Intervención de Agustín Moreno en la Plaza Mayor de Madrid el 20 de junio de 1998

Compañeros y compañeras: en primer lugar un saludo para los trabajadores de BIMBO y de FAVISA (Burgos), que están luchando por sus derechos y contra los despidos laborales que han realizado las empresas. Un saludo a todos los que estáis aguantando el sol y nuestros discursos: sin exageración, os merecéis la medalla al mérito militante. Seré breve.

Quiero empezar diciendo que tengo una discrepancia con mi buen amigo Juan Antonio Barden, no es cierto que aquí falte CC.OO. Aquí estamos el 37% de la Comisión Ejecutiva de CC.OO., Marcelino Camacho, el propio Barden que es afiliado al Sindicato, y una buena parte de los militantes sindicales, que están a favor de la ley de 35 horas y de un sindicalismo a la altura de las circunstancias, y que hoy, en plena ofensiva del neoliberalismo y con un gobierno de la derecha, no puede ser otro que un sindicalismo de clase, democrático, independiente y unitario, un sindicalismo de participación y de combate a favor de los derechos de los trabajadores. Por ello, porque somos muchos los militantes sindicales de determinada sensibilidad que estamos participando en esta movilización, tengo que afirmar que hoy, en la Plaza Mayor de Madrid, y aunque algunos no lo quieran, aquí están las CC.OO.

Muchos y muy diversos somos los que estamos aquí para exigir soluciones al desempleo y mientras tanto la plena protección a los parados. Una sociedad retrocede en términos de civilización cuando sólo 1 de cada 3 parados no cobra algún tipo de prestación, cuando 2 millones de parados están totalmente abandonados a su suerte, cuando el Gobierno se dedica a perseguir, a marear a los parados y a recortar la cobertura al desempleo y a responsabilizar cínicamente a los perdedores sociales de su propia situación.

Crear empleo pasa hoy por otra política económica más expansiva, al servicio del empleo, del bienestar social y de la redistribución de la riqueza, y ecológicamente sostenible. También pasa por fuertes medidas de choque como la ley de 35 horas.

¿Por qué planteamos reducir la jornada a través de una ley y no sólo a través de los convenios?. Veamos los siguientes datos:

· Porque la ley es perfectamente viable. Si se hubiera aplicado el incremento de la productividad que ha tenido la economía española desde 1.983, fecha en la que se aprobó la ley de 40 horas, ahora la jornada tendría que ser de 32 horas y 36 minutos.

· Porque la Negociación Colectiva es una vía muerta y lenta. Desde 1.983 la jornada ha bajado a 38 horas y 48 minutos, es decir, 1 hora y 12 minutos en 14 años. A este ritmo de reducción de la jornada, a razón de 5 minutos al año, las 35 horas se alcanzarían en el año 2.038. Es decir, no habría esperanza para los parados con la estrategia que algunos defienden.

· Porque la ley generaliza la reducción de jornada y evita que se margine a las pequeñas empresas, a las provincias y sectores más atrasados y sin fuerza sindical.

Así las cosas, hay que tener muy claro lo que no queremos y lo que queremos.

NO QUEREMOS:

· Reformas laborales que no crean empleo, que mantienen la precariedad de la contratación en el 90%, que abaratan el despido y que crean unos paradójicos empleos fijos por 2 años (el tiempo que duran las bonificaciones a las empresas) a cambio de recortar los ingresos de la Seguridad Social en 700.000 millones de pesetas en un año.

· No queremos empantanar la reducción de la jornada exclusivamente a través de la negociación colectiva, ya que no sólo se demuestra ineficaz, sino que con la actual debilidad sindical, tiene el riesgo de establecer pactos que flexibilicen y desregulen los horarios de trabajo a discreción de la patronal, con lo que más que crear empleo, puede producirse una disminución de los puestos de trabajo, con lo que se haría un pan como unas hostias.

· No queremos ser menos que Francia e Italia, teniendo una tasa de paro doble a la existente en estos países y en la Unión Europea.

QUEREMOS, por tanto, una ley de reducción de jornada con tres condiciones:

· Tiene que suponer una disminución suficiente del tiempo de trabajo, a 35 horas, para que se creen huecos en las empresas que permitan aumentar el empleo. · Sin reducción de salarios, porque éstos son en general muy bajos en España y no tolerarían una disminución paralela a la jornada. Además, la contracción salarial reduciría el consumo, la demanda interna y, en última instancia, el empleo. Tampoco es admisible que se la pague la Seguridad Social a la patronal para que reduzca la jornada, porque se estarían creando las condiciones para nuevos recortes de las pensiones.

· Acompañada de otras medidas como la supresión de las horas extra excepto las de fuerza mayor, el adelantamiento de la edad de jubilación y la prohibición de las Empresas de Trabajo Temporal, que aplican un repugnante prestamismo laboral que explota a casi un millón de jóvenes.

Nos sobran las razones y los argumentos, pero para conquistar esta reivindicación hay que mejorar la relación de fuerzas. Para ello hace falta: Unidad y Movilización.

Unidad más amplia, sumando fuerzas a este impulso social a favor del empleo y de la ley de 35 horas, de todos aquellos que se consideran mínimamente progresistas y de izquierdas. Quiero invitar y emplazar desde aquí al PSOE, a UGT y al Sector Oficial de CC.OO. a que se incorporen a estos objetivos. Es preferible que lo hagan por inteligencia política a que lo hagan por oportunismo político, pero que lo hagan. De lo contrario, la marea de este movimiento pasará por encima de las arenas estáticas.

Y un aviso para navegantes (y esto va por Borrell) que nadie se atreva a pedir el voto a los parados, a los trabajadores en activo si no se compromete de verdad con una ley de 35 horas. Porque quien pida el voto para volver al poder para hacer lo mismo que hicieron o más o menos lo mismo que hace el PP, estaría jugando a un nuevo espejismo de cambio y una autentica estafa electoral y social.

Movilización como motor del cambio social. Y hay que recordar que hace 13 años, en otro 20-J, el movimiento sindical de clase, la izquierda real plantó cara a la política social-liberal del PSOE que quería recortar las pensiones, y se abrió una etapa de impulso social que tuvo su continuidad en la campaña del referéndum sobre la OTAN (que puso contra las cuerdas al sistema), la huelga general del 14 de diciembre, la recomposición de la izquierda transformadora en la consecución de ciertos avances sociales.

Desde luego, los que hemos venido aquí, no estamos por una insoportable paz social que permita el marketing propagandístico del "España va bien", a pesar de la existencia de más de tres millones de parados, tres millones de precarios y ocho millones de pobres, como acaba de denunciar Cáritas.

Para acabar, quiero resaltar dos ideas:

· Que las 35 horas es una lucha estratégica, el ataque, por primera vez en décadas de vendaval neoliberal y de batallas para evitar recortes y agresiones a los derechos sociales. Es una bandera a la ofensiva para crear empleo, para mejorar las condiciones de vida y para transformar la sociedad.

· Quiero lanzar un mensaje a todos aquellos colectivos y sectores sociales que se encuentran en la situación más difícil (parados, jóvenes, mujeres, trabajadoras y trabajadores precarios y jubilados con una baja pensión) ¡Que nadie se resigne, que nadie tire la toalla, que nadie se sienta derrotado!. Tenéis todo el derecho del mundo a que la vida os trate dignamente, pero si queréis evitar que el sistema os maltrate, organizaros y luchar.

Por eso estamos aquí muchos y muchas que continuamos peleando y que nos comprometemos a seguir haciéndolo. Porque estamos convencidos de que esta batalla la vamos a ganar y más convencidos aún de que la auténtica izquierda, social, política y ciudadana, es aquella que siempre, siempre, mantiene en pie las tercas esperanzas de reconstruir la solidaridad y de alcanzar una sociedad más justa y más igualitaria. La manifestación de hoy sólo ha sido una espléndida puesta de largo de la capacidad de movilización. La lucha continua.