Salabert homenajea el espíritu de la República. La escritora relata en 'La noche ciega' el ambiente de esperanza del inicio de los años 30
Viernes, 6 de febrero de 2004 de El Periódico de Catalunya

LUZ SANCHIS
MADRID
La historia de una familia a la que el estallido de la guerra civil les sorprende veraneando en la sierra del Guadarrama permite a Juana Salabert homenajear el espíritu de la Segunda República. Aunque no es el objetivo de la novela La noche ciega (Seix Barral), su autora sí celebra en ella la memoria de una etapa floreciente en la que las esperanzas fueron cortadas de raíz por la guerra.
La escritora habló en su presentación de 'una novela de lectura fácil y escrita de un tirón' y negó cualquier voluntad autobiográfica: 'Para eso me meto en las páginas de mi diario pero supongo que de una forma inconsciente sí rindo homenaje a mi propia memoria y a ese nuevo siglo de oro truncado por la barbarie de la guerra civil'.
El espíritu de los años 30, de las mujeres feministas y de la Institución Libre de Enseñanza queda como transfondo de una historia llena de personajes y tramas. Salabert mueve en su novela el tipo de personas que le gustan, 'excéntricas y optimistas'.
Junto a Isla y sus tres hijas, en las páginas de La noche ciega conviven el abuelo Ariel que regresó de América sin fortuna pero con un secreto, un desertor de los fascistas italianos, la mezzosoprano Donna é Mobile, y Becky Pomerania, una exiliada de Europa central. Son unos personajes que la autora define como 'caleidoscópicos, porque están hechos con trocitos'.
PERSONAJES ALEGRES
La noche ciega es la quinta novela de Salabert, tras Varadero, Abre lo que será, Mar de los espejos y Velódromo de invierno, con el que ganó el premio Biblioteca Breve 2001. En esta última, la novelista abordaba el holocausto judío, pero niega cualquier tipo de obsesión por los horrores sucedidos durante el siglo XX: 'Me divertí mucho escribiendo esta obra y eso que la ubico en otro horror. Creo que transmite la alegría de una gente predispuesta y vital pese a la época en la que sucede'.
Ante la pregunta de si aceptaría que su libro fuera llevado al cine, la escritora respondió un entusiasta '¡ojalá!'. Además, dio todo tipo de facilidades y llegó a sugerir las partes que el director podría saltarse para sustituirlas por diálogos en caso de necesidad. La novelista es de las que piensa que los realizadores 'han de tener libertad absoluta para seleccionar de una historia lo que les interesa'.
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