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Intervención de Juan Ramón Sanz en la celebración del aniversario de la II República española
14 abril 2003 - Puerta del Sol de Madrid


Hoy para el gobierno y su delegado en Madrid son estupor y preocupación la cantidad de banderas comunistas y republicanas que ondean en las calles de esta ciudad en las movilizaciones de rechazo a la guerra, la invasión y la muerte al servicio de un sistema que tenemos más motivos que nunca para rechazar porque cobra cada día más tintes fascistas.

Ese estupor y ese miedo es la conciencia de que el horizonte republicano se acercará en la medida de la recuperación de la conciencia crítica de la gente y que hoy esa conciencia se expresa, más que ayer, en la intensificación de la movilización social.

Pero ese temor y esa preocupación no es patrimonio exclusivo de la derecha patética y feroz que nos gobierna. La ofensiva anticomunista y antirrepublicana de los intelectuales del estado de cosas que han pretendido desmitificar el compromiso comunista, antifascista y republicano de un Miguel Hernández o un Rafael Alberti en estos años de su centenario intentando reivindicar y separar el valor de su obra, su lirismo, de su valor simbólico y su compromiso, es un vano intento de consolidar la imagen de una transición perfecta, de una monarquía plenamente asentada en la opinión pública y de un escenario en el que la política se salde sólo en un bipartidismo que administre alternativamente las épocas de bonanza y de crisis del ciclo económico.

Pero más lamentable todavía es que importantes personalidades de una izquierda, que debemos seguir considerando como tal si queremos que avance una alternativa unitaria capaz de desplazar al PP y lo que representa, justifiquen las bondades de nuestra monarquía por lo peligroso que sería un presidente de la República como Aznar o infieran del silencio de la corona una crítica al gobierno del PP en su criminal aventura belicista.
Allá ellos. Para nosotr@s, para l@s comunistas y para la mayoría de l@s adscrit@s a Izquierda Unida, la consecución de la República, de un modelo de Estado que llevó a este país a las más altas cotas de modernidad, no es un problema formal. Nuestra decidida opción, incluso programática, por una República Federal y Solidaria, es un objetivo en el que cobra todo su sentido la solidaridad, la justicia y la libertad, todo lo que, es definitiva, de un modo poco articulado todavía, representa el movimiento de movimientos, más o menos conscientemente anticapitalista, pero radicalmente consciente de que otro mundo es posible.

En ese mundo el hombre será igual entre sus iguales en una república de paz perpetua si esa república se asienta en la construcción democrática del socialismo. Por eso, con más decisión que nunca, nuestra apuesta es la República Federal Solidaria y Socialista. Por eso, el papel de l@s comunistas en la defensa de la II República Española, además de la defensa de la libertad contra el fascismo, fue la defensa de una legitimidad republicana que cuestionó la estructura económica y social del país y que legisló para la mayoría del pueblo. Fue contra eso y contra el miedo a la revolución social contra lo que la oligarquía se sublevó, no contra un modelo republicano de estado en sí mismo, sino contra su enorme potencial de transformación social.

Para l@s que nos honramos de la herencia de las vidas ofrecidas por esa legitimidad republicana, del sacrificio y del tesón de tant@ camarada en la lucha contra el fascismo y por la democracia, el presente, turbio aquí y estremecedor en el mundo, no suponen tentación de añoranza estéril ni pulsión falsamente revolucionaria. Hoy nuestro reto es desplazar del poder a la derecha que se rebela en su negrura ancestral, en su aplicación implacable del darwinismo social en la defensa de sus intereses de clase plenamente coincidentes y servilmente, en su escala celtibérica, con los de la ultraderecha de los EE.UU. ¿O es que alguien puede dudar de que la posición de PP que en la criminal invasión y colonización de Irak tiene mucho más que ver con la patente de corso concedida por la oligarquía financiera de EE.UU e Inglaterra para la penetración capitalista del BSCH, del BBVA, de Repsol y de Telefónica en América Latina, que con los posibles beneficios que para el capìtalismo español vaya a suponer la reconstrucción de país martirizado?

Como dice un verso de Antonio Gamoneda: 'ahora vendrán los días de las grandes milongas'. Los días de las ejemplares reconstrucciones quirúrgicas de los mutilados cuerpos de los niños iraquíes y del crecimiento de la tibieza, de las razones de Estado de quienes, probablemente, se sientan ya futuros responsables de administrar la obscena reconstrucción de Irak pensando en los intereses españoles. Para nosotr@s vienen los días de mantener la tensión sobre las inmensas responsabilidades del Partido Popular, de seguir exigiendo que se apliquen a este gobierno el Código Penal vigente y de que se sienten en La Haya, de luchar por la retirada del ejército de la coalición, por la exclusiva soberanía del pueblo iraquí respecto a su destino y para evitar que la próxima víctima de la escalada de vesánico designio sea el pueblo sirio.

Todos los días en la calle hasta aplacar a la fiera y el próximo 25 de mayo una derrota histórica de la derecha que pueda ser preludio que afiance mañana una España republicana en la construcción democrática del socialismo, situando a la mujer y al hombre en el centro de todo, porque están amenazadas muchas de la libertades que con tanto esfuerzo rescatamos, porque peligra la propia calidad de la democracia participativa en su verdadera dimensión, la que sitúa la competencia de la gente en las decisiones sobre el reparto de las plusvalías, que siempre proceden del trabajo, hacia una colectividad justa y solidaria.

Hoy a los numerosos conflictos derivados de la creciente agresividad de las políticas del PP frente a la clase se suma la repulsa generalizada a su colaboración con el imperio del mal. Por eso, con todo nuestro compromiso, debemos seguir impulsando la movilización social que haga posible el éxito de una nueva huelga general con un alto contenido político como esfuerzo unitario de la izquierda política, sindical y social para derrotar definitivamente a la derecha y establecer las condiciones de las transformaciones sociales hacia un escenario en que sea posible una República de derechos sociales, aquí y en Europa, de pueblos solidarios; una República en que las peculiaridades, las diferencias y los ámbitos de soberanía sean factores de equilibrio, de dignidad y de humanidad en toda su dimensión; una República de derechos realizados en la igualdad, en la que la marginación, la injusticia y la violencia sean malos sueños del pasado.

Este siglo que comienza amenazado por la brutal hegemonía de lo viejo, de la dominación capitalista, también comienza con la esperanza en la vigencia de los viejos valores republicanos de la vieja Europa, con la presencia en las calles de millones de trabajadores y trabajadoras, jóvenes y menos jóvenes, que, condenando la guerra y a quienes la hacen y la apoyan, están condenando, al mismo tiempo, a quienes hacen del trabajo un privilegio, una concesión, y de la justicia un albur. Jóvenes y menos jóvenes debemos hacer la síntesis entre los valores del movimiento obrero de los últimos ciento cincuenta años y el creativo estremecimiento de la nueva contestación para que esta tierra y este mundo sean esa República de ciudadanos y ciudadanas, de justicia y de paz.

Aquí seguimos y seguiremos, con más trabajo, con más razones que nunca, comunistas y republicanos, con nuestras banderas, nuestras ideas y nuestra voluntad de construir con el conjunto de la izquierda una alternativa a la barbarie.

Salud y República.

Juan Ramón Sanz
Sec. Gral. del PCM