Segunda conferencia de las jornadas por la memoria histórica
CNT de Puerto Real, Cádiz - 19/10/2004
http://www.cnt.es/noticia.php?id=1474

El pasado 19 de octubre celebramos la segunda conferencia que con el título de Transición y Pacto de Silencio, que contó con los ponentes José Luís García Rúa (CNT), Cecilio Gordillo (Asociación de la Memoria Histórica) y José Luís Centella (IU).
Al igual que en la primera conferencia, la asistencia de público fue ejemplar y sobre todo, muy receptiva a todas las argumentaciones de los ponentes. En el caso de nuestro compañero José Luís, fue acogido por los asistente con mucho cariño ya que por sus múltiples conferencia en nuestro pueblo es recordado y valorado como parte integrante del movimiento obrero de Puerto Real. Como siempre, nos dió una lección magistral de lo sustancial en su análisis sobre la Transición y máxime si tenemos en cuenta el poco tiempo del que disponían los ponentes. De todas formas caló muy hondo su afirmación “No debemos jamás reivindicar la dignidad de aquéllos compañeros/as que fueron asesinados, ya que su dignidad nunca la perdieron". Hemos de afrontar la denuncia clara de franquismo y de aquellos que pactando la Transición, han permitido tantos años de silencio.
Después del turno de palabra, un compañero de CNT leyó un poema dedicado a los trabajadores/as que asesinaron en Puerto Real, que hemos propuesto para que se integre en el Monumento que en septiembre vamos inaugurar con todos los nombres que hasta ahora hemos localizado.
LA MEMORIA ALCANZADA Hoy es un martes ocho de septiembre; El reloj marca las seis campanadas, Y el dolor de sus ecos me señala, El comienzo de una triste jornada. La mañana se presenta brumosa, Frígida y sospechosamente extraña; Arranco camino de la estación, Con espesa y temerosa calma.
Por las calles se entrecruzan negruras, Que rielan sobre las casas albeadas; No hay aquél ¡buenos días! en los saludos, Como anteriormente se acostumbraba; Tan solo tristes miradas que esquivan, Las esquinas que al confidente ampara.
Frente al andén espero el viejo tren, Que nos ha de conducir a la fábrica; Me arrincono en un vagón deplorable, Junto a una desvencijada ventana.
La conversación ha huido escarnecida, Por rehiletes de irracional venganza; Solo rostros perdidos entre nieblas, Atisban sensaciones que acompañan, Que a veces se desnudan por rescoldos, Que lucen el cabo de las chicharras.
Nos acercamos al empalme previo, Para el obligado cambio de las vías; El hollín del carbón ya se acomoda, En el ambiente hostil que se respira.
Y a pesar del serpenteante camino, El traquetear del tren no nos impide, Escuchar fusiles que descerrajan, Muertes por sus alargadas gargantas.
Veinte rojos claveles y una rosa, Yacen junto a la tenebrosa zanja; Veinte hombres y una madre atormentada, Borrados en una sola mañana.
La pared del cementerio teñida, Con pinceles de criminales balas; Decorando sobre el espurio cielo, Un lienzo de estrellas ensangrentadas.
El resto del recorrido lo estrecha, Con vendas de sal nuestros alaridos, Y los Taray que a las vías acompañan, Rojas sus flores, sangre su rocío.
Golpes en tu puerta a la media noche, Te confirman el orden implantado; Una nueva familia deshojada, Y un cuerpo que se presenta ya frío, Jamás volverá a calentar su cama, Jamás alcanzará el beso de un hijo.
Sudamos con el silencio los miedos; Saber a quién le tocará mañana. Poros de dolor se ensanchan y afirman, La respuesta que entonces vislumbramos: ¡En nuestro pueblo no hubo guerra, solo Represión y terror planificado.
Han transcurrido sesenta y ocho años; Hoy es un martes ocho de septiembre, Y el reloj marca las seis campanadas, En honor de aquellas flores cortadas.
|