Si bien la finalización de la negociación del Convenio Colectivo de Metro de Madrid requiere un análisis pormenorizado de todo lo ocurrido en el transcurso de 17 meses de duro conflicto, debido al poco espacio de que disponemos, vamos a centrar nuestro objetivo en aquellos hechos que, desde nuestro punto de vista, pueden resultar más relevantes o, en cualquier caso, más significativos a la hora de valorar los errores y los aciertos de CC.OO. en todo el proceso, porque al fin y al cabo, entendemos que es de eso de lo que se trata. Vamos, por tanto, a huir de comparaciones sobre lo conseguido por CC.OO. y los otros Sindicatos mediante sus Pactos de Eficacia Limitada, simplemente porque todos ellos, con sus mejoras han sido fruto de la movilización de los trabajadores y porque el conjunto de los Pactos que finalmente dan cuerpo al Convenio Colectivo da como resultado, se mire por donde se mire, un Convenio excesivamente alejado de las aspiraciones de los trabajadores y trabajadoras de Metro, a pesar de las mejoras introducidas por CC.OO.
Sin duda alguna pueden señalarse dos factores que han predeterminado que la salida al conflicto fuese de forma más ventajosa para los trabajadores. En primer lugar, la correlación de fuerzas claramente desfavorable, con un Partido Popular en el Gobierno de la CAM que, sin tapujos, ha mostrado el lado oscuro de su ideología, utilizando todo el aparato del Estado para segar derechos fundamentales: huelga, manifestación, libertades colectivas e individuales, etc., incluida la utilización de los medios de comunicación para acallar en un principio y criminalizar posteriormente el conflicto. En definitiva, el PP ha puesto de manifiesto que no existen fisuras ni diferencias entre los Gobiernos Autonómico y Central, y que como máximo exponente del capital sus métodos siguen siendo los de siempre.
En segundo lugar, hay que señalar que, la disgregación sindical ha complicado sobremanera la situación. Seis sindicatos de la más diversa ideología, algunos de ellos con dirección incluida del PP, inmersos en descarnadas disputas antes y durante la negociación del convenio, y que, salvo excepciones, propugnan una acción sindical alejada de las decisiones de las Asambleas, son un blanco fácil, quizás, y a la vista de los resultados, excesivamente fácil, para un PP interesado en imponer un Modelo de Gestión economicista que necesita para su implantación arrasar con los derechos de los trabajadores, y por ende, eliminar a su principal opositor: CC.OO.
Por ello, durante todo el proceso, la estrategia de la dirección de la empresa ha ido dirigida a dividir a los trabajadores parcializando la negociación, intentando a su vez, excluir a CC.OO. de la firma del Convenio, porque una vez conseguido su propósito, ello suponía apartar al Sindicato mayoritario de las Mesas de Productividad y del Fondo de Asistencia Social, que es donde, al fin y al cabo, se pretende conseguir todo aquello que hemos rechazado con las movilizaciones: fuerte aumento de la productividad, movilidad funcional absoluta, polivalencia, horario flexible, etc., y el ahorro de miles de millones de pesetas con la destrucción del Fondo de Asistencia Social. Así la línea de actuación de la empresa ha ido, en primer lugar, a asegurarse a aquellos sindicatos afines. No es casual que el primer Pacto de Eficacia Limitada se firmase con el Sindicato de Conductores. Convenía apartar de las movilizaciones a un colectivo de suma importancia e iniciar la andadura de la adhesión individual, al tiempo que ir desgajando colectivos enteros que no son otros que los afiliados de los sindicatos firmantes.
A partir de ahí, lo clásico: chantaje tras chantaje. A los trabajadores se les amenaza con la pérdida de las retribuciones económicas de 1997 si no se adhieren "voluntariamente" al Pacto, surgen las estrategias comunes con la dirección de la empresa para asfixiar a los trabajadores "radicales" y a los sindicatos "disidentes" y, por otra parte, tratan de vender lo "inmejorable e insuperable" de su Pacto. El transcurso del tiempo, pero sobretodo, las movilizaciones han dado al traste con la infalibilidad de los sindicatos firmantes. Un Pacto ha superado al anterior, así hasta la firma del Convenio. Las duras movilizaciones que han mantenido los trabajadores han ido conformando, mejorando, dando cuerpo y forma a un convenio que, si bien es cierto que no cumple con la mayoría de las expectativas iniciales, ha roto de momento con las pretensiones de la empresa y con un sistema de negociación que perjudicaba seriamente los intereses de los trabajadores al quebrar la negociación colectiva.
Muchas y variadas son las experiencias y enseñanzas en todo este periodo, entre ellas, que la acción sindical en Metro nunca volverá a ser como antes. Por un lado, este conflicto ha destapado la verdadera esencia de algunos sindicatos que se autodenominan "de clase", pero que se han erigido en los máximos exponentes del sindicalismo basura. La defensa de sus extraños intereses ha llevado a sindicatos como UGT, USO y Sindicato Libre, a caer en el absurdo de estar en contra, incluso, de la creación de empleo para no ver superados sus Pactos. De ahí que no pueda extrañar que los trabajadores y trabajadoras del Metro hayan dicho ¡basta! a los modelos sindicales que encarnan estos sindicatos que, cual esperpénticos salvadores, toman las decisiones al margen de las asambleas. Buena muestra de ello es que el triste balance que pueden presentar algunos aventureros es un impresionante destrozo sindical y tres Comisiones Ejecutivas dimitidas por sus afiliados. Por otro lado, ha sido también significativo el balón de oxigeno que en forma de solidaridad y asistencia masiva a la Manifestación del día 28, nos dieron trabajadores de otras empresas y organizaciones políticas, sindicales y sociales de la Comunidad de Madrid, cuando en momentos difíciles decidimos sacar el conflicto de Metro a la calle. Creemos y así lo hemos manifestado en diversas ocasiones que esa Manifestación no debería servir solo para finalizar el conflicto, sino para comenzar una nueva etapa más solidaria entre los trabajadores, pero sobretodo, para hacernos pensar sobre la necesidad de resituar la acción sindical en CC.OO., entendiendo que si la agresión es común en muchas empresas, debido a la política que desarrolla el PP, aislar a los trabajadores, aislar las luchas y las movilizaciones sólo puede llevarnos a la derrota o en el mejor de los casos a la cesión sistemática y brutal de derechos.
En general, consideramos que si tuviésemos que resaltar algún éxito de CC.OO. sin duda alguna señalaríamos el no habernos despegado ni un ápice de los trabajadores, y haber contribuido a recuperar la Asamblea como Órgano donde los trabajadores analizamos, discutimos y llegamos a esa complicidad y concienciación que nos dota de objetivos comunes; en definitiva, donde nos organizamos. Nadie pretende desde estas líneas que se reconozca ningún récord, pero superar por mínimo que sea, tres Pactos de Eficacia Limitada y un Preacuerdo, enfrentándose al Gobierno de la CAM, dirección de la empresa y cuatro sindicatos, sólo puede conseguirse mediante la movilización y con el respaldo de unos trabajadores y trabajadoras fuertemente concienciados.
Finalmente señalar que, como decíamos al principio no hemos querido entrar a analizar comparativamente el contenido de los diversos pactos en relación al Convenio firmado, quizás, porque desde nuestro punto de vista, un Convenio es bueno o malo en función del grado de organización con el que los trabajadores y sus representantes finalizan el mismo. Y en ese sentido, sin duda alguna, podemos afirmar que este convenio resulta bastante bueno. El grado de organización de los trabajadores ha permitido que la firma del convenio no sea la finalización de nada y así se lo hemos transmitido ya a la dirección de la empresa. Nuestra firma, es la firma de una tregua que durará hasta que dentro de unos días comience el desarrollo del convenio y, en concreto, de la negociación de las Mesas de Productividad y del Fondo de Asistencia Social, que es nuestra gran deuda pendie
Javier Pérez