Leopoldo de Luis muere a los 87 años
Diario de Sevilla - 21/11/2005
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Yo tuve un hermano José Luis en Alcalá de Henares en Burgos... Tu, a distancia fuiste mi Amigo Leopoldo Cuñado del que me daba tu noticia Erais hermanos en Poesía vosotros dos y... Juan Ramón Jiménez Hernandez, Miguel mis poetas Altoaguirre y Machado con otros más jovenes Marcos Ana Macarro par mi, como tu Urrutia mio formais la poesía amada. Entre fusilados y muertos nos estamos quedando yertos. Hoy a ti lloro tu ida que me deja más solo.
Germán Alonso 21 de Noviembre de 2005
El autor de 'Igual que guantes grises' (Premio Nacional de Literatura) y una de las voces más graves de la poesía de posguerra falleció ayer en Madrid
ALFREDO ASENSI / AGENCIAS
córdoba / madrid. La voz poética más grave de la posguerra se apagó ayer en Madrid. Leopoldo de Luis, que llevaba dos semanas ingresado en una clínica tras sufrir una caída en su domicilio, ha fallecido a los 87 años. Nacido en Córdoba en 1918, De Luis vio reconocida en los últimos años su labor como poeta, crítico y antólogo con varios premios, entre ellos el Nacional de las Letras (concedido en 2003), la Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes, el título de Hijo Predilecto de Andalucía y la Medalla de Oro de Córdoba, que fue recogida por su hijo, Jorge Urrutia, el pasado viernes en el acto celebrado en el Alcázar de los Reyes Cristianos. La capilla ardiente del poeta quedó instalada en el Tanatorio Norte de Madrid.
La salud de De Luis era muy delicada desde que hace pocos meses sufrió un infarto. El poeta, que siempre mostró un gran afecto por su ciudad natal a pesar del poco tiempo que vivió en ella, había expresado su deseo de asistir a la entrega de la Medalla de Oro en Córdoba si su salud se lo permitía, pero una caída (a consecuencia de la cual se golpeó en la cabeza) acabó por agravar definitivamente su estado. No obstante, según relató ayer Jorge Urrutia a Angelina Costala, ex teniente de alcalde de Cultura del Ayuntamiento cordobés, el pasado sábado, aún lúcido, De Luis, a petición suya, tuvo entre sus manos la Medalla, que ayer fue colocada sobre su féretro.
Leopoldo Urrutia de Luis era uno de los pocos supervivientes de la primera generación poética de la posguerra (autores nacidos entre 1909 y 1923, si seguimos el criterio clasificatorio de Julián Marías). La poesía del cordobés supone, según Ricardo Senabre, prologuista de la edición de su Obra poética completa publicada por la editorial Visor, "un testimonio ejemplar de una vida en la que el sufrimiento, la amargura, el amor, la solidaridad, la ternura y la rebeldía ante la injusticia del mundo han ido cristalizando en una obra artística perdurable, que ensancha nuestra sensibilidad y nuestra percepción de las cosas y que nos ayuda a vivir". Una poesía marcada por una gran hondura expresiva y una preocupación social surgida de algunas de las experiencias que afrontó en su juventud.
De Luis vino al mundo el 11 de mayo de 1918. Pasó su infancia y su adolescencia en Valladolid y a los 17 años se trasladó a Madrid, donde comenzó a estudiar Magisterio. Al comienzo de la Guerra Civil se alió con la causa republicana. El poeta coincidió en el frente con Miguel Hernández (a quien había conocido anteriormente a través de Germán Bleiberg, y que era ocho años mayor que él), otro de los nombre mayores de la primera generación de poetas de la posguerra, y estuvo preso en Ciudad Real y en la prisión de Ocaña. Sus primeros poemas publicados datan de los años de la guerra. Al concluir ésta, el poeta Rafael Manzano le pidió que colaborara en su revista Chabola. Fue entonces cuando decidió desterrar de su firma el apellido paterno, Urrutia. La mayoría de sus biografías, al llegar a este punto, alude a una medida de precaución del escritor ante las represalias del bando ganador. No obstante, De Luis nunca dio mucha importancia a esta circunstancia.
Su despegue poético se inicia en los años 40 con la publicación del poemario Alba del hijo (1946) y su activa participación en revistas de la época como Garcilaso, Españada o la citada Chabola. Admirador de Antonio Machado, Miguel Hernández y Vicente Aleixandre, el poeta ha desarrollado una trayectoria centrada en la preocupación por la condición humana. Entre sus poemarios destacan Huésped de un tiempo sombrío (1948), Juego limpio (1957), La luz a nuestro lado (1964), Aquella primavera (1967), Con los cinco sentidos (1970), Igual que guantes grises (que recibió el Premio Nacional de Literatura en 1979), Una muchacha mueve la cortina (1983), Del temor y la miseria (1985) La sencillez de las fábulas (1988), Elegía con rosas en Bavaria y otros poemas (2000) y Cuaderno de San Bernardo (2003). "Una obra tan variada como fiel a sí misma en la que el autor ha ido dejando la emocionante constancia de un vivir siempre atento a la circunstancia histórica y material de la condición humana", según ha escrito el poeta Francisco Díaz de Castro, que señala que leer su obra poética es "recorre la historia reciente de nuestra poesía en una de sus voces mejores, siempre contenida, grave y profunda, de vuelo imaginativo ceñido por la palabra melodiosa y sobria y por el pensamiento sereno". Como "una cordialidad bajo el mármol de su verso caliente" la definió hace más de tres décadas Ramón de Garcilaso, "y así se ha mantenido", señala Díaz de Castro, "constante hasta hoy, marcada por la sencillez del análisis intimista iniciado en los poemas de Alba del hijo y cerrado con el desolado y ejemplar Cuaderno de San Bernardo".
Al margen de sus libros de poesía, De Luis coordinó antologías de poesía social y poesía religiosa y publicó libros de carácter ensayístico/biográfico sobre Antonio Machado, Gonzalo Morenas de Tejala, León Felipe y Vicente Aleixandre. También escribió un ensayo sobre poetas andaluces del siglo XX.
Además de los premios citados, ganó el Pedro Salinas del Ateneo de México, el Ausias March, el Francisco de Quevedo del Ayuntamiento de Madrid, el Teresa de Ávila, el León Felipe de Valores Humanos y el Internacional de Poesía Miguel Hernández, entre otros.
El pasado verano, en Santander, Leopoldo de Luis afirmó que en el mundo actual (que no dudaba en calificar como "enloquecido"), "la única palabra cuerda es la poética". El escritor siempre confesó su "naturaleza pesimista" ante la vida y la sociedad, pero afirmaba que "siempre habrá un poeta que diga una palabra de paz o libertad".
"La poesía es tan necesaria para expresar los sentimientos del hombre que lo mismo se puede hacer en las cuevas de Altamira que en las naves que se lanzan al espacio", aseguró, con motivo de su presencia en el ciclo Los martes literarios de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo.
Cuando se le preguntaba por su poética, respondía: "Para mí, la poesía es respirar por la herida". Su escepticismo, su existencialismo pesimista nunca disimularon ni disminuyeron su humanismo. Córdoba ha perdido a uno de sus poetas mayores, que hizo suya una hermosa sentencia de Camus: "Una filosofía pesimista no está reñida con una moral de coraje".
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