LA FINANCIACIÓN DE LOS ESTUDIOS UNIVERSITARIOS

 Edmund Gordon Turney Y Taggart

GRup de treball sobre UNiversitat i INVestigació de la FIM-PV

 

La crisis económica del capitalismo está golpeando sobre todo a la clase trabajadora y, dentro de la clase trabajadora con especial dureza a ciertos colectivos como los parados no cualificados de más de 45 años, y, en una cultura patriarcal, a las mujeres y a los jóvenes.

 

Si resulta urgente en esta crisis proteger, afianzar y ampliar los derechos de la clase trabajadora, no lo es menos aprovechar la creciente indignación de las clases populares para ir construyendo otro modelo económico, otro modelo de producción. En esta ponencia, trataremos estas dos cuestiones desde la perspectiva de la financiación del estudiantado universitario.

 

Formación universitaria elitista, de masas y universal

 

Entre los elementos que Hobsbawm identifica como claves en las revoluciones culturales de la segunda parte del siglo XX, uno destacado es el aumento del número de estudiantes, sobre todo en las economías centrales del capitalismo y en los países socialistas.

 

Este proceso supone cierta democratización del acceso a los estudios superiores y se debe a cambios en la naturaleza del trabajo de las fuerzas productivas cambios que responden al paso del maquinismo basado en la máquina-herramienta a la automatización basada en el uso de ordenadores[1]. La universidad ha dejado de ser el privilegio de un porcentaje muy reducido de la población. Actualmente es el lugar de formación de más o menos el 50% de las fuerzas productivas: hemos pasado del paradigma elitista a otro de acceso masivo, y ahora debemos dirigirnos hacia un paradigma universal, en términos de Trow. Sin embargo, como el mismo Trow señala, el paso de una universidad elitista a una universidad de masas ha provocado una serie de problemas ya que se ha producido en un proceso de globalización capitalista de la producción y de la producción del saber en la cual tanto las empresas transnacionales como los gobiernos de los países del sistema económico capitalista central son conscientes de la importancia del conocimiento y de los avances tecnológicos para la “competitividad”. Esto se traduce en una amenaza cada vez mayor de la mercantilización del conocimiento, un marco conceptual que introduce metáforas empresariales en la concepción de la universidad, una creciente disfunción provocada por unas prácticas pedagógicas todavía basadas en las de la universidad elitista aplicadas a la realidad de una universidad de masas, y, sobre todo en el caso de Europa, una subfinanciación pública de las universidades.

 

Esta subfinanciación afecta a todos los sectores PAS, PDI y estudiantado, pero nos centraremos en sus consecuencias para el estudiantado en el Estado Español en los últimos lustros.

 

Financiación del estudiantado en España en el paso problemático de un sistema universitario elitista a otro de masas

 

A lo largo de los años noventa, se incorporaba a la universidad un porcentaje cada vez mayor de la población, pero este fenómeno iba acompañado de un aumento progresivo de la tasa de abandono de los estudios[2]. Por otra parte, entre 2001 y 2006, el número de alumnos matriculados disminuyó, al contrario de la mayoría de los países de la OCDE y en el contexto de una llegada importante de inmigrantes que supuso una tasa de crecimiento de la población de en torno del 1,7% anual desde 2001. El colectivo de inmigrantes tiene serias dificultades culturales y administrativas para acceder a la educación superior, de forma que algunos estudiosos han alertado sobre el peligro de una sociedad “etnificada” en la que "la población autóctona, blanca, española, ocupe las posiciones altas y disponga de mano de obra barata de distintos orígenes" [3].

 

En cuanto a la creciente tasa de abandono de estudios, se trata de un problema multicausal en que confluyen diferentes factores. Los estudios al respecto señalan diferentes factores, entre los cuales cabe destacar tres. En primer lugar, el problema antes señalado de unas prácticas pedagógicas arraigadas en la universidad elitista aplicadas a una universidad de masas. En segundo lugar, la edad a la que se empieza la carrera: aquí se trata principalmente de personas que cambian de carrera y que son proclives a abandonar su segunda opción. Sobre este punto habría que señalar, por una parte, una falta de coordinación entre la enseñanza preuniversitaria y la universitaria y, por otra, la concentración geográfica de las matrículas, que junto con la escasa movilidad de estudiantes dentro del Estado Español, debida probablemente a la falta de financiación del estudiantado, que hace muchas personas no puedan matricularse en su carrera preferida.

 

En tercer lugar, todos los estudios coinciden en que el nivel de estudios de los padres influye de forma decisiva en el abandono de estudios. Así, según el borrador de Libro Blanco de las Universidades Catalanasla tasa de abandono de los estudiantes de extracción social humilde, cuyo padre tiene un trabajo no cualificado, es 10 veces superior a la de los hijos de directivos, licenciados y asimilados de las clases medias”. Algunos estudios relacionan este fenómeno con la cultura familiar o la presión familiar, pero es evidente que el salario de los padres, junto con la subfinanciación del estudiantado, resulta decisivo.

 

La subfinanciación del estudiantado es una cuestión compleja, ya que no queda claro cómo se calcula la financiación. La forma de calcular la financiación es claramente una cuestión ideológica. Actualmente la financiación depende, dentro de ciertas coordinadas fijadas por el Gobierno estatal, de las comunidades autónomas. En el caso del País Valenciano, por ejemplo, la Coneselleria divide la cantidad de dinero total de los presupuestos para universidades por el número de estudiantes y, como ningún de los valores es cero, sale un número. Ahora bien, está claro que este número representa de forma muy particular la financiación del estudiantado, en la medida en que la representa.

 

Como los números son muy sufridos, describiré a grandes rasgos la evolución de la financiación de las universidades. Si bien la financiación ha ido aumentando paulatinamente cada año, en comparación con los países de nuestro entorno (UE-15, UE-19, OCDE) estamos en el furgón de la cola. Nuestra situación mejora un poco si, en lugar de la financiación en términos absolutos, calculamos la financiación como porcentaje del PIB, pero seguimos codeándonos con Portugal, Grecia, Italia (Apéndice I) en una situación que Vicenç Navarrro califica, de forma acertada,.de subdesarrollo social.. Según un estudio del MEC del 2007, España tiene un gasto por estudiante un 26,9% inferior al de la media de la OCDE.

 

La distribución de esta subfinanciación tiene dos rasgos que destacan varios estudios: en primer lugar, las tasas de matrícula son relativamente baratas y suponen menos del 20% de los costes reales de la tuición y, en segundo lugar, el porcentaje de la financiación dedicada a la financiación directa del estudiantado es bajo con respecto a los países de nuestro entorno.

 

En cuanto al primer punto, cabe destacar que nuestra postura debe ser reivindicar la gratuidad de la enseñanza superior y que, si bien las tasas son relativamente baratas, no todo el mundo las puede aprovechar, ya que, como hemos comentado, la tasa de abandono de estudios está directamente relacionada con el nivel de ingresos de los padres. Así, los hijos de los/las trabajadores menos cualificados pueden tener acceso a los estudios superiores, pero la probabilidad de que los acaben es sensiblemente inferior a la de los hijos de familias más acomodadas. Así, en la actualidad, las tasas baratas, subvencionadas por el dinero de tod@s, favorecen a las clases más acomodadas.

 

Esto nos lleva al segundo punto, la financiación directa al estudiantado: los datos por comunidad autónoma se encuentran en el Apéndice II. Lo más importante es que el promedio es claramente insuficiente para financiar a un/a estudiante-trabajador/a.

 

Finalmente hay que denunciar el aumento de tasas de los masteres oficiales. A título de ejemplo, en mi universidad, la Universidad Politécnica de Valencia, el precio público por crédito para los primeros tres años de la mayoría de las titulaciones (nivel de experimentabilidad 4) es 12,30 euros y el de los nuevos masteres oficiales se dispara hasta 29,87 euros.

http://www.docv.gva.es/portal/portal/2008/08/05/pdf/2008_9753.pdf

 

Esta subida ha venido acompañada de una campaña mediática, con juego de palabras incluido, “el precio de los masteres (privados) ha bajado” cuando hay que decir que “el precio del segundo ciclo ha subido”. En el acuerdo de 2 de junio de 2008, de la Conferencia General de Política Universitaria, se estipula que, en cuanto al rango de precios públicos de los estudios universitarios de posgrado, excepcionalmente, las Comunidades Autónomas podrán modificar el límite superior hasta un máximo equivalente al 30 % del coste (http://www.lexureditorial.com/boe/0806/10059.htm). Esta subida del precio de las tasas, junto con la insuficiencia de las “subvenciones directas” al estudiantado parece abrir el camino a una creciente elitización de los estudios de posgrado.

 

Es interesante ver la apreciación que hace una parte del mundo empresarial sobre la financiación del estudiantado. Alberto Terol, miembro de la Junta Directiva y presidente del Comité Especial de Educación del Círculo de Empresarios y Presidente de Deloitte para Europa, Oriente Medio y África escribe:

 

la universidad española cuenta con una financiación insuficiente e ineficiente. En efecto,

en el año 2004 el gasto público en educación superior en España alcanzó el 0,9% del PIB, ligeramente inferior a la media de la OCDE, y claramente inferior a los países punteros en la materia (Finlandia, Suecia, Dinamarca, etc.). … Además, las tasas tienen un peso muy reducido en la financiación de la universidad pública, por debajo del 20% del coste y, en algunos casos –las politécnicas incluso inferior. Unas tasas muy reducidas subvencionan por igual para todos el acceso a la educación superior, sea cual sea su extracción socioeconómica, lo que choca frontalmente con el principio de equidad. Al mismo tiempo en España no se ha desarrollado un sistema de subvenciones directas al usuario (becas) ágil y atractivo.    

http://www.fundacioncyd.org/wps/wcm/connect/3b6427004dd16cc18405cc43c6de0c6e/CAP_1_ICYD2008.pdf?MOD=AJPERES

 

Hasta el empresariado “ilustrado” parece preocuparse por la falta de equidad, y por tanto de eficiencia, del sistema actual.

 

Los compromisos internacionales del Estado: el proceso de Bolonia

 

Los gobiernos de España han suscrito las diferentes declaraciones asociadas al proceso de Bolonia y si cumpliesen los compromisos adquiridos en estos documentos, las preocupaciones del empresariado “ilustrado” resultarían vanas. Desde la Declaración de Bergen de 2005, se incorpora con nitidez la “dimensión social” al proceso de Bolonia:

 

renovamos nuestro compromiso de hacer la educación superior de calidad igualmente accesible para todos e insistimos en la necesidad de establecer las condiciones apropiadas para que los estudiantes, puedan completar sus estudios sin obstáculos relacionados con su origen social y económico. La dimensión social incluye medidas adoptadas por los gobiernos para ayudar a los estudiantes, especialmente a los sectores socialmente desfavorecidos, en aspectos financieros y económicos y proporcionarles servicios de orientación y asesoramiento con vistas a facilitar un acceso más amplio.

http://www.institucional.us.es/eees/formacion/html/bergen_declaracion.htm#iii

 

Es evidente que el Estado no cumple este compromiso. Su falta de interés se manifiesta en el informe nacional sobre le Proceso de Bolonia 2005-2007. En el apartado 26, que pide una descripción de las medidas que ayuden al estudiantado a completar sus estudios sin obstáculos relacionados con su origen social o económico (“Describe any measures to help students complete their studies without obstacles related to their social or economic background”), Encontramos la respuesta concisa, escueta y algo misteriosa: “This type of aid is mainly provided at institutional level” (Este tipo de ayuda se proporciona principalmente a nivel institucional).

http://www.ond.vlaanderen.be/hogeronderwijs/bologna/links/National-reports-2007/National_Report_spain2007.pdf

En los informes de otros país participantes, más locuaces, la información ocupa varias páginas e incluye tablas con cifras.

 

Hay que denunciar el incumplimiento de este compromiso y, a la vez, en lugar de una declaración de intenciones, proponer medidas concretas para universalizar el derecho a acceder a la universidad y a completar los estudios superiores, ya que, ante esta situación, cabe esperar que la actual crisis económica provoque una disminución en los/las matriculados de la clase trabajadora y un aumento del abandono de estudios. Es dentro de este contexto donde planteamos una alternativa de izquierdas para la financiación del estudiantado.

 

Una propuesta desde la izquierda

 

Nuestra propuesta parte de varias premisas:

 

1) que la persona que inicia estudios superiores está contribuyendo a la riqueza futura de la sociedad y, dentro del cambio de paradigma del paso del mecanicismo a la automatización, a ampliar la participación de la clase trabajadora en su gestión;

 

2) que todas las personas desde los 18 años tienen derecho a ser independientes de sus familias;

 

3) que la creación de riqueza en nuestra sociedad permite este gasto y que los modos de producción lo requieren (sin que esto implique que la Universidad sea un mero productor acrítico de personas calificadas para incorporarse al mercado de trabajo capitalista).

 

Nuestra propuesta a largo plazo es la universalización de los estudios superiores y un salario para el estudiantado que remunere su trabajo.

 

En una fase intermedia de transición hacia el socialismo, hay que introducir algunas matizaciones que no se pueden precisar de forma completa, ya que los recursos que una sociedad todavía capitalista pueden dedicar a la formación dependerán de múltiples factores: el sistema fiscal, los costes de servicios básicos, tales como el transporte, la sanidad, la vivienda etc.

 

Sin embargo, incluso en una etapa transicional, nuestra propuesta debe ser una tendencia a la universalización de los estudios superiores y una beca salario para el estudiantado, independientemente de la renta de los padres. De esta manera, se asegura la propiedad social de la formación superior, dado que la sociedad ha sufragado íntegramente el trabajo del alumnado, trabajo que revertirá a la sociedad en el futuro ejercicio de su profesión. Por tanto, en una sociedad igualitaria, no debería haber diferencias sensibles en la retribución al trabajo de los graduados y los no graduados.

 

Ahora bien, en una fase transicional, también se puede dar la situación en que la sociedad costee la formación de una persona y que esta persona puede hacer valer sus estudios bajo la forma de un salario más alto a cambio de su fuerza de trabajo. Aquí hay cifras para todos los gustos, pero parece ser que, aunque en un primer momento el salario de un trabajador graduado difiere poco del salario de un trabajador sin formación superior, a lo largo de toda la vida laboral, la persona con formación universitaria recibirá un salario notablemente más alto. Es en este contexto donde se podría plantear la posibilidad, como mal menor, de un préstamo-renta para estudios de segundo ciclo, aunque siempre manteniendo la gratuidad y la beca salario en para los estudios de grado. Pero siempre que se entienda que tal préstamo sea con dinero público y jamás de la banca privada, que la devolución del préstamo sólo empezaría a devolverse sólo a partir de alcanzar la renta media, y de forma proporcional la cantidad en que la persona supera esta renta media y que, efectivamente sea un “préstamo-renta” y no un simple préstamo a 20 años con una carencia de 5 años para su devolución, como estableció la Ministra Garmendia, por orden ministerial el pasado 14 de octubre.

 

La palabra “universidad” proviene del latín y, en última instancia hace referencia a la totalidad o a la universalidad; en el bajo latín, una aceptación de la palabra “universitas” es “corporación” o “sociedad” – una organización en la que prima la cooperación - la palabra actual proviene de una forma abreviada de la expresión “universitas magistrorum et scholarium”, algo así como una “comunidad de maestros y estudiantes” (no había muchas maestras por aquel entonces).

 

La palabra tiene que ver con universalidad y cooperación. Hace una distinción entre “maestros” y “estudiantes” y, en el tardocapitalismo, esta distinción tiene que hacerse borrosa ya que se tiende hacia una producción del conocimiento centrado en el contexto, centrado en el lugar de trabajo. “Conjuminar” una enseñanza universitaria basada en la lógica de las disciplinas científicas y otra basada en la resolución de problemas concretos y en los procesos cognitivos y metacognitivos del estudiantado es un problema serio para el capitalismo y un reto para las izquierdas.

 

Finalmente, una reflexión dirigida hacia las generaciones venideras: en una sociedad plenamente igualitaria, este debate sobre la financiación del estudiantado de la enseñanza universitaria será de difícil comprensión ya que todas las personas tendrán acceso gratuito y “financiado” a los máximos niveles de formación y, probablemente se habrá vuelto borrosa la distinción entre “formación” y “conversación entre personas”.



[1] Pla, R. (2009) Fundamentos de la renovación pedagógica.

[2] Las cifras son bastante confusas, pero cabe destacar la distinción, que no siempre se hace con nitidez, entre el abandono de la carrera inicialmente elegida para pasar a otra carrera y el abandono de los estudios universitarios. Por lo que se refiere al primer punto, cabe destacar que, a pesar del aumento del número de universidades, sigue habiendo una concentración geográfica alarmante ([m]ás del 60% de los matriculados y graduados se localizaron en cuatro comunidades autónomas: Madrid, Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana. Y más del 80% estaban concentrados en siete comunidades: además de las cuatro anteriores, Castilla y León, Galicia y el País Vasco, mientras que la movilidad del alumnado dentro del Estado es escaso, sólo el 12,6% de los estudiantes estaban matriculados en universidades situadas fuera de su comunidad autonómica - datos de la señora Botín). En cuanto al segundo punto, ya lo trato en el texto.

[3] Es significativo que en el informe para España de Education at a Glance de la OCDE de 2007, en el apartado dedicado a la integración de inmigrantes, encontramos la escueta frase “No data available for Spain” (http://www.oecd.org/dataoecd/22/31/39317551.pdf pàg. 7)