina en las relaciones internacionales. Lo justifican diciendo que la masacre ocurrida en Ruanda en los años 90 fue posible por el respeto a la soberanía nacional –batalla del MNOAL- y que fue eso lo que evitó detener el genocidio.

Sin embargo, no son capaces de utilizar el mismo argumento a la hora de referirse a la situación en la Palestina ocupada. Ya que critican a los defensores de la primacía del concepto de “soberanía nacional” sobre el de la “responsabilidad de proteger” deberían haberse puesto en primera fila a la hora de defender esta doctrina en el caso de Palestina, que no es un país y que no tiene “soberanía nacional” alguna que defender porque se le niega su derecho a ser un Estado. O de argumentar que si EEUU y sus aliados de la OTAN atacaron Yugoslavia e invadieron Irak sin que lo impidiese el derecho internacional lo mismo podían haber hecho en Ruanda o en Israel ante la matanza llevada a cabo en Gaza puesto que, a fin de cuentas, los palestinos están protegidos por los Convenios de Ginebra y éstos forman parte tanto del andamiaje internacional de las relaciones internacionales como del de los derechos humanos.

Luego la razón para intervenir, sea bajo el viejo paraguas de la “intervención humanitaria” o del nuevo “responsabilidad de proteger”, es cómo los países capitalistas (“comunidad internacional” en la neolengua orwelliana) evalúan las tragedias y si éstas se producen en un país amigo o enemigo en virtud de cómo sea considerado su gobierno. Véase, de nuevo, lo ocurrido con Kosovo y la forma en que se trató el caso –defendido a ultranza por Occidente en pleno- y lo ocurrido en Osetia tras la intervención rusa –criticada unánimemente por Occidente- pese a que en ambos casos la justificación para “intervenir” por unos y otros fue la misma. La diferencia es que el gobierno yugoslavo no era amigo de Occidente y el georgiano sí.

En el debate ha terciado, como no podía ser menos, el actual secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Ante el temor que la iniciativa de Miguel d’Escoto cuaje en el futuro, desde la secretaría general de la ONU se intentó adelantar y ningunear a la conferencia relanzando un documento elaborado en enero de este año en el que aparecen los tres pilares sobre los que se asentaría la “responsabilidad de proteger” (R2P en el lenguaje técnico anglosajón) y que diferenciaría esta doctrina de la “intervención humanitaria”: la responsabilidad de los estados para evitar los crímenes contra su pueblo, la responsabilidad de la comunidad internacional para detectar y evitar situaciones de este tipo y la responsabilidad de aplicar diferentes grados de coerción contra los responsables llegando, en caso necesario, hasta la intervención militar [4]. Y para mitigar el recelo de los críticos, especialmente de los países que componen en MNOAL, Ban Ki-moon añadía en su propuesta que además del CS de la ONU tendría un papel en esa última y drástica decisión la Asamblea General, aunque sin especificar qué tipo de papel.

Este hecho no es baladí, puesto que EEUU viene despreciando el papel de la Asamblea General desde que a mediados de los años 80 del siglo XX los palestinos utilizaron esta vía para eludir el veto sistemático que EEUU ponía a cualquier condena a Israel. Se crea aquí un conflicto de competencias importante que sólo se solventará con la reforma del CS y con otorgar más poder a la Asamblea General, algo que no está en la mente de Ban Ki-moon ni, como es obvio, de los miembros permanentes del CS.

Pero a pesar del documento en cuestión, Ban Ki-moon tiene claro del lado de quién se posiciona y matiza que si bien es aceptable el principio de “soberanía nacional” esta tiene que ser “responsable”. Es de suponer que se está refiriendo a todos los países que son miembros de la ONU, por lo tanto lo primero que Ban Ki-moon tendría que hacer sería garantizar que Occidente cumple el derecho internacional, empezando por la propia ONU tal y como está poniendo de manifiesto el fraude electoral en Afganistán –que ha sido calificado como “masivo” o “general” y cuantificado por los más conservadores “en un 30%”- y cómo dicho fraude ha sido encubierto por sus representantes hasta que ha sido imposible mantenerlo oculto por más tiempo.

Y debería seguir por Israel obligándole –“responsabilidad de proteger” al pueblo palestino- a cumplir las resoluciones que viene incumpliendo desde hace más de 40 años. Y con Estados Unidos obligándole –“responsabilidad de proteger” al pueblo cubano- a levantar el bloqueo al que es sometida la isla desde hace ya casi 50 años. Y con la OTAN –“responsabilidad de proteger” al pueblo afgano-, aunque aquí rozaríamos el absurdo puesto que él mismo ha llegado (septiembre de 2008) a un acuerdo de colaboración con la OTAN sin consultar a los miembros de la ONU, como denunciaron en su momento tanto altos funcionarios de la propia ONU como Rusia y en el que se dice que “la cooperación [entre la OTAN y la ONU] seguirá contribuyendo de manera significativa a abordar las amenazas y desafíos que enfrenta la comunidad internacional a los que está llamada a responder” [5].

La comunidad internacional está compuesta por todos y cada uno de los países que forman parte del sistema multinacional denominado Organización de las Naciones Unidas. Occidente no conquistó el mundo por la superioridad de sus valores, sino por su superioridad a la hora de imponer la violencia organizada, una característica que se repite a lo largo de la historia una y otra vez y en los últimos años hay al menos tres ejemplos claros de que “las amenazas y desafíos que enfrenta la comunidad internacional” parten de Occidente y no al revés. Los casos de la invasión y ocupación de Irak en 2003, el apoyo mostrado a Israel en la guerra contra Hizbulá en 2006, reiterado hasta la náusea en la reciente agresión a Gaza de finales de 2008 principios de 2009, ponen de manifiesto que esto es así.

Es hora de intervenir en el debate abierto con gran valentía por Miguel D’Escoto y comenzar a tener opinión. Ningún sistema de relaciones internacionales y/o de justicia, incluyendo a la Corte Penal Internacional –las 14 órdenes de detención que lleva emitidas en este año son contra africanos de la República Democrática del Congo, República Centroafricana, Uganda y Sudán sin que entre ellos estén los aliados de Occidente como Paul Kagame o Yoweri Museveni, presidentes actuales de Ruanda y Uganda, respectivamente, y responsables de matanzas-, puede funcionar sin confianza e igualdad de trato.

Los panegiristas de la reforma que se plantea en la ONU se encuentran ahora en una inmejorable posición para demostrar que la reforma que defienden en las relaciones internacionales con la “responsabilidad de proteger” no tiene nada que ver con los intereses imperialistas o la injerencia neocolonial hacia los países del Sur: el Consejo de Derechos Humanos ha aprobado el informe Goldstone que acusa a Israel de crímenes de guerra y si el estado sionista no inicia investigaciones fiables sobre la matanza que perpetró en Gaza el asunto debe ser retomado por el Consejo de Seguridad y trasladado a la Corte Penal Internacional. La ONU debería aplicar ya mismo la “responsabilidad de proteger” al pueblo palestino. Sin embargo, no hace falta ser muy sagaz a la hora de predecir la actitud de las potencias occidentales (EEUU, Francia y Gran Bretaña) cuando esta situación se produzca –Israel nunca investiga sus crímenes- y cómo, de nuevo, se aplicará una doble vara de medir y no se actuará con Israel como se hizo con Sudán, por ejemplo, cuando el CS remitió el tema de Darfur a la CPI y presionó para que se enjuiciase al presidente sudanés.

Si se quiere una nueva era en las relaciones internacionales hay que abogar por un mundo verdaderamente democrático y eso no se logra con premios como el Nobel de la Paz al presidente de EEUU. Basta sólo con que se apliquen los principios del Capítulo I de la Carta de la ONU: “todos los Estados miembros deberán respetar el principio de la igualdad soberana, arreglarán sus controversias internacionales por medios pacíficos y se abstendrán de la amenaza o uso de la fuerza contra la integridad territorial o independencia política de cualquier Estado”.

Es algo que D’Escoto dijo en su discurso de despedida: “Yo soy de los que cree que la ONU es potencialmente una Organización indispensable para ayudar a la Humanidad a sobrevivir el conjunto de crisis convergentes que amenazan con llevarla a su extinción. El problema principal es, sin embargo, que no todos sus fundadores realmente creían, ni creen aún hoy, en la visión o los principios explícitos e implícitos en su Carta constituyente. Creo que no es desatinado señalar lo que todo el mundo sabe y eso, entre muchas otras verdades, es el hecho de que entre nuestros más poderosos e influyentes Estados Miembros hay quienes, definitivamente, no creen en el imperio de la ley en las relaciones internacionales y consideran, más bien, que eso de acatar las normas de derecho a que nos hemos formalmente comprometido al firmar la Carta, es algo que atañe solamente a los países débiles. Con tan bajo nivel de compromiso, no nos debería sorprender que las Naciones Unidas no haya logrado cumplir con los principales objetivos para los que fue creada. Consideran ciertos Estados Miembros que ellos pueden comportarse según la ley de la selva y defienden el derecho de los más fuertes a hacer lo que se les antoje con total y absoluta impunidad, sin tener que rendir cuentas a nadie. Además, consideran correcto el despotricar contra el multilateralismo y proclaman las bondades del unilateralismo al mismo tiempo que pontifican, sin ningún empacho, desde sus privilegiados escaños en el Consejo de Seguridad, sobre la necesidad de que los Estados Miembros cumplan a cabalidad sus obligaciones bajo la Carta, o que se les apliquen sanciones (selectivamente, por supuesto) por no hacerlo. Lo de la igualdad soberana de todos los Estados Miembros y lo de la obligación de impedir las guerras son, para ellos, pequeños detalles que no merecen ser tomados muy en serio” [6].

La batalla contra la “responsabilidad de proteger” no es baladí. En ella los pueblos se juegan su futuro. Y tal vez ya no sirve con impulsar la reforma de la ONU puesto que como muy bien dijo D’Escoto al terminar su presidencia –es de suponer que conociendo muy bien la ONU tras el año que estuvo al frente de la Asamblea General- “está ya más allá de reformas o remiendos” y lo que necesitamos es “reinventarla”. D’Escoto citaba el tempus fugit, que decían los romanos, el tiempo vuela y con él se van también “las oportunidades de hacer lo que tenemos que hacer para garantizar un futuro digno para las generaciones venideras” [7]. Amén.

* Alberto Cruz es periodista y politólogo. Correo electrónico: albercruz@eresmas.com. Artículo publicado originalmente en CEPRID.

Notas
[1] Granma, 22 de mayo de 2009.
[2] Miguel D’Escoto, discurso de despedida como presidente de la 63 sesión de la Asamblea General de la ONU, 14 de septiembre de 2009. http://www.un.org/spanish/aboutun/organs/ga/63/president/63/statements/final_PGA_closing_address_to_GA_sept142009.shtml
[3] Newsweek:: “Se dibuja la línea de una nueva generación”, 19 de abril de 1999.
[4] Ban Ki-moon: “Implementando la responsabilidad de proteger”. A/63/677. 30 de enero de 2009.
[5] http://wikileaks.org/wiki/UN-NATO_Cooperation_Declaration,_23_Sep_2008
[6] Miguel D’Escoto, discurso de despedida. Op. Cit.
[7] Ibid.

 

 

Otra agricultura para otro clima

Esther Vivas
Público (4-11-09)


El actual modelo de producción agrícola y ganadero industrial contribuye a profundizar en la crisis ecológica global con un impacto directo en la generación de cambio climático. Aunque a primera vista no lo parezca, la agroindustria es una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero.

Así lo ha puesto de relieve la campaña No te comas el mundo, en el marco de las movilizaciones de estos días en motivo de la reunión de las Naciones Unidas en Barcelona sobre cambio climático, previa a la crucial cumbre de Copenhague (COP15) en diciembre donde debe aprobarse un nuevo tratado que sustituya al de Kyoto.

Según la campaña, entre un 44 y un 57% de las emisiones de gases de efecto invernadero son provocadas por el actual modelo de producción, distribución y consumo de alimentos. Una cifra resultado de sumar las emisiones de las actividades estrictamente agrícolas (11-15%), de la deforestación (15-18%), del procesamiento, transporte y refrigeración de los alimentos (15-20%) y de los residuos orgánicos (3-4%).

Y es que no podemos olvidar los elementos que caracterizan a este sistema de producción de alimentos: intensivo, industrial, kilométrico, deslocalizado y petrodependiente. Veámoslo en detalle. Intensivo, porque lleva a cabo una sobre-explotación de los suelos y de los recursos naturales que acaba generando la liberación de gases de efecto invernadero por parte de bosques, campos de cultivo y pastos. Al anteponer la productividad, por delante del cuidado del medio ambiente y la regeneración de la tierra, se rompe el equilibrio mediante el cual los suelos capturan y almacenan carbono, contribuyendo a la estabilidad climática.

Industrial, porque consiste en un modelo de producción mecanizado, con uso de agroquímicos, monocultivos, etc. La utilización de grandes tractores para labrar la tierra y procesar la comida contribuye a la liberación de más CO2. Los fertilizantes químicos utilizados en la agricultura y en la ganadería moderna generan una importante cantidad de óxido nitroso, una de las principales fuentes de emisión de gases de efecto invernadero. Asimismo, la quema de bosques, selvas... para convertirlos en pastos o monocultivos acaba afectando gravemente a la biodiversidad y contribuye a la liberación masiva de carbono.

Kilométrico y petrodependiente, porque se trata de una producción de mercancías deslocalizada en búsqueda de la mano de obra más barata y de la legislación medioambiental más laxa. Los alimentos que consumimos recorren miles de kilómetros antes de llegar a nuestra mesa con el consiguiente impacto medioambiental. Se calcula que en la actualidad, la mayor parte de los alimentos viajan entre 2.500 y 4.000 kilómetros antes de ser consumidos, un 25% más que en 1980. Nos encontramos ante una situación totalmente insostenible donde, por ejemplo, la energía para mandar unas lechugas de Almería a Holanda es tres veces superior a la utilizada para cultivarlas, a la vez que consumimos alimentos que provienen de la otra punta del mundo cuando muchos de éstos se cultivan también a nivel local.

La ganadería industrial es otro de los principales generadores de gases de efecto invernadero y su avance ha significado una mayor deforestación con un 26% de la superficie terrestre dedicada a pastos y el 33% a la producción de grano para piensos. Sus porcentajes de emisión equivalen al 9% de las emisiones de CO2 (principalmente por deforestación), el 37% de las de metano (por la digestión de los rumiantes) y el 65% del óxido nitroso (por el estiércol).

Este modelo de alimentación kilométrica y viajera, así como el alto uso de agroquímicos derivados del petróleo, implica una fuerte dependencia de los recursos fósiles. En consecuencia, en la medida en que el modelo productivo agrícola y ganadero industrial depende fuertemente del petróleo, la crisis alimentaria, la crisis energética y la crisis climática están íntimamente relacionadas.

Pero a pesar de estos datos, podemos parar el cambio climático y la agricultura campesina, local y agroecológica, como señala el centro de investigación GRAIN, puede contribuir de forma determinante a ello. Se trata de devolverle a la tierra la materia orgánica que se le ha quitado, después de que la revolución verde haya agotado los suelos con el uso intensivo de fertilizantes químicos, pesticidas, etc. Para hacerlo, hace falta apostar por técnicas agrícolas sostenibles que pueden aumentar gradualmente la materia orgánica de la tierra en un 2% en un periodo de cincuenta años, restituyendo el porcentaje eliminado desde la década de los 60.

Es necesario apostar por un modelo de producción diversificado, incorporando praderas y abono verde, integrando de nuevo la producción animal en el cultivo agrícola, con árboles y plantas silvestres, así como promover circuitos cortos de comercialización y la venta directa en mercados locales. Con estas prácticas, se calcula que sería posible capturar hasta 2/3 del actual exceso de CO2 en la atmósfera. El movimiento internacional de La Vía Campesina lo tiene claro cuando señala que “la agricultura campesina puede enfriar el planeta”.

Asimismo, hay que denunciar las falsas soluciones del capitalismo verde al cambio climático como la energía nuclear, los agrocombustibles u otras, así como los lobbies empresariales que buscan mercantilizar el tratado de Copenhague. Desde distintos movimientos sociales se exige “justicia climática”, frente a los mecanismos de mercado incorporados en el protocolo de Kyoto y que tendrán continuidad en Copenhague. Una justicia climática que debe ir a la par con la “justicia social”, ligando la lucha contra la crisis ecológica global con el combate contra la crisis económica que afecta a amplios sectores populares, en base a una perspectiva anticapitalista y ecosocialista. Para que el clima no cambie, hay que cambiar el mundo.

*Esther Vivas es autora “Del campo al plato” (Icaria, 2009).



Macroeconomía: ¿de agua dulce o salada?

Alejandro Nadal *
La Jornada (4-11-09)


Si algo aclaró la crisis de 2008-2009 es que esta generación de economistas no tenía la más mínima idea de cómo funciona una economía monetaria. La gran mayoría tenía un compromiso ideológico con una teoría del mercado cuyo nulo contenido científico impidió ver los síntomas de la hecatombe. Su enamoramiento con las fáciles recetas del neoliberalismo los llevó a una cosmovisión en la que las crisis no existen.

Sin embargo, hoy casi todos los economistas (en Estados Unidos, Europa, Japón, China y Brasil) aceptan que se necesita algún tipo de intervención estatal para sacar del atolladero a la economía. Y si bien es cierto que los dividen preguntas sobre los instrumentos de la intervención estatal o la duración de dicha acción, casi nadie se preocupa si lo califican de “keynesiano”.

Esto es un cambio mayúsculo. Después de todo, hasta hace poco “keynesiano” era un epíteto peyorativo. Pero hay que decirlo con claridad: no estamos frente a la transformación que se necesita. Y es que el calificativo “keynesiano” es resultado de un largo proceso en el que la obra de Keynes fue, primero, edulcorada, después, tergiversada y, finalmente, destruida.

En Estados Unidos la diferencia entre economistas “keynesianos” y los que pensaban que la intervención gubernamental era inútil comenzó a ser descrita con la expresión “macroeconomistas de agua salada y de agua dulce” en 1988. Los de agua salada eran los economistas ubicados en las universidades del litoral marítimo de Estados Unidos (Harvard, MIT, Princeton y Stanford). Los de agua dulce estaban en las orillas de los Grandes Lagos (Chicago y Minnesota). A decir verdad, las aguas se mezclaron y muchos economistas de agua salada se convirtieron en peces diádromos, adaptados tanto al agua de mar como a la de los ríos que deben remontar para desovar.

La macroeconomía de agua salada navegaba pensando que ocasionalmente era necesaria la intervención del gobierno para restablecer los equilibrios que por algún problema el mercado no había podido consolidar. Es decir, el mercado tenía la propiedad de alcanzar una posición de equilibrio, pero a veces surgían obstáculos que se lo impedían y ahí se requería la acción del gobierno. Los tripulantes de esta embarcación: Samuelson, Solow, Modigliani y otros.

Los macroeconomistas de agua dulce (Friedman, Lucas, Sargent) estaban convencidos de que esa intervención era inoperante porque los agentes en la economía podían adaptarse muy rápidamente a la acción del gobierno. Lo único que surge cuando el gobierno se entromete es inflación y desempleo.La posición de los macroeconomistas de agua salada estuvo asociada con el nombre de Keynes.

Pero esto es parte de la confusión de los últimos 70 años. Para la macro de agua salada, la preocupación de Keynes por el desempleo se reducía a identificar las rigideces del mercado que impedían alcanzar una posición de pleno empleo. La intervención estatal debía concentrarse en eliminarlas.

Eso es absurdo. El proyecto de Keynes partía de la base de que aun sin obstáculos ni rigideces en el mercado laboral (o algún otro), el capitalismo podía mantener niveles de desempleo intolerables. Este proyecto tenía un componente teórico profundo cuyo ingrediente central es la incertidumbre, definida como un estado de cosas que no puede ser objeto de un cálculo probabilístico para medir niveles de riesgo. Como la incertidumbre afecta las decisiones de inversión y de composición de la cartera de activos de todos los agentes económicos, es imposible asegurar la estabilidad de los mercados. A ese proyecto analítico estaban asociadas implicaciones de política económica muy importantes.

El ingrediente subversivo en ese esquema no pasó desapercibido para un mundo académico firmemente anclado en las creencias religiosas de los mercados eficientes y bien portados. Por eso, a partir de 1936, año en que Keynes publicó su Teoría general, sus aportaciones fueron desvirtuadas, recuperadas y finalmente destruidas por una comunidad académica cada vez más temerosa de emprender un trabajo genuinamente científico.

Esa historia es demasiado larga para contarse en este espacio. Pero es importante llamar la atención sobre esta evolución con el fin de disipar un poco la confusión e ir sentando las bases de una transformación en la investigación y la docencia. De todos modos, una conclusión es clara: los “keynesianos” tienen muy poco que ver con Keynes y, por otro lado, la escuelita de agua dulce quedó rebasada por los acontecimientos.

Epílogo: la expresión “marinero de agua dulce” se utiliza en sentido peyorativo para denotar navegantes que no pueden aventurarse más allá de un lago o río. El corolario es que el verdadero marinero es aquél que cruza los siete mares. Ahora que si se aplica la metáfora a nuestro país, no se puede evitar concluir que la macroeconomía de la Secretaría de Hacienda y del Banco de México no es ni de agua dulce ni de agua salada. Esos marineros zozobran desde hace mucho en un charco de agua estancada.

* Alejandro Nadal es economista, profesor investigador del Centro de Estudios Económicos, El Colegio de México, y colabora regularmente con el cotidiano mexicano de izquierda La Jornada.




Movimientos armados en Latinoamérica: ¿volverán?
Un análisis sobre las derrotas del campo popular y las luchas armadas en Latinoamérica nos invita a pensar estrategias para la actualidad.

Marcelo Colussi
Tercera Información (4-11-09)


¿Qué pasó con las guerrillas?

Desde hace algún tiempo suele decirse que los movimientos armados en Latinoamérica, las legendarias guerrillas de corte socialista, han desaparecido, y además que ya no son una opción política válida. De ambas aseveraciones puede decirse que son relativas. Es decir: hay que ver quién dice eso, y en qué contexto.

Sin ningún lugar a dudas vemos que muchos, o quizá la mayoría de movimientos político-militares nacidos hacia los años 60 y 70 del pasado siglo desaparecieron, fueron derrotados en el plano bélico. Esa es una verdad inobjetable. La política contrainsurgente impulsada por Washington en el marco de la Guerra Fría, que dio como resultado la Doctrina de Seguridad Nacional en que se formaron las fuerzas armadas de la región, fue el factor clave para contener el ascenso de las luchas populares y los movimientos armados que se expandían por aquel entonces. Sería miope no ver que de casi todas esas guerrillas -muy bien organizadas en su momento, con fuerte impacto popular en muchos casos- hoy día no queda nada, o queda muy poco. O peor aún: lo que queda es un espíritu de derrota y un profundo miedo incorporado en el imaginario colectivo. ¿Cuántas de ella hoy ejercen el poder político en sus países? ¿Cuántas quedaron totalmente desintegradas?

En general, todos los movimientos armados que se alzaron para aquella época sufrieron terribles golpes merced a las guerras sucias que barrieron el continente, con tácticas que no repararon en nada. La desaparición forzada de personas, las torturas, los ataques indiscriminados contra población civil que jugaba el papel de su base social, el clima de militarización de toda las sociedades, la sistemática violación de derechos humanos básicos como parte de las campañas intimidatorias, todo eso fueron elementos de la maquinaria contrainsurgente con que se les derrotó en el plano militar. Pero lo importante a destacar es que ello no sólo significó una derrota bélica: fue, básicamente, una derrota para toda la población civil. Luego de ese tiempo de combate contra el “enemigo interno”, cuando el fantasma del “comunismo apátrida y ateo” fue el blanco de todas las fuerzas armadas de prácticamente todos los países latinoamericanos, lo que quedó fue una desmovilización mayúscula, terror instalado en todas las poblaciones, desánimo.

Sobre esa derrota -que es la derrota de las guerrillas, pero más aún lo es de los procesos organizativos de los pueblos- se erigieron las políticas de ajuste estructural que hicieron retroceder a todas las sociedades en varios años. En el medio de la euforia triunfalista del gran capital, reforzada por la caída del bloque soviético, se cerraron prácticamente todos los espacios de disidencia política. La idea de protesta armada quedó sepultada en el olvido. Los movimientos guerrilleros que lograron sobrevivir la debacle de las políticas neoliberales no tuvieron mucho más espacio político que negociar salidas decorosas (con mucho de rendiciones encubiertas, porque no había condiciones para seguir la lucha). Así, con suertes distintas, se transformaron en fuerzas políticas en el marco de las democracias constitucionales vigentes.

Retomando la afirmación con que se abría el artículo, podemos decir que es cierto en relativa medida que los movimientos armados desaparecieron, pero no lo es totalmente. En Colombia continúan vigente, y de hecho, de los dos grupos que operan, uno de ellos es el más viejo del continente, con ya más de 50 años de existencia y un poderío que no parece poder ser derrotado en lo inmediato (según estimaciones de estrategas tanto colombianos como estadounidenses, así se replegaran totalmente, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia demorarían unos 20 años en ser vencidas en el plano militar). Por otro lado en Chiapas, en el sur de México, el movimiento zapatista (movimiento guerrillero bastante sui generis, por cierto, que no usa las armas, pero guerrilla al fin) sigue vivo y sin miras de ser derrotado en lo inmediato. Es decir: si bien en términos generales estas expresiones han sufrido derrotas contundentes en lo militar o se han “reciclado” pasando a formar parte del juego político vigente (con saco y corbata, y todo lo que eso significa), no puede decirse que hayan desaparecido en su totalidad: en algunos lugares siguen operativas y los planes geoestratégicos de Estados Unidos para todo su patio trasero las contempla como un factor importante del panorama político-social.

Pero lo más importante de la afirmación citada va en relación a si, hoy por hoy, son o no una forma política válida.

¿Opción política?

Habría que contextualizar la pregunta: ¿opción “válida” para quién? ¿En qué sentido? Para las derechas, obviamente que no lo son. Son subversivas, y punto. Es decir: son la más radical expresión de opción de cambio, mucho más que cualquier partido político de izquierda (los de saco y corbata), o que un movimiento popular incluso, visto que se ayudan con el poder de las armas. Ahora bien: para el campo popular, para quienes pueden pensar y anhelar genuinamente procesos de transformación, ¿constituyen hoy los movimientos armados una salida?

Después de las experiencias de terribles represiones vividas las décadas pasadas en Latinoamérica, y luego de la fenomenal marea mediática que une “izquierda” con “violencia” -ahí está el caso Chávez como patética expresión de esta matriz que ya se ha impuesto: el “autoritario castro-comunista que, mostrando los dientes, exporta su revolución y su socialismo del siglo XXI por otros países del área trayendo la confrontación”-; después de los fantasmas de una Guerra Fría que nunca se han extinguido -el “comunismo” sigue siendo malo y violento por antonomasia, “expropia televisores o artículos de cocina y roba niños para dárselos al Estado”-, después, incluso, del fracaso de proyectos de izquierda que se centraron en la acción armada (desde la columna guerrillera del Che en Bolivia hasta las guerrillas urbanas de Uruguay y Argentina, desde los movimientos guerrilleros de Venezuela de la década del 60 hasta el desaparecido Sendero Luminoso en Perú, etc., etc.), en todos los casos desarticulados y exhibidos como “fanáticos violentos” que sólo trajeron desgracia a los pueblos donde operaban; después de todo este historial no muy glorioso precisamente, queda la pregunta: ¿son realmente una opción válida para plantearse cambios revolucionarios?

En estos momentos, inicios del siglo XXI, el poder de la derecha política, de los grandes capitales, de la industria cultural que maneja planetariamente las cabezas de buena parte de -por no decir toda- la humanidad, es grande, muy grande, desmedidamente grande. Su poder asienta, entre otras cosas, en el miedo que ha creado, y en la sensación de casi invencibilidad con que se presenta. Los movimientos armados sobrevivientes pudieron comprobar fehacientemente este poder con el operativo que terminara en marzo del 2008 con el segundo comandante de las FARC, Raúl Reyes, en una incursión asistida con la más desarrollada tecnología militar que pudo detectarlo de noche en el medio de la selva. Ante ese sofisticado y aparentemente imbatible poderío militar cabe la pregunta práctica, lógica y necesaria, con los pies sobre la tierra, si es posible enfrentarse con visos de realidad a esa fuerza que se muestra tan colosal. Poder de fuego, por cierto, del que dispone la gran potencia del Norte y que se puede traspasar a las fuerzas armadas de cualquier país latinoamericano para controlar estos movimientos subversivos. Si la diferencia militar se muestra tan grande: ¿es legítimo entonces, es racional, es lógico plantearse la lucha armada hoy?

Esta es una pregunta no sólo práctica sino en definitiva -y quizá básicamente-, ética: ¿para qué se organiza un movimiento de lucha armada? ¿Qué se busca con una organización político-militar como cualquiera de las numerosas guerrillas que han surgido en Latinoamérica? (igual que en otras partes del mundo, en África, en Asia). La lucha armada no es un deporte, no se lleva a cabo por el puro placer de disparar tiros, obviamente. Tiene una finalidad política. Es un instrumento, una herramienta, un paso para la consecución de fines superiores: la toma del poder político acompañando procesos populares de construcción de un nuevo modelo de sociedad. Por eso, lo que la motiva es una cuestión profundamente ética, de convicciones, de principios irrenunciables. Aún a riesgo de parecer producto de un soñador desconectado de lo real, valen los versos de Luis Burela: “¿Con qué armas, señor, pelearemos? ¡Con las que les quitaremos! dicen que gritó”. Por todo ello, entonces, no deja de ser necesario aclarar lo que se preguntaba más arriba: después de las experiencias de movimientos armados fracasados, y ante la despolitización que sufren las sociedades productos de las represiones sufridas y de los planes neoliberales que sólo dejan espacio para la sobrevivencia a las grandes mayorías, ¿cómo encarar una lucha transformadora? ¿Son realmente válidas las expresiones armadas? Hoy por hoy, ¿pueden triunfar y dar paso a la construcción de experiencias como las de Cuba o Nicaragua, que fueron justamente triunfos de guerrillas acompañadas de pueblos movilizados?

Si vemos la respuesta de la derecha (la de Washington y la de las oligarquías nacionales de los países de América Latina), es que no. Luego de Nicaragua, la última revolución triunfante del siglo XX, en 1979, la represión fue feroz. Los movimientos armados de la región centroamericana, que al igual que los sandinistas podrían haber llegado a tomar el poder político con el fuerte apoyo popular con que contaban, fueron brutalmente reprimidos. El genocidio de Guatemala (200.000 muertos y 45.000 desaparecidos, proporcionalmente comparable al holocausto judío de la Segunda Guerra Mundial) y las masacres de El Salvador (75.000 muertos) son la elocuencia de cómo se les cerró el camino a esos grupos insurgentes. Luego de feroces procesos de guerra sucia, ambos terminaron deponiendo las armas y concertado salidas negociadas a las guerras internas en que se encontraban. Puestos ya en la arena de la lucha constitucional, siguieron derroteros distintos, pero más allá de las evaluaciones de cómo se movieron cuando pasaron a la legalidad, sus posibilidades de impulsar transformaciones sociales quedaron muy menguadas. En Guatemala pasaron a ser una muy pequeña fuerza política casi sin incidencia parlamentaria, y en El Salvador, si bien ganaron la presidencia a principios del 2009 -con la figura de un extrapartidario, no hay que olvidar-, queda la pregunta de hasta dónde podrán profundizar cambios reales. De hecho, en este orden, el legendario movimiento urbano Tupamaros, de Uruguay, acompañó al actual presidente, Tabaré Vásquez, y ya vemos por dónde anda este gobierno (más de lo mismo, no pasa -o no puede pasar- de las recetas neoliberales). Entonces: ¿“traición” de los Tupamaros, o constatación de las posibilidades reales de cambio que puede ofrecer la legalidad capitalista?

La pregunta abierta gira básicamente en cómo construir alternativas reales para la transformación social; los movimientos armados que se creyeron una herramienta para ello algunas décadas atrás, hoy día abren estos interrogantes. ¿Quién está más cerca de la revolución socialista: los colombianos con dos grupos insurgentes muy operativos o, por ejemplo, los chilenos, con varios gobiernos elegidos democráticamente que se vienen sucediendo dentro de los patrones de la legalidad capitalista? ¿O el cambio será gradual, lento y sin traumas, como lo quiere la Revolución Bolivariana de Venezuela, socialismo por decreto? ¿Es posible cambiar algo? ¿Sigue siendo válido el socialismo revolucionario, o hay que declararlo ya finiquitado? ¿Qué significan los recién festejados 60 años de “socialismo” chino, ahora en su versión de socialismo de mercado -y cuarta potencia mundial en lo económico, con poderosos arsenales nucleares-? ¿Sigue teniendo sentido el llamado a “enmontañarse” para luchar por un mundo nuevo?

¿Es posible cambiar algo?

Esto lleva a plantear el papel de las vanguardias revolucionarias -¡menudo tema!-. ¿Para qué existe un movimiento político-militar como todas esas guerrillas que funcionaron en décadas pasadas en Latinoamérica? ¿Son un elemento catalizador de procesos populares? En Cuba y en Nicaragua, en otros contextos, con un campo socialista aún vigente, con otros escenarios políticos a nivel internacional, evidentemente sí sirvieron para disparar procesos de organización popular que resultaron en cambios políticos profundos. Luego de esas experiencias, ninguna guerrilla pudo llegar a tomar el poder. El caso del movimiento zapatista en el sur de México es algo distinto: son un referente, son un laboratorio si se quiere, pero aún no se puede decir que hayan iniciado un proceso de real de construcción de un nuevo modelo de sociedad. A no ser que los municipios liberados donde actúan sea el camino. Otra pregunta para profundizar entonces: ¿socialismo nacional?, ¿socialismo municipal?

Bolivia, Ecuador, Venezuela, sin movimientos de acción armada que hayan facilitado cambios y en el medio de andamiajes legales capitalistas, transitan hoy procesos políticos que quizá pueden ir conduciendo hacia modelos socialistas. ¿Es ese el camino? ¿Qué se necesita para transformar las sociedades: poderosos movimientos de base como en Bolivia y en Ecuador, líderes carismáticos como en Venezuela? Obviamente no hay manual. Décadas atrás se podía ver en las columnas guerrilleras, fusil en mano, un instrumento para eso. Y en ese contexto se podían pedir “varios Vietnam” en el mundo como modo de apurar los procesos de transformación. Hoy día, viendo con los pies en la tierra que las tecnologías militares de la derecha pueden detectar y aniquilar una persona en todo el globo terráqueo con una precisión digna de película de ciencia ficción (por ejemplo, recordemos la recaptura de la embajada de Japón en Perú en 1996, donde con asistencia satelital y detectores de calor humano se pudo implementar un contragolpe militar demoledor, sólo como para dar una pequeña muestra de ese poderío), viendo eso, y además considerando el grado de desmovilización imperante: ¿son una opción válida los movimientos de acción armada?

Es cierto que después del fabuloso montaje mediático del 11 de septiembre de 2001 con la peliculesca caída de las Torres Gemelas quedó oficializada la sentencia: “Toda resistencia, en cualquier parte del mundo, se haga con un arma o una pluma, denunciando algo o fomentando la organización de la gente, es terrorismo e insurgencia, y como tal será castigado”. ¿Qué queda después de eso? ¿Es válida o no entonces la resistencia del pueblo iraquí? ¿Es válida o no la resistencia armada en los lugares invadidos por la bota imperial? En general, ante esta estrategia de guerras preventivas que impuso la Casa Blanca, ¿es válida o no la resistencia, cualquiera sea?

Tomando esto como matriz de lo que va siendo nuestro mundo, nuestra aldea global, ¿deja de ser válida entonces la resistencia? Es cierto que los iraquíes mueren por cantidades industriales con las tropas estadounidenses dentro de su territorio (ya van más de un millón), pero ¿qué otra alternativa les queda que resistir de esa manera, fusil en mano o con bombas caseras eliminando, cuando pueden, a un pobre soldado norteamericano, en muchos casos negro o latino, tan alejado de Wall Street como cualquier habitante del Sur? Extendiendo esa matriz al mundo, donde las fuerzas del gran capital dominan en forma impune, y donde no dejan de poner zancadillas a cada proceso de liberación que se intenta por aquí o por allá, ¿no es válida toda forma de resistencia entonces?

Este pequeño escrito no pretende para nada ser un llamado a la lucha armada. Solamente intenta fomentar un debate por mucho tiempo silenciado: ¿cuáles son los caminos para conseguir un poco más de justicia?: ¿el juego de las instituciones democráticas dentro de la legalidad capitalista?, ¿la organización popular de base?, ¿las vanguardias armadas?, ¿una combinación de todo ello?, ¿rezar o prender velas para que las cosas cambien?

Sin dudas que las guerrillas en Latinoamérica no lograron grandes cambios, porque fuera de los dos países mencionados (y en uno de ellos, Nicaragua, por poco tiempo), toda la lucha de décadas pasadas no prosperó como muchos pensaban. ¿Dónde va Colombia con dos movimientos armados en lucha y más de 50 años de guerra interna? ¿Dónde va el zapatismo: qué logrará en el mediano y largo plazo? ¿Reaparecerán grupos armados en el corto plazo en América Latina? ¿Y dónde va Bolivia con el actual proceso con sus campesinos indígenas cada vez más organizados? Hugo Chávez, como militar del ejército venezolano, perseguía guerrilleros algunas décadas atrás; hoy habla de socialismo del siglo XXI y tiene algunos ex combatientes en su gabinete. ¿Para dónde va ese experimento?

Son todas preguntas para ampliar, no para cerrar el debate antes de comenzarlo. Quizá lo más dinámico hoy por hoy en la lucha por arrancarle al sistema mayores cuotas de justicia son los movimientos populares que han ido surgiendo estos últimos años, ese “pobretariado” -como lo llamó Frei Betto- que se va constituyendo en el principal fermento de protesta, en muchos casos sin mucha direccionalidad política, pero evidentemente con un gran potencial transformador.

Cerrados los espacios reales de transformación económico-social como ha venido pasando en estos últimos años con los planes neoliberales, más allá de las democracias formales que se mantienen siempre bajo vigilancia (Honduras es la patética demostración de qué son esas “democracias”, siempre al borde de poder ser violadas), no es impensable que puedan reaparecer movimientos armados. Quizá como reacción desesperada, así como puede ser cada francotirador iraquí apostado en algún rincón de su país (si es que a eso se le podría llamar “reacción desesperada”). Sin dudas que la diferencia de potencial bélico entre la derecha dominante y posibles grupos insurgentes de izquierda es enorme, mucho mayor hoy que hace algunas décadas cuando surgían las primeras guerrillas en el continente. Pero también es enorme el retroceso sufrido en el plano político, por lo que no sería nada impensable que aparezcan esas respuestas ¿desesperadas?

No estamos proponiéndolas; simplemente estamos diciendo que, ante la cerrazón de los mecanismos “democráticos” no parecen tan imposibles nuevas reacciones insurgentes. Ernesto Guevara fue el heroico guerrillero unos años atrás, en algún sentido casi reverenciado; hoy, ¿sería un loco soñador, un dinosaurio prehistórico? Sin dudas las cosas son de acuerdo a las circunstancias. En la década de los 60 del pasado siglo, con toda la ola libertaria que barría el mundo, con una Revolución Cultural impetuosa en China, con teorías de cambio dando vueltas por todos los espacios sociales, con cuestionamientos varios a los poderes constituidos, en esa marea de marea de cuestionamientos muchos vieron en la lucha armada una opción. Hoy el mundo es distinto. Entre hiper consumo de show futbolístico por televisión y fanáticas iglesias evangélicas que dan salida regulada al fabuloso descontento popular, la energía transformadora se ve bastante golpeada, manipulada, encajonada. ¿Qué permiten estas actuales democracias vigiladas, de baja intensidad? No mucho. ¿Todo cambio real necesita la movilización, la fuerza, la protesta subida de tono, tal como son estos “violentos” movimientos populares que barren el continente sin ser partidos políticos ni grupos organizados: movimientos indígenas, campesinos sin tierra, desocupados, jóvenes sin futuro, piqueteros, etc.? Sin dudas. Nos guste o no, la violencia sigue siendo la partera de la historia.

En todo caso, todo este escrito es un simple comentario y no un llamado a la acción armada concreta. Más precisamente, es una invitación a debatir estos puntos: no sería imposible que los movimientos armados de izquierda reaparezcan, dadas las dinámicas políticas que se van dando en la región. Quizá eso sería entrar en un nuevo espiral de contra-violencia estatal, peor aún al sufrido años atrás, con ejércitos más represores que los que ya pasaron. Pero hay que entender la dinámica en juego; si ello sucediera es, como dijo el sub-comandante Marcos en Chiapas, porque “tomamos las armas para abrir paso a un mundo en el que ya no sean necesarios los ejércitos”. El debate está abierto.

 

 

"OTRA POLÍTICA Y OTROS VALORES PARA SALIR DE LA CRISIS"
MANIFIESTO DEL MUNDO DE LA CULTURA

ATTAC Madrid (2-11-09)


Después de dos años de una crisis que ha creado millones de desempleados y ha provocado que el número de personas hambrientas y desnutridas en el mundo alcance un nuevo récord, están bien claras las causas de esta grave situación.

Dejar en plena libertad a los capitales financieros y dejar que los mercados sean los únicos reguladores de las relaciones económicas sólo lleva, como estamos comprobando, a la inestabilidad permanente, a la escasez de recursos financieros para crear empleo y riqueza y a las crisis recurrentes.

Se ha demostrado también que la falta de vigilancia e incluso la complicidad de las autoridades con los poderosos que controlan el dinero y las finanzas, esto es, la falta de una auténtica democracia, sólo produce desorden, y que concederles continuamente privilegios, lejos de favorecer a las economías, las lleva al desastre.

Dejar que los bancos se dediquen con absoluta libertad a incrementar artificialmente la deuda con tal de ganar más dinero es lo que ha provocado esta última crisis.

Pero también es una evidencia que las políticas neoliberales basadas en reducir los salarios y la presencia del Estado, el gasto social y los impuestos progresivos para favorecer a las rentas del capital, han provocado una desigualdad creciente. Y que la inmensa acumulación de beneficios de unos pocos, en lugar de producir el efecto "derrame" que pregonan los liberales, ha alimentado la especulación inmobiliaria y financiera que ha convertido a la economía mundial en un auténtico e irracional casino.

Y es evidente que esos desencadenantes de la crisis no tienen que ver solamente con los mecanismos económicos, sino con la política controlada cada vez más por los mercados, por el poder al servicio de los privilegiados y por el predominio de la avaricia y el afán de lucro como el único impulso ético que quieren imponer al resto del mundo los grandes propietarios y los financieros multimillonarios.

Por eso la crisis económica que vivimos es sobre todo una crisis política y cultural y ecosistémica.

Las prácticas financieras neoliberales que la han provocado se justificaron con el predominio de unos valores culturales marcados por la soledad, el individualismo egoísta, la degradación mercantil de los conceptos de felicidad y de éxito, el consumo irresponsable, la pérdida del sentido humano de la compasión y el descrédito de las ilusiones y las responsabilidades colectivas.

Los debates surgidos en torno a esta crisis demuestran que en las democracias occidentales se ha establecido un enfrentamiento peligroso entre los poderes económicos y la ilusión política. Los partidarios del mercado como único regulador de la Historia piensan que el Estado debe limitarse a dejar que los individuos actúen sin trabas, olvidando que entre ellos hay una gran desigualdad de capacidades, de medios y de oportunidades. Por eso le niegan capacidad pública para ordenar la economía en espacios transparentes, y para promover los equilibrios fiscales y la solidaridad social. Y por eso desacreditan el ejercicio de la política.

Pero la política no debe confundirse con la corrupción, el sectarismo y la humillación cómplice ante los poderes económicos. La política representa en la tradición democrática el protagonismo de los ciudadanos a la hora de organizar su convivencia y su futuro. Palabras como diálogo, compromiso, conciencia, entrega, legalidad, bien y público, están mucho más cerca de la verdadera política que otras palabras por desgracia comunes en nuestra vida cotidiana: corrupción, paraíso fiscal, dinero negro, beneficio, soborno, opacidad y escándalo.

Como esta crisis es política y cultural, debemos salir de esta crisis reivindicando la importancia de la política, la educación y la cultura. No podemos confundir la sensatez y la verdad científica con diagnósticos interesados en perpetuar el modelo neoliberal y sus recetas financieras.

Ahora resulta prioritario buscar una respuesta progresista a la crisis.

Para evitar nuevas crisis en el futuro hay que luchar en primer lugar contra todas las manifestaciones de la desigualdad. Y para ello es necesario garantizar el trabajo decente que proporcione a mujeres y hombres salarios dignos y suficientes, y el respeto a sus derechos laborales como fundamento de un crecimiento económico sostenible.

Así mismo, es imprescindible que se lleven a cabo reformas fiscales que garanticen la equidad, la solidaridad fiscal, sin paraísos ni privilegios para millonarios, y la mayor contribución de los que más tienen, para que el Estado pueda aumentar sus prestaciones sociales y ejercer como un potente impulsor de la actividad económica.

Frente a los daños ecológicos de la ambición especulativa, una respuesta progresista supone revisar los marcos jurídicos para que sea posible una mayor protección de nuestro ecosistema y establecer suficientes incentivos para promocionar la producción y el consumo sostenibles.

Frente a un modelo productivo basado en la especulación financiera e inmobiliaria y en la consideración de que nuestros recursos son ilimitados, una respuesta progresista supone invertir más en educación, investigación y cualificación laboral.

Frente al desprestigio de la política, una respuesta progresista supone devolverle la autoridad a los espacios públicos y a los representantes de los ciudadanos para que regulen en nombre del interés común las estrategias del mercado.

Frente a la misoginia y la discriminación de género, una respuesta progresista supone consolidar las políticas de igualdad, defender el derecho a la reproducción y medidas específicas para evitar que las mujeres se vean relegadas al paro o a la economía sumergida y a soportar muchas más horas de trabajo no retribuido que los hombres, sufriendo así en mucha mayor medida que éstos los efectos de la crisis.

Frente al racismo y a la xenofobia, una respuesta progresista supone defender los derechos de los trabajadores extranjeros y asegurar el respeto jurídico a la dignidad las personas.

Frente a la soledad social, la pobreza y el egoísmo, una respuesta progresista supone apostar por los valores culturales de la solidaridad, que no son ideales utópicos trasnochados, sino la mejor muestra de la dignidad cívica de los sentimientos humanos.

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Defensa de la palabra

Eduardo Galeano
Tercera Información (2-11-09)


1. Uno escribe a partir de una necesidad de comunicación y de comunión con los demás, para denunciar lo que duele y compartir lo que da alegría. Uno escribe contra la propia soledad y la soledad de los otros. Uno supone que la literatura transmite conocimiento y actúa sobre el lenguaje y la conducta de quien la recibe; que nos ayuda a conocernos mejor para salvarnos juntos.. Pero "los demás" y "los otros" son términos demasiado vagos; y en tiempos de crisis, tiempos de definición, la ambigüedad puede parecerse demasiado a la mentira. Uno escribe, en realidad, para la gente con cuya suerte, o mala suerte, uno se siente identificado, los malcomidos, los maldormidos, los rebeldes y los humillados de esta tierra, y la mayoría de ellos no sabe leer. Entre la minoría que sabe, ¿cuántos disponen de dinero para comprar libros? ¿Se resuelve esta contradicción proclamando que uno escribe para esa cómoda abstracción llamada "masa"?

2. No hemos nacido en la luna, no habitamos el séptimo cielo. Tenemos la dicha y la desgracia de pertenecer a una región atormentada del mundo, América Latina, y de vivir un tiempo histórico que golpea duro. Las contradicciones de la sociedad de clases son, aquí, más feroces que en los países ricos. La miseria masiva es el precio que los países pobres pagan para que el seis por ciento de la población mundial pueda consumir impunemente la mitad de la riqueza que el mundo entero genera. Es mucho mayor la distancia, el abismo que en América Latina se abre entre el bienestar de pocos y la desgracia de muchos; y son más salvajes los métodos necesarios para salvaguardar esa distancia.

El desarrollo de una industria restrictiva y dependiente, que aterrizó sobre las viejas estructuras agrarias y mineras sin alterar sus deformaciones esenciales, ha agudizado las contradicciones sociales en lugar de aliviarlas. La habilidad de los políticos tradicionales, expertos en las artes de la seducción y la estafa, resulta hoy insuficiente, anticuada, inútil; el juego populista que permitía otorgar para manipular ya no es posible, o revela su peligroso doble filo. Las clases y los países dominantes recurren a la maquinaria represiva. ¿De qué otra manera podría sobrevivir sin cambios un sistema social cada vez más parecida a un campo de concentración? ¿Cómo mantener a raya, sin alambradas de púas, a la reciente legión de los malditos? En la medida en que el sistema se siente amenazado por el desarrollo sin tregua de la desocupación, la pobreza y las tensiones sociales y políticas derivadas, se abrevia el espacio disponible para la simulación y los buenos modales: en los suburbios del mundo el sistema revela su verdadero rostro.

¿Por qué no reconocer un cierto mérito de sinceridad en las dictaduras que oprimen, hoy por hoy, a la mayoría de nuestros países? La libertad de los negocios implica, en tiempos de crisis, la prisión de las personas. Los científicos latinoamericanos emigran, los laboratorios y las universidades no tienen recursos, el "know how" industrial es siempre extranjero y se paga carísimo, pero ¿por qué no reconocer un cierto mérito de creatividad en el desarrollo de una tecnología del terror? América Latina está haciendo inspirados aportes universales en cuanto al desarrollo de métodos de torturas, técnicas del asesinato de personas e ideas, cultivo del silencio, multiplicación de la impotencia y siembra del miedo..

Quienes queremos trabajar por una literatura que ayude a revelar la voz de los que no tienen voz, ¿cómo podemos actuar en el marco de esta realidad? ¿Podemos hacernos oír en medio de una cultura sorda y muda? Las nuestras son repúblicas del silencio. La pequeña libertad del escritor, ¿no es a veces la prueba de su fracaso? ¿Hasta dónde y hasta quiénes podemos llegar? Hermosa tarea la de anunciar el mundo de los justos y los libres; digna función la de negar el sistema del hambre y de las jaulas visibles o invisibles. Pero, ¿a cuántos metros tenemos la frontera? ¿Hasta dónde otorgan permiso los dueños del poder?

3. Mucho se ha discutido en torno de las formas directas de censura bajo los diversos regímenes sociales y políticos que en el mundo son o han sido, la prohibición de libros y periódicos incómodos o peligrosos y el destino de destierro, cárcel o fosa de algunos escritores y periodistas. Pero la censura indirecta actúa de un modo más sutil. No por menos aparente es menos real. Poco se habla de ella; sin embargo, en América Latina es la que más profundamente define el carácter opresor y excluyente del sistema que la mayoría de nuestros países padece. ¿En qué consiste esta censura que nunca osa decir su nombre? Consiste en que no viaja el barco porque no hay agua en el mar: si un cinco por ciento de la población latinoamericana puede comprar refrigeradores, ¿qué porcentaje puede comprar libros? ¿Y qué porcentaje puede leerlos, sentir su necesidad, recibir su influencia? Los escritores latinoamericanos, asalariados de una industria de la cultura que sirve al consumo de una elite ilustrada, provenimos de una minoría y escribimos para ella. Esta es la situación objetiva de los escritores cuya obra confirma la desigualdad social y la ideología dominante; y es también la situación objetiva de quienes pretendemos romper con ellas. Estamos bloqueados, en gran medida, por las reglas de juego de la realidad en la que actuamos. El orden social vigente pervierte o aniquila la capacidad creadora de la inmensa mayoría de los hombres y reduce la posibilidad de la creación - antigua respuesta al dolor humano y a la certidumbre de la muerte - al ejercicio profesional de un puñado de especialistas. ¿Cuántos somos, en América Latina, esos "especialistas"? ¿Para quiénes escribimos, a quiénes llegamos? ¿Cuál es nuestro público real? Desconfiemos de los aplausos. A veces nos felicitan quienes nos consideran inocuos.

4. Uno escribe para despistar a la muerte y estrangular los fantasmas que por dentro lo acosan; pero lo que uno escribe puede ser históricamente útil sólo cuando de alguna manera coincide con la necesidad colectiva de conquista de la identidad.

Esto, creo, quisiera uno: que al decir: "Así soy" y ofrecerse, el escritor pudiera ayudar a muchos a tomar conciencia de lo que son. Como medio de revelación de la identidad colectiva, el arte debería ser considerado un artículo de primera necesidad y no un lujo. Pero en América Latina el acceso a los productos de arte y cultura está vedado a la inmensa mayoría.

Para los pueblos cuya identidad ha sido rota por las sucesivas culturas de conquista, y cuya explotación despiadada sirve al funcionamiento de la maquinaria del capitalismo mundial, el sistema genera una "cultura de masas". Cultura para masas, debería decirse, definición más adecuada de este arte degradado de circulación masiva que manipula las conciencias, oculta la realidad y aplasta la imaginación creadora. No sirve, por cierto, a la revelación de la identidad, sino que es un medio de borrarla o deformarla, para imponer modos de vida y pautas de consumo que se difunden masivamente a través de los medios de comunicación. Se llama "cultura nacional" a la cultura de la clase dominante, que vive una vida importada y se limita a copiar, con torpeza y mal gusto, a la llamada "cultura universal", o lo que por ella entienden quienes la confunden con la cultura de los países dominantes. En nuestro tiempo, era de los mercados múltiples y las corporaciones multinacionales, se ha internacionalizado la economía y también la cultura, la "cultura de masas", gracias al desarrollo acelerado y la difusión masiva de los medios. Los centros de poder nos exportan máquinas y patentes y también ideología. Si en América Latina está reservado a pocos el goce de los bienes terrenales, es preciso que la mayoría se resigne a consumir fantasías. Se vende ilusiones de riqueza a los pobres y de libertad a los oprimidos, sueños de triunfo para los vencidos y de poder para los débiles. No hace falta saber leer para consumir las apelaciones simbólicas que la televisión, la radio y el cine difunden para justificar la organización desigual del mundo.

Para perpetuar el estado de cosas vigente en estas tierras donde cada minuto muere un niño de enfermedad o de hambre, es preciso que nos miremos a nosotros mismos con los ojos de quien nos oprime. Se domestica a la gente para que acepte "este" orden como el orden "natural" y por lo tanto eterno; y se identifica al sistema con la patria, de modo que el enemigo del régimen resulta ser un traidor o un agente foráneo. Se santifica la ley de la selva, que es la ley del sistema, para que los pueblos derrotados acepten su suerte como un destino; falsificando el pasado se escamotean las verdaderas causas del fracaso histórico de América Latina, cuya pobreza ha alimentado siempre la riqueza ajena: en la pantalla chica y en la pantalla grande gana el mejor, y el mejor es el más fuerte. El derroche, el exhibicionismo y la falta de escrúpulos no producen asco, sino admiración; todo puede ser comprado, vendido, alquilado, consumido, sin exceptuar el alma. Se atribuye a un cigarrillo, a un automóvil, a una botella de whisky o a un reloj, propiedades mágicas: otorgan personalidad, hacen triunfar en la vida, dan felicidad o éxito. A la proliferación de héroes y modelos extranjeros, corresponde el fetichismo de las marcas y las modas de los países ricos. Las fotonovelas y los teleteatros locales transcurren en un limbo de cursilería, al margen de los problemas sociales y políticos reales de cada país; y las series importadas venden democracia occidental y cristiana junto con violencia y salsa de tomates.

5. En estas tierras de jóvenes, jóvenes que se multiplican sin cesar y que no encuentran empleo, el tic-tac de la bomba de tiempo obliga a los que mandan a dormir con un solo ojo. Los múltiples métodos de alienación cultural, máquinas de dopar y de castrar, cobran una importancia cada vez mayor. Las fórmulas de esterilización de las conciencias se ensayan con más éxito que los planes de control de la natalidad. La mejor manera de colonizar una conciencia consiste en suprimirla. En este sentido también opera, deliberadamente o no, la importación de una falsa contracultura que encuentra eco creciente en las nuevas generaciones de algunos países latinoamericanos. Los países que no abren a los muchachos opciones de participación política - por la petrificación de sus estructuras o por sus asfixiantes mecanismos de represión - ofrecen los terrenos mejor abonados para la proliferación de una presunta "cultura de protesta", venida de afuera, subproducto de la sociedad del ocio y el despilfarro, que se proyecta hacia todas las clases sociales a partir del anti-convencionalismo postizo de las clases parasitarias.

Los hábitos y símbolos de la revuelta juvenil de los años sesenta en Estados Unidos y en Europa, nacidos de una reacción contra la uniformidad del consumo, son ahora objeto de producción en serie. La ropa con diseños psicodélicos se vende al grito de "¡Libérate!"; la música, los posters, los peinados y los vestidos que reproducen los modelos estéticos de la alucinación por las drogas, son volcados en escala industrial sobre el Tercer Mundo. Junto con los símbolos, coloridos y simpáticos, se ofrece pasajes al limbo a los jóvenes que quieren huir del infierno. Se invita a las nuevas generaciones a abandonar la historia, que duele, para viajar al Nirvana. Al incorporarse a esta "cultura de la droga", ciertos sectores juveniles latinoamericanos realizan la ilusión de reproducir el modo de vida de sus equivalentes metropolitanos. Originada en el inconformismo de grupos marginales de la sociedad industrial alienada, esta falsa contra-cultura nada tiene que ver con nuestras necesidades reales de identidad y destino: brinda aventuras para paralíticos; genera resignación, egoísmo, incomunicación; deja intacta la realidad pero cambia su imagen; promete amor sin dolor y paz sin guerra. Además, al convertir a las sensaciones en artículos de consumo, encaja perfectamente con la "ideología de supermercado" que difunden los medios masivos de comunicación. Si el fetichismo de los autos y las heladeras no resulta suficiente para apagar la angustia y calmar la ansiedad, es posible comprar paz, intensidad y alegría en el supermercado clandestino.

6. Encender conciencias, revelar la realidad: ¿Puede la literatura reivindicar mejor función en estos tiempos y estas tierras nuestras? La cultura del sistema, cultura de los sucedáneos de la vida, enmascara la realidad y anestesia la conciencia. Pero, ¿qué puede un escritor, por mucho que arda su fueguito, contra el engranaje ideológico de la mentira y el conformismo? Si la sociedad tiende a organizarse de tal modo que nadie se encuentra con nadie, y a reducir las relaciones humanas al juego siniestro de la competencia y el consumo - hombres solos usándose entre sí y aplastándose los unos a los otros -¿qué papel puede cumplir una literatura del vínculo fraternal y la participación solidaria? Hemos llegado a un punto en el que nombrar las cosas implica denunciarlas: ¿ante quiénes, para quiénes?

7. Nuestro propio destino de escritores latinoamericanos está ligado a la necesidad de transformaciones sociales profundas. Narrar es darse: parece obvio que la literatura, como tentativa de comunicación plena, continuará bloqueada de antemano mientras existan la miseria y el analfabetismo y los dueños del poder sigan realizando impunemente su proyecto de imbecilización colectiva a través de los medios masivos de comunicación.

No comparto la actitud de quienes reivindican para los escritores un privilegio de libertad al margen de la libertad de los demás trabajadores. Grandes cambios, hondos cambios de estructura serán necesarios en nuestros países para que los escritores podamos llegar más allá de las ciudadelas cerradas de las élites y para que podamos expresarnos sin mordazas visibles o invisibles. Dentro de una sociedad presa, la literatura libre sólo puede existir como denuncia y esperanza.

En el mismo sentido, creo que sería un sueño de una noche de verano suponer que por vías exclusivamente culturales podría llegar a liberarse la potencia creadora del pueblo, desde temprano adormecida por las duras condiciones materiales y las exigencias de la vida. ¿Cuántos talentos se extinguen, en América Latina, antes de que puedan llegar a manifestarse? ¿Cuántos escritores y artistas no llegan ni siquiera a enterarse de que lo son?

8. Por otra parte, ¿puede realizarse cabalmente una cultura nacional en países donde las bases materiales del poder no son nacionales, o dependen de centros extranjeros? Si esto no es posible, ¿qué sentido tiene escribir? No hay un "grado cero" de la cultura, así como no existe un "grado cero" de la historia.

Si reconocemos una inevitable continuidad entre la etapa del dominio y la etapa de la liberación en cualquier proceso de desarrollo social, ¿por qué negar la importancia de la literatura y su posible función revolucionaria en la exploración, revelación y difusión de nuestra verdadera identidad o de su proyecto? El opresor quiere que el espejo no devuelva al oprimido más que una mancha de azogue. ¿Qué proceso de cambio puede impulsar un pueblo que no sabe quién es, ni de dónde viene? Si no sabe quién es, ¿cómo puede saber lo que merece ser? ¿No puede la literatura ayudar, directa o indirectamente, a esa revelación? En gran medida, pienso, la posibilidad del aporte depende del grado de intensidad de la comunidad del escritor con las raíces, los andares y el destino de su pueblo. También de su sensibilidad para percibir el latido, el sonido y el ritmo de la auténtica contra-cultura en ascenso. Muchas veces lo que se considera "incultura" contiene semillas o frutos de "otra" cultura, que enfrenta a la cultura dominante y no tiene sus valores ni su retórica. Se la suele menospreciar, por error, como a una mera repetición degradada de los productos "cultos" de la élite o de los modelos culturales que el sistema fabrica en serie, pero a menudo es más reveladora y valiosa una crónica popular que una novela "profesional", y el pulso de la vida real se siente con más fuerza en ciertas coplas anónimas del cancionero nacional que en muchos libros de poesía escritos en el código de los iniciados; los testimonios de la gente que de mil modos expresa sus lastimaduras y sus esperanzas frecuentemente resultan más elocuentes y bellos que las obras escritas "en nombre del pueblo".

Nuestra auténtica identidad colectiva nace del pasado y se nutre de él - huellas sobre las que caminan nuestros pies, pasos que presienten nuestros andares de ahora - pero no se cristaliza en la nostalgia. No vamos a encontrar, por cierto, nuestro escondido rostro en la perpetuación artificial de trajes, costumbres y objetos típicos que los turistas exigen a los pueblos vencidos. Somos lo que hacemos, y sobre todo lo que hacemos para cambiar lo que somos: nuestra identidad reside en la acción y en la lucha. Por eso la revelación de lo que somos implica la denuncia de lo que nos impide ser lo que podemos ser. Nos definimos a partir del desafío y por oposición al obstáculo.

Una literatura nacida del proceso de crisis y de cambio y metida a fondo en el riesgo y la aventura de su tiempo, bien puede ayudar a crear los símbolos de la realidad nueva y quizás alumbre, si el talento no falta y el coraje tampoco, las señales del camino.

No es inútil cantar al dolor y la hermosura de haber nacido en América. 9. No siempre los datos de tiraje o venta dan la medida de la resonancia de un libro. A veces la obra escrita irradia una influencia mucho mayor que su difusión aparente; a veces responde con años de anticipación a las preguntas y necesidades colectivas, si el creador ha sabido vivirlas previamente como dudas y desgarramientos dentro de sí. La obra brota de la conciencia herida del escritor y se proyecta al mundo: el acto de creación es un acto de solidaridad que no siempre cumple su destino en vida de quien lo realiza.

10. No comparto la actitud de los escritores que se atribuyen privilegios divinos no otorgados al común de los mortales, ni la actitud de quienes se golpean el pecho y rasgan sus vestiduras clamando el perdón público por vivir al servicio de una vocación inútil. Ni tan dioses ni tan insectos. La conciencia de nuestras imitaciones no es una conciencia de impotencia: la literatura, una forma de la acción, no tiene poderes sobrenaturales, pero el escritor puede ser un poquito mago cuando consigue que sobrevivan, a través de su obra, personas y experiencias que valen la pena. Si lo que escribe no es leído impunemente y cambia o alimenta, en alguna medida, la conciencia de quien lee, bien puede un escritor reivindicar su parte en el proceso de cambio: sin soberbia ni falsa humildad, y sabiéndose padecido de algo mucho más vasto.

Me parece coherente que renieguen de la palabra quienes cultivan el monólogo con sus propias sombras y laberintos sin fin; pero la palabra tiene sentido para quienes queremos celebrar y compartir la certidumbre de que la condición humana no es una cloaca. Buscamos interlocutores, no admiradores; ofrecemos diálogo, no espectáculo. Escribimos a partir de una tentativa de encuentro, para que el lector comulgue con palabras que nos vienen de él y que vuelven a él como aliento y profecía. 11. Sostener que la literatura va a cambiar, de por sí, la realidad, sería un acto de locura o soberbia. No me parece menos necio negar que en algo puede ayudar a que cambie.

La conciencia de nuestras limitaciones es, en definitiva, una conciencia de nuestra realidad. En medio de la niebla de la desesperanza y la duda, es posible enfrentar las cosas cara a cara y pelearlas cuerpo a cuerpo: a partir de nuestras limitaciones, pero contra ellas.

En este sentido, resulta tan desertora una literatura "revolucionaria" escrita para los convencidos, como una literatura conservadora consagrada al éxtasis en la contemplación del propio ombligo. Hay quienes cultivan una literatura "ultra" y de tono apocalíptico, dirigida a un público reducido y que está de antemano de acuerdo con lo que propone y trasmite: ¿cuál es el riesgo que asumen estos escritores, por más revolucionarios que digan ser, si escriben para la minoría que piensa y siente como ellos y le dan lo que espera recibir? No hay, entonces, posibilidad de fracaso; pero tampoco de éxito. ¿De qué sirve escribir si no es para desafiar el bloqueo que el sistema impone al mensaje disidente? Nuestra eficacia depende de nuestra capacidad de ser audaces y astutos, claros y atractivos. Ojalá podamos crear un lenguaje entrador y más hermoso que el que los escritores conformistas emplean para saludar al crepúsculo.

12. Pero no es solamente un problema de lenguaje. También de medios. La cultura de la resistencia emplea todos los medios a su alcance y no se concede el lujo de desperdiciar ningún vehículo ni oportunidad de expresión. El tiempo es breve, ardiente el desafío, enorme la tarea: para un escritor latinoamericano enrolado en la causa del cambio social, la producción de libros forma parte de un frente de trabajo múltiple. No compartimos la sacralización de la literatura como institución congelada de la cultura burguesa. La crónica y el reportaje de tirajes masivos, los guiones para radio, cine y televisión y la canción popular no siempre son géneros "menores", de categoría subalterna, como creen algunos marqueses del discurso literario especializado que los miran por encima del hombro. Las fisuras abiertas por el periodismo rebelde latinoamericano en el engranaje alienante de los medios masivos de comunicación, han sido a menudo el resultado de trabajos sacrificados y creadores que nada tienen que envidiar, por su nivel estético y su eficacia, a las buenas novelas y cuentos de ficción.

13. Creo en mi oficio; creo en mi instrumento. Nunca pude entender por qué escriben los escritores que mientras tanto declaran, tan campantes, que escribir no tiene sentido en un mundo donde la gente muere de hambre. Tampoco pude nunca entender a los que convierten a la palabra en blanco de furias o en objeto de fetichismo. La palabra es un arma, y puede ser usada para bien o para mal: la culpa del crimen nunca es del cuchillo.

Creo que una función primordial de la literatura latinoamericana actual consiste en rescatar la palabra, usada y abusada con impunidad y frecuencia para impedir o traicionar la comunicación. "Libertad" es, en mi país, el nombre de una cárcel para presos políticos y "Democracia" se llaman varios regímenes de terror; la palabra "amor" define la relación del hombre con su automóvil y por "revolución" se entiende lo que un nuevo detergente puede hacer en su cocina; la "gloria" es algo que produce un jabón suave de determinada marca y la "felicidad" una sensación que da comer salchichas. "País en paz" significa, en muchos lugares de América Latina, "cementerio en orden", y donde dice "hombre sano" habría que leer a veces "hombre impotente".

Escribiendo es posible ofrecer, a pesar de la persecución y la censura, el testimonio de nuestro tiempo y nuestra gente - para ahora y después -. Se puede escribir como diciendo, en cierto modo: "Estamos aquí, aquí estuvimos; somos así, así fuimos".

Lentamente va cobrando fuerza y forma, en América Latina, una literatura que no ayuda a los demás a dormir, sino que les quita el sueño; que no se propone enterrar a nuestros muertos, sino perpetuarlos; que se niega a barrer las cenizas y procura, en cambio, encender el fuego. Esa literatura continúa y enriquece una formidable tradición de palabras peleadoras. Si es mejor, como creemos, la esperanza que la nostalgia, quizás esa literatura naciente pueda llegar a merecer la belleza de las fuerzas sociales que tarde o temprano, por las buenas o por las malas, cambiarán radicalmente el curso de nuestra historia. Y quizás ayude a guardar para los jóvenes.

Fuente: Contextos Observaciones: El texto Defensa de la Palabra se encuentra publicado en el libro de Eduardo Galeano Nosotros decimos No (Crónicas 1963 -1988) - Editorial Siglo XXI.



Los verdaderos piratas

Joaquim Sempere *
Sin Permiso (2-11-09)


En 1991 se hundió el orden político de Somalia, país que sucumbió a una guerra civil empeorada por la intervención estadounidense. El colapso político dejó la sociedad somalí sin defensas, situación que fue aprovechada por navíos procedentes de Europa, Estados Unidos, China y otros países para verter en sus aguas grandes cantidades de residuos tóxicos y radioactivos. El abuso se hizo visible cuando, en 2005, un tsunami depositó en las playas y costas somalíes bidones corroídos y otras muestras de estos residuos. Según el enviado de las Naciones Unidas en Somalia Ahmadou Ould-Abdallah, la porquería tóxica acumulada en pocos días por la catástrofe marina provocó úlceras, cánceres, náuseas y malformaciones genéticas en recién nacidos y, al menos, 300 muertes.

Pero las desgracias no terminan ahí. Aprovechando el desgobierno, una multitud de barcos de pesca empezó a faenar en las aguas frente al país, incluidas sus aguas territoriales. En 2005 se calculó que pescaron allí unos 800 barcos de distintos países, muchos de ellos europeos y, más específicamente, españoles. Se estima que los ingresos generados durante un año por esta pesca extranjera ilegal ascendía a 450 millones de dólares. El resultado fue la rápida disminución de unas reservas pesqueras que eran el principal recurso para las comunidades de pescadores del país, catalogado como uno de los más pobres del mundo.

Un reportaje de Al Yazira informa de que grupos de somalíes trataron de constituir un cuerpo autodenominado “Guardacostas Voluntarios de Somalia”, reuniendo dinero con el que pagar a la empresa estadounidense Hart Security, que se dedica a entrenar y formar luchadores y mercenarios por todo el mundo –y que, años más tarde, ha actuado como mediadora para el cobro de rescates en aquellas mismas aguas: ¡negocio redondo!–. Al parecer, hubo intentos de esos guardacostas voluntarios de negociar con los buques de pesca extranjeros para que dejaran de faenar o pagaran un impuesto para seguir haciéndolo, intentos que resultaron fallidos. El desenlace final fue lo que hoy se califica como piratería somalí. En un país plagado de armas, desgarrado por bandas rivales y sometido a una situación económica desesperada, un desenlace así no debería sorprender. A la vista de lo anterior es legítimo preguntarse: ¿quiénes son, en esta historia, los verdaderos piratas?

Hay en España quien propone que los atuneros españoles (que son sobre todo vascos) lleven militares a bordo para disuadir a los piratas. En el Parlamento vasco, los votos del PP y el PNV han hecho posible el pasado 8 de octubre aprobar una moción en esta línea. El Congreso ya lo había descartado meses antes arguyendo que la legislación española no lo permite. Francia sí lo permite, y hace tiempo que en el Índico los barcos de pesca franceses llevan militares a bordo. Pero esta diferencia es de detalle: ambos países lograron que el 10 de diciembre de 2008 los ministros de Defensa de la Unión Europea aprobaran la llamada Operación Atalanta contra la piratería somalí, y que se diera luz verde al envío de entre 6 y 10 buques de guerra para “garantizar la seguridad” en el golfo de Adén con el mandato de vigilar las costas de Somalia, “incluidas sus aguas territoriales”.

Estos hechos muestran que el colonialismo no sólo no ha muerto, sino que está tomando nuevos bríos. Y un nuevo aspecto marcado por la crisis de recursos naturales, en este caso la pesca. Las flotas pesqueras de los países ricos, compuestas por buques con capacidad para moverse por todos los mares del mundo, esquilman un caladero tras otro: son las principales culpables de la sobrepesca que desde hace años viene destruyendo la capacidad de regeneración de las especies marinas y preparando un colapso de las capturas a escala mundial. Las primeras perjudicadas son las poblaciones de los países pobres que dependen de la pesca local: ellas carecen de flotas potentes para pescar lejos de sus costas. El caso somalí es uno de los más sangrantes por las circunstancias políticas internas, pero no es el único.

España está recuperando sus blasones imperiales contribuyendo a empobrecer a uno de los países más pobres del mundo. Al hacerlo no sólo comete una injusticia, sino que practica una política sin futuro también para sus habitantes. Porque cuando ya no haya caladeros por explotar en ningún rincón del mundo, ¿qué harán nuestros marineros y pescadores?

Es una indignidad aprovecharse de un país desangrado por una guerra civil y luego mandar a los soldados a defender una causa indefendible que no hace más que profundizar la tragedia de ese pueblo. Y si se quiere mirar desde otra óptica, ¿cuánto nos cuesta mantener la dotación de dos buques de guerra, un avión y 395 efectivos de la Marina española que tenemos destacados en la zona?

El caso tiene su moraleja. Un país desarrollado como España no debe, tras agotar sus propios recursos pesqueros, expandirse por los mares del mundo privando a otras poblaciones más pobres de sus medios de subsistencia, porque agrava la situación de esas poblaciones y las empuja a una resistencia que desemboca en aventuras violentas y salidas militares. La solución hay que buscarla en casa, adaptándose a unos ecosistemas dañados y gestionándolos mejor (por ejemplo, con la piscicultura como alternativa a la pesca), y adoptando medidas previsoras para que nadie se quede sin trabajo y sin fuente de ingresos. Es inquietante que se esté haciendo exactamente lo contrario: optar por la huida hacia delante y por un neoimperialismo ecológico reforzado militarmente que sólo puede redundar en un empeoramiento de la situación.

* Joaquim Sempere es Profesor de Teoría Sociológica y Sociología Medioambiental de la Universidad de Barcelona.

 

 

Cinco claves para otra economía
El poder lo da el saber qué, para qué y para quienes queremos hacer las cosas junto a la decisión y voluntad firme de hacerlo.

Fernando Moreno Bernal
ATTAC Madrid (1-11-09)


La crisis financiera ha puesto de manifiesto para todo aquel que no se obstine en mantener cerrado los ojos que el crédito es un bien imprescindible para el actual funcionamiento del sistema económico, y como tal debe ser considerado como un bien público. Igual que el suministro de energía, agua potable, infraestructuras ferroviarias y de carreteras, sanidad, educación, pensiones, etc, etc.
El sistema financiero funciona para la economía como el sistema sanguíneo para los organismos vivos: aportando oxígeno y nutrientes que permiten mantenerse, reproducirse y funcionar al resto de órganos del cuerpo. Si el circuito del crédito no llega a las pequeñas empresas, autónomos y familias, como está ocurriendo actualmente en todos los llamados países desarrollados, la actividad decae, el desempleo se dispara y las necesidades sociales quedan sin cubrirse. Es tan importante que no podemos contentarnos con reformar el modelo productivo sino cambiarlo en profundidad para garantizar que esté al servicio de la economía productiva, al servicio de cubrir las necesidades con justicia social, respeto medioambiental sostenible en el largo plazo, inclusiva e integradora de migrantes y en igualdad de género, al servicio del bien vivir. Tenemos que cambiarlo de tal modo que garantice la imposibilidad de volver a estar de nuevo al servicio de unos intereses privados minoritarios avarientos que destrocen el bienestar y el futuro de la inmensa mayoría de la sociedad.
Como denuncia en su teoría del shock Naomi Klein la élite de los defensores del sistema, con la CEOE a la cabeza en España, no quieren desaprovechar esta buena crisis para exigir reformas profundas del mercado laboral que profundicen en la situación de poder en el seno de las relaciones laborales antes de que el “enfermo” se recupere, o vea por si sólo una respuesta distinta; de que llegue a tener el valor de ver en la crisis la oportunidad de superar de una vez por todas este sistema injusto, desigual, depredador, insostenible, dictatorial y deshumanizador.

Para hacer que otra economía sea posible dando respuestas inmediatas a las necesidades haciendo que todo funcione de nuevo son necesarias cinco claves.

El sistema financiero es un bien público, pero los banqueros no. La crisis financiera internacional y el peso que las operaciones con activos inmobiliarios tienen en el balance de los bancos y Cajas de Ahorros siguen amenazando con hundir el sistema financiero internacional, y hoy aún con más gravedad al sistema financiero español. La primera tarea clave es salir al rescate del propio sistema financiero, de los bancos y Cajas de Ahorros, utilizando para ello el dinero de los contribuyentes y provocando déficit público. Y así se ha hecho. El hecho de que se utilicen recursos de los ciudadanos para remediar los desaguisados de directivos de una banca privada muy bien pagados y que no se hacen responsables de sus fallos debe generar no sólo la justa indignación sino la respuesta coherente de la nacionalización de la banca privada y Cajas de Ahorros rescatada, de un servicio público esencial para la sociedad. Más allá de la crisis, ésta es una de las grandes cuestiones pendientes que nos deja esta crisis financiera. Un sistema financiero público garantiza que su actividad no se desvíe hacia la especulación y esté centrado en la demanda de la economía productiva. Esta respuesta sería en época de quiebras financieras menos costosa (en algunos casos coste cero) para los presupuestos públicos y, en consecuencia, para los déficit públicos.

La siguiente clave es la recuperación de la actividad económica. Una economía no funciona si no se satisfacen las necesidades sociales básicas de supervivencia: comida, vestido, vivienda, sanidad, educación, transporte, etc. Y ello requiere consumo e inversión pública y privada. Cuando estas no se satisfacen hay que salir al rescate de la demanda social con un plan de rentas mínima garantizada. Esto genera más gasto público que en gran parte si no en toda se compensará con los mayores ingresos por impuestos que esta demanda de las familias y actividad de las pequeñas y medianas empresas, que son las únicas que verdaderamente pagan impuestos, generan. El conflicto entre recuperación y déficit hay que resolverlo en el medio plazo. Para ayudar en esta recuperación de la demanda social habría que establecer tipos de interés negativos desde ese sistema financiero público. Esto supone que quién pagará por esos créditos será el propio sistema financiero público liberando de esta forma a los déficit de los presupuestos públicos y suponiendo un modelo innovador de autofinanciamiento de los Planes públicos a medio y largo plazo. A su vez forzaría a la banca privada a bajar los tipos de interés a empresas y familias para mantener cuotas de mercado y desincentivaría el ansia de privatizarlo en el futuro.

La tercera clave es la apuesta por los modelos de empresas del futuro y la reconversión de los sectores industriales para el bien vivir. Una recesión se lleva por delante empresas y modelos de negocio obsoletos, poniendo de manifiesto las contradicciones de nuestro mal vivir actual. Pero también ponen de manifiesto la fortaleza de las empresas de economía social con mayor índice de supervivencia que el resto de las empresas del mismo sector dentro de este mismo mercado capitalista competitivo, marcando la línea del futuro modelo de empresa para superar de forma duradera la actual crisis. Esta crisis obliga a sectores y empresas a reestructurarse haciendo desaparecer actividades que no deben continuar en una economía del bien vivir. El sector de la agricultura, ganadería, construcción, automóvil, energía, turístico, etc han de transformarse desde modelos de negocios enfocados a unos mercados internacionales especulativos y generadores de plusvalía ajenas a las necesidades sociales del entorno hacia modelos de actividad generadores de empleo que satisfagan las necesidades sociales reales de sus poblaciones respetando sus valores, tradiciones y empresas artesanales. Se trata de cambiar el modelo productivo, no de reformarlo, porque ya no es posible seguir igual. Eso exige una profunda reforma empresarial, en la que los verdaderos protagonistas sean los/as trabajadores, los/as autónomos y las pequeñas y medianas empresas. Pero el sector público ha de ayudar mediante planes que marquen con nitidez los objetivos a conseguir, fomenten la reconversión y las reformas necesarias. Planes que con un sistema financiero público innovador como antes describimos no tienen por qué generar ningún déficit público.

La cuarta clave es el cambio de valores y la democratización de las instituciones y reglas que rigen la actividad económica. Cambiar el enfoque competitivo por planteamientos cooperativos y solidarios, en la línea del desarrollo de la economía con igualdad de género; cambiar el enfoque a corto plazo por el enfoque a medio y largo plazo; re-localizar la actividad pública; revalorizar el papel de lo público y del Estado como garante, regulador y proveedor de bienes públicos esenciales; e imponer un sistema financiero internacional público que impida la especulación y la opacidad y atesoramiento de la riqueza en los paraísos fiscales. Estos nuevos valores deben ser acordes con una democratización y recuperación del control político de las instituciones financieras empezando por los Bancos Centrales.

La última clave es la recuperación de la equidad y progresividad de las cuentas públicas. Es de sentido común que pague más quién más tiene. No se puede seguir justificando la creciente desigualdad y polarización social con la demagogia neoliberal de potenciar el ahorro en manos de pocas manos para favorecer la inversión productiva que creará, en un futuro cada vez más lejano y difuso, empleo para todos. Nunca ha sido así y nunca lo será. La clave está en que el reequilibrio afecte tanto a los ingresos como a los gastos. Un Presupuesto es progresista o no tanto por los ingresos como por los gastos. No puede serlo en uno y no serlo en el otro. Decir que es progresista en los gastos y no en los ingresos es querer ocultar que se está haciendo recaer exclusivamente entre las clases populares la financiación de las políticas públicas de gasto social, pero también las de apoyo y recuperación de un sistema privado de banca y empresas que tan sólo buscan su propio lucro. Justificar que hay margen para hacer de los gastos un instrumento socialmente más equitativo y eficiente sin tocar los ingresos desde una perspectiva de recuperación de la progresividad impositiva no es sino justificar ideológicamente la “socialización de las perdidas privadas” que es hoy la necesidad urgente e imperiosa de un sistema capitalista agonizante.

¿Cómo podemos establecer estas cinco claves para una economía del bien vivir? La respuesta no puede ser otra que con voluntad política y decisión firme. Confianza plena en la fuerza que da las bases sociales siempre que se sea coherente con la defensa de sus intereses, las clases populares que tienen mucho que ganar y nada que perder y que son más del 99% de la sociedad. Con una información clara sobre quién se beneficia y quién se perjudica desde una perspectiva de clase social. Y con un equipo económico que participe de esta perspectiva de clase y de sus intereses.

El poder lo da el saber qué, para qué y para quienes queremos hacer las cosas junto a la decisión y voluntad firme de hacerlo.




La trastienda negra de los supermercados
La lista de la compra se reduce a cinco grandes empresas y a dos centrales de compra que ejercen la distribución de alimentos en el país. El precio de los productos aumenta mientras que el productor recibe cada vez menos dinero.

Sebastián Ruiz
Diagonal (1-11-09)


Paren el mundo que hay que reponer. Aquí y ahora. Pero antes puede elegir usted alguna de las cinco alternativas propuestas para abastecer su cesta de la compra: Carrefour (que también incluye a Día y Champion), Mercadona, Eroski, Alcampo y el Corte Inglés (con Opencor). Además, hay que sumar la distribución que llevan a cabo las dos principales centrales de compra, Euromadi e IFA. Oferta del día: flexibilidad de horarios con salarios reducidos, variedad de productos nacionales e internacionales precocinados y congelados, y la venta de alimentos de comercio justo y de agricultura ecológica para limpiar la imagen. Irresistible y no es ficticio. Según el informe Expo Retail 2006, estas cinco grandes empresas y las dos centrales controlan el 75% de la distribución de alimentos en el Estado español. Mucho ha llovido desde que en 1957 abriera las puertas el primer supermercado. ¿Dónde queda el pequeño comercio? Para Esther Vivas, autora del libro Supermercados, no gracias, la respuesta está clara: en la cuerda floja. La activista catalana afirma que con la crisis actual muchas pequeñas empresas se han visto obligadas a colgar el cartel de ‘se vende o alquila’ por la fuerte competencia de las grandes cadenas de distribución de alimentos. Pero la situación ya era familiar. “A finales del año 1998 había 95.000 tiendas en el Estado español. La cifra en 2004 era de 25.000 establecimientos. Hay que hacer algo urgentemente y todo pasa por cambiar la lógica actual de consumo”, declara Vivas.

Cadenas de distribución

Isidro Jiménez, de Ecologistas en Acción y de Consume Hasta Morir, reflexiona sobre un aspecto fundamental y que, según él, queda a menudo en el tintero: la nueva gestión del suelo provocada por la apertura de nuevos centros comerciales. “El actual modelo de crecimiento urbanístico privilegia a las grandes superficies como opción de compra y como centro de ocio, así que el pequeño comercio, con todos los beneficios que éste ofrece al consumidor y a la economía local, se ve amenazado”. Los datos reflejan, y cada vez más, cómo las compras de alimentos por parte del consumidor final están concentradas alrededor de las grandes empresas de distribución alimentaria. Ferrán García, coordinador de la campaña No te Comas el Mundo, impulsada por la plataforma rural en la que convergen colectivos ecologistas y de agricultores, lo explica: “Esta situación nos lleva a describir la cadena de distribución de alimentos como un embudo donde la gran distribución ejerce de cuello de botella en la relación comercial entre campesinos/ productores y consumidores”. Este monopolio tiene graves consecuencias para los diferentes actores que participan en la cadena comercial. “El diferencial entre el precio en origen de un producto (lo que la gran distribución paga al campesino) y el precio en destino (lo que se paga en el supermercado) es de un 400%, siendo esos grandes distribuidores quienes se llevan este beneficio”, recalca Vivas. Por lo tanto, el campesino cada vez recibe menos dinero por aquello que vende, el consumidor paga más por lo que compra y la gran distribución es quien sale ganando. Desde numerosos colectivos ecologistas se insiste en las alternativas a las grandes centrales de compra. Esta línea es la que sigue el economista francés Christian Jacquian, experto en ‘supermercadismo’ y autor del libro Las bambalinas del comercio justo, al confesar que con un 1% o 2% de consumidores que digan ‘así no quiero consumir’, el crecimiento de los grandes grupos agroalimentarios se retraería afectando a los grandes distribuidores. Xavier Montagut, economista especializado en comercio internacional, consumo responsable y comercio justo, y presidente de la Red de Consumo Solidario, confía en volver a controlar la cadena de alimentación empezando por comprar en los pequeños establecimientos y cambiar la legislación. “La administración es responsable de que no se potencie lo suficiente la agricultura ecológica de proximidad y que, por el contrario, no haya impuestos para productos que vienen de lejos”, apostilla Montagut.

EVOLUCIÓN ALIMENTARIA

¿ADIÓS A LA TIENDA? En España, el 81,9% de las compras de alimentos se realizan a través de los supermercados, hipermercados y tiendas de descuentos. Esta cifra contrasta con el 2,7% de la compra que se hace en las tiendas tradicionales y el 11,2% en tiendas especializadas.

FRESCO VERSUS PRECOCINADOS Las frutas y las verduras son un 16% más caras en los grandes supermercados que en los comercios especializados debido a que los platos precocinados y los productos enlatados suponen ya casi el 40% de la oferta en alimentación de las grandes superficies.

EXTINCIÓN En los últimos diez años han desaparecido en el Estado español diez explotaciones agrarias al día y la población campesina activa se ha visto reducida a un 5,6% del total. En los próximos 15 años habrá que importar el 80% de los alimentos necesarios.

IMPACTOS DEL CONSUMO POR PRODUCTOS

ARROZ El International Rice Research Institute (IRRI) ha anunciado que el precio del arroz se mantendrá alto en 2010 después de haber alcanzado récords en 2009. El portal Bloomberg ha vaticinado que en 2010 se pueden producir “revueltas del hambre” en Asia como las que se han dado en Haití a lo largo de este año.

CARNE La ganadería intensiva busca acortar los plazos para el sacrificio de los animales. Así, un pollo sobrevive entre 43 y 45 días en este tipo de granjas, mientras que en la minoritaria ganadería extensiva el plazo es de 80 días. Las condiciones de salud e inseminación han sido muchas veces denunciadas.

LANGOSTINOS El cultivo de langostinos afecta negativamente a los ecosistemas costeros de 50 países en zonas tropicales de todo el mundo. La acuicultura ha destruido el 75% de los manglares de Filipinas y el 38% de los de Bangladesh. El uso de antibióticos en su crianza ha causado problemas a varias marcas.

DÍA SIN COMPRAS

El próximo 27 de noviembre será el Día Internacional Sin Compras. Un día en el que Ecologistas en Acción propone una apuesta activa por otro modelo de consumo, donde el eje no sea la optimización de los beneficios empresariales a costa de sistemáticas injusticias sociales, la polarización de la riqueza y la dependencia del consumismo. A través de actividades programadas por todo el país se pretende que esta jornada sea algo más que un día de reflexión para convertirse en una apuesta decidida por un modelo de consumo social y ambientalmente sostenible.




Un ejemplo de pereza y comunismo

Carlos Ferrnández Liria
Rebelión (1-11-09)


El trabajo ocupa todo el tiempo y no queda nada de él para la República y los amigos. Jenofonte

El 13 de agosto de 1866, Carlos Marx escribió la siguiente carta al novio de su hija Laura, un cubano llamado Paul Lafargue:

Usted me permitirá hacerle las siguientes observaciones:

1º Si quiere continuar sus relaciones con mi hija tendrá que reconsiderar su modo de ‘hacer la corte’. Usted sabe que no hay compromiso definitivo, que todo es provisional; incluso si ella fuera su prometida en toda regla, no debería olvidar que se trata de un asunto de larga duración. La intimidad excesiva está, por ello, fuera de lugar, si se tiene en cuenta que los novios tendrán que habitar la misma ciudad durante un período necesariamente prolongado de rudas pruebas y de purgatorio (...). A mi juicio, el amor verdadero se manifiesta en la reserva, la modestia e incluso la timidez del amante ante su ídolo, y no en la libertad de la pasión y las manifestaciones de una familiaridad precoz. Si usted defiende su temperamento criollo, es mi deber interponer mi razón entre ese temperamento y mi hija (...).

2º Antes de establecer definitivamente sus relaciones con Laura necesito serias explicaciones sobre su posición económica.

Mi hija supone que estoy al corriente de sus asuntos. Se equivoca. No he puesto esta cuestión sobre el tapete porque, a mi juicio, la iniciativa debería haber sido de usted. Usted sabe que he sacrificado toda mi fortuna en las luchas revolucionarias. No lo siento, sin embargo. Si tuviera que recomenzar mi vida, obraría de la misma forma (...). Pero, en lo que esté en mi manos, quiero salvar a mi hija de los escollos con los que se ha encontrado su madre1.

Aparte de su “temperamento criollo”, Marx le reprochaba también a su futuro yerno una cierta tendencia a la pereza: “la observación me ha demostrado que usted no es trabajador por naturaleza, pese a su buena voluntad y sus accesos de actividad febril”.

El autor del Manifiesto comunista no podía por aquel entonces sospechar la extraordinaria relevancia que iba a tener para el destino del socialismo el asunto que acababa de mencionar: la pereza.

1. Socialismo y cultura proletaria.

Sin duda, Marx tampoco podía sospechar el naufragio antropológico y la insólita degradación moral y política que traerían en el futuro de la tradición comunista los intentos estalinistas, maoístas o coreanos de instaurar una “cultura proletaria”, un “culto al trabajo” bajo el imperativo de la industrialización a ultranza. Bien es cierto que la industrialización (concebida como un “gran salto adelante” para el que no había que reparar en costes humanos) venía exigida por la correlación de fuerzas internacional, en la que el “socialismo real” estaba obligado a competir con el capitalismo o resignarse a ser aniquilado. En esto último estaban todos de acuerdo, aunque se discutían los ritmos y los medios. En 1920, en el IX Congreso del Partido, Trotsky se mostró incluso resueltamente favorable a la militarización del trabajo y de los sindicatos:

“Hay que decir a los obreros el lugar que deben ocupar, desplazándolos y dirigiéndolos como si fuesen soldados... La obligación de trabajar alcanza su más alto grado de intensidad durante la transición del capitalismo al socialismo... Los ‘desertores’ del trabajo deberán ser incorporados a batallones disciplinarios enviados a campos de concentración” (...) “La militarización es impensable sin la militarización de los sindicatos como tales, sin el establecimiento de un régimen en el que cada trabajador se considere como un soldado del trabajo, que no puede disponer libremente de sí mismo; si recibe una orden de traslado, debe ejecutarla; si no la ejecuta será un desertor y castigado en consecuencia. ¿Y quién se cuidará de esto? El sindicato. El sindicato crea el nuevo régimen. Es la militarización de la clase obrera”.2

Los razonamientos de Trotsky estremecen por su claridad y por su contundencia; ni siquiera se muerde la lengua al hacer una apología del trabajo forzado e incluso de la “utilidad” del esclavismo: “¿Es verdad, realmente, que el trabajo obligatorio es siempre improductivo?... Estamos ante el prejuicio liberal más lamentable y miserable: los rebaños de esclavos también eran productivos (...), el trabajo obligatorio de los esclavos fue en su tiempo un fenómeno progresista” (ibid., p. 354).

Como es sabido, el Partido se negó entonces a seguir el camino propuesto por Trotsky: la militarización del trabajo no puede justificarse –se concluiría- más que en caso de guerra. Ahora bien, a la vista de la historia posterior del siglo XX, un cierto trotskismo todavía podría preguntar ¿y cuándo dejó la URSS de estar en guerra entre 1920 y 1991? Trotsky, al menos, era partidario de hablar con claridad, de decir la verdad: así están las cosas, así tenemos que proceder. O proletarizamos e industrializamos la URSS de forma masiva, o perdemos la (próxima) guerra (que será tanto más inminente cuanta más debilidad mostremos).

En esos momentos, Stalin se inclinaba por las opción más moderada (al igual que Lenin). Sin embargo, tras el paréntesis de la NEP3, optará por la superindustrialización a ultranza, rebasando incluso las antiguas propuestas trotskistas. Con la diferencia de que Stalin ya no se podía permitir decir la verdad. “Al terror, Lenin y Trotsky lo llamaron a terror; llamaron represión a la represión, y, al hambre, hambre”4. Stalin, en cambio, proletarizó el campo soviético pretendiendo “que existía un movimiento ‘espontáneo’ de la ‘mayoría abrumadora de campesinos pobres hacia las formas colectivas de explotación. De la noche a la mañana, los campesinos se habían hecho entusiastas de la colectivización”5. En noviembre de 1929, el Comité Central constató que existía esa aspiración popular generalizada; el 5 de enero de 1930, dictó el decreto de colectivización y el 20 de febrero se anunció que el 50 % de los campesinos ya se habían integrado en granjas colectivas. Todo ello, se pretendía, era una decisión espontánea de la población campesina. A causa de este proceso, murieron centenares de miles de personas, pero, pese a ello, jamás se dejó de aludir al principio leninista del “trabajo voluntario”. Y para generar la ilusión de voluntariedad, hacía falta instituir toda una “cultura proletaria”, un “culto al trabajo”, una mistificación de la clase obrera y una entronización de los “valores proletarios”. El resultado fue una nueva religiosidad, mucho más abyecta que la del cristianismo o el islam, vertebrada por el culto a la personalidad de Stalin.

El “culto al trabajo” se llevó todavía más lejos en la China maoísta, primero con el “gran salto adelante” y, luego, en el marco de la “revolución cultural”. Frente a todo ello, no cabe duda de que la militarización trotskista del proceso laboral habría resultado menos indigna: pues, aunque desconocemos cuál habría sido su coste humano, para implantarla no hacía falta mentir. Para instaurar una “cultura proletaria”, en cambio, se imponía infantilizar a toda la población, generalizar una execrable minoría de edad vigilada por policías y delatores. En el ejército se obedecen órdenes. Pero para vestir a la necesidad con los ropajes de la virtud y a la sumisión con el halo de la voluntariedad (e incluso de la espontaneidad) hacía falta todo un tinglado cultural y religioso.

No es el momento de discutir ahora cuánto hubo de necesario o de inevitable en todo este proceso por el que el “socialismo real” se vio obligado a industrializarse a ultranza, en mucho menos tiempo y con muchos menos recursos coloniales de los que había gozado el capitalismo. Una cosa es que fuera imprescindible y otra que fuese deseable por sí mismo; y el “culto al trabajo”, el obrerismo, la cultura proletaria, no argumentaban lo primero, sino que ensalzaban lo segundo.

Por aquel entonces, además, todavía se creía que la economía socialista era en su esencia mucho más productiva que la capitalista. El capitalismo, en efecto, se consideraba una camisa de fuerza para el desarrollo de las fuerzas productivas y, por tanto, un lastre del progreso y del crecimiento económico. La realidad era muy distinta, sin embargo. El capitalismo es un sistema en el que el conjunto de la población está sometida al chantaje de trabajar (en lo que sea, como sea, al ritmo que sea) o morir de hambre. Se trata, además, de un sistema productivo que necesita acelerarse todos los días, en una ininterrumpida acumulación ampliada. El capitalismo –como dijeron Wallerstein y Galbraight- es como un ratón en una rueda: corre más deprisa a fin de correr más deprisa. El socialismo, por el contrario, puede permitirse ralentizar la marcha. Puede permitirse incluso pararse o decrecer sin que crujan sus estructuras productivas. Además, bajo el socialismo la población no está sometida al chantaje del hambre o el trabajo excesivo. En consecuencia, para lograr un ritmo de trabajo equivalente al del capitalismo haría falta un voluntarismo insólito –y, tal y como ha sido históricamente más habitual, muchísima policía.

Sin duda que -como decimos- la búsqueda imperiosa de la productividad le vino siempre exigida al socialismo por la necesidad de combatir y competir con el capitalismo exterior. Pero reconocer esto no es, en el fondo, más que dar la razón a Trotsky y aceptar que el socialismo jamás dejó de estar en guerra y que, por lo tanto, jamás se pudo permitir ralentizar la marcha. Fue la guerra y no la esencia del socialismo la que imponía la productividad. En esas condiciones, era muy difícil hacerse cargo de que el propio Marx había sido cualquier cosa menos obrerista y que, al hablar del comunismo, había puesto mucho más el acento en el ocio que en la productividad:

"El reino de la libertad sólo comienza allí donde cesa el trabajo determinado por la necesidad y la adecuación a finalidades exteriores. Allende el reino de la necesidad empieza el desarrollo de las fuerzas humanas, considerado como un fin en sí mismo, el verdadero reino de la libertad, que, sin embargo sólo puede florecer sobre aquel reino de la necesidad como su base. La reducción de la jornada laboral es la condición básica"6.

2. El comunismo como derecho a la pereza.

Cualquiera que sea el grado de inevitabilidad del culto al trabajo en la historia pasada del socialismo, es obvio que hoy se impone insistir en una dirección enteramente opuesta. El capitalismo ha llevado al planeta a una situación insostenible, en la que seguir creciendo indefinidamente equivale a un suicidio seguro a no muy largo plazo. La Tierra se ha quedado pequeña para las necesidades de reproducción ampliada del capital. El agotamiento de los recursos y el cambio climático son realidades incuestionables. Al tiempo, el coste humano que requiere semejante ritmo productivo es estremecedor. Incluso en el Primer Mundo se habla ya de implantar la jornada de 65 horas semanales. Pero, además, basta sumar dos y dos para comprender que la condición sine qua non de esta productividad suicida exige que el Tercer Mundo permanezca en una situación humanamente insostenible. El 20 % de la humanidad consume ahora el 86 % de la producción mundial. Pretender que el 80 % restante está destinado a alcanzar niveles de consumo semejantes es incompatible con la supervivencia del planeta; pero pretender que no deben alcanzarlos jamás es inmoral, probablemente es, incluso, racista.

Ahora bien, este cambio de mentalidad no debería coger de improviso a la tradición marxista. Precisamente Paul Lafargue, el yerno de Marx7 con quien comenzábamos estas líneas, definió en 1880 el comunismo como el “derecho a la pereza” de la humanidad, en una obra clarividente, que partía del comentario de un texto de Aristóteles: "si cada uno de los instrumentos pudiera realizar por sí mismo su trabajo, cuando recibiera órdenes, o al preverlas; y como cuentan de las estatuas de Dédalo o de los trípodes de Hefesto, de los que dice el poeta que ’entraban por sí solos en la asamblea de los dioses’, de tal modo que las lanzaderas tejieran por sí solas y los plectros tocaran la cítara, para nada necesitarían ni los maestros de obra sirvientes, ni los amos esclavos".

"El sueño de Aristóteles ─ comenta Lafargue ─ es nuestra realidad. Nuestras máquinas de hálito de fuego, de infatigables miembros de acero y de fecundidad maravillosa e inextinguible, cumplen dócilmente y por sí mismas su trabajo sagrado, y a pesar de esto, el espíritu de los grandes filósofos del capitalismo permanece dominado por el prejuicio del sistema salarial, la peor de las esclavitudes. Aún no han alcanzado a comprender que la máquina es la redentora de la Humanidad, la diosa que rescatará al hombre de las sordidae artes y del trabajo asalariado, la diosa que le dará comodidades y libertad".

Para Lafargue el socialismo y el comunismo deberían asegurar, ante todo, el "derecho a la pereza", que es, a su vez, la clave por la que el hombre ha conquistado y puede conquistar la posibilidad del ocio, en el cual germinan todas sus dignidades racionales: la ciencia, el arte, el derecho, la política. El capitalismo nos ha traído una sociedad en la que se ha hecho realidad, por primera vez en la historia, el milagro de Aristóteles; pero, sin embargo, el inmenso potencial de ocio liberado no ha desprendido a la humanidad en absoluto de las cargas del trabajo y tampoco le ha otorgado ningún derecho a la pereza, ningún descanso. El hecho es más bien que nunca se ha trabajado tanto y a un ritmo tan suicida como cuando las lanzaderas se han puesto a tejer solas. Trabajamos, en realidad, en una economía muy primitiva, en la que el esfuerzo por supervivir suprime la posibilidad de vivir. En efecto, una sociedad que gasta todas sus energías en reproducirse ampliadamente hasta el infinito es una sociedad tan primitiva (desde un punto de vista antropológico) como una sociedad que gasta todas sus energías en la pura subsistencia. La revolución neolítica permitió al ser humano trascender el puro ciclo de la supervivencia biológica. El capitalismo, paradójicamente, ha movilizado la infinita potencia de tres revoluciones industriales, esquilmando todos los recursos del planeta, para devolver al ser humano a la prehistoria8.

El capital acumula capital para seguir acumulando capital. La humanidad trabaja más para trabajar más aún. Ni siquiera la constatación de un inevitable suicidio ecológico sirve para detener este rodar hacia el abismo. No se puede uno cansar de repetir que nadie tuvo, por tanto, más razón que Paul Lafargue, hace ya más de un siglo. La superioridad del socialismo no consistía en su más alta productividad, sino, por el contrario, en su capacidad de detenerse, de ralentizar, de frenar. No necesitamos correr más, necesitamos pararnos. El socialismo debía de haber instituido una cultura del pereza, no una cultura proletaria. Si no podía hacerlo en su momento, ahora tenemos la ocasión de proclamarlo a los cuatro vientos: la humanidad tiene derecho a la pereza.

Tal y como exigía Lafargue, la jornada laboral debería de poder guardar algún tipo de relación inversa con el aumento de la productividad del trabajo. Y así sería, en efecto, en una economía estatalizada. En el socialismo siempre es posible discutir (en el Parlamento, pongamos por caso) si la aparición de nuevas tecnologías debería traducirse de inmediato en una reducción general de la jornada laboral (de modo que la sociedad adquiriría la misma riqueza en menos tiempo, destinando al ocio o la pereza el restante) o si convendría, por el contrario, conservar la jornada laboral para aumentar el volumen de riqueza. El motivo por el que las sociedades socialistas "reales" –y Cuba es aquí un caso inclasificable, como vamos a ver- jamás pudieron permitirse ese lujo no parece que sea otro, se diga lo que se diga, que el que jamás pudieron decidir políticamente otra cosa que el emplearse en un "comunismo de guerra" en el que siempre era necesario trabajar más para seguir trabajando más, ya que esto era lo que hacía el enemigo. Sólo que el enemigo lo hacía por una necesidad de su sistema económico y ellos por la decisión política de no sucumbir frente a su agresión. Ahora bien, fueran cuales fueran los problemas de las economías socialistas "reales", lo que seguro que no se planteaba era la necesidad de seguir produciendo más, en peores condiciones laborales, a causa de que se hubiera producido demasiado. Y sin embargo, este es el pan de cada día bajo las condiciones capitalistas de producción: trabajar siempre más es el imperativo de toda posibilidad de trabajar y, si hay paro, es porque no se ha trabajado bastante (lo que parece patentemente absurdo, pero al mismo tiempo bien evidente para cualquier empresario que ve su empresa al borde de la quiebra). Las empresas tienen que producir siempre más, por mucho que hayan producido ya (y esto incluso en plena crisis de sobreproducción), si no quieren sucumbir a las crisis económicas y dejar de producir completamente. Los asalariados, mientras tanto, tienen que trabajar siempre más, si no quieren dejar de trabajar por completo y engrosar las filas del paro. Este engranaje no puede pararse nunca. Las manzanas, la mantequilla o los cereales pueden llegar a ser suficientes y los misiles para destruir el mundo pueden llegar a sobrar. Pero bajo condiciones capitalistas de producción ni las manzanas son manzanas, ni los misiles son misiles si no son antes, de forma mucho más esencial, una ocasión para el beneficio empresarial, es decir, eso que los marxistas llamamos plusvalor . Puede haber manzanas o misiles de sobra, pero el plusvalor será siempre escaso. Si mañana quiere poderse producir algo, manzanas o misiles o lo que sea, es preciso que hoy se haya producido más plusvalor que ayer. Ello también trae sus problemas: si se produce más plusvalor del que puede absorber el mercado, la riqueza no puede ser transformada en dinero y, entonces, no es posible seguir poniendo en marcha el proceso. Pero el absurdo llega hasta el extremo de que el único remedio a la sobreproducción de plusvalor es producir todavía más, con la esperanza siempre de hundir a las empresas de la competencia y lograr imponerse en el mercado. De ahí que, en una crisis económica, políticamente no se pueda hacer nada, ni, de hecho, "convenga" hacer nada ─ y, en efecto, así lo proclaman los economistas hayekianos ─ , pues no se puede hacer nada en una situación en la que todo remedio coincide enteramente con la enfermedad.

Aunque, por supuesto, hay una cosa que sí se puede hacer: cambiar de juego. Pero para eso hace falta cambiar de tablero (o como decía la letra de la Internacional, “cambiar de base”).

3. Cuba y la herencia de Lafargue.

Para instituir un “derecho a la pereza” hace falta que el Derecho mismo tenga alguna eficacia institucional sobre la sociedad. Esto es una obviedad, al menos dicho en abstracto. Sin embargo, la cosa dista mucho de resultar obvia desde el momento en que se intentan poner ejemplos.

El presupuesto más elemental de los países que actualmente se llaman a sí mismos “Estados de Derechos” o “democracias constitucionales” es que las cuestiones importantes que afectan a la vida social se deciden políticamente, a partir de la argumentación y contrargumentación parlamentaria. Esas decisiones se plasman en “leyes”. “Estado de Derecho” no significa otra cosa que el hecho de que la sociedad obedece a lo que las leyes dicen, en unas condiciones, claro está, en la que las leyes remiten al ordenamiento constitucional y el ordenamiento constitucional remite a su vez a la Declaración Universal de los Derechos humanos.

La realidad, por supuesto, dista mucho de ser así. Esa idea presupone, ante todo, que las cuestiones importantes se deciden políticamente. Pero la pura verdad es que la instancia política jamás ha tenido menos relevancia que en la actualidad. Las opciones políticas por las que puede optar la ciudadanía en Europa o en EEUU no se diferencian demasiado (demócratas o republicanos, o, por ejemplo, en España, PSOE o PP), pero los respectivos ministros de economía son, sencillamente, indistinguibles. Lo que se decide en la arena de la economía pesa infinitamente más que todos los debates políticos en el Parlamento. No vivimos en sistemas parlamentarios, sino en dictaduras económicas con fachada parlamentaria.

Piénsese, por ejemplo, en lo que significa que el programa de ATTAC haya sido considerado utópico e izquierdista por todas las autoridades políticas europeas. ¿Era una utopía la idea de cargar con un 0,01 % de política las transacciones financieras no productivas? ¿La instancia política no tiene ni siquiera el poder de aportar una centésima de decisiones en la arena de la economía? Ahora nos encontramos con lo que ya sabíamos, que íbamos camino del abismo. Sin embargo, ni aún así puede la instancia política hacer otra cosa que rendirse a la autoridad surrealista de las fuerzas económicas. El mismo día que se destinaban 700.000 millones de dólares para salvar a la Banca, la FAO había solicitado 30.000 millones para salvar del hambre a 1.000 millones de personas. Salvar a los bancos resultó realista. Salvar a las personas, utópico, aunque fuese mucho más barato.

El sistema capitalista ha hecho realidad los chistes más surrealistas y, en cambio, ha convertido en utópico al mismísimo sentido común. Júzguese por sus resultados: según un cálculo elemental, para que una de las 2500 millones de personas que subsisten al día con 2 dólares diarios, llegara a amasar, con el sudor de su frente, una fortuna como la de Bill Gates, tendría que estar trabajando (ahorrando todo lo que ganara) 68 millones de años. Por un anuncio de zapatillas deportivas Nike, Michael Jordan cobró más dinero del que se había empleado en todo el complejo industrial del sureste asiático que las fabricaba. Esto es la realidad. Gravar con un impuesto mínimo el capital financiero es una utopía política.

Pero, como decíamos antes, el surrealismo de la cruda realidad ha llegado mucho más allá: la supervivencia misma del planeta se ha convertido en utopía. El capitalismo no puede mantener la tasa de ganancia sin crecimiento. Y cuanto más se agotan los recursos energéticos, el crecimiento resulta más y más caro, lo que afecta a su vez a la tasa de ganancia. Pero el capitalismo solo puede huir hacia delante, acelerando aún más el ritmo de crecimiento, en un proceso que sería infinito si no fuera porque, desdichadamente, el mundo no lo es.

Si los sistemas políticos del primer mundo fueran lo que dicen ser, en todos los parlamentos se estaría discutiendo ahora una gráfica elaborada por Mathis Wackernagel, investigador del Global Footprint Network (California)9. Pero no parece que el asunto haya llamado demasiado la atención. Y sin embargo, la gráfica resulta demoledora para las más firmes certezas de la clase política occidental y, por supuesto, para los criterios más evidentes de sus votantes. Sobre todo, en un mundo político en el que izquierda y derecha se llenan la boca con los objetivos del “desarrollo sostenible”.

La cosa es bien sencilla. El eje vertical representa el Índice de Desarrollo Humano (IDH), elaborado por Naciones Unidas para medir las condiciones de vida de los ciudadanos tomando como indicadores la esperanza de vida al nacer, el nivel educativo y el PIB per cápita. El Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) considera el IDH “alto” cuando es igual o superior a 0’8, estableciendo que, en caso contrario, los países no están “suficientemente desarrollados”. En el eje horizontal se mide la cantidad de planetas Tierra que sería preciso utilizar en el caso de que se generalizara a todo el mundo el nivel de consumo de un país dado. Wackernagel y su equipo hicieron los cálculos para 93 países entre 1975 y 2003. Los resultados son estremecedores y sorprendentes. Si, por ejemplo, se llegara a generalizar el estilo de vida de Burundi, nos sobraría aún más de la mitad del planeta. Pero Burundi está muy por debajo del nivel satisfactorio de desarrollo (0’3 de IDH). En cambio, Reino Unido, por ejemplo, tiene un excelente IDH. El problema es que, para conseguirlo, necesita consumir tantos recursos que, si su estilo de vida se generalizase, nos harían falta tres planetas Tierra. EEUU tiene también buena nota en desarrollo humano; pero su “huella ecológica” es tal que harían falta más de cinco planetas para generalizar su estilo de vida.

Repasando el resto de los 93 países, se comprende que hay motivos para que el trabajo de Wackernagel se titule El mundo suspende en desarrollo sostenible. Como no hay más que un planeta Tierra, es obvio que sólo los países que se sitúen en el área coloreada de la gráfica (por encima de un 0’8 en IDH, sin sobrepasar el número 1 de planetas disponibles) tienen un desarrollo sostenible. Sólo los países comprendidos en esa área serían un modelo político a imitar, al menos para aquellos políticos que quieran conservar el mundo a medio plazo o que no estén dispuestos a defender su derecho (¿quizás racial, divino o histórico?) a vivir indefinidamente muy por encima del resto del mundo.

Ahora bien, ocurre que el área en cuestión está prácticamente vacía. Hay un solo país en el mundo que –por ahora al menos– tiene un desarrollo aceptable y sostenible a la vez: Cuba.

La cosa, por supuesto, da mucho que pensar. Para empezar porque es fácil advertir que la mayor parte de los balseros cubanos huyeron y huyen del país buscando ese otro nivel de consumo que no puede ser generalizado sin destruir el planeta, es decir, reivindicando su derecho a ser tan globalmente irresponsables, criminales y suicidas como lo somos los consumidores estadounidenses o europeos. De acuerdo: tendríamos muy poca vergüenza, desde luego, si condenásemos la pretensión de los demás de imitar el modo como devoramos impunemente el planeta. Pero se reconocerá que la imagen mediática del asunto cambia de forma radical: de lo que realmente huyen los balseros cubanos es del consumo responsable en busca del Paraíso del consumo suicida y, por intereses estratégicos de acoso a Cuba, se les recibe como héroes de la Libertad en vez de cerrarles las puertas como se hace con quienes huyen de la miseria, por ejemplo, de Burundi (a quienes se trata como una plaga de la que hay que protegerse).

Y a un nivel más general, la cosa es aún más interesante. Es muy significativo que el único país sostenible del mundo sea un país socialista. Suele ser un lugar común entre los economistas que el socialismo resultó ruinoso e ineficaz desde un punto de vista económico. Sorprende que, en un mundo como éste, la falta de competitividad pueda aún considerarse una acusación de peso. En términos de desarrollo sostenible, la economía socialista cubana parece ser máximamente competitiva. En términos de desarrollo suicida, no cabe duda, el capitalismo lo es mucho más.

Frente a esta dinámica suicida, debemos exigir el derecho a pararnos. No podemos permitir que las autoridades económicas mundiales sigan convenciendo a la humanidad de que “crecer” por debajo del 2 ó 3% es catastrófico y proponiendo como solución a los países pobres que imiten a los ricos. En el FMI, el BM, la OMC y el G8 saben perfectamente que es materialmente imposible un crecimiento universal. El planeta no da para tanto. Cuando proponen ese modelo saben que, en realidad, están defendiendo algo muy distinto: que nos encerremos en fortalezas, protegidos por vallas cada vez más altas, donde poder literalmente devorar el planeta sin que nadie nos moleste ni nos imite. Es nuestra solución final, un nuevo Auschwitz invertido en el que en lugar de encerrar a las víctimas, nos encerramos nosotros a salvo de lo que es, sin duda –así se lo oí decir en Cuba a Osvaldo Martínez10-, el “arma de destrucción masiva más potente de la historia: el sistema económico internacional”.

1 La traducción y algunas referencias y datos han sido tomados del “Estudio preliminar” –un texto excelente, por cierto- que Manuel Pérez Ledesma antepone a la edición castellana de El derecho a la pereza de Paul Lafargue (Editorial Funamentos, Madrid, 1991).
2 Citado en Bettelheim, C.: Las luchas de clases en la URSS. Primer Periodo (1917-1923), Siglo XXI Editores, p. 353.
3 NEP: La Nueva Política Económica (1921-1929) se caracterizó por una cierta “libertad de comercio” y por dejar a los campesinos un margen de iniciativa mayor comparado con su situación durante el “comunismo de guerra” (1918-1920).
4 Martínez Marzoa, F.: De la revolución, Alberto Corazón Editor, Madrid, 1976, p.143.
5 Ibid., p. 137.
6 Marx, K.: El capital, Libro III, Capítulo XLVIII, Siglo XXI, vol. 8, p. 1044.
7 Paul Lafargue se casó finalmente con Laura Marx el 2 de abril de 1868. Su actividad política en el seno de la AIT fue incansable, tanto en Francia como en España. Finalmente, Paul y Laura se suicidaron juntos el 26 de noviembre de 1911, tras haber pasado la tarde en un cine de París y haber compartido una bandeja de pasteles. Lafargue dejó la siguiente nota: “Sano de cuerpo y espíritu, me doy muerte antes de que la implacable vejez, que me ha quitado uno tras otro los placeres y los goces de la existencia, y me ha despojado de mis fuerzas físicas e intelectuales, paralice mi energía y acabe con mi voluntad, convirtiéndome en una carga para mí mismo y para los demás. Desde hace años me he prometido no sobrepasar los setenta años; he fijado la época del año para mi marcha de esta vida, y preparado el modo de ejecutar mi decisión: un inyección hipodérmica de ácido cianhídrico. Muero con la suprema alegría de tener la certeza de que muy pronto triunfará la causa a la que me he entregado desde hace cuarenta y cinco años” (citado por Manuel Pérez Ledesma en ob.cit., p. 75)
8 Esta idea ha sido ampliamente desarrollada en las obras de Santiago Alba Rico Las reglas del caos. Apuntes para una antropología del mercado, Anagrama, 1998 y La ciudad intangible. Ensayo sobre el fin del neolítico, Hiru, 2001. También en su reciente publicación Capitalismo y Nihilismo, Akal, 2008.
9 Cfr. Wackernagel, M.: World failing on sustainable development , en
http://www.newscientist.com/article... 10 Cfr. Martínez, O.: La compleja muerte del neoliberalismo, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007.

 

 

Las causas de la pobreza mundial

Vicenç Navarro
Público (31-10-09)


El día 17 de Octubre fue el día internacional para la erradicación de la pobreza, lo cual fue motivo de un elevado número de conferencias sobre la pobreza, que por unos días fue un tema visible en los medios de comunicación más importantes del mundo, aún cuando en España tal visibilidad fue limitada. En los países desarrollados se acentuó, una vez mas, la necesidad de “ayudar” a los países pobres, incluyendo el envío de alimentos y fondos. También se acentuó en varios forums internacionales la necesidad de transferir conocimientos y nuevas tecnologías de los países ricos a los pobres para incrementar la productividad de sus sectores agrícolas, los más importantes en sus economías.

Esta atención mediática del tema de la pobreza, se repite año tras año por estas fechas. Y mientras, ocho millones de niños mueren al año de malnutrición (uno cada dos segundos), el equivalente de muertos que causarían 43 bombas atómicas, como las lanzadas en Hiroshima, bombas que explotan cada año sin producir ningún ruido. En realidad tal número de muertos forma parte de la realidad que nos rodea de tal forma que ni siquiera aparecen en la primera o última página de los rotativos más importantes del mundo.

Lo que hace moralmente intolerable esta situación es que desde el punto de vista científico sabemos cómo resolver tanto el problema de la pobreza como sus consecuencias, de las cuales el hambre es la más dramática. Y la situación paradójica es que la pobreza no se debe a la falta de recursos. En realidad, el planeta tiene suficiente tierra fértil para alimentar diez veces a la población hoy existente (FAO 2008). En los países económicamente desarrollados, los Estados están incluso subvencionando a los agricultores para que no produzcan más alimentos. Pero lo que es aún más intolerable es que se llame a estos países pobres, cuando no lo son. Los países así llamados tienen poblaciones predominantemente pobres, pero los países en sí no lo son.

¿Por qué entonces se produce y reproduce la pobreza? Si analizamos el país más pobre del mundo (hay una larga lista de candidatos a tal distinción), veremos que las raíces de la pobreza son fáciles de ver, si quieren verse. El diario The New York Times, un diario de orientación liberal, que publica de vez en cuando algunos informes que no encajan en tal sensibilidad, escribió uno sobre la pobreza en Bangladesh, uno de los países que se puede identificar como más pobre (24-1-05). Tal informe estaba escrito por un grupo de economistas que habían visitado ese país. Entre sus muchas observaciones destacaban las siguientes: “Las raíces del problema de la pobreza en Bangladesh están en la enorme concentración de la tierra (el mayor medio de producción en una economía agrícola) en aquel país. Sólo el 16% de la población rural controla dos terceras partes de toda la tierra cultivable, mientras que el 60% de la población tiene sólo un acre”. Por otra parte, el informe añadía que “la introducción de las nuevas tecnologías –como nuevos fertilizantes- acentúa todavía más la polarización en la propiedad de la tierra, pues sólo los grandes propietarios pueden tener acceso al crédito y a otros factores necesarios para poder explotar y utilizar nuevas tecnologías”.

En cuanto a la “ayuda” que proviene del exterior, el informe señalaba que “los propios oficiales encargados de la ayuda a los necesitados en Bangladesh reconocen (en conversaciones privadas) que sólo una fracción minúscula de los millones de toneladas de alimentos que llegan al país, como parte de la ayuda exterior, termina en las manos de las familias hambrientas que lo necesitan. Los alimentos del exterior los canaliza el gobierno, quien los vende a los militares, a la policía, a las clases medias de las ciudades…”. El informe concluía que “el enorme potencial productivo de tierras enormemente fértiles es tal que Bangladesh podría alimentar a una población muchas veces superior a la actual”.

Pero el alimento que se produce no se consume, en su mayor parte, en Bangladesh, pues no existe suficiente capacidad adquisitiva para la compra de alimentos por parte de la mayoría de la población. En lugar de ello, se exporta, sobre todo a los países de mayor nivel de renta, reproduciéndose así una economía basada, no en el consumo y demanda interna, sino en el consumo externo y las exportaciones. Parecería que lo más lógico sería que se creara tal demanda interna, redistribuyendo los recursos (incluida la tierra) para permitir el desarrollo de la capacidad adquisitiva de la gran mayoría de la población.

Ahora bien, la estructura de poder, monopolizada por los grandes agricultores, se opone a tales cambios redistributivos. Como bien señalaba el citado informe “el parlamento del supuestamente democrático sistema político (Bangladesh aparece en la tipología de países, preparada por el Departamento de Estado de EE.UU., como una democracia) está controlado por los grandes agricultores. El 75% de los miembros del Parlamento tienen grandes extensiones de tierra, con lo cual las posibilidades de cambio son muy pequeñas”. El sistema económico y político sostenido en parte por un ejército y en parte por sistemas de información y persuasión (con conexiones con grupos mediáticos extranjeros), tiene escasas posibilidades de cambio. La Constitución del país, escrita por aquella estructura de poder, pone por escrito la imposibilidad de generar tal cambio. De ahí que la defensa de aquella estructura de poder se presenta como la defensa de la democracia.

Éstas son las causas de la pobreza, el hambre y la malnutrición en el mundo. Y cuando la población “pobre” se moviliza para cambiar esta situación, se la acusa de violar el orden democrático. El caso de Honduras es el más reciente pero dudo de que sea el último. Éstas son las causas de la pobreza en el mundo, que raramente aparecen en los medios de persuasión.




Cultivos transgénicos: asalto a la llave de la cadena alimentaria
Los cultivos y alimentos transgénicos se introdujeron hace ya más de 13 años en nuestra agricultura. Aparecieron como la gran solución tecnológica al hambre en el mundo, a los problemas de los agricultores, para satisfacer las demandas de los consumidores… Llegaron de la mano de las grandes transnacionales de las semillas, que prometieron una nueva revolución verde basada en la biotecnología. Con tácticas frecuentemente poco éticas, se han instalado en un puñado de países, con resultados claramente desastrosos para la población local, para el medio ambiente y para un modelo basado en la agricultura campesina y la Soberanía Alimentaria.

David Sánchez
Revista Pueblos (31-10-09)


Los cultivos y alimentos transgénicos son uno de los primeros enemigos a batir si queremos cambiar el modelo agroalimentario global e invertir las tendencias actuales. ¿Por qué?

Los cultivos transgénicos han fracasado de forma estrepitosa

Después de todos estos años, los transgénicos siguen confinados en un puñado de países, con un modelo de agricultura altamente industrializada y orientada a la exportación.

El 90 por ciento de la superficie mundial cultivada con transgénicos se reduce a cinco países americanos (EE UU, Argentina, Brasil, Canadá y Paraguay). La industria sólo se ha preocupado por crear productos a la medida de la agricultura industrial. Ni uno solo de los cultivos transgénicos actualmente en el mercado aporta algo a los pequeños agricultores, a los consumidores o a nadie que no sean las grandes multinacionales del sector y los grandes terratenientes.

Sólo hay dos características que se han introducido masivamente en los cultivos: resistencia a herbicidas y resistencia a insectos. Y estas características aceleran e incentivan las peores tendencias de la agricultura industrial: abuso de agroquímicos, concentración de tierras y monocultivos, reducción de mano de obra en el campo, productos estandarizados y orientados a los mercados globales.

Tras décadas de investigación y millonarias ayudas públicas, tan sólo son cuatro los cultivos que han sido modificados genéticamente y que están disponibles en el mercado global: soja, maíz, algodón y colza. La soja y el maíz se exportan a Europa para alimentación del ganado y mantener nuestro desmesurado consumo de productos animales o, junto a la colza, son cada vez más utilizados para producción de agrocombustibles. El algodón es fibra textil también para exportación. ¿Cuál será entonces su contribución a solucionar los problemas de hambre en el mundo?

Sus impactos y riesgos están sobradamente demostrados

Tras todos estos años de cultivos transgénicos, están ya más que demostrados los impactos ambientales, sociales y los riegos para la salud que ya se habían previsto ante su liberación masiva. Toxicidad, nuevas alergias, incremento de tóxicos en los alimentos, destrucción de la biodiversidad, amenaza para la fauna de ríos, destrucción de la fertilidad del suelo, desplazamiento de población campesina, expansión de los grandes monocultivos, aparición de "malas hierbas" resistentes a herbicidas, contaminación genética de cultivos básicos para la alimentación mundial, problemas sanitarios causados por el incremento masivo del uso de agrotóxicos, destrucción por contaminación de los modelos de agricultura más sostenibles, desvío de los fondos de investigación y ayudas públicas que podrían ir destinados a fomentar un modelo agrícola razonable y un largo etcétera.

Ponen la llave de la alimentación mundial en manos de cuatro multinacionales

Las grandes multinacionales del agronegocio vieron la oportunidad con la ingeniería genética de controlar la cadena alimentaria desde la base. Ya no sólo controlando la venta de semillas, sino garantizando que toda forma de conservación e intercambio tradicional de semillas quedase fuera del sistema legal. Y lo consiguieron gracias a una herramienta clave para el control del mercado, las patentes sobre los propios seres vivos.

En este contexto, hemos asistido durante los últimos años a un vertiginoso proceso de concentración industrial entre las multinacionales agrícolas. De las miles de compañías de semillas e instituciones públicas de mejoramiento que existían hace treinta años, ahora 10 transnacionales controlan más de dos tercios de las ventas mundiales de semillas que están bajo propiedad intelectual. De todas las empresas de plaguicidas que existían, ahora tan sólo 10 controlan casi el 90 por ciento de las ventas de agroquímicos. Y de casi mil empresas biotecnológicas emergentes hace quince años, 10 tienen ahora el 75 por ciento de los ingresos… Y los nombres se repiten entre los diez primeros de cada lista: Monsanto, Bayer, Syngenta, Dow AgroSciences o DuPont.

Sobre todo en manos de una…

Monsanto es la mayor empresa mundial de semillas, y prácticamente ostenta el monopolio de la tecnología transgénica, siendo responsable del 90 por ciento del total de eventos transgénicos utilizados en todo el mundo. No es de extrañar que presione para la adopción de su tecnología, con tácticas que muchas veces van más allá de los límites legales y éticos.

Para incrementar su poder e introducir sus productos, la estrategia pasa por controlar los mercados comprando las empresas semilleras locales. Para conseguir la autorización de los transgénicos, no duda en usar influencias para sortear la regulación, o colocar a personas clave de la empresa en relevantes puestos en la administración, como en EE UU. No han dudado tampoco en recurrir a prácticas ilegales como el soborno para conseguir la aprobación de sus cultivos, como en el caso de Indonesia. Otras estraPtegias son la de contaminar primero los cultivos convencionales para forzar a su legalización, como ha sucedido en Brasil, Paraguay o la India.

Una vez introducidos los transgénicos en el país, Monsanto utiliza la inevitable contaminación de campos y cosechas cercanas para afianzar su control del mercado. Decenas de inspectores de Monsanto recorren los campos estadounidenses en busca de campos contaminados por transgénicos, para denunciar a los afectados por uso ilegal de la patente. En 2007 Mientras los precios de los alimentos subían de forma dramática y condenaban al hambre a 100 millones de personas más, las transnacionales de los transgénicos incrementaron de forma vertiginosa sus beneficios. ¿Cómo?

Una vez eliminada la competencia y autorizados los transgénicos, Monsanto reduce la oferta de semillas convencionales, de modo que los agricultores no tienen otra opción. Y una vez que están atrapados en sus redes, Monsanto se puede permitir, por ejemplo, aprovechar situaciones de crisis para disparar el precio de sus semillas transgénicas. En 2008, incrementó en un 50 por ciento el precio de las semillas de soja transgénica y triplicó el de su principal maíz. Y gracias a que los transgénicos van asociados a herbicidas también de Monsanto, se permitió incrementar su precio. Por ejemplo el del glifosato, del que controla el 60 por ciento del mercado mundial, lo incrementó en un 134 por ciento.

Así, no es de extrañar que Monsanto prevea un incremento de sus ingresos en un 74 por ciento entre 2007 y 2010, triplicando sus beneficios netos en 2010 (de 984 millones de dólares a 2,96 miles de millones). Su estrategia y el fuerte control que ha conseguido del mercado de las semillas le están dando ya grandes resultados económicos.

Frenar los transgénicos, cambiar el modelo

Los transgénicos no son más que el máximo exponente de un modelo de agricultura industrial que nos conduce a la destrucción ambiental, la pérdida de seguridad y Soberanía Alimentaria. Facilitan, agravan y perpetúan todos los impactos asociados a este modelo agroalimentario que intentamos cambiar, por lo que frenar la imposición de los transgénicos es, en definitiva, uno de los pasos básicos para invertir este modelo. se habían documentado casos judiciales de Monsanto contra más de 400 agricultores o pequeñas empresas, creando un ambiente de miedo e inseguridad que ha propiciado una rápida adopción de sus semillas para evitar conflictos con la todopoderosa multinacional.

¿Quién se beneficia de los cultivos transgénicos? El control de la alimentación mundial que han facilitado los cultivos transgénicos quedó patente durante la reciente crisis alimentaria.

* David Sánchez Carpio es responsable del Área de Agricultura y Alimentación de Amigos de la Tierra.



Las otras caras de la crisis

Sabino Cuadra Lasarte
Viento Sur (31-10-09)


Las estadísticas no mienten. Eso dicen al menos quienes preparan las preguntas y datos sobre los cuales aquellas trabajan y seleccionan sus resultados a fin de mostrarnos finalmente unas conclusiones que nadie, salvo ellos, ven que existan. Muchos estudios ocultan más de lo que muestran y así las estadísticas, con sus abracadabrescos datos y promedios, van dejando por el camino verdades verdaderas para así mejor construir sus grandes mentiras finales.

Las cuentas son las cuentas. Si tú te has comido dos manzanas y tiras una tercera porque ya no puedes más, y yo, mientras tanto, no como nada, resultará que nuestro promedio alimentario es de manzana y media per cápita. O sea, una alimentación equilibrada. Y si mañana resulta que tú vuelves a comer una manzana y yo, por suerte, consigo comer otra, sin tirar nada a la basura, el Instituto estadístico correspondiente nos dirá que las cosas van muy mal, que estamos en crisis y que la recesión manzanera (33% del total antes consumido) amenaza nuestra existencia.

Los datos oficiales dicen hoy que el desempleo se ha estabilizado durante el tercer trimestre del año a nivel estatal (turismo, obras municipales,..) y que en Nafarroa el paro ha bajado en 6.300 personas. Ministros, Consejeros y Directores Generales de la cosa han ordenado que las campanas oficiales sean echadas al vuelo. Los campaneros sin embargo, les miran con desconfianza pues saben que lo procedente sería tocar a rebato ante el futuro que se avecina.

Con razón o sin ella, los expedientes de regulación de empleo (ERE) son los que más llaman la atención a la hora de hablar de despidos y desempleo. Son, sin embargo, y salvando su gravedad, el chocolate del loro de la crisis que padecemos. Se calcula que tan solo un 3,5% del incremento del desempleo en el último año tiene por causa un ERE. El 96,5% del paro es producido por finalizaciones de contratos (temporales, de obra,..) o por la vía de despidos individuales.

Hay, además, muchas personas sin empleo ni nombre, desconocidas para los avanzadísimos y cibernéticos equipos de los Institutos Oficiales del paro y similares. Son muchos inmigrantes y mujeres que, por carecer de contrato legal alguno, no constan como empleados, por lo que sus despidos no figuran en estadística alguna. Inmigrantes que están comenzando a regresar a sus países de origen porque ven que el paraíso que les prometieron no es tal y que cada vez se estrecha más en torno suyo el cerco legal, el control policial y la marginación laboral. Mujeres que han venido realizando hasta la fecha distintos trabajos de limpieza y atención a personas y que, ahora, con la crisis, ven que las familias o personas que les contrataron, tras recortar sus gastos, prescinden de sus servicios. Todos ellos/as no son, no existen.

Tampoco figuran en las estadísticas esas otras mujeres que, tras ser despedidas de sus trabajos (hostelería, comercio, servicios,…) retornan a la cocina de la cual salieron, pues tras sacar las cuentas entre lo que dejan de cobrar y lo que ahorran asumiendo ellas al completo el trabajo familiar, optan por quedarse en casa, renunciando a apuntarse en las oficinas de empleo. Y también son invisibles todos esos jóvenes que, tras terminar sus estudios, deambulan durante años de cursillo en cursillo y de master en master (como no hay forma de encontrar trabajo, mientras tanto hacen curriculum), alimentando así a toda esa fauna de cátedros, altos cargos de la Administración y expertos varios de distintas Fundaciones que hacen de todo lo anterior una fuente de ingresos complementaria a sus ya altos sueldos. A mencionar, por último, el importante descenso en el número de trabajadores autónomos que se está dando, así como el desempleo parcial (hoy tengo curro, pero ayer no lo tuve y mañana ya veremos) en el cual se encuentra su práctica totalidad.

Todos los colectivos señalados y algún otro más no figuran en las listas del paro. Entre unos y otras, entre estos y aquellas, varios cientos de miles de personas son invisibilizadas por las estadísticas oficiales a mayor gloria de ministros y consejeros. “Estamos saliendo del bache”, nos dicen. ¿De qué bache?

El período medio de cobro del desempleo oscila entre los 13/16 meses. Está pues cercana la fecha a partir de la cual, mes tras mes, decenas/cientos de miles de parados y paradas engrosarán las ya abultadas cifras de quienes carecen de prestación alguna. A nivel estatal, más de 800.000 personas llevan ya más de un año en paro y tienen ya un pie puesto en esa lista macabra. Junto a ello, en el último año se ha multiplicado por tres el número de hogares que carecen de ingreso salarial alguno. A pesar de ello, los ministros y consejeros (Salgado, Sebastián, Miranda,...), tras llevar más de un año haciendo previsiones nunca cumplidas, siguen hablando de un futuro feliz y de jabuguitos hasta hartar. Cobran por eso.

Albert Einstein afirmó en su día que la vida era muy peligrosa. No se refería a la crisis, sino a la guerra y a la energía atómica. Después de constatar este hecho añadió que esto era así “no por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”. Frente a la guerra hace falta ser, pues, pacifista activo, es decir, antimilitarista. Y frente a la crisis capitalista, anticapitalista. Así de claro.

Einstein también afirmó: “no podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos”. La salida a la crisis, que entre otras cosas es de sobreproducción, no podrá darse impulsando lo que la ha creado: el consumo sin freno, la subordinación de la economía a minorías multimillonarias carentes de escrúpulo alguno (humano, social, ecológico,..), el poder incontrolado de políticos corruptos,… Hacen falta otros pilares: repartir la riqueza, redistribuir el trabajo (el asalariado y el que no lo es), democratizar la economía, someter ésta a los límites de reproducción del ecosistema, abrir cauces plenos a la participación popular,…

Distintos sindicatos y grupos sociales están impulsando de nuevo estos días movilizaciones en contra de esta situación. La mayoría sindical de Euskal Herria está socializando por su lado un decálogo frente a la crisis y acompañando la misma de todo tipo de concentraciones y actos. Muchas cosas más se pueden y se deben hacer. Cualquier cosa antes que quedarnos sentados viendo lo que pasa.

 

 

Los héroes inútiles y las guerras hacia ningún lado

Adolfo Pérez Esquivel
ALAI (29-10-09)


¿Cuántos soldados norteamericanos, británicos y de otros países murieron en las guerras contra Afganistán e Irak?, ¿Cuántos más tendrán que morir antes de terminar las guerras?

Se cuentan los muertos de los países invasores, pero nada se dice de los muertos en los países invadidos y la resistencia de afganos e iraquíes.

Se silencian las miles de muertes de mujeres y niños, las poblaciones devastadas por la destrucción y el saqueo de la OTAN del patrimonio de la humanidad, y de los recursos de esos países.

Toda la destrucción y muerte se hace en nombre de la "libertad", de la "democracia", de liberar a esos países de la dictadura, cuando les conviene. La OTAN es aliada de EE.UU., como lo fue Sadam Hussein utilizado en la guerra contra Irán.

El Primer Ministro Británico, Gordon Brown, ha rendido honores póstumos a los 221 soldados muertos en la guerra contra Afganistán y se compromete a enviar más soldados. Estados Unidos rinde homenaje a sus soldados caídos en las guerras que sostiene en diversas partes del mundo. Las viudas y familiares de los soldados muertos recibirán una medalla, una pensión y el olvido de sus vidas que engrosarán las páginas de los héroes inútiles de las guerras hacia ningún lado. Guerras que sólo sirven para vender armas y potenciar el complejo industrial militar y los intereses hegemónicos del imperio.

Los costos en vidas y la destrucción de otros pueblos no cuentan en la agenda del "debe y haber" del Pentágono, la CIA y el Departamento de Estado, ni en los países de la OTAN, involucrados en el conflicto armado. La complicidad de los monopolios informativos es pavorosa e hipócrita.

En la mitología griega, Sísifo, dios del Olimpo fue castigado por el Dios Supremo, Zeus, y tiene que cargar en sus hombros por toda la eternidad una gran piedra que debe colocar en la cima de la montaña. Una y otra vez Sísifo hace el gran esfuerzo que nunca logra concretar de llegar a la cumbre, y la piedra cae y así en permanente devenir por toda la eternidad vuelve a buscar la piedra al pie de la montaña.

Albert Camus ha retomado el mito de Sísifo a quien llama "el héroe inútil", en la incesante derrota de si mismo en su camino existencial. Es la situación del hombre moderno, de los gobernantes y del sistema dominante, que vuelven una y otra vez a repetir las mismas derrotas de la conciencia y los actos inútiles, como si fueran grandes logros de la imbecilidad humana.

En nombre de la libertad se impone el sometimiento contra otros pueblos, como ocurre en la franja de Gaza contra el pueblo palestino, testigo de los crímenes de guerra de Israel, condenados por Naciones Unidas. Y también en Colombia, con la intervención de los grupos paramilitares, EE.UU e Israel, se cometen crímenes contra el pueblo. Las guerrillas y el narcotráfico generan la incertidumbre, la muerte y suman héroes inútiles, a la inutilidad de la violencia social y estructural.

En nombre de la democracia, EE.UU invade, tortura y realiza vuelos clandestinos en diversos países con secuestros y asesinatos contra quienes considera "terroristas". Justifica el horror y los llamados "daños colaterales": la muerte de miles de niños, mujeres y población civil.

Nada de esto figura en los medios de comunicación y los noticieros de la BBC y de la CNN, ni en las estadísticas. Los muertos son considerados "no personas". De eso "no se habla".

Las muertes de los soldados de EE.UU, Gran Bretaña y los aliados de la OTAN, nada tienen de gesta heroica, sino de rapiña, de destrucción y muerte. Los soldados no saben porqué van a la guerra, simplemente van a matar o morir; les prometen la nacionalidad de EE.UU y lo único que logran es la ciudadanía de la muerte en tierras extrañas. Los sobrevivientes y mutilados sólo tendrán la mirada del horror y recordarán las muertes de otros jóvenes, como ellos, héroes inútiles.

Vietnam vuelve a repetirse. Es hora que el pueblo de EEUU despierte, que el presidente Obama, galardonado con el Premio Nobel de la Paz, ponga la ³barba en remojo², pero como no tiene barba, debe poner "otras cosas en remojo" y sacudirse el yugo a que está sometido Si llegó al gobierno, que gobierne. Es urgente terminar con las guerras, es necesario que actúe en bien de la humanidad, que pida el apoyo de su pueblo y el mundo, para evitar mayor destrucción y muerte. Es su obligación.

No puede continuar enviando soldados a matar y destruir a otros pueblos; no es justo, es inmoral y atenta contra toda la humanidad. Que no termine siendo otro Sísifo que cargue la piedra del horror, la destrucción y la derrota de EEUU que suma guerras perdidas porque no tiene ideales. Las tropas no tienen mística ni causa justa que defender.

Y una y otra vez cargará la piedra, cada vez más pesada que no podrá colocar en la cumbre de la montaña, porque la derrota está en la mente y el corazón de EEUU transformado en Sísifo en su incesante devenir de la angustia existencial.

* Adolfo Pérez Esquivel es Premio Nobel de la Paz 1980. Fuente: Alai-Amlatina



China en estado de revista
El Gobierno chino se ha preparado para el sexagésimo aniversario de la fundación de la República con una campaña de apertura y transparencia que busca “favorecer el entusiasmo cívico con el estado general del país y el reconocimiento del positivo papel desempeñado por el PCCh en esa estrategia de modernización de China”.

Xulio Ríos
Pensamiento Crítico (29-10-09)


Frente a abiertos episodios de crisis (como el ocurrido en Xinjiang en julio) u otros más puntuales y aislados relacionados con tensiones locales o sociales, el Gobierno chino ha reaccionado impulsando e intensificando una frenética campaña que pone el acento no sólo en la mejora general de la seguridad y la estabilidad en todo el país, sino también en la pulcritud moral de la vida oficial y pública, asunto que sigue enardeciendo las críticas de un buen número de ciudadanos ante las dificultades acreditadas para combatir la corrupción. El objetivo inmediato: presentar un perfecto estado de revista el 1 de Octubre, cuando se celebre el sexagésimo aniversario de la fundación de la República Popular China.

La cruzada impulsada por el PCCh incluye un abanico de medidas heterogéneas que contempla aspectos como la mejora de los programas de formación del personal de seguridad a todos los niveles y su universalización a escala de todo el país, para primar la prevención, la lucha contra la prostitución, el tráfico ilegal de armas o el crimen organizado, pero, sobre todo, la investigación de aquellos responsables públicos sobre quienes planea la sombra de la falta de honestidad, el más grave desafío al que se enfrenta el PCCh para garantizar su credibilidad. En este verano y formando parte de una larga lista, han sido apartados el máximo responsable de la energía nuclear del país, Kang Rixin, miembro del Comité Central del PCCh, acusado de «graves violaciones disciplinarias». Otro caso llamativo es el director del buró de administración judicial de Chongqing, municipio directamente subordinado al poder central, y vicejefe del PCCh en el buró de seguridad de dicha ciudad, Wen Qiang, acusado de ofrecer protección a las bandas de gángsteres locales.

Sectores económicos como la construcción son objeto de una campaña exhaustiva que durará dos años, en respuesta al derrumbe el pasado 27 de junio de un edificio de 13 pisos que estaba casi terminado en Shanghai y que ha ridiculizado y puesto en evidencia la calidad constructiva china ante todo el mundo.

Pese a que las autoridades han mostrado recientemente su disposición a limitar al máximo el número de ejecuciones (con una reducción en los últimos años del 30% en su aplicación y un 15% de anulaciones en las revisiones que llegan a la Corte Suprema), éstas siguen siendo fuente de inspiración de la mayor ejemplaridad. Ha sidoe ejecutado el máximo responsable del aeropuerto de la capital, Li Peiying, por haber aceptado sobornos y malversar fondos públicos. Igual destino ha tenido Wu Tianxi, ex legislador nacional de la provincia de Henan, acusado de violaciones sexuales y organización de actividades de bandas criminales.

Los cada vez más frecuentes delitos relacionados con el medio ambiente y con serias repercusiones en las personas (en Hunan, en Mongolia Interior, en Shaanxi…) se están saldando con procesos expeditivos que implican la suspensión de actividades y la remoción inmediata de los funcionarios responsables, medidas que contribuyen a atemperar un descontento social creciente ante la magnitud de los efectos en la salud de la imprevisión pública y la falta de pudor de algunos responsables industriales. Por primera vez en China se castiga con la cárcel a unos acusados por contaminación medioambiental.

Naturalmente, existen límites. Nada trasciende, por ejemplo, de la detención en Namibia de un ciudadano chino (Yang Fan) relacionado con una sociedad (Nuctech) ligada al hijo del presidente Hu Jintao, quien la presidió hasta 2008. Ninguna investigación se ha abierto en China al respecto.

La transparencia informativa de que son objeto la mayor parte de todos estos procesos trata de transmitir socialmente el serio compromiso del PCCh con un gobierno basado en el respeto a la ley. Ello coexiste con síntomas de una mayor apertura oficial a los medios de comunicación, incluyendo la política de ‘cero negativas’ que insta a todos los organismos estatales a facilitar información y colaborar con los periodistas extranjeros.

Toda esta movilización, con fuerte proyección en unidades de producción y en el ámbito castrense, forma parte de una convocatoria a la estabilidad social de cara al 60 aniversario de la fundación de la RPCh, y que afecta tanto al procesamiento de policías por la comisión de abusos (en Kunming) como a la solución en tiempo récord de las quejas de los ciudadanos que cada vez más se manifiestan para exigir de las autoridades respuestas a sus problemas, ya sean dificultades sociales o laborales, como ocurrió en Jilin, en la Corporación del Hierro y Acero Tonghua, después de que su director muriese a golpes durante una protesta obrera en contra de un plan de fusión que privatizaría la empresa con reducción de personal y salarios. El proyecto fue anulado y los jefes del partido en la fábrica fueron destituidos.
Otro tanto ha ocurrido en la provincia de Henan, donde las autoridades han ordenado la paralización inmediata del proceso de privatización de una fábrica de acero después de que los trabajadores de la planta participaran en una manifestación masiva.

La promoción de mejoras sociales (mínimo vital, acceso equitativo y universal al sistema de salud…) complementa esta política de fomento de la estabilidad social que debe favorecer el entusiasmo cívico con el estado general del país y el reconocimiento del positivo papel desempeñado por el PCCh en esa estrategia de modernización de China que define el gobierno de la virtud como la mayor virtud del Gobierno, y que aspira a preservar el sistema en su integridad.

Pero no todo es armonía. A su vez, estas campañas también acostumbran a desvelar estrategias de eliminación de facciones rivales, circunstancia relativamente accesible habida cuenta la notoria promiscuidad entre política, negocios y redes mafiosas, como algunos de los casos citados han podido desvelar con toda crudeza, y también el inicio de la cuenta atrás para el próximo relevo en la cúpula. Será en 2012.



Reino de España: cambios de ocupación del suelo en la costa 1987-2005 y pérdida acelerada de servicios de los ecosistemas y destrucción de un bien común

Xavier Fontcuberta Estrada · Fernando Prieto *
Sin Permiso (29-10-09)

“Las cosas que comunalmente pertenecen a todas las criaturas que viven de este mundo son éstas: el aire, el agua de la lluvia, el mar y su ribera.
No se puede edificar en la ribera de modo que se embargue el uso comunal de la gente.”Alfonso X el Sabio. Siete Partidas, texto del siglo XIII

La costa es un recurso totalmente estratégico para el país, tanto desde el punto de vista económico como social y ambiental. Las fuertes presiones que gravitan sobre la costa han originado un importante y rápido deterioro de los ecosistemas que está ocasionando una fuerte disminución del capital natural y de los servicios que origina a la comunidad. Además está suponiendo una privatización de recursos comunes que beneficia solo a unos pocos y es además una grave amenaza para los propios sectores económicos afectados (una masiva construcción supone un grave riesgo para el turismo).

El litoral es un recurso de muy compleja gestión: comprende unos 500 municipios, 23 provincias y 10 Comunidades Autónomas. Los 8.000 kilómetros de litoral delimitan una pequeña franja territorial, del orden del 4,25% de la superficie del país (hasta los primeros 5 km.), pero que en cambio concentra el 30% de la población. Sobre esta franja descansan además varios sectores clave de nuestra economía, de los cuales el principal es el turismo (el 80% de los 55 millones de turistas que visitan España va al litoral), pero entre los que también están sectores como la pesca, la acuicultura, el uso recreativo, determinado tipo de agricultura, energías renovables, etc. Si se añade la existencia de algunos valiosos espacios protegidos (como Doñana o el delta del Ebro), estamos delante de uno de nuestros más valiosos recursos estratégicos.

Sin embargo en los últimos 20 años la presión sobre este recurso ha aumentando dramáticamente a través de la ocupación masiva del territorio, que ha avanzado a un ritmo frenético desde la Costa Brava hasta las de Cantabria y el País Vasco, afectando negativamente a la funcionalidad física y ecológica del litoral. En efecto, con los datos del proyecto Corine Land Cover obtenidos a partir de imágenes de los años 1987, 2000 y 2005 se observa que el ritmo de construcción en la costa en los dos primeros kilómetros de litoral se multiplicó por4 entre el periodo 1987-2000 y el periodo 2000-2005, pasándose de un crecimiento de superficie artificial de 1.520 ha. anuales en el primer caso (excluyendo las Islas Canarias) a uno de 6.152 ha. anuales en el siguiente periodo. La media entre 1987 y 2005 fue de 2.800 ha. anuales, o lo que es lo mismo un ritmo de 8 ha./día transformadas.

Para analizar este tipo de procesos se suele utilizar lo que se conoce como un modelo de presión-estado-respuestas, propuesto por la OCDE y la AEMA (Agencia Europea de Medio Ambiente) y que permite detallar y tener en cuenta las principales fuerzas motrices, los impactos -irreversibles en muchos casos-, las presiones, el papel del Estado y las respuestas de las administraciones y la sociedad civil. Partiendo de indicadores básicos para la franja del litoral, como el incremento de la superficie artificial o la pérdida o ganancia de ecosistemas clave, se analiza las respuestas y estrategias llevadas a cabo por los diferentes niveles de la administración.

Así, se observa como el modelo de ocupación del litoral se ha caracterizado por cinco fases, vinculadas al ciclo de desarrollo urbanístico en la costa:

exploración
creación de infraestructuras
expansión
intensificación
maduración y saturación,

donde políticas públicas como la realización de infraestructuras de alta capacidad, la habilitación de nuevos aeropuertos de bajo coste o de grandes superficies comerciales, o la declaración de espacios protegidos han jugado un papel clave en la configuración del espacio en gran parte del Mediterráneo (en comunidades como Catalunya o la Comunidad Valenciana la superficie artificial en los dos primeros kilómetros de litoral alcanza ya casi un 40% del total, mientras que entre 1987 y 2005 hay provincias como Huelva o Valencia que han más que duplicado su superficie artificial a lo largo de esos dos primeros kilómetros).

El mecanismo por el que se ha llegado a esta situación y que sigue amenazando una parte importante del litoral español es claro: aumento de presión de la construcción, aumento de presión turística, degradación del patrimonio ambiental y de la calidad de vida y finalmente abandono del turismo por otros entornos mejor conservados. Algunos municipios han multiplicado el número de viviendas por 10 o por 100 sin los necesarios servicios públicos existentes (guarderías, hospitales, centros de ocio) pero también sin depuradoras de aguas residuales, adecuada gestión de residuos, etc., situación que ha generado urbanizaciones que la mayor parte del año acaban quedando vacías.

Y la única alternativa desarrollada hasta el momento es también conocida: control de la construcción bajo parámetros razonables, mantenimiento de los recursos ambientales y de la calidad de vida también bajo estándares razonables, buscando el consiguiente mantenimiento del turismo y de los procesos productivos tradicionales (como la pesca).

Ha sido pues la falta de planificación, de transparencia y de rendición de cuentas el principal peligro para la sostenibilidad de este frágil ecosistema. Y si bien es cierto que podemos encontrar ejemplos de buenas prácticas en algunas CCAA, Consejos Insulares y municipios, es evidente que la mayor parte ha evolucionado hacia pautas menos sostenibles.

A estos hechos hay que añadir, en un escenario previsible de cambio climático, los procesos de “rigidización” del Mediterráneo y de “mediterranización” del Cantábrico, que pueden hacer peligrar importantes zonas urbanizadas en áreas con escasez de agua, así como los riesgos en urbanizaciones cercanas al mar producidos por una subida del nivel del mar y del cambio en la dinámica litoral. Será pues necesario estudiar zona a zona cuales pueden ser los impactos esperables.

Lúgubres perspectivas futuras

Aunque la actual crisis económica ha motivado una fuerte reducción en el ritmo de urbanización y construcción del litoral, existe un importante riesgo de que el propio proceso de recuperación económica, tal como ha sido concebido, vuelva a poner en marcha un mecanismo de privatización y apropiación de nuestra costa, pues la principal amenaza para su futuro es la superficie recalificada y ya declarada como urbanizable (aunque no esté urbanizada) y la realización de nuevas y mayores infraestructuras – casi siempre públicas – que permiten posteriormente la colonización mediante desarrollos urbanísticos.

Si, a modo de ejercicio de simulación, se proyecta hacia el futuro las tasas de cementación del litoral mencionadas al inicio de este artículo, se observa como transcurridos solamente 104 años será la totalidad de la costa mediterránea la que ya estará 100% edificada, escenario que alcanzará a la costa atlántica-sur tras 184 años y a la atlántico-cantábrica tras 457.

El peligro de estos rápidos aumentos de la superficie artificial, que implican una superación de la capacidad de carga en numerosos puntos concretos, tiene además una materialización bien clara en términos de la pérdida de las funciones y los servicios que producen estos ecosistemas. Se trata de una amenaza directa a la sostenibilidad futura de nuestro entorno: a la sostenibilidad social (con la desconexión y la falta de servicios públicos en las urbanizaciones salidas de la nada), económica (agotamiento y destrucción de un recurso finito en el plazo de unas pocas generaciones, el sector turístico enfrentado y eventualmente expulsado por el de la construcción) y ambiental (cambios en la dinámica litoral, “rigidización” de la costa, pérdida de biodiversidad, etc.).

España tiene todavía una de las costas más diversas y excepcionalmente valiosas de Europa. El potencial de uso de los recursos naturales, la biodiversidad, el propio desarrollo de los sectores económicos y también la calidad de vida de las generaciones actuales y venideras están determinados por el alcance y los modos de esta ocupación del litoral, razones más que suficientes para cargarnos con la responsabilidad de llevar a cabo una gestión racional e inteligente. Dicha gestión implicaría una consideración del recurso como público, una coordinación de los diferentes niveles administrativos, una integración de políticas que afectan al litoral, un aumento de zonas protegidas (tanto en superficie terrestre como marina), de limitación de superficies a construir y, en definitiva, una visión basada en la sostenibilidad que considerara el litoral no como un recurso a explotar pero que no es renovable, sino como una recurso que es necesario conservar para las generaciones futuras bajo determinados criterios de funcionalidad, diversidad y justicia.

* Fernando Prieto del Campo es profesor de Ecología en la Universidad de Alcalá y asesor científico de SOS Paisajes de Mar. Xavier Fontcuberta Estrada es licenciado en Economía por la Universidad de Barcelona, experto en evaluación de políticas públicas y miembro de la Red Renta Básica.

 

 

El dólar, o lo que venga después

Juan Torres López
Sistema Digital (28-10-09)

A pesar de las masivas intervenciones realizadas por bancos centrales asiáticos para evitarlo, el dólar se deprecia a pasos agigantados en los mercados internacionales.

La caída es la consecuencia de tres factores principales: la debilidad de la economía norteamericana que provoca déficit gemelos y aumentos constantes del endeudamiento, la inyección ingente de dólares que está llevando a cabo la Reserva Federal para estimular a la economía y para tratar de aliviar la descapitalización de la banca y, por último, los movimientos especulativos que llevan a endeudarse en dólares aprovechando que baja su cotización. Y los bancos asiáticos, por su parte, tratan de que no baje más para evitar que se aprecien sus monedas y eso frene aún más sus exportaciones debilitadas por la crisis .

Ambas fuerza se combinan dando lugar a una perturbación cambiaria que en realidad es muy natural que acompañe, como ha pasado en otras ocasiones, a una crisis financiera como la que estamos viviendo.

Pero la situación del dólar expresa algunos otros problemas y apunta tendencias que seguramente vayan a obligar a realizar cambios de rumbo en los próximos tiempos.

En primer lugar hay que reconocer que la depreciación del dólar es la manifestación inevitable de un declive de la economía estadounidense que ya se hace crónico y seguramente insostenible. En realidad, la depreciación es un instrumento proteccionista más (una de esas prácticas que los poderosos dicen que nadie debe utilizar porque atenta contra la libertad de mercado pero que ellos realizan siempre que les conviene), y como tal un signo inequívoco de que compensan su debilidad económica con su poderío político y en este caso imperial.

Es cierto que cuando la moneda de un país actúa como de reserva en los intercambios internacionales es casi inevitable e incluso necesario que ese país genere déficit prácticamente continuos porque debe proporcionar la constante y creciente liquidez que satisfaga la demanda de esa divisa que hacen los demás países. Pero aún siendo así, es preciso también que haya un cierto equilibrio y ponderación, que la moneda de reserva disponga de suficiente cobertura y que los déficit no sean excesivos para que la moneda no pierda credibilidad como reserva ni un valor excesivo.

Y lo que quizá esté ocurriendo es que ya se haya hecho excesivamente notorio que el dólar se mantiene como moneda de reserva por inercia (porque quienes tienen sus reservas en dólares no tienen más remedio que tratar de que no pierda más valor) y gracias al poder imperial de Estados Unidos, y no por su pujanza económica.

Al mismo tiempo, y en gran medida como consecuencia de lo anterior, la tensión sobre el dólar obliga a plantear si hoy día su mantenimiento como moneda de reserva es compatible con la estrategia de multiplicar ad infinitum el endedudamiento que alimenta la cuenta de resultados de la banca, el apalancamiento generalizado o, por decirlo de otra manera más clara para todos, con la multiplicación ficticia del capital como base de los negocios internacionales. Un procedimiento cuyo riesgo sistémico ha puesto de evidencia la crisis pero que, con independencia del frenazo coyuntural que ésta ha ocasionado, nadie parece cuestionar de modo efectivo.

Otro de los factores que está provocando la depreciación del dólar es, como he señalado, el extraordinario crecimiento de la base monetaria en Estados Unidos y la cantidad billonaria de dólares que las autoridades están haciendo llegar a los flujos financieros. La cuestión que esto plantea se puede contemplar desde dos puntos de vista. Por un lado, suponiendo que a Estados Unidos no le preocupe que esa inyección provoque depreciación porque quizá solo de esa forma pueda evitar la deflación y un periodo extraordinariamente prolongado de ralentización económica. De esta hipótesis se derivaría, sobre todo si la situación se prolongase, una amenaza quizá de muerte para el dólar o la necesidad de un gran salto adelante en el resto del mundo para poner en marcha políticas mucho más expansionistas y asumir un liderazgo alternativo al de Estados Unidos que no creo que sea algo viable, material ni ideológicamente, en un horizonte próximo, y que en el marco no cooperativo que más bien predomina produciría posiblemente una gran tensión inflacionista. Lo que llevaría a concluir que quizá los propios Estados Unidos podrían liderar una estrategia de recambio orientada a establecer nuevas condiciones en el sistema de reservas internacionales.

La segunda hipótesis es que Estados Unidos logre reactivar su economía antes de lo previsto y que, por el contrario, se enfrentase a una fuerte presión inflacionista si se produce un desbordamiento de los fondos inyectados en el circuitos financieros hacia la economía productiva, que no creo que los pudiera metabolizar sin infinidad de problemas.

Si hubiera que apostar, más bien creo que lo haría por la continuidad del debilitamiento del dólar que irá acompañado, eso sí, de nuevas intervenciones in extremis principalmente de los bancos asiáticos y también de demandas cada vez más insistentes de creación de una nueva moneda de reserva internacional. La duda es si Estados Unidos tendrá fuerza para hacer frente a los órdagos que a va ir recibiendo o si antes o después renuncia al privilegio de mantener su moneda como la de reserva internacional.



Obama lo empeora. Farsa en Kabul, tragedia en Paquistán

Tariq Alí *
Sin Permiso (28-10-09)


Hace unas pocas semanas el jefe de la ONU en Kabul, un noruego tarugo, decidió que las recientes elecciones presidenciales fueron correctas y que Karzai era un gobernante legítimo. Su adjunto, Peter Galbraith, el representante no oficial del Departamento de Estado, montó en cólera (ya que los EEUU están descontentos con su propia criatura, Karzai) y se hizo público. [Galbraith] fue despedido.

Pero las historias que tratan de los representantes de los EEUU y la ONU nunca acaban de esta manera. Ayer (19 de octubre), el organismo de control electoral de la ONU dictaminó que las elecciones habían sido fraudulentas y ordenó una nueva ronda. Las montañas del Hindu Kush deben haber retumbado por las carcajadas de los Pastún.

Nadie en Afganistán se toma las elecciones demasiado seriamente y sobre todo cuando el país está ocupado por los EEUU y sus acólitos de la OTAN. En los viejos tiempos hubieran echado del trabajo a Karzai, tal como lo hacían con los dictadores de Vietnam del Sur que eran demasiado chapuceros.

Karzai ha sido un desastre total, como lo ha sido la ocupación que lo impuso en Kabul. Ahora con una guerra que va de mal en peor y con los insurgentes controlando grandes franjas del territorio, Karzai está siendo el chivo expiatorio por los pecados de los que no es el único responsable.

Una solución que está siendo considerada es el nombramiento de un Director Ejecutivo de EEUU-ONU y aquí Peter Galbraith podría ser la opción obvia. Esto sería la solución menos complicada, y el Director Ejecutivo podría nombrar un gabinete en donde todos los canallas compartirían el botín del comercio del opio y una tajada del dinero que se gasta en el país, rompiendo así el monopolio financiero de la familia Karzai.

La única razón de la humillación pública de una marioneta leal es su negativa a compartir poder y dinero con otros colaboradores. Si se le permite permanecer en el poder, mi predicción es que estará más dispuesto a compartir. No es que eso vaya a resolver los problemas por la ausencia de una estrategia de salida de la región de la OTAN.

Mientras que la farsa se interpreta en Kabul, en el vecino Paquistán la situación se ha vuelto más mortífera. El Gobierno de Zardari (conducido en realidad por la embajadora de EEUU Anne W. Paterson) ha ordenado al ejército de Paquistán que extermine a los talibanes en el Sur de Waziristan, cerca de la frontera afgana.

Eso fallará también. Más inocentes morirán, se creará más refugiados para agregar a los dos millones de “personas internamente desplazadas” que ya viven en los campamentos. El resultado será un amargo legado, que alimentará el odio y los ataques de venganza en la región y, alarmantemente, creará nuevas tensiones dentro del ejército paquistaní.

Incapaz de comprender que es la guerra afgana derramada dentro de Paquistán lo que ha exacerbado la crisis en Paquistán, las directivas de la administración Obama sólo empeorarán las cosas.

* Tariq Ali es miembro del consejo editorial de SIN PERMISO. Su último libro publicado es The Duel: Pakistan on the Flight Path of American Power[hay traducción castellana en Alianza Editorial, Madrid,2008: Pakistán en el punto de mira de Estados Unidos: el duelo].

Traducción para www.sinpermiso.info: Daniel Raventós




Cuaderno de crisis: España. Impuestos

Albert Recio
Mientras Tanto (28-10-09)


I. Como otros muchos elementos económicos, los impuestos juegan papeles muy diversos. En las sociedades antiguas casi siempre se limitaban a constituir una forma de extracción del excedente en beneficio de los detentadores del poder político. A medida que las luchas democráticas impusieron cambios en el funcionamiento del Estado y se ampliaron derechos sociales, el papel de los impuestos se hizo más complejo. Bajo ciertas condiciones, constituyen uno de los mecanismos que ayudan a garantizar la consecución de logros sociales importantes. Por ello cualquier discusión sobre impuestos debe analizar esta complejidad de determinantes y debe considerarla en relación al modelo social en el que se insertan los impuestos.

Hay diferentes formas de abordar la cuestión. La más usual entre la izquierda es la de considerar su influencia sobre la distribución de la renta. ¿Quién paga y qué efectos tienen sobre las desigualdades sociales? La primera pregunta es más fácil de analizar que la segunda, pues basta estudiar el origen de las rentas que sostienen impuestos para tener una visión aproximada de cómo se reparte el esfuerzo fiscal. La segunda es más compleja porque el efecto final depende no sólo de la estructura impositiva sino del tipo de gastos a los que se dedican los ingresos obtenidos con los mismos. Un análisis del presupuesto da bastantes pistas en el trazo grueso, pero la enorme variedad de gastos en los que incurren los estados modernos hace a veces difícil un diagnóstico certero. Por poner un ejemplo, el gasto educativo ha sido casi siempre presentado como un factor promotor de igualdad social, pero la existencia del doble circuito escolar (público-privado/concertado) y el peso del gasto en educación superior obligan a analizar con más detalle si los que reciben más recursos educativos son los pobres o los ricos.

Limitándonos sólo a la cuestión de ingresos resulta evidente que un sistema puede ser más o menos regresivo en función del modelo impositivo que aplica: mayor o menor peso de los impuestos directos, progresividad de los mismos, capacidad de imposición de determinadas rentas (peso de la economía sumergida, de la evasión fiscal), estructura de los impuestos sobre el consumo (gravando proporcionalmente más o menos a los productos de primera necesidad o a los bienes de lujo). El análisis del sistema impositivo español muestra que éste es enormemente inicuo. Las sucesivas reformas fiscales (incluidas las autonómicas) han reducido el peso de los impuestos directos, han reducido su progresividad, han eliminado o minimizado la tributación sobre rentas no ganadas (patrimonio, sucesiones, donaciones) y han generado un diferente tratamiento fiscal a las rentas del capital y del trabajo. Hoy sabemos que el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas es prácticamente un impuesto sobre las rentas salariales.

Esta enorme iniquidad fiscal ha sido denunciada insistentemente y exige por sí sola una reforma en profundidad. Pero quedarse sólo en los efectos regresivos de la carga fiscal lleva al resultado paradójico de reforzar las tendencias al recorte de impuestos que precisamente han sido utilizadas con éxito por los representantes de los intereses capitalistas. Discutir de impuestos sólo en clave de reparto de la carga puede acabar por legitimar rebajas demagógicas que acaban favoreciendo a los sectores de rentas altas.

II. Hay otra forma de abordar la cuestión: considerar la relación entre los impuestos y el peso económico del presupuesto (habitualmente medido como porcentaje del PIB). A menudo se pasa por alto que la alternativa a la provisión de bienes y servicios por el mercado es la provisión pública. Y que cuando se gravan impuestos y éstos sirven para financiar servicios públicos estamos cambiando la provisión vía mercado (en la que lo crucial es la cantidad de recursos económicos que cada uno tiene) por la provisión a través del sector público (en la que la provisión depende de la forma como se distribuyen los derechos de acceso). De la misma forma que en una economía de mercado sólo reciben rentas aquellas personas que consiguen vender algo (la mayoría su fuerza de trabajo, una dotación que tenemos todos los humanos pero para la que cuesta encontrar un precio de compra razonable), el acceso a rentas monetarias públicas depende de nuevo de las particulares normas definidas por las políticas públicas. Como regla general, podemos observar que en los países con mayor carga impositiva (especialmente en el caso de los países nórdicos) el mercado tiene un papel menor en la provisión de servicios y rentas, y se dan niveles mayores de bienestar (de acuerdo con un amplio abanico de indicadores) y menores de desigualdad.

También un repaso a nuestra historia reciente indica que el aumento de impuestos es una vía para mejorar el bienestar. La economía política del franquismo tenía entre sus características una baja fiscalidad. La contrapartida era una casi nula provisión de bienes públicos. Llevo treinta y cinco años residiendo en un barrio obrero de la ciudad de Barcelona. Y recuerdo bien cuál era el nivel de dotaciones de la época: calles sin asfaltar, inexistencia de zonas verdes, de institutos (en un distrito de unas 200.000 personas), de un solo ambulatorio, de transporte público.... Coincido con la opinión de la mayoría de mis vecinos y vecinas de que desde el punto de vista urbanístico nuestra historia colectiva ha sido un éxito. Sin duda un factor crucial lo ha constituido la persistente lucha reivindicativa, el protagonismo de la gente, pero esa lucha no habría tenido ninguna posibilidad de victoria si no se hubiera dado en un contexto de expansión de la recaudación fiscal propiciada por las reformas iniciadas a finales de la década de los setenta. La historia de Nou Barris no es distinta de la mayoría del resto de poblaciones del país. Nuestra queja sigue siendo no menos sino más servicios y provisiones públicas, y éstas se sostienen con políticas adecuadas tanto de gasto como de ingresos.

De esta segunda perspectiva se extrae una respuesta diferente. No sólo hacen falta impuestos más justos, también es crucial un aumento general de la imposición que reduzca el nivel de mercantilización de la economía y permita reforzar la provisión de políticas públicas y de medidas redistributivas. El argumento, en mi opinión miope, en contra de estas políticas es que los mayores impuestos reducen el nivel de compra de los sectores sociales más débiles. Pero esto sólo ocurre si la subida no trae asociada una ampliación de rentas sociales (en dinero o en especie). De hecho, en alguno de los países que muestran menores niveles de desigualdad social, especialmente Dinamarca, el nivel de desigualdades en la distribución primaria de ingresos es parecido al español (en gran parte debido al empleo masivo de mujeres a tiempo parcial) y, a pesar de ser un país en el que los impuestos indirectos son elevados, su nivel final de desigualdad (y de pobreza) es sustancialmente inferior al nuestro. No pretendo defender el modelo danés, simplemente subrayar que si el objetivo es reducir las desigualdades lo crucial es la combinación adecuada entre ingresos y gastos públicos y, en general, cuando mayores son los primeros mayor es el espacio de maniobra para gastos sociales.

Hay una cuestión adicional a considerar al respecto. La desmercantilización no sólo es necesaria para reducir las desigualdades y proveer de servicios. También lo es para promover una restructuración ecológica de la producción y el consumo. Reducir las pulsiones consumistas y generar una sociedad más creativa depende también de cambiar las formas de provisión de necesidades y ello suele requerir casi siempre importantes recursos públicos, por ejemplo para cambiar el modelo de transporte o el modelo de ocio.

Pagar más impuestos sin duda no resuelve las cuestiones. Si van en beneficio de unas pocas élites (como pasó en el “Ancien Regime”) o se emplean prioritariamente en actividades antisociales (como es el caso de los países que optan por políticas militaristas, como EEUU) el resultado social es un desastre. Pero la única posibilidad de reforzar políticas públicas justas y eficientes es aumentando su papel en la distribución de la renta. Por ello resulta de una miopía extrema que sectores de la izquierda se limiten a criticar la (indudable) iniquidad de nuestro sistema fiscal y abandonen un discurso necesario en defensa de “más y mejores impuestos”. Sin duda, la otra parte de esta política es la defensa de programas de gasto con sentido social.

III. Los impuestos juegan un tercer papel. Al encarecer ciertas rentas y productos afectan al funcionamiento del mercado. Por ello la tercera cuestión que hay que plantearse es, especialmente en el caso de los impuestos indirectos, dónde deben colocarse para mejorar la eficiencia social.

Por ahí va, en parte, la propuesta de impuestos ecológicos diseñada para penalizar y encarecer el uso de determinados bienes o procesos (aunque en algunos casos un impuesto ecológico desanimara realmente la compra de un determinado producto tendría un efecto recaudatorio inapreciable). Y también ha justificado en muchos países el elevado gravamen a productos como el alcohol, el tabaco o la gasolina (sin que haya desanimado su consumo masivo). En esto, España es también uno de los países europeos con un nivel más bajo de gravamen, lo que en definitiva se traduce en una promoción del transporte privado en relación al colectivo. Si los impuestos influyen sobre los precios, es posible introducir algún tipo de progresividad mediante cuotas diferentes a productos de lujo. O gravar más aquellos productos cuyo consumo y producción tiene importantes costes sociales para el conjunto de la sociedad. En una estrategia fiscal de conjunto ésta es otra vía a desarrollar.

IV. En resumen, hay que estar a favor de una reforma impositiva que aumente el peso del sector público, mejore la equidad en la contribución y grave más que proporcionalmente actividades de lujo o con un elevado coste social. La contrapartida de esta estrategia de aumento de impuestos es el desarrollo de políticas sociales, tanto de renta como de servicios. Considero que los discursos desde la izquierda que no contemplan estas cuestiones en conjunto carecen de una visión estratégica adecuada. Cuando el acento se pone sólo en la injusticia del modelo, se acaba por abonar la vieja ideología de la derecha de cuanto menos impuestos mejor. En un momento donde es obvio que resulta esencial la expansión de lo público, por razones sociales y ecológicas, sólo me parece aceptable un discurso que plantee la equidad en un contexto de expansión de la fiscalidad. Y que se comprometa con un modelo de gasto público socialmente eficiente.

No creo que la actual propuesta de aumento de impuestos cumpla estas condiciones (ni por lo que he podido leer la respuesta de Izquierda Unida, sólo centrada en mejorar la progresividad del IRPF). Sobre todo porque se plantea no como una oportunidad para ampliar el espacio público e introducir políticas sociales más ambiciosas, sino como una mera necesidad para recuperar la recaudación perdida con la crisis y el derrumbe de la economía del ladrillo y el cemento. Lejos de presentar un aumento de impuestos como una vía para cambiar el modelo, se legitima sólo como una necesidad eventual para cubrir los gastos. En gran medida es deudora de las imposiciones del Plan de Estabilidad de la Unión Europea, obsesionada en frenar el crecimiento de lo público. Seguramente lo racional en el contexto actual es permitir un mayor endeudamiento público a corto plazo. La obsesión por cerrar cuanto antes el déficit puede significar lo contrario de lo que se pretende: frenar la inversión pública y todas las políticas que deben acompañar la difícil reestructuración de nuestro sistema productivo. Un error que ya tiene precedentes históricos, como el del primer mandato de Roosevelt, donde también se combinaron planes expansivos y aumentos de impuestos (por desgracia tuvo que ser la guerra la que facilitó un cambio de enfoque).

La timidez en la política fiscal no sólo nace de la ortodoxia del presupuesto equilibrado. Nace del miedo a soliviantar al capital, a generar migraciones masivas de inversores, a ser castigados por los prestamistas internacionales. En suma, por la incapacidad de cortar con las reglas del juego que han llevado a esta situación, de introducir reformas que reviertan el peso excesivo que ha alcanzado el sector financiero y la capacidad desestabilizadora que genera la libre circulación de capitales. Defender más y mejores impuestos lleva también a plantearse la necesidad de transformación a fondo del sistema financiero. Algo que por ahora ningún gobernante se ha atrevido a proponer en serio. Por ello, una izquierda que se precie tiene que tener el valor de plantear la necesidad de un salto fiscal: para reducir el peso excesivo del mercado y posibilitar políticas sociales y cambios en el consumo y la producción como los que exige el marasmo social y ecológico en el que estamos inmersos.

 

 

Zapatos o sandalias

Emir Sader *
Sin Permiso (27-10-09)


“Mejor un mafioso de zapato que un ignorante de sandalia”. El comentario prejuicioso fue hecho por una mujer blanca, en el vuelo de Santa Cruz de la Sierra a Cochabamba. Da una idea del sentimiento de esa minoría blanca, que siempre gobernó Bolivia durante siglos, al sentir que el país les fue expropiado por las manos de la gran mayoría de pueblos indígenas – 64 por ciento de la población se reconoce como indígenas – aymaras, quechuas, guaraníes o de otras nacionalidades, los que nunca llegaron al gobierno.

En la época de la campaña electoral había una caricatura en un diario boliviano, en que cuatro mujeres jugaban a las cartas, cuando una de ellas pregunta:

-¿Puede un indio ser presidente?

A lo que la otra responde:

-Sí, de la India.

La forma habitual de referirse a Evo Morales, presidente de la República, es llamarlo “ese indio de mierda”. El año pasado, en la plaza central de Cochabamba, estudiantes blancos sometieron violentamente a indias e indios a vejámenes públicos. El racismo de la derecha, de la prensa y de los gobiernos de la región oriental es extremo.

Ese sentimiento se agudizó cuando las encuestas electorales confirmaron lo que las elecciones del año pasado ya habían revelado: el gobierno de Evo Morales goza de amplia mayoría en el país y esta vez puede conseguir no solo la reelección y repetir la mayoría en la Cámara de Diputados, sino conquistar la mayoría del Senado, tal vez hasta con los dos tercios. La oposición, derrotada políticamente, concurre con varios candidatos, siempre muy atrás – asimismo sumados – de la votación prevista a favor de Evo.

Uno de ellos, también candidato en las elecciones pasadas, Samuel Doria, es dueño de la marca Burger King en Bolivia. Su lema, pintado en las paredes de Cochabamba es: “Pongamos a Bolivia a trabajar”. Expresa otro prejuicio: el de que la región occidental del país, donde está La Paz y los estados con mayoría aplastante de indígenas, viven del Estado, de políticas sociales, de subsidios, etc. mientras que el dinamismo y el trabajo corren por cuenta de la región mayoritariamente blanca, la región oriental.

Después de tentativas de deslegitimación del gobierno, promoviendo proyectos autonómicos en las provincias, de forma violenta, la derecha fue derrotada en la consulta sobre la confirmación de mandatos en agosto pasado. Ante a los resultados promovió actos violentos de ocupación de predios del gobierno federal, agresión a funcionarios públicos, hasta que uno de los gobernadores de la región oriental, del Estado de Pando, reprimió una movilización de campesinos, matando a varios de ellos. Eso por sí mismo generó su aislamiento, pero el gobierno pasó a la ofensiva, con la prisión del gobernador y una gran movilización de 100 mil personas, en La Paz, dirigida por Evo Morales. La oposición pasó a la defensiva, derrotada políticamente. Uno de los reflejos de esa derrota es no haber logrado unificarse y presentar varios candidatos.

La victoria de Evo Morales, con mayoría – con la posibilidad de llegar a los dos tercios del Senado – permitirá que todo el proceso, recién iniciado, de refundación del Estado boliviano, con el nuevo andamiaje legal que eso requiere, pueda ser realizado conforme a las orientaciones del gobierno. La derecha todavía no está derrotada económicamente, dispone de gran poder económico – aunque debilitado – y del poder mediático, gracias al monopolio que ejerce, tal como ocurre en otros países del continente.

Pero, a tres años y medio de su primera elección, el gobierno boliviano camina seguro hacia su consolidación. Elabora en este momento una ley de gestión pública del nuevo Estado multinacional y autonómico, avanzando en el proyecto de refundación del Estado boliviano. El ex presidente Sánchez de Losada - refugiado en los Estados Unidos, con pedido de extradición por el gobierno boliviano para responder ante la Justicia por las decenas de muertes de las que se responsabiliza a su gobierno, cuando intentaba evitar su caída - representa bien el “mafioso con zapato”. Evo, de sandalias, la sabiduría indígena, campesina, popular, que para los prejuiciosos racistas aparece como ignorancia.

* Emir Sader es miembro del Consejo Editorial de SinPermiso.
Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez



Brasil, el FMI y el Banco Mundial
Cuando Lula dice que ahora el FMI y el BM cambiarán las reglas de juego para proteger el medio ambiente y ayudar a los países pobres exhibe una hipocresía sin límites

Andrés Soliz Rada
La Haine (27-10-09)


Brasil, al convertirse en acreedor del FMI e incrementar sus votos en el Banco Mundial (BM), se ha asociado a las naciones opresoras que estrangulan a las naciones oprimidas. El FMI y el BM organizan, monitorean y vigilan el orden mundial que imponen las grandes potencias. Son la parte informal del gobierno de EEUU y eficaces centinelas del Consenso de Washington, instaurado al disgregarse la URSS. Son, junto con la Organización Mundial de Comercio (OMC), los “fieles perros guardianes” del imperialismo (Atilio Borón).

La actual crisis económica mundial, con sus monstruosas quiebras bancarias, hizo temer (temor aún latente) un descontrolado colapso financiero. En ese escenario, los poderosos de siempre abren las puertas a un país emergente como Brasil, a fin de parchar las grietas del sistema. No es verdad, como dijo Lula, que ahora su país dictará las reglas al FMI y del BM. El mencionado ingreso no altera el equilibrio de poder dentro de ambas instituciones, en las que EEUU mantiene de facto su derecho a veto.

Lo cierto, sin embargo, es que Brasilia ha fortalecido su influencia en América Latina,

en tanto EEUU y la Unión Europea han preferido compartir su poderío con Brasil, como lo hicieron antes con China, en la OMC. Es mejor distribuir la plus valía de la periferia, a cambio de prolongar el dominio imperial. Antes de conocerse la decisión brasileña, el Presidente Correa denunció que el FMI busca provocar un cataclismo social en Nicaragua, ya que una solicitud de crédito de 90 millones de dólares fue condicionada a la supresión total de subsidios, congelamiento salarial y rentas a jubilados. Como siempre, se exige control inflacionario, ajuste presupuestario, contracción económica, liberalización comercial y financiera, privatización de servicios básicos y recursos naturales, garantía ilimitada a las inversiones extranjeras y debilitamiento de los Estados nacionales.

Cuando Lula dice que a partir de ahora el FMI y el BM cambiarán las reglas de juego para proteger el medio ambiente y ayudar a los países pobres exhibe una hipocresía sin límites. Recuérdese que ya privatizó un tercio de la amazonía y vende enormes volúmenes de etanol a EEUU. Su respaldo al FMI y al BM incrementará la ingerencia transnacional en el MERCOSUR e impedirá que el Banco del Sur despliegue sus nacientes potencialidades. Y todo a nombre del abnegado pueblo brasileño.

La decisión de Lula coincide con la declaración de nueve gobiernos del ALBA, que avanzan en su integración soberana y en la creación de una moneda común. La realidad muestra que la integración latinoamericana no podrá hacerse con Brasil sino contra su gobierno y los demás centros de poder mundial. De manera paradójica, Bolivia pedirá al BM diez mil millones de dólares para su industrialización. La misma cantidad que Brasil transferirá al FMI para cortar afanes industrialistas.

El FMI prometió inmediata ayuda al golpista Carmona que derrocó a Chávez por algunas horas el año 2002. Cuba organizó decenas de foros contra la deuda externa, tutelada por el FMI y el BM. Correa y Ortega denuncian nuevas agresiones. ¿Por qué el ALBA guarda silencio frente a la decisión de Lula? Fidel Castro ha manifestado su alegría por la designación de Río de Janeiro como sede de las olimpiadas del 2016. También alabó el poderío bélico e industrial de China. Sería importante que ahora se pronuncie sobre la nueva relación de Brasil con el FMI y el BM y sobre los métodos usados por China para controlar recursos naturales en África, los que no tienen nada que envidiar a los usados por las transnacionales de Occidente.




Afganistán como problema

Alberto Piris
Pensamiento Crítico (27-10-09)


Afganistán está otra vez en las portadas de los diarios españoles. Pero es de lamentar que, con mucha frecuencia, los análisis publicados en los medios de difusión general apenas arañan la superficie del problema. Se discute en ellos si conviene o no enviar allí más soldados españoles; se exige al Gobierno que aclare públicamente cuál es la misión real que éstos han de cumplir; algunas voces irritadas se desgañitan desde la oposición, quizá para ocultar la corrupción omnipresente que les aqueja, reclamando que se acepte que “estamos en guerra”, como si con esto descubrieran el Mediterráneo; y desde otras posiciones, algo más próximas al meollo de la cuestión, se pregunta qué es lo que a España se le ha perdido en tan lejanas tierras y por qué nuestros soldados se despliegan allí, combaten, matan y mueren si la suerte les es adversa. ¿Por qué ayudar al pueblo afgano –se preguntan– y no al de Malí o Senegal, sin ir más lejos, cuyos emigrantes sí tienen incidencia directa en la sociedad española?

Para responder a todo esto se prescinde, a menudo, de considerar cuáles son las raíces del problema. Una de éstas es la obsesión por la seguridad interior de EE UU, que desde el fin de la Segunda Guerra Mundial ha sido el motivo central de su política. Esa obsesión entró en crisis cuando se desvaneció la Unión Soviética y era difícil definir un enemigo “absoluto” contra el que gobernar a un pueblo tan acostumbrado a vivir bajo el sucesivo temor a los comunistas infiltrados, a los ataques nucleares rusos o a los inmigrantes ilegales.

Se cumplen ocho años desde que la invasión militar expulsó de Afganistán a los dirigentes de Al Qaeda, considerados responsables de los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra Nueva York y Washington. A partir de ahí los errores se acumularon. La prepotencia del Pentágono y la orgullosa ceguera del equipo político que arropaba al presidente Bush desencadenaron una cruzada contra el terror que, equivocándose de objetivo, se orientó contra Iraq y olvidó temporalmente a los talibanes afganos y a Al Qaeda. La servil aquiescencia de algunos gobernantes europeos (entre los que Aznar y Blair ocupan lugar destacado, sin olvidar al anfitrión de la nefasta reunión de las Azores, Durão Barroso, que va a renovar su condición de presidente de la Comisión Europea) contribuyó al más grave error estratégico que las fuerzas armadas de EE UU han cometido en toda su historia bélica, atacando al enemigo erróneo y perdiendo en ese empeño toda la credibilidad y el apoyo que EE UU inicialmente había concitado como víctima de una brutal e inédita acción terrorista.

Ahora, con la situación de Iraq relegada a un segundo plano –aunque allí sigan explotando bombas y muriendo iraquíes, y aunque el país se encamine hacia un destino incierto–, los ojos se vuelven a Afganistán, donde se pretende repetir el “éxito” iraquí e instaurar una democracia en un pueblo que jamás la ha conocido y que tampoco parece desearla con entusiasmo.

Hace ahora dos años escribí en estas páginas, bajo el título “La trampa afgana”, lo siguiente:

«Afganistán no es un país homogéneo, sino una creación del colonialismo británico de finales del siglo XIX, para aislar su dominio en la India de la Rusia imperial. Además de los pashtunes, que constituyen la mayor minoría étnica (y que pueblan también las zonas fronterizas de Pakistán), hay otros grupos que forman una mayoría no pashtún y que están vinculados con los otros países limítrofes (Irán, Turkmenistán, Uzbekistán y Tayikistán). Estos grupos, ante el temor a una nueva hegemonía talibana, no vacilarían en rearmarse y seguir a sus caudillos militares locales, que podrían ser apoyados desde los citados países y desde otros Estados más o menos interesados en esta zona, como Rusia, India o China.

»Habría que temer, en esas circunstancias, un recrudecimiento de los enfrentamientos étnicos afganos, ante los cuales los contingentes militares de la OTAN, incluido el español, poco o nada podrían hacer sino sufrir los graves efectos de una prolongada y sangrienta guerra civil. Los Gobiernos europeos cuyos soldados prestan hoy en Afganistán funciones de pacificación y reconstrucción deberán valorar esta hipótesis y prever, en su caso, la rápida retirada de los contingentes allí desplegados».

Las circunstancias apenas han cambiado. El remedo de elecciones democráticas que afianzará a Karzai como jefe del fantasmal Gobierno afgano nada supone en el supuesto camino hacia una democracia imposible. Y los esfuerzos del Pentágono y la OTAN por hallar nuevas estrategias milagrosas que tengan éxito allí donde hasta ahora sólo se han cosechado fracasos únicamente parecen dirigidos a salvar la cara de ambas organizaciones militares. La llamada “estrategia de salida” ya no engaña a nadie: se trata de salir de Afganistán y hacerlo del mejor modo posible, dejando que los afganos intenten arreglar el pastel.

En todo caso, que nadie se confunda. Del mismo modo que en el seno del Gobierno talibán afgano anidó y creció la serpiente de Al Qaeda, con el resultado por todos conocido, nada impediría que, incluso con un futuro y soñado Afganistán pacífico y democrático, la hidra creciera de nuevo en cualquier otro país, sea africano o asiático, donde se repitieran las circunstancias que vivió Afganistán en los últimos años del pasado siglo, y el mismo ciclo se reprodujera fatalmente.

 

 

El 4º pilar del bienestar
En España se pone retóricamente a las familias en un pedestal para luego olvidarse de ellas. España es uno de los países europeos que provee menos políticas públicas de apoyo a sus familias.

Vicenç Navarro *
ATTAC Madrid (25-10-09)

En las elecciones legislativas a las Cortes españolas del año 2000, el candidato a la Presidencia del gobierno español, el Sr. Josep Borrell, me pidió que dirigiera la dimensión social del programa electoral de su campaña. Al reunirnos para hablar de las propuestas que debieran incluirse en su programa, el sr. Borrell me pidió mi opinión sobre los mayores déficits existentes en el estado del bienestar español, a lo cual respondí, que uno de los mayores era el escasísimo desarrollo de los servicios de ayuda a las familias, tales como escuelas de infancia para niños de 0 a 3 años y servicios domiciliarios para personas con discapacidades y dependencias. En España se pone retóricamente a las familias en un pedestal para luego olvidarse de ellas. España es uno de los países europeos que provee menos políticas públicas de apoyo a sus familias.

En la mesa donde estábamos había una silla rota, con solo tres patas. Le indiqué al Sr. Borrell que nuestro estado del bienestar era como aquella silla: es decir tenía tres patas. Teníamos el derecho de acceso a los servicios sanitarios, el derecho a la educación y casi el derecho a las pensiones (con el establecimiento de las pensiones no contributivas). Pero nos faltaba la cuarta pata: el derecho de acceso a los servicios de ayuda a las familias. De ahí que utilizando el símil de la silla a la cual le faltaba la cuarta pata, utilice la expresión de que nos faltaba “el cuarto pilar del bienestar” que garantizara tal derecho. Así fue pues como surgió el término que ha hecho amplia fortuna. El Sr. Borrell, uno de los políticos con mayor sensibilidad social en España, aceptó mi sugerencia e incorporó la propuesta en su programa, que el Sr. Joaquín Almunia, que le sustituyó, la hizo también suya. Y cual fue mi sorpresa que, en un caso de mimetismo oportunista, apareció también en el programa del PP, utilizando incluso el mismo término de 4º pilar del bienestar.

Aunque se utiliza ampliamente el término, se ha reducido su significado, incluyendo sólo los servicios de dependencia, habiéndose eliminado de tal derecho el acceso a las escuelas de infancia, lo cual es un gran error. La evidencia científica existente señala que la educación de los infantes a esta edad es de una enorme importancia para su posterior desarrollo intelectual y emotivo. En España no parece haber conciencia de este hecho puesto que incluso se llama a tales centros “guarderías”, como si su función fuera la de guardar o aparcar a los niños mientras los padres trabajan. Y mientras que esta función de guardar a los niños es muy importante, facilitando la integración de la mujer al mercado de trabajo, la función de tales centros debiera ser educativa además de guardería. Y en España estamos muy retrasados. Como promedio sólo el 10% de los infantes en España tienen acceso a las escuelas de infancia públicas. En Suecia es el 58%. El establecimiento del derecho de acceso a tales servicios es de una enorme importancia y urgencia. En España cuando decimos familia queremos decir mujer. Y el escaso desarrollo de los servicios de ayuda a la familia se deben al escaso poder de la mujer en España.

Me dio una gran alegría que, por fin, la Cortes españolas aprobaran la Ley de Dependencia. Y que bajo la hábil dirección del Ministro de Trabajo de entonces, el Sr. Jesús Caldera, se estableciera a lo largo del territorio español. Ha sido una muy buena ley, pero, consecuencia de las políticas liberales del equipo económico del gobierno socialista, ha estado subfinanciada. Ha existido una enorme insensibilidad de los sucesivos gobiernos españoles (tanto conservadores como socialistas) hacia la importancia de la inversión social para, mejorar la calidad de vida de la ciudadanía y también para mejorar la eficiencia económica. En España, inversión pública se ha entendido primordialmente como inversión en infraestructuras físicas (transporte y comunicación, por ejemplo) y educativas, pero raramente se ha tenido una concepción más amplia, incluyendo, por ejemplo, inversión en el 4º pilar del estado (escuelas de infancia y servicios domiciliarios) y ello a pesar de que invertir en tales servicios facilitaría la integración de la mujer al mercado de trabajo, la intervención social más importante para mejorar la economía del país. Si España tuviera el mismo porcentaje de la mujer en el mercado de trabajo que tiene Suecia (donde existe tal derecho) tendríamos 3 millones más de creadores de riqueza y pagadores de impuestos y cotizaciones a la seguridad social, realidad que la mayoría de diseñadores de las políticas económicas ni siquiera entienden. Contribuye más a la riqueza del país, invertir en tales servicios que reducir el tiempo de viaje de Madrid a Barcelona (con el AVE).

Otra consecuencia del escaso desarrollo del 4º pilar del bienestar (no sólo servicios de dependencia sino también escuelas de infancia) es que España tiene la fecundidad más baja del mundo, en contra de los deseos de las familias que nos dicen, a través de las encuestas, que de poder escoger, les gustaría tener dos niños por familia. Hoy tienen, como promedio 1,3, uno de los más bajos de la UE. La mujer joven española retrasa formar una familia y cuando tiene niños tiene menos de los que desea debido a las condiciones del mercado de trabajo y a la ausencia de aquellos servicios que le permitirían compaginar sus responsabilidades familiares con su proyecto profesional laboral. La mujer española lo tiene muy difícil en nuestra sociedad; cuida de los infantes, de los jóvenes (que viven en casa hasta que tienen, como edad promedio 32 años), de los esposos o compañeros, de los ancianos y el 52% trabajan además en el mercado de trabajo. Y todo ello con muy escasa ayuda del estado (y del hombre cuyo apoyo a las tareas familiares es de los más bajos de la UE). No es de extrañar, por lo tanto, que la mujer española, tenga tres veces más enfermedades debidas al estrés que el hombre. Estas son las consecuencias del machismo en España.

* Vicenç Navarro. Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Director del Observatorio Social de España




Obama no está ayudando. Al menos el mundo discutía con Bush
Con todo el amor del mundo, el nuevo presidente ha llevado a las naciones ricas a la negligencia en la acción de principios y a retroceder en los acuerdos sobre el clima

Naomi Klein
Globalízate (25-10-09)


De todas las explicaciones del premio Nobel de la Paz a Barack Obama, la que ostenta la mayor veracidad fue pronunciada por Nicolas Sarkozy (1). “Pone el sello a la vuelta de América al corazón de todas las gentes del mundo.” En otras palabras, ésta fue la forma europea de decir a América, “os queremos de nuevo”, como estas extrañas ceremonias de renovación de votos de las parejas tras tener una áspera discusión.

Ahora que Europa y los Estados Unidos están oficialmente unidos de nuevo, parece apropiado considerar si esto es necesariamente bueno. El comité del Nobel, que adjudicó el premio por el abrazo de Obama a la “diplomacia multilateral”, está evidentemente convencido de que el compromiso de EEUU con el escenario mundial es un triunfo para la paz y la justicia. No estoy tan segura. Después de nueve meses en el gobierno, Obama tiene un claro historial como un jugador global. Una y otra vez, los negociadores de los EEUU han elegido no fortalecer las leyes internacionales y protocolos sino debilitarlos, a menudo llevando a otros países ricos a una caída libre.

Vamos a empezar donde las espadas están en todo lo alto: El cambio climático. Durante los años de Bush, las políticas europeas se distinguían de los EEUU expresando su compromiso inamovible con el protocolo de Kyoto. Así, mientras en los EEUU se incrementaban sus emisiones de dióxido de carbono en un 20% desde los niveles de 1990, los países de la Unión Europea redujeron las suyas en un 2%. No estelar, pero claramente una diferencia en donde la ruptura entre EEUU y Europa aportaba beneficios tangibles para el planeta.

Miremos hacia el futuro en la pugna de las negociaciones sobre clima que han finalizado recientemente en Bangkok (2). Se suponía que las conversaciones llevarían a un acuerdo en Copenhague (3) este diciembre que reforzaría significativamente Kyoto. En su lugar, los países desarrollados formaron un bloque pidiendo que Kyoto sea reemplazado. Donde Kyoto sentó claramente objetivos vinculantes de reducción de emisiones, el plan de EEUU haría que cada país decidiera cuanto recortar, después enviar sus planes a una monitorización internacional –con nada para hacerse ilusiones de asegurar que todos mantienen la temperatura del planeta por debajo de niveles catastróficos. Y donde Kyoto ponía la carga de la responsabilidad inequívocamente en los países ricos que han creado la crisis climática, el nuevo plan trata a todos los países como si fueran el mismo.

Estos tipos de flojas propuestas no son totalmente sorprendentes viniendo de los EEUU, lo que fue chocante fue la repentina unidad del mundo rico alrededor del plan – incluyendo a muchos países que habían previamente alabado las ventajas de Kyoto. Y hubo más traiciones: la Unión Europea, que había indicado que gastaría entre 19 billones y 35 billones de dólares al año para ayudar a adaptarse a los países en desarrollo al cambio climático, fue a Bangkok con una oferta mucho menor, una más en línea con la promesa de Estados Unidos de …nada. Antonio Hill de Oxfam resumió las charlas: “Cuando comenzaron los disparos, comenzó una caída libre, con los países ricos debilitando los compromisos actuales bajo el marco internacional.”

Esta no es la primera vez que una celebrada vuelta a la mesa de negociaciones ha resultado en un chasco, con leyes internacionales duramente ganadas y convenciones tiradas por el suelo. Los EEUU jugaron un papel singular en la conferencia sobre racismo de las Naciones Unidas en abril. Después de sacar todo tipo de borradores del texto de negociación –sin referencias a Israel o a los Palestinos, nada sobre reparaciones sobre la esclavitud- la administración de Obama decidió boicotearla de cualquier forma, apuntando al hecho de que el nuevo texto reafirmaba el documento adoptado en 2001 en Durban.

Esta fue un débil excusa, pero había algo de lógica en ella, porque que los EEUU no habían nunca firmado el acuerdo de 2001. Lo que no tenía ningún sentido fue la ola de las retiradas por imitación del mundo rico. A las 48 horas del anuncio de los EEUU; Italia, Australia, Alemania, Holanda, Nueva Zelanda y Polonia habían renunciado. A diferencia de los EEUU, estos gobiernos habían firmado todos la declaración de 2001, así que no tenían razón para objetar un documento que lo reafirmaba.

No importaba. Como con las conversaciones sobre cambio climático, alineándose detrás de Obama – con su impecable reputación- fue una forma fácil evitar pesadas obligaciones y parecer progresista al mismo tiempo: Un servicio que los EEUU nunca pudo dar durante los años de Bush.

Los Estados Unidos han tenido una influencia perversa similar como nuevo miembro del consejo de derechos humanos de la ONU. Su primer gran test fue el valiente informe del juez Richard Goldstone sobre la matanza de Israel en Gaza, que mostró que se habían cometido crímenes de guerra por ambas partes, el ejército de Israel y Hamas. En lugar de probar su compromiso a la ley internacional, EEUU usó su influencia para desprestigiar el informe como “profundamente falto de rigor” y forzar a la Autoridad Palestina (AP) a una retirada de una resolución de apoyo. La AP, que enfrentó una furiosa reacción en casa por ceder a la presión estadounidense, podría presentar una versión nueva.

Y después, fueron los encuentros del G20, los compromisos multilaterales del tipo más alto perfil de Obama. En el encuentro de abril en Londres (4), pareció por un momento que habría algún tipo de intento de coordinar un control de los especuladores financieros internacionales y los evasores de capital. Sarzoky incluso amenazó con irse del encuentro si se fracasaba en crear un compromiso de regulación serio. Pero la administración de Obama no tuvo interés real en el multilateralismo, promocionando en su lugar que los países deberían inventarse sus propios planes (o no) y esperar lo mejor – al igual que su imprudente plan sobre el cambio climático. Sarkozy, no es necesario decirlo, no se fue a ninguna parte sino a la sesión fotográfica para tener su foto con Obama.

Por supuesto, Obama ha hecho algún buen movimiento en el escenario mundial –como no alienarse con el gobierno golpista (5) de Honduras o apoyar la agencia de mujeres de la ONU. Pero un claro patrón ha emergido: En áreas done otros países ricos estuvieron tambaleándose entre la acción de principios y la negligencia, la intervención de los Estados Unidos los han inclinado hacía la negligencia. Si este es el nuevo área de multilateralismo, no es un premio.

Traducido por Mario Cuellar para Globalízate

Artículo original
http://www.guardian.co.uk/commentisfree/cifamerica/2009/oct/16/obama-isnt-helping

Referencias:
(1) http://www.ambafrance-uk.org/Nobel-Peace-Prize-President.html
(2) http://www.guardian.co.uk/environment/blog/2009/oct/08/bangkok-climate-change-talks
(3) http://www.guardian.co.uk/environment/2009/may/01/q-and-a-copenhagen-summit
(4) http://news.bbc.co.uk/1/hi/in_depth/business/2009/g20/default.stm
(5) http://news.bbc.co.uk/1/hi/world/americas/8125292.stm



Somalia: ¿Pescadores mercenarios?

Daniel Pereyra *
Viento Sur (25-10-09)


En todos los conflictos bélicos existentes en el mundo, grandes o pequeños, desde Irak hasta Pakistán, el empleo de mercenarios está generalizado, como ya se ha señalado.

La flota de atuneros vascos acaba de sumarse a esa nefasta práctica, con su incorporación a la guerra de baja intensidad que se libra en el Océano Indico, entre las costas de Somalía y el archipiélago de las Islas Seychelles. La lucha por los recursos naturales, que desde hace años se libra en muchas regiones del planeta y desde luego en Africa, se suma así a los mares territoriales.

Varios pesqueros que navegaban bajo bandera española, ante los ataques de piratas somalíes, se han registrado como nacionales de dichas islas, con lo cual pueden utilizar mercenarios para su custodia, eludiendo así la prohibición que rige en el Estado Español. Han contratado para tal fin a la empresa británica Control Risk que colocará a cuatro ex militares en cada barco, provistos de ametralladoras y fusiles de asalto, especializada desde hace años en seguros y protección marítima. El coste de la operación de custodia se estima en varias decenas de miles de euros por barco.

Desde hace meses barcos franceses cuentan con mercenarios de esa nacionalidad para prestar servicios similares.

Hay que tener en cuenta que son miles los navíos que circulan por esa región crítica del transporte marítimo mundial, lo que puede alcanzar altas cifras de negocio para las aseguradoras y empresas de mercenarios involucrados en el mismo, las Corporaciones Militares Privadas.

De esta práctica solo pueden surgir consecuencias nefastas para los trabajadores del mar, que unirán a los riesgos propios de sus tareas, los que implican el verse envueltos en conflictos armados. Puede imaginarse que los atacantes no cesarán en sus planes de los que obtienen importantes beneficios, sino que por el contrario incrementarán sus medios de accionar militar.

Beneficios que no recaerán principalmente en los pobres habitantes de los países más pobres del planeta, sino en las empresas financieras, navieras y aseguradoras, que se llevarán como siempre la parte del león del accionar mercenario, sin arriesgar ni una gota de sangre. Los “piratas” somalíes son reclutados entre los desocupados que conforman la inmensa mayoría de la población.

Debe condenarse el uso de mercenarios en cualquier conflicto bélico, la mezcla de militares y civiles en los mismos, pero particularmente cuando se da entre trabajadores y profesionales del uso de las armas.

* Daniel Pereyra es el autor de “Mercenarios, guerreros del imperio”

 

 

El subdesarrollo social de España

Evaristo Marcano Marín
Tercera Información (24-10-09)


Mírese como se mire, España está a la cola de la Europa Social. Los últimos datos de Eurostat, la agencia de recopilación de datos de la Unión Europea (UE) muestra como España es uno de los países de la UE que gasta menos fondos públicos en su estado del bienestar (que incluye pensiones, sanidad, educación, servicios de ayuda a las familias –como escuelas de infancia y servicios domiciliarios-, servicios sociales, vivienda social, prevención de la exclusión social, y otros). Y ello no se debe a que seamos pobres. En realidad, nuestro nivel de riqueza (medido por el PIB per cápita) es ya bastante próximo al del promedio de la UE-15 (93%), el grupo de países más ricos de la UE. En cambio, el gasto público social por habitante es sólo el 71%, situándonos a la cola de gasto público social en tal comunidad. Si en lugar del 71% nos gastáramos lo que nos corresponde por el nivel de riqueza del país, es decir el 93%, tendríamos 70.000 millones de euros más de lo que nos gastamos ahora. Éste es el déficit de gasto público social en España.

Si en lugar del gasto público social miramos el porcentaje de la población que trabaja en los servicios del estado del bienestar, tales como sanidad, educación, escuelas de infancia, servicios domiciliarios, servicios sociales y otros, podemos ver que, de nuevo, estamos a la cola de la UE-15. Sólo un 10% de la población adulta trabaja en tales servicios, comparado con un 15% en el promedio de la UE-15 y un 25% en Suecia. Las consecuencias de este bajo gasto y empleo público son múltiples. Sólo un dato significativo: España tiene el tiempo de visita al médico general de la sanidad pública más corto (6 minutos) de la UE-15. Este hecho que erróneamente se atribuye a la excesiva utilización de los servicios sanitarios por parte de la ciudadanía, se basa en la enorme subfinanciación de tales servicios, dificultando una mayor dedicación de los profesionales sanitarios a cada paciente. El gasto sanitario per cápita es sólo el 77% del promedio de la UE-15, el más bajo de tal comunidad.

Las causas de este subdesarrollo social de España son varias. Una es la dictadura mal llamada franquista, mal llamada porque fue mucho más que la dictadura del General Franco. Fue una dictadura de una clase que se caracterizó por su enorme represión (por cada asesinato político que cometió Mussolini, Franco cometió 10.000) y por su escasísima sensibilidad social. Cuando el Dictador murió, el gasto público social representaba sólo el 14% del PIB, un poco más de la mitad del promedio (22%) de los países que más tarde constituirían la UE-15. No existe plena conciencia en España del enorme retraso social y económico (además de político y cultural) que aquella dictadura supuso para las clases populares de España. En 1936, año en que tuvo lugar el golpe fascista, España tenía el mismo nivel de desarrollo que Italia. Cuando el dictador murió, España tenía sólo el 68% del nivel de riqueza que tenía Italia. El rechazo de la derecha española, el PP, a condenar (por nombre y sin paliativos) aquel régimen, es un indicador de su escasísima cultura democrática y es un hecho sin similitudes en Europa, donde la mayoría de las derechas ha condenado regimenes semejantes. La complicidad en esta insensibilidad de ciertas voces de izquierda, debiera indignar a cualquier persona con conciencia democrática. Es una vergüenza que España sea el único país que quiere procesar a un juez –Garzón- por querer enjuiciar aquel régimen. El hecho de que esta situación ocurra tiene mucho que ver con el retraso social de España, pues ambos hechos responden a la misma causa: el enorme poder de las fuerzas conservadoras, herederas de aquel régimen, en nuestro país.

La democracia en España, a pesar de las enormes insuficiencias existentes, permitió la expresión de los deseos populares, entre los cuales está, siempre, la expansión del estado del bienestar. Tal deseo, muy marcado en la segunda mitad de los años ochenta, con movilizaciones populares, permitió reducir el enorme déficit de gasto público social por habitante. Pero, en el año 1993, el gobierno PSOE, aliándose con la derecha catalana, CIU, dio prioridad a la reducción del déficit del estado (como instruía el Tratado de Maastricht) a base, no de aumentar los impuestos de las clases más pudientes, sino de disminuir el gasto público, incluyendo el gasto público social. Se inició así una política de austeridad del gasto público, incluyendo el social, (continuada y expandida por el gobierno Aznar) que explica que, cuando se alcanzó el equilibrio de las cuentas del Estado, España volviera a estar a la cola de la Europa Social. Los ingresos al estado, en lugar de continuar reduciendo el déficit de gasto público social se habían invertido en reducir el déficit del estado. En 2004, España estaba de nuevo a la cola de la UE-15 en gasto público social. El euro y la integración en la UE se había hecho a costa de su estado del bienestar.

El gobierno Zapatero, presionado por los partidos a su izquierda, incrementó notablemente el gasto público social, pero no lo suficiente para cubrir el enorme déficit que tenemos con la UE-15. En realidad, este déficit en 2006 (último año del que tenemos cifras homologables con la UE), es superior al existente en 1993 cuando se inició la austeridad de gasto social. Lo que es sorprendente es el silencio mediático y político sobre la existencia de este gran déficit. Y ello se debe al enorme poder de clase del 30% de la población, de mayor renta en el país, que no sufre las enormes insuficiencias de gasto público social (al utilizar los servicios privados) y se resiste a pagar los impuestos que le corresponden. Pero además de poder de clase, existe el poder de género. El machismo es el responsable de que las mayores carencias del estado del bienestar sean precisamente aquellos servicios, como los servicios de ayuda a las familias, que en España quiere decir mujer.




La libertad

María Vacas Sentís
Rebelión (24-10-09)


Molesta la libertad de la mujer; molesta que el aborto se regule como derecho y no como delito. Molesta que durante catorce semanas la decisión sobre ese embarazo quede en manos de la mujer y sólo en las de ella; que a nadie más le corresponda decidir, ni a médicos, psicólogos, obispos o políticos. Que ella sea la única que dé respuesta a ese dilema moral personalísimo que marcará su vida; por lo mismo que les molesta el uso del preservativo o la píldora del día después. Porque lo que realmente molesta es la libertad; también la libertad de las adolescentes; porque hay padres (y muchos de ellos entre los manifestantes contrarios al aborto) que en esa tesitura no se limitarían buenamente a aconsejar, sino que forzarían a su hija a tener, o incluso a no tener, ese hijo no deseado, sin advertir que la decisión final debe ser sólo de ella.

En la libertad de la mujer reside el problema. Y a algunos les gustaría transfigurarse en pequeñitos dioses mezquinos, con poder para decidir entre el bien y el mal, entre lo posible y lo imposible, lo admisible y lo inadmisible; tener la última palabra desde los púlpitos. Muchos darían media vida a cambio de presidir tribunales inquisitoriales en los que hogueras simbólicas quemaran como antaño a las mujeres-brujas más inteligentes, más libres, más desobedientes, más heterodoxas; un tribunal que dirimiera entre abortos permitidos y los que nunca podrán serlo; del mismo modo que el Tribunal de la Rota disuelve matrimonios religiosos cuando el linaje y la renta recomienda hacer la vista gorda. Y sólo desde ese empeño en considerar a la mujer como un ser sin criterio propio, necesitado de tutela moral, se entiende la ceremonia de confusión suscitada en torno a la propuesta socialista de reforma de la Ley del aborto, una norma que nos equipara legalmente con los países de nuestro entorno (como Alemania, Francia, Bélgica u Holanda); que da seguridad jurídica a profesionales sanitarios y a mujeres; y que en la práctica restringe, y en ningún caso amplia la Ley del aborto.

Y otra vez la derecha más rancia ha salido a la calle, con sus niños rubiecitos porteadores de pancartas; otra vez anuncia el PP que modificará la ley cuando llegue al poder; y otra vez es muy probable que si gobierna algún día la deje como esté, como ya hizo con la anterior, porque en el fondo es sólo hipocresía lo que motiva su protesta. Otra vez se manifiestan bajo premisa falsa: criticar una ampliación de la Ley del aborto que no es tal. Porque la reglamentación del año 1985, que lo despenaliza en algunos supuestos, permite la interrupción del embarazo cuando la gestación produzca daño físico o psicológico a la madre, y bajo el paraguas psíquico se ha dado cobertura legal a la mayoría de las intervenciones, con un límite temporal muy laxo, prácticamente ninguno. Por contra, con una ley de plazos que admitiera la interrupción del embarazo sin tutela estatal en los tres primeros meses, y luego sólo de forma excepcional, se cubrirían el noventa por ciento de las intervenciones y probablemente de una forma más estricta, controlada y segura.




UNIÓN EUROPEA: Dar con una mano y sacar con la otra

Peter Dhondt
IPS (23-10-09)


"Las políticas de la UE continúan debilitando el desarrollo económico, social y humano" de los países pobres, pese a reiterados compromisos asumidos en tratados y declaraciones, señala un informe de una coalición de ONGs europeas.

Pese a que se llevan a cabo esfuerzos para impedir esto y se registran algunos avances, todavía "hay mucho espacio para mejorar", observa.

El trabajo fue difundido en Bruselas por la Confederación de Organizaciones No Gubernamentales Europeas para Asistencia y Desarrollo - Concord. Sus 18 redes internacionales y 22 asociaciones nacionales de estados miembros de la UE representan a más de 1.600 organizaciones no gubernamentales.

Los mecanismos de la UE son a veces demasiado complejos, incluso para su propia burocracia. Ése parece ser el caso de "Coherencia de políticas para el desarrollo" (PCD, por sus siglas en inglés), un compromiso del bloque asumido para no dejar que otras iniciativas debiliten la cooperación para el desarrollo.

La Comisión Europea, órgano ejecutivo de la UE, señaló el mes pasado que la PCD era difícil de implementar, y propuso concentrarse en cinco asuntos prioritarios: cambio climático, seguridad alimentaria, migraciones, derechos de la propiedad intelectual y creación de paz y seguridad.

Es "destacable" que el tema del comercio no figure entre esas cinco prioridades, señala Concord en su informe "Spotlight on Policy Coherence" (Mirada a la coherencia política).

Casos flagrantes como las exportaciones subsidiadas de carne vacuna y porcina y productos lácteos de la UE a África han arruinado a los ganaderos y criadores apoyados por el mismo bloque, sostiene el estudio.

"Hay que nombrar a la bestia. De otro modo, se da la impresión de encubrimiento", dijo Rob van Drimmelen, secretario general de Aprodev, una coalición de 17 organizaciones europeas que promueven el desarrollo y que a su vez integra Concord.

Es absolutamente necesario que se incluya al comercio, agregó.

Pero el comercio no es la única área donde las políticas entran en conflicto con los objetivos de desarrollo de la UE. Concord critica a los estados miembros del bloque porque, "cada vez más, usan la asistencia al desarrollo para controlar los flujos migratorios y reducir las migraciones irregulares".

A menudo, la asistencia al desarrollo se realiza en función de las necesidades europeas, más que del país receptor, según el informe. Cita como ejemplo a Mauritania, que destinó ocho millones de euros (casi 12 millones de dólares) del 10 Fondo Europeo de Desarrollo al "manejo de flujos migratorios".

En 2006, la UE anunció que destinaría 2,45 millones de euros (3,6 millones de dólares) para ayudar a Mauritania a tratar las cuestiones migratorias. Desde entonces, miles de inmigrantes africanos que han intentado llegar a las islas Canarias a través de Mauritania han sido arrestados y enviados de regreso, por la fuerza, a Malí y Senegal.

La presión sobre las migraciones de la propia África se suscita parcialmente a partir de otras políticas europeas, según el reporte.

"Las políticas comerciales, agrícolas y pesqueras de la UE que buscan principalmente satisfacer demandas de Europa" pueden haber empujado a los pequeños productores rurales, pescadores y otros emprendedores a embarcarse en un periplo migratorio que probablemente nunca antes habían considerado, señala.

Los autores del informe Concord ven muchas razones para la falta de avances en la coherencia de políticas.

"No hay una obligación de ser coherente. La UE sólo tiene que ‘tener en cuenta’ los efectos de otras políticas en el desarrollo. Eso es como decir que uno puede pecar siempre y cuando confiese sus pecados", dijo Van Drimmelen, de Aprodev.

Algunos representantes de la Comisión Europea sostienen que se están concretando avances. "Por ejemplo, hemos aumentado el grado de PCD en la Política Común Agrícola, disminuyendo los subsidios a las exportaciones y reduciendo otros efectos alteradores del comercio", dijo Françoise Moreau, directora general para el Desarrollo.

"Éste es un esfuerzo en curso. Al mismo tiempo, intentamos promover los efectos positivos entre las diferentes políticas. En el área investigaciones, estamos ayudando a los países en desarrollo a acceder a programas europeos de investigación", agregó.

Moreau dijo que el comercio no ha sido eliminado como objetivo de los esfuerzos de la PCD. "Hemos definido cinco desafíos para permitir un enfoque más dinámico. Cuando nos fijamos en la seguridad alimentaria, (vemos que) está involucrada la política comercial, como lo está la agrícola e incluso la energética. No queremos reducir el alcance de la PCD", señaló.

"Nuestra principal aspiración con los países en desarrollo es mejorar el acceso al mercado, asegurándonos de que el comercio estimule el crecimiento y reduzca la pobreza", dijo Silvia Formentini, de la Dirección General para el Desarrollo.

Según ella, la Comisión Europea también está comprometida con un "fuerte resultado de desarrollo" de la Ronda de Doha de negociaciones comerciales internacionales.

Concord reclama una mayor transparencia y responsabilidad de parte de la UE. Debería definirse claramente una "jerarquía de valores", en la que las políticas favorables a los pobres y de desarrollo sostenible formen la base de las políticas del bloque.

Como parte integral de los procesos de elaboración de políticas, las consultas y los debates democráticos pueden garantizar que los derechos e intereses de los habitantes de países en desarrollo sean tenidos en cuenta, indica el informe.

La UE necesita parámetros claros para evaluar si debería establecerse otra prioridad por encima de las consideraciones sobre el desarrollo, afirma. Un mecanismo de quejas podría mejorar la responsabilidad y la coherencia.

 

 

Crónicas palestinas
Historias de otro viaje solidario a Cisjordania


David Perejil
Pensamiento Crítico (23-10-09)


Durante los primeros días del pasado mes de agosto participé en uno de los tantos viajes solidarios que habitualmente recorren Palestina. El objetivo era doble: conocer la realidad de la vida diaria en Cisjordania y ayudar al desarrollo turístico del país. Para mí era una oportunidad para conocer a sus gentes, ver sus duras condiciones de vida bajo la ocupación y llevarles un pequeño soplo de solidaridad (1).

Así, unimos fuerzas once personas para compartir durante doce días nuestro viaje solidario (2). Organizado por SODePAZ en nuestro país y Alternative Tourist Group en Palestina, recorrió varias ciudades y pueblos de Cisjordania: Belén, Beit Sahour, Jerusalén, Hebrón, Jericó, Ramallah, Jenín y Nablus, para acabar en los Altos del Golán. Mezclamos visitas a distintos lugares turísticos con reuniones con diversas asociaciones y ONG de izquierda social y laica, asociaciones comunitarias de campos de refugiados y algún político local.

Nuestro primer contacto con la realidad palestina tuvo lugar en Belén. Situada apenas a diez kilómetros de Jerusalén, en la provincia de Belén vive la mayor parte de los palestinos de religión cristiana. La provincia, y sobre todo la visitada Belén, cuenta con un nivel de vida superior al resto de Palestina, debido a la afluencia del turismo religioso. Algo que no le libra de sufrir la ocupación. La ciudad está aislada por el muro que viene construyendo Israel desde 2002 para separarla de la cercana Jerusalén. El muro corta y divide los olivares que pueblan una tierra árida y llena de colinas. Separa a los palestinos pero conecta a los colonos con carreteras exclusivas para sus asentamientos. Y crea graves problemas, como la obligación de levantarse a las cuatro de la mañana para poder llegar al trabajo a las ocho en la vecina Jerusalén cruzando uno de los más extensos puestos de control, check-points, de Palestina.

El muro

El muro, declarado contrario a la ley integral por el Tribunal de la Haya en 2004, tiene una extensión de centenares de kilómetros y sigue en construcción en localidades como la norteña Bil’in. Se extiende no sólo por las fronteras de 1967, sino que se adentra en numerosos territorios más, anexionándose de hecho acuíferos, cultivos, zonas cercanas a los asentamientos o lugares religiosos. Este es el caso de Belén, en el que se deja fuera la tumba de Raquel, rodeando incluso casas. Esto le sucedió a Claire, que vio cómo el nuevo muro se situó apenas a unos cinco metros de tres de las cuatro paredes de su casa, con una cercana torre de vigilancia. Claire nos contó que su casa era un proyecto vital de varias familias, que disfrutaban de una posición privilegiada para vender artesanía cerca de la visitada tumba.

Durante el viaje, oímos numerosas quejas sobre agricultores cuyas tierras han quedado al otro lado del muro y necesitan permisos diarios del Ejército para cultivarlas, o de acuíferos que quedan bajo control israelí. Y “permisos” es una palabra que en la vida cotidiana palestina equivale a arbitrariedad y, muchas veces, a humillaciones. El Ejército puede decidir en cualquier momento cerrar puntos de acceso o ralentizar el paso por ellos con más controles.

Esos mismos permisos, denegados de manera sistemática a personas entre 15 y 45 años, impiden que nuestro guía Nasser Alawy haya podido trabajar en Jerusalén o visitar la ciudad, visible en el horizonte de Belén, durante más de diez años. Dice que tiene muchos amigos israelíes. «Sueño con que un día la gente de Israel y Palestina hagan una revolución contra sus políticos y podamos vivir en paz». Él, que no vota a ningún partido, dice que desde la segunda Intifada todo ha ido a peor en Belén: más paro, represión, muro y muchas dificultades para la gente.

Una opinión muy distinta a la expresada por Juani Rishwani. Ella es una madrileña de unos 50 años que vive en Palestina desde que se casó hace 24 años con su marido, Elías. Juani trabaja para la ONG Health Work Comittees, que dispone de 16 centros de salud, tres hospitales y 30 clínicas móviles centradas en atención general, además de una gran actividad en prevención de la salud. Juani y su organización sirven de termómetro de la situación social. «Me siento como en una reserva india», dice, para recalcar su impotencia, depresión y odio hacia los israelíes. Ella mezcla, en una charla animada, entre vasos de fuerte café turco, retazos de su experiencia diaria en su organización y como habitante del país. Y es que algo que descubriremos muy pronto es que casi todo el mundo tiene una historia triste cercana o directa. Relatos personales a los que no se les suele dar mucha importancia. Quizá porque son muy extendidos, y por eso habituales, o porque la gente prefiere hablar de la labor de sus asociaciones y de los problemas generales.

Postales israelíes

Durante los dos días que visitamos Jerusalén pudimos vislumbrar caras muy diferentes de la sociedad israelí. Ciudad santa para judíos, cristianos y musulmanes, Jerusalén fue nuestra puerta de entrada a los muchos mundos que caben en los pequeños confines de Palestina e Israel. Fragmentados, abigarrados, contradictorios, pero pegados uno a otro como un mosaico multicolor y difícilmente comprensible. Planetas tan distintos como los barrios árabes de Jerusalén Este, zona en la que la falta de medios era patente, y la parte nueva, llena de grandes avenidas y modernos bares. Y en la que en un corto espacio nos cruzamos con varios civiles con sus metralletas a la espalda; una manifestación de judíos ultraortodoxos, apedreando a los coches que salían de un parking al grito de “sabat, sabat”; y las palabras por la convivencia de Itamar Shapira, del Comité contra el Derribo de Casas (ICAHD, en sus siglas en inglés) y Combatientes por la Paz. Israelí alto, de pelo rapado y sonrisa agradable, primero quiso que conociéramos cómo era la visión de la sociedad israelí. Cree que los judíos acabaron siendo verdugos, similares a la gente que odiaban, pero que al principio su proyecto buscaba un hogar nacional, como su abuelo superviviente del Holocausto, y que simplemente no consideraban que hubiera población en la zona, al estilo colonial, en las tierras de Palestina.

Itamar dice que la capital es un lugar excelente para comprobar la política expansionista y de apartheid de Israel, para desnudar sus falsos argumentos de seguridad. Los palestinos de esta zona cuentan con estatusde residencia permanente y la posibilidad de participar sólo en elecciones locales. Desgrana un dato tras otro. Aunque los árabes de los barrios del Este son el 36% de la población, pagan por valor del 40% de los impuestos y reciben sólo un 7,2% en inversiones. Además, los permisos de construcción para nuevas casas se demoran, hasta hacerse casi inviables. «Hay muchas demoliciones». Sea porque la familia se harta y construye de manera ilegal, o porque se alude a la existencia de restos arqueológicos y necesidad de excavaciones, que luego se paralizan cuando entran a vivir israelíes.

«Los asentamientos son un obstáculo para la paz, hacen imposible la solución de los dos Estados creando una especie de bantustanes sudafricanos para los palestinos», nos comenta Itamar Shapira al enseñarnos el cercano asentamiento de Maale Adumin, con 40.000 colonos y que divide Cisjordania en dos mitades sin continuidad territorial. Al final, le pregunto sobre cómo ve la sociedad israelí a gente como él, que ha estado en la cárcel por rechazar su mes obligatorio anual en el Ejército. Nos da el dato de unos 4.000 asistentes a una manifestación israelí en protesta por el 60º aniversario del desastre de la Nakba [inicio del éxodo palestino, como consecuencia de la guerra árabe-israelí de 1948]. Nos dice que son pocos pero necesarios. Expresa que, aunque las violencias o la situación sean distintas, «debemos acabar con el odio y el dolor de todas las gentes y abrir vías de reconocimiento y reconciliación».

Tensión en Hebrón

Hebrón es una de las ciudades más antiguas del mundo, en la que se cree que están enterrados los “santos patriarcas”: el padre de los padres, Abraham, y sus hijos Isaac e Ismael, santos para judíos, cristianos y musulmanes. El paseo por la zona céntrica de la ciudad fue tan impactante como la realidad que viven y sufren sus habitantes a diario con 600 colonos situados en el centro de la ciudad. Como los más de 100 controles enclavados en esa zona o la honda impresión de ver parte de su zoco central cerrado, controlado por el Ejército israelí, con muchas tiendas marcadas por los colonos israelíes con la estrella de David, que no podían dejar de evocar la marca a los judíos durante el genocidio nazi en el gueto de Varsovia, o con tiendas de palestinos cuyo cielo estaba cerrado por una malla metálica para recoger la basura que les lanzan los colonos judíos desde sus primeros pisos. Y hacerlo, además, en un lugar en el que parece que caminamos sobre una balsa de gasolina, pese a la existencia de observadores internacionales, desde la matanza de 29 palestinos perpetrada por el colono Baruch Goldstein, en las tumbas, ahora divididas en dos, hace ya casi 15 años.

Un lugar, el centro histórico de Hebrón, con sus casas de origen otomano llenas de historias. Como la de Abet el Raouf, comerciante de unos cuarenta años que dice que vivió sin dificultades hasta el año de la matanza, pero cuya vida empeoró aún más desde 2000. A partir de entonces, no puede acceder en coche a su tienda ni recibir visitas de sus familiares, y debe pedir permiso a los soldados para muchas de sus actividades. La zona, una amplia avenida, está cerrada a los palestinos, y los colonos le boicotean para que nadie le compre bebidas o souvenirs.

Abet cuenta con 800 metros cuadrados divididos entre su casa y cuatro tiendas, de las que hoy sólo mantiene una abierta. Hasta 2000, ganaba unos 200 euros diarios y hoy apenas le alcanza para comer carne un par de veces al año. «La tierra de Palestina no se vende, no tiene precio. Además, yo no soy un colaboracionista», nos dice al exponernos los tres intentos que le han hecho particulares judíos para comprar sus posesiones. Poco antes de despedirnos, Abet nos quiere contar algo más. En 1929 su abuelo acogió durante días a la familia de un rabino en el transcurso de los disturbios y matanzas de judíos en la ciudad. «Yo sólo quiero vivir en paz como antes, cuando había convivencia entre judíos y musulmanes».

Ramallah: centro social y capital administrativa

Después nos dirigimos a Ramallah, la capital administrativa de la Autoridad Nacional Palestina. Administrativa porque la sentimental, la deseada, sigue siendo Jerusalén. Pero llena de agitación urbana y gente. No sólo palestinos, sino un gran número de cooperantes españoles, alemanes, italianos… En las calles del centro de la ciudad, la creciente vestimenta de las mujeres, la mayoría cubiertas con pañuelos y con ropas largas, nos confirmó que estábamos entrando en una zona más religiosa y musulmana. Todo a tan sólo 14 kilómetros de Jerusalén.

En Ramallah, el contacto con varias organizaciones de la sociedad civil también nos acercó a realidades aún más duras de la ocupación. Como la que nos transmitió Alá Jaradat, de Addameer, asociación de apoyo a los presos políticos. Por las cárceles israelíes han pasado cerca de 750.000 presos palestinos desde 1967. Es decir, casi uno de cada familia que vive en el país. Ahora hay cerca de 8.100 personas. Entre ellas, 450 están en situación de detención administrativa, sin juicio, y hay también 380 menores de edad y 60 mujeres. Alá inicia su charla hablando de las leyes militares israelíes elaboradas bajo la ocupación para recalcar la impunidad de la que goza Israel y su Ejército para encarcelar «a cualquiera en cualquier momento». El relato se va haciendo más duro cuando Alá describe las torturas físicas y piscológicas practicadas en las cárceles israelíes desde los años ochenta; o en las detenciones administrativas por orden militar de uno a seis meses y prorrogables hasta ocho años.

Durante su relato, Alá fuma, mira su ordenador y se explica con una sonrisa. Aunque en varias ocasiones se emociona, le afloran lágrimas que contiene a duras penas. Le pregunto por la situación en las cárceles palestinas. «La situación es muy difícil. Siento decirlo, pero a veces es más difícil que en las israelíes». La charla acaba por falta de tiempo, metidos en discusiones de interés de varios viajeros de Amnistía Internacional sobre su definición de crímenes de guerra. Alá afirma: «La resistencia es legal bajo una ocupación, pero los crímenes de guerra, no. Un crimen de guerra es un crimen de guerra, incluso en situaciones de resistencia».

En nuestro programa figuraba en un lugar especial la visita a la ONG Compañía Hidríca Palestina. La escasez de agua es uno de los problemas más acuciantes para la vida futura de los palestinos. Otro conflicto más. La escasez del agua era patente en la vida cotidiana. En las casas palestinas sólo hay agua uno o dos días por semana. Así que la población debe comprar más agua para sus necesidades o acumularla en grandes bidones negros situados en los tejados o azoteas de las casas.

Ayman Rabí, director general de la Compañía Hídrica Palestina, nos relató en una presentación muy profesional los problemas de acceso a este recurso. Según Rabí, Palestina sólo recibe el 8,2% del agua de la zona, frente al 57,1% que toma Israel o el 34,7% de Jordania, pese a contar con el 50% de las aguas superficiales y acuíferos de la zona. Además, los asentamientos judíos han agravado la situación. Sólo los cerca de 300.000 colonos de Cisjordania consumen 780 litros de agua por persona, frente a los 192 litros de los tres millones y medio de palestinos de Cisjordania. Ayman concluye exponiendo: «No puede haber un desarrollo de un Estado palestino sin agua. La gente deberá emigrar para sobrevivir». Ahora consumen menos de lo que deberían para desarrollarse, 130 millones de metros cúbicos anuales frente a los 500 millones de los que debería poder disfrutar una población en ascenso en 2020, según los índices de desarrollo humano.

Mujeres y palestinas

Bajo la ocupación. Con vivencias similares a otras mujeres del mundo, pero marcadas por la ocupación. Otro de nuestros días en Ramallah empezó y acabó con grupos de mujeres. Empezamos el día, temprano, con la visita al local de Union of Palestinian Women Comittees (Unión de Comités de Mujeres Palestina), organización encuadrada en la OLP, con 5.000 mujeres asociadas en Cisjordania y Gaza. Con un café cerca y un cigarrillo encendido, Khitam Saafin, vicepresidenta de la UPWC comenzó hablando de la ocupación israelí. «Nuestros problemas no son sólo de derechos humanos. Son de libertad y derechos políticos», explica para avalar que Palestina necesita ayudas, sí, pero no sólo de emergencia, como si fueran provocadas por una catástrofe natural. «Es un problema político», y, sobre todo, exige: «Israel debe cumplir las resoluciones de la ONU». Pero además, la UPWC se creó para trabajar por la igualdad. Expone que «las mujeres tuvieron mucho protagonismo durante la primera Intifada: en manifestaciones,en los hogares en los que los maridos estaban en la cárcel…» Sin embargo, después desaparecieron de la vida pública. La UPWC decidió equilibrar su trabajo, otorgando mayor espacio a la igualdad. «No sólo para decidir sobre asuntos de mujeres, sino para tener un papel en la sociedad». De hecho, cita como un avance social una ley de 2006 en la que se aprobó una cuota de mujeres en política, hasta el 20% de escaños y concejalías.

Acabada su intervención, le pregunto sobre el creciente peso de la religión en una sociedad, la palestina, tradicionalmente más laica. «Con Dios no se puede negociar nada», es su primera frase. «Algunos grupos islamistas interpretan la religión en su beneficio». Sin posibilidad de réplica, se queja. Nos cuenta el crudo ejemplo de que tras las últimas elecciones, Hamás decidió aparcar el proyecto de cambio de código de familia. Acuciados ya por el tiempo, Saafin acorta sus respuestas, algunas incluso suenan incómodas. UPWC no cuenta con ningún programa de educación sexual ni en favor de los derechos de los homosexuales. «En Palestina no es como en Europa, hay pocos casos de lesbianas, no hay ningún movimiento. Son opciones personales de unas pocas».

Y, sin embargo, existen. Claro que existen. Quiso la casualidad que una de las viajeras tuviera una amiga palestina. Y que esa amiga palestina fuera cofundadora de Aswat (Voces), grupo de mujeres palestinas por los derechos de los homosexuales. Por la tarde, Nisreen Mazzawi nos contó los inicios y el trabajo en defensa de los derechos de lesbianas, gais, transexuales y bisexuales de su organización.

Desde el principio, decidieron crear el grupo con las bases de su cultura. «Para nosotros, las primeras manifestaciones por los derechos homosexuales de Stonewall no son lo más importante. No más que el logro del voto femenino en Egipto», expresa con convicción Nisreen. «Nuestras vivencias y sentimientos homosexuales son comunes a todo el mundo, pero la cultura es distinta. El aprendizaje de otras feministas es relevante, pero desde nuestras raíces». De hecho, el grupo tiene su sede en Haifa, por lo que le preguntamos si las integrantes de Aswat se consideran palestinas o árabes-israelíes. «Palestinas –dice sin dudar–, y para todas las palestinas, aunque desde la segunda Intifada es más difícil la coordinación entre los territorios ocupados». Palestinas que viven en Haifa, en barrios separados de los judíos. Además, dice que se trataba de una necesidad árabe, pues no se sentían representadas en otros grupos LGTB israelíes.

Mazzawi es un torrente, llena de energía. De camino al hotel sigo hablando con ella, intentando exprimir sus opiniones. «Hay mucha propaganda con Israel. Dicen que es el único Estado democrático de Oriente Medio. ¿Un Estado democrático sin Constitución ni fronteras, confesional y religioso? Que niega sus derechos a los palestinos, el retorno de los refugiados… ¿Eso es democracia? Desde la guerra de Gaza estoy asustada por la deriva aún más autoritaria de Israel, del Gobierno y de la sociedad. Creo que la única solución es una fuerte presión internacional. Si no, no sé qué sucederá». Otra vez, la ocupación.

Una visión política y humana

Nos despedimos de Ramallah para iniciar viaje hacia Jenín. En el camino, otra vez más, nos encontrábamos nuevas imágenes de una Palestina más rural. Ovejas, pastores, carnicerías con su mercancía colgando al aire, niños y niñas en la carretera… Polaroids de un camino en el que se mezclaban autobuses, taxis compartidos y carteles de ciudades.

Al llegar a Jenín nos dirigimos a la sede de la Gobernación, en la que nos recibió el gobernador de la provincia, Qadoura Moussa, también miembro de la OLP. Apoyados en una doble traducción del árabe al inglés y del inglés al castellano, Moussa inició una sentida presentación. Comenzó ofreciendo algunos datos de Jenín, una provincia de 265.000 habitantes con un único hospital con sólo 115 camas. «Durante la segunda Intifada tuvimos 720 mártires, asesinados por los israelíes. Entre ellos hubo 30 niños y 5 mujeres. Además, hubo 8.000 heridos y 3.000 prisioneros». Poco después nos cuenta que el muro ha dificultado las condiciones de los jornaleros que antes trabajaban en Israel. Ahora, en la provincia de Jenín, «la cesta del pan de Palestina», según nos dice, hay más de un 50% de paro.

Qadoura Moussa habla lentamente. La última parte de su discurso la aborda con un tono político y, también, muy humano. «Nosotros sólo queremos acabar con la ocupación. Queremos libertad y paz para nuestros hijos y para los hijos de los israelíes. No somos terroristas ni asesinos». Cita los muchos problemas de la población en Jenín, para concluir: «Llevamos 60 años esperando a que se apliquen las resoluciones de la ONU. El mundo nos debe un favor y yo le digo: no os olvidéis del pueblo palestino». Qadoura agradece el dinero de la cooperación española que cubre infraestructuras, escuelas, calles, colegios... Le volvemos a plantear la pregunta mil veces formulada sobre una posible solución política. «Estamos de acuerdo con la solución de dos Estados para dos pueblos. Aunque sea a costa de aceptar el 28% de nuestra tierra original. Eso sí, manteniendo el derecho al retorno de los refugiados».

Islam, miembro de una asociación local e improvisada traductora, nos pide permiso para darnos su propia opinión. «lsrael puede lograr la paz cuando quiera. Basta con que cumpla los acuerdos. El problema no es de los palestinos, es de Israel». Al final de la charla, saludamos al gobernador, que nos cuenta que el año pasado, después de muchos años, vio a su hermano en Jordania, donde vive refugiado. El mismo que no veía hace años y años. Y al que no reconoció en un primer momento.

Campos de refugiados

Casas apiñadas sobre fronteras invisibles pero muy reconocibles. Personas con la conciencia de unas resoluciones de la ONU sobre su retorno e indemnizaciones que nunca se cumplieron. Elevado nivel de paro y pobreza. Carteles ajados de mártires, asesinados por el Ejército israelí, combatientes, suicidas. Con gran influencia de la religión. Para muchos, dos vidas enteras: la evocada y la vivida. Cerca de dos millones de palestinos desplazados en Cisjordania. En Gaza, más del 80% del total de la población. En total, siete millones de palestinos refugiados y desplazados, según datos del centro de recursos Badil Center. Los campos de refugiados.

Después de nuestros días en Palestina, impresionaba recorrer las calles del campo de Jenín. Tristemente conocido por el asedio del Ejército israelí en abril de 2002, como símbolo de otro castigo colectivo más. Visitamos la sede del Teatro de la Libertad. Estaba en plena ebullición. Al día siguiente empezaban las representaciones de la obra Fragmentos de Palestina y a la vez rodaban un corto en el campo. Entre la algarabía de los preparativos, nos contaron la historia del Teatro de la Libertad. Un proyecto de intervención con niños mediante el teatro creado por Arna Mer-Khamis, izquierdista judía y activista propalestina que vivió en el campo durante muchos años. Otra vez más, sentí un escalofrío al ver los pequeños reportajes del teatro, resúmenes de la famosa y muy recomendable película Los niños de Arna. Niños y niñas disfrutando y riendo con el teatro. Los niños confesaban que ya no querían ser mártires, que preferían ser actores; y las niñas, que así podían escapar de la dictadura del padre o marido. Después, la destrucción del teatro en 2002; la muerte de todos sus primeros actores, convertidos en jóvenes hombres, milicianos y, dos, en suicidas. Dura. Muy dura. Y ahora todos embarcados en la «tercera Intifada, la cultural», que nos decían que se notaba en el aire de difusión y sensibilización.

Poco después, deshicimos la carretera para volver a Nablus. Nos recibieron Agnet y Ammar, de la asociación del campo de Askar y del centro comunitario Darna. Entre risas e improvisación, nos desglosaron varios consejos sobre las costumbres aún más religiosas de la ciudad. Poco después dimos un paseo hasta una cercana heladería fuera del campo. Allí, Ammar nos relató el cerco especial a Nablus, que entre 2000 y 2008 estuvo rodeada de fuertes controles. Y su ingreso en prisión cuando tenía 16 años. ¿Razón? Ninguna. Estancia: cuatro meses en una celda minúscula y compartida. Obligado a estar en posturas forzadas durante muchas horas. Y mucho miedo y lágrimas.

Durante la visita a los campos de Askar y Balata, donde se hacinan cerca de 27.000 personas en poco más de un kilómetro cuadrado, oímos muchas historias tristes, dolorosas e inquietantes. Niños asesinados por francotiradores del Ejército israelí, los milicianos bombardeados en pleno campo, la de dos o tres suicidas, la entrada del Ejército israelí casi cada noche, presos, familias doloridas y destrozadas… Una vida difícil con hasta 70 personas en casas de cuatro plantas, estrechas calles en las que a duras penas cabe una persona con los brazos extendidos, las basuras quemadas al atardecer, los “ilegales” asentados en los bordes del campamento. Y odio, que lleva a pintar en el suelo una estrella de David para pisarla a diario. «Aquí se sufre la ocupación. En Ramallah están muy tranquilos», nos dice Mahmoud Subuh, encargado de relaciones internacionales del campo de Balata. Mahmoud ya no conoció la antigua ciudad de sus padres. Ni siquiera su madre. «Ella nació en la cueva en la que se escondieron mis abuelos cuando fueron expulsados de su ciudad». Le pregunto sobre cómo vivían en el campo que la cuestión de los refugiados casi nunca aparezca en las negociaciones de paz. «Sin una solución justa para los refugiados, no habrá paz», dice Subuh. «La vida en los campos no es vida», añade.

Sin embargo, tanto en Nablus como en sus campos vimos vida. Mucha vida. Ésa que reivindica el poeta Mahmoud Darwish cuando dice: «Los palestinos son seres humanos que ríen, viven, e incluso tienen una muerte normal. No sólo los matan». Risas, alegría y energía. Transmitida por sus asociaciones con puntualidad palestina, a través de los más de cincuenta voluntarios internacionales que trabajaban en la zona, a los niños, mujeres y hombres del campo.

Notas:
(1) Aparte, uno de los objetivos del viaje era difundir todo lo visto. Para ello, he detallado el viaje en el blog http://otroviajeapalestina.wordpress.com.
(2) Actividad organizada por diferentes ONG (como SODePAZ, Setem o ACCP, entre otras), cada una desde sus propios objetivos. Se concibe en general como herramienta de sensibilización sobre los problemas de cada zona y posibilidad de creación de desarrollo turístico. Se mezcla turismo con visitas a asociaciones y proyectos en la zona, cursos y otras actividades.




Contra la democracia en África

Paul Martial
Viento Sur (23-10-09)


La jactancia de Robert Bourgi (consejero del presidente Sarkozy para las relaciones con los países africanos, ndt) ha confirmado un secreto a voces. Revelando, en una entrevista en RTL el pasado septiembre cómo las redes neocolonialistas habían logrado expulsar a Bockel, secretario de estado para la cooperación, Bourgi ha provocado malestar. Los periodistas de derechas fingen descubrir el poder de esas redes y ofenderse por ello. Malestar también en el gobierno que, sin desmentir los hechos, se contenta con reafirmar que Bourgi no ocupa ninguna función oficial.

En cuanto a los expertos que nos anuncian, en montones de páginas, que la Françafrica (la red de relaciones de las antiguas colonias francesas en África con la antigua metrópoli, ndt) no existe ya, quedan desairados. Es cierto que ciertas situaciones tomadas aisladamente podrían hacerlo creer.

Desde el fin del giscardismo, existen dos tendencias sobre la forma de conducir la política africana de Francia. Tienen un zócalo común –el de perennizar y optimizar la relación imperialista que Francia impone a África- pero divergen sobre las formas de lograrlo. La primera tendencia es la de las redes africanas puestas en pie por Foccart, que reúnen a hombres de negocios, policías secretas, militares y altos funcionarios alrededor de lazos de negocios, amistades, hechos de armas y/o logias masónicas, etc. La segunda, que se pretende modernista, piensa que Francia debe, no romper, sino tomar sus distancias con esas redes, juzgan su acción nefasta para su reputación y la llevan a situaciones perjudiciales a nivel de la política exterior. Estos dos planteamientos no están ligados a una corriente política particular y atraviesan tanto a los gobiernos de derechas como de izquierdas.

Mitterrand, proclamado candidato del cambio, intentará tomar sus distancias con las redes africanas, particularmente tras las extravagancias de Giscard y de Bokassa en África Central. Jean-Pierre Cot en el ministerio de la cooperación en 1982 intentará instaurar una cierta moralización desarrollando una relación más conforme al estándar internacional con las antiguas colonias. Lo que siguió es conocido: dimisión de J.P. Cot del gobierno y victoria de las redes africanas que habrán derrotado, por mucho tiempo, a la tendencia modernista. Mitterrand volverá al redil. Hará apadrinar por las redes africanas a su hijo, que se convertirá así en el responsable de la célula africana del Elíseo y será conocido, en el continente, con el mote de “Papámehadicho”. Luego, continuará una carrera clásica, idéntica a la de sus padrinos traficando armas, particularmente hacia Angola, con su colega Pasqua. En cuanto al padre, implicará a Francia, su ejército y sus servicios secretos en el genocidio de los Tutsis en Ruanda; su mujer, Danièle Mitterrand, se ocupará del aspecto humanitario con “France-Libertés” (por respeto a la cultura, no evocaremos al sobrino).

Sarkozy, proclamado candidato de la ruptura, decide también tomar sus distancias respecto a las redes africanas. Así, el secretario para la cooperación, Jean-Marie Bockel, emprende un tímido avance en una entrevista en Le Monde en enero de 2008, con la excusa de aplicar la política de Sarkozy. Tiene cuidado de no atacar a ninguna personalidad y piensa que lo hará mejor que Cot. Al producir las mismas causas los mismos efectos, Bockel será destituído algunas semanas más tarde.

La imposible ruptura.

Se estila mucho relativizar el interés económico de Francia por África, pero la realidad de las cifras demuestra lo contrario. Los intercambios económicos en 2008 se elevaban a más de 52 millardos de euros. El CIAN (Consejo Francés de Inversores en África) anuncia 40 millardos de euros de cifras de negocios para las 80 empresas adherentes a este organismo. Los principales sectores económicos (logística, construcción, transporte, agua, telecomunicaciones…) están en manos de las filiales francesas. En definitiva, como resume en abril de 2008 en la página web Linternationalmagazine.com la patronal francesa y los financieros anglófonos: “África sigue siendo muy rentable”.

Pero el imperialismo francés está confrontado directamente a la competencia de los demás imperialismos. Los chinos en primer lugar: el valor de los intercambios pasa de 817 millones de dólares en 1997 a 10 millardos en 2000 para superar los 100 millardos en 2008. La curva es idéntica en el caso de India: en 1991 los intercambios comerciales eran de 967 millones de dólares para culminar en 35 millardos en 2008. Es posible que este volumen aumente poco pues la economía india está mucho menos vuelta hacia la exportación que su vecina asiática.

A esto se añade la voluntad de los Estados Unidos de diversificar sus fuentes de aprovisionamiento, particularmente en petróleo. Los países visitados por Hillary Clinton como Angola y Nigeria muestran la importancia de esta vía considerada como uno de los elementos de la segurización energética del país. Esta voluntad estadounidense es, para Francia, una real amenaza. La única ventaja competitiva de Francia –por hablar como los economistas liberales- reside justamente en las redes neocolonialistas que han construido un sistema simple pero eficaz: los dirigentes africanos favorecen a las empresas francesas que, a su vez, les subvencionan. El “plus” reside en la protección política y a veces militar de Francia. En otros términos, hacer negocios con las empresas francesas es la garantía de enriquecerse, ¡pero es también la garantía de permanecer en el poder o de conquistarlo!

Es así como la política francesa en África actúa en dos frentes: preservar el personal político fiel a los intereses de Francia e impulsar la desestabilización de quienes tengan alguna veleidad de autonomía respecto a las exigencias de la antigua potencia colonial. Las crisis recientes que sacuden el África francófona dan fe de esta situación.

Níger acaba de concluir un acuerdo con Areva para la explotación de Imouraren, la mayor mina de uranio. En contrapartida, el presidente nigeriano Tanja puede disolver la Asamblea nacional y luego el Consejo constitucional, prohibir las manifestaciones, revisar la Constitución por un voto trucado que roza el 98% y encarcelar a los opositores. Francia se contenta con hacer un llamamiento … a la “contención”.

En el Congo Brazzaville, uno de los feudos de Total y Bolloré, las elecciones tienen lugar el 12 de julio. Unos meses antes, el 28 de marzo, Sarkozy declaraba: “Gracias al presidente Sassou Nguesso, Congo ha encontrado la estabilidad y la seguridad”. Tras este apoyo oficial, algunos diputados UMP se han transformado en observadores electorales y han afirmado que las condiciones de elección eran buenas, legitimando el 78,6% de votos recogido por Nguesso. Han llegado hasta a protestar contra el “neocolonialismo” del representante de la Unión Europea, Miguel Amado, que dudaba de la sinceridad del escrutinio.

En Madagascar, Francia apoya al hombre de negocios Rajoelina que ha fomentado un golpe de estado contra el otro hombre del asunto Ravalomanana que había desarrollado una política más independiente que sus predecesores. Este apoyo a Rajoelina se añade a un apoyo a la corriente más independiente de Didier Ratsiraka que disfruta de los aviones de ETEC para acudir a las conferencias sobre la salida de la crisis en Maputo.

En Mauritania, tras haber condenado oficialmente el golpe de estado que derrocó al presidente electo, Sarkozy lo ha justificado, para luego apoyar, sin reservas, un proceso electoral manchado de fraudes dirigidos por Bourgi y el representante local de la DGSE (servicios de inteligencia franceses en el exterior, ndt). El objetivo: hacer ratificar por la comunidad internacional el hecho consumado del putsch.

En Gabon, la mayor parte de los candidatos a las elecciones presidenciales, tras la muerte de Bongo, no habían manifestado jamás voluntad de ruptura con París. Lógicamente, Francia habría debido respetar una total neutralidad. Y sin embargo Bourgi ha defendido la candidatura del hijo de Bongo, Ali. Y una vez proclamado vencedor, Sarkozy se ha apresurado a felicitarle, mientras se acumulaban las pruebas de fraude.

El análisis detallado de la relación imperialista de Francia respecto a África muestra que las oficinas africanas siguen siendo un paso insoslayable para la defensa de los intereses de las multinacionales francesas. Cuanto más se agudiza la competencia, más van a galvanizarse estas redes y a oponerse frontalmente a las exigencias de democracia de los pueblos africanos. No porque la democracia pueda cambiar algo la naturaleza de las relaciones imperialistas françafricanas. Puede sencillamente marginar un sistema construido desde hace muchos años. En este sentido, la política de Francia es el obstáculo mayor para la democracia en África. Sobre esta comprensión se desarrolla nuestra solidaridad antiimperialista con los pueblos de África.

Publicado en “Afriques en lutte”
Traducción: Alberto Nadal para VIENTO SUR




Contra la crisis, democracia

José López
LoQueSomos (23-10-09)


La crisis económica actual, como cualquier crisis, pone en evidencia las deficiencias de nuestro sistema político-económico. Si alguna ventaja tiene una crisis es que pone a prueba lo establecido, es que nos permite aumentar la conciencia sobre lo que ocurre a nuestro alrededor.

Obviamente, las cosas ocurren por ciertos motivos. Hay causas "técnicas" y a su vez causas de esas causas "técnicas". Es importante que nos demos cuenta de la relación de unas causas con otras y de las causas con sus efectos. Todo está siempre mucho más interrelacionado de lo que pueda parecer a primera vista. Los problemas no se resuelven con simples parches, hay que atacar a la raíz de los mismos, pero para ello hay que ver la raíz y no quedarse sólo en el tronco, en la superficie. Evidentemente, no todos los economistas se ponen de acuerdo para explicar las causas "técnicas" de la crisis que azota al mundo entero en la actualidad. Para algunos, es sólo una crisis más del capitalismo provocada por el estallido de ciertas burbujas, para otros es una crisis de cierta versión del capitalismo (llamada neoliberalismo), para otros es una gran crisis sistémica del capitalismo, incluso se oyen voces anunciando que estamos ante el principio de su fin. Por supuesto, en función del diagnóstico, el remedio propuesto es bien distinto. Para los defensores a ultranza del modelo actual, la receta es más de lo mismo, para ellos el problema es que no se han llevado a cabo a rajatabla los principios del neoliberalismo. Para los defensores de un capitalismo menos agresivo, o incluso para aquellos conscientes de que si se tira demasiado de la cuerda ésta puede romperse, en un intento casi desesperado por salvar al capitalismo y sus principios fundamentales, la solución está en "refundar" el capitalismo, en reformarlo, es decir, en regularlo, en invertir la tendencia de los últimos lustros. Por supuesto, las voces críticas aspiran a sustituirlo por otro sistema. Lógicamente, las ideas de Marx, el principal estudioso y crítico del capitalismo, vuelven a ponerse de moda.

Sólo el contraste libre de ideas y la posibilidad de ponerlas a prueba en la práctica, pueden decirnos a ciencia cierta qué modelo económico o social puede funcionar y cuál no. El problema es que las ideas no fluyen libremente por la sociedad. El control de los medios de comunicación por parte del gran capital lo impide. El pensamiento único existe gracias a dicho control (facilitado a su vez por experiencias fracasadas y desvirtuadas de modelos sociales que pretendían ser alternativos y por una izquierda incapaz, por el momento, de retomar la iniciativa). Sin una prensa independiente es imposible que el pensamiento único deje de existir. Afortunadamente, Internet está empezando poco a poco a romper el monopolio de las ideas y de la información. No debe sorprendernos los intentos de controlar, desprestigiar o banalizar a la red de redes. El problema también es que no todas las ideas tienen las mismas oportunidades de llevarse a la práctica, especialmente aquellas que cuestionan lo establecido, porque son reprimidas por los que no desean renunciar a sus privilegios.

Al margen de lo acertadas o no que puedan parecer ciertas decisiones, de lo que no cabe duda es que la probabilidad de que sean acertadas aumenta notablemente cuando son tomadas de forma democrática y en base a la libre discusión. Cuando lo que afecta a toda la sociedad es decidido por unos pocos, entonces la probabilidad de que las decisiones tomadas sean las correctas es muy baja. Porque cuando a la hora de tomar cierta decisión, se discute libremente entre TODAS las opciones posibles sopesando sus ventajas e inconvenientes, entonces aumentan las posibilidades de que la opción elegida sea la más adecuada. La libertad es esencial. Pero además, si dicha decisión la toman TODOS los que se verán afectados por ella, entonces las probabilidades de que tal decisión perjudique a la mayoría son menores que si dicha decisión la toma sólo cierta élite. La democracia es esencial. Pero siempre hay un límite: los derechos humanos. Por muy mayoritaria que sea una decisión, ésta nunca debe atentar contra los derechos básicos de las minorías o de los individuos. La democracia consiste en el gobierno de la mayoría, pero también en la protección de las minorías respecto de la tiranía de la mayoría. Consiste en hallar el equilibrio entre la libertad del individuo y el de la sociedad en su conjunto. No puede haber democracia cuando se conculcan derechos elementales de los individuos, pero tampoco cuando las minorías se imponen sobre las mayorías, cuando son las minorías las que gobiernan realmente. No confundamos la democracia con la oligocracia.

Todo esto que digo es obvio, a priori parecería innecesario decirlo. Pues bien, esta obviedad es eludida por el sistema político-económico presuntamente democrático actual. Todo ingeniero, todo científico, sabe perfectamente que es imprescindible la libre discusión de todas las ideas posibles, especialmente de las opuestas, para encontrar las mejores soluciones. Todo periodista sabe perfectamente que es imprescindible el contraste de las informaciones para verificar su veracidad. Toda persona sabe perfectamente que es de sentido común, antes de decidirse por cierta opción, conocer todas las opciones posibles (o cuantas más mejor). Normalmente, cuanto más se tenga donde elegir, de cuanta más información se disponga, mejor será la elección. Una decisión tiene más probabilidad de ser la acertada si es precedida por el estudio de todas las posibilidades, si participa más gente en la búsqueda de soluciones, si las personas aportan sus opiniones en vez de limitarse a seguir la corriente, si no tienen miedo de expresar sus puntos de vista, si tienen plena libertad de poder hacerlo sin consecuencias. Todo trabajador sabe que en las empresas cada vez hay que permanecer más callado para conservar el empleo, que hablar es peligroso, que la crítica o la discrepancia está mal vista por la mayoría de los jefes. Y como consecuencia de esto, también comprende perfectamente por qué cada vez hay menos ideas originales en las empresas, por qué los problemas no se solucionan. Sin suficiente libertad no es posible resolver los problemas. El pensamiento único es incompatible con la verdad y la eficiencia. Pues bien, este principio elemental (la libre discusión, el contraste entre opciones opuestas, el aporte de todas las tendencias, la diversidad y pluralidad de ideas) no se aplica en la "ciencia" económica oficial.

Las presuntas teorías económicas oficiales, en base a las cuales los "profetas" de lo establecido pretenden justificar precisamente lo establecido, se basan en la hipótesis de que las personas que toman ciertas decisiones económicas, lo hacen siempre de forma totalmente objetiva. Según dichas "teorías" económicas, las cosas hay que hacerlas porque "científicamente" no hay más remedio. No ha lugar a votaciones. No es necesario que se decida por mayoría. Basta con que decidan los "sabios". Las verdades del sistema económico son "absolutas" y no tiene sentido someterlas a votación. En toda ciencia, toda verdad existe por sí sola, sólo puede descubrirse, no se somete a votación. Se asume que la economía es una ciencia exacta y como tal sólo cabe aplicar sus postulados. Pero, a diferencia de las verdaderas ciencias, dichos postulados no son contrastados con teorías que los cuestionen porque se impide el imprescindible debate científico, a diferencia de otras ciencias, además, no pueden ser cuestionados por la práctica fácilmente porque la realidad es interpretada de forma subjetiva e interesada. La ciencia económica, como toda ciencia humana, no es exacta. El problema es que la ciencia económica oficial es premeditadamente muy inexacta pero aparentemente exacta. Se camufla la naturaleza inevitablemente inexacta de la economía (por ser una ciencia humana), se la hace intencionadamente muy inexacta (al obviar los intereses personales) y se le da una apariencia de exactitud absoluta, incuestionable (para evitar perjudicar los intereses personales de los que dominan la sociedad económicamente).

Los apologistas de la ciencia económica oficial eliminan el factor subjetivo de las decisiones que son tomadas por personas concretas, como si las personas fueran objetivas, como si no existieran los intereses personales. En las teorías económicas oficiales, no existe el parámetro interés (sólo existe el interés bancario, pero no el afán de lucro, ni el egoísmo) y por tanto tampoco existe la plusvalía ni la explotación. En dichas teorías todos los seres humanos actúan idealmente buscando el bien común, no existen las clases sociales, no influyen las condiciones materiales de la existencia. Las desigualdades sociales, inevitables según dichas teorías, son simplemente el resultado lógico de la desigualdad natural entre los hombres. Lo que no consiguen explicar dichas teorías, o mejor dicho de lo que no se preocupan de explicar, es la desproporción y el crecimiento exponencial en el tiempo de las desigualdades sociales. Resulta que dichas "teorías", que pretenden explicar cómo se mueve el dinero por la sociedad humana, no tienen en cuenta la naturaleza humana, no consideran que la gente en general nunca es objetiva, no digamos ya cuando se trata de dinero. Es decir, la economía oficial es una "ciencia" humana que no considera el factor humano (o que lo infravalora). Ocultan la inevitable subjetividad en toda actividad humana con una aparente objetividad para dar rango de "ciencia exacta" a la economía. Con esto no quiero decir que la economía no tenga rasgos de ciencia, pero sí que en la economía oficial se obvia un parámetro clave en su funcionamiento: las personas no actuamos objetivamente cuando se trata de dinero. La ciencia económica dominante en el capitalismo es poco científica porque obvia un factor clave en la economía: el afán de lucro personal. Toda ciencia busca explicar las leyes del universo objeto de estudio para lo cual es imprescindible considerar todos los factores, especialmente los decisivos.

De esta manera, y ayudados por el control de la circulación de ideas por la sociedad con los medios de comunicación, los "apóstoles" del sistema establecido pretenden imponer a toda la sociedad SUS recetas, SUS visiones de cómo deben hacerse las cosas, pero además pretenden hacerlo de manera que no sea posible rebatir SUS ideas. Dando apariencia de ciencia a lo que simplemente es la búsqueda de SUS intereses particulares o de los amos a los que sirven, pretenden hacernos creer que SUS decisiones son las únicas posibles, son lo que dicta la "ciencia" económica. ¡Cuántas veces oímos la desgastada frase de que hay que tomar una decisión "impopular", "difícil", pero hay que hacerla, no hay otra opción! Lo extraño es que esto sólo ocurre normalmente con decisiones que perjudican a los de abajo, parece que nunca es necesario hacer nada que perjudique a los de arriba. Extrañamente, en la "ciencia" económica oficial, las decisiones a tomar casi siempre benefician a los mismos (a las minorías privilegiadas) y casi siempre la peor parte se la llevan los mismos (los trabajadores). Extraña ciencia ésta. Una ciencia que en la teoría es oficialmente objetiva, pero que en la práctica es claramente subjetiva. Una "ciencia" que, como toda ciencia, en teoría es imparcial pero que, a diferencia de otras ciencias, en la práctica es parcial. ¿Podríamos llamar ciencia a la física si la ley de la gravedad no afectara por igual a todos los cuerpos? Pues esto es lo que ocurre, en esencia, con la economía oficial. Sus "leyes" no afectan por igual a todos los individuos, benefician a unos y perjudican a otros. Una ciencia que en teoría la hacen exacta, pero que "inexplicablemente" nunca produce resultados previsibles. ¿Podemos sorprendernos de que nunca se pongan de acuerdo los "economistas" no ya sólo en lo que va a ocurrir sino que ni siquiera en lo que ha ocurrido? ¿Los "economistas" oficiales no nos recuerdan mucho a los chamanes de antaño? ¿Podríamos llamar ciencia a la física si la ley de la gravedad no fuera capaz de prever la trayectoria de los cuerpos o si no fuera capaz incluso de explicarla?

La ciencia económica oficial es a la auténtica ciencia económica lo que es la astrología a la astronomía. Por supuesto, no faltan voces honradas de economistas que reclaman un enfoque verdaderamente científico de la economía. Pero, como no es muy difícil de comprender, la economía tiene un importante inconveniente respecto de otras ciencias: se trata de explicar cómo se comporta el dinero en la sociedad humana. Con el vil metal nos topamos. A diferencia de la física o la química o la astronomía, las leyes de la ciencia económica afectan directamente al bolsillo de las personas. No es muy difícil comprender que aquellos que tienen ciertos privilegios económicos harán todo lo posible para usar su posición dominante en la sociedad para evitar que ésta cambie y los cambios pongan en peligro su status quo. Parece muy poco probable que se dé el premio Nóbel de economía a alguien que cuestione lo establecido. Como decía recientemente Robert Pollin, economista que asesora a Barak Obama, leyendo a Marx se aprende más que del 95% de los economistas. Habiendo sido Marx, al margen de afinidades ideológicas, uno de los pensadores más influyentes de los últimos siglos, nunca recibió ningún reconocimiento de las autoridades intelectuales de su época. Todo lo contrario, fue sistemáticamente perseguido y censurado. Y sus ideas siguen siendo marginadas en la actualidad por la economía oficial (aunque cada vez menos, los acontecimientos, la realidad, ponen en su sitio a todos, incluidas las ideas).

Mientras el control de la economía esté en pocas manos, no puede esperarse que las decisiones tomadas beneficien al conjunto de la sociedad. Mientras la sociedad esté controlada por unos pocos, no puede esperarse que las decisiones que se tomen sean por el bien del conjunto de la misma. Los principales problemas de nuestra sociedad tienen una causa común profunda: la falta de democracia. Las decisiones que afectan a todos no son tomadas por todos. Evidentemente, es imposible que todo el mundo decida sobre todo, sería impracticable. La democracia directa sólo parece factible para grupos humanos relativamente pequeños. Sin embargo, la combinación de la democracia directa en ámbitos locales, junto con el principio federativo para coordinar decisiones tomadas en ámbitos pequeños para ser aplicadas en ámbitos mayores, junto con una democracia verdaderamente representativa que aplique sus propios principios de forma efectiva, junto con su evolución hacia democracias participativas donde el ciudadano no se limite exclusivamente a depositar una papeleta cada X años, sí parece factible. No parece factible llegar a una sociedad democrática perfecta, pero sí parece factible y deseable ir tendiendo hacia ella gradualmente. Deberíamos preguntarnos todos por qué no se producen avances democráticos últimamente (más bien al contrario, estamos asistiendo a una involución democrática), por qué no se aplican los principios en los que supuestamente se basa nuestro sistema actual (independencia de poderes, elección de TODOS los cargos públicos, "un hombre, un voto", etc.). La respuesta más sencilla, y por tanto más probablemente verídica, es que no hay voluntad para ello, es que los que controlan la sociedad no están dispuestos a perder dicho control.

Pero esto no es sólo culpa de las élites que nos dominan, es sobre todo culpa de los que nos dejamos dominar. Mientras nos dejemos llevar, mientras prefiramos no ver y no pensar por nosotros mismos, estaremos dominados por ciertas élites, sólo podremos aspirar a cambiarlas. Mientras nos comportemos como ovejas, dependeremos de pastores. Mientras no participemos en las decisiones que nos afectan, mientras renunciemos a nuestra soberanía, no podremos aspirar más que a quejarnos. Mientras antepongamos nuestra comodidad personal a nuestros principios, mientras seamos capaces de colaborar, incluso a sabiendas, con un sistema que inequívocamente tiende a disminuir las libertades y los derechos que tanto costaron lograr en el pasado, mientras no nos responsabilicemos de nuestros actos, del granito de arena que aportamos, mientras tiremos la piedra y escondamos la mano, estaremos condenados a una sociedad en permanente crisis. Decía Benjamín Franklin que quienes renuncian a la libertad esencial para obtener seguridad temporal, no merecen ni libertad, ni seguridad. En realidad, la presente crisis no es más que la exteriorización de una crisis social profunda, no es más que la punta del iceberg. La sociedad humana está en crisis a todos los niveles, no sólo en el ámbito económico.

Desde el propio sistema, y ante las evidencias, se oyen cada vez más voces que reconocen que lo que tenemos actualmente no son verdaderas democracias (Los estadounidenses son siervos gobernados por oligarcas, artículo firmado por Paul Craig Roberts, secretario adjunto del Tesoro en el gobierno de Reagan; Rebelión, 21 de agosto de 2009). Partiendo del reconocimiento de la naturaleza no democrática del Estado actual, se propugna desde la derecha más radical la eliminación del Estado para ser sustituido por un mercado "libre" anárquico y omnipresente (capitalismo aún más salvaje) mientras que desde la izquierda más radical se pretende la abolición del Estado en busca de una sociedad sin clases e igualitaria (con una transición llamada socialismo donde el Estado se intenta primero democratizar con la esperanza de que con el tiempo se extinga). Esto es la teoría, en la práctica, supuestos regímenes "marxistas" lo que hicieron fue implantar dictaduras puras y duras que poco tuvieron que ver con las ideas del socialismo (control democrático de los medios de producción). Lo propugnado desde la derecha, en el fondo, supone sustituir el Estado (en realidad la política) por el gobierno de las grandes empresas, significa la institucionalización y aceleración de un proceso que viene ocurriendo en los últimos tiempos: el verdadero poder es el poder económico y el poder político, que ya no tiene el poder real (si es que alguna vez lo tuvo), ya no sirve al primero y simplemente se quiere eliminar formalmente. Desde la izquierda se busca eliminar las clases sociales, disminuir las desigualdades sociales. Desde la derecha se busca consolidar las clases sociales, aumentar las desigualdades sociales.

Desde la derecha más radical, con la excusa de proteger al individuo, en realidad lo que se quiere hacer es pisar el acelerador de la involución democrática que venimos viviendo en los últimos lustros. Desde posturas neoliberales se pretende liberar de la "opresión" del Estado actual a ciertos individuos que desean tener aún más la posibilidad de hacer lo que les da la gana para enriquecerse, a costa de disminuir todavía más la libertad de la mayor parte de individuos que conforman la sociedad. El neoliberalismo defiende la "libertad" (el libertinaje) del más fuerte, de una minoría privilegiada, a costa de la libertad de la mayoría de la sociedad. El neoliberalismo es la huída hacia adelante del capitalismo. Según esta concepción de la sociedad, hay que dejar que ésta se rija por sí sola, el Estado sobra (salvo el Estado policial, por supuesto). Ya hemos visto los resultados de tal filosofía del "laissez-faire": una sociedad cada vez más parecida a una jungla. Las desigualdades sociales han aumentado en los últimos tiempos. Los mileuristas se han convertido en mayoría. La clase media desaparece. La sociedad se divide cada vez más en dos clases antagónicas: una minoría cada vez más rica y poderosa, y una mayoría cada vez más pobre y esclava.

Si la democracia degenera PORQUE el poder económico domina cada vez más, entonces es muy poco probable que dándole aún más poder (y esto se conseguiría dejándole campar aún más a sus anchas con la progresiva desregulación de la economía y de la sociedad en su conjunto) se consiga más democracia. Creo que es obvio que ocurrirá justo lo contrario (como ya está ocurriendo). La economía está en pocas manos y debe estar en manos de toda la sociedad. No podemos esperar una economía que beneficie a la mayoría cuando está dominada por una minoría, sea cual sea ésta (ya sea la burguesía en el capitalismo o una clase burócrata en los regímenes supuestamente "comunistas" o cualquier otra), que sólo mira, lógicamente, por sus propios intereses. La economía es el motor de la sociedad y una sociedad democrática debe tener un motor democrático.

Si queremos combatir la crisis, como decía al principio, debemos analizar las causas profundas, no sólo las superficiales, de la misma. Sólo con verdadera democracia será posible evitar la degeneración que estamos sufriendo. Es imperativo invertir la tendencia y recuperar la senda del desarrollo democrático. La auténtica alternativa a la economía actual, a la economía basada en la dictadura, es una economía democrática donde todo el mundo pueda participar en las decisiones que le afectan. Por ejemplo, en las empresas actualmente sólo deciden unos pocos y los trabajadores acatan las órdenes que vienen de arriba. Debería tenderse hacia empresas donde las decisiones se tomen democráticamente entre todos los trabajadores. Ya hay antecedentes como las cooperativas, aunque todavía son la excepción que confirma la regla. Pero la democracia económica no es posible sin la democracia política. No es posible conseguir un sistema económico plenamente democrático si la economía no se somete a la política, en vez de al revés. Y por supuesto no es posible la democracia política en un régimen de partido único, pero tampoco en un bipartidismo estático. No confundamos la democracia con la autocracia o la partitocracia.

En el caso particular de España, es necesario el debate república-monarquía porque está íntimamente relacionado con el desarrollo democrático. La República debe significar el inicio de un camino de reformas continuas para aumentar y mejorar la democracia. No se puede consentir en una democracia que alguien esté por encima de la ley incumpliendo el principio elemental de igualdad ante la ley de TODOS los ciudadanos, sin control y sin transparencia. No se puede consentir que la libertad de expresión esté coartada porque se blinde a cierto cargo público (el máximo del Estado). Evidentemente, la posibilidad de elegir al jefe de Estado es importante, pero sobre todo lo importante es lograr verdadera separación de poderes (de todos los poderes, incluidos el poder de la prensa y el poder económico), es lograr verdadera libertad de expresión pública (sin ningún tema tabú), es lograr una ley electoral en la que todos los votos valgan igual, etc., etc. Lo importante es que se pueda hablar sin límites sobre cómo mejorar la democracia y ahora mismo la monarquía supone un límite que lo impide. La monarquía es un obstáculo para el desarrollo democrático, pero no tanto porque lo es en sí misma (que también) sino sobre todo porque impide el debate sin tabús sobre la cuestión de la democracia.

Seguramente, no es casualidad que la crisis afecte de forma más virulenta en nuestro país, no es casualidad que seamos el país con más paro de Europa, no es casualidad que seamos los campeones de la corrupción entre los países de nuestro entorno, no es casualidad que seamos el único país europeo con un problema de terrorismo "interior" sin resolver. Como decía al empezar este artículo, las cosas ocurren por ciertos motivos. La falta de democracia está muy relacionada con la crisis que tenemos actualmente. La falta de democracia está muy relacionada con los problemas que padecemos los ciudadanos cotidianamente (trabajo, vivienda, salud, seguridad, etc.). ¿Cómo no vamos a tener problemas de desempleo, de ineficacia en los hospitales, de acceso a la vivienda, de delincuencia, si el sistema está globalmente corrupto y dominado por ciertas minorías que sólo miran por ellas mismas? ¿Si en vez de tomar medidas para beneficiar a la mayoría de la población, sólo se preocupan de blindarse, de perpetuarse en sus privilegios injustos e ilógicos? ¿Cómo vamos a tener un gobierno que mire por el pueblo si su partido (sea cual sea éste) es financiado por el poder económico porque no hay separación de poderes? ¿Quién puede creerse que un empresario financia a un político sin esperar nada a cambio? ¿Cómo va a funcionar bien la sanidad pública si se permite que sus profesionales hagan negocio en sus clínicas privadas, si la prioridad es el dinero en vez de las personas? ¿Cómo no va a haber especulación inmobiliaria (que repercute directamente en el precio de la vivienda) si no hay control sobre la gestión de los políticos en los ayuntamientos (democracia significa también control de lo público por parte del pueblo o de los contrapoderes)? ¿Cómo va a haber control mutuo entre los distintos poderes si éstos no son independientes? Es necesario que no dejemos de ver el bosque en general, que no nos perdamos en las ramas (que es precisamente lo que desean los que no quieren resolver los problemas de fondo, porque ello supondría perjudicar a las élites privilegiadas que gobiernan en la sombra). Es necesario que veamos la relación que existe entre las cosas, como dije al principio.

En España, la monarquía es la cabeza visible del poder establecido (no es casualidad que el Rey esté rodeado de una corte de grandes empresarios que le hacen numerosos y carísimos regalos), es un símbolo del poder en la sombra y una garantía para el poder económico de que las cosas no se deben cambiar. La monarquía significa algo así como el corsé del sistema, pone fronteras a los posibles cambios. Es imperativo quitar el corsé para que los cambios sean verdaderos, para que el pueblo elija su destino libremente y sin limitaciones. La República no es sólo una bella palabra, no consiste sólo en poder elegir al jefe de Estado, es sobre todo una concepción de la política, de la sociedad, donde lo público es verdaderamente público y no está controlado por lo privado. Res publica significa en latín la cosa pública. La República debe tener contenido, no debe ser sólo una nueva etiqueta para casi el mismo contenido.

La derecha en nuestro país, viendo inevitable la idea de la Tercera República, no pudiendo contener el desprestigio, desde luego trabajado, de la monarquía actual, ya empieza a barajar la idea de una República reducida a la mínima expresión. En este sentido, nuestro actual monarca, debido a sus prácticas, no ha hecho bien su trabajo. Sus evidentes licencias, que ya no pueden pasar desapercibidas, han puesto en evidencia el sistema "democrático" que tenemos en nuestro país. El disfraz de democracia en España ya no es eficaz y necesita ser retocado por los que necesitan evitar la verdadera democracia para perpetuar sus privilegios. No es de extrañar que cierta parte de la derecha sea cada vez más "republicana". Si no pueden evitar la caída de la monarquía, harán todo lo posible para que la República que la sustituya se parezca lo más posible a ella. Harán todo lo posible para que los cambios sean sólo aparentes, cosméticos. Harán todo lo posible para que la Tercera República española esté vacía de contenido, sea poca "cosa pública". Indudablemente la República es un término desvirtuado en casi todo el mundo. Pocas Repúblicas de nuestro alrededor pueden decirse que no hayan degenerado en los últimos tiempos, haciendo que la "cosa pública" sea cada vez más privada, haciendo que la democracia sea cada vez más papel mojado. Hay que recuperar el verdadero sentido de la palabra República. La República debe significar la forma política de un Estado verdaderamente democrático.

Frente a la actual crisis, no es suficiente con tomar ciertas medidas puntuales, muchas veces simbólicas, cuando no ridículas. No sólo hay que tomar medidas urgentes a corto plazo, también se requieren medidas que impidan que los problemas vuelvan a surgir en el futuro. Como decía al principio, no basta con medidas superficiales inmediatas, también hay que sembrar el terreno para evitar que vuelvan a crecer las malas hierbas. Si no se cambia el modelo de la sociedad, sus cimientos, estamos condenados a crisis cada vez más intensas y recurrentes. En realidad, la crisis es permanente. Los momentos de las llamadas "crisis" suponen "sólo" la intensificación de los males innatos del sistema. Son en realidad crisis "cuantitativas". Lo que ya ocurre en circunstancias "normales" se intensifica. Como dice Santiago Alba Rico, Los ricos se suicidan: es que hay una crisis del capitalismo. Los pobres se suicidan: es que hay sencillamente capitalismo. Si queremos erradicar alguna vez el desempleo, es necesario sustituir el modelo actual, donde las personas están al servicio de la economía, donde el capital lo es todo, por un modelo donde lo más prioritario sean las personas.

Por supuesto, se nos acusará de "idealistas", de "radicales", de "utópicos", de "antisistema", de…. Pero desde lo establecido se evitará el debate libre, con contenido y de igual a igual. Se nos etiquetará de "rojos", de "marxistas", de "anarquistas", de "republicanos revanchistas", de…, pero se evitará rebatir directamente los argumentos. Como siempre, los que dominan la sociedad, o los lacayos que los sirven, recurrirán a los prejuicios que tanto se han trabajado. Intentarán evitar que la gente juzgue el contenido de la botella, que ni siquiera lo pruebe, que lo rechace por la etiqueta que ellos ponen. Intentarán monopolizar la verdad, las ideas, las opiniones.

Pero yo le pregunto al lector: ¿Qué es más idealista: pensar que una minoría altruista u objetiva va a mirar por los intereses de la mayoría o establecer mecanismos concretos que eviten depender de cualquier minoría, precisamente para tener en cuenta la naturaleza real de los seres humanos? ¿Es realista pensar que la economía oficial es una ciencia exacta cuando obvia una de las facetas más evidentes de todos los seres humanos: su "amor" por el dinero, su falta de objetividad respecto del mismo? ¿No es más realista, precisamente, tener en cuenta nuestras miserias para protegernos de ellas? ¿No es más realista pensar que las decisiones deben ser tomadas de forma transparente y libre por todos los que son afectadas por ellas? ¿No es utópico pensar que la economía puede ser beneficiosa para la mayoría de la sociedad cuando la controla cierta minoría? ¿No es idealista pensar que si no cambian las cosas, llegará "por arte de magia" el día en que podamos tener todos una vida digna? ¿No es poco realista pensar que los cambios vendrán desde arriba, por la iniciativa de los que tienen privilegios gracias a cómo son las cosas en la actualidad, de los que precisamente necesitan evitar los cambios para mantener su posición dominante en la sociedad? ¿No es idealista dejar que otros controlen nuestras vidas y pensar que esto nos puede beneficiar en algún momento? ¿No es poco realista pensar que la democracia no sirve de nada o no nos afecta directamente? ¿No es perder de vista la realidad el obviar las relaciones entre las causas superficiales y las profundas, entre las causas y sus efectos? ¿Cómo es posible conocer la realidad si al analizarla no tenemos en cuenta cómo se interrelacionan las cosas? ¿No es ser poco realista, precisamente, quedarse sólo en la superficie, no llegar al fondo de las cuestiones? ¿Cómo vamos a cambiar las cosas si no llegamos a conocerlas a fondo?

Lo realista es precisamente darse cuenta de que las cosas sólo pueden cambiar si primero las entendemos, si nos atrevemos a escuchar todas las opiniones, tanto las oficiales como las críticas, si contrastamos. Lo realista es darse cuenta de que o bien la sociedad cambia radicalmente o nos encaminamos hacia nuestra propia autodestrucción (la naturaleza no engaña, el desastre ecológico es muy sintomático). Lo realista es no dejar de ver a nuestro alrededor cómo todo va degenerando. Lo realista es no taparse los ojos con la esperanza de que a nosotros no nos toque. Lo realista es concienciarnos de que para cambiar la realidad, es primero necesario tenerla en cuenta tal como es, no tal como nos gustaría que fuera, ni tal como nos la intentan vender desde el poder. Lo realista es desconfiar de todo poder, de toda élite. Lo realista es nunca renunciar a los idealismos. Tenemos que tender hacia una sociedad mejor, para lo cual debemos aspirar a ella (idealismo) y debemos considerar la que tenemos en el presente (realismo).

Si queremos tener una sociedad más justa y libre, debemos posibilitar la igualdad de oportunidades. Y esto no es posible sin regulación. Y no es posible una regulación que beneficie a la mayoría, al conjunto de la sociedad, si está hecha por una minoría a su medida. Sólo con una auténtica democracia podrá lograrse una sociedad donde la mayoría pueda tener una vida digna. En una verdadera democracia, en realidad, todo el mundo debe poder tener una vida digna. Al contrario que en las "democracias" actuales, en las verdaderas democracias del futuro (si es que logramos que el futuro sea mejor, si es que conseguimos cambiar la actual tendencia), no habrá privilegios, todos tendrán los mismos derechos, nadie estará por encima de los demás. Los únicos que pierden con las posibles democracias del futuro son los que ahora tienen privilegios injustos. En las "democracias" actuales, perdemos la mayoría derechos elementales, en las futuras, sólo pierden ciertas minorías ciertos privilegios, no derechos. Con una auténtica democracia no deben existir minorías dominantes. En una democracia quien debe dominar es la mayoría, es toda la sociedad, no sólo una parte de ella. En la jungla domina siempre el más fuerte. La jungla es la antítesis de la democracia. La civilización humana no tiene futuro si no se vuelve de una vez por todas civilizada. La conquista de la democracia es el salto evolutivo de la humanidad de la jungla a la civilización. ¡Ya va siendo hora de que demos dicho salto! Una sociedad cada vez más inhumana es una sociedad en crisis existencial. Una sociedad donde se pretende asumir leyes antisociales (la ley del más fuerte) es por sí misma contradictoria y está condenada a estar en permanente crisis. Las crisis siempre suponen el estallido de profundas contradicciones internas.

 

 

¿Todavía tiene futuro el individualismo?
El ‘yo’ sin el ‘nosotros’ lleva al individualismo y al capitalismo como su expresión económica. El ‘nosotros’ sin el ‘yo’ desemboca en el socialismo estatal y en el colectivismo económico.

Leonardo Boff
ATTAC Madrid (22-10-09)


En Estados Unidos hay una crisis más profunda que la económica-financiera. Es la crisis del estilo de sociedad que se formó desde que fuera constituida por los «padres fundadores». Es una sociedad profundamente individualista, consecuencia directa del tipo de capitalismo que se implantó allí. La exaltación del individualismo adquirió forma de credo en un monumento delante del majestuoso Rockfeller Center en Nueva York, en el cual se puede leer el acto de fe de John D. Rockfeller Jr: «Creo en el supremo valor del individuo y en su derecho a la vida, a la libertad y a perseguir su felicidad». En un fino análisis contenido en su clásico libro La democracia en América (1835), el magistrado francés Alexis de Tocqueville (1805-1859) señaló el individualismo como la marca registrada de la nueva sociedad que nacía. El individualismo se mantuvo triunfante, pero tuvo que aceptar límites debido a la conquista de los derechos sociales de los trabajadores y especialmente al surgimiento del socialismo, que contraponía otro credo, el de los valores sociales. Pero con el derrocamiento del socialismo estatal, el individualismo volvió a tener vía libre bajo el presidente Reagan, hasta el punto de imponerse en todo el mundo en forma de neoliberalismo político.

Contra Barack Obama, que intenta un proyecto con claras connotaciones sociales, como la salud para todos los estadounidenses y medidas colectivas para limitar la emisión de gases de efecto invernadero, el individualismo resurge con furor. Le acusan de socialista y comunista y, en facebook, en Internet, hasta no se excluye su eventual asesinato si llegara a suprimir los planes individuales de salud. Y eso que su plan de salud no es tan radical, pues, tributario todavía del individualismo tradicional, excluye de él a todos los emigrantes, que son millones.

La palabra «nosotros» es una de las más desprestigiadas de la sociedad estadounidense. Lo denuncia el respetado columnista del New York Times Thomas L. Friedman en un excelente artículo: «Nuestros líderes, hasta el presidente, no consiguen pronunciar la palabra ‘nosotros’ sin que les produzca risa. No hay más ‘nosotros’ en la política estadounidense, en una época en que ‘nosotros’ tenemos enormes problemas, -la recesión, el sistema de salud, los cambios climáticos y las guerras en Iraq y en Afganistán- con los que sólo vamos poder lidiar si la palabra ‘nosotros’ tiene una connotación colectiva» (JB 01/10/09).

Sucede que, por falta de un contrato social mundial, Estados Unidos se presenta como la potencia dominante, que prácticamente decide los destinos de la humanidad. Su arraigado individualismo proyectado al mundo se muestra absolutamente inadecuado para señalar un rumbo al ‘nosotros’ humano. Ese individualismo ya no tiene futuro.

Se hace cada vez más urgente un gobierno global que sustituya el unilateralismo monocéntrico. O desplazamos el eje del ‘yo’ (mi economía, mi fuerza militar, mi futuro) hacia ‘nosotros’ (nuestro sistema de producción nuestra política y nuestro futuro común) o difícilmente evitaremos una tragedia, no sólo individual sino colectiva. Independientemente de ser socialistas o no, lo social y lo planetario deben orientar el destino común de la humanidad.
Pero, ¿por qué ese individualismo tan arraigado? Porque está fundado en un dato real del proceso evolutivo y antropogénico, pero asumido de forma reduccionista. Los cosmólogos nos aseguran que hay dos tendencias en todos los seres, especialmente en los seres vivos: la de autoafirmación (yo) y la de integración en un todo mayor (nosotros). Por la autoafirmación cada ser defiende su existencia; si no, desaparece. Pero por otro lado, nunca está sólo, está siempre enredado en un tejido de relaciones que lo integra y le facilita la supervivencia.

Las dos tendencias coexisten, juntas construyen cada ser y sustentan la biodiversidad. Excluyendo una de ellas surgen patologías. El ‘yo’ sin el ‘nosotros’ lleva al individualismo y al capitalismo como su expresión económica. El ‘nosotros’ sin el ‘yo’ desemboca en el socialismo estatal y en el colectivismo económico. El equilibrio entre el ‘yo’ y el ‘nosotros’ se encuentra en la democracia participativa que articula ambos polos. Ella acoge al individuo (yo) y lo ve siempre insertado en una sociedad mayor (nosotros), como ciudadano.
Hoy necesitamos una hiperdemocracia que valore a cada ser y a cada persona y garantice la sostenibilidad de lo colectivo que es la geosociedad naciente.

Fuente: http://www.visionesalternativas.com/index.php?option=com_content&task=view&id=45391&Itemid=1



La Política Agrícola Común de la Unión Europea

Marta Soler Montiel
Revista Pueblos (22-10-09)


La Política Agrícola Común (en adelante PAC) continúa siendo en la actualidad la más importante de las políticas europeas, tanto por su importancia presupuestaria como por la amplitud del territorio en el que incide directa e indirectamente. Este artículo tiene como objetivo presentar de forma breve y crítica los fundamentos y evolución histórica de la PAC.

Los principios básicos que han guiado desde sus inicios la PAC se resumen en la unicidad del mercado (que implicaba la liberalización comercial dentro de las fronteras), la preferencia comunitaria (que se traducía en el proteccionismo comercial frente a terceros) y la solidaridad financiera común (estando la financiación de la PAC a cargo del presupuesto comunitario).

Apoyo a la industrialización agroalimentaria

El funcionamiento interno de la PAC se centró esencialmente en una intervención de precios mínimos mediante precios de compra garantizados por parte del Estado. Esta política de precios mínimos requería una fuerte protección exterior del mercado agrario para evitar la caída excesiva de los precios dentro de la UE. El incremento en la producción agraria y la consiguiente caída de precios fue el resultado de la combinación de la industrialización agraria y el estímulo de los precios garantizados de la PAC, reforzándose ambos mecanismos. La existencia de excedentes hacía más dependientes a los agricultores de los precios subvencionados y estimulaba la búsqueda de mayores producciones para compensar los bajos precios entrando en un círculo vicioso productivista de fuertes impactos sociales y ecológicos.

Por tanto, la PAC se configura desde sus inicios como una política de apoyo a la modernización agraria que transforma la actividad agroganadera en un negocio de fuerte orientación productivista cuya finalidad prioritaria es abastecer de materia prima a la industria de transformación alimentaria. Simultáneamente, la industrialización agroganadera transforma el sector agrario en un mercado para la industria de insumos agrarios (semillas, abonos inorgánicos, maquinaria, herbicidas, plaguicidas…). Por otra parte, la industrialización agroalimentaria contribuye a abaratar y garantizar los suministros alimentarios de la población urbano- inustrial conformándose en pieza clave de la industrialización generalizada de la sociedad.

El Acuerdo Agrario de la OMC

Los nuevos objetivos de la PAC formulados en las reformas de 1992 y 1999 se centran en la reducción de la producción, los excedentes y el gasto presupuestario, garantizar la seguridad y calidad de los alimentos, la defensa del medio ambiente, el mantenimiento de las rentas de los agricultores/as, así como la competitividad internacional y la eficiencia productiva. Sin embargo, en la práctica no todos estos objetivos tienen igual peso.

Sin embargo, la pieza clave de las reformas de la PAC de 1992 y 1999 ha sido la reducción de los precios garantizados ya que éstos estaban prohibidos por la Organización Mundial del Comercio (en adelante OMC). Se trataba de compensar la consiguiente reducción en renta de los agricultores mediante ayudas directas. Así, los “pagos compensatorios” en el caso de los cultivos herbáceos, condicionados a la retirada de tierras, estaban incluidos en la “caja azul” y las “medidas de acompañamiento”, entre las que se incluyen las medidas medioambientales y estructurales, en la “caja verde”, políticas permitidas por la OMC.

La Ronda Uruguay del GATT, iniciada en 1986 y finalizada en 1994, dio paso a la creación de la Organización Mundial del Comercio, que incorporó a las negociaciones de liberalización comercial la agricultura como una mercancía más. Desde entonces, las negociaciones agrarias en la OMC van a marcar el ritmo y la orientación de las reformas de la PAC.

El Acuerdo sobre Agricultura incluía la obligación para los países firmantes de imponer importantes rebajas arancelarias y un compromiso de arancelización de toda la protección comercial para la agricultura1. Se acordó además una reducción de las subvenciones a las exportaciones agrarias2 de los países industrializados y causantes de dumping3 en los países pobres. También se acordaría la reducción de las ayudas internas que afectaban a la producción agraria y/o a los precios distorsionando los mercados. Esta medida da pie a la valoración de las políticas agrarias nacionales que cataloga las medidas en tres “compartimentos” o “cajas”. La “caja ámbar” incluye las medidas vinculadas a precios garantizados y la producción que debían ser reducidas y posteriormente eliminadas. En la “caja azul” se incluían medidas permitidas temporalmente a instancias de Estados Unidos y la Unión Europea como las ayudas directas de la PAC de 1992 condicionadas a la retirada de tierras o reducción del número de cabezas de ganado.

Finalmente, la “caja verde” incluye las medidas permitidas por considerarse que no tienen efectos “distorsionadores” sobre el comercio. Se trata, por una parte, de medidas que no implican pagos a los agricultores como programas de formación, investigación e infraestructuras y, por otra, pagos directos a los agricultores que no estimulen la producción como ayudas a la reestructuración de explotaciones, las ayudas directas a las rentas no vinculadas a la producción, las ayudas enmarcadas en programas de desarrollo regional o las ayudas de programas de preservación del medio ambiente. Estas medidas exigen importantes recursos públicos de los que carecen la mayor parte de los países empobrecidos.

A partir de 1995 se produce una acelerada liberalización del comercio agrario que alcanzó los objetivos marcados de promover los intercambios comerciales y generar nuevas posibilidades de negocio rentable en los mercados globales. Pero, a su vez, las reducciones arancelarias dejaron desprotegidos los mercados de los países menos industrializados respecto a las importaciones industriales y agrarias subvencionadas. Estos países comprobaron cómo el acceso al mercado de los principales países industrializados continuaba bloqueado a través de las reformas de las políticas agrarias adaptadas a la nueva retórica de la OMC. Las posibilidades de desarrollar políticas agrarias en estos países se vieron fuertemente mermadas por la falta de recursos públicos, las obligaciones de la deuda y las restricciones de la caja ámbar.

En estos países, las dificultades para competir supusieron la crisis, cuando no la desaparición, de numerosas empresas locales y explotaciones familiares, a la vez que agravaron los problemas de balanza de pagos y deuda externa generando círculos viciosos que estimulan la expansión de un modelo agroexportador altamente destructivo ecológica y socialmente. La dieta cárnica y la consiguiente demanda de piensos para la ganadería intensiva se traducen en la compra de soja a países como Brasil y Argentina con importantes necesidades de divisas para atender las obligaciones de la deuda externa. La alta rentabilidad del negocio de la soja está contribuyendo a la roturación y deforestación, por ejemplo en la Amazonía, a la vez que se impone la creciente mecanización y la siembra directa reduciendo fuertemente el empleo. El creciente desempleo, la bajada de salarios agrarios y la desaparición de explotaciones familiares se traducen en pobreza y hambre en las zonas sojeras, situación que se repite en amplias zonas rurales del planeta. La reforma de la PAC de 2003 La nueva PAC trata de hacer convivir una agricultura competitiva, orientada a los mercados exteriores, con una agricultura extensiva, respetuosa con el medio ambiente y sustentada en las explotaciones familiares, que contribuya a la articulación territorial. Esta dualidad productiva implica una contradicción interna insalvable que juega claramente a favor de la primera con los consiguientes efectos distributivos. La nueva PAC se articula a través de tres instrumentos:

- El desacoplamiento de las ayudas agrarias transforma los precios subvencionados en “ayudas disociadas de la producción”, de forma que las explotaciones agrarias reciben ayudas en forma de un “pago único por explotación o hectárea” calculado a partir del importe histórico de las ayudas recibidas. Se trata de ayudas incluidas en la “caja verde” que no puedan ser denunciadas en la OMC. Se argumenta que la mayor orientación al mercado de las producciones liberadas de los precios garantizados eliminará excedentes. Sin embargo, existen algunas contradicciones importantes. El cálculo del pago único se hace a partir de los montantes de ayudas pasadas, lo que consolida el productivismo histórico premiando a las explotaciones de mayores dimensiones y manteniendo la fuerte desigualdad en la distribución de las ayudas a favor de las explotaciones de mayores dimensiones y en contra de las explotaciones pequeñas y tradicionales. Estas ayudas contribuyen a mantener la producción industrial agroalimentaria que prima los rendimientos y la rentabilidad sobre cualquier otra cuestión social o ecológica. Sin embargo, estas ayudas no favorecen un modelo de agricultura tradicional sostenible orientado a la generación de empleo y el mantenimiento de los agroecosistemas que muestra mayores dificultades para competir en los mercados.

- La condicionalidad agraria significa que las ayudas están ahora condicionadas al cumplimiento de ciertos criterios no productivos que tratan de responder a demandas ciudadanas sobre la calidad de los alimentos y respeto por el medio ambiente. El incumplimiento de las normas de la condicionalidad daría lugar a sanciones y posible retirada de las ayudas. Recordemos que la condicionalidad es un instrumento que se adecua a las medidas de la “caja verde” admitidas por la OMC.

Sin embargo, los sistemas de control de la condicionalidad son muy limitados y se carece de sistemas eficaces de asesoramiento a los agricultores para impulsar un cambio de modelo. La condicionalidad se está concretando, pues, en un desarrollo normativo y burocrático y en sistemas de control fiscalizadores de baja eficacia y legitimidad. Esto apunta a que se trata esencialmente de una coartada ideológica para seguir subvencionando o ir desmantelando poco a poco las subvenciones a la agricultura sin un compromiso firme con la sostenibilidad.

- La modulación de las ayudas implica la reducción automática de las ayudas directas a la producción y el trasvase de estos fondos hacia medidas de desarrollo rural, el denominado “segundo pilar” de la PAC, que también se incluyen dentro de la “caja verde”.

La reforma de la PAC renuncia a toda modulación social de las ayudas, es decir, a redistribuir las ayudas a favor de las pequeñas y medianas explotaciones. El 20 por ciento de los beneficiarios de la PAC en España concentran el 80 por ciento de las ayudas. El reparto de las ayudas en función de la superficie y la producción ha implicado la creciente polarización del medio rural en detrimento de las explotaciones familiares que sin embargo son las que mayor empleo aportan y en mayor medida prestan servicios ambientales.

A modo de recapitulación La evolución de la PAC muestra que, pese a las críticas y resistencias civiles, la liberalización de los mercados agrarios continúa profundizándose a favor de las principales empresas multinacionales del sistema agroalimentario y los grandes empresarios agrícolas, en el Norte y en el Sur, a costa de las economías campesinas y la agricultura familiar.

Se consolida así un sistema agroalimentario en el que la agricultura desempeña un papel subordinado respecto a las industrias de insumos agrarios, la industria de transformación alimentaria y la gran distribución comercial. Se refuerza a su vez una agricultura industrializada y orientada a los mercados globales de mercancías guiados por criterios de rentabilidad y desvinculados de las necesidades alimentarias de la población.

La agricultura campesina ligada a mercados locales es la principal sacrificada en este juego de creación de oportunidades de rentabilidad para los principales capitales agroalimentarios en la globalización. La PAC, que podría ser un instrumento político altamente eficaz en la defensa de un modelo agroganadero campesino sostenible es, sin embargo, una pieza clave en la construcción activa de este modelo agroalimentario altamente destructivo social y ecológicamente.

* Marta Soler Montiel es profesora del Departamento de Economía Aplicada II de la Universidad de Sevilla.




El socialismo del siglo XXI en su contexto histórico

James Petras *
Rebelión (22-10-09)
Traducido por S. Seguí


Introducción

La victoria electoral de gobiernos de centro-izquierda en al menos tres países de América Latina y la búsqueda de una nueva identidad ideológica con que justificar su poder, ha conducido a ideólogos y gobernantes a abrazar la idea de que representan una nueva versión del socialismo, propia del siglo XXI. Destacados escritores, académicos y portavoces de estos gobiernos celebran una variante totalmente nueva del socialismo, completamente distinta de lo que llaman el fallido socialismo del siglo XX, es decir, el socialismo de estilo soviético. Los defensores y publicistas del socialismo del siglo XXI aseguran que se trata de un nuevo modelo político-económico, basado en lo que ellos consideran una ruptura radical tanto con el neoliberalismo de libre mercado de los gobiernos precedentes, como con la anterior versión estatista del socialismo, encarnada por la antigua Unión Soviética, China y Cuba.

En este trabajo procederemos a examinar las diferentes críticas planteadas por el nuevo socialismo tanto al neoliberalismo como al socialismo del siglo XX, la autenticidad de sus afirmaciones de novedad y originalidad, y realizaremos un análisis crítico de su desempeño real.

La crítica del neoliberalismo

El aumento del número de gobiernos que se adscriben al socialismo del siglo XXI fue resultado de la crisis y desaparición de los gobiernos neoliberales que dominaban América Latina desde mediados de la década de 1970 hasta finales de la década de 1990. Su desaparición se vio acelerada por una serie de levantamientos populares que impulsaron el ascenso de gobiernos de centro-izquierda con programas de rechazo de las doctrinas socioeconómicas neoliberales y la promesa de cambios fundamentales a favor de las grandes mayorías. Si bien existen importantes diferencias programáticas entre los diferentes gobiernos de este grupo, todos comparten una crítica común a seis características de las políticas neoliberales:

(1) rechazan la idea de que el mercado deba tener prioridad para el Estado y dominar a éste, es decir, que la lógica de la clase capitalista de maximización del beneficio deba dar forma a las políticas públicas. El colapso del capitalismo de mercado en la recesión de 2000-2002 y el empobrecimiento masivo desacreditaron la doctrina de los mercados racionales, a medida que crecían las quiebras empresariales y bancarias, que la clase media perdía sus ahorros, y las calles y plazas se llenaban de obreros y campesinos desempleados;

(2) los gobiernos del socialismo del siglo XXI condenan la desregulación de la economía que condujo al auge de los especuladores en detrimento del capitalismo productivo. Bajo la égida de los dirigentes neoliberales, la legislación reglamentaria adoptada desde la Gran Depresión fue derogada y en su lugar las políticas de control de capitales y la supervisión financiera se suspendieron en favor de un sistema de autorregulación, en el que los agentes del mercado establecieron sus propias normas, lo que condujo, según sus críticos, a la especulación, las estafas financieras y el saqueo de las tesorerías públicas y privadas;

(3) el predominio de las finanzas sobre la producción es la pieza central del discurso anticapitalista de los gobiernos del socialismo del siglo XXI. Hay implícita una diferenciación entre el mal capitalismo, que obtiene riquezas sin producir bienes, y el buen capitalismo que supuestamente produce valor de utilidad social;

(4) relacionada con esta crítica global del neoliberalismo, hay una crítica concreta de la reducción de las barreras arancelarias, la privatización de empresas públicas por debajo de su valor real de mercado, la desnacionalización de la propiedad de los recursos estratégicos, y el crecimiento masivo de la desigualdad;

(5) el socialismo del siglo XXI asegura que los gobiernos neoliberales entregaron las palancas de la economía a banqueros privados y extranjeros (como el FMI) que impusieron medidas deflacionarias en lugar de reflotar la economía a través de transfusiones de gasto público. Los dirigentes políticos de centro-izquierda utilizan esta crítica del neoliberalismo y la promesa implícita de una ruptura futura decisiva con el capitalismo neoliberal, sin comprometerse a una ruptura concreta con el capitalismo de otras variedades;

(6) mientras que la crítica de los gobiernos de centro-izquierda atrajo a las clases populares, su rechazo al socialismo del siglo XX iba dirigido a la clase media y a tranquilizar a las clases productivas (empresarios), asegurando que no iban a invadir la propiedad privada en su conjunto.
Crítica al socialismo del siglo XX

En una especie de acto de equilibrio político a su oposición al neoliberalismo, los defensores del socialismo del siglo XXI también se distancian de lo que denominan socialismo del siglo XX. En parte como una táctica política para desarmar o neutralizar a los numerosos y poderosos críticos de los gobiernos socialistas del pasado, en parte como afirmación de un socialismo en sintonía con los tiempos, el socialismo del siglo XXI hace la siguiente crítica del anterior socialismo, a la vez que pone de relieve sus diferencias con el mismo:

(1) el socialismo del pasado estaba dominado por una burocracia de mano dura, que realizaba una mala asignación de recursos y ahogaba la innovación y la elección personal;

(2) el viejo socialismo era profundamente antidemocrático, tanto en la forma de gobierno, como en la organización de elecciones y el Estado de partido único. La represión de los derechos civiles y de todo tipo de mercado forma parte de la narrativa del socialismo del siglo XXI;

(3) el socialismo del siglo XXI relaciona la democracia como sistema con la vía electoral al poder o la alternancia en el gobierno; condena los cambios de gobierno producidos por la lucha armada, y especialmente los movimientos guerrilleros, aunque los tres gobiernos adscritos al socialismo del siglo XXI llegaron al poder mediante elecciones que siguieron a levantamientos populares;

(4) uno de los principales argumentos de los gobiernos del socialismo del siglo XXI es que en el pasado, los socialistas no tenían en cuenta las especificidades de cada país. Concretamente, destacan las diferencias en materia racial, étnica, geográfica, cultural, de tradiciones y práctica histórica, etc. que ahora son tenidas en cuenta en la definición de socialismo del siglo XXI;

(5) en relación con el punto anterior, el socialismo del siglo XXI hace hincapié en la nueva configuración global de poder del presente siglo, que da forma a las políticas y potencialidades del nuevo socialismo. Entre los nuevos factores citan la desaparición de la antigua URSS y la conversión de China al capitalismo; el descenso relativo de una economía mundial centrada en EE.UU.; el crecimiento de Asia, especialmente China; la emergencia de iniciativas regionales promovidas por Venezuela; el aumento de los gobiernos de centro-izquierda en toda América Latina, y unos mercados diversificados, en Asia, en América Latina, Oriente Próximo y otros lugares;

(6) los gobiernos del socialismo del siglo XXI afirman que la nueva configuración de la sociedad y el Estado no es una copia de otros Estados socialistas, pasados o presentes. Es casi como si cada medida, política o institución fuese un diseño del actual régimen. La originalidad o novedad es un argumento que permite reforzar la legitimidad del régimen ante las críticas externas e internas de la derecha anticomunista, y permite también descartar las críticas de fondo de la izquierda;

(7) los gobiernos del socialismo del siglo XXI hacen hincapié en el hecho de que el liderazgo no tiene vínculos pasados o presentes con el comunismo, y en el caso de Bolivia y Ecuador rechazan abiertamente el marxismo como instrumento de análisis o como base de formulación de políticas. La excepción es el presidente Hugo Chávez, cuya ideología es una mezcla de marxismo y nacionalismo vinculado al pensamiento de Simón Bolívar. Tanto Rafael Correa como Evo Morales evitan las divisiones de clase, y les contraponen la revolución ciudadana contra una oligarquía de partidos corrupta, en el caso del primero, y las comunidades indígenas andinas culturalmente oprimidas contra una oligarquía “europea”.
Crítica de los gobiernos socialistas del siglo XXI

Si bien los gobiernos del socialismo del siglo XXI afirman, más o menos claramente, lo que no son y lo que rechazan del pasado, a izquierda como a derecha, a la vez que plantean en términos generales lo que son, sus prácticas, políticas y configuraciones institucionales arrojan serias dudas sobre sus pretensiones revolucionarias, su originalidad y su capacidad para satisfacer las expectativas de su electorado popular.

Aunque una serie de ideólogos, líderes políticos y publicistas se refieran a sí mismos como socialistas del siglo XXI, hay entre ellos una gran variedad de diferencias en la teoría y la práctica. Un examen crítico de las experiencias de cada uno de los países pondrá de relieve tanto las diferencias entre los gobiernos como la validez de sus pretensiones de originalidad.

Venezuela: la cuna del socialismo del siglo XXI

El presidente Hugo Chávez ha sido el primer y principal defensor y practicante de socialismo del siglo XXI. Aunque otros presidentes y publicistas de América Latina, América del Norte y Europa se hayan subido a este carro, no hay una práctica uniforme que coincida con la retórica pública.

En muchos sentidos, el discurso del presidente Chávez y las políticas del gobierno venezolano definen los límites radicales del socialismo del siglo XXI, tanto en términos de su política exterior, que desafía las políticas de guerra de Washington, como en términos de las reformas internas de tipo socioeconómico. Sin embargo, aunque el modelo venezolano de socialismo del siglo XXI tiene rasgos innovadores y novedosos, tiene también fuertes semejanzas con las reformas de anteriores regímenes populistas-radicales de América Latina y Europa que configuraron estados de bienestar.

La novedad más llamativa y rasgo más original de la versión venezolana del socialismo del siglo XXI es la fuerte mezcla de nacionalismo histórico bolivariano, marxismo del siglo XX y populismo latinoamericano. La concepción del nuevo socialismo que tiene el presidente Chávez tiene su origen intelectual y se legitima en una escrupulosa lectura de los escritos, los discursos y las acciones de Simón Bolívar, padre fundador de la independencia de Venezuela en el siglo XIX. La concepción de una ruptura profunda con las potencias imperiales, y su dependencia del apoyo de las masas en contra de las élites nacionales poco fiables capaces de vender al país para defender sus privilegios está profundamente arraigada en sus lecturas de la ascensión y caída de Simón Bolívar. Sin pretextar una identificación entre Bolívar y marxismo, el presidente insiste en el carácter endógeno y las raíces nacionales de su ideología y su práctica. Si bien apoya a la revolución cubana y mantiene una estrecha relación con Fidel Castro, es evidente que no hace ningún esfuerzo por asimilar o copiar el modelo cubano, aunque adapte a la realidad venezolana determinadas características de sus organizaciones de masas.

Su práctica económica incluye la nacionalización y la expropiación (con indemnización) de amplios sectores de la industria del petróleo; la nacionalización de empresas clave sobre la base de consideraciones políticas pragmáticas, entre otras los conflictos entre trabajadores y capital (sectores del acero, cemento, telecomunicaciones); y la búsqueda de una mayor seguridad alimentaria (reforma agraria). Su programa político incluye la formación de un partido socialista de masas que compita en el marco de un sistema pluripartidista, y la convocatoria de referéndums libres y abiertos para asegurar las reformas constitucionales. La novedad consiste en el fomento del autogobierno local, mediante la formación de consejos comunales no partidistas, basados en los barrios, con el fin de evitar el peso muerto de una burocracia ineficiente, hostil y corrupta. El objetivo de Chávez parece ser el de la sustitución de unas políticas electorales “representativas”, dirigidas por la clase política profesional, por un sistema de democracia directa basado en la autogestión en fábricas y barrios. En términos de política social, se ha financiado una gran cantidad de programas destinados a elevar el nivel de vida del 60% de la población, que incluye a la clase obrera, los trabajadores autónomos, los pobres, los campesinos y las mujeres cabeza de familia. Estas reformas incluyen la atención médica y la educación hasta la universidad, ambas con carácter universal y gratuito. Asimismo, la contratación de más de 20.000 médicos, dentistas y técnicos cubanos, y un programa masivo que abarca la construcción de clínicas, hospitales y unidades móviles que circulan por todo el interior del país y prioriza los vecindarios de bajos ingresos, ignorados por los anteriores gobiernos capitalistas privados y los médicos privados. El régimen de Chávez ha construido y financiado una amplia red de supermercados de gestión pública que venden alimentos y artículos domésticos a precios subvencionados a las familias de bajos ingresos. En materia de política exterior, el presidente Chávez se ha opuesto sistemáticamente a las guerras de EE.UU. en Oriente Próximo y Asia Meridional, y a toda la justificación de las guerras imperiales basada en la doctrina de la Guerra contra el terrorismo.

¿Qué hay de nuevo en el socialismo del siglo XXI venezolano?

Varias preguntas surgen en relación con la versión venezolana de socialismo del siglo XXI: primera, ¿es realmente socialista o, mejor aún, representa una ruptura con el socialismo del siglo XX en todas sus variantes?; segunda: ¿cuál es el “equilibrio” entre los rasgos capitalistas anteriores y actuales de la economía, y las reformas socialistas introducidas durante el decenio de Chávez?; tercera, ¿en qué medida los cambios sociales han reducido las desigualdades y proporcionan una mayor seguridad a la masa de la población en este período de transición?

Hoy Venezuela es una economía mixta, con un sector privado que sigue siendo predominante en bancos, agricultura, comercio y comercio exterior. La propiedad estatal ha crecido, y las prioridades sociales nacionales dictan la asignación de los recursos petroleros. Si bien la economía mixta de Venezuela se asemeja a las economías de la primera época posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa, hay una diferencia clave: el Estado posee el sector de exportación más lucrativo y la principal fuente de ingresos de divisas.

Aunque el gobierno ha incrementado el gasto social en magnitudes comparables o superiores a algunos de los primeros gobiernos socialdemócratas, no ha reducido la gran concentración de la riqueza ni los ingresos de las clases altas por medio de altos tipos impositivos progresivos, como en Escandinavia y otros lugares. Las desigualdades siguen siendo mucho mayores que las que existían en siglo XX, y son comparables a las restantes sociedades latinoamericanas de hoy. Además, los niveles medio-alto y alto de la burocracia estatal, especialmente en el sector del petróleo e industrias afines, tienen niveles de remuneración que son comparables a sus homólogos capitalistas, como sucedió con las industrias nacionalizadas en Gran Bretaña y Francia.

La autogestión de las empresas públicas, una idea relativamente nueva en Venezuela, ha ido más allá de los límites de los programas de coparticipación socialdemócrata aplicados en Alemania, y se limita a menos de media docena de grandes empresas, muy lejos de las extensas redes a escala nacional existentes en la Yugoslavia socialista entre los años 1940 y 1980.

Las propuestas de reforma agraria del régimen, aunque radicales en su intención y promovidas por la fuerza por el presidente Chávez, no han podido cambiar la relación entre los trabajadores agrícolas, los campesinos y los grandes terratenientes. Cuando se han hecho progresos en la distribución de la tierra, la burocracia gubernamental no ha proporcionado a los beneficiarios de la reforma los servicios de extensión, financiación, infraestructuras y seguridad.

La Guardia Nacional, por acción u omisión, no ha conseguido poner fin a los asesinatos de dirigentes y defensores de la reforma agraria a manos de pistoleros a sueldo de los terratenientes. A finales de 2009, hay más de 200 asesinatos de campesinos sin resolver.

Mientras que los publicistas de socialismo del siglo XXI han hecho hincapié en las nacionalizaciones de las empresas de petróleo de los anteriores propietarios, no dan cuenta del creciente número de nuevas empresas conjuntas establecidas con compañías transnacionales de China, Rusia, Irán y la Unión Europea. En otras palabras, mientras que el papel de algunas transnacionales de EE.UU. ha disminuido, la inversión de capital extranjero en los sectores de la minería y el petróleo se ha incrementado, especialmente en los extensos yacimientos del Orinoco. Aunque el cambio de socios de inversión en el ámbito del petróleo reduce la vulnerabilidad estratégica de Venezuela a las presiones de EE.UU., no por ello se potencia el carácter socialista de la economía. Las empresas conjuntas añaden peso al argumento de que la economía basada en empresas de propiedad público-privada se aproxima al modelo de la socialdemocracia de mediados del siglo XX.

El aspecto más cuestionable de la autoafirmación de Venezuela en el socialismo es su ininterrumpida dependencia de un único producto –el petróleo– en un 70% de sus ingresos de exportación, y su dependencia de un mercado único –Estados Unidos–, un socio comercial abiertamente hostil y desestabilizador. Los esfuerzos del gobierno venezolano por diversificar sus socios comerciales adquieren mayor urgencia tras el pacto militar de Obama con el presidente colombiano Álvaro Uribe, de instalación en siete bases militares. Igualmente amenazador para la base de masas de la vía de Chávez al socialismo es la altísima tasa de delincuencia basada en el crecimiento de un lumpenproletariado, y en sus vínculos con el narcotráfico colombiano y funcionarios civiles y militares. En muchos barrios populares, los delincuentes compiten con los líderes de los consejos comunales por la hegemonía, utilizando los disturbios y la violencia para ejercer su dominio. La ineficacia del Ministerio del Interior y de la policía, y la falta de una estrecha relación de trabajo con las organizaciones de barrio representan una seria debilidad en la movilización de la sociedad civil, y marcan una limitación en la eficacia del movimiento de los consejos comunales.

Las importantes reformas introducidas por el gobierno de Chávez y la original síntesis de anticolonialismo de emancipación bolivariano con el marxismo y el antiimperialismo marcan una ruptura con las prácticas neoliberales predominantes generalizadas en América Latina en el cuarto de siglo anterior, que siguen vigentes en numerosos gobiernos contemporáneos de otro signo.

Lo qué es dudoso, sin embargo, es si todos estos cambios equivalen a una nueva versión del socialismo, dado el predominio de las relaciones de propiedad capitalista en los sectores estratégicos de la economía, y las desigualdades de clase persistentes tanto en el sector público y privado.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que el socialismo no es un concepto estático, sino un proceso continuo, y que la mayor parte de las medidas recientes tienden a ampliar el poder popular en las fábricas y los barrios.

Ecuador

En Ecuador, el presidente Correa ha adoptado la retórica del socialismo del siglo XXI y ha ganado credibilidad con varias de sus iniciativas de política exterior, entre otras la terminación del contrato de arrendamiento a EE.UU. de la base militar de Manta, el cuestionamiento de una parte de la deuda externa contraída por los gobiernos anteriores, la crítica de las incursiones transfronterizas de Colombia y el asalto militar de un campamento clandestino de la guerrilla colombiana, así como su crítica a los tratados de libre comercio con EE.UU. y su apoyo al programa de integración regional de Venezuela, el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas). Numerosos medios, entre otros el New York Times, el Financial Times y periodistas de izquierda, del Norte y el Sur, han calificado al presidente Correa como parte de una “nueva ola de presidentes izquierdistas.”

En cuanto a los asuntos de política interna, la pretensión del presidente Correa de ser miembro fundador del socialismo del siglo XXI se basa en su crítica de los partidos de derecha tradicionales y de la oligarquía. En otras palabras, su socialismo se define por aquellos a los que se opone, más que por ningún cambio social estructural.

Sus principales logros nacionales giran en torno a su denuncia de los principales partidos electorales, su apoyo y el liderazgo del movimiento ciudadano, y su éxito en el derrocamiento del gobierno derechista respaldado por EE.UU. de Lucio Gutiérrez, su convocatoria de una Asamblea Constituyente, y la redacción de una nueva constitución. Estas transformaciones jurídicas y políticas definen el límite exterior del radicalismo de Correa y conforman las bases sustantivas de su pretensión de ser un socialismo del siglo XXI. Si bien estas decisiones de política exterior y estos cambios políticos nacionales, especialmente si se observan en el contexto de un aumento de los gastos sociales durante sus primeros tres años de mandato, permiten calificar al gobierno ecuatoriano como de centro-izquierda, no son suficientes o no equivalen a un programa socialista, en particular al observarlos en una matriz estructural socioeconómica más amplia.

Crítica del socialismo del siglo XXI ecuatoriano

La diferencia más notable respecto a cualquier reivindicación creíble del socialismo es la persistencia y la expansión de la propiedad privada capitalista extranjera de los recursos estratégicos minerales y energéticos: el 57 por ciento del petróleo ecuatoriano lo producen transnacionales extranjeras. Se han firmado o renovado contratos de gran escala y largo plazo que garantizan el control mayoritario por parte de empresas transnacionales de los sectores que proporcionan la mayor parte de los ingresos por exportaciones. Y lo que es peor, Correa ha reprimido y rechazado violentamente las reclamaciones de larga data de las comunidades indígenas amazónicas y andinas que viven y trabajan en las tierras otorgadas a las transnacionales mineras. Al rechazar las negociaciones, Correa ha descalificado a los cuatro grandes movimientos indígenas y sus aliados ecologistas tildándolos poco menos que de ser un puñado de elementos atrasados, si no algo peor. La contaminación de las aguas, el aire y la tierra, que produce graves enfermedades y muertes, por las compañías petroleras extranjeras ha quedado demostrado en los tribunales de EE.UU., donde Texaco se enfrenta a una denuncia que puede costarle millones de dólares. A pesar de las sentencias judiciales adversas, Correa ha continuado su esfuerzo para hacer de la explotación minera de exportación el elemento central de su estrategia de desarrollo.

A la vez que ha atacado vigorosamente a la clase capitalista agroexportadora de la costa, centrada en Guayaquil, Correa ha apoyado decididamente y subvencionado a los capitalistas de Quito (zona andina). Su retórica antioligarquíca no es ciertamente una retórica anticapitalista, como su respaldo del socialismo del siglo XXI pudiera indicar.

El éxito del presidente Correa en la creación de un movimiento electoral ciudadano de masas se mide por sus impresionantes victorias electorales, que le han asegurando mayorías presidenciales en competencia multipartidista, y de más del 70 por ciento en las elecciones constitucionales. A pesar de su popularidad, el respaldo popular de Correa se basa principalmente en concesiones a corto plazo, en forma de aumentos salariales y concesión de créditos a la pequeña empresa, medidas que no son sostenibles en esta fase de comienzos de la recesión mundial. La concesión de monopolios de telecomunicaciones a empresas privadas, su oposición a la reforma agraria, y las restricciones a los movimientos huelguistas, aunque no han provocado problemas sistémicos han producido un número creciente de huelgas y protestas. Más importante aún, el fortalecimiento capitalista, sobre todo de propiedad extranjera, del control estratégico de la banca; la exportación comercial; y los sectores mineros, reducen las pretensiones de socialismo del siglo XXI a un ejercicio meramente simbólico, retórico. Lo que es evidente es que la base del nuevo socialismo se basa en decisiones de política exterior (susceptibles de ser revertidas), en lugar hacerlo en cambios en las relaciones de clase, la propiedad y el poder popular. El socialismo del siglo XXI, en el caso de Ecuador, aparece como una forma conveniente de combinar unas acciones innovadoras de política exterior con una estrategia de desarrollo neoliberal de modernización. Por otra parte, las medidas radicales iniciales no se oponen a un posterior retroceso conservador, como se evidencia en el cuestionamiento de la deuda externa, que causó una explosión prematura de alegría por parte de la izquierda, y un posterior regreso a los pagos completos de la deuda.

El socialismo boliviano: capital blanco, trabajo indio

El mayor contraste entre el socialismo del siglo XX y el del XXI se observa entre el régimen actual de Evo Morales (2005-) y la presidencia de corta duración Juan José Torres (1970-1971).

Mientras que el primero ha invitado, abierta y públicamente, a las compañías transnacionales de los cinco continentes a explotar el gas, el petróleo, el cobre, el hierro, el litio, el zinc, el estaño, el oro, la plata y una larga lista de otros minerales; en el siglo, el corto gobierno de Torres nacionalizó y expropió las empresas capitalistas nacionales y extranjeras. Mientras que en la actualidad se han repatriado miles de millones de beneficios durante y después del boom de los productos básicos, en tiempos de Torres, el control estatal sobre los flujos de capital y el comercio exterior limitó la descapitalización del país. A la vez que Evo Morales ofrece cientos de millones en préstamos, subvenciones a la exportación e incentivos fiscales a los exportadores agrícolas más ricos, y expulsa de las grandes propiedades a los ocupantes indígenas sin tierra, en la presidencia de Torres se fomentó la toma de tierras, como medio de profundizar las políticas de reforma agraria. Hay una abundancia de datos socioeconómicos que demuestran que las políticas socialistas emprendidas durante la presidencia de Torres son diametralmente opuestas a las políticas sociales liberales practicadas por el régimen de Morales. En las secciones siguientes se destacan las principales políticas sociales y liberales del régimen de Morales, a fin de evaluar el verdadero significado del autoproclamado socialismo del siglo XXI en Bolivia.

Los cambios sociales

En sus primeros cinco años en el poder (2005-2009), el gobierno de Evo Morales ha llevado a cabo numerosos cambios sociales. La cuestión es si estos cambios equivalen a alguna de las definiciones más generosas de socialismo, o incluso a medidas de transición conducentes al socialismo en un futuro cercano o lejano, dado el alcance y la profundidad de las políticas económicas liberales adoptadas.

Morales ha implementado cambios sociopolíticos en nueve ámbitos. El cambio interno más significativo es en el ámbito político, cultural y de derechos jurídicos de los pueblos indígenas. El régimen ha reconocido derecho de autogobierno a los municipios indígenas, ha reconocido y promovido el bilingüismo en los asuntos locales y la educación, y ha dado rango nacional a las celebraciones de religiosas y festivas indígenas, a la vez que promueve la persecución de los que violen o vulneren los derechos civiles de los indígenas.

Con Morales, el Estado ha aumentado ligeramente su cuota de ingresos provenientes de las empresas conjuntas establecidas con corporaciones transnacionales, ha aumentado el precio del gas vendido a Brasil y Argentina, y también el porcentaje del ingreso destinado al gobierno estatal por encima y en detrimento de los gobiernos provinciales. Dados los precios récord de las exportaciones agrícolas y mineras de Bolivia entre 2005 y 2008, los municipios locales aumentaron su flujo de ingresos, si bien en realidad las inversiones en los sectores productivos y de servicios se han retrasado a causa de obstáculos burocráticos.

Morales autorizó aumentos sustanciales del salario mínimo y los salarios en general, con lo que ha mejorado marginalmente las condiciones de vida. Los aumentos, sin embargo, estaban muy por debajo de las promesas electorales de Morales de duplicar el salario mínimo, y ciertamente no son equiparables a los beneficios extraordinarios obtenidos como resultado del auge de las materias primas.

El juicio abierto a funcionarios locales y al gobernador provincial de Pando, así como a los terroristas de derecha, por el ataque y asesinato de activistas indígenas ha puesto fin a la impunidad de las agresiones contra los ciudadanos indígenas.

El éxito del que más satisfecho está el gobierno es la acumulación de reservas de divisas por un monto de 6.000 millones de dólares, en lugar de las anteriores de 2.000 millones; la disciplina fiscal y el control estricto del gasto social; y una balanza de pagos favorable. En este sentido, las prácticas de Morales han estado más en consonancia con el FMI que con nada remotamente parecido a las prácticas expansivas de los gobiernos socialistas y socialdemócratas.

Triplicar las reservas ante una continuidad de los niveles de pobreza del 60 por ciento de la población indígena, en su mayoría rural, es una política nueva para cualquier gobierno que se pretenda socialista. Ni siquiera otros países capitalistas contemporáneos de América del Norte y la Unión Europea han sido tan ortodoxos como el régimen político revolucionario de Morales.

Morales ha promovido las organizaciones sindicales y sobre todo ha evitado la represión de los movimientos mineros y movimientos campesinos, pero al mismo tiempo ha cooptado a sus dirigentes, disminuyendo así el número de huelgas y demandas colectivas independientes, a pesar de las persistentes desigualdades sociales. De hecho, una mayor tolerancia va acompañada por una relación corporativista creciente entre el régimen y los sectores populares de la sociedad civil.

La estrategia económica del gobierno se basa en una triple alianza entre las transnacionales agroindustriales y de minerales, los capitalistas de las pequeñas y medianas empresas, y los movimientos indígena y sindical. Morales ha invertido millones de dólares en subvencionar a las denominadas cooperativas, que son en realidad propiedades privadas de minas de pequeño y mediano tamaño que explotan el trabajo asalariado con remuneraciones iguales o inferiores al salario normal de los mineros de las grandes explotaciones.

Los principales cambios se dan en su política exterior y en la retórica internacional. Morales se ha alineado con Venezuela en apoyo a Cuba, se ha incorporado a ALBA, ha desarrollado los lazos con Irán, y, sobre todo, se ha opuesto a la política de EE.UU. en varias áreas importantes. Asimismo, se opone al embargo de este país contra Cuba, a sus siete bases militares en Colombia, al golpe de Estado en Honduras y al levantamiento de las preferencias arancelarias. Igualmente importante, Bolivia ha puesto fin a la presencia de la Drug Enforcement Agency (DEA), organismo oficial estadounidense de lucha contra la droga, ha reducido algunas de las actividades de la US Agency for International Development (AID) por subvencionar a organizaciones sociopolíticas de derecha, y realizar actividades de desestabilización. Morales se ha pronunciado enérgicamente contra las guerras de EE.UU. en Afganistán e Irak, ha condenado los ataques de Israel contra los palestinos, y se ha manifestado firme partidario de la no-intervención, salvo en el caso de Haití, donde Bolivia sigue enviando tropas.

Crítica del socialismo del siglo XXI boliviano

El aspecto más llamativo de la política económica boliviana es el mayor volumen y alcance de las inversiones de empresas transnacionales extranjeras en capital de extracción. Cerca de un centenar de transnacionales explotan en la actualidad los minerales de Bolivia y sus recursos energéticos, en condiciones muy lucrativas, dados los bajos salarios y las pocas regulaciones ambientales. Por otra parte, en un discurso leído en Madrid, en septiembre de 2009, Morales invitó a una audiencia de élite de banqueros e inversores a invertir en Bolivia, siempre y cuando no intervinieran en la política interna y estuvieran dispuestos a aceptar la propiedad conjunta. Con independencia de los resultados de estas estrategias de explotación minera basada en el capital extranjero –que en la actualidad no son muy alentadores–, el esquema da un toque peculiar a este socialismo del siglo XXI: la sustitución del proletariado y los campesinos por los ejecutivos extranjeros y los tecnócratas locales es una novedad en la practica del socialismo de cualquier siglo, y está más adecuadamente asociada con el capitalismo de libre mercado.

De acuerdo con las políticas de Morales de puertas abiertas al capital minero, el gobierno ha fortalecido y subvencionado generosamente y otorgado préstamos a bajo interés al sector agroindustrial, incluso en aquellas provincias, como la Media Luna, donde la agroindustria ha apoyado a grupos de extrema derecha para desestabilizar el régimen. La voluntad de Morales de pasar por alto la hostilidad política de la elite agroindustrial, y de financiar su expansión es un claro indicio de la alta prioridad que da al crecimiento capitalista ortodoxo por encima de cualquier preocupación por el desarrollo de un polo alternativo en torno a los campesinos y los trabajadores agrarios sin tierra.

Una visita a las zonas rurales y los barrios urbanos confirma los informes publicados acerca de la naturaleza inmutable de las desigualdades de clase. Las cien familias más ricas de Santa Cruz siguen poseyendo más del 80 por ciento de las tierras fértiles, y más del 80 por ciento de los campesinos y los indígenas rurales están por debajo del umbral de pobreza. La propiedad de las minas, el comercio mayorista y minorista, la banca y el crédito continúan concentrados en una oligarquía que en los últimos años ha diversificado su cartera en otros sectores económicos, creando así una clase dirigente más integrada y con una mayor vinculación con los actores del capitalismo mundial.

Morales ha cumplido su promesa de proteger y fortalecer a la élite económica multisectorial tradicional, pero también ha sumado y promovido a recién llegados, privados y burocráticos, sobre todo altos ejecutivos extranjeros y altos funcionarios, muy bien pagados, que dirigen las empresas conjuntas.

Aunque la mayoría de los socialistas de cualquier siglo estarían de acuerdo en que los grandes propietarios no son los mejores fundamentos posibles para una transición socialista, Morales se ha apoyado y ha promovido la producción agraria destinada a la exportación en lugar de la agricultura familiar de producción local de alimentos. Peor aún, las condiciones de vida de los trabajadores agrícolas apenas ha mejorado, y, en un caso extremo, algunos miles de indígenas seguían siendo explotados como mano de obra esclava tres años después de la llegada de Morales al poder. La dura explotación de los trabajadores agrícolas es una preocupación menor que el aumento de la productividad, las exportaciones y los ingresos del Estado. Si bien se ha aprobado una legislación laboral que facilita la actividad sindical, ésta no se aplica en el campo, sobre todo en las provincias de la Media Luna, donde los inspectores laborales evitan enfrentarse con las asociaciones de propietarios, bien afianzadas. Las ocupaciones de tierras por algunos trabajadores rurales sin tierra han sido denunciadas por el gobierno. Los movimientos de base que presionan por una reforma agraria en extensas fincas infracultivadas han sido decididamente rechazados por el gobierno, que viola con ello sus propias declaraciones que sólo las granjas cultivadas no serían expropiadas.

Dado el énfasis del gobierno en los aspectos cultural y político de su versión de socialismo del siglo XXI, no es sorprendente que se hayan dedicado más tiempo y más recursos a la celebración de fiestas, cantos y danzas indígenas que a la expropiación y distribución de tierras fértiles a la masa de indígenas desnutridos.

El esfuerzo del régimen para desviar la atención de la reforma agraria, mediante la solución de instalar a los indígenas sin tierra en las tierras públicas tropicales alejadas ha sido un desastre. Este plan de colonización, organizado por el llamado Instituto de Reforma Agraria, arrojó a los indígenas del altiplano a unas tierras asoladas por las enfermedades y sin preparación de la tierra, sin las herramientas, la