Huesos sin identidad
EL PERIODICO 19/11/2002
Una familia de Rubí busca los restos del abuelo cenetista,
enterrado en un osario de Lleida
Un vecino de Castellolí denuncia la existencia de una fosa
de soldados republicanos en la cima de una montaña
OLGA MERINO -BARCELONA

Era un sábado a finales de
agosto pasado cuando Noelia Luque, una joven en paro que reside
en Rubí, vio casualmente en la tele un reportaje de Informe
Semanal sobre la exhumación en El Bierzo de una fosa de republicanos
asesinados durante la guerra civil, y pensó en el triste destino
de su abuelo materno. L'avi, Josep Domingo Teixidó, murió
apaleado en 1944 en una comisaría de policía de Lleida, y
sus restos yacen en el osario del cementerio de esa capital.
Noelia y su hermana, Esther, decidieron contactar con la Asociación
para la Recuperación de la Memoria Histórica (www.memoriahistorica.org)
para dar cuenta de la desaparición del abuelo y quizá recuperar
sus huesos.
'No nos mueve el odio ni ánimo de revancha alguno', dice la
madre de ambas, Esther Domingo, que era un bebé de apenas
6 meses cuando desaparecieron a Josep. 'Simplemente, si llegara
a formarse un grupo de personas con la misma aspiración, me
gustaría que se excavara esa fosa algún día y que pudiera
sepultar los restos de mi padre con dignidad'. Esther explica
que en su casa nunca se habló de la cuestión, 'ni a escondidas
ni a las claras'. Era un tema tabú, y durante la larga noche
de la posguerra el miedo amordazó las bocas.
Una manta ensangrentada
La hermana del difunto, Maria, hoy una abuela octogenaria,
tenía 17 años cuando sucedieron los hechos. Josep Domingo,
al parecer sospechoso de haber tenido contactos con el maquis,
iba camino de una mina cercana a Seròs (Segrià) donde trabajaba
cuando fue interceptado por dos agentes de la policía secreta
que lo trasladaron esposado a la comisaría de Lleida.'Días
después, la encargada de la limpieza de la comisaría supo
que Josep había muerto tras proferir lamentaciones y rogar
que le permitieran ver a su hija', relató Maria a los autores
de la memoria Mai més, una suerte de inventario de los asesinatos
cometidos en la comarca del Segrià por la feroz represión
franquista.
El sepulturero del cementerio de Lleida aseguró después haber
arrojado a la fosa común un cadáver de las características
de Josep, 'con señales evidentes de haber sido muy maltratado',
y quemó la manta que lo envolvía, 'totalmente impregnada de
sangre'. (En el cementerio de Lleida existen dos fosas comunes,
cada una de las cuales alberga alrededor de 400 cuerpos, si
bien es imposible determinar cuántos de los cadáveres corresponden
a represaliados del franquismo).
Pere Guixà, un vecino de Castellolí (Anoia), también supo
de la existencia de la asociación y de su tarea en la localización
de fosas a través de un programa de radio, y no dudó en informar
a sus responsables de la historia que le habían contado una
y mil veces su padre, su abuelo y otras gentes del pueblo.
Tiro en la nuca
Llueve, y parece que el agua en el bosque aún empape más.
El todoterreno trepa por la pista forestal que recorre las
entrañas de una montaña --ya en las primeras estribaciones
del macizo de Montserrat-- conocida en la comarca como la
Febre Morta. Pere Guixà y su hijo, Toni, rebuscan entre la
espesura las piedras en la cima de la colina que señalan el
lugar donde el abuelo de aquél y otros dos vecinos de Castellolí
enterraron los cuerpos de entre seis y ocho soldados republicanos
ejecutados de un tiro en la nuca.
Esos soldados pertenecían a la retaguardia del Ejército republicano,
ya en retirada, y se habían quedado rezagados defendiendo
una posición en la cima de la Febre Morta para retrasar por
lo menos la ya inevitable toma de Barcelona por los regulares
y las llamadas tropas nacionales. 'Fueron ejecutados y sus
cuerpos abandonados a merced de las alimañas hasta que mi
abuelo subió a enterrarlos', dice Pere. Los soldados del bando
nacional registraron sus uniformes y entre las ropas --recuerda
Pere-- apareció el carnet de filiación a la CNT de uno de
ellos: 'Era jardinero y vecino del barrio de Horta'.
Tras la victoria de los franquistas, la madre de Pere, Teresa
Mabràs, La Maciana, sufrió la vejación de que le raparan el
cabello al cero y la obligaran a desfilar en las procesiones
entre el escarnio general. Despedida de la fábrica donde trabajaba,
La Maciana tuvo que ganarse el sustento en la montaña recogiendo
hierbas aromáticas y caracoles, y llegó a convertirse en la
boletaire más afamada de la comarca.
Estas dos fosas sólo suponen sendos ejemplos de las centenares
que deben de existir diseminadas por toda Catalunya. Miquel
Castel, fundador de la Associació d'Immolats per la Llibertat
de Catalunya y expreso político, considera que la transición
a la democracia supuso 'aceptar una reconciliación que implicó
el olvido del pasado'. 'Creo que el genocidio franquista y
la feroz represión hacen inaceptable pagar este precio'. Su
padre fue fusilado en el Camp de la Bota y sus huesos reposan
en el Fossar de la Pedrera, en Montjuïc.
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