Artículos y Documentos

Mª Dolores Muñoz, un testimonio vivo para la memoria histórica
Diario de Cádiz - 12/06/2005

http://www.diariodecadiz.com/diariodecadiz/articulo.asp?idart=1425798&idcat=726


En su casa. María Dolores Muñoz Pérez, con su hijo Julio, en su domicilio gaditano. kiki


REPORTAJE EMILIO LÓPEZ

Cádiz. "Ningún acto criminal, ni deshonroso, he cometido que manche mi nombre, el de mis hijos y el que tú llevas", dice la carta que Manuel Muñoz Martínez escribió a su esposa, la gaditana María Dolores Pérez Martín-Arroyo, el 30 de noviembre de 1942, la víspera de su fusilamiento en Madrid, y que su hija María Dolores Muñoz Pérez conserva como oro en paño.

Va a cumplir 80 años, su salud no es buena, ha perdido el sentido del oído, "entre las muchas cosas que la vida me ha ido negando", y vive rodeada de recuerdos, junto con su hijo Julio Esteban Muñoz y varios perros de compañía.

Con una nitidez extraordinaria recuerda como a partir del 18 de julio de 1936 se transformó la vida de toda su familia, la de su madre, la de sus hermanos, la de sus abuelos, la de sus tíos, hasta un total de ocho personas, "con el añadido de la pérdida dolorosísima de mi hermano Manolo, que murió a los 16 años de tuberculosis pulmonar después haber estado en la cárcel durante o­nce meses como rehén de guerra, al igual que todos nosotros".

Su familia, su madre y los tres hermanos, vivía en el número 14 de la calle Ancha. Su padre, militar de carrera, se había retirado por la Ley Azaña, pertenecía a Izquierda Republicana y era diputado a Cortes por Cádiz, por lo que pasaba la mayor parte del tiempo en Madrid, "residía en el Hotel Florida, en la plaza de Callao".

El 18 de julio de 1936 su abuelo, Agustín Muñoz, que había sido juez municipal de Chiclana, se encontraba en el Gobierno Civil cuando fue asediado por los sublevados y durante una tregua, "Mariano Zapico, el gobernador civil, le encargó que sacase del edificio a su familia y a una hija del general Hernández Sarabia, Eloísa, que veraneaba con ellos, y las acompañase hasta la casa de José de Corripio, que era amigo suyo".

Fiel a su singular memoria, que dice que le impide borrar esos recuerdos pese al paso del tiempo, "porque están dentro de mi cabeza y de mi corazón como grabados a buril", señala que dos días después los detuvieron, pasaron primero por la cárcel de Cádiz y luego fueron conducidos a la provincial de Sevilla.

Muchos meses más tarde los llevaron a La Línea, donde embarcaron en un barco inglés que los trasladó hasta el puerto valenciano del Grao, donde no llegaron a atracar, y allí los canjearon por una hermana del general Gonzalo Queipo de Llano y los hijos de los marqueses de Larios.

El Gobierno de la República ya había abandonado Madrid y estaba en Valencia, lo que hizo que su padre acudiese a esperarlos tras el canje. "Allí se enteró de que mi hermano Mané había muerto, sin que mi madre pudiera atenderlo, porque estaba también en la cárcel, un inocente que no merecía esa muerte injusta", cuenta con lágrimas en los ojos.

María Dolores, la única superviviente de los Muñoz a los que les tocó vivir aquellos años que han marcado su vida, recuerda que de Valencia pasaron a Barcelona y de la Ciudad Condal a Francia, "donde la situación llegó a hacerse insostenible, hasta los campos de concentración estaban repletos, y no nos quedó otro remedio que plantearnos volver a España en el año 40". Allí quedó su padre.

A ese respecto afirma convencida de que Manuel Muñoz, su padre, nunca debió aceptar "que lo nombraran director general de Seguridad en los peores momentos, por eso lo responsabilizaron de aquel desmadre popular, como consecuencia de una vida nada gratificante".

Su padre fue entregado más tarde al Gobierno de Franco y fusilado el 1 de diciembre de 1942. "Nosotros, después de la experiencia cruel de una guerra incivil, al igual que tantos y tantos españoles, sufrimos la represión posterior. Mi hermano Agustín y yo pasamos por sendos reformatorios y luego hemos estado aislados de la sociedad, rechazados injustamente durante muchos años, porque la humanidad es así, tanto tienes, tanto vales".

Añade que "la izquierda nos ignoró por miedo, que hace claudicar a los personas", y cita al alcalde gaditano Jerónimo Almagro entre los que los ayudaron, "fue como un hermano, por su cariño y amistad, aunque era de derechas".

Y también a otro alcalde, su primo Agustín Herrero Muñoz, militar y regidor del Ayuntamiento de Chiclana en distintas épocas, que les allanó el camino en su regreso a España y fue su padrino de boda cuando contrajo matrimonio en 1957.

María Dolores Muñoz ha tenido tres hijos, Julio y dos hijas, que le han traído la ilusión con los nietos, pero afirma que vive más el pasado que el presente, retirada de todo acontecimiento social.

"Me hubiera gustado escribir la larga y triste historia de mi vida, jalonada de acontecimientos muy curiosos, y que pesa en mi ánimo como loza de plomo, pero he tenido que ejercer de ama de casa", apunta.

Asegura que está vacunada contra la política, "que es un veneno peligroso, que me ha hecho sufrir mucho, y que se ha convertido en un instrumento para medrar".

Cuando su hijo la convence para que se fotografíe con él sentencia que "es muy sencillo contar todo esto, pero muy duro vivirlo".

Con la venia de Alicia y su libro 'El verano que trajo un largo invierno'

Fue a mediados de abril cuando la historiadora Alicia Domínguez Pérez presentó en la Diputación su libro El verano que trajo un largo invierno, sobre la represión político-social durante el primer franquismo en Cádiz (1936-1945), que incluye la relación de 13.458 gaditanos que fueron represaliados.

Por aquellas fechas, en su columna Con la venia de cada viernes, Fernando Santiago aludía a la publicación y entre los nombres de aquellas víctimas de la sin razón citaba el de Manuel Muñoz Martínez.

Pasó casi un mes hasta que su hija María Dolores le envió una carta al Diario en la que aludía a su padre, le ofrecía su amistad y le mostraba su deseo de conocerlo personalmente.

La verdad es que después de haber tenido la oportunidad de acompañar a Fernando en su visita a la única superviviente de los Muñoz es imposible no contarlo, aunque el caso merezca como mínimo otro libro.