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Los ganadores de los Premios 'Ciudad de Badajoz' reciben del alcalde sus galardones Los cantos de Javier Vela y las vivencias de Rufino Félix Javier Maqua rinde memoria al último fusilado en España
hoydigital - 25 de noviembre de 2004


Los certámenes tuvieron este año cinco adjudicatarios ya que los de Poesía y Periodismo fueron concedidos 'ex aequo'

JULIÁN LEAL J. L. . L./BADAJOZ

BADAJOZ

Los ganadores de los premios de novela, poesía y periodismo que convoca el Ayuntamiento de Badajoz, recogieron ayer de manos del alcalde sus respectivos galardones en un acto celebrado al mediodía en el salón de plenos del palacio consistorial. Los certámenes, que se fallaron a mediados del pasado mes de octubre han tenido cinco ganadores en las ediciones de este año, al haberse concedido 'ex aequo' los de poesía y periodismo.

El VIII Premio de Novela 'Ciudad de Badajoz' fue adjudicado al escritor Javier Maqua por su obra 'Fusilamientos: instrucciones de uso', sugestivo título para una narración basada en hechos reales con el último fusilado en la dictadura franquista como personaje central. Con la reproducción de Puerta de Palmas, el polifacético autor madrileño obtuvo los 18.000 euros de dotación.

La bolsa de 9.000 euros del XXIII Premio de Poesía se la reparten por mitad el también madrileño Javier Vela Sánchez, por su obra Increado, el mundo', y el emeritense Rufino Félix Morillón, autor de 'Las puertas de la sangre', ganadora 'ex aequo'.

La misma cantidad que los poetas obtienen los adjudicatarios del I Premio de Periodismo Francisco Rodríguez Arias Ciudad de Badajoz, dotado con 9.000 euros. En este caso los adjudicatarios son dos extremeños, el villanovense Diego González Pérez y el cacereño Jesús Galavís Reyes, éste por el artículo publicado en HOY el 29 de marzo con el título 'Tener papeles o no tenerlos'. Con su poemario 'Increado, el mundo', el joven y novel Javier Vela Sánchez comparte el honor del XXIII Premio de Poesía con el veterano y consagrado Rufino Félix Morillón. El creador madrileño con un conjunto de cantos a los cuatro elementos de la naturaleza y el extremeño con sus vivencias traducidas a versos.

El agua, el aire, el fuego y la tierra son utilizadas por Vela como alegorías para referirse al amor, a la muerte y a la infancia, sobre todo a la infancia, explicó. En palabras del poeta, su obra fue escrita «con un proceso muy desgarrado, muy febril, muy continuo y eso se nota en la escritura».

Su libro está constituido por sólo cuatro poemas, que se alargan lo necesario para cubrir la intención de cada tema.

El poeta, estudiante de cuarto curso de la licenciatura en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, afirma que en este poemario prima la «emoción estética» y asegura que la poesía es más de "trabajo de laboratorio que de inspiración».

En 'Las puertas de la sangre' el emeritense Rufino Félix vierte vivencias de distinto tipo. Experiencias amorosas, reencuentros y la consideración sobre el hombre como tiempo, en la que sostiene que «somos tiempo que nace herido ya y se nos da en precario», dan sustento a las tres partes de que consta. Según explicó a la hora de escribir «me nutro de la memoria que es la llama que mantiene los recuerdos».

Con su novela 'Fusilamientos, instrucciones de uso', el escritor Javier Maqua testimonia su recuerdo a un joven soldado de Paterna que en 1971 murió atravesado por las balas de un pelotón de fusilamiento. Su obra, reconoció el escritor madrileño, sigue la corriente en auge de la 'literatura de la memoria', pero ha evitado tratar cuestiones y personajes políticos, para centrarse en alguien del que pocos se acuerdan ya: el último ejecutado en España, en 1972, por un delito común.

La represión política ha sido objeto de numerosas obras y ensayos, pero como señaló Maqua, «nadie habla de la represión que sufrieron los delincuentes comunes, los raterillos, los asesinos o los borrachos, personas por lo general humilde». En su novela ha pretendido «jugar con la memoria» de un personaje cuya muerte no tuvo la trascendencia de Txiqui, Otaegui o Baena, tres de los cinco etarras ajusticiados en 1975, aunque su muerte fuera igual de dramática.

Se trata de un joven soldado, condenado a muerte como autor de dos asesinatos mientras cumplía su servicio militar, que sería ejecutado en Paterna en el año 1972. Con su obra Maqua pretende «animar a la gente joven para que recuperen la memoria de su alrededor», como hace la persona que en mi novela conoce que un vecino suyo participó en el fusilamiento y nadie supiera que había existido ese episodio.

Según explica, «de una manera bastante épica» ese joven trata de averiguar la verdad y levantar el silencio que ha pesado sobre un hecho ominoso. Maqua aseguró que todo lo que ha escrito «es real, no hay ni una sola frase que no se ajuste a la realidad».

Admitió, no obstante, que la novela se sitúa «en la frontera de la ficción, pero eso lo tiene que descubrir el lector, porque todo es cuestión de verosimilitud». Su trabajo, puntualizó, tiene mucho de investigación periodística, de forma que todos los datos que se recogen en el texto pueden ser constatados.

El interés del personaje radica en que es el último preso común fue fusilado en España. «Lo que me atrajo de esta historia y me decidió a escribirla, fue el encontrar a uno de los componentes del pelotón de fusilamiento. «Ver el rostro y escuchar las palabras de alguien que fue obligado a matar a otro. Eso me interesó muchísimo treinta años después y decidí indagar».

'Fusilamientos, instrucciones de uso' no es, advirtió el autor, ningún alegato contra la pena de muerte, sino que en el fondo tiene otro sentido. Al respecto, comentó que ha empleado el término fusilamiento en su doble acepción, como dar muerte a alguien con un arma de fuego, y también con el significado de plagio o copia de algo. «Aunque no lo parezca, también la novela también habla de esto».

Nacido en Madrid en 1945, Maqua,tiene en su haber numerosos premios de novela, teatro y también del ámbito audiovisual. Obtuvo el Nacional de Radiodifusión por el programa 'Encuentros' y el 'Ondas' por la serie de televisión 'Vivir cada día'. Es poseedor también del Café Gijón de Novela por 'La mosca sin atributo'.