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El futuro del Foro Social Mundial
De cara a un próximo debate en el Foro Social de Jaén sobre el futuro del Movimiento de los Movimientos tras el Día de Acción Global del pasado 26 de enero, y de cara también a los próximos eventos, os ofrecemos un conjunto de artículos que reflexionan sobre el particular.
Esperamos que nos ayuden y nos abran una poca de luz.
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«Tras Belem do Parà, habrá que repensar el Foro Social Mundial» Entrevista a Cándido Grzybowsky, uno de los fundadores del Foro Social Mundial y director del prestigioso Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos Agus Hernán Gara (21-10-08) Uno de los fundadores del Foro Social Mundial de Porto Alegre hace ya nueve años, Cándido Grzybowsky, quien prefiere ser presentado como «activista antes que como analista», compartió con GARA en Guatemala sus ideas para repensar un modelo, el de los foros, que está siendo puesto en cuestión en los últimos tiempos. Más tras la reciente experiencia europea en Malmö. p026_f02250x188.jpg Cándido Grzybowsky es uno de los fundadores, hace ya nueve años, del Foro Social Mundial. Director del prestigioso instituto IBASE (Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos), a sus 63 años de edad no ha perdido la energía para viajar por medio mundo. Le gusta presentarse como «analista, pero sobre todo como activista» y cree que una de las claves actuales pasa por estructurar un nuevo diálogo entre la sociedad civil y los gobiernos en un momento en que la crisis del sistema neoliberal aparece con toda su brutalidad. Este brasileño habla sin pelos en la lengua sobre el «fin de una etapa» que está viviendo el Foro Social Mundial (FSM) y aboga «por repensar este instrumento» tras la octava edición que celebrará en enero en plena Amazonia, siempre bajo la utopía de «Otro mundo es posible». Tras casi nueve años, ¿en qué perspectiva sitúa la próxima edición del FSM en Belem do Parà? Si en sus inicios el foro fue criticado por elitista, hoy movimientos sociales en todo el planeta se lo han apropiado. Ejemplo de ello es la multiplicación de foros, no sólo los regionales como los de Europa y el de las Américas que acabamos de clausurar aquí, sino todos los foros nacionales y temáticos que han florecido, Otra crítica en su inicio fue que se trataba de un foro muy latino. Es cierto que en el de Porto Alegre la principal presencia provenía del sur de Europa y de América del Sur. Ese carácter latino cambió con el foro de India, en 2004. El reciente foro europeo ha puesto en evidencia la crisis de la izquierda en Europa, pero también en América Latina hacer un foro como éste de Guatemala tiene complejidades. Pero lo que hay que destacar es que, a pesar de las complejidades de cada región, las fuerzas que hacen el foro son tantas y tan diversas que no permiten su control por una sola idea. El foro se refuerza en todos ellos en su horizontalidad, su diversidad y su carácter no estructurado e independiente. En Guatemala hemos visto que hay muchos actores de base y cuanta más diversidad haya en los foros menos uniformidad habrá. El foro sorprende siempre porque en las diferentes ediciones comprobamos que si alguien pensé en su momento que podía controlarlo, se ha dado cuenta de que es imposible. En Malmö (Suecia) muchos vieron la fórmula Foro Social Mundial como agotada... Yo no se cuánto tiempo puede durar este tipo de formato y tampoco sé si ya cumplió su tarea. En sus inicios, el foro estuvo muy marcado por la agenda neoliberal, por el capitalismo más depredador, más salvaje, que no tenía enfrente ninguna regulación ni ningún contrapeso. Hoy en día no sólo somos nosotros los que decimos que el sistema necesita mecanismos de regulación; son los propios gobiernos los que constatan que el sistema económico sin regulación no da para mas. En este sentido, es un momento importante para que la cultura política que el foro ha ayudado a construir determine o no la nueva etapa política que debiera venir. Cuando hablamos de trabajar mucho mejor la diversidad y de establecer mecanismos de diálogo también nos referimos al equilibrio entre gobiernos y sociedad civil. En enero es importante superar la dispersión en el temario y concretar una serie de ejes fundamentales. Después del próximo foro de Brasil habrá que repensarlo. A lo mejor hay que crear otro espacio nuevo. Yo sí pienso que la ola del foro va a continuar expandiéndose, llegando a lugares como Europa del Este o a Nepal, con el foro nacional que se celebrará en abril en aquel país. Es un formato interesante para estos países que se incorporan a esta cultura política. Algunos pensarán que hace falta un instrumento nuevo, habrá que ir discutiendo la virtualidad del instrumento foro en ese nuevo contexto político que se va abriendo camino. Yo he propuesto organizar en 2010, coincidiendo con los 10 años del primer foro, un foro de balance de nuevo en Porto Alegre. La cuestión medioambiental es central en la agenda mundial. Pero es una cuestión con no pocas contradicciones. Brasil es un Gobierno progresista pero la postura de Lula sobre los biocombustibles crea mucha controversia... No es tarea del foro ver qué negociaciones se llevan en temas como los biocombustibles, pero sí es tarea del foro ayudar a que el debate surja y articularlo. En 1992, la conferencia mundial de Río de Janeiro puso ya en evidencia el grave problema medioambiental, agravado después con el calentamiento climático. Hoy vemos cómo la crisis ambiental se muerde la cola con el desarrollo capitalista. El planeta ya no da mas de sí. Este problema pone en cuestión las bases fundadoras sobre lo que pensábamos que era el desarrollo. Basada en el modelo de consumo, predominaba la idea de que la ciencia puede dar siempre soluciones, idea en la que también creía el marxismo... Es todo esto lo que está en crisis. En este contexto la elección de la Amazonia para hacer el octavo FSM no es gratuita. En este contexto de crisis profunda de los propios fundamentos de la economía, la Amazonia surge como un espacio asumido como una reserva planetaria. Es un territorio compartido entre nueve estados pero en el que viven 10 millones de personas, con su propia articulación social. Es, por lo tanto, un espacio no exclusivo sino compartido. Esta idea debe prevalecer sobre la idea del Estado que lo controla todo -en este caso, Brasil-, incluida la naturaleza de la Amazonia. La Amazonia ha dejado de ser una frontera natural que separa estados. Es algo radicalmente nuevo. Deben articularse respuestas colectivas teniendo en cuenta a los pueblos originarios que viven en sus límites que, no lo olvidemos, cuentan por su parte con un fuerte movimiento social organizado. Al mismo tiempo, no podemos olvidar que es una elección con muchas dificultades logísticas. Llegar allí cuesta mucho dinero, no hay infraestructuras para acoger a tanta gente... Y eso puede repercutir en una menor presencia en la próxima edición de enero. El foro es una estructura horizontal. ¿Cómo se plantea su relación con los gobiernos, en una región con varios ejecutivos progresistas? La reunión del Consejo en Dinamarca declinó invitar de manera oficial a los presidentes y dejó libertad a sus miembros para hacerlo bajo ciertas condiciones. Yo lamento personalmente esta decisión. Lamento no aprovechar esta posibilidad de diálogo con ellos. Allí se enfrentaron dos posturas. Una, la que considero fundamentalista, de poner por delante que «no nos queremos contaminar»; y la otra, la vieja cultura de la izquierda sobre la relación entre partidos y movimientos sociales. Concretamente la de quienes quisieran que el foro fuera el sustitutivo de las internacionales. Evo Morales, Rafael Correa, o Lula, fueron miembros del foro y la realidad es que ellos van a venir independientemente de lo que nosotros decidamos. Yo pienso que el foro forma parte del clima propicio que ha llevado a estas personas a las presidencias. Somos nosotros los que les votamos, no se votan ellos. Nosotros tenemos que tener una actitud ciudadana radical. Debemos decirles: «¡Nosotros les pusimos ahí, dialoguen entonces!» A nosotros nos corresponde interpelarles de manera permanente para saber si cumplen con lo que se comprometieron y con aquéllo por lo que les votamos. Desde el Foro Social de las Américas surge la convicción de que en América Latina existe una capacidad de proponer e interpelar a los gobiernos y de ser escuchados. ¿No es una análisis que parte de una concepción excesivamente optimista de la fuerza propia? No conozco bien la situación en Centroamérica, pero sí es cierto que tal vez no evaluamos bien nuestra propia fuerza. Los gobiernos, en general, son expresión de un sentido de la ciudadanía pero deberían ser capaces de funcionar con un contrapeso. Funcionar no sólo con criterios de gobernabilidad. Si las transnacionales les presionan permanentemente, nosotros debemos hacer lo mismo, estar vigilantes permanentemente. Desde la libertad de los movimientos de poner sobre la mesa sus demandas pero sabiendo que sólo serán aceptadas en función de nuestra propia fuerza para defenderlas. Y tal vez tengamos más fuerza de lo que imaginamos. No podemos esperar que el Estado responda de manera automática. Debemos mirar más a nuestra capacidad de hacer que a la respuesta del Gobierno. La cultura política tradicional es esperar que un partido político nos diga lo que hacer. Si hay algo nuevo en el foro es que nosotros no esperamos que los partidos nos dijeran qué hacer. Pienso que es función de los movimientos sociales crear problemas, es una cultura a desarrollar, la de reclamar, interpelar. Y, para ello, no necesita necesariamente buscar la toma del poder. Esta cultura política de toma del poder no funcionó. La cultura del foro pasa por no olvidar que la democracia, antes que todo, es la calle. La calle con su legitimidad frente a su legalidad. La legalidad es consecuencia y no origen. Eso nos lleva a la disyuntiva de cómo hacer avanzar actos que a veces son ilegales pero son legítimos. Y pongo como ejemplo el caso del movimiento de los Sin Tierra en Brasil, con toda su profunda radicalidad.
¿Qué
altermundismo después del «fin del neoliberalismo»?
De la
resistencia a la construcción de alternativas
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Foro Social Mundial en perspectiva Josep Maria Antentas y Esther Vivas ALAI (5-3-08) El Foro Social Mundial (FSM), con sus siete ediciones celebradas anualmente desde el 2001, se ha convertido en una de las referencias simbólicas internacionales más importantes para el grueso de las fuerzas críticas con la globalización neoliberal. Las razones del éxito del proyecto del FSM son variadas pero pueden explicarse sobretodo por el contexto en el que fue lanzado y por el formato de la propuesta. Su lanzamiento durante el año 2000 tuvo lugar en el período inicial de ascenso y rápido desarrollo del movimiento « antiglobalización » bajo el impacto de las movilizaciones de Seattle en noviembre de 1999. En este contexto surgió la idea del Foro Social Mundial, a modo de contra-punto al Foro Económico de Davos, y conectó con el espíritu del movimiento emergente, apareciendo como un polo de atracción y como una referencia internacional para buena parte de sus integrantes (aunque no para todos y con grados de interés variables). El formato de la propuesta y su concepción de fondo eran funcionales a las necesidades del momento, al permitir abrir un punto de encuentro amplio y flexible, adaptable a un movimiento cambiante, plural y en desarrollo. Evoluciones y cambios de contexto El contexto internacional en el cual el Foro se ha desarrollado ha ido modificándose sustancialmente desde el año 2001. En el período posterior a Seattle, el movimiento experimentó un proceso de fuerte crecimiento hasta las movilizaciones contra el G-8 en Génova en julio de 2001 y los atentados del 11 de septiembre en New York. Después de algunos titubeos iniciales, en los que el movimiento pareció perder fuelle, la nueva etapa se caracterizó por la centralidad adquirida por la lucha contra la “guerra global permanente”, cuyo cenit fueron las protestas del año 2003 contra la invasión de Irak. En los últimos tres o cuatro años se ha entrado en una nueva fase marcada por una pérdida de visibilidad de las movilizaciones internacionales “antiglobalización” y de su capacidad aglutinadora y unificadora, en un contexto de auge y multiplicación de las luchas concretas frente al neoliberalismo y de mayor dispersión sectorial y de “nacionalización” de las mismas. El FSM ha ido evolucionando en consonancia con la coyuntura política y de la movilización internacional. Después de una primera etapa de ascenso, de aumento de su visibilidad y de creciente capacidad de atracción, el Foro atraviesa en la actualidad una crisis de perspectivas y un futuro incierto. El FSM no ha quedado al margen del reflujo actual del movimiento “antiglobalización” y de las protestas internacionales en motivo de las contra-cumbres. Aunque no haya perdido poder de convocatoria estrictamente (cuestión difícil de medir por potra parte debido a sus rotaciones geográficas), ha experimentado un decrecimiento de su impacto e influencia y de su condición de referente internacional. La pérdida de empuje del movimiento “antiglobalización” y la dispersión y fragmentación de las protestas, ha generado, progresivamente, brechas crecientes entre el proceso del FSM y las luchas reales, cuyo vínculo se hizo prácticamente de forma automática en el período inicial del Foro. El cambio de contexto operado en los últimos años y la pérdida de centralidad del movimiento “antiglobalización” en la esfera internacional ha repercutido en la disminución de su influencia en el seno del FSM, cediendo espacio a los sectores más institucionalistas y menos orientados a la acción. El binomio de “unidad en la radicalidad”, propio de una primera etapa del FSM, y simbolizado en particular en el Foro Social Europeo de Florencia, ha dejado de existir. En este contexto, el último periodo en la trayectoria del proceso del FSM muestra tendencias a una creciente institucionalización del evento, al alejamiento respecto de las luchas sociales y a una creciente hegemonización político-organizativa por parte de los sectores menos orientados a la acción, quienes han ido ganando peso al menos en las instancias de decisión. La última edición del FSM en Nairobi constituyó un toque de atención y un contra-ejemplo de cómo tenía que ser el FSM, donde muchos de los problemas que éste ha venido arrastrando en ediciones anteriores se acentuaron y multiplicaron. En particular: las tendencias a la mercantilización del evento, a la institucionalización y su “oenegización” y el alejamiento de los movimientos sociales de base. Nairobi constituyó, desde este punto de vista, una advertencia preocupante de algunas evoluciones de fondo del proceso del Foro y, en particular, de sus instancias decisorias como el Comité Internacional. Esta evolución se ha dado en paralelo al aumento de las tensiones internas en el seno del FSM. El discurso fundacional del Foro, simbolizado por la Carta de Principios, tuvo un perfil “antineoliberal” amplio, que permitió la incorporación al proceso de una gran pluralidad de sectores. Sin embargo, en el discurso del FSM han existido desde el comienzo importantes “ambigüedades políticas”/1 e “indeterminaciones estratégicas”/2 sobre aspectos fundamentales que se han traducido en controversias internas, en particular entre su polo más institucionalista y moderado y el más anticapitalista y orientado a la acción, en paralelo al agotamiento de la dinámica inicial de “expansión por consenso”/3 del movimiento “antiglobalización” y del propio proceso del FSM. Impacto y arraigo del proceso El alcance y el arraigo del proceso del Foro ha sido muy desigual. América Latina y Europa del Sur han sido las regiones donde la dinámica ha tomado más consistencia, mientras ésta ha sido muy débil en África, los países del Este y en menor medida Norteamérica. En Asia el proceso arrancó más tarde pero, después del Foro Social Mundial en Mumbai en el 2004, se ha desarrollado de forma considerable. La dinámica de “regionalización”, impulsada en el 2002 con la realización de foros regionales, nacionales, temáticos... permitió un mayor arraigo del mismo en realidades sociales específicas. Sin embargo, la etapa de extensión rápida del proceso, experimentada en sus primeros años de vida, quedó ya atrás y hoy un rasgo fundamental del mismo es su creciente desigualdad en términos geográficos. Como señala Pierre Rousset/4, en algunos lugares el proceso de los foros todavía juega un rol motor e inspirador de convergencias, en otros sobrevive más o menos estancadamente pero contribuye a preservar las dinámicas unitarias creadas en los últimos años, y en otros simplemente está desconectado de las confluencias y luchas reales y juega un rol marginal. En lo que se refiere al impacto concreto, a su utilidad real y al abanico de fuerzas implicadas, el balance es muy diverso país por país. En términos globales, desde su nacimiento en el año 2001, los foros sociales han actuado como un “agrupamiento defensivo” frente a la globalización neoliberal pero que permite una expresión ofensiva de alternativas y movilizaciones, y como un cierto “polo unificador” y un espacio de convergencia de solidaridades/5. Si bien éstas son aún frágiles, a menudo poco inestables, y en muchos casos limitadas al terreno simbólico. Los foros no han generado automáticamente un refuerzo de las luchas concretas contra el neoliberalismo, pero sí que han sido un referente para algunas de las mismas y han servido para inspirar iniciativas diversas, contribuyendo a crear un clima más propicio al trabajo en común en los lugares donde se han celebrado. En algunos casos, las convergencias creadas han sido más bien puntuales y poco duraderas aunque como mínimo han dejado un poso que facilita unidades posteriores en torno a nuevas campañas y luchas. En cualquier caso los foros han permitido inyectar energía y fuerzas “hacia dentro”, entre sus participantes, aunque los logros y avances obtenidos en los mismos sean insuficientes “hacia fuera”, es decir, en relación a la magnitud de las tareas necesarias para combatir con éxito a la globalización neoliberal/6. Incertidumbres de futuro Después de siete ediciones, el FSM se enfrenta a unas perspectivas de futuro complejas. Una etapa terminó en la historia del FSM y la que se abre es incierta. El Foro necesita afrontar importantes debates sobre su porvenir para evitar caer en un proceso de repetición y rutinización y mantener su funcionalidad en tanto que espacio de discusión y articulación de campañas y movilizaciones. Uno de sus riesgos es simplemente aparecer como algo cuya utilidad es decreciente, que se mantiene por inercia, en un momento donde el efecto novedad ya pasó y donde la etapa de “crecimiento lineal” del movimiento “antiglobalización” también. De forma retrospectiva, el auge del movimiento “antiglobalización”, a partir de 1999 con las grandes movilizaciones internacionales y el proceso de los foros sociales en sus primeros años, proporcionó un primer impulso en la convergencia y la dinamización de las luchas contra la globalización neoliberal. Éstas han seguido aumentado en los últimos años, aunque en un contexto de fragmentación y desagregación, de mayor “nacionalización” de las luchas, de dispersión sectorial y de pérdida de empuje del movimiento. En este contexto de fondo, el doble reto estratégico que aparece como central en el horizonte para las fuerzas opuestas a la globalización neoliberal es, por un lado, reforzar los procesos de auto-organización “desde abajo”, recomponer el tejido asociativo, multiplicar las protestas y arraigarlas en realidades sociales específicas y, por otro lado, seguir buscando puntos de confluencia entre las distintas luchas y una mayor articulación entre las mismas a escala nacional e internacional a través de puntos de encuentro simbólicos, como los foros sociales, y de campañas y redes específicas. Es necesario combinar un mayor arraigo de las luchas “desde abajo” y al mismo tiempo la coordinación y la articulación de las luchas, con el objetivo de evitar un doble peligro: la desarticulación y desagregación de los espacios de convergencia, empezando por el propio proceso del Foro Social Mundial, o bien su desconexión “por arriba” respecto a las luchas sociales “por abajo”. Los foros sociales no son un fin en sí mismos, sino un instrumento al servicio de la discusión y la articulación de campañas y movilizaciones, y tienen que ser vistos y concebidos como tales. Tienen sentido si ayudan a avanzar en esta dirección y ésta es una cuestión que hay que tener muy presente en el actual debate sobre el futuro del FSM y al hacer balance de su trayectoria. Como señalaba Arundhati Roy/7 ya en su discurso inaugural del FSM en Mumbai, el Foro “es uno proceso vital que no debe ser socavado. Sin embargo, si todas nuestras energías son desviadas hacia este proceso a expensas de una acción política real, entonces el FSM, que ha jugado un papel tan crucial en el movimiento por una justicia global, corre el riesgo de convertirse en uno activo para nuestros enemigos. Necesitamos urgentemente discutir las estrategias de resistencia. Necesitamos centrarnos en blancos reales, librar batallas reales e inflingir daño real”. La vitalidad y autoridad simbólica del FSM se han derivado del hecho de ser percibido como la mayor expresión de las luchas contra la globalización neoliberal. El día en que el FSM apareciese como un proyecto desvinculado de ellas, el proceso se deshincharía rápidamente o perdería su utilidad como instrumento para seguir avanzando en la lucha por este “otro mundo posible” del cual ha sido un estandarte muy importante, aunque con contradicciones y límites. * Josep Maria Antentas y Esther Vivas, coautores de “El Foro Social Mundial” (Icaria ed., 2008) y miembros de la redacción de Viento Sur. Notas: 1/ Romero, M. (2008). “El Foro y la Política: el riesgo de la extinción” en AAVV. El futuro del Foro Social Mundial. Barcelona: Madrid, 2008. 2/ Rousset, P. (2008b) “Contribution au débat sur le processus du FSM dans son étape actuelle” en: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article9317 3/ Bensaïd, D. “La expansion del movimiento por consenso ha terminado” en La Vanguardia, 10/01/05 4/ Rousset, P (2008b) Op. Cit. 5/ Rousset, P (2008a) “La experiencia del FSM como un nuevo marco de solidaridades” en AAVV. El futuro del Foro Social Mundial. Barcelona: Madrid, 2008. 6/ Romero, M. (2008). Op. Cit. 7/ Roy, A. “¿Los pavos disfrutan el Día de Acción de Gracias?” en Vivas, E (Ed.) Mumbai. Barcelona: Icaria, 2004.
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El Foro Social Mundial y la política: el riesgo de la extinción
[Este texto forma parte del libro 'El futuro del Foro Social Mundial', Icaria, Barcelona, 2008] Miguel Romero Viento Sur (4-2-08) I. En enero del año 2006, unos días antes de la reunión del Foro Social Mundial (FSM) en Caracas, el sociólogo brasileño Emir Sader publicó el artículo “Foro Social Mundial. O risco da intranscendência” (Carta Maior. 20/01/2006). Sader consideraba que: “O el Foro Social Mundial (FSM) sale de la fase de resistencia al neoliberalismo y pasa a participar activamente en la lucha por ‘otro mundo posible’ o quedará relegado a la intranscendencia. La realización del FSM en Venezuela es una excelente oportunidad para dar ese salto. Si no la aprovecha, y continúa con el mismos discurso que antes, sin aprender de las extraordinarias conquistas y lecciones que América Latina y el Caribe están ofreciendo, se condenará a perpetuar su actual marginalidad en relación a los grandes combates que se luchan contra la hegemonía imperial y el neoliberalismo en el mundo, los reinos del dinero, de las armas y de los medios de comunicación monopolistas”. Sader ponía así sobre la mesa un tema fundamental que el FSM había esquivado desde su fundación: las relaciones del Foro, y por extensión de los movimientos sociales, con el poder político. La reunión de Caracas confirmó que ésta era no una, sino “la” cuestión fundamental para el futuro del proceso iniciado en enero de 2001 en Porto Alegre. Desde entonces, cada convocatoria había contado con un mayor número de participantes, se había logrado con éxito la extensión del Foro a Europa, Asia y África, se había popularizado el lema “Otro mundo es posible” e incluso la marca “Foro Social”, aunque con usos muy diferentes, y en algunos casos aberrantes, respecto a su sentido original /1..., pero los logros obtenidos de la campañas y movilizaciones inspiradas por el Foro habían sido muy limitados: en lo que se refiere a iniciativas de alcance general, fundamentalmente, la paralización del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), pero no de los Tratados de Libre Comercio que la siguieron, y las grandes manifestaciones de febrero de 2003 contra la guerra de Irak, pero no evitar la guerra. Las numerosísimas acciones sectoriales y locales de reivindicación y resistencia animadas por organizaciones y movimientos vinculados con el FSM no habían obtenido frutos significativos en ningún país. Cada Foro terminaba siempre con un balance positivo, pero referido hacia adentro: la voluntad expresada de continuar en la lucha, la inyección de moral que recibían los participantes, la continuidad del proceso, etc., consideraciones, sin duda, muy valiosas, pero claramente insuficientes para el objetivo proclamado de ser, no sólo el referente mundial de la lucha contra el neoliberalismo, sino además el lugar de elaboración de alternativas capaces de orientar las luchas sociales en esa dirección. En cambio, la llegada al gobierno de Lula en el año 2003, la consolidación de la “revolución bolivariana” en Venezuela, la victoria electoral del MAS en diciembre de 2005... cambiaron el panorama y las expectativas políticas en América Latina /2, y alcanzaron un impacto considerable en organizaciones y movimientos sociales en todo el mundo. Con independencia del balance muy controvertido de las realizaciones prácticas de estos gobiernos, apareció en ellos un camino para desarrollar alternativas al neoliberalismo que obtuvieran resultados sociales y políticos tangibles. Como vino a decir Tariq Alí, polemizando irónicamente con las posiciones de John Holloway: “Había que tomar el poder para cambiar el mundo... aunque fuera un poco.” Así, la cuestión de las relaciones con la política, siempre presente y siempre aplazada o tratada con sobreentendidos en los debates del FSM, se situó encima de la mesa, pero de una forma que, si se consolida, pienso que llevará a la extinción del proceso: es decir, como subordinación de las organizaciones y movimientos sociales a los gobiernos considerados “progresistas” y a los partidos que aspiran a formar gobierno. En definitiva, la “vieja forma de hacer política”. El tema de este artículo es comentar de una manera resumida las etapas principales de las relaciones del FSM y la política, para a continuación proponer una “politización alternativa”, que me parece imprescindible para que no se pierda esta posibilidad, la única realmente existente hoy, de construir un movimiento social internacionalista y anticapitalista de alcance mundial. II. Hay una ambigüedad política en la fundación del FSM que se ha ido vadeando a largo de su desarrollo, sin grandes problemas en una primera etapa -hasta el III Foro de Porto Alegre (2003)-, pero con dificultades crecientes a partir del “regreso de la política” al centro de los conflictos internacionales, como consecuencia fundamentalmente de la situación creada por la guerra y la ocupación de Irak. En esta situación, conceptos como “paz”, “justicia internacional”, “lucha contra el imperialismo”, “igualdad”... pasaron del discurso moral a los conflictos concretos, en lo que había que tomar partido y, por tanto, afrontar desacuerdos profundos entre “fuerzas progresistas”, que no podían resolverse en términos de “consenso”. Recordemos que la Carta de Principios fundacional definió al Foro Social Mundial como “un espacio abierto de encuentro para ahondar la reflexión, para un debate democrático de ideas, elaboración de propuestas, libre intercambio de experiencias y articulación de acciones eficaces por parte de entidades y movimientos de la sociedad civil que se opongan al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo y que se empeñen en la construcción de una sociedad planetaria orientada hacia una relación fecunda entre los seres humanos y de estos con la Tierra. (...) Las alternativas propuestas por el Foro Social Mundial se contraponen al proceso de globalización comandado por grandes corporaciones multinacionales y por los gobiernos e instituciones que sirven a sus intereses, con la complicidad de los gobiernos nacionales.” En el año 2001, esta declaración podía soportar lecturas políticamente contradictorias: desde la lectura de las organizaciones sociales y políticas militantes que consideraban “antineoliberalismo”, “anticapitalismo” y “antimperialismo” como conceptos complementarios o equivalentes, hasta la de partidos de orientación socialdemócrata, entonces casi todos en la oposición, cuyo objetivo era llegar al poder para gestionar desde allí variantes de lo que se llamarían políticas “social-liberales”. Todos podían decir: “Otro mundo es posible”, pero la enorme popularidad de la fórmula se basaba, y se basa, en su indefinición, de modo que ese “otro mundo” puede entenderse como un neoliberalismo paliado con dosis de modernización de las costumbres y asistencialismo social o como una forma pedagógica para llamar de nuevo a la lucha porque el mundo “cambie de base”. Contribuía a esta ambigüedad, la poca claridad sobre cuál era el significado político de esas “alternativas” que se querían elaborar y proponer. El símbolo de Porto Alegre era el “presupuesto participativo”, una iniciativa inspirada por el PT de Porto Alegre -que entonces encabezaba la oposición de izquierdas a Lula dentro del partido- para favorecer la participación de las organizaciones sociales en la gestión del gasto social municipal. Presentada como la prueba de que era posible realizar ya la “democracia participativa”, se trataba en realidad de una herramienta de doble uso, fácilmente integrable incluso por gobiernos municipales de derechas y que sólo podía considerarse una “alternativa al neoliberalismo” en la medida que promoviera la organización social de base y su poder efectivo en el ámbito local; la experiencia sólo nos ha dado unas pocas y muy efímeras muestras de esta posibilidad. Otras “alternativas” como la Tasa Tobin eran también susceptibles de interpretaciones variadas: por ejemplo, “humanizar la globalización”, o encontrar nuevas fuentes de financiación para un instrumento tan poco “alternativo” como la ayuda al desarrollo; pero también podía entenderse como un medio para popularizar la crítica a los fundamentos de la economía neoliberal, en especial, el poder absoluto de los “mercados financieros”. El FSM era también un altavoz de campañas internacionales por objetivos realmente alternativos, como la abolición de la deuda externa, la soberanía alimentaria, la crítica radical a la Organización Mundial y las demás instituciones financieras internacionales,..., pero en estos casos no se trataba de propuestas “de consenso”, sino de objetivos que asumía un sector de las organizaciones participantes en el FSM. En fin, otro elemento de ambigüedad política está en la posición sobre la participación de los partidos. La Carta afirma que “El Foro Social Mundial reúne y articula únicamente a entidades y movimientos de la sociedad civil en todos los países del mundo.(...) No deben participar del Foro representaciones partidarias ni organizaciones militares. Podrán ser invitados a participar, en carácter personal, gobernantes y parlamentarios que asuman los compromisos de esta Carta.” La yuxtaposición entre “partidos” y “organizaciones militares” es, por lo menos, curiosa. Pero lo más significativo es que las excepciones a la regla se refieren exclusivamente a “gobernantes” y “parlamentarios” es decir personas, con “poder político”, normalmente políticos profesionales. Aparece aquí entre líneas una concepción muy habitual de la política como “los poderes políticos establecidos”, que excluye a las políticas y organizaciones antisistémicas, que son las que pueden considerarse propiamente “alternativas”. A esta concepción responde una idea sobre lo que debe ser la política de la “sociedad civil”, como una combinación entre la denuncia abstracta de los males de nuestra sociedad y el lobby concreto sobre el poder político en pro de reformas integrables. En estas condiciones, el sector más militante del FSM hizo suya la propuesta del dirigente del Movimiento Sin Tierra Joao Pedro Stédile: “Intercambiar experiencias para articular luchas”. Este enfoque pragmático ha producido sin duda los mejores frutos del FSM durante estos años. Pero incluía también una toma de distancias respecto a los debates políticos (“los debates nos separan, las luchas nos unen”), que por otra parte tenían un papel marginal en los Foros: las grandes conferencias se organizaron como mítines de personalidades respetadas, y sólo en talleres reducidos y, sobre todo, en las reuniones informales, en las “costuras” del Foro, se podían compartir opiniones diferentes sobre los temas de fondo. Por eso cuando personas de reconocida autoridad en el Foro, como Walden Bello o Inmanuel Wallerstein, plantearon la necesidad de elaborar “estrategias” que pudieran dar coherencia y continuidad al proceso, la idea encontró una amplia aceptación, pero nadie tenía claro ni cómo, ni dónde hacerlo. A finales del año 2002, el Foro Social de Florencia abrió una vía para avanzar hacia otra forma de hacer política, en la práctica/3. Concurrían una serie de circunstancias excepcionales en el Foro de Florencia: en primer lugar, la fortaleza y la radicalidad del movimiento antiguerra y el movimiento antiglobalización italianos, ambos mezclados por las formidables y trágicas movilizaciones contra la reunión del G 8 en Génova (julio de 2001) y unidos en torno al lema del Foro: “Contra el neoliberalismo, la guerra y el racismo”; en segundo lugar, el carácter realmente horizontal y pluralista de la organización del Foro, abierto a debates sin trabas de posiciones diversas o contradictorias sobre todos los temas centrales para el desarrollo de los movimientos sociales, incluyendo las relaciones con las organizaciones políticas; finalmente, la participación muy activa de Rifondazione Comunista, una organización que, en aquel momento, parecía haber roto definitivamente con la versión italiana del social-liberalismo (Prodi y/o D´Alema) y buscar una relación leal con los movimientos sociales, basada en una autocrítica de las relaciones de subordinación-representación del pasado, y en la búsqueda de una convivencia de “culturas” sociales y políticas dentro de un nuevo sujeto emancipador. Todo ello dio lugar a una experiencia de fraternidad militante inolvidable, a iniciativas que se mostraron muy eficaces para la movilización internacional (como la jornada antiguerra del 15 de febrero del 2003) y, sobre todo, a la ilusión de que era posible ensamblar unidad y radicalidad, y promover una alianza sin hegemonías entre movimientos sociales y organizaciones políticas comprometidas realmente en la lucha contra el neoliberalismo y la guerra. La reacción contra el Foro de Florencia fue fulminante desde los dos “poderes fácticos” establecidos en el Consejo Internacional del FSM desde su fundación: el primero, el “comité brasileño”, integrado por representantes de diferentes organizaciones sociales vinculadas con el PT y el segundo, los portavoces de ATTAC-Francia; recordemos que el Consejo Internacional del FSM es un organismo integrado por más de un centenar de organizaciones, que funciona mediante una forma particular de “consenso vertical”, en cuyo vértice se encuentran estos dos grupos. Las críticas más virulentas vinieron de Francia, donde se llegó a escribir que se había realizado “una OPA de la izquierda radical sobre el movimiento”, frente a la cual habría que “restaurar el espíritu de Porto Alegre” (Le Monde, 16/11/2002). Desde Brasil se remachó el clavo: Chico Whitaker defendió el “Foro espacio”, que correspondería al “espíritu de Porto Alegre”, frente al “Foro movimiento” que sería el objetivo de la “izquierda radical”. Esta dicotomía entre “espacio” y “movimiento” ha generado una abundantísima literatura, pese a tratarse de una presentación maniquea e interesada de los debates existentes. Porque el problema real está en la naturaleza del “espacio” y del “movimiento” y, sobre todo, en establecer cuáles son los desafíos a los que el FSM tiene que responder para merecer ser un referente internacional en la lucha frente “al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo” en la nueva situación internacional inaugurada por la guerra y la ocupación de Irak. El proyecto del FSM como un espacio de encuentro internacional, con un programa básico antineoliberal y antiimperialista; pluralista, protagonizado por organizaciones sociales y organizado de forma democrática y horizontal, es un patrimonio valioso que se debería preservar y que, quizás, se puede aún preservar. Pero este proyecto tiene poco, y cada vez menos que ver con la realidad del proceso. En realidad: -existe en el Foro una participación muy influyente de personalidades y fuerzas políticas que ejercen o apoyan políticas abiertamente contradictorias con la Carta del Foro, como es el caso de las diferentes variantes del social-liberalismo; -existe un consenso implícito pero infranqueable que impide o margina el debate abierto sobre políticas interiores y exteriores de gobiernos considerados “progresistas” y, en general, las instituciones de la izquierda (partidos parlamentarios y sindicatos correspondientes) cuando afectan a temas fundamentales para las luchas sociales, como por ejemplo, sus políticas en las Instituciones Financieras Internacionales o respecto a “sus” multinacionales o las alianzas internacionales o respecto a las privatizaciones o las políticas energéticas, etc.; -existen “estructuras informales” que toman decisiones al margen de cualquier control democrático sobre cuestiones importantes para la actividad del Foro, como han criticado públicamente, por ejemplo, un amplio colectivo de organizaciones participantes en el Foro tras la reunión de Nairobi (www.europe-solidaire.org/spip.php?article6088). Respecto al denostado “Foro movimiento”, el sentido, y en buena parte la realidad del proceso del FSM es desarrollar un repertorio de propuestas, metodologías de trabajo y acciones comunes entre diferentes colectivos que comparten unos objetivos básicos. En este sentido, es o debería aspirar a ser un movimiento, o como se le ha llamado de forma voluntarista un “movimiento de movimientos”. Es más, sin esta dimensión práctica, el FSM podría terminar siendo una “feria de productos ideológicos”, como lo caracterizó Lula a finales del 2004 (Clarín, 28/10/04) como “ataque preventivo” ante el temor de que en V Foro de Porto Alegre (enero del 2005) le llovieran críticas por la política de su gobierno; los “consensos informales” impidieron que la sangre llegara al río. Pero si adquiriera esta dinámica activista, el FSM sería muy difícilmente controlable y desbordaría frecuentemente, no la Carta de Principios, pero sí los consensos fácticos políticos y organizativos que controlan el Foro. Por eso se “excomulga” al “Foro movimiento” presentándolo como una conspiración para someter el FSM a una estructura jerarquizada bajo el dominio de la izquierda radical, ejercido a golpe de consignas: pero esto es sólo un espantajo, que sólo sirve para ocultar los problemas reales. Porque la opción real después de Florencia no estaba entre supuestos modelos organizativos abstractos: “espacio” o “movimiento”, sino entre orientaciones concretas sobre la política del FSM. La situación internacional exigía una acción política del Foro y el desafío era inventar una forma de hacer política adecuada a la naturaleza de un “referente social internacional” contra el neoliberalismo y el imperialismo. En nombre del “consenso” y el “encuentro pluralista de la sociedad civil” (“¡menos sociedad civil y más desobediencia civil!”, reclamó Naomi Klein) se creó un vacío político artificial, que se rellenó de mala manera. Ya en Porto Alegre 2005 los protagonistas del Foro no fueron los movimientos, las organizaciones o las luchas sociales, sino Lula y Chaves, representando una cierta competencia de políticas, pero en un marco de alianzas: ambos se defendieron mutuamente y desautorizaron a quien criticara al otro, o a cualquiera de los aliados de ambos. Esta reaparición de la política de “bloques”, en la cual sólo se admite la crítica al “enemigo” y son los gobiernos que encabezan el bloque los que establecen en cada momento quien es el enemigo, mostraba una politización efectiva del Foro, pero en una dirección equivocada. Al año siguiente en Caracas se confirmó esta línea de politización subalterna al poder político establecido, aunque Chaves, en un encuentro con “los movimientos sociales” (decidido cómo y cuando les vino en gana a los “poderes fácticos” del Consejo Internacional), manifestó su respeto a la “autonomía” de los movimientos sociales y les animó a “construir contrapoderes”, una propuesta más bien confusa, pero que puede abrir un debate interesante sobre la articulación entre fuerzas políticas y movimientos sociales. Y así ha llegado al momento actual el debate sobre las relaciones entre el FSM y la política, reducido a las relaciones con las instituciones políticas consideradas con mayor o menor razón “progresistas”. Es un debate gravemente mutilado que, en el mejor de los casos, convertiría al FSM en el “frente de masas” de gobiernos en conflicto con los nuevos imperialismos, y en el peor en una marca manipulable, útil para legitimar cuando convenga a los gestores de la “globalización con rostro humano”. Mientras tanto, todos los proyectos de fortalecimiento político y organizativo del FSM se han ido quedando en el camino: la organización de una red internacional permanente de movimientos sociales, la constitución de un archivo-memoria de las actividades, ponencias y debates realizadosn /4, la elaboración de estrategias, la organización de redes para el debate entre organizaciones afines, los balances de los Foros que nos permitirían saber qué queda de ellos un tiempo después de su realización...Finalmente, se ha debilitado seriamente “el intercambio de experiencias para articular luchas”, aunque se puede mantener la esperanza de que la jornada internacional convocada para el 26 de enero ayude a recuperar esta dimensión de actividad militante. ¿Será hora, como se pregunta Walden Bello, de que el FSM “levante su campamento” y deje sitio para “nuevos modos de organización global de la resistencia y la transformación”/5 ? Pienso que no, o al menos, hay que dedicar todo el esfuerzo necesario para que no sea así. III. Para resolver un problema, primero hay que reconocerlo como tal y desde dentro. Lleva razón Pierre Rousset cuando afirma que: “La crítica ‘de izquierda’ a los foros se formula a menudo de una forma demasiado abstracta, demasiado ‘exterior’ (...). El éxito de los foros no es en nada evidente, expresa algo nuevo. Para ser pertinente, la crítica debe empezar por comprenderlo y reconocerlo: debe ser formulada de una forma, digamos, más ‘interna”./6 De acuerdo, pero descartemos también los enfoques “acríticos”, que responden a los deseos que a la realidad. Por ejemplo, la idea de que el FSM es un “iceberg”, del que sólo vemos la parte más reducida. La imagen es probablemente cierta en un sentido: han pasado por los Foros centenares de miles de activistas, que han hecho en ellos relaciones y aprendizajes que habrán continuado después en algunos casos, o habrán influido en experiencias posteriores, aunque no se refieran formalmente al FSM. Pero también es verdad que todo lo que existe bajo las reuniones de los Foros está fragmentado, desarticulado...: no hay referencias nacionales, ni sectoriales,..., ni presenciales, ni vía internet..., que den una mínima estabilidad al proceso, permitan mantenerlo vivo entre reunión y reunión, aseguren un control, y tendencialmente una representación democrática del Consejo Internacional... Y sobre todo, al menos desde el Foro de Caracas, no hay experiencias significativas de luchas, incluso en América Latina, que hayan tenido como referente el FSM. Se está produciendo pues un deshielo por abajo, que puede dejar al Foro a la deriva. No me parece convincente tampoco la caracterización de Michael Lowy: “La fuerza del movimiento proviene sobre todo de su negatividad radical, inspirada por una profunda e irreductible indignación. (...) La radicalidad del movimiento es resultado, en buena medida, de su propia capacidad para la revuelta y la insumisión, de su disposición intratable a decir ¡no!”/7 Así debería ser, asi fue en Florencia, pero ya no es así. Más aún: sólo una parte de las organizaciones que participan en el Foro comparten esa “irreductible” indignación, pero no parecen tener una influencia notable en el Consejo Internacional y no existen entre ellas más que contactos ocasionales. Pienso que sería más interesante interpretar las palabras de Lowy como objetivo: es decir, lograr que ese sector tenga existencia política; eso exigiría, en primer lugar, que se incorporaran corrientes sociopolíticas, como los zapatistas, y organizaciones ecologistas, feministas, libertarias... que no participan en los Foros; y, a continuación, traducir la imprescindible “negatividad radical” en debates y propuestas de acción. Por supuesto, este sector sólo sería una “corriente” del Foro y tendría que convivir con otras corrientes en un encuentro complejo y conflictivo, en el que podrían abordarse los problemas reales de la lucha social y política. A mi parecer, el futuro del FSM depende de su capacidad para ser este tipo de “encuentro”, un encuentro libre y militante, organizado democráticamente, sin vetos políticos implícitos o explícitos y trabajando sobre problemas concretos. Por ejemplo: tras la derrota en el referéndum venezolano están circulando por la red textos con opiniones muy plurales, abiertamente polémicas, que afectan en muchos casos a problemas de fondo de la estrategia y la política que hay que construir. También en Europa, en Francia y en Italia especialmente, hay experiencias y debates en los que se plantean problemas de ese tipo. Aquí está la materia prima para esa “elaboración estratégica” que se viene reclamando desde hace años, sin que se consiga ningún paso adelante real. Por supuesto, este proyecto significaría una refundación del FSM y está lleno de dificultades y peligros, incluso peligros de ruptura. No estoy seguro de que sea un proyecto viable, porque los “poderes fácticos” del Foro quieren dejar las cosas como están y, también, porque la corriente “irreductible” no existe como tal y no se ven fuerzas significativas interesadas en construirla. Pero creo que es un proyecto con sentido, necesario. Hay muchas razones para defenderlo. Incluso podemos encontrar alguna en un lugar insospechado; por ejemplo, es Bernard Cassen el que ha escrito: “En todas partes del mundo, los ciudadanos aspiran a cambios radicales. Si los Foros no son el lugar donde se elaboran y donde los socios de su aplicación se encuentran, otras estructuras lo harán en su lugar.”/8 Mas allá de los planteamientos generales, pienso que hay algunos problemas determinantes para la construcción de la izquierda alternativa, en sentido social y político, que podría tener en el FSM un marco muy propicio para abordarlo, y si no es en él, no veo ningún otro que pueda cumplir esa función. Me refiero concretamente al tema con el que inicié el artículo y ahora lo concluyo: las relaciones entre lo político y lo social, entre las organizaciones políticas y los movimientos sociales anticapitalistas... un desafío que heredamos del siglo pasado, por no decir directamente de la I Internacional, y que nos perseguirá hasta que empecemos a encontrar vías para resolverlo. Polemizando con el co-presidente de ATTAC Jean-Marie Harribey, en uno de los debates más interesantes y racionales que se han conocido en mucho tiempo, escribe Daniel Bensaid: “...esta división funcional del trabajo (entre partidos y movimientos sociales, lucha política y lucha social) significa, en la práctica, dejar la responsabilidad del poder (en particular del poder del Estado, que no se disuelve en la red de poderes) en manos de organizaciones políticas y de políticos profesionales, confinando a los movimientos sociales a un papel de lobby sobre las instituciones internacionales o sobre los gobiernos nacionales ‘de izquierda’. Esta dicotomía y esta discontinuidad entre lucha social y representación política, entre Estado y sociedad civil, permite combinar la radicalidad verbal en el movimiento social y un oportunismo electoral y parlamentario sin límites, como ilustra la evolución de Rifondazione en Italia.”/9 Desde América Latina, y a partir de las experiencias vinculadas con el “socialismo del siglo XXI”, Pablo Dávalos plantea las consecuencias prácticas que puede llegar a tener esa “división funcional” cuando la protagonizan “gobiernos progresistas o de izquierda”: “... el escenario de confrontaciones y de lucha de clases se ha ido desplazando poco a poco de las calles y las organizaciones sociales, hacia las instituciones del Estado; y está controlado por liderazgos construidos y legitimados desde las movilizaciones sociales y que son parte de los denominados gobiernos progresistas o de izquierda, en otras palabras, el escenario de confrontación del socialismo del siglo XXI está en lo institucional, no está en lo social y organizativo. Por paradójico que pueda parecer, el debate sobre el socialismo del siglo XXI no expresa la riqueza y fuerza organizativa de los movimientos sociales sino más bien lo contrario. Expresa uno de los momentos más críticos de los movimientos sociales, aquel de su posible institucionalización, vale decir, su derrota y eliminación como sujetos políticos y su conversión en bases de apoyo, movilización y sustento a gobiernos progresistas y de izquierda. Como Cronos que devoraba a sus hijos, la izquierda institucional que ahora controla los gobiernos de la región quiere devorar a los movimientos sociales, que son la fuente de su legitimidad.”/10 Aquí está el núcleo del problema. Conocemos bien, y por experiencias muy duras ya vividas, y las que vendrán, las consecuencias de unas relaciones viciadas entre lucha política y lucha social. Salimos de una etapa movimientista, basada en la ilusión de que los movimientos sociales, alejados de la política, salvo la vinculada directamente con sus propias causas, o con una concepción utilitaria, aparentemente inocua de las relaciones con la política institucional, podían afrontar por sí mismos las luchas emancipatorias. Algunos datos que hemos comentado en el artículo parecen indicar que hemos entrado ahora en una etapa bajo el primado de la política gubernamental. No está ahí la alternativa. Se trata de buscar el regreso de la política entendida como una actividad emancipadora, pero por otros caminos que nos alejen de los callejones sin salida del pasado. Recordando que, como dice Marco Revelli, que sabe bien de lo que habla por su apasionante seguimiento crítico del curso tortuoso de Rifondazione /11: “La política, si no se tiene conciencia de los peligros que entraña, abrasa lo social”. Recordando también cuál es el balance de lo social sin la política tal como lo hemos vivido estos años pasados, por no hablar de experiencias históricas, aún reconociendo todo lo que nos ha enriquecido la experiencia de los zapatistas, los piqueteros argentinos, las nuevas corrientes militantes libertarias o las grandes luchas sociales que han mantenido viva la esperanza en un nuevo comienzo. Creo que el futuro del FSM está en este cruce de caminos. Notas 1. Ver, por ejemplo, la denuncia de Michel Warshawski del “Foro Social de Madrid por una Paz Justa en Oriente Medio” www.rebelion.org/noticia.php?id=60481 2. Ver, por ejemplo, Janette Habel. “¿Washington perdió a América Latina?”.Le Monde Diplomatique, diciembre 2007. www.rebelion.org/noticia.php?id=60522 3. Ver, por ejemplo, VIENTO SUR nº 66. Diciembre 2002. 4. Es significativo de la desatención hasta a las cuestiones más elementales para la información sobre el Foro que en una web oficial, el enlace con el Foro Social Mundial de Karachi conduzca a una página de contactos sexuales, sin que nadie se haya dado cuenta de semejante ridículo, por decirlo suavemente. Ver www.forosocialmundial.org.ve/ 5. Walden Bello. “El Foro Social Mundial en la encrucijada”. www.rebelion.org/noticia.php?id=50792 6. Pierre Rousset. “Regard sur le Forum social de Karachi et sa portée internationale.” 16/04/2006 www.europe-solidaire.org/spip.php?article1923 7. Michäel Löwy. “Negatividad y utopía del movimiento altermundista.” 18/08/2007 www.rebelion.org/noticia.php?id=55025 8. Bernard Cassen. El “Manifiesto de Porto Alegre” y el futuro de los Foros Sociales Mundiales. 22/02/2006 9. Jean-Marie Harribey. Ebauche de contribution au débat [dans Attac France] sur la stratégie. 17/05/2007 http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article6372 Daniel Bensaid. Une crise stratégique (à propos d’un texte de Jean-Marie Harribey, coprésident d’Attac). 28/06/2007 http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article6549 10. Pablo Dávalos. Socialismo del siglo XXI y movimientos sociales: historia de un desencuentro. 6/02/2007 www.rebelion.org/noticia.php?id=46304 11. Hay numerosos y muy recomendables textos de Revelli en www.sinpermiso.info (volver)
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¿En
punto muerto? Anticapitalismo y los foros sociales hoy Alex Callinicos y Chris Nineham En lucha (verano 07) (ver) |
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poliedro de miradas no cegadas Reseña del libro "El futuro del foro social mundial" Varios autores, Icaria, Barcelona, 2008, 143 páginas Salvador López Arnal El Viejo Topo (15-5-08) Sólo la relación de los autores y autoras que participan en este volumen es claro indicio de su indudable interés: Josep Maria Antentas, Olivier Bonfond, Wangui Mbatia, Hassan Indusa, Michael Warschawski, Immanuel Wallerstein, Walden Bello, Esther Vivas, Éric Toussaint, Pierre Rousset y Miguel Romero. El lector/a tiene garantizado que el bostezo está alejado; no habita en este grupo. Cuatro de los artículos recogidos están centrados en la experiencia de Nairobi. Por ello, las intersecciones no vacías son inevitables. No importa. Arrojan puntos de vista complementarios, similares pero no idénticos, sobre el foro social mundial de 2007 celebrado en la capital de Kenya (Por cierto, Mike Davis señala en Planeta de las ciudades miseria que el barrio de Laini Saba de Nairobi, en el área hiperdegradada de la Kibera, tenía en 1998 diez letrinas excavadas en el suelo para una población de 40.000 y en Mathare había cuatro servicios públicos para 28.000 personas. La población se ve obligada a usar “retretes volantes”: los desechos se meten en una bolsa de plástico y se arrojan al camino o al tejado del vecino. En Nairobi, la población que se desplaza en coche tiene enfrente a niños de 10 años inhalando disolventes con bolas de excrementos humanos en las manos que tiran por las ventanillas de los vehículos de los conductores que no les dan propina). Se ha señalado recientemente que la nueva alianza emergente contra el neoliberalismo se manifiesta –de forma parcial sin duda- en el proceso del Foro Social Mundial, que presenta, efectivamente, características novedosas respecto a las organizaciones internacionales clásicas de izquierda. El FSM está ayudando a la constitución de un vasto movimiento de resistencia internacional que está en plena evolución. El foro mundial carece de un centro único y es netamente heterogéneo. Sabido es, por otra parte, que no todos los componentes de la resistencia a la globalización capitalista neoliberal participan activamente en él. El movimiento zapatista, por ejemplo, que nunca hasta la fecha ha formulado críticas al FMS, no ha participado en ellos. El concepto de estrategia alternativa está en sus inicios y el viejo y clásico debate entre reformistas y revolucionarios no se ha cerrado. Como otros asuntos kantianos, es un debate inextinguible. ¿Cuál debería ser el objetivo, cuál es la finalidad del foro social mundial: romper con el sistema o, dada la real y mermada acumulación de fuerzas realmente existentes, mejorarlo y conseguir que se apliquen verdaderamente mecanismos de regulación que nos acerquen a un capitalismo con rostro humano y parcialmente humanizado? Lo otro, ese otro mundo posible y necesario, ¿nos vendrá dado como añadido o ya sería aquel ”mundo más humano” el otro mundo deseado? Las diferencias reconocidas no anulan coincidencias conocidas. Los movimientos que integran el movimiento están de acuerdo en reivindicaciones básicas: la tasa Tobin, la lucha contra los paraísos fiscales, el combate contra la violencia de género, la anulación de la deuda del Tercer Mundo, la voluntad de paz y de desarme, el derecho a la diversidad sexual, el derecho a una existencia digna, el combate contra el unilateralismo político, la lucha contra el Imperio y su política criminal, etc. Hablamos, como no podía ser de otro modo, de derechos universales, sin acotaciones geográficas, étnicas o de género. De todo ello, de la historia, evolución y futuro del FSM se nos habla en los trabajos recogidos en este volumen. Uno de los puntos más destacables es, en mi opinión, la arista crítica, hipercrítica en ocasiones, que subyace a todas las aproximaciones recogidas. Apostar por el foro, reconocer su importancia política, no significa cegarse ante sus limitaciones o inconsistencias. La historia, nuestra historia, cuenta. Daré tres ejemplos de estas miradas no entregadas.. Antentas, en su balance general, el trabajo que precisamente abre el libro al que añade un texto posterior, después de trazar una sustantiva historia del foro y de sus debates y controversias, se centra en la experiencia de Nairobi que califica de “estación gris del Foro”. No tiene ningún reparo en apuntar que los aspectos más problemáticos del evento están directamente relacionados con el propio proceso de preparación, “que estuvo ceñido a un núcleo muy reducido de personas pertenecientes a determinadas ONG, pero sin la implicación real de los movimientos populares del país” (p. 29). Añade además que el encuentro fue concebido con una lógica claramente comercial –la compañía de telecomunicaciones Celtel actuó de patrocinador del evento- y, por otra parte, denuncia el carácter exclusivo y elitista del evento debido al precio de la entrada y a la propia localización del Foro (otros autores se centran también en estos mismos aspectos). En su opinión, los retos más significativos en el horizonte de las fuerzas que combaten la globalización capitalista neoliberal (GCN) residen en reforzar los procesos de autoorganización desde abajo, en multiplicar las luchas y en seguir buscando puntos de confluencia entre los distintos combates y una mayor articulación a escala nacional e internacional. Esther Vivas – “Adaptarse a los nuevos tiempos”- incide nuevamente sobre los errores cometidos en el último foro, pero no olvida los aspectos positivos del proceso de construcción del FSM: “su capacidad de consolidar, a lo largo de sus siete años de trayectoria, un espacio de convergencia y de encuentro de todos aquellos que se oponen a la lógica neoliberal. Un amplio abanico de actores sectoriales que a pesar de sus diferencias políticas, programáticas y de análisis han sido capaces de converger, de construir y de mantener ese referente común” (p. 88). Vivas señala, por otra parte, que las experiencias gubernamentales de Venezuela, Bolivia y Ecuador, “que a pesar de sus límites confrontan parcialmente algunos de los aspectos de la globalización capitalista” (p. 91) han trasladado el núcleo del movimiento de lo global a lo estatal. Este, y otros factores, han contribuido a la pérdida de influencia del FSM en el seno del movimiento “en la medida en que el foco de la protesta se ha trasladado de lo internacional a lo estatal” (p. 92). Además de ello, Vivas señala que los sectores más dinámicos, más críticos, más activistas del movimiento están buscando nuevos espacios de trabajo y de intervención más allá de los foros sociales. Así, el foro por la Soberanía alimentaria impulsado por Vía Campesina y la Marcha mundial de Mujeres. Desde luego, estas nuevas dinámicas no significan que esos sectores hayan abandonado el Foro o que consideren que éste ya no les es útil. Para Vivas, “a pesar de sus límites y debilidades, el Foro continúa siendo un espacio útil de encuentro, de debate y de intercambio con un alto valor práctico y simbólico que no se puede perder ni menospreciar” (p. 92). Miguel Romero cierra el volumen con una interesante aportación que lleva por título: “El FSM y la política: el riesgo de la extinción”. Tomando como motivo un artículo del sociólogo Emir Sader de 2006, Romero discute un tema, fundamental en su opinión –“la reunión de Caracas confirmó que ésta era no una sino “la” cuestión fundamental” (p. 124)- y que el FSM ha esquivado desde su fundación: sus relaciones, y por extensión, la relación de los movimientos sociales, con el poder político. Según Romero hay una ambigüedad política en la fundación del FSM que se ha ido evitando a lo largo de la historia del foro sin grandes problemas en una primera fase, pero con dificultades crecientes a partir del regreso de la política al centro de los conflictos internacionales: “en esta situación, conceptos como paz, justicia internacional, lucha contra el imperialismo, igualdad,… pasaron del discurso moral a los conflictos concretos, en los que había que tomar partido y, por tanto, afrontar desacuerdos profundos entre “fuerzas progresistas”, que no podían resolverse en términos de ‘consenso” (p. 126). Romero comenta críticamente que, en su opinión, hay indicios de que se ha entrado en una etapa con primado de la política gubernamental. No está ahí la alternativa señala. Él mira hacia otros horizontes: “Se trata de buscar el regreso de la política entendida como una actividad emancipadora, pero por otros caminos que nos alejen del callejón sin salida del pasado” (p. 140) y, tomando pie en una reflexión de Revelli, recuerda que cuando la política pierde consciencia de los peligros que entraña, “abrasa lo social”. En opinión de Romero, el futuro del FSM está en ese cruce de caminos. No es un mal lugar donde finalizar este comentario a un libro oportuno que cuenta, además, con aportaciones de teóricos y activistas de la altura de Bello, Toussaint o Wallerstein, y que, como pretende la colección “Más madera” de la que forma parte, intenta contar “las causas de los mayores problemas de nuestro tiempo, que nos conciernen y condicionan nuestras vidas”. |