Editorial:
La
inquietud de los gorilas y otras yerbas.
Ha sido un mes en que la problemática de los DD.HH. y
la impunidad han ganado buena parte de la escena política. La presión de los
gorilas estuvo en el orden del día. Reuniones entre Generales, de estos
realizando debate con los más notorios torturadores y asesinos, esos que
son mencionados reiteradamente en
cuanta denuncia hay formulada. Y vinieron los “trascendidos”: Que las bestias
no se presentarían ante una citación judicial, que regiones militares, caso de la
1, darían “asilo” a este pedazo de infamia. Han tenido impunidad total hasta el
presente, para ello contaron con cómplices múltiples alojados en las esferas
del poder. Pero lo cierto es que no está hoy en discusión la impunidad, en
general, para sus crímenes, secuestros, torturas y atropello de la sociedad
durante años. El gobierno actual consagra aquel plebiscito realizado en un
marco de intimidaciones y miedo. El bien llamado plebiscito de la impunidad.
¿Que es entonces lo que está en discusión? Sólo aquello que queda fuera de esa
ley que abarca el 99% de la barbarie. En concreto el caso de Gutiérrez Ruiz,
Michelini y la nuera de Gelman. A lo que hay que agregar la parte de
investigación para saber que pasó con nuestros queridos compañeros desaparecidos.
Además, para las atrocidades previas que no ampara la Ley de impunidad ya se
sugiere hoy desde el gobierno la prescripción.
Ahora se anuncia la fecha del 8 de Agosto para conocer detalles sobre los restos de los compañeros “desaparecidos”.Dicen que esperan que estén sus restos en el predio del Batallón 14, lugar a donde han a parar los cadáveres de quienes o habían sido ejecutados o torturados hasta la muerte.
Haciendo coro a este contexto que procuraba impunidad total aparecen figuras como Sergio Molaguero, hablando de un sufrimiento que no padeció y queriendo sacar provecho del tiempo transcurrido, esperando que las últimas generaciones no conozcan adecuadamente el contexto en que fue secuestrado: la gran huelga de los obreros de Seral y la brutal represión que sufrieron. Sergio Molaguero, activo hombre de derecha, jupista, incentivó, junto a su padre, todo lo que pudo esta represión. Ahora quiere que a nivel nacional todo quede como antes, es decir que se cubran y olviden fechorías de todo tipo. Queda patente su “solidaridad” expresa con quienes cometieron directamente monstruosidadades.
El escrache a Juan Carlos Blanco, hombre de la dictadura e implicado directamente en el asesinato de Elena Quinteros y los piquetes reclamando por la concreción de ese Plan de Emergencia que camina a paso de tortuga, fueron causa de debate y acusaciones. Se pretende satanizar toda forma de lucha directa y que no siga la orientación fundamental del gobierno. La consigna sería: paciencia y más paciencia para los de abajo.
En una declaración el Ejecutivo del PIT-CNT se adjudica la propiedad del campo social. Como es bien sabido nuestro movimiento obrero tiene una rica historia con muchas relevantes y sacrificadas luchas en su haber. Pero nunca fue homogéneo en cuanto a orientación se refiere, siempre hubo posiciones distintas en su seno, para simplificarlo diríamos que estaban los que confiaban en el pueblo y la lucha y los que creían en el diálogo cupular y la buena relación con quienes en definitiva eran los enemigos de clase. También fue un tema de confrontación interna la aplicación de un plan de lucha con esa otra línea que implicaba dar la lucha por separado, dejando que cada gremio se fuera desangrando. Ese plan de lucha que en todo este tiempo de crisis y persecución obrera también estuvo ausente.
La declaración dice: “Las prácticas
desarrolladas estos últimos días, tales como los piquetes o escraches no están
en sintonía con nuestra concepción de la lucha en el marco de libertades
democráticas”. Esto puede no estar en sintonía con una línea que se expresó y
se expresa, hoy quizás con amplia mayoría en un movimiento sindical debilitado,
en el movimiento obrero organizado, pero está en sintonía con otra, aquella que
mantuvo en alto la concepción emancipadora y que creía en la acción del pueblo
como elemento fundamental para logros inmediatos y para no olvidar un futuro de
sociedad distinta.
Tampoco esto es cierto en término de
prácticas concretas. El piquete tiene una larga historia que arranca en los
albores mismo de nuestro movimiento obrero. Por ejemplo, ahí mismo, en La Teja,
cerca de donde se hizo uno de los piquetes relacionados con el Plan de
Emergencia, en el año 1946 un piquete
obrero de los navales tuvo un enfrentamiento con carneros que armaba la
patronal y donde hubo heridos y presos.
Escrache obreros también los hubo, claro
está que de la gente combativa, ejemplo de ello es un conflicto gráfico de
mitad de la década del 60 en el que se rodeó con carro parlante la casa del un
dueño de un diario que debía salarios a los compañeros trabajadores.
Pero el que se mandó con la gruesa fue
Juan Castillo, dijo: "hay grupos de ultraizquierda, como la UTD, entre
otros, que se juntaron con grupos de derecha para organizar estos
piquetes". ¡Que boquita!
De terrorismos ideológicos y anhelos de
pensamiento único están empedradas determinadas sendas. Casi ya no merecen
comentario.
En todo este tiempo y vinculada a esta situación social generada en las
últimas décadas han surgido buena cantidad de organizaciones sociales. Muchas
de ellas han estado codo con codo con organizaciones sindicales en eventos
distintos, los plebiscitos entre ellos.
Claro está que una cosa es el Pit-Cnt y
muy otra sus dirigentes con muchos burócratas en su seno. También muy otra los
sindicatos así como sus afiliados y todo una parte de ese mundo de desocupados
que algún día fueron obreros, afiliados y militantes sindicales, que quedaron
por el camino y que mantienen sentimiento de pertenencia.
El conjunto de las organizaciones sociales, los oprimidos de este momento histórico, deben encontrarse. La activa unión del pueblo, con su combate auténtico, con su independencia de clase, es la única fuerza social que puede procesar cambios de verdad.