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Gira por lo peor de Madrid. Visita al Valle de los Caídos. Leo Bassi ofrece un peculiar recorrido por la capital a los espectadores de 'Instintos ocultos'
El Periódico de Catalunya - 23/02/2004

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Los seguidores del espectáculo de Bassi muestran nombres de diputados del PP en el Valle de los Caídos. Foto: JUAN MANUEL PRATS


LUZ SANCHIS
MADRID

Cerrar el Valle de los Caídos sale por 1.100 euros. Es lo que le cuesta fletar seis autocares al cómico italiano Leo Bassi, organizador del Viaje a lo peor de Madrid. Lo que empezó como una gira-espectáculo acabó ayer como el rosario de la aurora. Patrimonio Nacional decidió --sin explicaciones-- dar con la puerta en las narices a 340 personas para que no entrasen en la basílica del Valle de los Caídos.
Los Bassi-bus salen de la plaza de España de Madrid. Para viajar hay que ver el espectáculo Instintos ocultos, que el cómico programa en el teatro Alfil, y pagar seis euros. El recorrido se sabe una vez que el bus cierra las puertas. Megáfono en mano, y con la música de La caza del octubre rojo, el bufón anuncia la primera parada: la futura nueva sede del cuartel general de la OTAN. Después de reflexiones antibelicistas y comentar que las obras llevan un año paradas, el camino continúa.
Tras señalar varios campos de golf, universidades del Opus Dei y la casa Cristo Rey --que promete "un remanso de paz para encontrarse con Dios en ejercicios espirituales"--, la caravana se detiene en la urbanización Montealina, en Pozuelo de Alarcón. Dos vigilantes contemplan, perplejos, cómo 340 personas plantan flores artificiales en los jardines y se hacen una foto de recuerdo. A 100 metros está la casa en la que vivirá la familia Aznar cuando deje la Moncloa.
La siguiente parada es el club de golf de Majadahonda, asentado sobre una vía pecuaria. Como es ilegal romper la valla, el rebaño --todos balan cual ovejas-- se cuela por un agujero. Bassi declara solemne: "Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad". La policía local se ha sumado a la caravana desde hace varios kilómetros.
La cruz del Valle de los Caídos asoma entre nubarrones mientras suena música de Wagner y empieza a nevar. Para comer, las azafatas venden bocadillos y botellas de Mecca-Cola. La protesta consiste en sostener frente a la tumba de Franco --siempre con flores frescas-- unos folios con los nombres de los diputados del PP que votaron contra el homenaje a las víctimas del franquismo. Otra idea es preguntar a los guías dónde está el museo de las víctimas del franquismo y a qué hora da su conferencia Michael Moore. Se titularía, si existiera, La democracia no es un espectáculo deportivo.
Pero no da tiempo. Cuando el grupo está a punto de entrar, un Clio rojo irrumpe en la explanada a toda velocidad. De él se baja una funcionaria de Patrimonio Nacional gritando por su móvil un código numérico. El resultado es el cierre de las puertas de la basílica. El cartel explica que se cierra a las cinco de la tarde, pero sólo son las dos. Los vigilantes y la Guardia Civil aseguran que no hay ningún problema. Pero cierran antes y echan a los turistas que ya están dentro.
El grupo protesta en las escalinatas. Rellenan la hoja de reclamaciones para que se les devuelvan los cuatro euros de la entrada y presentan una denuncia por estafa ante la Guardia Civil. De vuelta a Madrid, alguien propone hacer turnos para cerrar para siempre el monumento.