Foro Social de Jaén

 

El futuro del Foro Social Mundial

 

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El futuro del Foro Social Mundial

De cara a un próximo debate en el Foro Social de Jaén sobre el futuro del Movimiento de los Movimientos tras el Día de Acción Global del pasado 26 de enero, y de cara también a los próximos eventos, os ofrecemos un conjunto de artículos que reflexionan sobre el particular.

Esperamos que nos ayuden y nos abran una poca de luz.

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Relación de textos:

+ "Tras Belem do Parà habrá que repensar el Foro Social Mundial"

+ ¿Que altermundismo después del fin del neoliberalismo?

+ De la resistencia a la construcción de alternativas

+ El Foro Social Mundial en perspectiva

+ El Foro social Mundial y la política: el riesgo de la extinción

+ Crisis en Kenia e hipocresía del FSM

+ Foro Social, más mundial que nunca

+ Más ideas que acciones

+ La crisis política del FSM

+ El FSM debe ser un espacio de intercambio y discusión para consolidar una visión contra el neoliberalismo y antiimperialista

+ El FSM, más cerca

+ El FSM y la Izquierda Global

+ El movimiento sindical debe recuperar terreno

+ El Foro en la encrucijada

+ ¿En punto muerto? Anticapitalismo y los Foros Sociales hoy

+ Un poliedro de miradas no cegadas

 

«Tras Belem do Parà, habrá que repensar el Foro Social Mundial»
Entrevista a Cándido Grzybowsky, uno de los fundadores del Foro Social Mundial y director del prestigioso Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos

Agus Hernán
Gara (21-10-08)


Uno de los fundadores del Foro Social Mundial de Porto Alegre hace ya nueve años, Cándido Grzybowsky, quien prefiere ser presentado como «activista antes que como analista», compartió con GARA en Guatemala sus ideas para repensar un modelo, el de los foros, que está siendo puesto en cuestión en los últimos tiempos. Más tras la reciente experiencia europea en Malmö. p026_f02250x188.jpg


Cándido Grzybowsky es uno de los fundadores, hace ya nueve años, del Foro Social Mundial. Director del prestigioso instituto IBASE (Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos), a sus 63 años de edad no ha perdido la energía para viajar por medio mundo.

Le gusta presentarse como «analista, pero sobre todo como activista» y cree que una de las claves actuales pasa por estructurar un nuevo diálogo entre la sociedad civil y los gobiernos en un momento en que la crisis del sistema neoliberal aparece con toda su brutalidad.

Este brasileño habla sin pelos en la lengua sobre el «fin de una etapa» que está viviendo el Foro Social Mundial (FSM) y aboga «por repensar este instrumento» tras la octava edición que celebrará en enero en plena Amazonia, siempre bajo la utopía de «Otro mundo es posible».

Tras casi nueve años, ¿en qué perspectiva sitúa la próxima edición del FSM en Belem do Parà?

Si en sus inicios el foro fue criticado por elitista, hoy movimientos sociales en todo el planeta se lo han apropiado. Ejemplo de ello es la multiplicación de foros, no sólo los regionales como los de Europa y el de las Américas que acabamos de clausurar aquí, sino todos los foros nacionales y temáticos que han florecido,

Otra crítica en su inicio fue que se trataba de un foro muy latino. Es cierto que en el de Porto Alegre la principal presencia provenía del sur de Europa y de América del Sur. Ese carácter latino cambió con el foro de India, en 2004.

El reciente foro europeo ha puesto en evidencia la crisis de la izquierda en Europa, pero también en América Latina hacer un foro como éste de Guatemala tiene complejidades. Pero lo que hay que destacar es que, a pesar de las complejidades de cada región, las fuerzas que hacen el foro son tantas y tan diversas que no permiten su control por una sola idea. El foro se refuerza en todos ellos en su horizontalidad, su diversidad y su carácter no estructurado e independiente.

En Guatemala hemos visto que hay muchos actores de base y cuanta más diversidad haya en los foros menos uniformidad habrá.

El foro sorprende siempre porque en las diferentes ediciones comprobamos que si alguien pensé en su momento que podía controlarlo, se ha dado cuenta de que es imposible.

En Malmö (Suecia) muchos vieron la fórmula Foro Social Mundial como agotada...

Yo no se cuánto tiempo puede durar este tipo de formato y tampoco sé si ya cumplió su tarea. En sus inicios, el foro estuvo muy marcado por la agenda neoliberal, por el capitalismo más depredador, más salvaje, que no tenía enfrente ninguna regulación ni ningún contrapeso.

Hoy en día no sólo somos nosotros los que decimos que el sistema necesita mecanismos de regulación; son los propios gobiernos los que constatan que el sistema económico sin regulación no da para mas.

En este sentido, es un momento importante para que la cultura política que el foro ha ayudado a construir determine o no la nueva etapa política que debiera venir. Cuando hablamos de trabajar mucho mejor la diversidad y de establecer mecanismos de diálogo también nos referimos al equilibrio entre gobiernos y sociedad civil.

En enero es importante superar la dispersión en el temario y concretar una serie de ejes fundamentales.

Después del próximo foro de Brasil habrá que repensarlo. A lo mejor hay que crear otro espacio nuevo. Yo sí pienso que la ola del foro va a continuar expandiéndose, llegando a lugares como Europa del Este o a Nepal, con el foro nacional que se celebrará en abril en aquel país. Es un formato interesante para estos países que se incorporan a esta cultura política.

Algunos pensarán que hace falta un instrumento nuevo, habrá que ir discutiendo la virtualidad del instrumento foro en ese nuevo contexto político que se va abriendo camino. Yo he propuesto organizar en 2010, coincidiendo con los 10 años del primer foro, un foro de balance de nuevo en Porto Alegre.

La cuestión medioambiental es central en la agenda mundial. Pero es una cuestión con no pocas contradicciones. Brasil es un Gobierno progresista pero la postura de Lula sobre los biocombustibles crea mucha controversia...

No es tarea del foro ver qué negociaciones se llevan en temas como los biocombustibles, pero sí es tarea del foro ayudar a que el debate surja y articularlo.

En 1992, la conferencia mundial de Río de Janeiro puso ya en evidencia el grave problema medioambiental, agravado después con el calentamiento climático.

Hoy vemos cómo la crisis ambiental se muerde la cola con el desarrollo capitalista. El planeta ya no da mas de sí. Este problema pone en cuestión las bases fundadoras sobre lo que pensábamos que era el desarrollo. Basada en el modelo de consumo, predominaba la idea de que la ciencia puede dar siempre soluciones, idea en la que también creía el marxismo... Es todo esto lo que está en crisis.

En este contexto la elección de la Amazonia para hacer el octavo FSM no es gratuita.

En este contexto de crisis profunda de los propios fundamentos de la economía, la Amazonia surge como un espacio asumido como una reserva planetaria. Es un territorio compartido entre nueve estados pero en el que viven 10 millones de personas, con su propia articulación social. Es, por lo tanto, un espacio no exclusivo sino compartido.

Esta idea debe prevalecer sobre la idea del Estado que lo controla todo -en este caso, Brasil-, incluida la naturaleza de la Amazonia.

La Amazonia ha dejado de ser una frontera natural que separa estados. Es algo radicalmente nuevo. Deben articularse respuestas colectivas teniendo en cuenta a los pueblos originarios que viven en sus límites que, no lo olvidemos, cuentan por su parte con un fuerte movimiento social organizado.

Al mismo tiempo, no podemos olvidar que es una elección con muchas dificultades logísticas. Llegar allí cuesta mucho dinero, no hay infraestructuras para acoger a tanta gente... Y eso puede repercutir en una menor presencia en la próxima edición de enero.

El foro es una estructura horizontal. ¿Cómo se plantea su relación con los gobiernos, en una región con varios ejecutivos progresistas?

La reunión del Consejo en Dinamarca declinó invitar de manera oficial a los presidentes y dejó libertad a sus miembros para hacerlo bajo ciertas condiciones. Yo lamento personalmente esta decisión. Lamento no aprovechar esta posibilidad de diálogo con ellos.

Allí se enfrentaron dos posturas. Una, la que considero fundamentalista, de poner por delante que «no nos queremos contaminar»; y la otra, la vieja cultura de la izquierda sobre la relación entre partidos y movimientos sociales. Concretamente la de quienes quisieran que el foro fuera el sustitutivo de las internacionales.

Evo Morales, Rafael Correa, o Lula, fueron miembros del foro y la realidad es que ellos van a venir independientemente de lo que nosotros decidamos.

Yo pienso que el foro forma parte del clima propicio que ha llevado a estas personas a las presidencias. Somos nosotros los que les votamos, no se votan ellos.

Nosotros tenemos que tener una actitud ciudadana radical. Debemos decirles: «¡Nosotros les pusimos ahí, dialoguen entonces!» A nosotros nos corresponde interpelarles de manera permanente para saber si cumplen con lo que se comprometieron y con aquéllo por lo que les votamos.

Desde el Foro Social de las Américas surge la convicción de que en América Latina existe una capacidad de proponer e interpelar a los gobiernos y de ser escuchados. ¿No es una análisis que parte de una concepción excesivamente optimista de la fuerza propia?

No conozco bien la situación en Centroamérica, pero sí es cierto que tal vez no evaluamos bien nuestra propia fuerza.

Los gobiernos, en general, son expresión de un sentido de la ciudadanía pero deberían ser capaces de funcionar con un contrapeso. Funcionar no sólo con criterios de gobernabilidad.

Si las transnacionales les presionan permanentemente, nosotros debemos hacer lo mismo, estar vigilantes permanentemente. Desde la libertad de los movimientos de poner sobre la mesa sus demandas pero sabiendo que sólo serán aceptadas en función de nuestra propia fuerza para defenderlas. Y tal vez tengamos más fuerza de lo que imaginamos.

No podemos esperar que el Estado responda de manera automática. Debemos mirar más a nuestra capacidad de hacer que a la respuesta del Gobierno.

La cultura política tradicional es esperar que un partido político nos diga lo que hacer. Si hay algo nuevo en el foro es que nosotros no esperamos que los partidos nos dijeran qué hacer.

Pienso que es función de los movimientos sociales crear problemas, es una cultura a desarrollar, la de reclamar, interpelar. Y, para ello, no necesita necesariamente buscar la toma del poder. Esta cultura política de toma del poder no funcionó.

La cultura del foro pasa por no olvidar que la democracia, antes que todo, es la calle. La calle con su legitimidad frente a su legalidad. La legalidad es consecuencia y no origen. Eso nos lleva a la disyuntiva de cómo hacer avanzar actos que a veces son ilegales pero son legítimos. Y pongo como ejemplo el caso del movimiento de los Sin Tierra en Brasil, con toda su profunda radicalidad.

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¿Qué altermundismo después del «fin del neoliberalismo»?
Propuestas surgidas de los debates del Consejo internacional del Foro social mundial, cuya próxima reunión se celebrará en Copenhague, del 22 al 24 de septiembre, después del Foro social europeo de Malmo.

Bernard Cassen y Christophe Ventura
Rebelión (23-9-08)


¿«El fin del neoliberalismo»? ¿Quién se atreve a plantear esta cuestión? ¿Fidel Castro?, ¿Hugo Chávez? No. Es el economista y Premio Nobel estadounidense Joseph Stiglitz, en un artículo publicado el 7 de julio de 2008. Después constatar el fracaso económico, social y político del neoliberalismo, Stiglitz afirma que «El fundamentalismo de mercado neoliberal siempre ha sido una doctrina política que sirve a determinados intereses. Nunca ha estado respaldado por la teoría económica. Y, como debería haber quedado claro, tampoco está respaldado por la experiencia histórica» (1).

Efectivamente, hay que concluir que la crisis actual del capitalismo, en su fase neoliberal, adquiere comportamientos sistémicos al acumular las dimensiones financiera, monetaria, alimentaria y energética. Dicha crisis ha hecho que surjan fuertes contradicciones en el sistema y entre sus «élites»: pone en la picota la hegemonía de Estados Unidos y del «Consenso de Washington», especialmente en América Latina, donde han llegado al poder gobiernos progresistas; algunos gobiernos «superliberales» como los de Londres y Washington tienen que recurrir a la nacionalización de grupos financieros; decadencia de las instituciones financieras internacionales; nacimiento de una nueva relación de fuerzas mundial multipolar con el creciente peso económico y geopolítico de los BRIC (Brasil, Rusia, India, China); potenciación de los fondos soberanos; guerras del Cáucaso relacionadas, en parte, con las ambiciones energéticas competitivas y las veleidades expansionistas de la OTAN; hundimiento en Iraq y Afganistán; tensiones en torno a Irán; evolución de regímenes políticos nacionales hacia formas autoritarias en Europa; etcétera.

Este nuevo paisaje altera lo que se podría llamar el «consenso altermundista», sellado a finales de los años noventa por una galaxia de organizaciones. Hasta ahora, las diferentes agrupaciones, implícita o explícitamente, se habían agrupado en torno a la identificación de un adversario común y homogéneo, un tipo de políticas simbolizado, y a veces impuesto, por las instituciones económicas internacionales (Banco Mundial, FMI y OMC), aplicado por todos los gobiernos y dominante en la ideología de las «élites»: el neoliberalismo. Es significativo que, durante el último decenio, un gran número de movilizaciones masivas del movimiento altermundista se han realizado contra dichas instituciones internacionales. Ciertamente las manifestaciones seguirán contra ellas, pero ya que, debido a las razones específicas de cada una, todas atraviesan crisis profundas, en pocos años dichas manifestaciones ya no tendrán la misma razón de ser.

Por lo tanto, debemos preguntarnos si en la actualidad también sigue siendo pertinente el concepto que engloba el neoliberalismo. Mientras que en los años noventa el neoliberalismo personificaba una simbiosis entre la dimensión política (los gobiernos, las instituciones económicas internacionales y las «élites»), económica (los protagonistas de los mercados y las instituciones bancarias y financieras) e ideológica (los medios de comunicación), ahora sufre el desmoronamiento de la coherencia capitalista. Paradójicamente, mientras que esta relativa debilidad habría podido fortalecer el «movimiento de los movimientos», lo sacude. En efecto, retomando el análisis de una reciente obra sobre el altermundismo (2), «La crisis que sufre el Consenso de Washington desde el cambio de milenio ha parido una situación mundial más contrastada, en la que una serie de evoluciones responde potencialmente a ciertas esperanzas altermundistas sin que por eso, sin embargo, consiga la adhesión del conjunto de los componentes del movimiento». Este movimiento y sus principales protagonistas, como los Attac de los distintos países, actualmente se enfrentan a problemas existenciales. Este término no es demasiado fuerte en la medida en que las condiciones objetivas que presidieron la existencia del movimiento se han modificado estructuralmente.

Entre estos problemas, hay dos especialmente importantes:

1) La confirmación de la existencia, dentro del altermundismo, de una «jungla de racionalismos políticos». El pluralismo del movimiento, de sus tradiciones y corrientes políticas -que configuró su fuerza en la fase del análisis crítico del neoliberalismo-, conlleva la existencia latente de «desacuerdos entre organizaciones asociadas involucradas en el debate sobre las alternativas. Dichos desacuerdos proceden de las diversas interpretaciones de la propia globalización económica» (3). En Francia y en algunos otros países de Europa, estas divergencias se manifestaron en 2005 en los debates sobre el Tratado constitucional europeo (TCE); una parte del movimiento (entre ellos los Attac de Europa) promovieron el rechazo del texto, otra parte (más débil) propuso su ratificación y la gran mayoría se abstuvo de pronunciarse. Ahora bien, el TCE no era un texto anodino. Se trataba, nada menos, que de dotar de una especie de Constitución neoliberal a Europa. Allí se vio claramente, y se ha constatado en la preparación del Foro social europeo de Malmo, esta cuestión crucial de la fragilidad y los límites del consenso altermundista.

2) Una dificultad estructural de elaborar las relaciones con la esfera política (en su dimensión relativa a los partidos, instituciones y gobiernos), que se confirma a dos niveles. Por una parte, en ciertas situaciones nacionales, el movimiento sufre la competencia de partidos que, poco a poco, configuran nuevamente el campo político inspirándose en las propuestas y experiencias de los movimientos sociales. Por otra parte, a nivel internacional, el altermundismo se muestra reticente a pensar una relación dinámica con las nuevas experiencias concretas del cuestionamiento del neoliberalismo en América Latina.

Una situación nueva, lógicamente, reclama, nuevas reacciones. El altermundismo no puede ahorrarse la redefinición de sus formas de existencia y la elaboración de respuestas programáticas y políticas frente al arranque del nuevo ciclo histórico de un capitalismo mucho más diversificado que en el período anterior. Ese es el sentido del planteamiento que hemos denominado «post altermundista» (4), uno de cuyos ejes es la búsqueda de nuevos espacios y nuevas formas de articulación entre movimientos sociales, fuerzas políticas y gobiernos, para llevar a cabo luchas comunes.

Tenemos un ejemplo muy concreto, por otra parte único, con la Alternativa bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA), que agrupa hasta ahora a Bolivia, Cuba, Dominica, Honduras, Nicaragua y Venezuela y podría ampliarse en el futuro con nuevos miembros, en particular Ecuador y Paraguay. Las estructuras del ALBA no sólo incluyen a los gobiernos, sino también un Consejo de los movimientos sociales dotado de importantes responsabilidades. Además, los movimientos sociales de países que no pertenecen al ALBA pueden asociarse a esta organización. El ALBA es la primera estructura internacional que procede del post altermundismo, ¡aunque no se defina de esta forma!

El caso del ALBA, ampliamente ignorado fuera de América Latina, especialmente en Europa (lo que se explica por la virulenta hostilidad de los grandes medios de comunicación), obliga al movimiento altermundista a plantearse una cuestión de orientación estratégica hasta ahora tabú: ¿debe, y en caso afirmativo de qué forma, ganar espacios políticos concretos para transformarlos? ¿Debe conformarse con influir sobre este campo, integrarse en él o colaborar en su renovación?

Aquí, las ideas de «geometrías variables» o «cooperaciones reforzadas», lejos estar en contradicción con el «post altermundismo» constituyen, al contrario, las alternativas. Con un puro ejercicio de retórica, el sindicalista Pierre Khalfa puso sobre la mesa alternativas diferentes al statu quo grabado en la piedra de la Carta de principios de Porto Alegre, pero en cualquier caso y retomando su propia exposición, «Se trata de hacer que evolucione el sentido político de los Foros. Cambiar la configuración política de los Foros supone un doble acuerdo político: un acuerdo para que este cambio no ponga en cuestión el hecho de que el Foro, como tal, no tome decisiones, condición para que todas las fuerzas participen; pero, como contrapartida, hay un acuerdo político para que las «cooperaciones reforzadas» puedan establecerse en ese marco y encuentren los medios para estar presentes y adquirir una visibilidad política necesaria».

Sobre estas bases, el movimiento altermundista debería emprender ciertas evoluciones:

- Hay que plantear seriamente la cuestión de la alianza con las clases populares con el fin de participar en la construcción de una nueva hegemonía política. Hasta ahora este movimiento, habida cuenta de su heterogeneidad, ha contribuido poco a la transformación concreta de las relaciones de fuerza sociales y políticas en su favor. Como se ve con claridad en los Foros sociales, el movimiento se halla demasiado ausente de las cuestiones cotidianas que preocupan a esas clases sociales: protección social, sanidad, educación, desempleo. Eso explica una parte de su actual «desenganche».

- Esta cuestión nos remite a otra, fuera de América Latina, ¿dónde se pueden construir ese tipo de alianzas? En Europa, y muy especialmente en Francia, los conceptos de Estado y nación están satanizados por las «élites» económicas, financieras y mediáticas en las clases medias superiores y entre un sector de los dirigentes de partidos políticos y movimientos que se declaran altermundistas, todos embarcados en una huida hacia delante «europeista». Estos dirigentes, por miedo al vacío o a un hipotético «repliegue nacional» que nadie plantea, se aferran a la Europa que existe realmente a pesar de que la experiencia demuestra que dicha Europa sólo puede producir planteamientos neoliberales. Esta obsesión de «lo nacional» no existe en los países del Sur, Estados Unidos o Japón.

En Europa, una parte de la respuesta se encuentra en la lucha por la democratización de las instituciones nacionales, en las que los pueblos organizan, desde hace mucho tiempo, las luchas sociales y políticas. Al mismo tiempo es importante fortalecer la construcción de movilizaciones sociales a escala continental. Pero para que sean eficaces y no arrullen a los pueblos con ilusiones, esa dinámica debe basarse en una labor permanente de deslegitimación del marco institucional de la Unión Europea que imposibilita cualquier progreso democrático y social en las sociedades de Europa (6).

- El regreso (algunos hablan incluso de la «venganza») de los Estados a la escena mundial confirma la necesidad urgente, para el movimiento altermundista, de aplicarse a este tipo de reflexión. Porque de lo contrario los espacios vacantes serán ocupados, ideológica y políticamente, por las fuerzas conservadoras utilizando los acentos de la «modernidad» y los discursos «protectores» y «reguladores» (como ya es el caso en Francia o Italia).

- En el plano internacional, otra evolución podría ayudar a su fortalecimiento: la puesta en marcha, en el marco de un funcionamiento a geometría variable, de iniciativas de tipo post altermundista (foros internacionales de análisis y actuaciones sobre asuntos y reivindicaciones económicas, sociales, democráticas y ecológicas) llevadas a cabo por componentes del movimiento altermundista y organizadas con los protagonistas políticos y gubernamentales progresistas. La evolución del ALBA proporcionará una interesante fuente de reflexión.

Estos nuevos espacios permitirían desarrollar una relación dialéctica entre los movimientos y los protagonistas institucionales y originar una reflexión dinámica y práctica en torno a las cuestiones clave que se han planteado, en cada período histórico, a todos los movimientos de emancipación: el poder, su conquista y transformación, la democracia y su construcción política, social y económica, etcétera.

Notas
(1) http://reggio.wordpress.com/2008/07/20/%C2%BFel-fin-del-neoliberalismo-de-joseph-e-stiglitz-en-negocios-de-el-pais/
(2) François Polet, Clés de lecture de l’altermondialisme , CETRI/Couleur livres, Charleroi, 2008
(3) François Polet, Clés de lecture de l’altermondialisme , CETRI/Couleur livres, Charleroi, 2008
(4) Leer las contribuciones al coloquio «Altermondialisme et post-altermondialisme» celebrado en París el 26 de enero de 2008: http://www.medelu.org/
(5) Pierre Khalfa, miembro del Consejo científico de Attac France, portavoz de la Union syndicale Solidaires, «Problèmes dans (et de) l’altermondialisme, http://www.forumdesalternatives.org/FR/readarticle.php?article_id=5012
(6) Libro publicado por «Mémoire des luttes» y la revista Utopie critique, bajo la dirección de Bernard Cassen, En finir avec l’eurolibéralisme, Editions des 1001 Nuits, París, 2008.

Original en francés: http://www.cetri.be/spip.php?article833

* Bernard Cassen y Christophe Ventura son miembros de Attac France y de la asociación Mémoire des luttes y autores del libro: En finir avec l’eurolibéralisme, Editions des 1001 Nuits, París, 2008.
Traducción de Caty R., perteneciente a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala.

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De la resistencia a la construcción de alternativas

Carlos Martínez García
Rebelión (6-3-08)

Últimamente estamos comenzando a vislumbrar un nuevo debate acerca de los Foros Sociales Mundiales y su futuro. Partiendo de una experiencia satisfactoria acumulada, nos planteamos sin lugar a dudas
todas y todos los actores implicados como continuar y como no morir de éxito. Claro en el caso de que se entienda por éxito, el haber sido capaz de reunir varios miles de personas durante nueve años en
tres continentes distintos, junto a la convocatoria hace cinco años de una acción contra la guerra – invasión de Irak, que fue sin lugar a dudas la primera movilización global y que sacó millones de personas a
las calles del mundo.

Ciertamente no ha sido un logro menor, siendo una respuesta acertada frente la doctrina neoliberal del actual capitalismo financiarizado y agresivo. Un paso más de aquello que comenzó en Seattle,
transformándolo en resistencia global al tiempo que un contrapeso a las reuniones de los poderosos en Davos.

¿HACÍA EL FIN DE LA HISTORIA, O LA ANELADA MUERTE DE LAS ALTERNATIVAS?

El fin de la historia, no existe ya. Siempre fue falso, si bien los liberales y conservadores pensaron haber vencido, tras el hundimiento de la URSS y la conversión de China al capitalismo de estado o más bien
al capitalismo regido por sus actuales elites “comunistas”. Hundido el bloque soviético e introducido en el mercado, aunque con características propias y muy específicas en China, los neoconservadores,
pensaron que ya no había enemigos de su causa.

Quedaba un adversario a eliminar y este era la socialdemocracia, pero a está tras unos pocos años de incertidumbre, le surge una pistola para su propio suicidio, llamada “Tercera Vía”, que no era otra cosa,
sino un camino teórico hacia el socioliberalismo y sobre todo una recreación a escala global del Partido Demócrata de los USA, como modelo político.

Esta vía de abandono de las tesis del reformismo obrero y de las políticas redistributivas y defensoras del estado del bienestar, tiene cierto es resistencias internas en Alemania o por parte de algunos/as
teóricas e intelectuales socialdemócratas de otros Países Europeos, como el ala izquierda del PSF, Izquierda Socialista o el sector nucleado en torno a la Fundación Sistema. Otros socialistas y laboristas
están a la búsqueda de apoyos teóricos nuevos como un “Republicanismo” versión “ligera” en el caso español, pero que no acaba de cuestionar el sistema económico que los técnicos y gestores neoclásicos
y ortodoxos trazan e imponen como irremediable a pesar de sus estrepitosos fracasos “profesionales”.

En resumen camino abierto a las expectativas de dominación del Imperio y del “mercado”, triunfo del liberalismo ultraconservador e intervencionista made in USA según pensaban los estrategas del tinglado
Bush.

¿ COMIENZA UNA CRISIS DEL SISTEMA ACTUAL?

Lo cierto, es que esa estrategia según muchos académicos y analistas está fracasada o en vías de hacerlo y enumeremos algunas de sus causas.

En primer lugar Los EE.UU están empantanados en Irak y la guerra desde el punto de vista militar es un fiasco, pero además se ha llevado por delante a la mayoría de sus aliados políticos y probablemente a
la propia administración ultraconservadora.

En segundo lugar el capitalismo financiarizado va de una crisis a otra fruto entre muchas razones de su propio carácter especulativo y volátil, contando además con un dólar debilitado y una economía USA
con una deuda externa intolerable de no ser por que el resto del mundo se la financiamos.

A los USA se les está empezando a plantar cara desde instancias institucionales incluso por parte de algunos Estados. Su principal valedor político relevante es actualmente la Unión Europea y curiosamente
su principal apoyo financiero China, entre otras potencias asiáticas.

Rusia se rearma y África le planta cara a la UE, además el patio trasero de América Latina se le revuelve.

En tercer lugar, los motores del crecimiento comienzan a ser la China, clarísimamente, más India y una serie de nuevas potencias emergentes como Brasil, Sudáfrica y otras, a las que la UE y sobre todo los
EE.UU, tratan de arrimar a su redil, mediante acuerdos preferenciales y armamentísticos con la India o buscando alianzas comerciales e importadoras para con Brasil.

Lo cierto es que la nueva potencia económica emergente, la Republica Popular China y también las anteriormente citadas, están comenzando a cambiar lo que actualmente entendemos por globalización
introduciendo el factor que llamaría como patriotismo comercial agresivo. No son estos estados los que le sacaran las castañas del fuego al planeta, pues son insostenibles y depredadores del medio
ambiente, pero cuestionan el modelo actual y en todo caso introducen un nuevo capitalismo. Esto también socava y mucho el poder de los norteamericanos.

Debemos comenzar a prestar más atención a los procesos económicos que están generándose en la nueva fabrica mundial, China, en el extremo oriente en su conjunto y estemos muy atentas a cambios
que inducen a pensar en una nueva fase del capitalismo. Se están publicando libros muy interesantes y lúcidos en este sentido.

Pero seguramente, las y los defensores del sistema y los poderosos ya se están preparando para esto, así como para la crisis del modelo imperial y económico vigente, de forma que sigan estando en
posición ventajosa y de dominio, para con sus intereses que no los del planeta.

RESISTENCIA MUNDIAL AL NEOLIBERALISMO.

A pesar de todo ¿Quién es el enemigo?

Pensar que los mercados no siguen imponiendo su dictadura a pesar de sus crisis sería muy ingenuo. El poder sigue estando en el mismo lado de la balanza, la del capital, la de las grandes transnacionales
y entidades financieras globales así como en sus instrumentos políticos neoconservadores o liberales, no olvidando en ese paquete a las grandes multinacionales de la “información” y el ocio que poseen una
capacidad alienante y desinformadora como nunca.

Lo único que cuestiona el sistema mundo, es el amplio movimiento antiglobalización y altermundista. Pero este y esa es su grandeza, es muy amplio y diverso además de integrado tanto por una gran sopa
de letras como por personalidades independientes de prestigio intelectual y moral.

Siendo esta su fortaleza, pues la gran cantidad de redes existentes lo hacen poco vulnerable en su conjunto y en algunos casos locales, muy potente y movilizador. Una amplísima red de paginas Web, lo
complementa y aglutina. Además el discurso elaborado es difícilmente rebatible para actores políticos incluso de cariz liberal progresista.

El movimiento de los movimientos ha desarrollado importantes batallas, teniendo en su haber incluso, el impulsar, a ciertos gobiernos, sobre todo latinoamericanos, que han hecho suyas las reivindicaciones
frente al neoliberalismo. Por eso mismo es “su” enemigo real, para el neoliberalismo y trata de criminalizarlo.

¿Cual es el reto ahora?, según Ignacio Ramonet en la entrevista concedida a “Freitag” recientemente, La articulación de una alternativa de poder.

En las últimas Jornadas de Cooperación y Desarrollo organizadas en Madrid por Attac y Economistas sin Fronteras, José Manuel Naredo, comparaba a los Movimientos y ONG con las órdenes mendicantes
medievales y sus prácticas de caridad con los pobres, precisamente por no plantearse la cuestión del poder.

¿Ciertamente estamos en posición de crear contrapoderes efectivos con nuestras actuales estructuras? Pues, solo en parte. En Bolivia por ejemplo los Movimientos Sociales, han tomado el gobierno, tras
duras y largas movilizaciones. Este modelo, puede funcionar con éxito en ciertas partes del mundo, pero es muy difícil en Europa y Norteamérica.

Aunque entiendo que esto, no hace imposible el crear una poderosa corriente alternativa de influencia y movilización.

Hoy por hoy, las y los europeos debemos estarles muy agradecidos a los pueblos latinoamericanos, africanos e incluso algunos asiáticos que están siendo capaces de plantar cara tanto al imperio como al
capital global. Nosotras tenemos con ellos una obligación solidaria libre de perjuicios eurocentristas y purismos de café, propios de quien no se la está jugando aunque eso si, teoriza muy bien. Los
Palestinos e Iraquíes, ponen los muertos. Los bolivianos, nicas o venezolanas están en primera línea junto a ecuatorianos y cubanas. También debemos reconocer el poder o los combativos movimientos
campesinos indús, coreanos o subsaharianos, que están forzando fracasos en la OMC, frente a las grandes potencias, es decir los USA y la UE.

Luego debiéramos actualizar nuestras premisas, ante las nuevas expectativas mundiales y el cambio de rumbo del poder económico, que sin lugar a dudas empieza a tener nuevos y poderosos actores
emergentes.

Ya se celebró en la India el Foro Social Mundial, hecho este que fue un gran acierto. Este estado asiático junto a otros como Corea, poseen unos movimientos sociales y campesinos muy organizados y
concienciados, que desde el ombligo occidental, debemos tener muy en cuenta.

Deberíamos pues los y las occidentales perder parte de nuestros miedos y comenzar a plantear iniciativas políticas comunes en la Unión Europea, entre ellas las que plantea Attac Francia, luchando por la
Democracia en la UE y en defensa del estado social y del bienestar como la autentica seña de identidad Europea, tal y como acertadamente señala Susan George. Al menos como primer paso.

ES POSIBLE UNA ALTERNATIVA EUROPEA.

La UE es un montaje de los mercados exclusivamente, pero lo peor es que legisla y toma decisiones políticas que nos afectan y mucho, que además perjudican notablemente a medio mundo y NO HAY
DEMOCRACIA EN EUROPA. Nosotras que damos lecciones de democracia, elegimos un parlamento europeo que no tiene funciones y estamos en manos de un colegio de Comisarios (Auténticos
Comisarios Políticos del Neoliberalismo y las Transnacionales), que el pueblo europeo ni elige, ni controla. Además las leyes europeas las aprueban los gobiernos, liquidando el precepto democrático de la
división de poderes.

La derecha y la extrema derecha europea son fortísimas. Hablamos de los Lobbys Usa y las Fundaciones de influencia estadounidenses y aquí las fuerzas neoconservadoras e incluso parafascistas son muy
poderosas, tanto o más que las del otro lado del Atlántico.

¿Qué vamos a hacer frente a esto? Seminarios, debates, artículos. Me pregunto, ¿solo eso?.

Lo primero, me atrevo a proponer es agrupar fuerzas, lo segundo elaborar un mensaje sencillo, corto y comprensivo y lo tercero articular alianzas.

Las y los altermundistas, no tenemos rémoras, ni pasados burocráticos de represión y explotación, luego debemos ser algo nuevo. Nuestro bagaje intelectual es muy correcto, serio y contrastable. Nuestra
capacidad militante enorme, solo debemos ser capaces de conectar con las trabajadoras, los y las habitantes de las barriadas obreras, con las y los jóvenes precarios, con los sindicalistas fieles a los
intereses de clase y con alcaldes, alcaldesas y electos que viven los problemas de la gente que los eligió o al menos saben que sin ellos y ellas no son nada, o que lisa y llanamente, nos apoyan. Pero sobre
todo con la ciudadanía europea, igualmente con los “nuevos europeos y europeas” es decir las y los cientos de miles de inmigrantes que trabajan y son explotados en Europa, pero que ni votan, ni deciden.
Con la gente que decimos encarnar en sus deseos, en suma.

ALGUNAS PROPUESTAS PARA ARTICULAR EL CONTRAPODER.

Yo resumiría en el caso europeo todo en estas reivindicaciones:

1.Por la democratización de Europa.
2.Por la Europa Social y la defensa del sector público europeo.
3.Por la Justicia Fiscal y contra los Paraísos Fiscales
4.Por la ampliación y defensa del Estado Social Europeo
5.Solidaridad con los Estados empobrecidos
6.Contra las agresiones al medio ambiente y por el decrecimiento solidario.

El siguiente paso, sería la articulación de una alianza estratégica con todos aquellos y aquellas que en un programa de mínimos estén dispuestos a defender estas propuestas. Es un amplio espectro cívico ,
militante, y puede ser muy activo a pesar de la oposición de aparatos políticos y sindicales, gobiernos y elites funcionariales liberalistas y ortodoxas. Estas propuestas conectan con las aspiraciones y
anhelos de la mayor parte de la ciudadanía trabajadora y activa.

No debemos permanecer en ningún ghetto ni buscar la automarginación. Pero sobre todo debemos confiar en nuestra capacidad de generar poder alternativo, es decir alternativa de poder al neoliberalismo.
Porque el neoliberalismo es poder y dominación, de los menos hacía las más.

Tengamos algunos deberes iniciales, como el promover un Referéndum Europeo sobre el “ Mini tratado de Lisboa “.

Exijamos la derogación de la directiva de Servicios de Mercado interior o que la directiva de Servicios de Interés General, sea social, no mercantilista y conforme al espíritu del estado social europeo.

Reclamemos la extinción de los Paraísos Fiscales en la propia Europa y la prohibición de operar desde los extraeuropeos.

Justicia Fiscal Global y redistribución en el continente europeo, pues mientras los conservadores y neoliberales, afirman que el estado del bienestar esta en crisis, los y las ricas de Europa, sus grandes
transnacionales privadas y sus bancas, no pagan impuestos, blanquean capitales descaradamente y especulan con el capital acumulado gracias al esfuerzo de las y los europeos en el gran casino
económico mundial.

* Carlos Martínez García. Politólogo, Coordinador de Attac España

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El Foro Social Mundial en perspectiva

Josep Maria Antentas y Esther Vivas
ALAI (5-3-08)


El Foro Social Mundial (FSM), con sus siete ediciones celebradas anualmente desde el 2001, se ha convertido en una de las referencias simbólicas internacionales más importantes para el grueso de las fuerzas críticas con la globalización neoliberal. Las razones del éxito del proyecto del FSM son variadas pero pueden explicarse sobretodo por el contexto en el que fue lanzado y por el formato de la propuesta. Su lanzamiento durante el año 2000 tuvo lugar en el período inicial de ascenso y rápido desarrollo del movimiento « antiglobalización » bajo el impacto de las movilizaciones de Seattle en noviembre de 1999. En este contexto surgió la idea del Foro Social Mundial, a modo de contra-punto al Foro Económico de Davos, y conectó con el espíritu del movimiento emergente, apareciendo como un polo de atracción y como una referencia internacional para buena parte de sus integrantes (aunque no para todos y con grados de interés variables). El formato de la propuesta y su concepción de fondo eran funcionales a las necesidades del momento, al permitir abrir un punto de encuentro amplio y flexible, adaptable a un movimiento cambiante, plural y en desarrollo. Evoluciones y cambios de contexto

El contexto internacional en el cual el Foro se ha desarrollado ha ido modificándose sustancialmente desde el año 2001. En el período posterior a Seattle, el movimiento experimentó un proceso de fuerte crecimiento hasta las movilizaciones contra el G-8 en Génova en julio de 2001 y los atentados del 11 de septiembre en New York. Después de algunos titubeos iniciales, en los que el movimiento pareció perder fuelle, la nueva etapa se caracterizó por la centralidad adquirida por la lucha contra la “guerra global permanente”, cuyo cenit fueron las protestas del año 2003 contra la invasión de Irak. En los últimos tres o cuatro años se ha entrado en una nueva fase marcada por una pérdida de visibilidad de las movilizaciones internacionales “antiglobalización” y de su capacidad aglutinadora y unificadora, en un contexto de auge y multiplicación de las luchas concretas frente al neoliberalismo y de mayor dispersión sectorial y de “nacionalización” de las mismas.

El FSM ha ido evolucionando en consonancia con la coyuntura política y de la movilización internacional. Después de una primera etapa de ascenso, de aumento de su visibilidad y de creciente capacidad de atracción, el Foro atraviesa en la actualidad una crisis de perspectivas y un futuro incierto. El FSM no ha quedado al margen del reflujo actual del movimiento “antiglobalización” y de las protestas internacionales en motivo de las contra-cumbres. Aunque no haya perdido poder de convocatoria estrictamente (cuestión difícil de medir por potra parte debido a sus rotaciones geográficas), ha experimentado un decrecimiento de su impacto e influencia y de su condición de referente internacional.

La pérdida de empuje del movimiento “antiglobalización” y la dispersión y fragmentación de las protestas, ha generado, progresivamente, brechas crecientes entre el proceso del FSM y las luchas reales, cuyo vínculo se hizo prácticamente de forma automática en el período inicial del Foro. El cambio de contexto operado en los últimos años y la pérdida de centralidad del movimiento “antiglobalización” en la esfera internacional ha repercutido en la disminución de su influencia en el seno del FSM, cediendo espacio a los sectores más institucionalistas y menos orientados a la acción. El binomio de “unidad en la radicalidad”, propio de una primera etapa del FSM, y simbolizado en particular en el Foro Social Europeo de Florencia, ha dejado de existir.

En este contexto, el último periodo en la trayectoria del proceso del FSM muestra tendencias a una creciente institucionalización del evento, al alejamiento respecto de las luchas sociales y a una creciente hegemonización político-organizativa por parte de los sectores menos orientados a la acción, quienes han ido ganando peso al menos en las instancias de decisión. La última edición del FSM en Nairobi constituyó un toque de atención y un contra-ejemplo de cómo tenía que ser el FSM, donde muchos de los problemas que éste ha venido arrastrando en ediciones anteriores se acentuaron y multiplicaron. En particular: las tendencias a la mercantilización del evento, a la institucionalización y su “oenegización” y el alejamiento de los movimientos sociales de base. Nairobi constituyó, desde este punto de vista, una advertencia preocupante de algunas evoluciones de fondo del proceso del Foro y, en particular, de sus instancias decisorias como el Comité Internacional.

Esta evolución se ha dado en paralelo al aumento de las tensiones internas en el seno del FSM. El discurso fundacional del Foro, simbolizado por la Carta de Principios, tuvo un perfil “antineoliberal” amplio, que permitió la incorporación al proceso de una gran pluralidad de sectores. Sin embargo, en el discurso del FSM han existido desde el comienzo importantes “ambigüedades políticas”/1 e “indeterminaciones estratégicas”/2 sobre aspectos fundamentales que se han traducido en controversias internas, en particular entre su polo más institucionalista y moderado y el más anticapitalista y orientado a la acción, en paralelo al agotamiento de la dinámica inicial de “expansión por consenso”/3 del movimiento “antiglobalización” y del propio proceso del FSM. Impacto y arraigo del proceso

El alcance y el arraigo del proceso del Foro ha sido muy desigual. América Latina y Europa del Sur han sido las regiones donde la dinámica ha tomado más consistencia, mientras ésta ha sido muy débil en África, los países del Este y en menor medida Norteamérica. En Asia el proceso arrancó más tarde pero, después del Foro Social Mundial en Mumbai en el 2004, se ha desarrollado de forma considerable. La dinámica de “regionalización”, impulsada en el 2002 con la realización de foros regionales, nacionales, temáticos... permitió un mayor arraigo del mismo en realidades sociales específicas. Sin embargo, la etapa de extensión rápida del proceso, experimentada en sus primeros años de vida, quedó ya atrás y hoy un rasgo fundamental del mismo es su creciente desigualdad en términos geográficos. Como señala Pierre Rousset/4, en algunos lugares el proceso de los foros todavía juega un rol motor e inspirador de convergencias, en otros sobrevive más o menos estancadamente pero contribuye a preservar las dinámicas unitarias creadas en los últimos años, y en otros simplemente está desconectado de las confluencias y luchas reales y juega un rol marginal.

En lo que se refiere al impacto concreto, a su utilidad real y al abanico de fuerzas implicadas, el balance es muy diverso país por país. En términos globales, desde su nacimiento en el año 2001, los foros sociales han actuado como un “agrupamiento defensivo” frente a la globalización neoliberal pero que permite una expresión ofensiva de alternativas y movilizaciones, y como un cierto “polo unificador” y un espacio de convergencia de solidaridades/5. Si bien éstas son aún frágiles, a menudo poco inestables, y en muchos casos limitadas al terreno simbólico.

Los foros no han generado automáticamente un refuerzo de las luchas concretas contra el neoliberalismo, pero sí que han sido un referente para algunas de las mismas y han servido para inspirar iniciativas diversas, contribuyendo a crear un clima más propicio al trabajo en común en los lugares donde se han celebrado. En algunos casos, las convergencias creadas han sido más bien puntuales y poco duraderas aunque como mínimo han dejado un poso que facilita unidades posteriores en torno a nuevas campañas y luchas.

En cualquier caso los foros han permitido inyectar energía y fuerzas “hacia dentro”, entre sus participantes, aunque los logros y avances obtenidos en los mismos sean insuficientes “hacia fuera”, es decir, en relación a la magnitud de las tareas necesarias para combatir con éxito a la globalización neoliberal/6. Incertidumbres de futuro

Después de siete ediciones, el FSM se enfrenta a unas perspectivas de futuro complejas. Una etapa terminó en la historia del FSM y la que se abre es incierta. El Foro necesita afrontar importantes debates sobre su porvenir para evitar caer en un proceso de repetición y rutinización y mantener su funcionalidad en tanto que espacio de discusión y articulación de campañas y movilizaciones. Uno de sus riesgos es simplemente aparecer como algo cuya utilidad es decreciente, que se mantiene por inercia, en un momento donde el efecto novedad ya pasó y donde la etapa de “crecimiento lineal” del movimiento “antiglobalización” también.

De forma retrospectiva, el auge del movimiento “antiglobalización”, a partir de 1999 con las grandes movilizaciones internacionales y el proceso de los foros sociales en sus primeros años, proporcionó un primer impulso en la convergencia y la dinamización de las luchas contra la globalización neoliberal. Éstas han seguido aumentado en los últimos años, aunque en un contexto de fragmentación y desagregación, de mayor “nacionalización” de las luchas, de dispersión sectorial y de pérdida de empuje del movimiento.

En este contexto de fondo, el doble reto estratégico que aparece como central en el horizonte para las fuerzas opuestas a la globalización neoliberal es, por un lado, reforzar los procesos de auto-organización “desde abajo”, recomponer el tejido asociativo, multiplicar las protestas y arraigarlas en realidades sociales específicas y, por otro lado, seguir buscando puntos de confluencia entre las distintas luchas y una mayor articulación entre las mismas a escala nacional e internacional a través de puntos de encuentro simbólicos, como los foros sociales, y de campañas y redes específicas. Es necesario combinar un mayor arraigo de las luchas “desde abajo” y al mismo tiempo la coordinación y la articulación de las luchas, con el objetivo de evitar un doble peligro: la desarticulación y desagregación de los espacios de convergencia, empezando por el propio proceso del Foro Social Mundial, o bien su desconexión “por arriba” respecto a las luchas sociales “por abajo”.

Los foros sociales no son un fin en sí mismos, sino un instrumento al servicio de la discusión y la articulación de campañas y movilizaciones, y tienen que ser vistos y concebidos como tales. Tienen sentido si ayudan a avanzar en esta dirección y ésta es una cuestión que hay que tener muy presente en el actual debate sobre el futuro del FSM y al hacer balance de su trayectoria. Como señalaba Arundhati Roy/7 ya en su discurso inaugural del FSM en Mumbai, el Foro “es uno proceso vital que no debe ser socavado. Sin embargo, si todas nuestras energías son desviadas hacia este proceso a expensas de una acción política real, entonces el FSM, que ha jugado un papel tan crucial en el movimiento por una justicia global, corre el riesgo de convertirse en uno activo para nuestros enemigos. Necesitamos urgentemente discutir las estrategias de resistencia. Necesitamos centrarnos en blancos reales, librar batallas reales e inflingir daño real”.

La vitalidad y autoridad simbólica del FSM se han derivado del hecho de ser percibido como la mayor expresión de las luchas contra la globalización neoliberal. El día en que el FSM apareciese como un proyecto desvinculado de ellas, el proceso se deshincharía rápidamente o perdería su utilidad como instrumento para seguir avanzando en la lucha por este “otro mundo posible” del cual ha sido un estandarte muy importante, aunque con contradicciones y límites.

* Josep Maria Antentas y Esther Vivas, coautores de “El Foro Social Mundial” (Icaria ed., 2008) y miembros de la redacción de Viento Sur.

Notas:
1/ Romero, M. (2008). “El Foro y la Política: el riesgo de la extinción” en AAVV. El futuro del Foro Social Mundial. Barcelona: Madrid, 2008.
2/ Rousset, P. (2008b) “Contribution au débat sur le processus du FSM dans son étape actuelle” en: http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article9317
3/ Bensaïd, D. “La expansion del movimiento por consenso ha terminado” en La Vanguardia, 10/01/05
4/ Rousset, P (2008b) Op. Cit.
5/ Rousset, P (2008a) “La experiencia del FSM como un nuevo marco de solidaridades” en AAVV. El futuro del Foro Social Mundial. Barcelona: Madrid, 2008.
6/ Romero, M. (2008). Op. Cit.
7/ Roy, A. “¿Los pavos disfrutan el Día de Acción de Gracias?” en Vivas, E (Ed.) Mumbai. Barcelona: Icaria, 2004.

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El Foro Social Mundial y la política: el riesgo de la extinción
[Este texto forma parte del libro 'El futuro del Foro Social Mundial', Icaria, Barcelona, 2008]

Miguel Romero
Viento Sur (4-2-08)


I.

En enero del año 2006, unos días antes de la reunión del Foro Social Mundial (FSM) en Caracas, el sociólogo brasileño Emir Sader publicó el artículo “Foro Social Mundial. O risco da intranscendência” (Carta Maior. 20/01/2006). Sader consideraba que: “O el Foro Social Mundial (FSM) sale de la fase de resistencia al neoliberalismo y pasa a participar activamente en la lucha por ‘otro mundo posible’ o quedará relegado a la intranscendencia. La realización del FSM en Venezuela es una excelente oportunidad para dar ese salto. Si no la aprovecha, y continúa con el mismos discurso que antes, sin aprender de las extraordinarias conquistas y lecciones que América Latina y el Caribe están ofreciendo, se condenará a perpetuar su actual marginalidad en relación a los grandes combates que se luchan contra la hegemonía imperial y el neoliberalismo en el mundo, los reinos del dinero, de las armas y de los medios de comunicación monopolistas”. Sader ponía así sobre la mesa un tema fundamental que el FSM había esquivado desde su fundación: las relaciones del Foro, y por extensión de los movimientos sociales, con el poder político.

La reunión de Caracas confirmó que ésta era no una, sino “la” cuestión fundamental para el futuro del proceso iniciado en enero de 2001 en Porto Alegre. Desde entonces, cada convocatoria había contado con un mayor número de participantes, se había logrado con éxito la extensión del Foro a Europa, Asia y África, se había popularizado el lema “Otro mundo es posible” e incluso la marca “Foro Social”, aunque con usos muy diferentes, y en algunos casos aberrantes, respecto a su sentido original /1..., pero los logros obtenidos de la campañas y movilizaciones inspiradas por el Foro habían sido muy limitados: en lo que se refiere a iniciativas de alcance general, fundamentalmente, la paralización del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), pero no de los Tratados de Libre Comercio que la siguieron, y las grandes manifestaciones de febrero de 2003 contra la guerra de Irak, pero no evitar la guerra. Las numerosísimas acciones sectoriales y locales de reivindicación y resistencia animadas por organizaciones y movimientos vinculados con el FSM no habían obtenido frutos significativos en ningún país.

Cada Foro terminaba siempre con un balance positivo, pero referido hacia adentro: la voluntad expresada de continuar en la lucha, la inyección de moral que recibían los participantes, la continuidad del proceso, etc., consideraciones, sin duda, muy valiosas, pero claramente insuficientes para el objetivo proclamado de ser, no sólo el referente mundial de la lucha contra el neoliberalismo, sino además el lugar de elaboración de alternativas capaces de orientar las luchas sociales en esa dirección. En cambio, la llegada al gobierno de Lula en el año 2003, la consolidación de la “revolución bolivariana” en Venezuela, la victoria electoral del MAS en diciembre de 2005... cambiaron el panorama y las expectativas políticas en América Latina /2, y alcanzaron un impacto considerable en organizaciones y movimientos sociales en todo el mundo. Con independencia del balance muy controvertido de las realizaciones prácticas de estos gobiernos, apareció en ellos un camino para desarrollar alternativas al neoliberalismo que obtuvieran resultados sociales y políticos tangibles. Como vino a decir Tariq Alí, polemizando irónicamente con las posiciones de John Holloway: “Había que tomar el poder para cambiar el mundo... aunque fuera un poco.”

Así, la cuestión de las relaciones con la política, siempre presente y siempre aplazada o tratada con sobreentendidos en los debates del FSM, se situó encima de la mesa, pero de una forma que, si se consolida, pienso que llevará a la extinción del proceso: es decir, como subordinación de las organizaciones y movimientos sociales a los gobiernos considerados “progresistas” y a los partidos que aspiran a formar gobierno. En definitiva, la “vieja forma de hacer política”. El tema de este artículo es comentar de una manera resumida las etapas principales de las relaciones del FSM y la política, para a continuación proponer una “politización alternativa”, que me parece imprescindible para que no se pierda esta posibilidad, la única realmente existente hoy, de construir un movimiento social internacionalista y anticapitalista de alcance mundial.

II.

Hay una ambigüedad política en la fundación del FSM que se ha ido vadeando a largo de su desarrollo, sin grandes problemas en una primera etapa -hasta el III Foro de Porto Alegre (2003)-, pero con dificultades crecientes a partir del “regreso de la política” al centro de los conflictos internacionales, como consecuencia fundamentalmente de la situación creada por la guerra y la ocupación de Irak. En esta situación, conceptos como “paz”, “justicia internacional”, “lucha contra el imperialismo”, “igualdad”... pasaron del discurso moral a los conflictos concretos, en lo que había que tomar partido y, por tanto, afrontar desacuerdos profundos entre “fuerzas progresistas”, que no podían resolverse en términos de “consenso”.

Recordemos que la Carta de Principios fundacional definió al Foro Social Mundial como “un espacio abierto de encuentro para ahondar la reflexión, para un debate democrático de ideas, elaboración de propuestas, libre intercambio de experiencias y articulación de acciones eficaces por parte de entidades y movimientos de la sociedad civil que se opongan al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo y que se empeñen en la construcción de una sociedad planetaria orientada hacia una relación fecunda entre los seres humanos y de estos con la Tierra. (...) Las alternativas propuestas por el Foro Social Mundial se contraponen al proceso de globalización comandado por grandes corporaciones multinacionales y por los gobiernos e instituciones que sirven a sus intereses, con la complicidad de los gobiernos nacionales.”

En el año 2001, esta declaración podía soportar lecturas políticamente contradictorias: desde la lectura de las organizaciones sociales y políticas militantes que consideraban “antineoliberalismo”, “anticapitalismo” y “antimperialismo” como conceptos complementarios o equivalentes, hasta la de partidos de orientación socialdemócrata, entonces casi todos en la oposición, cuyo objetivo era llegar al poder para gestionar desde allí variantes de lo que se llamarían políticas “social-liberales”. Todos podían decir: “Otro mundo es posible”, pero la enorme popularidad de la fórmula se basaba, y se basa, en su indefinición, de modo que ese “otro mundo” puede entenderse como un neoliberalismo paliado con dosis de modernización de las costumbres y asistencialismo social o como una forma pedagógica para llamar de nuevo a la lucha porque el mundo “cambie de base”.

Contribuía a esta ambigüedad, la poca claridad sobre cuál era el significado político de esas “alternativas” que se querían elaborar y proponer. El símbolo de Porto Alegre era el “presupuesto participativo”, una iniciativa inspirada por el PT de Porto Alegre -que entonces encabezaba la oposición de izquierdas a Lula dentro del partido- para favorecer la participación de las organizaciones sociales en la gestión del gasto social municipal. Presentada como la prueba de que era posible realizar ya la “democracia participativa”, se trataba en realidad de una herramienta de doble uso, fácilmente integrable incluso por gobiernos municipales de derechas y que sólo podía considerarse una “alternativa al neoliberalismo” en la medida que promoviera la organización social de base y su poder efectivo en el ámbito local; la experiencia sólo nos ha dado unas pocas y muy efímeras muestras de esta posibilidad.

Otras “alternativas” como la Tasa Tobin eran también susceptibles de interpretaciones variadas: por ejemplo, “humanizar la globalización”, o encontrar nuevas fuentes de financiación para un instrumento tan poco “alternativo” como la ayuda al desarrollo; pero también podía entenderse como un medio para popularizar la crítica a los fundamentos de la economía neoliberal, en especial, el poder absoluto de los “mercados financieros”.

El FSM era también un altavoz de campañas internacionales por objetivos realmente alternativos, como la abolición de la deuda externa, la soberanía alimentaria, la crítica radical a la Organización Mundial y las demás instituciones financieras internacionales,..., pero en estos casos no se trataba de propuestas “de consenso”, sino de objetivos que asumía un sector de las organizaciones participantes en el FSM.

En fin, otro elemento de ambigüedad política está en la posición sobre la participación de los partidos. La Carta afirma que “El Foro Social Mundial reúne y articula únicamente a entidades y movimientos de la sociedad civil en todos los países del mundo.(...) No deben participar del Foro representaciones partidarias ni organizaciones militares. Podrán ser invitados a participar, en carácter personal, gobernantes y parlamentarios que asuman los compromisos de esta Carta.” La yuxtaposición entre “partidos” y “organizaciones militares” es, por lo menos, curiosa. Pero lo más significativo es que las excepciones a la regla se refieren exclusivamente a “gobernantes” y “parlamentarios” es decir personas, con “poder político”, normalmente políticos profesionales. Aparece aquí entre líneas una concepción muy habitual de la política como “los poderes políticos establecidos”, que excluye a las políticas y organizaciones antisistémicas, que son las que pueden considerarse propiamente “alternativas”. A esta concepción responde una idea sobre lo que debe ser la política de la “sociedad civil”, como una combinación entre la denuncia abstracta de los males de nuestra sociedad y el lobby concreto sobre el poder político en pro de reformas integrables.

En estas condiciones, el sector más militante del FSM hizo suya la propuesta del dirigente del Movimiento Sin Tierra Joao Pedro Stédile: “Intercambiar experiencias para articular luchas”. Este enfoque pragmático ha producido sin duda los mejores frutos del FSM durante estos años. Pero incluía también una toma de distancias respecto a los debates políticos (“los debates nos separan, las luchas nos unen”), que por otra parte tenían un papel marginal en los Foros: las grandes conferencias se organizaron como mítines de personalidades respetadas, y sólo en talleres reducidos y, sobre todo, en las reuniones informales, en las “costuras” del Foro, se podían compartir opiniones diferentes sobre los temas de fondo. Por eso cuando personas de reconocida autoridad en el Foro, como Walden Bello o Inmanuel Wallerstein, plantearon la necesidad de elaborar “estrategias” que pudieran dar coherencia y continuidad al proceso, la idea encontró una amplia aceptación, pero nadie tenía claro ni cómo, ni dónde hacerlo. A finales del año 2002, el Foro Social de Florencia abrió una vía para avanzar hacia otra forma de hacer política, en la práctica/3.

Concurrían una serie de circunstancias excepcionales en el Foro de Florencia: en primer lugar, la fortaleza y la radicalidad del movimiento antiguerra y el movimiento antiglobalización italianos, ambos mezclados por las formidables y trágicas movilizaciones contra la reunión del G 8 en Génova (julio de 2001) y unidos en torno al lema del Foro: “Contra el neoliberalismo, la guerra y el racismo”; en segundo lugar, el carácter realmente horizontal y pluralista de la organización del Foro, abierto a debates sin trabas de posiciones diversas o contradictorias sobre todos los temas centrales para el desarrollo de los movimientos sociales, incluyendo las relaciones con las organizaciones políticas; finalmente, la participación muy activa de Rifondazione Comunista, una organización que, en aquel momento, parecía haber roto definitivamente con la versión italiana del social-liberalismo (Prodi y/o D´Alema) y buscar una relación leal con los movimientos sociales, basada en una autocrítica de las relaciones de subordinación-representación del pasado, y en la búsqueda de una convivencia de “culturas” sociales y políticas dentro de un nuevo sujeto emancipador.

Todo ello dio lugar a una experiencia de fraternidad militante inolvidable, a iniciativas que se mostraron muy eficaces para la movilización internacional (como la jornada antiguerra del 15 de febrero del 2003) y, sobre todo, a la ilusión de que era posible ensamblar unidad y radicalidad, y promover una alianza sin hegemonías entre movimientos sociales y organizaciones políticas comprometidas realmente en la lucha contra el neoliberalismo y la guerra.

La reacción contra el Foro de Florencia fue fulminante desde los dos “poderes fácticos” establecidos en el Consejo Internacional del FSM desde su fundación: el primero, el “comité brasileño”, integrado por representantes de diferentes organizaciones sociales vinculadas con el PT y el segundo, los portavoces de ATTAC-Francia; recordemos que el Consejo Internacional del FSM es un organismo integrado por más de un centenar de organizaciones, que funciona mediante una forma particular de “consenso vertical”, en cuyo vértice se encuentran estos dos grupos.

Las críticas más virulentas vinieron de Francia, donde se llegó a escribir que se había realizado “una OPA de la izquierda radical sobre el movimiento”, frente a la cual habría que “restaurar el espíritu de Porto Alegre” (Le Monde, 16/11/2002). Desde Brasil se remachó el clavo: Chico Whitaker defendió el “Foro espacio”, que correspondería al “espíritu de Porto Alegre”, frente al “Foro movimiento” que sería el objetivo de la “izquierda radical”.

Esta dicotomía entre “espacio” y “movimiento” ha generado una abundantísima literatura, pese a tratarse de una presentación maniquea e interesada de los debates existentes. Porque el problema real está en la naturaleza del “espacio” y del “movimiento” y, sobre todo, en establecer cuáles son los desafíos a los que el FSM tiene que responder para merecer ser un referente internacional en la lucha frente “al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital o por cualquier forma de imperialismo” en la nueva situación internacional inaugurada por la guerra y la ocupación de Irak.

El proyecto del FSM como un espacio de encuentro internacional, con un programa básico antineoliberal y antiimperialista; pluralista, protagonizado por organizaciones sociales y organizado de forma democrática y horizontal, es un patrimonio valioso que se debería preservar y que, quizás, se puede aún preservar. Pero este proyecto tiene poco, y cada vez menos que ver con la realidad del proceso.

En realidad: -existe en el Foro una participación muy influyente de personalidades y fuerzas políticas que ejercen o apoyan políticas abiertamente contradictorias con la Carta del Foro, como es el caso de las diferentes variantes del social-liberalismo; -existe un consenso implícito pero infranqueable que impide o margina el debate abierto sobre políticas interiores y exteriores de gobiernos considerados “progresistas” y, en general, las instituciones de la izquierda (partidos parlamentarios y sindicatos correspondientes) cuando afectan a temas fundamentales para las luchas sociales, como por ejemplo, sus políticas en las Instituciones Financieras Internacionales o respecto a “sus” multinacionales o las alianzas internacionales o respecto a las privatizaciones o las políticas energéticas, etc.; -existen “estructuras informales” que toman decisiones al margen de cualquier control democrático sobre cuestiones importantes para la actividad del Foro, como han criticado públicamente, por ejemplo, un amplio colectivo de organizaciones participantes en el Foro tras la reunión de Nairobi (www.europe-solidaire.org/spip.php?article6088).

Respecto al denostado “Foro movimiento”, el sentido, y en buena parte la realidad del proceso del FSM es desarrollar un repertorio de propuestas, metodologías de trabajo y acciones comunes entre diferentes colectivos que comparten unos objetivos básicos. En este sentido, es o debería aspirar a ser un movimiento, o como se le ha llamado de forma voluntarista un “movimiento de movimientos”. Es más, sin esta dimensión práctica, el FSM podría terminar siendo una “feria de productos ideológicos”, como lo caracterizó Lula a finales del 2004 (Clarín, 28/10/04) como “ataque preventivo” ante el temor de que en V Foro de Porto Alegre (enero del 2005) le llovieran críticas por la política de su gobierno; los “consensos informales” impidieron que la sangre llegara al río.

Pero si adquiriera esta dinámica activista, el FSM sería muy difícilmente controlable y desbordaría frecuentemente, no la Carta de Principios, pero sí los consensos fácticos políticos y organizativos que controlan el Foro. Por eso se “excomulga” al “Foro movimiento” presentándolo como una conspiración para someter el FSM a una estructura jerarquizada bajo el dominio de la izquierda radical, ejercido a golpe de consignas: pero esto es sólo un espantajo, que sólo sirve para ocultar los problemas reales.

Porque la opción real después de Florencia no estaba entre supuestos modelos organizativos abstractos: “espacio” o “movimiento”, sino entre orientaciones concretas sobre la política del FSM. La situación internacional exigía una acción política del Foro y el desafío era inventar una forma de hacer política adecuada a la naturaleza de un “referente social internacional” contra el neoliberalismo y el imperialismo. En nombre del “consenso” y el “encuentro pluralista de la sociedad civil” (“¡menos sociedad civil y más desobediencia civil!”, reclamó Naomi Klein) se creó un vacío político artificial, que se rellenó de mala manera.

Ya en Porto Alegre 2005 los protagonistas del Foro no fueron los movimientos, las organizaciones o las luchas sociales, sino Lula y Chaves, representando una cierta competencia de políticas, pero en un marco de alianzas: ambos se defendieron mutuamente y desautorizaron a quien criticara al otro, o a cualquiera de los aliados de ambos. Esta reaparición de la política de “bloques”, en la cual sólo se admite la crítica al “enemigo” y son los gobiernos que encabezan el bloque los que establecen en cada momento quien es el enemigo, mostraba una politización efectiva del Foro, pero en una dirección equivocada.

Al año siguiente en Caracas se confirmó esta línea de politización subalterna al poder político establecido, aunque Chaves, en un encuentro con “los movimientos sociales” (decidido cómo y cuando les vino en gana a los “poderes fácticos” del Consejo Internacional), manifestó su respeto a la “autonomía” de los movimientos sociales y les animó a “construir contrapoderes”, una propuesta más bien confusa, pero que puede abrir un debate interesante sobre la articulación entre fuerzas políticas y movimientos sociales.

Y así ha llegado al momento actual el debate sobre las relaciones entre el FSM y la política, reducido a las relaciones con las instituciones políticas consideradas con mayor o menor razón “progresistas”. Es un debate gravemente mutilado que, en el mejor de los casos, convertiría al FSM en el “frente de masas” de gobiernos en conflicto con los nuevos imperialismos, y en el peor en una marca manipulable, útil para legitimar cuando convenga a los gestores de la “globalización con rostro humano”. Mientras tanto, todos los proyectos de fortalecimiento político y organizativo del FSM se han ido quedando en el camino: la organización de una red internacional permanente de movimientos sociales, la constitución de un archivo-memoria de las actividades, ponencias y debates realizadosn /4, la elaboración de estrategias, la organización de redes para el debate entre organizaciones afines, los balances de los Foros que nos permitirían saber qué queda de ellos un tiempo después de su realización...Finalmente, se ha debilitado seriamente “el intercambio de experiencias para articular luchas”, aunque se puede mantener la esperanza de que la jornada internacional convocada para el 26 de enero ayude a recuperar esta dimensión de actividad militante.

¿Será hora, como se pregunta Walden Bello, de que el FSM “levante su campamento” y deje sitio para “nuevos modos de organización global de la resistencia y la transformación”/5 ? Pienso que no, o al menos, hay que dedicar todo el esfuerzo necesario para que no sea así.

III.

Para resolver un problema, primero hay que reconocerlo como tal y desde dentro.

Lleva razón Pierre Rousset cuando afirma que: “La crítica ‘de izquierda’ a los foros se formula a menudo de una forma demasiado abstracta, demasiado ‘exterior’ (...). El éxito de los foros no es en nada evidente, expresa algo nuevo. Para ser pertinente, la crítica debe empezar por comprenderlo y reconocerlo: debe ser formulada de una forma, digamos, más ‘interna”./6 De acuerdo, pero descartemos también los enfoques “acríticos”, que responden a los deseos que a la realidad.

Por ejemplo, la idea de que el FSM es un “iceberg”, del que sólo vemos la parte más reducida. La imagen es probablemente cierta en un sentido: han pasado por los Foros centenares de miles de activistas, que han hecho en ellos relaciones y aprendizajes que habrán continuado después en algunos casos, o habrán influido en experiencias posteriores, aunque no se refieran formalmente al FSM. Pero también es verdad que todo lo que existe bajo las reuniones de los Foros está fragmentado, desarticulado...: no hay referencias nacionales, ni sectoriales,..., ni presenciales, ni vía internet..., que den una mínima estabilidad al proceso, permitan mantenerlo vivo entre reunión y reunión, aseguren un control, y tendencialmente una representación democrática del Consejo Internacional... Y sobre todo, al menos desde el Foro de Caracas, no hay experiencias significativas de luchas, incluso en América Latina, que hayan tenido como referente el FSM. Se está produciendo pues un deshielo por abajo, que puede dejar al Foro a la deriva.

No me parece convincente tampoco la caracterización de Michael Lowy: “La fuerza del movimiento proviene sobre todo de su negatividad radical, inspirada por una profunda e irreductible indignación. (...) La radicalidad del movimiento es resultado, en buena medida, de su propia capacidad para la revuelta y la insumisión, de su disposición intratable a decir ¡no!”/7 Así debería ser, asi fue en Florencia, pero ya no es así. Más aún: sólo una parte de las organizaciones que participan en el Foro comparten esa “irreductible” indignación, pero no parecen tener una influencia notable en el Consejo Internacional y no existen entre ellas más que contactos ocasionales. Pienso que sería más interesante interpretar las palabras de Lowy como objetivo: es decir, lograr que ese sector tenga existencia política; eso exigiría, en primer lugar, que se incorporaran corrientes sociopolíticas, como los zapatistas, y organizaciones ecologistas, feministas, libertarias... que no participan en los Foros; y, a continuación, traducir la imprescindible “negatividad radical” en debates y propuestas de acción. Por supuesto, este sector sólo sería una “corriente” del Foro y tendría que convivir con otras corrientes en un encuentro complejo y conflictivo, en el que podrían abordarse los problemas reales de la lucha social y política. A mi parecer, el futuro del FSM depende de su capacidad para ser este tipo de “encuentro”, un encuentro libre y militante, organizado democráticamente, sin vetos políticos implícitos o explícitos y trabajando sobre problemas concretos.

Por ejemplo: tras la derrota en el referéndum venezolano están circulando por la red textos con opiniones muy plurales, abiertamente polémicas, que afectan en muchos casos a problemas de fondo de la estrategia y la política que hay que construir. También en Europa, en Francia y en Italia especialmente, hay experiencias y debates en los que se plantean problemas de ese tipo. Aquí está la materia prima para esa “elaboración estratégica” que se viene reclamando desde hace años, sin que se consiga ningún paso adelante real.

Por supuesto, este proyecto significaría una refundación del FSM y está lleno de dificultades y peligros, incluso peligros de ruptura. No estoy seguro de que sea un proyecto viable, porque los “poderes fácticos” del Foro quieren dejar las cosas como están y, también, porque la corriente “irreductible” no existe como tal y no se ven fuerzas significativas interesadas en construirla. Pero creo que es un proyecto con sentido, necesario. Hay muchas razones para defenderlo. Incluso podemos encontrar alguna en un lugar insospechado; por ejemplo, es Bernard Cassen el que ha escrito: “En todas partes del mundo, los ciudadanos aspiran a cambios radicales. Si los Foros no son el lugar donde se elaboran y donde los socios de su aplicación se encuentran, otras estructuras lo harán en su lugar.”/8

Mas allá de los planteamientos generales, pienso que hay algunos problemas determinantes para la construcción de la izquierda alternativa, en sentido social y político, que podría tener en el FSM un marco muy propicio para abordarlo, y si no es en él, no veo ningún otro que pueda cumplir esa función. Me refiero concretamente al tema con el que inicié el artículo y ahora lo concluyo: las relaciones entre lo político y lo social, entre las organizaciones políticas y los movimientos sociales anticapitalistas... un desafío que heredamos del siglo pasado, por no decir directamente de la I Internacional, y que nos perseguirá hasta que empecemos a encontrar vías para resolverlo.

Polemizando con el co-presidente de ATTAC Jean-Marie Harribey, en uno de los debates más interesantes y racionales que se han conocido en mucho tiempo, escribe Daniel Bensaid: “...esta división funcional del trabajo (entre partidos y movimientos sociales, lucha política y lucha social) significa, en la práctica, dejar la responsabilidad del poder (en particular del poder del Estado, que no se disuelve en la red de poderes) en manos de organizaciones políticas y de políticos profesionales, confinando a los movimientos sociales a un papel de lobby sobre las instituciones internacionales o sobre los gobiernos nacionales ‘de izquierda’. Esta dicotomía y esta discontinuidad entre lucha social y representación política, entre Estado y sociedad civil, permite combinar la radicalidad verbal en el movimiento social y un oportunismo electoral y parlamentario sin límites, como ilustra la evolución de Rifondazione en Italia.”/9

Desde América Latina, y a partir de las experiencias vinculadas con el “socialismo del siglo XXI”, Pablo Dávalos plantea las consecuencias prácticas que puede llegar a tener esa “división funcional” cuando la protagonizan “gobiernos progresistas o de izquierda”: “... el escenario de confrontaciones y de lucha de clases se ha ido desplazando poco a poco de las calles y las organizaciones sociales, hacia las instituciones del Estado; y está controlado por liderazgos construidos y legitimados desde las movilizaciones sociales y que son parte de los denominados gobiernos progresistas o de izquierda, en otras palabras, el escenario de confrontación del socialismo del siglo XXI está en lo institucional, no está en lo social y organizativo. Por paradójico que pueda parecer, el debate sobre el socialismo del siglo XXI no expresa la riqueza y fuerza organizativa de los movimientos sociales sino más bien lo contrario. Expresa uno de los momentos más críticos de los movimientos sociales, aquel de su posible institucionalización, vale decir, su derrota y eliminación como sujetos políticos y su conversión en bases de apoyo, movilización y sustento a gobiernos progresistas y de izquierda. Como Cronos que devoraba a sus hijos, la izquierda institucional que ahora controla los gobiernos de la región quiere devorar a los movimientos sociales, que son la fuente de su legitimidad.”/10

Aquí está el núcleo del problema. Conocemos bien, y por experiencias muy duras ya vividas, y las que vendrán, las consecuencias de unas relaciones viciadas entre lucha política y lucha social. Salimos de una etapa movimientista, basada en la ilusión de que los movimientos sociales, alejados de la política, salvo la vinculada directamente con sus propias causas, o con una concepción utilitaria, aparentemente inocua de las relaciones con la política institucional, podían afrontar por sí mismos las luchas emancipatorias. Algunos datos que hemos comentado en el artículo parecen indicar que hemos entrado ahora en una etapa bajo el primado de la política gubernamental. No está ahí la alternativa. Se trata de buscar el regreso de la política entendida como una actividad emancipadora, pero por otros caminos que nos alejen de los callejones sin salida del pasado. Recordando que, como dice Marco Revelli, que sabe bien de lo que habla por su apasionante seguimiento crítico del curso tortuoso de Rifondazione /11: “La política, si no se tiene conciencia de los peligros que entraña, abrasa lo social”. Recordando también cuál es el balance de lo social sin la política tal como lo hemos vivido estos años pasados, por no hablar de experiencias históricas, aún reconociendo todo lo que nos ha enriquecido la experiencia de los zapatistas, los piqueteros argentinos, las nuevas corrientes militantes libertarias o las grandes luchas sociales que han mantenido viva la esperanza en un nuevo comienzo.

Creo que el futuro del FSM está en este cruce de caminos.

Notas
1. Ver, por ejemplo, la denuncia de Michel Warshawski del “Foro Social de Madrid por una Paz Justa en Oriente Medio” www.rebelion.org/noticia.php?id=60481
2. Ver, por ejemplo, Janette Habel. “¿Washington perdió a América Latina?”.Le Monde Diplomatique, diciembre 2007. www.rebelion.org/noticia.php?id=60522
3. Ver, por ejemplo, VIENTO SUR nº 66. Diciembre 2002.
4. Es significativo de la desatención hasta a las cuestiones más elementales para la información sobre el Foro que en una web oficial, el enlace con el Foro Social Mundial de Karachi conduzca a una página de contactos sexuales, sin que nadie se haya dado cuenta de semejante ridículo, por decirlo suavemente. Ver www.forosocialmundial.org.ve/ 
5. Walden Bello. “El Foro Social Mundial en la encrucijada”. www.rebelion.org/noticia.php?id=50792
6. Pierre Rousset. “Regard sur le Forum social de Karachi et sa portée internationale.” 16/04/2006 www.europe-solidaire.org/spip.php?article1923
7. Michäel Löwy. “Negatividad y utopía del movimiento altermundista.” 18/08/2007 www.rebelion.org/noticia.php?id=55025
8. Bernard Cassen. El “Manifiesto de Porto Alegre” y el futuro de los Foros Sociales Mundiales. 22/02/2006
9. Jean-Marie Harribey. Ebauche de contribution au débat [dans Attac France] sur la stratégie. 17/05/2007 http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article6372
Daniel Bensaid. Une crise stratégique (à propos d’un texte de Jean-Marie Harribey, coprésident d’Attac). 28/06/2007 http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article6549 
10. Pablo Dávalos. Socialismo del siglo XXI y movimientos sociales: historia de un desencuentro. 6/02/2007 www.rebelion.org/noticia.php?id=46304
11. Hay numerosos y muy recomendables textos de Revelli en www.sinpermiso.info 

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Crisis en Kenia e hipocresía del FSM
Las inconsecuencias de la burocracia que manipula al Foro Social Mundial a través de la lección de su silencio huidizo ante la tragedia que hoy se vive en Kenia.

Rafael Uzcátegui*
Indymedia Estrecho (4-2-08)


Empecemos ilustrando el punto con un ejemplo. Usted vive en un hogar tumultuoso en el que, con esfuerzo, se intenta que las cosas mejoren. Un grupo de personas le dicen que desean dormir en su casa pues consideran que su apoyo favorecerá las relaciones entre los miembros de su familia, y que la convivencia de todos y todas desembocará en nuevas formas de relación con las que salen ganando. Usted los recibe y durante una semana ellos reiteran, incesantemente, el placer que tienen de estar con esta familia y conversan, a los cuatro vientos, sobre la importancia de la solidaridad, los valores éticos, la comunicación, etc. etc. En su casa están contentos y durante una semana hay una tregua y un ambiente que deja a todos satisfechos. Sus invitados se van repitiendo, por enésima vez, que puede contar con ellos para cualquier cosa, y que los vínculos para que su situación mejore están construidos y en proceso de acrecentamiento. Al cabo de corto tiempo, la situación en su casa estalla y sus habitantes empiezan a agredirse entre sí, como no lo habían hecho en mucho tiempo. Usted espera que sus recientes amigos se ocupen de su familia como lo habían prometido, y que honren la hospitalidad y amistad establecida recientemente. Pero resulta que sus "amigos", en el momento en que más los necesita, se olvidan de usted y se abocan a la tarea de visitar a otros, tal como lo hicieron con su familia unos meses atrás. Ante esta situación usted piensa que la intención de esos "amigos" nunca fue sincera, que lo engañaron, que lo utilizaron para fines que aun no comprende.

El símil viene a colación ante el "Día de Acción Global" convocado por el FSM para el pasado 26 de enero, dado que este año, por diversas razones, no pudieron realizar el evento como lo han hecho desde su primera versión en Porto Alegre. A finales de enero del 2007, se realizó su VII edición en Nairobi, la capital de Kenia, fecha en la que sus organizadores no se cansaron de repetir que estaban la mar de contentos de efectuarlo por primera vez en el continente africano. Según el discurso oficial de aquellos días, realizar el evento allí pretendía reforzar las luchas de las organizaciones locales, acercarse a la problemática del continente negro y tender puentes son sus elementos progresistas. El evento real fue muy diferente, como lo relaté en su momento -en calidad de observador in situ- en un texto puede ser leído en www.rafaeluzcategui.wordpress.com

En Nairobi, en virtud de la crisis interna por la que atraviesa el evento, se estableció que el año siguiente se realizaría un Día de Acción Global, convocado para el 26 de enero del 2008, llamamiento que suscitó múltiples adhesiones y campañas que se iniciarían o se potenciarían ese día. Pero si usted se toma la molestia de revisar los cientos de actos realizados de manera simultánea, notará rápidamente una cosa: muy pocos llaman la atención acerca de la crisis del país africano, tumulto que en dos meses de disturbios sobrepasa la cifra de 700 personas muertas. ¿Qué pasó con tantas bonitas intenciones afirmadas hace apenas un año?

El Foro Social Mundial fue creado, en su momento, como una propuesta de construcción de alternativas partiendo de ese cúmulo de movimientos que en 1999 fue bautizado como "movimiento antiglobalización". Una gran parte de la izquierda mundial fue sorprendida por las movilizaciones que ocurrieron ese año en Estados Unidos, en el marco de la convención de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Muchos y muchas de los que asistieron a esas jornadas en Seattle lo hicieron en contra de la globalización, las multinacionales y el capitalismo, pero también en contra de la forma de hacer política de la izquierda tradicional, a la que muchos apuntaron como corresponsable de la situación. Ese fue el motivo, entre otros, de su sorpresa: que hubiera un movimiento de contestación del cual ellos estaban literalmente excluidos.

El "movimiento antiglobalización" fue percibido por las viudas del Muro de Berlín como una oportunidad de oxigenar su discurso y recobrar legitimación. Y en los años siguientes se dedicaron, meticulosamente, a encauzar las aguas rebeldes hacia su decrépito molino. Y si no pudieron controlar las convocatorias y procedimientos de las contracumbres, no les pasaría lo mismo con un cónclave como el Foro Social Mundial. Ya en Porto Alegre, los métodos del Partido de los Trabajadores para protagonizar el entarimado dejaron claro que el FSM sería un ring para ver cuál tendencia de izquierda controlaría el asunto. Y más temprano que tarde, ese "otro mundo es posible" fue colonizado por el mundo de la izquierda parlamentaria, dogmática y autoritaria. A nadie sorprendía que en los caros stands de Porto Alegre vendieran camisetas de Stalin, que los gobiernos de "izquierda" tuvieran las exposiciones más grandes, o que las ONG’s con mayor capacidad económica fueran las que coparan los foros de discusión. A nivel micro, el FSM reproducía todas las perversiones a las que, en teoría, cuestionaba.

Durante esos días en Nairobi, la gente de allí recordaba las luchas tribales como algo lejano, e intentaba dar los primeros pasos hacia una democracia al estilo occidental, el cual era su referente. Pero es como si tras su paso por Caracas, en el que el Foro Social Mundial agrandó la polarización que fragmentaba a los movimientos de base venezolanos, el evento hubiese quedado signado por la maldición. Así, luego de visitar Kenia, el país africano despierta sus demonios dormidos, mientras el Politburó de la nueva internacional de la burocracia progre mira hacia otro lado.

Hay gente que participa en el Foro Social Mundial con la mejor voluntad de cambio, pero la crisis que padece el cónclave tiene que ver con esa caterva de funcionarios y pequeño-burócratas de izquierda que han visto en el evento una plataforma para, como ellos dicen, "acumular fuerzas y cambiar la correlación de las mismas". Son los mismos que piden a gritos que el FSM tenga un programa para la toma del poder, y que se desviven porque entre los invitados figuren o se promueva a caudillos y profetas autoritarios de todos los pelajes.

Pero podría ahorrarme todas las explicaciones. El silencio del Foro Social Mundial sobre la crisis de Kenia, el último país que les sirvió de anfitrión, ya lo dice todo.

* Integrante del Colectivo Editor de la publicación venezolana El Libertario

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Foro Social, más mundial que nunca

Manoel Santos
Altermundo
Traducido del gallego original para Rebelión
Rebelión (1-2-08)

Hay algo que el Foro Social Mundial –FSM– fue capaz de hacer mejor que ningún otro actor político o social en el mundo de hoy. Supo leer y posicionarse en esa coyuntura global ultracapitalista, depredadora del planeta y quien lo habita, a la que la izquierda hexemónica no fue quien de dar respuesta. Lo explica muy bien el profesor Boaventura de Sousa: “Revolución, socialismo, comunismo e incluso reformismo parecen haber sido escondidos en los cajones más altos del armario de la historia, allí donde sólo llegan los coleccionistas de desgracias” [1].

Suavemente podríamos decir que la mencionada izquierda se derechizó, o lo que es lo mismo, llegado un momento fue absorbida por el pensamiento único e invitada con éxito a participar de la alternancia (bi-tri)partita de las formaciones políticas neoliberales, que son prácticamente todas las que hoy obtienen representación parlamentaria en Europa. No así en muchos rincones del sur global. Bruscamente podríamos decir que la izquierda se dejó comprar, o se vendió. Y si somos realistas diríamos que desapareció, al menos como la entendimos hasta ahora.

En el debe del FSM está sin duda la creación, o mejor la visualización, de un pensamiento global articulado entre el norte y el sur pero con extraordinario peso de los segundos, que muchas veces cristaliza en acciones y alternativas concretas contra la visión economicista de todo lo planetario que tienen los poderosos. A lo mejor hablamos de una nueva izquierda que entendió que el camino está fundamentalmente en la horizontalidad y en el respeto e incluso potenciación de la diversidad. Vaya, que no hay otro mundo posible, sino muchos.

El FSM sirvió, al fin y a la postre, para que los movimientos conectaran entre sí como nunca antes en la historia. Desde él se tejieron redes de acción entre pueblos, entre países, entre estados y entre naciones muy alejadas entre sí, y nació un discurso global que, a parte de las luchas locales o sectoriales de cada uno –ninguna más importante que otra–, focalizó al enemigo común y le dio nombre: globalización. El FSM tiene pues una parte importantísima en la gestación de los movimientos antiglobalización, que hoy parecen la única esperanza que le queda al mundo. Y al planeta.

Cierto es que, como bien dice Carlos Taibo, el éxito no fue sólo del FSM, a pesar de que éste constituya la expresión más conocida de los antiglobalización. Fue toda esa amalgama de movimientos sociales que trabajan, muchas veces a oscuras y muy desde abajo, para oponerse a la globalización. El FSM es importante, pero no el único camino: “el futuro de los movimientos antiglobalización no se dirime en Porto Alegre, en Mumbai o en Nairobi: se dirime, antes bien, en el día a día del trabajo sórdido, casi siempre poco vistoso, de quienes, en barrios y pueblos, han decidido plantar cara a esa vorágine de especulación, concentración del poder, deslocalización, desregulación y crecimiento del crimen organizado que es la globalización capitalista.” [2].

Es por esto que a uno le entró un pánico controlable al conocer que este año no habría Foro Social Mundial. Moría la utopía nada más nacer? Fue Cândido Grzybowski el que me convenció de lo contrario: “No gusto del mensaje que no tendremos Fórum en el 2008. A lo mejor acontecerán más de una centena de Fóruns durante el año y muchos alrededor de la Jornada de Movilización. Precisamos dar más visibilidad a la grandiosidad del activismo ciudadano por el mundo.” [3]

Y acertó. Y eso que el Día de Movilización y Acción Global de este 26 de enero no tuvo tanto peso como los FSM centralizados, tanta fuerza mediática, si es que tiene alguna ya. Es posible que ese silencio mediático no indique, como muchos dicen [4], que ya no amedrenta los poderosos. Puede que sea todo el contrario, que el silencio y el obstracismo al que someten a los movimientos antiglobalización se tenga que traducir en que les están a incordiar más de lo que pensamos. Ya sabemos que para ese mundo irreal que nos vende el poder lo que no sale nos medios no existe. Mas nosotros sabemos que esto no es así. Y ellos también.

Se acertó, decía, con este foro descentralizado porque si algo consiguió fue a acercar la “cultura del foro” a lugares donde nunca había llegado. Todos tuvimos de uno u otro modo nuestro FSM. Hubo actos en más de 80 países. Muchos fueron actos sencillos, humildes, como pequeñas asambleas, alguna conferencia, una pequeña movilización, una proyección audiovisual… pero se consiguió desparramar por el mundo una idea que el propio Carlos Taibo me expresaba en una conversación telefónica entre Madrid y Galiza la noche del 26: “parece que el movimiento sigue vivo”. Tuvimos, por tanto, un foro social más mundial que nunca.

El ejemplo del foro gallego: la semilla de Compostela

Y fue gracias a esta fórmula arriesgada que el FSM llegó por primera vez a la Galiza nuestra, tierra pequeña y antigua, periferia en el centro del sistema que lucha aún por encontrar su lugar en el mundo. Fue en forma de asamblea de movimientos sociales –con una pequeña feria de alternativas que le dió vida y color– en las dependencias de la vieja Universidad compostelana.

Más de 80 colectivos y 200 personas hablaron durante dos horas y media sobre la necesidad de crear un verdadero Foro Social Gallego [5]. Todas fueron intervenciones en el mismo sentido, todas respetuosas, todas en clave de país y todas tendientes a la necesidad de crear espacios de convergencia para situarnos en el mundo y actuar. Sobre todo actuar.

Porque las gallegas y los gallegos tenemos también nuestra visión del mundo y nuestra problemática concreta dentro de la globalización. También tenemos despoblación en el rural, destrucción del territorio por trasnacionales y políticos de esa izquierda prostituida de la que hablábamos arriba, uniformización cultural y lingüística ajenas, desregulaciones y deslocalizaciones… Claro que todo dentro de nuestro privilegiado nivel de vida en el norte global. Eso también lo supimos plasmar y lo plasmamos día tras díao, sobre todo en el último par de años con el surgir de nuevos movimientos y redes, de colectivos dispares que van desde lo académico a lo profundo de los centros sociales autogestionados para trabajar en el desmantelamiento de esa barbarie ultracapitalista que sin enterarnos alguien consiguió imprimir en la conciencia social. Tenemos pues que borrar e imprimir de nuevo.

Allí, en la vieja universidad, estuvieron buena parte de estos hetereoxéneos movimientos, a lo mejor porque alrededor del espíritu de Porto Alegre aun tenemos algo en común, el enemigo, y a lo mejor porque somos conscientes de que luchas, luchadores y luchadoras tener sí que tenemos, mas precisamos aún espacios de intercambio para conocernos más, para tejer más redes y más acciones, para reflexionar y levantar la voz.

Hace falta ahora seguir regando la semilla de Compostela. Hace falta el compromiso de los colectivos, una humildad y mesura en los objetivos, olvidar las diferencias y concentrarnos en el común contrincante. Hace falta seguir trabajando y definir qué es lo que queremos hacer brotar de esta semilla y como la queremos regar. Un Foro Social Gallego, como el Mundial, es necesario, como otro mundo. Enhorabuena a todas y a todos.

Notas:
[1] Santos, Boaventura de Sousa. El Foro Social Mundial y la Izquierda Global. El Viejo Topo, xaneiro 2008.
[2] Taibo, Carlos. El Foro Social Mundial, más cerca. Publico, 2008.
[3] Entrevista a Cândido Grzybowski. Altermundo, xullo 2007. http://altermundo.org/portal/content/view/786/327/ 
[4] La crisis política del Foro Social Mundial. Entrevista a Ignacio Ramonet. Sin Permiso: http://www.sinpermiso.info 
[5] Iglesias Diéguez, Alfredo. Galicia con el Foro Social Mundial. Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=62535

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Más ideas que acciones

Alejandro Kirk
TerraViva/IPS (1-2-08)


A diferencia de los masivos encuentros convocados por el Foro Social Mundial (FSM) en los últimos años, el Día de Movilización y Acción Global del 26 de enero no llenó avenidas en todo el mundo ni ocupó un solo titular en los medios de difusión progresistas, mucho menos en los convencionales.
Sin embargo, el brasileño Cándido Grzybowski, uno de los líderes más influyentes del movimiento, cree que la iniciativa fue exitosa, porque personas de 72 países del mundo pudieron una vez más "reestablecer la ciudadanía".

El sociólogo y activista filipino Walden Bello, dijo el lunes 28 de enero: "El Día Mundial de Acción fue algo nuevo, así que no estoy sorprendido de que las movilizaciones no fueran tan grandes. Pero aun así es impactante que se haya efectuado en una gran cantidad de ciudades si hubiera una emergencia mundial en la agenda, como responder a otra invasión".

"Hubo éxitos realmente importantes, como la gran movilización de Ciudad de México. Vamos a examinar nuestras experiencias en el primer Día Global de Acción y aprender de ellas. La práctica las perfeccionará", agregó, en una entrevista por correo electrónico.

Con unos 10.000 participantes en todo el país, Brasil, el lugar de nacimiento del FSM en 2001, se transformó una vez más en su centro. En Río de Janeiro, el Día de Acción coincidió –y de alguna forma compitió– con el Carnaval de esa ciudad, el más famoso del mundo.

Con la sola excepción de México, ningún otro Día de Acción rivalizó con la movilización de Brasil. Desde Italia, donde los activistas estaban devastados por la caída del gobierno de centro-izquierda y la posibilidad de un regreso triunfal del ex primer ministro Silvio Berlusconi, hasta Atlanta en Estados Unidos, solo los más comprometidos salieron a las calles a reafirmar que "Otro mundo es posible", el lema del FSM.

Paradójicamente, la crisis de derechos humanos en Gaza llevó a organizaciones no gubernamentales palestinas a mantenerse alejadas del Día Mundial de Acción, temerosas de que facciones políticas manipularan sus iniciativas.

Débil en números, el Día Mundial de Acción compitió con una jornada muy rica en noticias: la victoria de Barack Obama en las elecciones primarias del opositor Partido Demócrata de Estados Unidos en Carolina del Sur, la masiva huida de palestinos desde Gaza, la represión mortal en Kenia, la muerte del ex dictador indonesio Alí Suharto y la detención de Jérôme Kerviel, operador financiero francés que, desde su casa, provocó una perdida de 7.000 millones de euros al banco francés Société Générale y a quien ahora se le concede el mérito de haber salvado al mundo de la recesión.

La pregunta que muchos se hacen hoy en el FSM es si los titulares marcan una diferencia, porque si así fuera, el Foro estaría a esta altura condenado al fracaso. Pero hay diferentes agendas informativas en el planeta y la creación de una propia podría ser un tema central para los países del Sur en desarrollo.

Hasta ahora, el FSM no ha podido manejar el impresionante éxito de relaciones públicas de 2002 y 2003, cuando los principales medios de difusión internacionales enviaban corresponsales a Porto Alegre para averiguar de qué se trataba ese "rival" del Foro Económico Mundial, que se realiza cada año en Davos.

La mayoría de los analistas explican hoy que tal repercusión era resultado de la novedad del FSM y de su inesperado número de participantes. Y coinciden en que la escasa atención de la prensa en la actualidad se debe a factores que varían desde la censura deliberada hasta la falta de "atracciones", como estrellas del espectáculo o celebridades intelectuales, que el Comité Internacional del Foro decidió no promover.

Estrellas como el cantante de rock Bono prefieren ahora asistir a Davos, donde creen que pueden influir a las grandes potencias, en lugar de asociarse con un evento de carácter vago y donde deberían permanecer en medio de la muchedumbre.

El vídeo de "la respuesta de Bono a la pregunta de Davos" había sido visto 46.463 veces en el sitio web YouTube hasta la mañana del 27 de enero, frente a sólo 1.952 visitas del video de Peter Riot, director del Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA.

Queda claro que sólo cuando enojados manifestantes contra la globalización arrojan piedras contra locales de McDonald’s y se enfrentan a la policía antidisturbios, el "movimiento social" logra un espacio en los mayores medios de difusión.

Bajo esta discusión yace el doloroso debate interno del FSM sobre sí mismo. Nacido como un ejercicio intelectual para contestar a la arrogancia de Davos con propuestas alternativas a la ideología del "fin de la historia" de la década de 1990, se transformó en un fenómeno político mundial cuya dirección hoy nadie parece ser capaz de predecir, mucho menos de dirigir.

Walden Bello, un connotado sociólogo filipino, es el promotor más radical de una reforma total del Foro, para dotarlo de una estrategia y una postura sobre cada uno de los principales problemas del mundo.

"Creo que el Día de Acción Mundial es una buena idea. Es un primer paso para transformar al FSM de un simple foro de discusión en un ámbito de acción", dijo en una reciente entrevista con TerraViva.

"Es esencial tomar posición sobre cuestiones clave como la agresión de Estados Unidos en Medio Oriente, la opresión sionista del pueblo palestino y el paradigma neoliberal creador de pobreza, para que el FSM pueda ser vibrante y relevante. Por el contrario, negarse a tomar una posición sobre estos asuntos con el argumento de que esto ahuyentará a algunos grupos es una forma segura de restarle importancia al movimiento", destacó.

Sin embargo, el economista Pedro Stédile, uno de los fundadores del FSM y principal ideólogo del movimiento de los Trabajadores Sin Tierra de Brasil, cree que esa propuesta es una ilusión.

"El FSM es un espacio de debate, intercambio y reflexión. Sería una ilusión creer que es posible adoptar más resoluciones prácticas o plataformas ideológicamente unidas. Esto podría dispersar energías y encerrarnos en luchas ideológicas internas", argumentó.

"Apostamos a que el FSM se convierta en una feria de ideas", dijo Stédile a IPS.

Para Anuradha Mittal, una activista India que dirige el Instituto Oakland de Estados Unidos, "los anteriores FSM nos dieron esperanza en otro mundo, y ahora debemos demostrar que ese otro mundo puede lograrse".

"Hacer que los partidos y los lideres políticos rindan cuentas a la gente es un valioso papel que pueden desempeñar los movimientos sociales. Estos aseguran la legitimidad, espiritualidad y valores de la acción política. No es necesario que los movimientos sociales se conviertan en partidos políticos", dijo a TerraViva.

Ese aspecto espiritual no debe subestimarse. En 2001, cuando nació el FSM, el escenario político mundial parecía estático, consolidado por la ideología neoliberal y de mercado surgida de las ruinas del enfrentamiento entre Este-Oeste en el siglo XX.

Desde esa primera edición, ocho nuevos gobiernos de América Latina han sido elegidos sobre plataformas similares a los principios del FSM, y aunque siguen diferentes estrategias para poner fin a la pobreza y construir economías sustentables y equitativas, todos coinciden en la necesidad de unirse contra el control que Estados Unidos ejerce sobre la región.

En 2005, en una asamblea de la Organización de los Estados Americanos, lograron derrotar una iniciativa encabezada por Estados Unidos para establecer un acuerdo continental de libre comercio.

Dijo Grzybowski: "Estoy completamente seguro de que el nacimiento del FSM en Porto Alegre estuvo relacionado con las condiciones anteriores de la región: una región que se rebelaba contra las políticas neoliberales, que estaba comprometida con el proceso de democratización y que experimentaba una ola de izquierda tras las dictaduras militares".

"El FSM no produjo esa ola por sí mismo, pero sería difícil concebirla sin él", agregó.

En enero del año próximo, el FSM tendrá otra vez un centro de reunión, esta vez en Belén, en el noreste de Brasil, en el mismo país donde nació pero a miles de kilómetros y quizás a siglos de distancia del industrializado y moderno sur brasileño.

Todavía no hay evaluaciones, pero es probable que el movimiento concluya que cualquier "Día Mundial de Acción", con o sin una estrategia política mundial, necesita de una consigna única (más que celebridades) para despertar la conciencia pública y generar movilización.

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La crisis política del Foro Social Mundial

Ignacio Ramonet *
Sin Permiso (27-1-08)


Ignacio Ramonet es desde 1991 redactor jefe del mensual Le Monde Diplomatique. En 1997 dio pie con su artículo "Quitad el poder a los mercados" a la fundación del movimiento internacional Attac. Fue uno de los iniciadores en 2001 del primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, co-firmando en 2005 el Manifiesto de Porto Alegre. El pasado 12 de enero participó en el Simposio Rosa Luxemburgo en Berlín con una conferencia sobre el fracaso del "cuarto poder", exigiendo mayores esfuerzos en la construcción de medios de comunicación resistentes para el movimiento anticapitalista. Marie Dominique Vernhes y Peter Strotmann le entrevistaron para el semanario alemán de izquierda Freitag.

- En el Foro Social Mundial de 2006 dijo usted que habría que hacer fracasar el proyecto militar estadounidense. Era necesario, a fin de crear un margen de maniobra suficiente, sin la existencia del cual todo progreso social y democrático resultaría vulnerable. ¿Sigue opinando lo mismo, dos años después?

En principio, sí. Por otra parte, ahora surgen procesos que ya eran importantes en 2006, y que ahora tienen una más robusta presencia. Ahora vemos más claramente que entonces el fin la era del petróleo. Tenemos petróleo para quizá todavía 40 o 60 años. Esta materia prima llegará en el futuro a alcanzar un precio tal, que sólo unos pocos países podrán permitirse mantener un suministro energético fundado en el petróleo. Eso se convertirá en una cuestión estratégica, como se pudo ver en los pasados años.

Finalmente, el dominio militar del mundo por parte de EEUU está determinado por el control del petróleo. Por eso están los EEUU en Oriente Próximo y en África, por eso están en pugnaz hostilidad con Venezuela y Rusia. Existe el peligro de nuevas guerras futuras por el petróleo.

Un segundo tema del que ya éramos conscientes es el de la crisis ecológica. Las consecuencias del cambio climático son más drásticas de lo previsto. Eso obliga a repensar radicalmente el suministro energético, obviamente en el sentido de las energías renovables, pero en algunos países también en el sentido de la energía nuclear, con todos los peligros resultantes de ello para la humanidad.

- ¿Cómo valora usted el espectacular auge de algunos países del Sur?

India y China no sólo representan una buena tercera parte de la población mundial. Si además añadimos Brasil, Sudáfrica y Rusia, se ve entonces que el peso económico de ese grupo de Estados como motor de la economía mundial ha llegado a ser mayor que el de EEUU. Esos países están en vías de disponer de fondos soberanos estatales que los pondrán en situación de actuar sobre el núcleo mismo de la globalización. En mi opinión, entonces, se planteará más temprano que tarde la cuestión de una vuelta al proteccionismo. Si países como China o la India, pero también Corea del Sur, Malaysia o Indonesia se convierten en la fábrica del mundo, apenas podrá seguir exportándose algo allí, por mucho que esos Estados representen las nuevas potencias económicas que podrían comprar algo. ¿Qué pasará entonces con las industrias de los países desarrollados de Occidente?

A fin de cuentas, se trata de un peligro que conocemos de hace tiempo, pero que nunca valoramos con la urgencia con que ahora se plantea con el crac de los mercados de valores en EEUU. La crisis hipotecaria tiene consecuencias para los grandes bancos norteamericanos, que ahora tienen que ser salvados con fondos soberanos estatales, sobre todo de los países árabes. Puesto que también los bancos en Alemania y en Suiza se ven afectados, se plantea la cuestión de si lo que está en puertas es una recesión económica mundial. ¿Podrían convertirse China, India y otros en el motor de la economía mundial, si el motor de EEUU falla? Si tal no ocurriera, tendríamos una crisis económica de alcance planetario.

- ¿Ve usted síntomas de decadencia también en el potencial militar de EEUU?

En este aspecto los EEUU son todavía el número uno. Pero Oriente Próximo revela que su poder militar no les consiente ganar guerras asimétricas: los EEUU no han logrado ganar la guerra de Irak. Tal vez consigan mantener en jaque a Irak, pero estas cosas nunca se sabe cómo terminan. Los norteamericanos tampoco pueden ganar la guerra en Afganistán. Israel no puede ganar la guerra contra los palestinos, al menos no militarmente, aunque acaso sí políticamente. Lo que se aprecia en esa región del mundo es que la superioridad militar no lleva forzosamente a la victoria militar.

-¿Lo que significa...?

Significa que EEUU no marchará contra Irán. Tal vez lo bombardeen, pero no lo invadirán, como a Irak, con tropas terrestres. Significa también que los norteamericanos quedarán tan agotados con todos esos conflictos, que no podrán permitirse por un cierto tiempo aventuras militares importantes. Por lo demás, Rusia está otra vez en vías de convertirse en una potencia militar de rango mundial relevante. Vemos, pues, que, desde el punto de vista del balance militar, y tras un orden unipolar, está apareciendo de nuevo una relación de fuerzas multipolar.

- En esas circunstancias, ¿cómo pueden seguir desarrollándose los movimientos sociales, y en particular, qué futuro aguarda a los Foros Sociales Mundiales?

Desgraciadamente, los movimientos sociales internacionales son por ahora incapaces de encontrar una forma de conexión reticular que les permita actuar más a la una. No se está en condiciones de fijarse objetivos que vayan en una misma línea.

-¿Y eso les impide a los movimientos sociales responder adecuadamente a la situación actual?

En efecto. Porque hemos atravesado distintas fases. La primera consistió en definir la globalización. A mediados de los 90 todavía no existía el movimiento, porque no sabía contra qué luchar. Fue preciso que muchos intelectuales y muchas fuerzas políticas definieran conjuntamente al enemigo; el enemigo era la globalización.

En la segunda fase se juntaron todos quienes, sin acaso saberlo, luchaban contra la globalización, en el Sur y en el Norte. Se consiguió eso. Se tiene evidentemente la impresión de que esos éxitos –señaladamente, la fundación del Foro Social Mundial— han acabado por paralizar al movimiento. El movimiento es hoy –potencialmente— fuerte, como nunca antes. Es, a escala planetaria, la única fuerza en alguna medida organizada que resiste a la globalización, pero no sabe qué hacer con esa fuerza. Se desperdician oportunidades, al menos yo lo veo así. Hoy estaríamos en condiciones de llevar a cabo luchas a escala mundial. Recuerde sólo las grandes manifestaciones contra la guerra de Irak.

Ha llegado la hora de que movimientos como el del Foro Social Mundial dejen de ser sólo movimientos exitosos de resistencia y entren en una nueva etapa, con otras formas de lucha.

-¿Por qué lo dice con tanto énfasis?

La ofensiva ideológica de la globalización prosigue. Podemos constatar que el movimiento ya no amedrenta a los dominadores. Apenas hablan ya de él. Desde que Attac entró en crisis en Francia, la prensa francesa apenas habla ya de Attac. Tampoco se habla ya del Foro Social Mundial. A nosotros nos preocupa ese silencio, porque demuestra que los otros han ganado la batalla, y desde luego, a causa de la dispersión. Por eso creo yo que las organizaciones principales que constituyen el Foro Social Mundial están obligadas a plantearse la pregunta: ¿Qué será de nosotros? ¿Qué debemos hacer?

A todo eso, la cuestión de la toma del poder resulta esencial. Todo el movimiento se ha formado en la idea básica de que no puede tratarse de tomar el poder. Yo me pregunto, si eso sigue siendo hoy valedero. La experiencia en América Latina muestra que, con el poder en la mano, algo se puede lograr. Desde luego eso es en Europa más difícil, debido a la camisa de fuerza que es la Unión Europea.

- Con la palabra América Latina va hoy, quieras que no, el concepto del "Socialismo del siglo XXI". ¿Es una alternativa?

Es, por lo pronto, una obra en construcción. El propio Hugo Chávez, que lanzó ese concepto, no podría dar una definición de socialismo del siglo XXI, si se le preguntara. El mismo Fidel Castro dice que el socialismo se halla hoy en una crisis, lo que hace que haya distintas nociones del mismo. Él es muy consciente de eso, como pudo comprobar en mis conversaciones con él.

Chávez está en claro respecto del hecho de que, en un proceso de transformaciones políticas, llega un momento en que hay que pasar de la práctica a la teoría. Es exactamete lo que hizo Marx: el capitalismo existía ya, cuando Marx definió lo que es capitalismo. Ya había movimientos revolucionarios, cuando Lenin elaboró teóricamente las obsrbaciones sobre sus luchas, lo mismo que hiciera Marx con la Comuna de París.

Chávez procede del mismo modo: en América Latina lo que impera hoy es sobre todo la vitalidad de los movimientos de base, no la de los partidos políticos. Chávez no fue elegido por un partido político (la socialdemocracia estaba y sigue estando contra él). Son las organizaciones de base con su proteica multiplicidad en los barrios o en las regiones, son mujeres, hombres, los indígenas con sus correspondientes reivindicaciones. Son ellos quienes han ayudado a triunfar a personalidades como Chávez o el nuevo presidente ecuatoriano Rafael Correa. Este tipo de políticos se vinculan con los movimientos sociales, dándoles así la posibilidad de tener audiencia y de introducir reformas, por ejemplo, en materia educativa y sanitaria. Pero llega un momento en que eso no puede ya seguir siendo un instrumento estable. Hay que pasar a la teoría y preguntarse: ¿qué conservamos de todas esas experiencias? El resultado es el Socialismo del siglo XXI.

- Sobre el cual, empero, todavía no se sabe gran cosa...

... no necesariamente. Tendríamos que contemplar los diez años hasta ahora transcurridos de Revolución Bolivariana, así como la situación mundial antes descrita, con sus aspectos ecológicos y energéticos. ¿Cómo podemos elaborar conjuntamente todos esos elementos en un esquema teórico que no sólo tenga validez para Venezuela, sino para la entera humanidad? El resultado es, de nuevo, el Socialismo del siglo XXI.

El proceso en el que ahora nos hallamos va más allá de la situación que teníamos con el Subcomandante Marcos y los zapatistas en México. Marcos jugó un papel extremadamente importante en punto a convencer a muchos resistentes del mundo de la necesidad de unirse. Dio un impulso muy importante en esa dirección, lo mismo que Pierre Bourdieu en Francia, o Noam Chomsky, o el movimiento sindical, o Le Monde Diplomatique, o Attac. Pero llega un momento en que hay que pasar a una nueva fase. Cuando se fetichiza la idea de que los movimientos sociales son lo único que puede actuar efectivamente, entonces el movimiento se paraliza.

- Usted ha conversado mucho con Fidel Castro, y ha escrito un libro resultado de esas conversaciones. En su opinión, ¿que experiencias cubanas habría que admitir, y cuáles evitar?

Habría que evitar, por lo pronto, la confrontación con la primera potencia de la Tierra. Eso es, claro está, dificilísimo, pero cuando uno está expuesto a un bloqueo de los EEUU, las restricciones consiguientes hacen la vida muy difícil. También habría que evitar el que sólo estuviera permitido un único partido. Digna de imitación me parece, en cambio, toda la política social. Pero no sólo ella: hay una política de constante consulta a los trabajadores. En Cuba hay pleno empleo. Las cooperativas surgen con toda libertad, especialmente en el campo.

Cuba es un país muy pequeño que no está en condiciones de vivir autárquicamente, y ha padecido a lo largo de su historia tres dependencias: de España, primero, luego de EEUU y luego, y aun siendo harto distinta, la de la URSS. Yo creo que los cubanos lo que quieren es dejar de ser dependientes. Quienes hablan ahora de una dependencia respecto de Venezuela pasan por alto que se trata ahora de una relación de muy otra naturaleza. Porque lo que los cubanos pueden ofrecer a cambio es muy importante. Aunque no se puede cuantificar en términos petrolíferos, es acaso de mayor importancia. Gracias a los maestros cubanos, el analfabetismo ha sido erradicado en Venezuela. Vea usted en cambio lo que ha ocurrido en Nicaragua, en donde hubo, bajo los sandinistas, una importante campaña de alfabetización: el analfabetismo ha reaparecido y ahora el 35% de las personas son analfabetas. ¡Esto es dramático!

De modo, pues, que una buena cantidad de experiencias cubanas merecen ser conservadas, y yo creo que los mismos cubanos quieren mantener mucho de lo que les hace únicos. Mas en ese país hay una sociedad compleja, no monolítica. Un partido único no está en condiciones de representar la muchedumbre de aspiraciones de los cubanos.

- Castro dice que esa multiplicidad puede hallar cabida en el partido único.

Es verdad, pero lo que dice sobre todo es que en un país amenazado por la primera potencia mundial, la unidad es lo más importante que hay que conservar. Por eso es tan palmariamente elemental que esa amenaza debe cesar. El día que cese, habrá progresos en el reconocimiento de la múltiple pluralidad de la sociedad cubana. A menudo se habla del modelo chino, pero los cubanos se miran también en el espejo de lo que ocurre en Vietnam.

* Ignacio Ramonet es el redactor jefe de Le Monde Diplomatique.
Traducción para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss

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"El FSM debe ser un espacio de intercambio y discusión para consolidar una visión contra el neoliberalismo y antiimperialista"
Entrevista a Joao Pedro Stédile líder del MST brasileño

Mario Osava
IPS (27-1-08)


Joao Pedro Stédile cree que el Foro Social Mundial (FSM) debe mantenerse como espacio de debate, pues pretender que en ese ámbito se tomen resoluciones es "una ilusión". Este activista del movimiento campesino brasileño defendió también la realización trienal del encuentro.

Miembro del grupo que lanzó en 2001 el FSM en la meridional ciudad brasileña de Porto Alegre, Stédile es considerado uno de los principales ideólogos del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) y forma parte del capítulo local de la organización no gubernamental internacional Vía Campesina.
Este economista de 54 años es uno de los coordinadores nacionales del MST, pertinaz defensor de la soberanía alimentaria y del derecho de los trabajadores del campo a producir sus semillas, así como radical opositor de los productos genéticamente modificados y de los monocultivos forestales, especialmente de eucaliptos.

IPS: --¿Usted cree que fue buena idea no hacer un encuentro este año, sino actos locales por todo el mundo? ¿No hay riesgo de dispersión, pérdida de identidad, desmovilización en los próximos años?

Stédile: --Vía Campesina siempre defendió en el Consejo Internacional del FSM que el encuentro mundial debía realizarse cada tres años, para así priorizar actividades locales y regionales. No podemos dispersar recursos y energías. El futuro del movimiento depende de que tengamos espacios donde más gente pueda participar.

--Miembros del Consejo defienden la toma de posiciones políticas por parte del FSM en aquellos asuntos de consenso, considerando que mantenerlo sólo como foro abierto, como quieren otros, le resta movilización. ¿Qué piensa sobre esa disyuntiva?

--El FSM es un espacio de debate, de intercambios, de reflexión. Sería una ilusión o idealismo creer que sea posible tomar allí resoluciones más prácticas o plataformas de más unidad ideológica. Eso podría dispersar energía o quedarnos en pura lucha ideológica.

Nosotros apostamos a que el FSM sea sólo una feria de ideas. Ya es muy importante en este periodo histórico, de merma de la movilización en el mundo, que tengamos espacios de intercambio y discusión para, por lo menos, consolidar visiones comunes contrarias al neoliberalismo y antiimperialistas.

--¿No hay un problema de representatividad en el FSM, incluso de democracia interna, al darle a movimientos sociales que comprenden a millones de activistas en muchos países la misma voz que a organizaciones no gubernamentales locales de pocos miembros?

--No hay problemas ni de representatividad ni de democracia si entendemos al FSM como un espacio, donde todos y todas las participantes están invitadas a expresarse. Es un ámbito de reflexión, no de decisión, de elaboración programática. Por eso no necesitamos de cuidados especiales de delegación de poder o representatividad.

--El dramatismo que ganó la temática del cambio climático ¿no obliga al FSM a modificar sus prioridades, sus temas centrales?

--La principal preocupación nuestra en este momento es mantener la agenda al rededor de la lucha contra el neoliberalismo y el imperialismo. Y, por supuesto, que la temática climática, las agresiones al ambiente, están directamente involucradas con ese tipo de modelo de desarrollo impulsado por los centros de poder mundial.

Seguramente ese tema tendrá más espacio y preocupación de ahora en delante, hasta porque sus consecuencias sociales y ambientales están más claras que hace tres o cuatro años. Entonces, no es una cuestión de prioridad, sino de enfoque.

--La repercusión del FSM, después del impacto de la novedad de los primeros encuentros, parece haberse reducido. ¿Qué falta para conseguir mayor incidencia del Foro en la política, en la vida de las personas y de las sociedades?

--Lo que se redujo fue el impacto de un encuentro mundial, que tuvo la audacia de contraponerse a Davos (sede habitual del Foro Económico Mundial). Es verdad, ya pasó la fase de la novedad.

En aquel entonces, en 2001 (cuando se inauguró este encuentro mundial de la sociedad civil), nadie lograba tener influencias en los medios de comunicación (si el discurso era) contra el neoliberalismo.

Así, el FSM sirvió también para romper la hegemonía ideológica en los medios de total aprobación al neoliberalismo. Pero, ahora, necesitamos generar espacios de debate, más cercanos de los movimientos, de la gente, de los centros de estudios, de las universidades.

-- Más allá de su continuidad y fortalecimiento, ¿cuáles son los logros del FSM? ¿Ha influido en algo para modificar el modelo de la globalización?

--Creo que el principal logro es haber aglutinado a intelectuales y a dirigentes sociales de todo el mundo para reflexionar sobre los límites y las consecuencias del modelo neoliberal e imperial. Recuerde que hasta un amplio sector de la izquierda, sobretodo de de partidos, adhirió a ciertas tesis neoliberales y otros se callaron.

En Europa, y también en América Latina, gobiernos de partidos llamados socialistas aplicaron programas neoliberales al servicio del capital internacional y financiero. Entonces, fue muy importante que hayamos logrado abrir un espacio antineoliberal y poder reflexionar para que los movimientos sociales pudieran salir de la confusión ideológica.

--¿Cuáles cree usted que son los límites del FSM? ¿Hasta dónde puede llegar su aporte al cambio social que se propone?

--Los límites del FSM son claros. No puede tener la pretensión de querer ser una internacional de trabajadores, porque no lo es, ni tampoco ser el comité central que define líneas políticas para todos los demás.

Pero el reto es que nosotros, los movimientos sociales, y todas las distintas formas de organización popular debemos aprovechar esta instancia para articular acciones de masa. Creo que es más que necesario que los sectores que tienen base social e influencia en la sociedad pasen para una nueva etapa que es, hacer acciones de masa, conjuntas, a nivel mundial.

La unidad ideológica que tenemos es pequeña, pero importantísima. Estamos todos contra el imperialismo, la guerra y el neoliberalismo, entonces al rededor de esa unidad mínima debemos planificar acciones contra las firmas transnacionales y los organismos multilaterales como la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y los tratados de libre comercio.

Las manifestaciones callejeras fueron y son importantes como instrumentos de propaganda de ideas, pero son insuficientes para frenar al neoliberalismo. Es necesario ahora avanzar para concretar acciones comunes contra los enemigos comunes.

--Las investigaciones sobre el perfil de los participantes muestran que el FSM convoca principalmente a una elite intelectual, una mayoría de universitarios y personas de capas medias. ¿Eso no contradice los ideales de inclusión social y de cambiar el mundo?

--Es natural que sea así. Cuando se analiza el FSM como un encuentro mundial para debatir ideas. Por lo tanto necesita de recursos económicos y de cierta formación intelectual. Por eso es que defendemos reducir ese tipo de actividades y priorizar las locales y regionales.

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El Foro Social Mundial, más cerca

Carlos Taibo
Público (26-1-08)


Este año, el Foro Social Mundial no se reúne en un escenario único, tal y como ocurrió en el pasado, y pese a algún intento de diversificación, en Porto Alegre, en Mumbai o en Nairobi. Habida cuenta de algunos de los problemas que la fórmula desplegada en el último lustro ha ido arrastrando, la decisión de los organizadores, bienvenida, ha consistido en acometer un ambicioso proceso de descentralización que pretende acercar las sesiones de los foros –hablemos mejor, ahora, en plural– a las casuísticas de los diferentes lugares. De resultas, y en el entorno que nos es más próximo, a lo largo de estos días se celebran sesiones del Foro Social Mundial en escenarios varios, como es el caso de Andalucía, Canarias, Cataluña, Galicia, Madrid o Valencia, además de en un sinfín de localidades que vertebran sus propios cónclaves.

Conviene que explique cuanto antes por qué acabo de sugerir que la decisión en cuestión es, por fuerza, bienvenida. Vaya por delante que el Foro Social Mundial ha tenido, en los últimos años, una utilidad difícil de negar. Así, ha operado como inexcusable escaparate mediático que permite recordar que los movimientos que contestan la globalización existen, ha aportado un escenario razonablemente interesante para que cobren cuerpo debates de enjundia y ha permitido –cerremos aquí el enunciado de las virtudes– que intercambien experiencias e iniciativas redes que de otra manera se habrían sentido a menudo huérfanas en su quehacer cotidiano.

Pero de un tiempo a esta parte se han hecho evidentes algunas lacras a las que es inexcusable prestar atención, toda vez que, de no hacerlo, muchos de los elementos articuladores de lo que son los movimientos antiglobalización –no oculto que prefiero este término al, cada vez más común, que nos habla de movimientos alterglobalizadores– se verían en peligro. Diré, por lo pronto, que aunque las sesiones celebradas en el pasado en Porto Alegre, en Mumbai o en Nairobi han tenido por escenario físico países del Tercer Mundo, en los hechos, y por detrás, han sido ante todo, y pese a las apariencias, foros europeos en los que los movimientos del Norte han disfrutado de una clara preeminencia.

Al amparo de lo anterior, y por añadidura, las reuniones celebradas parecen haberle otorgado un papel desmesurado a los santones intelectuales –por lo general, gentes procedentes, de nuevo, de los países ricos– en detrimento de los movimientos y de los activistas de base. No se olvide, sin ir más lejos, que el desplazamiento a escenarios tan alejados como ésos reclamaba de un esfuerzo económico que, por razones obvias, no estaba al alcance de todos.

En el debe del Foro Social Mundial, hay que anotar, también, el hecho de que aquél se ha convertido en escenario idóneo para un proceso delicado: el desembarco, a menudo espectacular, de agentes que es legítimo considerar ajenos a los movimientos, como es el caso, en lugar significado, de los segmentos más lúcidos de la socialdemocracia europeo-occidental. No se me malinterprete: en modo alguno pretendo negarle a esta última –faltaría más– su presencia en esas reuniones. Lo que quiero subrayar es que la experiencia de los últimos años invita a concluir que, infelizmente, hay una dramática distancia entre las declaraciones públicas vertidas, en Porto Alegre o en Nairobi, por los portavoces de esas fuerzas políticas y la práctica real que, luego, despliegan al amparo de instancias como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio.

Aun con todo, lo que realmente me preocupa no es, a la postre, nada de lo anterior. El principal de los problemas que se ha hecho presente en las reuniones del Foro Social Mundial no es otro que el riesgo, delicadísimo, de que este último, en la intención y en la práctica cotidiana de muchas gentes, acabe por sustituir, material y simbólicamente, a los movimientos de base. Me he sentido obligado a decirlo muchas veces: foros y contracumbres –las dos fórmulas organizativas supraestructurales de las que se han dotado los movimientos que contestan la globalización– sólo tienen sentido si antes hay redes sociales independientes, activas y con vida propia en el ámbito local. Para entender lo que quiero decir me atreveré a agregar que uno de los termómetros que hemos decidido emplear para evaluar cuál es el estado –de crecimiento o de retroceso– de nuestros movimientos sociales está cargado de equívocos: me refiero al que remite al número de personas que acuden a una manifestación.

El planeta está lleno de movimientos sociales extremadamente sugerentes y rompedores que no son capaces de sacar a nadie a la calle, como está lleno de redes más bien tristes e inoperantes que funcionan a la perfección cuando se trata de montar vistosos espectáculos.

Sería absurdo pretender que la fórmula arbitrada este año, al amparo de una ambiciosa descentralización, va a resolver como por arte de magia todos esos problemas. Configura, sin embargo, un paso adelante en la dirección adecuada, en la medida en que pretende acercar los foros a las realidades precisas, a los problemas, de las redes y de los activistas que operan en cada ámbito geográfico preciso.

Tenemos razones sobradas para afirmar, en cualquier caso, que el futuro de los movimientos antiglobalización no se dirime en Porto Alegre, en Mumbai o en Nairobi: se dirime, antes bien, en el día a día del trabajo sórdido, casi siempre poco vistoso, de quienes, en barrios y pueblos, han decidido plantar cara a esa vorágine de especulación, concentración del poder, deslocalización, desregulación y crecimiento del crimen organizado que es la globalización capitalista.

* Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y autor de ‘Movimientos Antiglobalización. Qué son, qué quieren, qué hacen’

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El Foro Social Mundial y la Izquierda Global

Boaventura de Sousa Santos
El Viejo Topo (19-1-08)


Informe (pdf)
http://www.rebelion.org/docs/62045.pdf

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El movimiento sindical debe recuperar terreno

Peter Waterman (*)
IPS Terra Viva (17-1-08)


A fines de 2007, la Confederación Sindical Internacional (CSI) emitió una declaración pública de apoyo al Día Mundial de Acción del Foro Social Mundial, prevista para el 26 de enero de 2008. Se trata de un avance para un movimiento que data del siglo XX, o aun del XIX. En 1995, las organizaciones predecesoras de la CSI se habían manifestado indignadas por su exclusión de la plataforma gubernamental en la Cumbre Social de las Naciones Unidas. Esto significó su marginación entre ONG a las que consideraban autodesignadas, sin representatividad y sin deber de rendir cuentas ante sus miembros. Hoy en día, la Confederación parece considerarse parte de la sociedad civil mundial y del movimiento mundial por la solidaridad y la justicia. Además, en su declaración, alienta a los sindicatos a formular sus propias ideas para sus jornadas de movilización el día 26.

Aunque la CSI y sus predecesoras la CIOSL y la CMT (respectivamente, la Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres y la Confederación Mundial del Trabajo, que se fusionaron a fines de 2006) se han hecho presentes en eventos del FSM, tanto a escala mundial como regional y local, no han logrado una convocatoria demasiado importante. Los sindicatos internacionales en general realizan sus propios minieventos previos, u organizan sus propias tiendas o áreas dentro del Foro general. Sin embargo, esto no les ha impedido a esos sindicatos ni a algunas de sus filiales incorporarse al Consejo Internacional del FSM o a sus subcomités. Este año, parece que su plan es tener un papel de apoyo y no de representación general.

La CSI y los sindicatos y ONG internacionales relacionados no se han destacado por su relacionamiento con otros grupos presentes en el FSM. En el Foro de Nairobi, en 2007, promovieron el “trabajo decente” como si fuese la única respuesta a los múltiples problemas laborales del mundo. La filial de la CSI en Kenia trató incluso de condicionar la asistencia de los sindicatos a la adopción de esa consigna en el Foro.

Alternativas sindicales son aún marginales

Una búsqueda en el sitio oficial del FSM realizada 15 días antes del Día de Acción Global demuestra que las iniciativas y las cuestiones sindicales son todavía marginales. Las palabras clave aparecen por aquí y por allá, pero la única actividad específica del movimiento sindical se encuentra en la pequeña ciudad de Vermont, Estados Unidos, y se llama “Hacia la construcción de un movimiento por la justicia laboral” (http://www.wsf2008.net/eng/node/2081). El evento propuesto se describe como “una gran reunión para que trabajadores, estudiantes, educadores y proveedores de atención de la salud construyan un movimiento por los derechos de los trabajadores, salarios dignos, justicia económica, atención médica de calidad para todos y solidaridad mundial”.

Cabe esperar para el día 26 otros talleres o actividades independientes de grupos de defensa de los trabajadores. Y también que los sindicatos tradicionales, nacionales e internacionales, respondan al llamado de la CSI. Si lo hacen, quizá puedan superar la ambigüedad de su campaña por el trabajo decente.

¿Viejas o nuevas “alianzas sociales”?

El problema con la campaña del trabajo decente es que no fue en realidad una iniciativa sindical sino de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), y específicamente de su director, Juan Somavía, el hombre responsible por la fatal (o crucial) conferencia de 1995. La campaña busca el regreso a una utopía fracasada: el estado de bienestar capitalista de Europa occidental en la segunda mitad del siglo XX. Con la globalización, claro, esto implica una “alianza social” entre el trabajo, el capital y los gobiernos u organizaciones intergubernamentales. Tanto en forma como en contenido, el trabajo decente revela la continua dependencia del sindicalismo internacional con respecto a poderes superiores benignos. Tal dependencia choca en cierto modo con el espíritu del FSM, orientado a la creación de autonomía desde abajo.

La presencia o ausencia de sindicatos en el Día Global de Acción merece ser analizada. El sindicalismo pasa actualmente por su peor crisis histórica, pero a la vez cuenta con mayor innovación y variedad de la que ha tenido en muchas décadas, posiblemente en un siglo. Por lo tanto, dentro de las Américas (¡que incluyen a Vermont!), el proceso de unificación sindical internacional ha sido acompañado de una considerable discusión y al menos de una nueva iniciativa, la Plataforma Laboral para las Américas (http://www.gpn.org/research/orit2005/index.html). Esta plataforma, aunque mantiene la tradición gradualista, parece ir más allá que la campaña por el trabajo decente, y exhorta a: fortalecer la democracia y alcanzar el pleno respeto por los derechos humanos; ampliar los canales de participación ciudadana en la toma nacional e internacional de decisiones; alcanzar la justicia social; integrar la perspectiva de género en todas las políticas; eliminar toda forma de discriminación por motivo de raza, etnia, religión u orientación sexual; establecer el pleno empleo como base para el desarrollo sostenible; asegurar que ningún hombre, mujer ni niño sea excluido de la sociedad, y reconstruir la capacidad de los gobiernos de tomar medidas proactivas.

En un reciente artículo sobre “estrategias de organización sindical de la nueva ola” (http://uin.org.uk/content/blogsection/10/125/), Anthony Ince identifica las siguientes tácticas: nuevas formas de organización sindical, sindicalismo de red (por ejemplo el sindicalismo social y comunitario y el sindicalismo radical) y nueva organización de trabajadores (centros de trabajadores, redes de solidaridad y “cibersindicalismo”). Esto nos ofrece una idea de la variedad del sindicalismo contemporáneo, aunque no necesariamente esta variedad estará representada en el Día de Acción Global. Y aunque el movimiento sindical crece en el Sur Global y hay en el poder varios gobiernos “amigos del sindicalismo”, especialmente en América Latina, no se nota una voz unida del sindicalismo del Sur en organismos sindicales internacionales ni en el propio FSM.

Nuevas voces de los trabajadores, en línea

La voz de la mayoría de los trabajadores, no sindicalizados, lentamente comienza a hacerse oír en el FSM. Y no solo a través de seguidores del Foro de la primera hora como Vía Campesina, la organización de trabajadores rurales, o StreetNet, la red de vendedoras callejeras. Es a través de iniciativas amigas de los sindicatos pero autónomas, algunas de ellas inspiradas por las prácticas del FSM y el movimiento global por la justicia.

Estas nuevas fuerzas tienden a integrarse en red y a funcionar a través de Internet. Se hicieron oír (aunque en forma marginal y tentativa) en el FSM de 2006, en Nairobi. Y pueden hacerse oír nuevamente el próximo 26 de enero. Pero es más probable que aparezcan en el Foro Social Europeo que se celebrará en Malmo, Suecia, el próximo septiembre (ver http://www.esf2008.org/en/proposal/) o incluso en el propio FSM, en Belén, Brasil, en enero de 2009. También están presentes en nuevos sitios web y listas electrónicas, como Labour and Globalisation (http://openesf.net/projects/labour-and-globalisation/lists), Global Labour Strategies (http://laborstrategies.blogs.com/ global_labor_strategies/about_us/index.html), y la red ya mencionada Union Ideas Network /http://uin.org.uk/component/ option,com_frontpage/Itemid,1/).

Hacia una carta de emancipación y un espacio en el FSM

Aunque se están desarrollando nuevas estrategias, nuevos movimientos (muchas veces con nuevos tipos de trabajo) y aun nuevos espacios para un moderno tipo de lucha internacional de los trabajadores, el movimiento sindical todavía no tiene gran repercusión ni fuerza dentro del FSM, como sería necesario tanto para los trabajadores como para el propio Foro. El punto de comparación aquí es, obviamente, la posición de las mujeres y del feminismo dentro del FSM. El sindicalismo podría tomar ejemplo de dos iniciativas de mujeres, como los Diálogos Feministas (http://feministdialogues.isiswomen.org/) y la Carta Mundial de las Mujeres para la Humanidad (http://www.worldmarchofwomen.org/qui_nous_sommes/charte/ en). La primera representa un diálogo sobre ideas y estrategias; la segunda, una campaña pública. Ambas están inspiradas por el FSM y comprometidas críticamente con él. No sé cómo ni dónde las mujeres se harán presentes en el Día Global de Acción, pero seguramente estarán más presentes que los sindicatos. Es hora de que el trabajo organizado recupere terreno.

(*) Peter Waterman (Londres, 1936) es un veterano observador del movimiento social y sindical internacional. Sus materiales pueden entontrarse buscando en Google “peter waterman the hague”.

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El Foro en la encrucijada

Walden Bello
IPS Terra Viva (15-1-08)


La inauguración en enero de 2001 del Foro Social Mundial (FSM) en Porto Alegre, Brasil, marcó una nueva etapa en la evolución del movimiento por la justicia mundial.

El FSM fue concebido por movimientos sociales vagamente asociados con el Partido de los Trabajadores de Brasil. La idea recibió desde sus comienzos un fuerte apoyo de la Asociación por la Tasación de las Transacciones Financieras para la Ayuda a los Ciudadanos (ATTAC), un movimiento surgido en Francia por iniciativa del diario Le Monde Diplomatique. En Asia, la propuesta brasileña, planteada en junio de 2000, también recibió el apoyo temprano y entusiasta del instituto de investigación y acción política Focus on the Global South, de Bangkok, entre otros.

Porto Alegre debía ser el contrapunto de Davos, la exclusiva estación turística de los alpes suizos donde cada año se reúnen las empresas y figuras políticas más poderosas del mundo para identificar y evaluar las últimas tendencias en los asuntos mundiales. De hecho, lo más destacado del primer FSM fue un debate transcontinental televisado entre el magnate húngaro-estadounidense George Soros y otras figuras de Davos y representantes de movimientos sociales reunidos en Porto Alegre.

Así, el mundo de Davos fue contrastado con el mundo de Porto Alegre, y el de los ricos con el del resto de la humanidad. Fue este contraste el que dio nacimiento a la resonante consigna “Otro mundo es posible”.

También hubo otra importante dimensión simbólica: así como Seattle fue la sede de la primera gran victoria del movimiento internacional contra la globalización neoliberal (con el derrumbe, en medio de masivas protestas callejeras, de la tercera conferencia ministerial de la Organización Mundial del Comercio), Porto Alegre representó la transferencia al Sur del centro de gravedad de ese movimiento.

Proclamado como un “espacio abierto”, el FSM se transformó en un imán para redes mundiales concentradas en diferentes cuestiones, desde la guerra hasta la globalización, el comunalismo, el racismo y la discriminación de género.

Surgieron entonces versiones regionales del FSM, como el Foro Social Europeo y el Foro Social Africano, y en numerosas ciudades de todo el mundo se realizaron e institucionalizaron foros sociales locales.

Las funciones del FSM

Desde su creación, el FSM ha cumplido tres funciones fundamentales para la sociedad civil global.

En primer lugar, representa un espacio (tanto físico como temporal) para que este diverso movimiento se reúna, forme vínculos y, simplemente, se reafirme.

En segundo lugar, es un retiro en el que el movimiento junta energías y traza las direcciones de su continua campaña para enfrentar y repeler los procesos, las instituciones y las estructuras del capitalismo mundial. Naomi Klein, autora del libro No Logo, puso de relieve esta función cuando dijo a una audiencia en Porto Alegre, en enero de 2003, que la necesidad del momento era “menos sociedad civil y más desobediencia civil”.

Por último, el FSM ofrece un espacio para que el movimiento elabore, discuta y debata la visión, los valores y las instituciones de un orden mundial alternativo, construido sobre una verdadera comunidad de intereses. El FSM es, de hecho, un macrocosmo de innumerables iniciativas llevadas adelante en todo el mundo por millones de personas que les han dicho a los reformistas, a los cínicos y a los “realistas” que se hagan a un lado porque, en realidad, otro mundo es posible… y necesario.

Democracia directa en acción

El FSM y sus numerosos descendientes son importantes no solo como sitios de afirmación y debate, sino también como democracia directa en acción. En él se planifican programas y reuniones con una meticulosa atención al proceso democrático. Mediante una combinación de reuniones presenciales periódicas y un intenso contacto por correo electrónico entre una y otra, la red del FSM pudo despegarse de los eventos y llegar a decisiones consensuales. Por momentos, este proceso resultaba lento y frustrante, especialmente para quienes formábamos parte de un esfuerzo organizativo que involucraba a cientos de grupos, como Focus on the Global South durante la organización del FSM 2004, en Mumbai.

Pero esto fue democracia directa, y la democracia directa vivió su plenitud en el FSM. Se podría decir, a modo de aclaración, que las experiencias de democracia directa de Seattle, Praga, Guenoa y otras grandes movilizaciones de la década se institucionalizaron en el FSM o en el proceso de Porto Alegre.

El principio central del enfoque organizativo del nuevo movimiento es que no vale la pena llegar al objetivo deseado si los métodos violan el proceso democrático, o si los objetivos democráticos se alcanzan a través de medios autoritarios. Quizá el subcomandante Marcos, del movimiento mexicano zapatista, haya sido quien expresó mejor el sesgo organizativo de los nuevos movimientos: “El movimiento no tiene futuro si su futuro es el militar. Si el EZLN (Ejército Zapatista de Liberación Nacional) se perpetúa como una estructura armada militar, va al fracaso. Al fracaso como una opción de ideas, de posición frente al mundo. Y lo peor que le podría pasar, aparte de eso, sería que llegara al poder y se instalara como un ejército revolucionario”. El FSM comparte este punto de vista.

Lo interesante es que casi ningún grupo o red ha tratado de “apoderarse” del proceso del FSM. Participan en el Foro varios grupos del “viejo movimiento”, incluso partidos “democráticos centralistas” y partidos socialdemócratas tradicionales afiliados a la Internacional Socialista. Sin embargo, ninguno de éstos ha intentado darle al FSM un modo de organización más centralizado o jerárquico. Al mismo tiempo, pese a su escepticismo sobre los partidos políticos, los “nuevos movimientos” nunca trataron de excluir a los partidos ni a sus afiliados a partir de su papel de importancia en el Foro. De hecho, el FSM 2004 de Mumbai fue organizado conjuntamente por una improbable coalición de movimientos sociales y partidos marxistas leninistas, que no suelen tener relaciones armoniosas en el plano doméstico.

Quizá una razón convincente para la convivencia de viejos y nuevos movimientos fue que se necesitaban unos a otros en la lucha contra el capitalismo global y que la fuerza del incipiente movimiento mundial yacía en una estrategia de red descentralizada, que descansara no en la creencia doctrinaria de que una clase estaba destinada a conducir la lucha, sino en la realidad de la marginación común de casi todos los grupos, clases y estratos subordinados en el imperio del capital global.

Qué es un “espacio abierto”

El FSM, sin embargo, no ha estado exento de críticas, aun dentro de sus propias filas. Una en particular parece tener mérito, y es que el FSM como institución no está anclado en las actuales luchas políticas del mundo, y por eso se está convirtiendo en un festival anual con limitado impacto social.

En mi opinión, hay buena parte de verdad en esto. Muchos de los fundadores del FSM interpretan el concepto del “espacio abierto” de una manera liberal, es decir, creen que el FSM no apoya explícitamente ninguna posición política o lucha en particular, pero que sus grupos integrantes son libres de hacerlo.

Otros, por el contrario, opinan que la idea de “espacio abierto” debe interpretarse de una manera partidaria, como promoción explícita de algunas opiniones sobre otras, y tomando parte abiertamente en luchas globales clave. Según esta opinión, el FSM tiene la ilusión de que puede mantenerse por encima de todo conflicto y de que esto lo convertirá en una especie de foro neutral, donde la discusión estará cada vez más alejada de la acción. La energía de las redes de la sociedad civil se deriva de su participación en luchas políticas, señalan quienes sostienen esta posición. Y la razón por la que el FSM generaba tanto entusiasmo en sus primeros años, agregan, era su repercusión emotiva: brindaba una oportunidad de recrear y reafirmar la solidaridad contra la injusticia, contra la guerra, y por un mundo que no estuviera sujeto a un imperio ni al capital. El hecho de que el FSM no haya tomado posición sobre la guerra de Iraq, sobre la cuestión palestina ni sobre la Organización Mundial del Comercio le restan importancia e inspiración para muchas de las redes que había reunido.

Caracas versus Nairobi

Es por estos motivos que el sexto FSM, realizado en Caracas en enero de 2006, resultó tan vigorizante: insertó a unos 50.000 delegados en el centro de una lucha contra el imperio, donde se mezclaron con venezolanos militantes, en su mayoría pobres, y se comprometieron en un proceso de transformación social mientras observaban a otros venezolanos, en su mayoría de clase media y alta, en un papel de encarnizada oposición. Caracas fue una estimulante toma de conciencia.

Es también por estos motivos que el séptimo FSM, realizado en Nairobi en enero de 2007, resultó tan decepcionante. La política estaba muy diluida, y las grandes empresas vinculadas a la elite gobernante en Kenia trataba descaradamente de comercializarla. Incluso Petrobras, la empresa pública brasileña que es una de las principales extractoras de recursos naturales de América Latina, se promocionaba como amiga del Foro. Hubo una fuerte sensación de retroceso en Nairobi.

Ahora, el FSM está en una encrucijada. El presidente venezolano Hugo Chávez captó la esencia de la coyuntura cuando advirtió a los delegados, en enero de 2006, sobre el peligro de que el FSM se transforme en un simple foro de ideas, y no en un programa de acción. Dijo a los participantes que no tenía otra opción que referirse a la cuestión del poder: “Debemos tener una estrategia de 'contrapoder'. Nosotros, los movimientos sociales y los movimientos políticos, debemos ser capaces de ocupar espacios de poder al nivel local, nacional y regional”.

El desarrollo de una estrategia de contrapoder o contrahegemonía no necesita caer en los viejos modos jerárquicos y centralizados de organización, característicos de la vieja izquierda. Tal estrategia puede, de hecho, ser mejor promovida mediante la formación de redes horizontales y de múltiples niveles por las que los movimientos y organizaciones representados en el FSM se han destacado al llevar adelante sus luchas particulares. Articular sus luchas en acción significará forjar una estrategia común, respetando y sacando fuerzas de la diversidad.

Tras la decepción de Nairobi, muchos antiguos participantes del FSM se preguntan si éste es el medio más apropiado para la nueva etapa de la lucha del movimiento por la justicia y la paz mundial. O si, una vez cumplida su función histórica de juntar y vincular a los diversos contramovimientos generados por el capitalismo mundial, es hora de que el FSM pliegue su tienda y deje lugar a nuevas formas de organización mundial de resistencia y transformación.

(*) Este artículo fue publicado por primera vez en Foreign Policy in Focus. Walden Bello es el director ejecutivo de Focus on the Global South, un instituto de investigación y acción política con sede en Bangkok, y profesor de sociología de la Universidad de Filipinas.

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¿En punto muerto? Anticapitalismo y los foros sociales hoy

Alex Callinicos y Chris Nineham
En lucha (verano 07) (ver)

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Un poliedro de miradas no cegadas
Reseña del libro "El futuro del foro social mundial"
Varios autores, Icaria, Barcelona, 2008, 143 páginas

Salvador López Arnal
El Viejo Topo (15-5-08)



Sólo la relación de los autores y autoras que participan en este volumen es claro indicio de su indudable interés: Josep Maria Antentas, Olivier Bonfond, Wangui Mbatia, Hassan Indusa, Michael Warschawski, Immanuel Wallerstein, Walden Bello, Esther Vivas, Éric Toussaint, Pierre Rousset y Miguel Romero. El lector/a tiene garantizado que el bostezo está alejado; no habita en este grupo.

Cuatro de los artículos recogidos están centrados en la experiencia de Nairobi. Por ello, las intersecciones no vacías son inevitables. No importa. Arrojan puntos de vista complementarios, similares pero no idénticos, sobre el foro social mundial de 2007 celebrado en la capital de Kenya (Por cierto, Mike Davis señala en Planeta de las ciudades miseria que el barrio de Laini Saba de Nairobi, en el área hiperdegradada de la Kibera, tenía en 1998 diez letrinas excavadas en el suelo para una población de 40.000 y en Mathare había cuatro servicios públicos para 28.000 personas. La población se ve obligada a usar “retretes volantes”: los desechos se meten en una bolsa de plástico y se arrojan al camino o al tejado del vecino. En Nairobi, la población que se desplaza en coche tiene enfrente a niños de 10 años inhalando disolventes con bolas de excrementos humanos en las manos que tiran por las ventanillas de los vehículos de los conductores que no les dan propina).

Se ha señalado recientemente que la nueva alianza emergente contra el neoliberalismo se manifiesta –de forma parcial sin duda- en el proceso del Foro Social Mundial, que presenta, efectivamente, características novedosas respecto a las organizaciones internacionales clásicas de izquierda. El FSM está ayudando a la constitución de un vasto movimiento de resistencia internacional que está en plena evolución. El foro mundial carece de un centro único y es netamente heterogéneo. Sabido es, por otra parte, que no todos los componentes de la resistencia a la globalización capitalista neoliberal participan activamente en él. El movimiento zapatista, por ejemplo, que nunca hasta la fecha ha formulado críticas al FMS, no ha participado en ellos.

El concepto de estrategia alternativa está en sus inicios y el viejo y clásico debate entre reformistas y revolucionarios no se ha cerrado. Como otros asuntos kantianos, es un debate inextinguible. ¿Cuál debería ser el objetivo, cuál es la finalidad del foro social mundial: romper con el sistema o, dada la real y mermada acumulación de fuerzas realmente existentes, mejorarlo y conseguir que se apliquen verdaderamente mecanismos de regulación que nos acerquen a un capitalismo con rostro humano y parcialmente humanizado? Lo otro, ese otro mundo posible y necesario, ¿nos vendrá dado como añadido o ya sería aquel ”mundo más humano” el otro mundo deseado?

Las diferencias reconocidas no anulan coincidencias conocidas. Los movimientos que integran el movimiento están de acuerdo en reivindicaciones básicas: la tasa Tobin, la lucha contra los paraísos fiscales, el combate contra la violencia de género, la anulación de la deuda del Tercer Mundo, la voluntad de paz y de desarme, el derecho a la diversidad sexual, el derecho a una existencia digna, el combate contra el unilateralismo político, la lucha contra el Imperio y su política criminal, etc. Hablamos, como no podía ser de otro modo, de derechos universales, sin acotaciones geográficas, étnicas o de género.

De todo ello, de la historia, evolución y futuro del FSM se nos habla en los trabajos recogidos en este volumen. Uno de los puntos más destacables es, en mi opinión, la arista crítica, hipercrítica en ocasiones, que subyace a todas las aproximaciones recogidas. Apostar por el foro, reconocer su importancia política, no significa cegarse ante sus limitaciones o inconsistencias. La historia, nuestra historia, cuenta. Daré tres ejemplos de estas miradas no entregadas..

Antentas, en su balance general, el trabajo que precisamente abre el libro al que añade un texto posterior, después de trazar una sustantiva historia del foro y de sus debates y controversias, se centra en la experiencia de Nairobi que califica de “estación gris del Foro”. No tiene ningún reparo en apuntar que los aspectos más problemáticos del evento están directamente relacionados con el propio proceso de preparación, “que estuvo ceñido a un núcleo muy reducido de personas pertenecientes a determinadas ONG, pero sin la implicación real de los movimientos populares del país” (p. 29). Añade además que el encuentro fue concebido con una lógica claramente comercial –la compañía de telecomunicaciones Celtel actuó de patrocinador del evento- y, por otra parte, denuncia el carácter exclusivo y elitista del evento debido al precio de la entrada y a la propia localización del Foro (otros autores se centran también en estos mismos aspectos). En su opinión, los retos más significativos en el horizonte de las fuerzas que combaten la globalización capitalista neoliberal (GCN) residen en reforzar los procesos de autoorganización desde abajo, en multiplicar las luchas y en seguir buscando puntos de confluencia entre los distintos combates y una mayor articulación a escala nacional e internacional.

Esther Vivas – “Adaptarse a los nuevos tiempos”- incide nuevamente sobre los errores cometidos en el último foro, pero no olvida los aspectos positivos del proceso de construcción del FSM: “su capacidad de consolidar, a lo largo de sus siete años de trayectoria, un espacio de convergencia y de encuentro de todos aquellos que se oponen a la lógica neoliberal. Un amplio abanico de actores sectoriales que a pesar de sus diferencias políticas, programáticas y de análisis han sido capaces de converger, de construir y de mantener ese referente común” (p. 88). Vivas señala, por otra parte, que las experiencias gubernamentales de Venezuela, Bolivia y Ecuador, “que a pesar de sus límites confrontan parcialmente algunos de los aspectos de la globalización capitalista” (p. 91) han trasladado el núcleo del movimiento de lo global a lo estatal. Este, y otros factores, han contribuido a la pérdida de influencia del FSM en el seno del movimiento “en la medida en que el foco de la protesta se ha trasladado de lo internacional a lo estatal” (p. 92). Además de ello, Vivas señala que los sectores más dinámicos, más críticos, más activistas del movimiento están buscando nuevos espacios de trabajo y de intervención más allá de los foros sociales. Así, el foro por la Soberanía alimentaria impulsado por Vía Campesina y la Marcha mundial de Mujeres. Desde luego, estas nuevas dinámicas no significan que esos sectores hayan abandonado el Foro o que consideren que éste ya no les es útil. Para Vivas, “a pesar de sus límites y debilidades, el Foro continúa siendo un espacio útil de encuentro, de debate y de intercambio con un alto valor práctico y simbólico que no se puede perder ni menospreciar” (p. 92).

Miguel Romero cierra el volumen con una interesante aportación que lleva por título: “El FSM y la política: el riesgo de la extinción”. Tomando como motivo un artículo del sociólogo Emir Sader de 2006, Romero discute un tema, fundamental en su opinión –“la reunión de Caracas confirmó que ésta era no una sino “la” cuestión fundamental” (p. 124)- y que el FSM ha esquivado desde su fundación: sus relaciones, y por extensión, la relación de los movimientos sociales, con el poder político. Según Romero hay una ambigüedad política en la fundación del FSM que se ha ido evitando a lo largo de la historia del foro sin grandes problemas en una primera fase, pero con dificultades crecientes a partir del regreso de la política al centro de los conflictos internacionales: “en esta situación, conceptos como paz, justicia internacional, lucha contra el imperialismo, igualdad,… pasaron del discurso moral a los conflictos concretos, en los que había que tomar partido y, por tanto, afrontar desacuerdos profundos entre “fuerzas progresistas”, que no podían resolverse en términos de ‘consenso” (p. 126).

Romero comenta críticamente que, en su opinión, hay indicios de que se ha entrado en una etapa con primado de la política gubernamental. No está ahí la alternativa señala. Él mira hacia otros horizontes: “Se trata de buscar el regreso de la política entendida como una actividad emancipadora, pero por otros caminos que nos alejen del callejón sin salida del pasado” (p. 140) y, tomando pie en una reflexión de Revelli, recuerda que cuando la política pierde consciencia de los peligros que entraña, “abrasa lo social”.

En opinión de Romero, el futuro del FSM está en ese cruce de caminos. No es un mal lugar donde finalizar este comentario a un libro oportuno que cuenta, además, con aportaciones de teóricos y activistas de la altura de Bello, Toussaint o Wallerstein, y que, como pretende la colección “Más madera” de la que forma parte, intenta contar “las causas de los mayores problemas de nuestro tiempo, que nos conciernen y condicionan nuestras vidas”.

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