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Sepúlveda (Segovia) El pueblo quiere recuperar los restos del alcalde y el maestro fusilados en 1936
El Norte de Castilla - Lunes, 22 de septiembre de 2003

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Varios vecinos señalan el lugar donde supuestamente se encuentran los cuerpos. / EFE/JUAN MARTÍN


Sus cuerpos yacen cerca de Riaza, en una cuneta, junto a los de otros dos dirigentes y el de un vecino de la villa

Varios vecinos de Sepúlveda buscarán y trasladarán hasta el cementerio municipal los cadáveres de las autoridades de la villa, ediles republicanos, que fueron fusilados en 1936, al inicio de la Guerra Civil, presuntamente a manos de un grupo de falangistas, y enterrados en una cuneta de la carretera SG-911, ya en término municipal de Riaza pero a escasos 15 kilómetros de Sepúlveda.

Se trata de los restos del alcalde republicano de la villa, Fermín Elías Sanz, que tenía 44 años, y sus dos tenientes de alcalde, Antonino Albarrán, de 56 años, y Pedro Antón Morata, de 40 años, también presidente de la Casa del Pueblo de Sepúlveda. Junto a ellos se encuentran el maestro Ángel Prieto Alonso, de 68 años, y otro vecino de la villa, Luciano Esteban Mansilla, de 56 años de edad.

Familiares y descendientes de los sepulvedanos fusilados han anunciado que pedirán ayuda a la Diputación Provincial de Segovia para sufragar los costes del traslado y la identificación de los cadáveres. El objetivo último es levantar los restos e inhumarlos en el cementerio de Sepúlveda.

La ejecución

Todo ocurrió el 21 de agosto de 1936. Las autoridades sepulvedanas ya se encontraban presas cuando fueron ejecutadas, según relata el historiador Santiago Vega Sombría, del Foro por la Memoria de Segovia. Varios hombres sacaron a los dirigentes de la cárcel del Castillo y a la altura del kilómetro 88 de la carretera de Riaza acabaron con sus vidas. La nuera de uno de ellos, Pilar Arranz Martín, de 78 años, lo recuerda con nitidez. «El guarda de la comunidad de Riaza escuchó los disparos desde su casa. Luego les fueron a reconocer; alguno estaba aún con vida», explica a Efe la anciana.

Pilar sólo desea que los cuerpos sean recuperados «después de tantos años». A pesar de su edad, conserva una buena memoria que le permite recordar cómo sucedieron los hechos, además de agradecer la colaboración que algunos ciudadanos tuvieron para cerrar el lugar, medida que ha permitido tener localizadas las fosas.