Acerca de las elecciones.
Ya hemos entrado de lleno, o
casi, en el año electoral. Con su andanada de discursos, candidatos,
acusaciones, debates, y también elocuentes silencios. Por lo general uno supone
que es un año en el que se habla mucho de política, pero curiosamente, los
candidatos establecen discusiones superficiales, y en cuanto a los temas
determinantes de la política, lo más llamativo es el silencio.
De continuo se hace referencia a la creación de
empleos, a “humanizar” la economía de mercado, y muchos otros sloganes que les
sonarán conocidos. Aunque ya, los economistas más serios afirman, que el
crecimiento de la economía no se verá reflejado en un incremento salarial. Con
esta premisa básica, será difícil humanizar el capitalismo si es que esto fuera
posible.
En el más acá de la macroeconomía, el desempleo
crece al ritmo que se deterioran las condiciones laborales. La salud y la
educación están en caída libre, y sin perspectivas claras. Hasta ahora, ninguno
de los aspirantes al gobierno se ha posicionado firmemente ante estos temas
cruciales, más allá del pantanoso terreno de las promesas e intencionalidades.
Silencios elocuentes y un modelo invicto.
La carrera hacia el gobierno en los marcos del
sistema, ha ido homogeneizando las posiciones en torno a los grandes temas, que
se barren para abajo de la alfombra. Se habla siempre en términos genéricos,
sin referencias específicas, de pequeñas reformas cosméticas sin alterar en
modo alguno la estructura del orden vigente.
El gran tema de la deuda externa, en la cual sólo
por concepto de intereses, se pagan un millón seiscientos mil dólares diarios,
permanece incuestionada. Si acaso los más osados, hablan tímidamente de una
renegociación.
Sin poner en tela de juicio ni cuestionar en ningún
momento, aunque más no fuera en tono de denuncia, el mecanismo criminal de
sometimiento que significa una deuda que no contrajo el pueblo.
En cuanto al tema del ALCA, sigue habiendo un
silencio cómplice, ocultando la información. Sobre esto hay que estar atento ya
que significa un avance aún mayor del imperialismo yanqui sobre Latinoamérica,
no sólo en el terreno económico, sino también, militar, geopolítico, social,
jurídico, etc. Algunos se han pronunciado notoriamente a favor, y otros en un
silencio bastante incomprensible (o no tanto).
Y otro aspecto crucial, para todo aquel que se
proponga una reactivación de la economía, aún en los términos capitalistas, es
el presupuesto militar. El Ministerio de Defensa Nacional insume el 38,6% del
presupuesto nacional. Este casi 40%, nos indica que Uruguay tiene un
presupuesto militar superior al de Irán con toda la problemática. Es imposible
pretender dinamizar la economía con un presupuesto militar de un país en
guerra. Es una más de las herencias de la dictadura, que ninguno de los
actuales demócratas parece interesado en cuestionar.
El silencio, o el desacierto con respecto a estos
temas, nos hace pensar en la continuidad de este modelo criminal, más allá de
la etiqueta o el color de quien esté al frente del futuro gobierno. Sin poner
en tela de juicio intenciona-lidades, es impensable un desarrollo en sentido
positivo sin abordar esos temas fundamentales de la estructura actual.
Lo que está en juego.
En última instancia, lo que está en juego en las
elecciones, son algunos resortes de un estado nacional pequeño. En la
conformación actual, los estados nacionales van perdiendo o desligando cada vez
más funciones al terreno privado.
Ese autoachique del Estado, reduce el margen de
maniobra, y por otra parte hace que el poder, siga independientemente de
circunstanciales gobiernos.
Los anarquistas de fAu no pensamos que el poder se
reduzca a los mecanismos gubernamentales. Hay por un lado, al decir de Chomsky,
un poder fáctico compuesto por un selecto grupo de mega-empresas, que operan a
escala planetaria y por sobre disposiciones jurídicas de orden nacional. Y por
otro lado, el poder como complejo entramado de relaciones sociales, que
producen y reproducen relaciones de poder que obstruyen la participación
responsable y la construcción colectiva de un destino. Micro-poderes como los
llama Foucault, que operan también, que atraviesan todo el campo de los social,
y sobre los que hay que actuar para procesar cambios reales.
En todo ese entramado, las elecciones son un
mecanismo más de justificación ideológica del sistema. Una gran farsa donde se
quiere disfrazar de participación, la entrega de la soberanía y las decisiones.
El día de las elecciones, no está en juego el poder.
Las opciones pueden ser variadas, pero no creemos
que el sistema pueda ser cambiado desde sus propios mecanismos de reproducción.
Ante esto reafirmamos que, lo determinante no es lo que hacemos una vez cada
cinco años sino lo que hacemos todos los días para la construcción de un futuro
más justo.
¿Cómo y desde dónde disputar el poder?.
Los anarquistas de fAu,
históricamente hemos sostenido que es necesario disputarle el poder a sus
actuales detentadores. Disputarlo desde la creación de otro relacionamiento
social, antagónico con el orden capitalista.
Desde las organizaciones populares de base que
nucleen el diverso campo de los oprimidos.
Allí donde se expresen las luchas y anhelos de los
de abajo. En esas peleas se irá construyendo un saber colectivo, otro modo de
hacer política, de una cultura de la resistencia opuesta a la ideología capitalista
y sus recambios.
Es ese desde dónde, el que nos da el cómo. Pensamos
que ese poder popular antagónico no se toma sino que se construye. Se construye
desde el hoy y se proyecta al futuro.
Es en esa pelea cotidiana que «votamos» los
anarquistas de fAu, en la reconstrucción de los lazos solidarios, en el
esfuerzo constante por fortalecer las organizaciones sociales con independencia
de clase, combatiendo la resignación. Sí, apostamos a un cambio, y somos
concientes de que es un camino largo y de mucho sacrificio, pero es la única
salida. El electoralismo, más allá de algún pequeño avance, es una vía muerta
al socialismo.
Para la
construcción de un sistema social justo, habrá que dar fuerte pelea. Educar en
el espíritu de revuelta, como decía Malatesta, en ese camino se irá gestando la
libertad integral.