Vecinos de Rioseco buscan las fosas de familiares fusilados en la Guerra Civil
El Norte de Castilla. 2-Noviembre-2003
VALLADOLID
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica calcula que hay 155 fusilados y 37 desaparecidos
Decenas de cadáveres permanecen enterrados en la finca Monte Torozos
TERESA CASQUETE/MEDINA DE RIOSECO
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha recibido, por ahora, cinco solicitudes de exhumación de cadáveres de personas fusiladas durante la Guerra Civil y procedentes de Medina de Rioseco, aunque no se conoce la localización exacta de algunos de ellos.
Julio del Olmo, arqueólogo que dirige las excavaciones, anunció que los trabajos podrán comenzar este mismo mes, si los trámites se resuelven y la climatología los permite.
La relación de nombres, apellidos e, incluso, apodos de víctimas riosecanas durante la Guerra Civil que ha facilitado la ARMH es el resultado de un año de investigación en archivos y de entrevistas directas a testigos. La lista revela 155 fusilados y 37 desaparecidos en la localidad.
Enterramientos
Los expertos creen que Rioseco, al ser un pueblo que por aquellos años contaba con mucha industria y población procedente de otros municipios, fue uno de los lugares donde hubo un mayor número de fusilamientos.
Las investigaciones apuntan a que Monte Torozos podría ser el 'gran cementerio' de la provincia. En esta finca hay varias fosas con más de veinte cadáveres en cada una, «por lo que se hace muy costosa la identificación de todos y cada uno de ellos», aclaró Julio del Olmo.
Por otro lado, en pueblos como Autilla del Campo y Ampudia, en Palencia, sí se conoce el lugar exacto de los enterramientos de los riosecanos que murieron en aquellos años.
Uno de las solicitudes es de José María Cid, quien perdió en la Guerra Civil a sus padres, a su abuelo y a sus cuatro tíos. Por aquel entonces, tenía tres años y su hermana cumplía once meses. El 5 de agosto de 1936 vió cómo sacaban de casa a su madre, Felisa Rodríguez, y el 23 de febrero del año siguiente, a su padre, Agustín Cid, conserje de la Casa del Pueblo.
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