Negros nubarrones "sociatas" amenazan la unidad de la patria. Los negros presagios del PP comienzan a convertirse en realidad. El Gobierno inicia en Salamanca la desintegración de España.
Belén Meneses - 21.04.2005
http://www.esfazil.com/kaos/noticia.php?id_noticia=9245
El desmantelamiento de España tantas veces profetizado por el PP ha comenzado en Salamanca con el próximo traslado de parte de su Archivo a la Catalunya infiel.
La ira desatada en la ciudad castellana, más que responder a una reacción espontánea de sus habitantes, ha sido provocada y alentada por los intrépidos dirigentes del Partido Popular, que tal como nos tienen acostumbrados, se han recubierto con la bandera del rancio nacionalismo español y han convertido el Archivo en su símbolo de identidad nacional, incitando a todos los salmantinos de bien a defender su unidad hasta derramar la última gota de su sangre española.
El impetuoso alcalde convertido en el Cid Campeador de la gloriosa causa salmantina, se apresuró a amurallar el archivo amenazado nada más conocer la disposición del Gobierno de hacer efectivo el dictamen de la comisión de expertos, que consideró "justas y legítimas" las demandas de la Generalitat catalana de recuperar los documentos incautados por el ejército franquista. Con la convicción de quien se siente designado por la Historia para preservar el honor del pueblo salmantino, el aguerrido regidor municipal aseguraba, en un preocupante arrebato de talante democrático, que de Salamanca “no saldrá ningún papel lo diga quien lo diga". Al enemigo ni agua, faltaría más. Una vez abierta la veda de los disparates dialécticos, no existe dirigente popular que se precie que no salga a la palestra a defender, con la elocuencia acostumbrada, lo que consideran una grave ofensa contra la dignidad nacional. Desde el presidente de Castilla-León, empleando calificativos ofensivos para desacreditar a los especialistas que fallaron a favor de la restitución de los papeles a su propietario original, hasta el moderado Rajoy desplegando su paradójica percepción de la Historia, donde el humillado no es quien sufrió el expolio sino el que se ve obligado a devolver lo robado a su legítimo dueño. Con una destreza fuera de toda duda, convierten una justa decisión administrativa en un drama de carácter nacional, en un virulento enfrentamiento entre España y Catalunya.
Que en el Archivo salmantino permanecerán copias digitalizadas de todos los documentos restituidos carece de importancia. Que la Generalitat trasladará a Salamanca cuantiosa documentación sobre la Guerra Cívil procedente de su Arxiu Nacional es intrascendente. Que la ciudad castellana acogerá un Centro Documental de la Memoria Histórica tampoco es suficiente para mitigar la “humillación a Salamanca" denunciada por el único partido acreditado para preservar la unidad de España.
Quizás lo más conveniente para los fines electoralistas del PP sea continuar con su política de divide y vencerás que iniciaron en la pasada legislatura, alimentando las fobias y las manías de unos contra otros. Incitar a la población de Salamanca al levantamiento popular para defender numantinamente los legajos que consideran de su propiedad es su contribución a la concordia nacional. La táctica perfecta para arrinconar la hostilidad y la confrontación entre comunidades. El retorno de los documentos confiscados a la Generalitat catalana constituye un acto de justicia, la restitución (después de treinta años de la muerte de Franco) de un material incautado ilegalmente que fue utilizado con fines represivos es acertada. Los documentos depositados en Salamanca, cuya devolución constituye una ofensa al orgullo patrio y un desafío de los antipatriotas a los verdaderos españoles, sirvieron al régimen dictatorial para confeccionar listas negras, fusilar, perseguir y encarcelar a todo sospechoso de rojerío en cualquiera de sus variantes.
Los que defendemos la legalidad, perseguimos la justicia, y aspiramos a ver restablecido el honor y la dignidad de todas las víctimas del franquismo, aplaudimos la razonable decisión del Gobierno socialista y censuramos el contumaz proceder del Partido Popular. Sin embargo, si reconsideramos la situación bajo la perspectiva de los descendientes de los adeptos al régimen franquista, no debería sorprendernos que entiendan que ellos no ganaron una guerra para que ahora vengan esos “rojos" radicales a retornar el botín conquistado al enemigo. Pura cuestión de coherencia.
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