En la página 18 de este hilo se recomendó el libro
Razón y revolución de Allan Woods y Ted Grant. Yo leí horrorizado la noticia de su presentación por lo que decía de la ciencia y la dialéctica, pero como no conocía el libro y no tengo suficiente idea de ciencias naturales para rebatir sus afirmaciones me callé. Aunque
Valerij, con quien otras veces estoy en franco desacuerdo, ya expuso algunos reparos. A mi olía al viejo intento de meter con calzador ciertas ideas filosóficas (en este caso el "materialismo dialéctico") en el cuerpo de los conocimientos científicos, retorciéndolos hasta deformarlos. Ocurrió con la dichosa "ciencia proletaria" de principios de siglo XX (cuyo hito de crueldad e ignorancia fue el caso Lyssenko) y se ha vuelto a poner de moda con la sofística postmoderna.
Para combatir a esta última y los usos disparatados que hacen de la ciencia, Sokal y Bricmont escribieron un libro muy recomendable (
Imposturas intelectuales) donde desmontaban con buen humor y ánimo político la cantidad de sandeces que escribieron filósofos "de izquierdas" como Deleuze, Irigaray, Guattari, Latour o Lacan. Bueno, pues se acaba de publicar en
http://www.rebelion.org un breve y claro ensayo de Manuel Martínez donde hace lo mismo con el libro de Woods y Grant. Se titula
La ciencia mal-tratada. Creo que es muy recomendable.
Puede que los filósofos postmodernos hicieran un uso espureo, ignorante y disparatado de la ciencia moderna para dar fuerza a sus argumentos y lustre a sus carreras académicas, y en cambio que Woods y Grant lo hayan hecho de un modo desinteresado para defender el Bien Supremo de la Revolución. Pero el resultado es el mismo: se maltrata a la ciencia y se confunde a la gente.
Acto seguido un tal Félix Monasterio-Huelín ha publicado una réplica donde no defiende a Woods y Grant (cosa, me temo, bastante peliaguda) pero sí rebate a Manuel Martínez. Y además, con el mismo argumento flojo con el que en su día respondieron a Sokal y Bricmont: ¡usted no sabe de filosofía!, que en este caso se traduce en ¡usted no sabe de materialismo dialéctico!. Bueno, quizá haya que empezar por recordar que Marx no empleo la expresión "materialismo dialéctico" y menos todavía le dió la forma de sistema filosófico.
Pego algunos fragmentos del texto de Manuel Martínez y os animo a leerlo (aunque os importen un pimiento Woods y Grant):
Sostengo que se trata de un libro de interés nulo para cualquier persona con algunos conocimientos científicos y peligroso para el que lo lea sin ellos, y de ninguna manera puede considerarse una aproximación marxista a la ciencia, sino que más bien se sitúa en la corriente irracionalista posmoderna.
Parto de la tesis de que ni la más atenta lectura de Marx permite pronunciarse sobre las matemáticas (u otra rama de la ciencia) a quien las desconoce profundamente. El propio Marx, cuando se dio cuenta de la importancia de la economía, no se dedicó a pontificar sobre las consecuencias que ya conocía, sino que se encerró a estudiarla en serio durante años, escribió infinitas notas, comentarios, cartas y consultas, y sólo llegó a publicar en vida el primer tomo de El Capital. Se podrá estar o no de acuerdo en sus conclusiones, pero no se le puede atribuir frivolidad alguna. En esa seriedad habría que empezar a ser marxista.
En el anárquico planteamiento del texto, existe después un apartado de mayor rango titulado “17. La teoría del caos” (que, por supuesto, apenas trata de ello), pero seguiremos el orden del documento. Hacemos aquí la expurgación de disparates y dedicaremos un punto a tratar de aclarar el caos en que nos sumen.
Hay matemáticos dialécticos, según dicen, como el que ‘uniendo una serie de cabos, ha desarrollado lo que él llama una “teoría universal” del caos’ [371]. La conclusión inmediata debería ser poner en la Universidad una asignatura de ‘atar cabos’, cosa que, por lo visto, no se ha hecho muy bien hasta ahora, y que sustituiría a los caducos métodos lineales de investigación. No es que él lo diga, sino que hay quien piensa que ‘su universalidad (...) se extendía no solo a modelos, sino a números concretos’ [371]. ¿Queda claro? A partir de este descubrimiento de los cabos cuando se vaya a comprar una docena de huevos, tendremos que aclarar si el ‘doce’ es vulgar o caótico. El problema de no entender absolutamente nada de lo que hablan, aquí se agrava con una actitud impropia de un marxista: la de dar crédito a cualquier cosa que ‘parezca’ oportuna para su pseudorrazonamiento, ya que la conclusión está dada.
El arrebato lírico del resto del apartado (‘Canto a Mandelbrot y al infinito’ debería titularse) excede con mucho a mi capacidad literaria y, como no tiene nada que ver con las Matemáticas, lo dejaré para expertos en mitología nórdica.
El texto comentado es un canto a la nada: no informa del estado actual de las matemáticas, ni describe ninguna crisis ni encrucijada, ni se sabe a qué teoría del caos hace referencia, ni da un solo argumento válido ni ejemplo sobre cómo la teoría de Marx y Engels se relaciona con las ciencia, ni proporciona ninguna ayuda para las futuras investigaciones, ni presenta una reflexión sobre la producción social de las matemáticas, ni sobre su relación con otras ciencias, particularmente la física, pero también la biología y otras. No tiene una estructura reconocible, ni presenta propuestas o análisis de ningún tipo, sólo invocaciones litúrgicas. Se integra en un “extenso territorio en el que trata de todas las cosas posibles y de algunas más”74, en el que no nos adentramos nosotros, pero en el que los autores se comportan en absoluta coherencia con lo que aquí se señala.
Por todo ello, el enfoque global de la obra es reaccionario. Todo el mundo es consciente de los avances gigantescos llevados a cabo en los últimos siglos en todas las ramas científicas. Cuando se sostiene que los cimientos de las matemáticas se están derrumbando y que hay que crear un nuevo edificio sobre bases distintas (‘que todos los cimientos del edificio son inseguros y que necesita una reconstrucción a fondo sobre pilares más firmes, y a la vez más flexibles’ [361], ya comentado), aparte de demostrar no haber entendido nada sobre el proceso de la evolución científica, se está haciendo un peligroso llamamiento a apoyar las tendencias irracionalistas que bombardean desde muchos ámbitos los mismos fundamentos del pensamiento de la Ilustración, que es el soporte más humanista, libre y progresivo de que disponemos, y en el que se inserta de manera clara el pensamiento de Marx y Engels.
Es una obviedad decir que no se sabe todo, pero eso no justifica una crítica irracional e infundada a lo que se sabe. Lo que está por descubrir se encuentra, también obviamente, en el terreno que está por descubrir, sobre el que se pueden hacer especulaciones, pero no afirmaciones categóricas sobre su contenido. Suponer que se sabría todo si se hubieran adoptado determinadas posturas es de un misticismo insoportable para cualquier mente racional.
Posdata: Como me topé el otro día, en otro hilo, con el mismo Allan Woods, hay que aclarar que el hecho de que su visión de la ciencia sea un disparate no dice nada sobre sus análisis políticos.
Edito para añadir: Salvador López Arnal publica hoy una
contra-réplica al artículo de Monasterio: