La Vanguardia 24-02-2007
E1 congreso mundial de 3GSM que hace poco reunió a unas 60.000 personas en Barcelona expuso la convergencia creciente de todas las formas de comunicación electrónica con las telecomunicaciones inalámbricas. Así como la sociedad industrial se configuró mediante la distribución de la energía a través del motor eléctrico, internet y demás tecnologías de información organizan nuestra vida cotidiana a partir de la capacidad de comunicación interactiva que acarreamos a cualquier parte como una extensión de nosotros mismos. De hecho, los teléfonos móviles son la tecnología de comunicación de más rápida difusión en la historia: en 1991 había 16 millones de suscripciones a móviles en el mundo; en estos momentos hay más de 2.300 millones, sobre una población de 6.400 millones. Y aunque la distribución es desigual en el planeta, teniendo en cuenta que en los países pobres suele haber varios usuarios de cada número y la cobertura por satélite se ha extendido considerablemente, puede decirse que la co- municación móvil es el rasgo característico de nuestra sociedad. Desde luego lo es en España, donde la tasa de penetración (suscripciones en porcentaje de población) se sitúa en el 103,8%, con más de 46 millones de líneas, de las cuales 20,9 millones son de prepago. Más de un 88% de las viviendas disponen de teléfono móvil.
Con una transformación de esta magnitud podría suponerse que se está analizando y evaluando lo que la galaxia del móvil significa para la vida de la gente. Pero difícilmente se hubieran podido encontrar tales consideraciones en esta macrorreunión de tecnófilos y negociantes. Al fin y al cabo no está tan mal. Porque imagínense a las empresas manufactureras y operadoras tratando de diseñar los usos de las redes en función de la visión que se hacen de lo que tendrían que ser nuestras vidas. Afortunadamente, la historia de la tecnología enseña que las personas se apropian de cualquiera de los instrumentos que se van inventando y los adaptan a lo que hacen. Y si no les sirve, los tiran, es decir no los compran. Más aún, en muchos casos, tanto en internet como en los móviles, son los usuarios los que inventaron o desarrollaron las principales aplicacio- nes y usos que hoy utilizamos, desde el correo electrónico y los chats hasta el uso masivo de SMS, que era una aplicación secundaria en el diseño original de los móviles.
Pues bien, al margen de las estrategias de las empresas, les puedo contar que los móviles se han convertido en medio (que no causa) de una extraordinaria transformación social en el conjunto del planeta. Y se lo puedo contar porque, desde hace algunos años, con Mireia Fernández
Ardévol y otros investigadores alrededor del mundo hemos ido sintetizando lo que sobre el tema sabe la investigación académica, la única fuente fiable, en un libro que acaba de publicar la editorial del M.I.T. Porque aunque a usted le parezca que ya sabe todo sobre su móvil, cuando se observan las tendencias de conjunto, se aprecia mejor la significación del cambio. Por ejemplo en la vida familiar, que ya no está organizada en torno a la disciplina del pater familias y a los horarios estrictos de la vida en común. La familia es hoy día una colección de individuos, incluidos los niños, cada uno con su propio trabajo, su agenda, su red de relaciones y sus cambiantes horarios. Las investigaciones etnográficas muestran el papel fundamental del móvil en mantener los distintos miembros de la familia coordinados constantemente y ajustando sus idas y venidas mediante la comunicación a distancia. Es más, la autonomía creciente de los niños, reflejo del grado de ocupación de los padres y de los valores de individualismo libertario, sólo puede asumirse sin preocupación excesiva por la posibilidad de que las madres siempre pueden llamar a los niños y los niños siempre pueden conectar con los padres. Es una forma de autonomía con red de seguridad. Son estos usos familiares los que difundieron el móvil masivamente fuera de sus usos profesionales para los que habían sido pensados en un principio. Así se explica que en España más de un 58% de los niños de 10 a 14 años dispongan de un teléfono móvil personal. Con las consiguientes discusiones en torno a su uso y al presupuesto que se gastan.
Pero los niños y los jóvenes desbordan el uso familiar del móvil para convertirlo en plataforma esencial de su vida en comunidad virtual. La cultura juvenil se basa, como siempre, en la relación prioritaria de apoyo y comunicación con los amigos de su edad, haciendo frente común contra el mundo adulto, del que piensan que ni los entiende ni hay nada interesante que entender. Lo que es propio de nuestro tiempo es que el móvil, internet y el internet móvil permiten mantener contacto continuo en cualquier circunstancia. Un SMS por aquí, una llamada rápida con un código determinado, desde el otro lado de la clase o al otro extremo de la ciudad, hacen saber que se está allí, con la amiga, reforzando su propia forma de ser y compartir la vida. Hasta el punto de constituir un lenguaje propio, el texting, que empezó como forma de comprimir la expresión de la vida en los 160 caracteres de la pantalla móvil y acabó como lengua propia que se manifiesta en los escritos de los adolescentes y sobre el que ya existen diccionarios en diversas lenguas que siguen su evolución por internet mediante el método wiki.
La autonomía de la comunicación, el poder conectar a mi gente, a mi trabajo y al mundo en cualquier tiempo y espacio es el gran valor del móvil, más que la movilidad en sí misma. En realidad, la mayor parte de las llamadas de móviles se hace desde casa, el trabajo o la escuela, es decir, desde los lugares habituales, donde hay teléfono fijo. Porque lo esencial es tener una capacidad implantada de autocomunicación a través de las redes de nuestra vida. Y así se transforma el tiempo y el espacio de esa vida. El tiempo se comprime al infinito porque acumulamos tareas allá donde estemos, no hay momento vacío de actividad. Las salas de espera en el transporte o el hospital se hacen centros de comunicación abierta a todos y así nos enteramos de la intimidad de cada uno. El trabajo invade los periodos de ocio, la información no cesa de acumularse en nuestro móvil, el hogar y la oficina se entremezclan en las redes de comunicación. Y el espacio donde realmente vivo es el espacio en el que comunico, hecho del espacio del comunicante y del mío, que puede ser mi dormitorio, una calle a todo correr o el lavabo de un aeropuerto aprovechando que nadie me ve.
Si podemos comunicarnos con nuestras redes y a través de estas redes con las redes de todo el mundo, somos capaces de convocar manifestaciones, difundir proclamas y a veces rumores malévolos. Los gobiernos ya no son inmunes a .la capacidad de automovilización mediática de la gente, como demuestran los casos que hemos estudiado en todo el mundo de poderosos movimientos espontáneos de opinión que han hecho cambiar gobiernos y caer regímenes, de-España a Filipinas o Corea y de Ucrania al Ecuador o a Tailandia. La autonomía de convocatoria no es sólo política, sirve también para organizar raves, para congregar a los creyentes en torno a la palabra de Dios, para darle marcha a la prostitución y para saber dónde se encuentra la persona de nuestra vida que aún no conocemos pero que las bases de datos de emparejamiento identifican, comunicando su tiempo y espacio a nuestro móvil.
Todo esto no son elucubraciones futurológicas. Esto y mucho más es lo que ya sabemos los investigadores a partir de la observación. Y por eso sabemos que ya nunca estamos aislados, que siempre estamos comunicados en red, allá donde vayamos. También localizables, naturalmente. Adiós a la soledad. Comunicamos, luego existimos. Nuestra vida se expresa en nuestras redes. Móviles aunque estemos inmóviles. Gira, gira el torbellino de nuestras esperanzas, nuestros temores y nuestras realidades, siempre esperando una llamada, aunque sea perdida.
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La guerra del "movil".
El coltan es una de las principales causas de la guerra del Congo. Un mineral imprescindible para fabricar bienes tan necesarios en Occidente como las baterías de teléfonos móviles. Y cada vez queda menos. Las grandes empresas que necesitan el material no escasean medios para obtenerlo. Así, financian a militares de todos los frentes y no se preocupan del número de menores que puedan morir en las minas. Así, un país con grandes recursos naturales se convierte, por medio de dictadores y multinacionales sin escrúpulos, en uno de los más pobres según la ONU.
Con él las baterías de los teléfonos móviles mantienen más tiempo su carga. Es necesario para el mejor funcionamiento de aparatos electrónicos. Por él, Sony no tuvo más remedio que atrasar el lanzamiento de la Play-Station 2. El coltan, también conocido como colombio-tántalo*, facilita nuestra vida. No tanto la de los congoleños.
El gran aumento de la demanda, debido en gran parte al auge de los teléfonos móviles, estimuló el comercio ilegal de este mineral en África central.
Para muchos países de esta zona, la devaluación de los productos mineros tradicionales y la desertización de los campos de cultivo provocaron una revalorización de este sector alternativo. En la República Democrática del Congo (RDC) se encuentra el 80% de este preciado mineral. En los 10 últimos años, grandes multinacionales, como Nokia, Ericsonn, Siemens, Sony, Bayer, Intel, Hitachi o IBM, se disputan 'el tesoro' a través de aliados autóctonos.
Mientras los gobiernos de estos países se disputan el territorio y empobrecen aún más si cabe a sus pueblos, las empresas mixtas se reparten el control económico de la región. Controlan incluso el transporte. Las zonas militares de los aeropuertos internacionales de Kigali y Entebe son un claro ejemplo: ni impuestos ni aranceles. Los vuelos de ida al Congo viajan cargados de armas y los de vuelta, de minerales.
Las grandes empresas financian a las fuerzas militares de los dos frentes, que bajo la excusa de conflictos interétnicos, mantienen una guerra real por el control de las ricas minas del Congo. En ellas trabajan cada día más de 20.000 personas. Los obreros más codiciados, por ser la mano de obra más barata y fácil de silenciar, son los miles de niños que abandonan la escuela para adentrarse con facilidad en las minas a ras de tierra.
Estas propiedades lo hacen un elemento vital para crear condensadores, los elementos electrónicos que controlan el flujo dentro de las placas de circuitos. Los condensadores tantalum son usados en casi todos los móviles, laptops y muchos otros dispositivos. El boom de la tecnología reciente ha hecho que el precio del coltan se dispare llegando a 400$ el kilo, mientras que compañias como Nokia y Sony se pelean por él.
Juan R. Lejarza Viernes, 10 Marzo 2006

