|
4.-
Declaración de Antequera
La Declaración
de Antequera sintetiza los compromisos de los municipios y demás entidades
locales que participaron en la Asamblea constituyente de la Red Estatal por los
Presupuestos Participativos que tuvo lugar el pasado día 4 de julio en Antequera
Asamblea
constituyente de la Red Estatal por los Presupuestos Participativos
Reunidos en Antequera los y las representantes de las diferentes Entidades
locales
territoriales presentes, acordamos constituir la Red Estatal por los
Presupuestos
Participativos y declaramos que:
1. Apostamos por la Democracia Participativa como nueva forma de gobierno
que se fundamenta en el desarrollo de procesos participativos a través de los
cuales la ciudadanía recupere el espacio público y desarrolle sus propias
estrategias para intervenir en el entorno que la rodea.
2. Teniendo en cuenta los límites de los instrumentos de la democracia
representativa, consideramos que es necesario impulsar nuevas formas de
gestión participativa que fortalezcan a la ciudadanía y a las instituciones
públicas. El presupuesto participativo debe ser una herramienta útil para lograr
el empoderamiento económico, político, social y cultural de la ciudadanía, en
particular de los sectores sociales más excluidos, fomentando la participación
de estos y su capacidad de decisión sobre los asuntos municipales. Los
presupuestos participativos han de ser una herramienta para la inclusión
social.
3. Entendemos que unos presupuestos participativos así concebidos deben incluir
como mínimo los siguientes criterios:
autorreglamentado
vinculante
universal: una mujer, un hombre, un voto
con un sistema de seguimiento, control social del proceso y rendición de cuentas
deliberativo
4. Nos comprometemos con la promoción y defensa de lo público a partir del
fomento de los procesos de participación en la gestión pública.
5. Consideramos necesario el fomento de la cooperación descentralizada y el
trabajo en redes internacionales para la promoción de la gobernabilidad
democrática en la articulación necesaria entre lo local y lo global.
6. Así mismo, consideramos necesaria la coordinación con otras redes
municipales que tienen el compromiso de fomentar una cultura participativa de
la gestión pública en el desarrollo de la ciudad.
7. Nos comprometemos a crear herramientas que favorezcan el aprendizaje
colectivo, impulsando la multiplicación y diversidad de las experiencias como
una de sus mayores potencialidades, fomentando la capacitación de los
distintos actores que intervienen en los procesos (cargos públicos, personal
técnico, ciudadanía…).
8. Nos comprometemos a fomentar una nueva cultura participativa que camine
hacia la construcción de estrategias para la planificación y gestión
participativa
del territorio.
9. Nos comprometemos a fomentar la puesta en marcha de presupuestos
participativos universales, vinculantes y autorreglamentados en los municipios
y a generar los espacios necesarios de encuentro, debate y coordinación entre
estos.
Antequera, 4 de julio de 2008
3.- Una reflexión
sobre los Presupuestos Participativos
Herramientas de transformación
social
Presupuestos participativos: ¿en los márgenes del radicalismo?
Miguel Martínez
Diagonal (22-7-07)
El 22 y 23 de junio se celebraron unas jornadas en Coimbra (Portugal) sobre este
tema con reputados especialistas. Entre las exposiciones, se presentó una
evaluación de las más de 50 experiencias que han proliferado en Europa en poco
más de un lustro. Sobre todo, en Italia, Alemania, Francia y España. Ante todo,
no nos engañemos: aunque su origen es latinoamericano e izquierdista, los
presupuestos participativos han acabado siendo adoptados por gobiernos de todo
el espectro ideológico. Quizás, gracias a que el Banco Mundial los ha incluido
en su catálogo de ‘buenas prácticas’: nada que temer, pues (por ejemplo, el PP
fue quien los implementó en Logroño, aunque despojándolos de gran parte de su
contenido y coartando su difusión pública).
Segundo aprendizaje: hay tanta variedad de ‘presupuestos participativos’ como
los tipos de gente que se implican y las metodologías de participación que se
adoptan (a lo anterior se podría añadir la complejidad de la trama asociativa,
como es el caso de Córdoba, y el volumen poblacional del municipio, destacando
el caso de Sevilla, por ser una de las ciudades europeas más grandes en
embarcarse en estos procesos). Los rasgos más invariables son simples: la
iniciativa suele proceder de los gobiernos locales y sólo una parte del gasto
municipal es sometido a discusión.
‘Subvencionitis’
¿Se trata del tipo de ‘reformas radicales’ de las que apenas han hablado
nuestros miles de aspirantes a alcalde/ sa a lo largo y ancho del territorio
ideológico? Depende de lo que tengamos en cuenta. Aportan una transparencia que
puede frenar la corrupción, el clientelismo y la ‘subvencionitis’. Abren
espacios de debate que acaban en compromisos concretos de uso de los recursos
públicos.
Y, para unos cientos de ciudadanos, se crean redes de relación y organización
social donde antes eran meras comparsas y convidados de piedra al tinglado
electoral cuando tocaba. No es poco, sin duda. A veces, incluso, algún grado más
de calor democrático que el practicado en el seno de algunas oscuras
asociaciones y partidos. Pero tampoco es como para echar cohetes. Son una
institución participativa más, pero no la panacea de la participación ciudadana.
No son muchos los que aprenden más, proponen más, reivindican más y deciden más.
Las iniciativas de muchas organizaciones y movimientos sociales no encuentran en
esos procedimientos sus mejores canales de expresión, ni en el gobierno local a
su interlocutor. Hay hasta gobernantes que han vendido los presupuestos
participativos como fachadas de cartón-piedra tras las cuales seguir operando
con sus negocios particulares, o que han clausurado aquéllos de un plumazo
cuando su desarrollo amenazaba sus frágiles pilares de poder local. Y no se
puede decir que apunten al corazón de las desigualdades sociales más sangrantes:
participa quien quiere y, sobre todo, quien puede; y quien participa suele
ocuparse más de lo propio y cercano que de lo común y alejado.
Una dosis
Presupuestar, invertir y gastar dentro de esos límites institucionales deja, en
todo caso, un margen estrecho para alterar profundamente la reproducción de las
desigualdades. Claro que siempre habrá alguien que levantará el dedo para
erigirse en más radical que el último radical en hablar. Por supuesto que
necesitamos más huelgas salvajes, más rebelión de los oprimidos, más
reapropiación social de la riqueza, más cooperación entre diferentes próximos...
(prosígase la lista). Pero no por eso vayamos a tirar por la ventana el agua de
la bañera con el niño dentro. Los izquierdistas que han promovido los
presupuestos participativos no estaban tan errados al vislumbrar en ellos una
dosis de democracia directa. Y sus derroteros son impredecibles, dependen de
quién y cómo se involucre.
Voz al pueblo
Como apuntó Boaventura Santos, un sociólogo portugués entusiasta de estos
experimentos, los presupuestos participativos permiten un buen margen para
seguir haciendo política, del color que sea. No son, pues, una mera receta
técnica de ‘innovación’ y ‘modernización administrativa’, aunque esas etiquetas
de moda les vengan bien a algunos para conseguir trabajo. De hecho, Santos
apuntó en su presentación distintos fenómenos que incidían en el temor de muchos
políticos y activistas al desarrollo de los presupuestos participativos. Entre
ellos, destacaban su ‘tecnificación’ y su ‘ideologización’. Lo segundo es
imaginable: para muchos suponen darle alas a los partidos y asociaciones más
izquierdistas, darle una voz al pueblo que pueda amenazar y minar los pilares de
los procesos representativos que tan buenos réditos les dan a los partidos
políticos consolidados.
En consecuencia, ese supuesto ‘izquierdismo’ teñiría las propuestas de iniciar
presupuestos participativos con el consenso de partidos y organizaciones
sociales menos dispuestas, en principio, a cambios sustanciales en la política.
La cuestión técnica no deja de suscitar recelos: para muchos se trata sólo de
que algunos izquierdistas venden la ‘innovación’ como un conjunto complejo e
inextricable de reglas, reuniones, porcentajes, comisiones, baremos, cálculos de
compensación, etc., que espantan al mejor intencionado. En consecuencia, los
presupuestos participativos vuelven a parecer cosa de técnicos y expertos, como
si ya estuviesen decididas muchas cosas de antemano y a la gente sólo le quedara
hablar, votar y, tal vez, mezclarse un poco con el personal cualificado que sabe
cómo llevar todo el proceso a buen puerto. Ni tanto, ni tan calvo. Son
necesarios acuerdos y negociaciones con los diferentes, al igual que es
necesario inventar en común una metodología. Pero las incertidumbres en todo lo
demás parecen hasta saludables, aunque puedan llegar a desbordar el canon
procedimentalista de la democracia.
Como se puede deducir, hasta unas pequeñas dosis de democracia directa en el
seno de este mundo imposible causan abundantes controversias. Afortunadamente,
se han extendido al debate del movimiento alterglobal, aunque muchos
apoltronados de la política convencional sigan sin enterarse. No obstante, otras
dosis, protestas y demandas, inevitablemente, siguen haciendo falta al margen de
esos márgenes.
* Miguel Martínez es profesor de sociología
2.- Los
presupuestos participativos en España: un balance provisional.
Carmen Pineda Nebot
Bajar documento en pdf
1.- Poder local y Democracia participativa en
América Latina
Bajar
documento en pdf
|