Valverde Enrique no encuentra a sus «paseados». Finaliza sin éxito el tercer intento para exhumar los restos de cinco represaliados vallisoletanos
Diario de León - Marco Romero - 30 de mayo de 2005
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Un grupo de voluntarios cava con pico y pala más de 60 hoyos para hallar una fosa común
Un amplio grupo de voluntarios cavaron durante toda la mañana de ayer más de 60 hoyos en un paraje cercano a la localidad leonesa de Valverde Enrique, donde se da por supuesto que se encuentran los restos óseos de cuatro hombres y una mujer detenidos el 25 de septiembre de 1936 en Castropodame (Valladolid) por parte de las tropas franquistas. Posteriormente recibieron la muerte con un fusil y fueron enterrados entre una arboleda.
«Aquí, encima de ellos, he dormido yo la siesta durante muchos años», se escucha decir a un anónimo vecino de Valverde Enrique que participó en la búsqueda.
Armados con picos y palas, los trabajos fueron dirigidos por la Asociación por la Memoria Histórica (ARMH) de Valladolid en cooperación con la coordinadora regional, la asociación para la recuperación de la memoria de Palencia, el Grupo por la Defensa de la Memoria de Asturias y el Foro por la Memoria de León.
Era la tercera vez que se intentaban recuperar estos cadáveres, después de que en la ocasión anterior llevasen a cabo la búsqueda con maquinaria pesada.
El arquéologo Julio del Olmo diseñó un plan de trabajo para cavar en un radio de 20 metros una fosa cada dos o tres metros de longitud, con una profundidad de unos 60-70 centímetros. El cálculo que se había realizado previamente estimaba que cinco cuerpos humanos no podrían estar en un espacio menor de cuatro metros cuadrados.
«Contamos con muchos testimonios, pero está claro que hay algo más que no sabemos», se lamenta el arqueólogo.
El intento de la exhumación de los cuerpos se ha llevado a cabo a iniciativa de los propios familiares. Después de plantear el caso a la asociación vallisoletana, la responsable de la comisión de investigación inició una intensa labor de documentación que ha durado dos años.
En este periodo pudo contactar con varios testigos. Una de ellos tiene hoy 87 años. Según el informe que avala los trabajos de la búsqueda, esta vecina de Valverde recuerda el lugar de la carretera por donde vio pasar un camión donde reconoció a uno de los apresados. Dice que iba con su mujer, en avanzado estado de gestación. «Iba vestida con el hábito del Carmen», explica. Se trata de una especie de vestido largo en marrón dominico. «Vitalico gritó desde el camión y la gente le reconoció».
Coincidencia en el lugar
Según coinciden varios de estos testimonios, el lugar exacto del enterramiento coincide. Se trata de un punto muy concreto del camino que accede a la nacional 601, apenas un kilómetros antes de Valverde.
Mucha gente del pueblo se ha acercado al lugar de los hechos durante todos estos años. «Siempre que paso por ahí lo recuerdo, a él (Vitalico) y a la mujer embarazada. Siempre iba con el morral y las tijeras, estaba ocho o diez días hasta que terminaba la época de esquileo. Los que lo mataron no eran falangistas, eran matones», sentencia otro vecino.
El día de los asesinatos, un vecino de Castrovega se encontraba haciendo la instrucción en el monte con otro grupo de muchachos, todos ellos reclutados por la Falange. «Oyeron los tiros y se acercaron. La patrulla los obligó a irse de allí, pero después pudieron ver los cuerpos».
Otro residente recuerda que su abuelo estaba trabajando por las cercanías del camino y también oyó tiros. «Pensando que eran fugitivos se acercó a la zona y se encontró con una patrulla que le amenazó con sus armas. Después esta misma patrulla se dirigió al pueblo y le dijeron al alcalde que mandara gente a enterrarlos».
«A mí -apunta en la investigación otro vecino de la zona- me mandó el jefe de Falange a enterrar a unos que estaban mal enterrados y las liebres les habían comido medio cuerpo. Fui con otro que tenía mucho miedo, y aún me tocó animarlo. Pero no eran los de Castroponce».
«Aquí, encima de ellos, he dormido yo la siesta durante muchos años»
Vecino de Valverde Enrique
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Los cadáveres fueron vistos por todo el pueblo
Los cinco asesinados de Valverde, tras ser bárbaramente maltratados, según consta en el testimonio de sus familiares, fueron conducidos conjuntamente a un paraje boscoso de este término municipal y ajusticiados al borde de un camino, donde los asesinos abandonaron sus cuerpos, dándose la circunstancia de que a la mujer la dejaron malherida y no la remataron. Son varios los testimonios que atestiguan que estaba embarazada de manera visible y que vestía el hábito del Carmen.
Vecinos de Valverde que iban a realizar tareas agrícolas vieron los cadáveres y fueron al pueblo a avisar a las autoridades, refiriendo que la mujer estaba viva y les había hablado. Cuando regresaron al lugar de los hechos, la mujer había muerto ya.
Imágenes que hablan
El grupo de cadáveres fue visto por bastantes personas, entre ellas un grupo de jóvenes falangistas de los pueblos de alrededor que se encontraban haciendo instrucción en ese mismo paraje, escucharon los tiros y observaron los cadáveres. «Precisamente han sido dos de estos quienes nos han conducido al lugar en que se encuentra la fosa y nos han relatado los hechos», recoge la historiadora Orosia Castán en su descorazonador informe.
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Los últimos momentos de los cinco
Una investigación de la historiadora Orosia Castán Planaspa, una de las responsables de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid, reconstruye los últimos momentos de los represaliados de Valverde
FLORENCIO ÁLVAREZ BAZA - Repartieron a sus hijos
Tenía 50 años de edad cuando fue asesinado. Se encontraba en la cama, enfermo de reuma, cuando se lo llevaron. Era zapatero, estaba casado y tenía seis hijos. Su familia fue a visitarle al cuartelillo de Mayorga y pudieron verle: le habían pegado mucho y tenía una herida grave en un ojo. Les dijo que les habían pegado mucho a todos. Tenía frío. Su mujer le explicó que al día siguiente le llevaría una manta y él contestó que a lo peor no la iba a necesitar, como así fue, pues al día siguiente fueron a verle y les dijeron que ya no estaba, sin más explicaciones. Oyeron decir que los habían llevado a la localidad de Torozos, pero después fueron advertidos de que los habían visto, ya muertos, en las orillas de monte de Valverde Enrique. La familia quedó totalmente destrozada. La madre no tuvo más remedio que repartir a sus hijos para que salieran adelante.
LEANDRA GRAJAL ALONSO - Embarazada, no la remataron
Era esposa de Tomás. Se encontraba en avanzado estado de gestación, de tal manera que los testigos que la vieron en el camión y ya muerta se dieron cuenta de esta circunstancia, así como que vestía el hábito del Carmen. Esta mujer, según los informantes, estaban en la puerta de la iglesia cuando las vecinas fueron a avisarla de la determinación de su marido. Fue hasta la plaza, y como le dijeran que era para hacer una declaración sin más, insistió en ir con su marido. Los falangistas no tuvieron ningún problema en llevarla también y asesinarla junto con los demás, auque después fueron incapaces de darle el tiro de gracia y la dejaron agonizando junto al grupo, como manifiestan varios testigos de los hechos acaecidos aquel mes de septiembre.
TOMÁS GONZÁLEZ DE LA FUENTE - De su puerta al camión
Era alpargatero, natural de Villacreces y residente en Castroponce, de donde era su esposa. Tomás estaba sentado ante la puerta de su casa reparando unas alpargatas cuando fueron a detenerle. Los vecinos fueron a avisar a su mujer, quien fue a la plaza del pueblo, donde los falangistas tenían el camión, e insistió en acompañar a su marido.
VITÁLICO PASCUAL GARCÍA - Un hombre muy querido, pero no por todos
Tan sólo contaba con 40 años de edad. Había enviudado en mayo de ese mismo año y tenía tres niños de siete, 11 y 14 años, Fue teniente de Alcalde. No lo pudieron detener porque no se encontraba en su casa. Sin embargo, al enterarse de que lo estaban buscando —se lo dijo el entonces secretario municipal— se puso en camino hacia Mayorga al día siguiente, 26 de septiembre, haciendo el camino a pie él solo, entregándose voluntariamente y recibiendo el mismo trato que los anteriores.
Vitálico era esquilador de ofi cio y recorría amenudo los pueblos de la comarca, donde le apreciaban hasta el punto de que todavía hoy los testigos de los hechos rompen a llorar cuando hablan de él. Precisamente, el hecho de ser conocido en los alrededores fue lo que hizo que los vecinos de Valverde le identificaran sin dudas cuando lo vieron a bordo del camión que conducía al grupo al monte.
Todos hablan también de la mujer embarazada con hábito del Carmen. Acerca de Vitálico hubo muchos rumores, pues los propios verdugos parece ser que hablaron de torturas y vejaciones, sin que se tenga constancia de ello. Pero este tipo de rumor acrecentó el terror de los vecinos, a la vez que neutralizaba a las familias.
Sus tres hijos fueron recogidos por una de sus tías, Melchora, quien tenía a su vez seis hijos. Lo pasaron muy mal económicamente, de forma que tuvieron que dejar la escuela y pedir por las carreteras. Se de la circunstancia de que Vitálico Pascual, por su ofi cio de esquilador, era muy conocido en todos los pueblos de los alrededores y fue plenamente identificado por los vecinos de Valverde, que avisaron de los hechos a los familiares.
LORENZO LOSADA GARROTE - Torturado y asesinado por reunirse
La muerte le llegó a los 54 años de edad. Es consuego de Florencio Álvarez Baza. Era jornalero. Estaba casado y tenía seis hijos de este matrimonio. Su hija, que vivía en la localidad vallisoletana de Becilla, se enteró de que lo iban a detener y fue hasta Castroponce para avisarle. Él estaba trabajando en el campo y se negó en redondo a esconderse.
Fue conducido con los demás hasta el cuartelillo de Mayorga, donde fue visitado por su mujer, quien pudo comprobar que lo habían torturado. Fue detenido por la denuncia de un tal S., quien le acusada de reunirse en la boca del horno con los demás para hablar de ideas progresistas.
También estaban implicados C., G. y M. Estos eran los caciques del pueblo, inductores de los crímenes junto al cura. A la angustia y el desgarro que se puede presuponer con el asesinato del cabeza de familia se sumaron más desgracias. Después de la muerte de Lorenzo hubo represalias contra la familia. Tal y como recuerdan, les tiraban piedras, les rompían los cristales, etcétera.
OTROS DE LA ZONA - El horror continuó durante años en la misma comarca
Además de los cinco de Valverde Enrique, la investigación también hace referencia a otros muchos nombres de represaliados de Castropodame el 5 de agosto de 1936. Se habla de Florencio Romón Martínez, concejal de este ayuntamiento; Filadelfo Solla García, que se lo llevaron cuando comía con su mujer y su hija de ocho meses; Eufemiano Sandoval Vallejo, cuidador de caballos y socialista notorio; Mauro Pérez Martínez, conocido como Salerito, quien se le dio por muerto en Torozos, y Gilberto Martín Martínez, labrador y herrero también detenido por estas fechas. El 28 de agosto de 1936 se le unieron Gumersindo Pérez Pérez, Tomás Bezos, Felipe Fernández, María Santos...
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