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Memoria amarga de un socialista. Ángel Muñoz fue uno de los fundadores de las Juventudes Socialistas de Castejón en el año 1933
noticiasdenavarra.com - 21 mar. 2004

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NIEVES ARIGITA - Castejón

MALDITO, maldito ese año". Esta frase llena de amargura, dicha entre dientes y en voz muy baja, es la primera reacción de Ángel Muñoz ante un libro que enumera uno por uno los nombres de los fusilados en Navarra durante la Guerra Civil. Páginas de terror, de historias sobre una época de conflicto que acabó con la vida de muchos y con los proyectos y los sueños de jóvenes que, como este castejonero de 87 años, de prodigiosa memoria y vitalidad casi adolescente, tuvieron que hacer un punto y aparte en sus ilusiones para huir y salvar el pellejo porque en el corazón llevaban escritas las palabras justicia social. "Teníamos 18 años, éramos un grupo de jóvenes simpatizantes, todavía no podíamos ingresar en la agrupación, y decidimos formar las juventudes socialistas porque el pueblo estaba muerto, había que hablar de los problemas de Castejón, sacarlo del olvido del mundo porque era como un corral", recuerda Muñoz recuperando el empuje que en aquel tiempo les movía como una riada llevando actividades culturales por los rincones de la Ribera.

Corría el año 1933 y aquellos chavales cuyas raíces iban afianzándose en los ideales tantas veces escuchados en los mítines que los compañeros de la imberbe Federación Socialista Navarra, recorrían la comarca con su cuadro artístico de teatro, llevando a escena obras sociales (como aquella titulada Errores que redimen y que acabó sus días hecha cenizas en la hoguera de los fascistas). "Todo lo que recaudábamos era para los presos políticos y para las familias más necesitadas del pueblo; la gente nos lo agradecía, pero no hay que agradecer nada, nosotros decíamos: hay que trabajar, todo el mundo, arrimar el hombro para que esa gente vaya pasando la semana, el mes o lo que sea, dice golpeando la mesa con el puño".

Y se esforzaron. En el instante que afirma que fueron "tres años de inquietudes", su rostro se ilumina.


Salvar la vida


Cuando Ángel Sanz oyó como a través de Radio Madrid, la Pasionaria pedía con desesperación a los españoles "que salieran a la calle con tenedores, con palos, con lo que haga falta porque más vale morir de pie que vivir de rodillas", supo que la historia había dado un giro imparable y, ahora, 68 años después masculla "qué razón tenía, hemos vivido 40 años fatal. Yo marché inmediatamente y estuve por las Bardenas, viendo grupos de cuatro, de seis, de ocho personas que corrían por allí, todos corríamos sin saber hacia donde, el caso era huir".

De aquellos dos días eternos por los campos y los barrancos, Muñoz no borra la imagen de dos hermanos gemelos muertos por las balas franquistas. Dos claveles que allá en las Bardenas nacieron, se regaron con gotas de sangre, dos claveles que allá en las Bardenas nacieron, ni el amor de un cariño bastaron, murieron, ni el calor que les dieron de madre. Con esta letra, el castejonero compuso en memoria de aquellos dos chavales, una jota titulada Dos claveles, que suele cantar a veces sin desvelar el sentido de la pieza.

Luego llegó el momento de seguir camino para alcanzar la frontera, siguiendo el rumbo del Norte, hacia arriba sin respiro, hasta llegar a Guipuzcoa donde muchos otros andaban también huidos buscando ayuda para continuar con vida. "La verdad es que tuvimos mucha suerte, la gente nos acogió muy bien y como había muchos como nosotros de todos los pueblos, nos reuníamos clandestinamente en un café que había en el monte e intentábamos decidir qué hacer; luego, nos íbamos, uno por cada lado, y al día siguiente ya faltaban a la reunión unos cuantos; al final, sólo quedamos tres de Castejón", relata.

Uno de esos días, Ángel Muñoz (que iba disfrazado de falangista "más bien que Dios") se encontró bajo las butacas del cine Kursaal de San Sebastián "porque entraron un montón de gentes de esas pidiendo documentación a todo Cristo y el portero, que nos conocía y sabía de qué pie cojeábamos, nos avisó y cuando se fueron nos dijo que saliéramos...y hala, otra vez a correr por ahí de un sitio para otro para que no te echaran el guante". Pero ni el miedo constante, ni la desorientación pesaban tanto como la falta de la familia. "Aquello era lo peor, estuvimos muy cerca de pasar a Francia pero empezamos a oír que a los familiares de los que se habían pasado los habían detenido, ¿Cómo íbamos a irnos pensando en los padres o en los hermanos?".


Los desaparecidos


No hay constancia documental de esta historia, ni fotos, ni papeles, ni objetos. Nada. Ángel Muñoz lo escondió todo en un agujero junto a una hilera de traviesas de la Renfe, envuelto en trapos, después de ver cómo liquidaban a dos compañeros. Pero su madre, ante el temor de que aquello fuera encontrado y pudiera comprometerle, lo desenterró sin que él lo supiera y lo quemó. "Yo ni siquiera me enteré de que ella me había visto enterrarlo", dice sonriendo por la picardía de la madre. "No guardo odio, ni rencor a nadie, pero ni olvido ni perdono porque hay muchos que están bajo tierra sólo por sentirse socialistas, a todos mis compañeros les cortaron el cuello; de los que compusimos las Juventudes Socialistas en 1933, sólo quedamos dos, Pablo Zabal y yo, a los demás los fusilaron y ni siquiera sé donde están ahora". Éste es el único momento del relato en el que el optimismo de Muñoz se tambalea y su voz se quiebra por el golpe frontal de historias no resueltas. ¿Dónde descansan los cuerpos de aquellos chavales que dejaron la vida en el conflicto?. La incógnita le angustia y confiesa seguir trabajando para obtener respuestas "porque a mi no se me olvidan aquellos compañeros, porque las familias podrían decir, por fin, que ya los tienen en casa, en su pueblo, en Castejón. En Alfaro están enterrados Valentín Plaza, que fue alcalde, y Telesforo de la Rosa. La mujer de Valentín lloraba el otro día y me preguntaba: ¿cuánto costaría traerlos aquí?. A mi se me cayó el alma a los pies", dice con una nube gris en la mirada.


El fin de la guerra


Lo mejor de las tormentas es, sin duda, cuando de nuevo sale el sol. Sin embargo, el final de la pesadilla de la guerra no supuso, tampoco en Castejón, que el cielo se abriera a la libertad y la calma. Oficialmente, el conflicto llegó a su fin con el triunfo franquista, en 1939, pero las represalias contra los contrarios al régimen continuaron. En un feudo de viva efervescencia socialista, en el que sus habitantes ya habían peleado en 1927 con dureza por conseguir la independencia de Corella y, posteriormente, por hacerse con la propiedad de las tierras que los castejoneros creían suyas, la post-guerra se vivió con muchas dificultades.

"A nuestro pueblo le han tenido pánico en todas las épocas porque no se ha doblegado nunca ante nada ni ante nadie; claro que hemos sido siempre el foco de muchas cosas, también hemos sido pioneros del socialismo en Navarra y siempre honrados", comenta Muñoz. Luego, revive cómo tras la guerra, hubo que recurrir "a los que te podían ayudar". "Yo tenía un familiar que era teniente del ejército en Pamplona y mi madre habló con él para que me arreglaran los papeles y pudiera volver al pueblo, porque yo pertenecía al regimiento de Flandes número 7, pero como no hice la mili". En esas estaban cuando un capitán se quedó mirándolo y dijo alzando la voz: "Otro, ya viene otro, a éste lo colgaba yo". El comandante, amigo del familiar de Ángel Muñoz, lo hizo callar en seco diciendo: "Coja los papeles, deles curso y aquí no ha pasado nada. A callar, que ya esta bien de matar".

El Castejón que encontró Muñoz tras la guerra era una sombra de sí mismo. "Faltaba mucha gente, aquello fue duro y difícil. Surgió el tema del extraperlo y había que andar por los campos y por los pueblos para buscar alubias o garbanzos. El pan era negro como el betún y yo pienso que si hubieran podido matarnos de hambre, lo hubieran hecho. Pero no han podido, no han podido", repite una y otra vez, bajando la voz y hablando en tiempo presente.

Ahora, 71 años después de fundar las Juventudes Socialistas, a Ángel Muñoz le quedan heridas y asuntos pendientes relacionados con el desconocimiento del lugar donde descansan, mientras el PSOE gobierna el país, aquellos chavales que fueron fusilados porque creían que "en Castejón la justicia social era posible y estaba en nuestras manos lograrla".


TRANSICIÓN Hasta que la democracia pudo andar libremente por el país, pueblos como Castejón se enfrentaron al poder de los vencedores y a las arcaicas costumbres impuestas por la ideología más conservadora. En este sentido, Ángel Muñoz deja claro que "el pueblo no ha sido nunca anticlerical, pero aquí no hubo iglesia hasta el año 41. Teníamos un cura que yo no sé por qué vestía sotana. En cuanto oía que a alguien se le escapaba un juramento, le faltaba tiempo para denunciarlo y nos caía un día o dos encerrados". Sin embargo, todo dio un giro con la muerte de Franco. "Yo no se por qué tuvo que nacer ese hombre, no le guardo rencor, pero personas así no deberían nacer", reflexiona. Luego, hila sus recuerdos al 23 de febrero de 1981, una fecha que rememora con la frase que cruzó su mente ese día, "pero, ¿otra vez va a empezar esto?" Ángel Muñoz se negaba a ello y, por eso, se echó a la calle tantos años después de que la Pasionaria lo hubiera pedido por radio. Otors dos vecinos se atrincheraron armados en un domicilio y Muñoz explica que decían que "a nosotros no nos cogen otra vez, aquí moriremos, pero tirando". El golpe fracasó y el círculo se cerró con la victoria del PSOE en el 82. "Estábamos todos en la plaza, felices, y había un falangista que no hacía mas que quejarse. Yo le dije: Los tiempos cambian. Es emocionante después de 40 años ver las banderas socialistas en tu pueblo, cantar la Internacional. y acordarse de los compañeros muertos, siempre me acuerdo, no se me olvidan".