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Un sello de Comercio Justo protegido del libre mercado
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Espanica, 5 de marzo de 2002
La Junta Directiva del 22 de enero pasado, ACORDÓ SOMETER A LA ASAMBLEA GENERAL DE LA COORDINADORA DE ORGANIZACIONES DE COMERCIO JUSTO (OCJ) LA PROPUESTA DE SETEM DE UN “PROYECTO DEL SELLO DE COMERCIO JUSTO”. El contenido de la misma no ha sido difundido suficientemente entre las OCJs, miembros de la Coordinadora. El texto disponible de este Proyecto, al parecer presentado a la Unión Europea bajo el patrocinio de FLO, resulta, para muchos, inaccesible por estar escrito en inglés. Además, no se sabe si es este texto o un segundo el que se presenta a aprobación de esta Asamblea de la Coordinadora, pues no se ha enviado aún el documento definitivo para su discusión en el seno de las OCJs. Por otra parte, se han producido críticas en cuanto al procedimiento empleado. Todas estas circunstancias impiden a nuestra OCJ un conocimiento suficiente sobre el citado Proyecto de SELLO DE COMERCIO JUSTO.
Es todo caso, dado el apoyo de FLO a este Proyecto, presuponemos que, con él se pretende abrir un proceso de legitimación del SELLO de FLO, europeo y poderlo así implantar en un futuro inmediato en España.
ESPANICA, miembro de la Coordinadora, viene estudiando desde 1998 la conveniencia o no de adoptar el modelo europeo de SELLO de “Comercio Justo” y ha venido elaborando documentación al respecto. En el escrito "LIMITES AL EMPLEO Y ADMINISTRACION DEL SELLO DE COMERCIO JUSTO" , de septiembre de 1999, hemos expuesto los riesgos que conlleva la aprobación de un SELLO DE COMERCIO JUSTO, modalidad europea, esto es un tipo de sello destinado a ser adquirido por las empresas mercantiles lucrativas. Además en este documento hacíamos la propuesta de estudiar la modalidad de un SELLO restringido y limitado a las organización de comercio justo.
Hoy disponemos de nuevos argumentos para pronunciarnos a favor de esta modalidad de SELLO no mercantilizado, un modelo de SELLO, gestionado exclusivamente por la Coordinadora o por las OCJs que esta determine, limitado también exclusivamente a los productos importados por las OCJs, vetando el uso del mismo a las empresas mercantiles de lucro, una especie de copyright en suma un sello que PROTEJA la economía social que estamos construyendo con tanto esfuerzo. Por eso lo denominamos SELLO “protegido”.
Ante todo, debiéramos para evitar confusiones y dejar patente que se trata de encontrar un SELLO acorde a las características y peculiaridades de nuestro movimiento de Comercio Justo, en España, donde existen ya funcionando durante varios años varias importadoras y distribuidoras del producto de café. Es cierto que el SELLO puede aplicarse a otros productos, pero siendo el café el producto estrella de este movimiento, será en este campo donde tenga mayor sentido su aplicación. Son precisamente tostadores privados, empresas de vending y firmas comerciales las que nos vienen presionando desde hace tiempo a algunas OCJs para que se introduzca un SELLO de Comercio Justo que las permita desarrollar plenamente el marketing “con causa” y llevarse por delante la voluntad de cientos de miles de consumidores que todavía creen en la justicia hacia el Tercer Mundo, a los estantes de los hipermercados donde empresas de cierta entidad puedan presentar en los grandes medios de comunicación un producto “competitivo” de COMERCIO JUSTO que satisfaga esa demanda. Pero la demanda que puede satisfacer la empresa privada es meramente mercantil, no la demanda de justicia para el Tercer Mundo.
Las empresas privadas son libres de sacar sus propias opciones de marketing, pero no deben utilizar este movimiento ni esta coordinadora a favor de sus aspiraciones, ni debemos dejarnos utilizar por el libre mercado. El Sello que patrocina FLO en España, está destinado a cumplir ese objetivo empresarial que concuerda perfectamente con las políticas de ciertos sectores de la administración de la Unión Europea, encargada de otorgar subvenciones a ONGDs y entidades de Comercio Justo. Como a nuestro entender esa modalidad del SELLO-FLO supondría graves riesgos al movimiento de Comercio Justo, estamos trabajando por un modelo de SELLO que llamamos “protegido” que se limitaría exclusivamente a las OCJs que integran la Coordinadora., un SELLO que no sería mercantilizable, que no sería un SELLO-MERCANCIA como es el que se propone desde los países centrales de la Unión Europea, un SELLO que nos fidelice ante el consumidor responsable, que no suponga un gasto más ni a los productores, ni a las importadoras, ni a las comercializadoras, ni a las tiendas –todas ellas de Comercio Justo- ni al consumidor final. Un sello de confianza.
Hay que desmontar la falsa opinión de que no hay más que
una modalidad de sello posible para el comercio justo: el que circula
por Europa, el sello de grandes marcas como el inventado por Max Havelaar,
seguido después por TRANSFAIR y TRADE MARK hoy reunidos en FLO.
| “Hasta mediados de los años 80, el Comercio Justo vendía
sobre todo sus productos a través de un circuito alternativo de
gente comprometida que buscaba más justicia en las relaciones Norte-Sur.
A partir de esta fecha el Comercio Justo comenzó a trabajar con
los canales tradicionales, dando prioridad a las ventas al por mayor a
las instituciones. Esta tendencia se acentuó en 1988 con la creación
de la primera marca de Comercio Justo en los Países Bajos: Max Havelaar.
Se cede el uso de la marca a las empresas comerciales que respetan los
criterios de Comercio Justo y que aceptan un control externo por parte
del organismo promotor de la marca. Estas empresas pueden vender los productos
en los circuitos tradicionales. Después de Max Havellar, se crearon
otras marcas, como TransFair (en cuya fundación participó
EFTA) y Fair Trade Mark. Desde abril 1997, la Internacional Fair Trade
Labelling Organization (FLO) coordina todas las marcas en 12 países
europeos, Canadá, Japón y EE.UU.."
ANUARIO DE COMERCIO JUSTO 1998-2000 (Pág. 24) Una lectura en profundidad de ese ANUARIO advertirá la carga eufemística de expresiones como “canales tradicionales”, “circuitos tradicionales”, “ventas la por mayor a las instituciones”, “cesión del uso de la marca”, “empresas comerciales que respetan los criterios de Comercio Justo”, etc., una retórica que disfraza la realidad de los hechos. Quienes nos movemos en esa dura realidad del comercio percibimos que lo tradicional no es otra cosa que el “capitalismo puro y duro”; que las instituciones no están ya por reducir la brecha con el Tercer Mundo ya que hace años dimitieron de impulsar la cooperación con el Sur y han cedido en favor de las empresas multinacionales y las presiones de los bancos, verdaderos poderes fácticos de la Unión Europa, los cuales están obligados a acaparar más y más los recursos mundiales para su modelo de mercado (en beneficio de la metrópoli, claro). Hace ya tiempo que Europa viene mostrando que su proyecto es cada vez menos “social”, en términos globales, e incluso enfrentado al creciente potencial agresivo de los EE.UU.. Con el 11-S hemos entrado en la era de “la seguridad” y todos los recursos son pocos para afianzarla. Estos son los hechos crudos, que nos muestran que unos criterios de Comercio Justo no pueden ser jamás observados por empresas mercantiles enfrentadas a la creciente competitividad desatada por la globalización de los mercados. Que estamos en dos campos bien diferentes y que toda opción de Comercio Justo que quiera crecer, dependiendo del favor de estas empresas “tradicionales” (dispuestas a pagar bien por disponer del marketing de “Comercio Justo” para acceder a nuevos sectores de consumidores que todavía claman por la justicia mundial, afortunadamente), está condenada a convertirse en una mascarada que abona el campo del fraude moral y la desesperanza. No es posible que, después de 8 o 10 años de historia del movimiento –en España- que puedan seguir fluyendo acríticamente entre nosotros, bellas declaraciones de principios, o eslóganes engañosos, o una retórica llena de eufemismos y de superficialidad, sin levantar la voz crítica. Es tiempo de que la ingenuidad no pueda ser confundida con la irresponsabilidad. Parece llegado el momento de enterarse que las más sanas intenciones, los deseos de justicia universal, los valores de la solidaridad e incluso el reclamo de una ética, todos estas categorías nacidas en lo mejor de nosotros están ya contenidas (integradas) en los patrones del marketing más sofisticado que pudiéramos imaginar. Porque lo cierto es que, después de 50 años de continuados esfuerzos (keynesianos) de cooperación al desarrollo, los pobres son más pobres y los ricos más ricos en su control de las fuentes donde mana la riqueza. ¿Podremos fácilmente cederles esta nueva fuente que es el SELLO DE COMERCIO JUSTO?. |
Se argumenta que este SELLO es muy conveniente porque permitirá aumentar las ventas de los productores y beneficiará al Tercer Mundo, pues hay cientos de miles e incluso millones de consumidores sensibles al Tercer Mundo que están siendo desaprovechados. Que existen estudios de mercado que revelan que la sensibilidad del consumidor europeo hacia estos temas va en aumento y que la preocupación hacia la pobreza del Sur es una fuente de generación de la demanda. Esta es la verdadera razón, la economicista, que busca únicamente la rentabilidad privada del capital para la metrópoli, que generará grandes ganancias, cosa que se quiere hacer posible con un SELLO difundido a gran escala de marketing, lo que sólo pueden hacer las grandes empresas. ¿Queremos, acaso, patrocinar el desarrollo de este marketing “con causa”?.
Se argumenta por sus promotores que los productores
de café del Tercer Mundo, por ejemplo, están deseando
vender más a mejores precios y que de esta manera las ventas les
permitirían superar mejor la pobreza. Pero nuestra pregunta es ¿están
dispuestas las empresas privadas a pagarles un
precio que cubra un costo de producción pactado con los campesinos,
con independencia absoluta de lo que marque en cada momento la bolsa de
las materias primas para el mercado mundial?. Sabemos bien que no es así
pues estas empresas no están para hacer cooperación ni beneficencia,
sino para aumentar las rentas del capital privado metropolitano. Más
adelante entraremos en este aspecto.
En nuestro trabajo de estudio y reflexión sobre la modalidad
del SELLO-FLO, hemos ido señalando los
riegos de generará, en nuestra opinión, a medio y largo plazo.
Sin perjuicio de agotar la identificación que hacemos ahora, vemos
estos riesgos:
Pero también hay que identificar las ventajas de esta modalidad
de sello. ¿Cuáles podrían ser estas?
Pero sería del todo superficial, quedarse en este nivel de
explicación. La cuestión es la siguiente: ¿los mayores
ingresos de los productores, serán suficientes para reproducir el
capital empleado y reponerlo completamente (incluyendo salarios)?.
Para que esto pudiera ser posible el precio pagado por el café verde debería ser por lo menos equivalente a PRECIO DE COSTO de su producción. Téngase además en cuenta que el ingreso promedio de los productores es de 1 dólar por día y que existen baremos de costo de producción y que debe haber un PRECIO PACTADO de este monto. Nuestra experiencia en el tema nos ha llevado a fijar el precio de costo en unos 86 US$ por quintal (unos 45 kilogramos). Actualmente el precio de mercado mundial ronda los 50 US$/quintal. El año pasado los precios no subieron de 70 US$/quintal. En estos últimos meses ronda el promedio de 45 US$/quintal y este período de bajos precios, según los analistas, será larga. Estos bajos precios de mercado están conduciendo a la quiebra de la pequeña y mediana empresa cafetalera. Sólo están sobreviviendo los pequeños campesinos productores asociados en formas cooperativas o comunitarias. Pero los costes de estos campesinos son a veces mayores del promedio pues viven del financiamiento con créditos de altos intereses que llegan al 30 y 40% o se les compra a futuros con mayores ventajas para el libre mercado.
Las OCJs, por el contrario, se proponen prefinanciarles la cosecha y después comprarles a PRECIO DE COSTO. Esto exige el pago de un precio de importación que en absoluto es competitivo (mientras el mercado convencional compra a 60 nosotros compramos a 85 o 90). Pues bien ¿cree alguien en su sano juicio que una empresa mercantil capitalista va a pagar esos precios. En absoluto, a no ser que hagan fraude. Esto podemos demostrarlo con estudios ya realizados de coste-beneficio.
Se dice que la OAS exige la firma de un convenio a la empresa capitalista “A”, en el que existe el requisito de que ésta tendrá que comprar a precios ventajosos para los productores y que todo esto se controla por un inspector de la OAS. ¿Cuánto de ventajosos?. Sabemos bien que si la esta empresa “A” pagase PRECIOS DE COSTO PACTADOS con los productores más un incentivo, no habría negocio, no podría haber lucro alguno; la empresa “A” quebraría, ya que inmediatamente las corporaciones del café podrían bajar los precios finales y la expulsarían del mercado. Pero se dirá que “no es así, pues la empresa “A” tendría un nicho de mercado de Comercio Justo al que no pueden acceder las grandes corporaciones del café”. Vale, pero en este caso, las fuerzas se desatarían en otra dirección: en primer lugar la empresa “A” con su SELLO, tendrá que pagarlo a la OAS, lo que representa un gasto más en sus cuentas de Debe. Por otra parte, si realmente se abonase el PRECIO DE COSTO PACTADO a los proveedores del café verde, sus ingresos serían tan ridículos que los accionistas retirarían su dinero para ponerlo en otros valores que le rindieran más. Vendría la descapitalización de la empresa “A”. Sólo quedaría dos salidas o bien la empresa “A” compra un 10% de sus ventas con sello y vende el otro 90% con el sello pero sin haber abonado el PRECIO DE COSTO PACTADO, lo cual sería un fraude, o bien deja de comprar el SELLO por que la es excesivamente gravoso, lo que supondría que tales incrementos de ventas no se darán, con lo cual las ventajas no son tales.
No es posible alterar, cambiar o sustituir las leyes del mercado capitalista mediante un SELLO, como quieren los compañeros de FLO. En el caso de que fuera tan fácil ya habríamos sustituido el capitalismo por otro sistema hace tiempo. Por el contrario hoy, no existiendo otra alternativa (para nuestro entorno) que fortalecer y desarrollar la Economía Social y Solidaria como alternativa al capitalismo global omnipresente, lo que podremos hacer es, precisamente, fortalecer los organismos de esta forma económica, aún frágil y embrionaria, y no cargárnosla vendiendo su misma esencia: el mensaje de Comercio Justo y la práctica comercial justa.
Porque el Comercio Justo no sólo es el mensaje sensibilizador
sino la misma práctica de Comercio Justo. Las dos cosas unidas,
como consta en el Catálogo de Criterios de
Comercio Justo aprobado por este Coordinadora.. Lo que hace el SELLO
es divorciarlas, dejar para las OCJs el mensaje y la práctica comercial
se vende al capitalismo. Esto terminará por liquidar toda apariencia
de justicia en el comercio. Acabará imponiéndose el libre
mercado. Por tanto estaríamos ante una vulneración de los
CRITERIOS DE COMERCIO JUSTO, con lo cual caeríamos en la trampa
más sofisticada ideada hasta la fecha, que permitiría dar
el título de “justo” al marketing “con causa”.
Esto no quiere decir que estemos en contra del SELLO DE COMERCIO JUSTO. Estamos ahora en mejores condiciones, que ayer, de estudiar y definir qué CLASE DE SELLO puede convenir a la protección de nuestros intereses y criterios para el desarrollo del Comercio Justo y este es el debate primero que debiera haberse abierto.
Los tiempos han cambiado desde 1999, fecha en que se publicaron en España las primeras propuestas sobre el SELLO y han cambiado a favor de un endurecimiento de la economía de mercado. Ya no estamos en los tiempos fáciles de auge del Comercio Justo en Europa. Las mayores dificultades exigen nuevas propuestas de acción y si no se delimitan los campos de la economía de libre mercado y de economía social, si no identificamos la ventaja comparativa de la economía social que representa el comercio justo, seremos absorbidos por el marketing del consumismo.
Asistimos a una ofensiva empresarial en todos los terrenos (financiero, político, cultural y militar), que tiene su expresión en la pérdida de la responsabilidad de los Estados de los países ricos hacia el Tercer Mundo y cierto descrédito de las ONGs (crecientemente debilitadas por las “ayudas” empresariales). La creciente difusión del marketing en la cultura, ha “tocado” también a un sector amplio del movimiento de rectificación moral y se han deteriorado los términos de la cooperación y la solidaridad, de manera que la visión clásica de los años 80 se ha devaluado. La frontera entre la solidaridad crítica- alternativa y la solidaridad de nombre (como sucede con el marketing “con causa”); entre la solidaridad de fondo que se identificaba con el receptor empobrecido se ha desdibujado hasta el punto de pasar al reino de lo virtual donde las grandes palabras carecen de autenticidad. En el caso del Comercio Justo esta declinación se expresa en la forma en como se ha llevado la iniciativa del SELLO, como si fuera válida para esta nueva realidad las viejas propuestas de los años 80 en que, con gran ingenuidad, se pensaba que las empresas se iban a convertir a los principios de equidad y justicia.
Entonces se hace preciso delimitar los campos del libre mercado y de la economía social, no ceder en nuestra vinculación con los pequeños productores de las materias primas en el Tercer Mundo (en nuestro caso), asegurar que la economía popular asociativa pueda reproducir sus condiciones de trabajo y su capital productivo, recibiendo un precio justo (ver más adelante el apartado 4 (pág. 11-12)
¿Qué tipo de SELLO proponemos?
En primer lugar, un Sello o distintivo de Comercio Justo, éste no pueda ser objeto de mercado. El SELLO es un título de fidelidad, un SIGNO de que quién lo porta hace un COMERCIO JUSTO, un signo con contenido y respaldo que generará confianza en el consumidor responsable (responsable no sólo de su salud y de su bolsillo, sino responsable público, porque está por la defensa una economía social y solidaria. Este será el signo de la confianza y sólo podrá ser utilizado por las OCJs y excepcionalmente por otras organizaciones de economía social y solidaria si así se aprueba. No podrá ser objeto de venta y mucho menos a empresas del ámbito de la economía de libre mercado, a empresas de capital privado.
En segundo lugar el SELLO nos obligaría a las OCJs a responder
a una serie de cuestiones de confianza mutua. Señalamos estas tres:
1 ¿QUÉ PRECIOS DEBEN RECIBIR LOS PRODUCTORES POR LAS MATERIAS PRIMAS O SEMIELABORADAS QUE SE VENDEN EN EUROPA CON EL MARCHAMO DE “COMERCIO JUSTO”?2 ¿QUÉ EVALUACION EXISTE EN LAS OCJs A CERCA DE LAS PRESIONES MERCANTILES POR ACCEDER AL DISCURSO SENSIBILIZADOR DEL COMERCIO JUSTO PARA INCLUIRLO EN SU MARKETING?
3 ¿EXISTE UNA ESTRATEGIA DEL MOVIMIENTO DE COMERCIO JUSTO PARA ESCAPAR A ESA PRESION INTEGRADORA, QUE FINALMENTE CONSEGUIRA VENDER MÁS A LOS CONSUMIDORES EUROPEOS PERO COMPRANDO A PRECIOS INSUFICIENTES A LOS PRODUCTORES DEL TERCER MUNDO?
En tercer lugar precisaremos elaborar un memorando de recomendaciones
e incluso condiciones que precisará cumplir para obtener la consideración
de ECONOMIA SOCIAL Y SOLIDARIA (siempre para nuestro SELLO, entiéndase).
Para esto se podría solicitar ayuda a REAS.
En cuarto lugar, se requerirá formar una comisión de trabajo o delegar a las importadoras, por ejemplo, la preparación de un proyecto de contenidos y principios para la emisión del SELLO de Comercio Justo. No nos debe de inquietar el tiempo. Hasta ahora hemos funcionado sin SELLO, o mejor dicho el SELLO era nuestra propia marca. Ahora se trata de ir a una forma común de marca, que exprese nuestra coordinación y condición de miembros de este movimiento.
Puesto que no podemos obviar que ejercitamos y practicamos la economía social, debiéramos estimar la idea de contar con REAS para este proyecto.
En quinto lugar, será necesario abrir en el seno de la Coordinadora,
una mayor reflexión sobre los temas siguientes:
Sabemos que existe un problema de tiempo (que en gran parte absorbe
nuestra actividad práctica), pero la necesidad de organizar un ENCUENTRO
interno para estos temas se vuelve cada día más apremiante.
Aunque nuestro objetivo, como OCJs no sea exclusivamente comercial o mercantil, tenemos no obstante que operar en este terreno aunque nos orientamos al consumidor responsable que es en suma el comprador de estos productos. Existe, por tanto, una contradicción entre “tener que vender suficiente para autofinanciar nuestras organizaciones” y el hecho de que “nuestro objetivo esencial no es vender”. Si no vendemos no hay organización ni hay movimiento. Si vendemos sin criterio y sin estrategia puede haber organización pero no habrá Comercio Justo por mucho que pongamos un SELLO que diga “este producto es de Comercio Justo”. Estamos ante un dilema. No es suficiente el criterio (que al fin y al cabo es una norma de conducta), hace falta una estrategia y quizás más cosas, pero determinemos estos dos de momento.
Para resolverlo hemos venido trabajado sobre el concepto de “comercialización alternativa”, esto es, una comercialización que si bien tiene que vender suficiente también tiene que incorporar algún elemento de transformación del mercado (estrategia ante el mercado), en concreto, ante el mercado mundial que marca los precios a la baja de las materias primas. Una transformación, también, del mercado de trabajo de forma que el salario no se divorcie de la propiedad del capital social de nuestras organizaciones. Una transformación, en tercer lugar, de las formas de marketing convencional de acceder a los consumidores y llevarles la posibilidad de participar en un proyecto de cambio. Un trabajo, en cuarto lugar, para ir creando redes de distribución alternativa a los canales tradicionales cada vez más controlados por los hipermercados y el capital financiero. La experiencia muestra que el avance en estos cuatro terrenos (mercado mundial, mercado de trabajo, sensibilización y redes) el avance es lento y es lógico que así sea, pues estamos construyendo los cimientos de una economía social en el campo del comercio alternativo y no hay experiencias históricas anteriores como las hay en el campo de la producción alternativa y cooperativa.
Las dificultades para hacer viables nuestras OCJs, es un tema que debiera ser motivo de debates y de análisis. Debemos admitir que en las organizaciones importadoras tenemos distintos enfoques o podemos teorizarlos como distintos, pero hay algo común a todos nosotros y es que nos guste o no, comerciamos y tenemos que comerciar como cualquier empresa que tiene que obtener resultados suficientes para cubrir los cuantiosos gastos. Tenemos en definitiva que formar organismos económicos viables y eso implica que logremos suficientes INGRESOS para CUBRIR los GASTOS. Hasta aquí como en cualquier empresa económica (sea capitalista o sea de economía social)
Pero con relación al Comercio Justo, tanto la importación como la venta final a los consumidores, será una práctica distinta a convencional, que por una parte tiene que operar con reglas del mercado convencional y por otra superarlas y crear normas y práctica que eviten sus efectos depredadores sobre el trabajo productor (y por supuesto sobre el medio ambiente, la salud, etc.)
La cuestión del SELLO gira, como vamos a ver, en torno al problema de la viabilidad de las entidades de Comercio Justo. Durante estos años hemos podido comprobar en la práctica las dificultades para alcanzar el punto de equilibrio en una OCJ (ingresos = gastos) y esta dificultad es mayor en una OCJ de economía social que en una empresa pura y dura. Si compramos a precios superiores a los del mercado mundial y las ventas son todavía pequeñas o si una importadora, por comprar caro al productor es necesario vender también caro (en relación a los precios de mercado corrientes) a una Tienda de OCJ ¿No se va acaso trasladando el sobreprecio de unos a otros hasta el consumidor final?. Cierto que la importadora tendrá que reducir al máximo su margen para entregarlo a la Tienda de Comercio Justo a un precio lo más cercado al precio de mercado. Pero ¿cómo lo conseguirá? ¿no es acaso bien difícil?. Porque el objetivo a medio plazo es poder eliminar el sobreprecio y vender a precios competitivos –en la medida de lo posible y lo asequible- y esto aumentará el abanico de consumidores?. La pregunta, pues, de fondo es ¿cómo podremos sostener la economía de la tienda o de la organización importadora?.
La empresa pura y dura compra a los más bajos precios posibles, desvalorizando el trabajo del productor, después se ampara en el ley de hierro del salario y explota el trabajo productor de la mercancía final en el empresa de la metrópoli. De esta manera obtiene unos productos que contienen más valor del que le ha pagado por producirlos, pues la empresa no paga los costes externos (externalidades), como la salud física y mental del trabajador, no paga el deterioro del medio ambiente, la creciente degradación urbana y por supuesto no paga los incrementos de productividad del trabajo, que no son otra cosa que valor añadido al producto. La empresa no hace desembolso de estos costes que los pagan los/las trabajadores/as y el medio ambiente.
Así puede llegarse a obtener altos beneficios privados en épocas de auge o puede sobrevivirse en épocas de crisis, pero creando un creciente brecha entre ricos y pobres. La OCJ, como parte de la economía social, opera de otra manera: no puede explotar el trabajo de los otros y por lo tanto los costos de producción son más grandes. En realidad tiene que desembolsar más dinero para poner en marcha su capital y además el capital es colectivo. Su competitividad está en inferioridad de condiciones claramente frente a la empresa privada capitalista.
¿Dónde están, entonces, las ventajas comparativas del Comercio Justo?. Esta es la pregunta de millón. Mientras no la resolvamos estaremos dando tumbos, moviéndonos en la oscuridad.
La solución de subir los precios, es el recurso más fácil pero el más contraproducente. No es el camino y sin embargo, a veces, es el único camino. Pero hay que salir de esa encerrona pues es una encerrona. De hecho se entra en el círculo vicioso donde se llega a un punto en que ya no se vende suficiente para cerrar bien el año (los precios son tal altos que los clientes ya no compran y se nos va a otro lugar). Habrá que estudiar otras soluciones como alcanzar una mayor eficiencia en el trabajo o soportar una mayor carga de trabajo a menor coste. En las OCJs no se dará la explotación pero se dará la autoexplotación, voluntariamente claro, porque cuando hay entusiasmo se trabaja sin salario. Pero esto también tiene su período de agotamiento ya que cuando no hay frutos o resultados palpables se pierde la confianza. Tiene que haberlos.
Pero, sin duda, donde está la VENTAJA COMPARATIVA de las OCJs frente a las empresas convencionales privadas es su propio mensaje-ligado-a-la-practica y los resultados. En la economía social y solidaria se reparten los resultados pues se procura restituir el valor aportado por cada sujeto, por lo que lejos de generar diferenciación es un factor de reequilibrio. Sabemos que si somos capaces de estructurar ambos (mensaje y práctica reequilibradora a través de un comercio justo), podremos ser capaces de movilizar muchos recursos ociosos, muchos esfuerzo de facilitación de la gente con voluntad solidaria, todo ello sin coste alguno. De esta manera reduciremos los costes de comercialización. Hay mucha gente en la sociedad dispuesta a dar su tiempo si se le ofrece una posibilidad liberatoria y el Comercio Justo la tiene, la economía social la tiene. Esto sólo lo puede dar la confianza y la credibilidad. Ahora bien ¿podremos mantener la confianza liberatoria si entregamos el SELLO a las empresas de capital privado?.
Ya no estamos en los tiempos en que los datos de crecimiento del Comercio
Justo se mostraban tan espectaculares como anunciaba el Anuario de Comercio
Justo para 1998-2000. Hoy por el contrario asistimos, por lo menos
en España, a muchas dificultades para la viabilidad de las pequeñas
tiendas e incluso para organizaciones de cierta entidad. Es sabido del
cierre de varias tiendas.
| "En la actualidad, el Comercio Justo es un mercado alternativo importante.
En 1995, las organizaciones de Comercio Justo consiguieron una facturación
de 250 millones de dólares (unos 35.000.000.000 Ptas. de entonces)
de venta al detalle, y posibilitaron el trabajo a más o menos 500.000
artesanos y trabajadores del Sur (dato sacado de la conferencia de IFAT,
EE.UU., mayo 1995). En Europa, los productos de Comercio Justo se venden
en 70.000 establecimientos y la facturación sobrepasa los 200 millones
de dólares de ECU (venta al detalle). En Europa también la
tasa media de crecimiento es del 5%. En España, por ejemplo, la
facturación aumentó en casi el 70% entre 1995 y 1996, superando
el doble de las cifras entre 1994 y1996. En Francia el mercado casi se
duplicó de 1994 a 1996 y en Italia crece a un ritmo superior al
10% anual. Para algunos productos en ciertos países, se han alcanzado
las cuotas de mercado muy altas: 8% en Países Bajos y 13% en Suiza
para los plátanos, por ejemplo, mientras el café orgánico
de Comercio Justo representa el 70% del mercado del café orgánico
en Austria"“
ANUARIO DE COMERCIO JUSTO 1998-2000” (Pág. 25) |
¿Cómo harán las OCJs para sobrevivir?. La salida de contar con fondos complementarios, como subvenciones, etc., no puede mantenerse indefinidamente. No hay que descartar que durante una primera fase la OCJ deba y tenga que recurrir a un financiamiento de subsidio y de hecho todas hemos nacido así, con una carga importante de ayuda externa, bien por la propia gestión, bien por la gestión de la ONG de cobertura que suele acompañar a toda OCJ. Pero esto no puede durar mucho y no es conveniente que siga siendo así, por lo que en una 2ª fase la OCJ deberá ser autosuficiente lo más posible, al menos en los gastos operativos. Esto exige una planteamiento serio, de fondo que debemos abordar de una vez, como por ejemplo DOTARNOS DE PLANES DE APOYO MUTUO Y PROTEGERNOS COMO GREMIO O GRUPO. Si esta política se hubiera estudiado y acordado en la Coordinadora ¿qué sentido tiene emplear tiempo en diseñar un proyecto de SELLO comercializable por las empresas privadas convencionales? ¿No van estas iniciativas en detrimento de la economía social que representamos?
Un SELLO para un gremio o grupo o colectivo como es el nuestro, un SELLO protegido frente a las apetencias de las empresas mercantiles, nos proporcionaría cierto grado de seguridad futura pues no hay que dudar que la GRAN NOVEDAD del Comercio Justo, frente al LIBRE MERCADO, está, como su propia adjetivación lo indica, en su aspiración a hacer justicia, acompañando a los pequeños productores a entrar en el mercado, en ser facilitadores suyos, conectándoles, sin otros intermediarios, con los miles y millones de consumidores que les pagarán PRECIOS JUSTOS. Este elemento moral constituye el principal valor de nuestro movimiento, el factor movilizador de la confianza de los consumidores. Sabemos que las empresas de lucro necesitan ganarse la confianza de los consumidores y que quieren hacerse con esta "clave". No lo pueden hacer sin contar con nosotros pues cualquier denuncia les asusta y tenemos capacidad de movilización social. Ellos también saben que no pueden contradecir la ley de hierro de los mercados por la que se compite y lucha a muerte por hacer bajar los precios de las materias primas del Tercer Mundo, pero si obtienen alguna autorización nuestra podrán. Entregarles nuestro SIGNO, a cambio de un dinero, ¿no resulta descabellado?. No es algo así como la venta de nuestra verdadera fuerza moral. En realidad lo que hacemos es legitimar el marketing “con causa” a cambio de nuestra desaparición como opción de “justicia” (o sea, metemos la zorra en el gallinero con todas las bendiciones).
La viabilidad de nuestras microempresas, de nuestras organizaciones
depende mucho de que sepamos movilizar la confianza de los consumidores
para que no sólo compren sino que además faciliten labores,
gestiones, actuaciones, redes, etc. lo que nos supondrá un importante
ahorro de costes lo que nos permitirá alcanzar el objetivo de la
viabilidad. Esta es precisamente la clave de nuestro éxito
¿la vamos a vender a empresas de las que estamos seguros no van
a cumplir con los pequeños productores
y proveedores como lo hacemos nosotros?
¿Pero a qué precios habrá que pagar los productos al Tercer Mundo? ¿Cuánto hemos de pagar a los productores por una Quintal de café verde, para poder decir que estamos haciendo Comercio Justo?
Aunque parezca obvio, el problema está lejos de haber sido consensuado por el movimiento de Comercio Justo. Responder a esta cuestión es crucial. Podemos comenzar esta tarea con una primera definición: "el precio de la materia prima, para que sea justo, debe ser un precio superior al que marca el mercado mundial en la bolsa de valores de las materias primas". Si, ¿pero cuanto de superior?, ¿un 10%?, ¿un 15%? ¿Cuánto por encima del precio que marca el mercado mundial en la Bolsa de materias primas de Nueva York para el café arábica, o de Londres para el café robusta?. Es bien sabido que estos precios bursátiles varían constantemente y experimentan alzas y bajas imprevisibles, bajo los efectos de la especulación y otras mañas.
Si el precio de la bolsa de NY está a 50 US$/quintal, la pregunta es ¿sería suficiente comprar a 70 US/quintal, por ejemplo?. No cabe duda que, con esta subida, el productor saldría beneficiado, pero la pregunta que nos hacemos, la pregunta de fondo, es ¿podrá con ese ingreso de 70, cubrir todos sus gastos sin empobrecerse, de manera que pueda reproducir el ciclo productivo otra vez?. Pues, no podrá.
La cuestión, según la experiencia, no es pagar –desde
el mercado de la metrópoli (importadores) - un % por encima del
precio del mercado mundial, sino pagarles, por lo menos, un precio
tal que les permita cubrir LOS COSTOS PROMEDIO DE PRODUCCIÓN. Estos
costos son conocidos y rondan los 85 US$/quintal, a precios de Nueva York
(que incluyen los gastos de flete de transporte al puerto destino). Una
OCJ que se precie de comprar por encima del precio de bolsa de NY (clase
arábica), por mucho % elevado sobre el bajo precio de mercado que
conceda, no está resolviendo el problema de fondo, si no alcanza
a cubrir el COSTE DE PRODUCCION. Más
duro y más claro aún: en nuestra opinión NO ESTA HACIENDO
COMERCIO JUSTO.
| "¿Qué es un 'precio justo'? El «precio justo»
es quizás la característica más conocida del
Comercio Justo. Como los demás criterios, el precio justo es el
resultado de una negociación. El precio debe cubrir el coste total
de la producción, gastos sociales y medioambientales incluidos.
Debe ser lo suficientemente alto para que dé a los productores
una vida digna y un margen para invertir en el futuro. En el caso
de las materias primas como el café o el cacao, cuyo precio se determina
en las bolsas, el Comercio Justo paga el precio mundial, que no tiene mucha
relación con los costos de producción, y, además,
un margen adicional. Garantiza un precio mínimo, independiente de
las fluctuaciones erráticas del mercado."
“ANUARIO DE COMERCIO JUSTO 1998-2000” (Pág. 28) COMENTARIO: Esta definición de “PRECIO JUSTO” del Anuario merece ser analizada. Tiene dos partes. En cuanto a la primera, estamos de acuerdo en que el precio debe cubrir el coste total de producción, pero la definición, al añadir “..... más los gastos sociales y más los medioambientales”, resultar superflua, pues estos gastos entran ya en la producción, están comprendidos en los gastos de producción, y su valor debe estar incluido en el “precio justo” de la mercancía sea la que sea. En cuanto a la segunda parte, cuando se desciende a las materias primas, como el café, todo parece ser una excepción de la regla dada en la primera parte y el PRECIO JUSTO ya es otro. Ya no es el precio que ha de cubrir el coste de producción más el incentivo sino el PRECIO DEL MERCADO MUNDIAL más un MARGEN adicional. ¿Cuánto de margen? No se dice. Esta laguna, este vacío sobre el que se da un salto mortal es definido por las empresas lucrativas que compran el SELLO-FLO. En realidad el salto mortal lo dan el Comercio Justo entregando el SELLO que no garantiza el PRECIO JUSTO. La caída al dar ese salto sin red de protección si que llega a ser mortal. Al respecto queremos remitirnos al documento de FLO que puede encontrarse en INTERNET, firmado por Ruediger Meyer (E-mail: r.meyer@fairtrade.net), titulado “EL COMERCIO EQUITATIVO: UNA ALTERNATIVA VIABLE PARA PEQUEÑOS PRODUCTORES”, fecha 18 de diciembre de 2001. En el documento se regula cual debe ser el precio que deben pagar las empresas que compran el SELLO de Comercio Justo. Pues bien, este precio sería equivalente al PRECIO DEL MERCADO MUNDIAL (Bolsas de N.Y y Londres), más un PREMIO de 5 centavos por libra. Evidentemente no se paga el COSTE DE PRODUCCIÓN. Si el margen vienen a ser estos 5 centavos por libra, estamos arreglaos. Esto no alcanzará, por lo general, en absoluto, a cubrir el COSTO DE PRODUCCIÓN. Preocupados por hacer “vendible” el SELLO de Comercio
Justo a las empresas mercantiles privadas (tostadores, les llaman), FLO
no garantiza al productor precios para salir de la espiral de la pobreza
y sin embargo comienza el documento con grandes verdades como “La causa
principal del subdesarrollo está relacionada con el funcionamiento
del mercado mundial. Para su sobrevivencia y desarrollo los países
en vías de desarrollo dependen de la exportación de materias
primas a los países industrializados....”. En su discurso
concienciador los autores parecen querer convencer a las dos partes de
la metrópoli (a los consumidores sensibles y a las empresas de capital
privado), de que han encontrado la “piedra filosofal” en el SELLO de Comercio
Justo, resultando así uno de los mejores exponentes de alquimia
contemporánea: EL MARKETING “CON CAUSA”.
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Se nos preguntará cómo definimos el PRECIO JUSTO y contestamos que estamos de acuerdo sustancialmente con la definición (primera) del ANUARIO (ver recuadro del Anuario y Comentario). Efectivamente, si un precio que pagamos a nuestros amigos no cubre todos sus costos de producción, éstos no podrá volver a reanudar el ciclo productivo en la mismas condiciones. Y ¿cuáles son los costos de producción? los salarios y todos los gastos de capital desde la materias primas empleadas en la producción hasta la reposición del capital desgastado en la producción. Esto es lo que gasta la unidad de producción cooperativa o asociativa por lo siguientes:
1. Todos los gastos que suponen los medios de producción empleados en el cultivo hasta que se recolecta el fruto (semillas, abonos, insecticidas, etc.).2. Todos los gastos que representan el desgaste del capital fijo (perdida de fertilidad de la tierra compensada con reposiciones de capital, desgaste de medios de capital, como herramientas, maquinas, etc., pues el café después de recolectado tiene que pasar por el “beneficio húmedo”.
3. Todos los salarios. En esto se incluye la reposición del valor de fertilidad de la tierra (coste medioambiental) e incluso de descontaminantes si hubiera contaminación.
Por otra parte, si el salario es de 1 dólar al día
como ocurre en el Tercer Mundo difícilmente puede cubrir los costos
de reproducción de la fuerza de trabajo sanamente (con suficiente
alimentación, salud, comunicaciones, etc.), y sin embargo ningún
economista, ninguna empresa lucrativa va a tener en cuenta en su contabilidad
esos costes. Una OCJs si podría hacerlo (a favor de los pequeños
productores claro), o “irlo haciendo”. No podrá hacerlo de golpe
pero si podrá conseguirlo si va logrando una acumulación
previa. Esto no quiere decir otra cosa que el camino del desarrollo y de
alcanzar ciertas etapas de bienestar en los productores del Sur, esta bien
lejana. Pero lo que importa es saber que hay un camino aunque hasta ahora
poco explorado.
Teniendo esto en cuenta ¿Qué OCJ, que se precie de ello, puede presentarse ante el consumidor responsable y venderle el producto diciéndole que hace COMERCIO JUSTO simplemente por que le paga un 10% más al productor por encima del precio de mercado mundial marcado en ese momento en la Bolsa neoyorquina?. Habrá que ver si ese precio pagado llega a cubrir el COSTO DE PRODUCCIÓN, esto es, si llega a ser de 85 US$/quintal, o 90 US$/quintal según se pacte. Si el productor pacta un precio de 70 y a él le cuesta 90 habrá que decirle que, por una parte, no debe pactar por debajo de 85 y, por otra, debe tratar de ser más eficiente para abaratar los costes suyos, para bajar de 90 hasta llegar a 85, que es el PRECIO DE COSTO PROMEDIO EN LA ZONA Y EN CONDICIONES SIMILARES (en el caso de nuestro ejemplo). Así poco a poco nos iremos acercando al desarrollo, se trata de ir subiendo escalones, pero pisando firme.
¿Acaso nos dicen algo de esto las OCJs promotoras del SELLO?
¿Acaso van a operar así las empresas privadas que compren
el SELLO DE COMERCIO JUSTO?. Sabemos que no lo
harán porque si lo hicieran no serían competitivas y quebrarían.
No lo harán no porque no quieran, sino porque NO PUEDEN hacerlo
sin poner en contradicción toda su concepción de la empresa:
el logro del beneficio privado, el lucro.
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