A finales de junio, a las puertas del verano (como en pleno franquismo), el ministro de Industria anunció el mal llamado "Plan de Empresa" de Bazán, que no es otra cosa que una nueva fase (y tampoco será la última) de la reconversión silenciosa que sufre Bazán, que en los últimos 12 años perdió el 40% de su plantilla. Ahora se quiere dar otra vuelta de tuerca, reduciéndola en más de un tercio (de los 7.476 trabajadores actuales a 4.959 en el 2002) vía prejubilaciones y bajas incentivadas, y aumentando la productividad. Aunque en diferentes grados, afecta a las tres factorías (Ferrol, Cartagena y S. Fernando) y a las oficinas centrales de Madrid.
Lo del plan viene de lejos. Ya en el otoño de 1996, el presidente de Bazán (ex consejero autonómico del PP en Asturias) anunció la inminencia de un plan de prejubilación a los 52 años, repitiéndolo en varias ocasiones más desde entonces. Ante estos anuncios, la reacción sindical fue desacertada. En vez de denunciar la maniobra del presidente y el significado real de tal medida, como planteamos los críticos de CCOO de Bazán-Ferrol, los oficialistas optaron por darle credibilidad, y anunciaron las prejubilaciones con argumentos tan sólidos como los esgrimidos públicamente por el secretario general de la Sección Sindical: "me lo dijo el secretario de Estado de Industria" o "me lo dijo el presidente tomándonos un vino (sic)". Pero el tiempo pasaba, el Plan no aparecía, los prejubilables no pensaban en otra cosa y el malestar entre ellos aumentaba. ¿Qué hacer? Exigir su presentación. Y lo han conseguido. Debe de ser la primera vez que la parte sindical pide la reconversión de una empresa.
Estos antecedentes suponen ciertas dificultades. Tanto un sector de los prejubilables como de los que se quedarían cree que el Plan sólo es cosa de los mayores de 52 años. Nada más lejos de la realidad. El Plan afecta a todo el mundo. A los menores de 52, por las medidas de flexibilidad, polivalencia, subcontratación, disminución de trabajadores indirectos, etc., además del debilitamiento sindical por un recorte tan drástico de plantilla. A los prejubilables, por las condiciones (de las que por cierto, en estos dos años de rumores jamás se dijo nada), pero también por el futuro de sus hijos, que será más negro porque la desaparición de tantos empleos en tres comarcas muy castigadas por el paro significaría que la posibilidad de encontrar un puesto de trabajo digno disminuiría drásticamente y que la única opción serían las ETTs o las contratas de los astilleros, en las que impera el gangsterismo empresarial (precariedad, semana laboral de lunes a domingo, jornadas de hasta 14 horas diarias, salario en negro sin cotizar a la Seguridad Social, etc.). En los últimos meses, el PP siempre argumentaba que la carga de trabajo de Bazán aseguraba su futuro; ahora, el presidente de la SEPI se descuelga con unas declaraciones afirmando que "Bazán y Astano pierden más cuanto más trabajo tienen".
El Plan sólo busca acabar con la Bazán que actualmente conocemos (en tamaño y condiciones de los trabajadores) para dejar paso a la desregulación laboral y a las empresas privadas (la subcontratación es una forma de privatización). Todo lo demás será indiferente. Será un proceso similar al que sufrió Astano, que desde 1985 perdió el 80% de su plantilla, aunque hoy, vía contratas, en su recinto trabaja más gente que en aquel entonces.
En principio, la respuesta sindical al Plan fue bastante tímida (por temas mucho menos importantes se dieron respuestas más inmediatas y contundentes), pero esto está en plena sintonía con la acción sindical de los últimos dos años. Los oficialistas ya anunciaron su aceptación de un recorte de la plantilla, argumentando que no es "realista" exigir la cobertura de todas las vacantes y que, como la subcontratación va a aumentar, se creará empleo en esas empresas, que en palabras del secretario general "tendrán que ser serias". Por parte de los críticos, nuestra posición ya quedó claramente expresada en la asamblea general de afiliados celebrada el lunes 22 en Ferrol: oposición frontal al Plan y necesidad de luchar en defensa de las condiciones laborales de los trabajadores, de una prejubilación digna y del mantenimiento del actual nivel de empleo, a través de la cobertura de todas las vacantes que se produzcan. Aunque un sector muy amplio de la plantilla piensa que ya está todo pactado por arriba, por Tojo y Lito, hay que recordar que en el verano de 1996, la lucha de AESA de Cádiz y Sevilla, en respuesta a una agresión similar, echó abajo un pacto del PP con los dirigentes sindicales, obligándoles a rectificar. Por tanto, esto implica que, aunque ese pacto existiese, la última palabra no está dicha. Una movilización de todos los trabajadores de Bazán, extendiendo la lucha al resto de los trabajadores y la juventud de nuestras comarcas, permitiría hacer retroceder al gobierno.
En cualquier caso, todo esto pone de relieve la necesidad de un giro sindical a la izquierda para enfrentarse a la política anti-obrera del PP, mucho más agresiva que la de los gobiernos socialistas, a pesar de lo cual el silencio y la pasividad de las direcciones de UGT y CCOO son una vergüenza y un auténtico escándalo, especialmente ante las privatizaciones. En vez de tantos pactos, que sólo nos hacen perder derechos y fortalecen políticamente al PP, hace falta una fuerte movilización para pararle los pies.
Xaquín García Sinde
Miembro del Comité de Empresa
CCOO Bazán-Ferrol