Memoria, cultura política y simbología: las herencias del franquismo
Sergio GÁLVEZ BIESCA - (Resp. Historia de la Comisión Federal del Foro por la Memoria) - madrid noviembre 2004
sergiogalvez_biesca@yahoo.es
Publicado en:
Calle Roja, nº. 3, noviembre-diciembre
(2004)
Organo de expresión de Jóvenes de IU-Latina
(www.jovenesdeiulatina.org)
En diciembre de 2000 tras cumplirse un cuarto de siglo de la muerte del dictador
Francisco Franco el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) llevó a cabo
un interesante estudio titulado “25 años después", que nos aportan algunas
de las líneas maestras de la cultura política de los españoles. A la pregunta Pensando en la historia reciente de España, ¿cree UD que en la sociedad española actual...?, se obtuvieron las siguientes contestaciones: a) Ya se han olvidado las divisiones y rencores que en el pasado creó la guerra civil (42,7%); b) Aunque se hayan olvidado las divisiones y rencores del pasado, todavía se nota la huella profunda que ha dejado la época de Franco (66,9%); c) En general, la forma de ser y de pensar de la gente tiene que ver muy poco con el pasado (72,4%).
Estas respuestas, nos ofrecen un termómetro adecuado, para interpretar lavisión de lejanía generalizada con el franquismo, aunque su percepción
sigua constituyendo un poderoso recuerdo para una considerable parte de la
sociedad[i].
Si bien es cierto que en la memoria de los españoles la dictadura franquista,
que “supuso la gran excepcionalidad de la Historia de España"[ii],
sigue estando más que presente, lo que cabe cuestionarse es de que tipo de memoria estamos hablando. Continuando con la encuesta,hay un par de datos reveladores. En primer término,
parece como si la transición, solo hubiera sido posible por la labor
de la monarquía representada por Juan Carlos I (que recoge la más alta valoración), y por los reconvertidos franquistas a demócratas, en clara contraposición con el movimiento obrero y la labor de oposición anti-franquista realizados principalmente por el PCE, que a la par de los resultados pareciera ser que jugaran un papel secundario. Aunque sin duda el dato menos revelador a día
de hoy,es que para el 86,1% de los entrevistados la transición constituye
un motivo de orgullo. Cuestión poco sorprende tras tantos años de propaganda institucional, y de pretender heroificar un modelo para consumo ya no sólo interno, sino también diseñado para su exportación.
La cuestión con ser preocupante no termina aquí. Cinco años antes otro estudio
del CIS titulado: “Transición y democracia", revelaba dos aspectos claves[iii]. Se pregunta en el citado estudio: “Con la perspectiva de los años, ¿cómo cree UD. que pasará a la historia el régimen de Franco?; Como un periodo positivo para España (11%); Como un período negativo para España (34%); Como una etapa que tuvo cosas buenas y malas (49%).
A continuación se interrogaba sobre sí “ya se han olvidado las divisiones y rencores que el pasado creó la guerra civil":
Si: (48%); No: (42); NS/NC (10). Tratemos a partir de estos datos, de señalar algunas notas críticas sobre las herencias del franquismo en la cultura política y la memoria histórica en la sociedad española.
Buen punto de partida nos brinda las últimas reflexiones realizadas por el profesor Santos Juliá, referidas a rechazar la idea difundida de que tras la transición,
se produjo una especie de amnesia generalizada en toda la sociedad.
La constatación más palpable para desmentir este extremo, está, tal como ha señalado el profesor, en el número de libros, de revistas y debates suscitados sobre la represión franquista en aquellos años. Más como se ha señalado si bien en aquellos años hubo un profundo deseo de conocer lo que había sucedido, en aquella primera oleada de recuperación de la memoria histórica, faltó el reconocimiento político, jurídico, social e histórico
a los luchadores por la democracia (que no víctimas tal como ha indicado
el profesor de la UNED). Así pues y con una perspectiva lo suficientemente amplía,
se debe hacer un balance de las consecuencias del no reconocimiento. Si se observa atentamente los datos expuestos, el recuerdo del franquismo sigue dividiendo casi al 50% a una sociedad con respecto a la imagen y el relato transmitido de la dictadura franquista.
Lejos de visiones maniqueas, que a nada conducen, el resultado ha sido una
cultura política heredada, ya a un nivel intergeneracional, donde las consecuencias pasadas y presentes de la dictadura, siguen ostentando una poderosa atracción a la hora de plantear todo tipo de opiniones. Entre las razones que pueden argumentarse para que una parte de la sociedad considere totalmente al franquismo como algo olvidado e incluso como la evolución
inevitable de nuestra esencia histórica, que a la larga tuvo sus cosas
buenas y malas, no puede dejar de ser resultado de la imposición de un relato histórico
atemporal, que con demasiada frecuencia se escuchan en los mass-media. El revisionismo histórico ofrecido por buena parte de los guardianes de la historia han
conseguido en cierta parte sus propósitos, al transmitir una imagen falsa, de cómo la dictadura ni fue tan dura ni cruel, e incluso en su última periodo (y por favor evitemos hablar del tardo franquismo como etapa diferenciada, ya que el periodo debe ser evaluado en su conjunto) tuvo una cierta apertura y una relajación de la represión. Asimismo ha de tenerse en cuenta el gran porcentaje de población que se considera conservadora,y que en número no desdeñable de casos sigue añorando al régimen.
Desmintiendo la imagen dominante transmitida, lo cierto es que para una gran
parte de la sociedad actual la huella del franquismo sigue estando más viva que nunca, especialmente a partir del último
lustro del siglo pasado, donde tras la ruptura del pacto de silencio, la dictadura ysus terribles consecuencias son temas a debate. Dicho sea de paso, demasiados son los recuerdos de ese periodo, para que a pesar de la amnesia sufrida,
se pueda olvidar tanto sufrimiento y crueldad, y es quizás la simbología franquista, más allá de ser una cuestión meramente estética, la que nos acerca a ese pasado, y que representa el ejemplo de cómo los eternos perdedores fueron
doblemente asesinados. Físicamente por la dictadura e intelectualmente por
la democracia.
Tal como ha denunciado recientemente en su último libro el profesor Pere Ysás,
a pesar de la imagen que los apologistas neofranquistas siguen transmitiendo
de la dictadura como un periodo de paz social, y que permitió morir tranquilamente a Franco en la cama, la realidad es mucho más
compleja y reveladora. En el sentido, en que la lucha de la subversión (oposición) democrática a la dictadura, además de ser extremadamente plural en sus formas y actuaciones, crearon las condiciones necesarias no sólo para el fin de la misma, sino para que la memoria democrática, social y de izquierdas de este país siga teniendo un eco y unas reivindicaciones aún
pendientes, y que nos indican quienes fueron los verdaderos protagonistas. [iv]
Tras casi tres décadas del final del franquismo, el modelo canónico e ideal de transición de la dictadura a la democracia (1972-1986) trasmitido e impuesto, tanto institucionalmente como por los grandes académicos,con sus protagonistas (héroes), sus pasos decisivosy su propaganda (mitos) comienzan a estar seriamente cuestionado.Como acertadamente ha señalado el profesor Páges
la imagen de transición modélica no “resistiría un mínimo análisis histórico"[v],
lo que nos lleva a su vez a plantearnos críticamente la funcionalidad política
del pacto de silencio con los consiguientes déficits democráticos que la edulcorada transición nos ha dejado en herencia.
La clave del asunto reside en que nos encontramos en un punto de inflexión. Pasados los añosdel silencio y de la omisión deliberada de la clase política del país sobre el pasado del franquismo (lo que no significa que en lo que se conoce como el periodo de la consolidación dela democracia (1982-1992/96), no se llevarán ya actuaciones importantes en estesentido), desde hace ya casi un lustro dos movimientos de naturaleza diferente (el político-social y el historiográfico), pero con objetivos comunes han confluido en una serie de cuestiones (que han completado una primera e importante etapa). Por un lado en la necesidad de recuperar la memoria y la historia de los vencidos en la Guerra Civil y el franquismo; y en segundo lugar sus esfuerzos se han centrado en demostrar jurídica, física e históricamente, la elaboración, la planificación y ejecución de una política de exterminio del adversario político,
que a la luz de las tesis planteadas pudiera denominarse genocidio. [vi]
En lo que se ha conocido como el proceso de la recuperación de la memoria histórica, y
añadiríamos, democrática, ha generado a su vez una virulenta reacción en la derecha política, económica y religiosa del país. Como baremo de la contestación política a este proceso cabe destacar la aparición de obras propagandísticas como la de Pió Moa[vii],
con toda una estrategia de marketing que cuenta con los principales publicistas
neofranquistas y medios de comunicación liberales y conservadores;la necesidad irrevocable de recordar las causas que condujeron a la Guerra Civil mencionadas
por el propio Aceves o Fraga durante el último Congreso del PP son buena muestra de lo que aquí queremos plantear; o la resistencia enconada en condenar al franquismo oimpedir a través de diversos legalismos que la simbología franquista que infesta ciudades y pueblos del país desaparezca de una vez por todas. Todas estas cuestiones, no hacen sino confirmar la tesis extendida por politólogos e historiadores, que la derecha española en su largo recorrido aún le faltan muchas estaciones para llegar a denominarse y considerarse democrática,
y dado la prolijidad de algunas declaraciones pareciera ser que el pacto de sangre que
firmara la derecha el 18 de julio de 1936 les siguiera uniendo con un pasado
no tan lejano. Que les lleva incluso a cuestionarse la falsa legitimidad de
la que se invistió el complot militar de la derecha golpista que terminó con la II República.
La simbología franquista, es entre otras, una de las herencias del franquismo más lamentables que aún se conservan, y cuyo significado para la clase política parece tener un carácter secundario, cuando no se producen reafirmaciones ahistóricas
sobre la necesidad de conservarlas por parte de la derecha e incluso de algunos
sectores investidos de ropajes progresistas[viii].
El caso concreto de Aluche es paradigmático de lo que aquí queremos explicar[ix].
Millán Astray, el General Fanjul o Carlos Arias Navarro son tres de los nombres que dan lugar a otras tantas calles o parqués
del barrio del sur de Madrid.
Empecemos con este último, porque la paradoja es tremenda. El parque dedicado al Alcalde de Madrid Arias Navarro, supone la constatación de que cumplidos los servicios al sistema, esté suele ser agradecido y lo recompensa de diversas formas. Dos son los principales méritos de este individuo. El primero nos lleva a los aspectos más tenebrosos de la Guerra Civil, con la entrada de las tropas fascistas españolas e italianas en la ciudad de Málaga en marzo de 1937, donde se desató junto con la ciudad de Badajoz, una de las mayores matanzas indiscriminadas durante la contienda. Al frente se encontraba un joven fiscal militar, que sería
conocido como el “El carnicero de Málaga". Las ejecuciones sumarias,
y otras barbaridades difíciles de describir, que dirigió directamente Carlos Arias, llevaron hasta que personajes poco sospechosos, como Roatta o Faldella u otros oficiales italianos, se conmocionaran y pidieran cierta moderación
en las represalias, ante la brutalidad que desfilaba por sus ojos[x].
El segundo gran mérito de este individuo, aparte de su desastrosa Alcaldía, está en
pertenecer a lo que se conociera como el “bunker franquista" en los últimos momentos de la dictadura y de desatar la última oleada de represión cuando ostentará el cargo de presidente de Gobierno, que tendría entre otras víctimas
al joven anarquista SalvadorPuig Antich[xi].
El sin sentido llega cuando en ese mismo parque se celebra cada año, a la sombra de un joven árbol, el aniversario de la Constitución,
para gran bombo y disfrute de autoridades y ciudadanos.
El caso del General Fanjul, cuya gran Avenida es uno de los ejes de comunicación del barrio de Aluche, es otro interesante ejemplo. Su trayectoria biográfica es bastante más corta, pero cargada de acontecimientos. Conspirador golpista durante buena parte de la República, estuvo en contacto directo con Mola y otros generales de cara al Golpe de Estado de 1936. Encargado de sacar las tropas en Madrid el día 19 de julio, cometió el error o la osadía de ir tranquilamente al Cuartel de la Montaña para asumir el mando, y dado la situación revolucionaria en la capital, decidió esperar a los refuerzos procedentes de Burgos y Valladolid. Tras el asalto del Cuartel de la Moncada por milicianos, fue arrestado y trasladado a la cárcel Modelo donde el 15 de agosto sería sentenciado a muerte, junto con su compañero Fernández
de la Quintana[xii].
Por último el caso de Millán Astray cuya calle es otra importante vía de comunicación del mencionado barrio, ejemplifica el esperpento más tremebundo que uno se puede imaginar. Entre su currículo figura la creación de la Legión (símbolo de la España medieval y fascista que el régimen de Franco trato de encarnar especialmente en su primera etapa), y un conjunto de aportaciones personales a la ejecución del genocidio franquista. Además de dirigir la Oficina de Prensa y Propaganda del ejército nacional durante
buena parte de la contienda, protagonizó uno de los acontecimientos más conocidos. Nos referimos a los sucesos del 12 de octubre de 1936 en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca, en conmemoración del día de la hispanidad, bautizado para la ocasión
como el día de la raza, en donde el mutilado militartras un áspero enfrentamiento con Miguel Unamuno en razón de su cargo de rector de la mencionada universidad, proferiría
su conocido grito de “Viva la muerte, muera la inteligencia", que como
ha señalado el profesor Alberto Reig lejos de los mitos creados entorno a tal suceso, supuso la ejemplificación más
clara del enfrentamiento entre la cultura y el fascismo emergente[xiii].
Que personajes que participaron en la política de exterminio del franquismo,
sigan dando nombre a decenas de calles, avenidas, parqués, centros culturales, es una de las constataciones más evidentes que la Guerra Civil y el franquismo, lejos de convertirse en materia de estudio de historiadores e investigadores, sigue siendo un tema abierto que rebasa ostensiblemente las fronteras historiográficas,y que su vez cuestiona seriamente las bases democráticas del país, además
del falso argumento de la reconciliación nacional. En un momento en
que el Gobierno socialista a través de la puesta en práctica de su compromiso
electoral ha aprobado el Real Decreto 1891/2004 con el que se crea la Comisión Interministerial para el estudio de la situación de las víctimas de la guerra civil y del franquismo[xiv],
es una buena oportunidad para la eliminación de dicha simbología, aunque a buen seguro (y esperamos equivocarnos) no logre sus objetivos. El hecho de querer terminar los trabajos en un solo mes, y destinar la ridícula
cifra de 5 millones de euros[xv], es muestra palpable que el RD, a pesar de las buenas intenciones, no puede ocultar a su vez una intencionalidad política de
querer poner fin a las heridas aún abiertas por la Guerra Civil,con los menores costes políticos posibles. Con ello se conseguiría cerrar nuevamente la cuestión en falso y perpetuar un tema en el que en pocos años no habrá testimonios
vivos del genocidio.
El segundo problema de la simbología del franquismo, y he aquí cuando los conocimientos de la historia se muestran irrefutables, está en
que las generaciones necesitan conocer y saber su historia, y en fin tener
su memoria como comunidad. Cuando han trascurrido casi setenta años del inicio de la Guerra Civil, se han sucedido más de tres generaciones de españoles, sin conocer ni poder tener acceso a una parte fundamental y sistemáticamente ocultada de su historia, en este sentido el recuerdo permanente de los vencedores a través de la simbología franquista es una palpable muestra de que el asunto lejos de normalizarse, sigue dividiendo a una considerable parte de la sociedad. Se imagina el lector, a las afueras de Berlín algún monumento de conmemoración de Hitler del tamaño del Valle de los Caídos.
En resumen, en el complejo proceso de la recuperación de la memoria histórica,
la eliminación de la simbología franquista de nuestras calles se convierte en requisito imprescindible si se pretende fomentar una verdadera cultura democrática, en donde de una vez por todas las disputas históricas se decidan en los ámbitos que le son correspondientes. Pero mientras que la derecha se siga apresada de viejos miedos y fantasmas del pasado, y no se lleve adelante una verdadera actuación institucional de reconocimiento jurídico, histórico, social, económico en lo que respecta a la dignidad y los derechos humanos de los luchadores por la democracia, lo cierto es que tendremos que seguir viendo en calles y paseando por los parques que dan nombre a los genocidas españoles del siglo XX para vergüenza
de propios y ajenos.
Madrid, noviembre de 2004
[i] CIS. Estudio 2401, “25 años después", diciembre 2000.
[ii] Casanova,
Julián, “Una dictadura de cuarenta años" en Casanova, J., (Coord.), Morir, matar, sobrevivir.
Barcelona, Crítica, 2002. Véase en la citada obra una definición global de la estrategia de terror del franquismo, así como última revisión en cuanto al número de víctimas de la dictadura. Sobre la configuración de la memoria histórica de la Guerra Civil véase
la imprescindible obra de Aguilar, Paloma, Memoria y olvido de la Guerra Civil
española. Madrid, Alianza, 1996. Un estado de la cuestión sobre las últimas publicaciones referidas a la represión franquista en Avilés, Elisa & Gálvez, Sergio (2003), “La recuperación de la memoria histórica y la labor de los historiadores. Informe histórico" en Foro por la Memoria, Manualde
actuación para recuperar la memoria histórica. Protocolo de actuaciones, Madrid, 2003 (www.nodo50.org/foroporlamemoria ).
[iii] CIS. Estudio 2201. Diciembre de 1995.
[iv] Ysás,
Pere, Disidencia y subversión. La lucha del régimen franquista por su supervivencia,
1960-1975. Barcelona, Crítica, 2004.
[v] Declaraciones
del profesor Páges en el Congreso celebrado en Valencia bajo el título de Memoria
de la Transición, noticia recogida en Levante. El Mercantil Valenciano,
26/X/2004 (edición digital).
[vi] Sobre
este proceso véase Gálvez, Sergio, “Entre la recuperación de la dignidad y la normalización historiográfica: el papel de los historiadores y el Foro por la Memoria" en Dez•eme. Revista de Historia e Ciencias Sociais da Fundación
10 de marzo, (aparecer en noviembre de 2004). Publicado también en la web
del Foro por la Memoria (www.pce.foroporlamemoria.es)
[vii] Nos referimos evidentemente a la obraLos mitos de la Guerra Civil.
Madrid, La Esfera de los Libros, 2003, y la acepción propagandista la empleamos tal como lo ha utilizado acertadamente el siempre ecuánime
Enrique Moradiellos, 1936. Los mitos de la Guerra Civil. Barcelona, Península, 2004. No obstante recomendamos la contundente y sagaz crítica de Reig Tapia, Alberto, “Ideología e Historia. Quousque tandem, Pío Moa?" en Sistema nº.
177 (2003).
[viii] Una
visión general y lúcida de la simbología franquista en Madrid, especialmente en lo referido a la toponímia en Devesa, Andrés, “Madrid y elCallejero de la Vergüenza" en
la pagina web de Unidad Cívica por la República, junio 2004. (http://www.nodo50.org/unidadcivicaporlarepublica/opinion2/madrid%20verguenza%20callejero.htm)
[ix] No
obstante sobre el callejero de la vergüenza existente varias páginas que dan amplia cobertura a tal fenómeno
(www.pce.foroporlamemoria.es).
[x] Preston, Paul, Franco.
Caudillo de España, Barcelona, DeBols!llo, 2004, pág. 257.
[xi] Sobre
la figura de Carlos Arias Navarro véase entre otros muchos títulos: Tusell, Javier & Queipo
De Llano, Genoveva, G., Tiempo de incertidumbre. Carlos Arias Navarro entre
el franquismo y la Transición (1973-1976). Barcelona, Crítica, 2003. De igual forma sigue siendo imprescindible la consulta de dos obras generales, que de diferentes signos ideológicos e historiográficos, han aportado dos visiones extremadamente nítidas de cómo se fraguó y se llevó adelante
la reforma pactista de la transición: Aróstegui, Julio, La Transición
(1975-1982). Madrid, Acento, 2000 y Powell, Charles, España
en democracia, 1975-2000. Barcelona, Plaza & Janes, 2002.
[xii] Para
el conocimiento del General Fanjul solo se dispone de un estudio bastante incompleto,
sesgado y que sin duda debería ser ampliamente enmendado: García Venero,Maximiano, El General Fanjul: Madrid en el alzamiento nacional. Madrid, Ediciones CID, 1967.
[xiii] Sobre
la figura y semblanzas de este personaje véase en primer término la reconstrucción
del enfrentamiento con Unamuno en la obra de Reig Tapia, Alberto, Memoria de la Guerra Civil. Los mitos de la tribu,
Madrid, Alianza, 1999; y en dos obras de desigual calidad, en primer término la controvertida biografía de Togores Sánchez,
Luis Eugenio, Millán Astray: Legionario. Madrid, La Esfera de los Libros, 2003; y el completo estudio de Preston, Paul, Las
tres Españas. Barcelona, Plaza & Janés, 1998.
[xiv] Real Decreto 1891/2004, de 10 de septiembre (http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/rd1891-2004.html#a1)
Un análisis crítico en S. Gálvez (2004).
[xv] Noticia aparecida en EL PAIS, 2/XI/2004.
|