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La economía popular alternativa: una visión sobre el terreno |
[Publicado en el Boletín de la Asociación
de amistad Hispano Nicaragüense "Rubén Darío" (núm.
12), febrero de 1997]
"El café necesita
agua, sol, tierra, espacio para crecer y trabajo"
La empresa Alfonso Núñez podría ser el paradigma de embrión de una nueva forma de economía, de una nueva forma de vida, de lucha contra la injusticia social. En el corazón de Nicaragua nace esta empresa agrícola, productora de café, donde los campesinos son los propietarios de las tierras que cultivan. Hablamos de personas que huyen de la explotación, figura estelar de la economía de Mercado, y cada día alimentan sus ilusiones con café, con el fruto de su tierra y de su trabajo. De sol a sol, en mitad del trópico tratan de construir un mundo mejor, sueñan con la Revolución que les dio las tierras, pero saben también que les queda mucho camino por andar solos... porque están solos. En Nicaragua, el Gobierno hace tiempo que se emancipó. Sus gobernantes se convirtieron en adultos, abrazaron la madurez del capitalismo y dejaron a su suerte a todo un pueblo. Quizá sea eso el capitalismo.
Nuestro relato no es más, ni tampoco menos, que el resultado de un par de días de convivencia, trabajo y mucha "plática" entre unos pocos españoles brigadistas de la Asociación Rubén Darío y la gente de la Alfonso Núñez. Somos compañeros de la misma lucha, y vosotros, los nicaragüenses, nos enseñáis que la emancipación de un pueblo a través de la construcción de un modelo alternativo de desarrollo, la llamada "Economía Popular, Asociativa y Autogestionaria", está dejando de ser una quimera para convertirse en la única vía de futuro de los oprimidos y explotados. Nos llenáis de esperanza.
La Alfonso Núñez está situada en la Dalia,
una pequeña comunidad en la montaña del Departamento de Matagalpa.
Llegar allí es difícil, como a casi cualquier otro lugar
de Nicaragua, porque las carreteras están en muy mal estado, o simplemente
no están. Llegamos y la plática comenzó.
Como fruto de las reformas agrarias del Gobierno sandinista y de las negociaciones "conciliadoras" de éste y de la Unión Nacional Opositora (UNO) para el traslado de poderes tras el triunfo electoral del partido de Chamorro en 1990, este Gobierno heredó un país con uno de los repartos más equitativos de la tierra de toda América Latina. La UNO, al no contar con el sesenta por ciento de los escaños necesarios en el parlamento para reformar la Constitución, no tuvo más remedio que respetarla, quedando así más o menos garantizados los logros de la Revolución.
La Alfonso Núñez es producto de la privatización de la antigua "Empresa Estatal Alfonso Núñez", en 1990. Esta empresa estatal estaba formada por doce fincas, de las cuales:
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Pero el problema gravísimo de la titularidad de las propiedades aparece cuando los antiguos dueños las reclaman, amparándose en las escrituras, ya que de las cinco fincas sólo una está a nombre del Estado, siendo el resto de propiedad "legítima" de aquellos. |
Es así como la Alfonso Núñez no ha tenido otro camino que, sola y haciendo un esfuerzo económico importantísimo, tratar de negociar directamente con los antiguos propietarios. De este modo, las estrategias seguidas en cada finca han sido diferentes.
Hay que tener claro que, en su mayor parte, el proceso de distribución
de la tierra en manos de la gente que la trabaja depende de la voluntad
política del Gobierno en un momento dado, cuanto más en un
período de cambio político. La pregunta que nos debemos hacer
es si el nuevo Gobierno de Alemán respetará o no el área
de propiedad de los trabajadores, que tanto les recuerda la Revolución.
El pulso de fuerzas está latente.
La empresa Alfonso Núñez, formada por cinco fincas, pertenece a socios trabajadores que se organizan aparentemente como en una sociedad anónima: tiene una asamblea general de socios, una junta directiva, órganos de administración y gestión, etc. Sin embargo, estas unidades económicas autogestionarias se diferencian de las clásicas empresas en que, al no existir la tradicional oposición entre la figura del propietario y del trabajador, aquellos que trabajan la tierra tienen el control de la empresa. Ellos no tienen dueño. En cualquier caso deben organizarse, y en cada finca existe un responsable: el mandador. A éste le ayuda un planillero que vigila la producción y controla el trabajo de sus compañeros. Y, por último, aparece la figura del capataz, que se encuentra frente a cada cuadrilla de trabajadores.
Llegados a este punto, y en estas condiciones, debemos preguntarnos
cuál es el papel del sindicato como estructura clásica de
defensa de los trabajadores que son explotados por la propiedad de los
medios de producción. Es evidente que en un sistema de Economía
Popular desaparece dicha confrontación de intereses y hay que concluir
que el sindicato se convierte en un mero transmisor de los problemas de
los trabajadores a nivel concreto ante sus órganos de representación
superiores.
La jornada de trabajo de un agricultor en cualquiera de las cinco fincas de la Alfonso Núñez comienza a las seis de la mañana y dura hasta el mediodía (el horario marcado en la ley es de dos horas más). Su salario diario es de unos ocho córdobas, una cantidad extremadamente baja, si tenemos en cuenta que una libra (aproximadamente 450 gramos) de frijoles se vende en el mercado a doce córdobas. Aún así, están contentos porque saben que el precio fijado por el Gobierno a cambio de su trabajo estaría en torno a cinco córdobas y medio.
Al margen del salario, cada trabajador tiene derecho a desayuno, almuerzo
y cena y otras prestaciones de carácter social que veremos más
adelante. Como parece evidente que con un sueldo como el que cobran no
alcanzan a vivir los trabajadores y sus familias, la empresa reparte tierras
para el autoconsumo. El criterio principal que se sigue a la hora de fijar
la cantidad de terreno es la capacidad del trabajador para cultivarlo.
De este modo, el socio en función de su capacidad y de sus necesidades
trabaja también por las tardes en un trozo de tierra como complemento
a su trabajo en la empresa.
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Así, son muchas las horas que se dedican al campo, confiando en que sus esfuerzos no sean en vano, y en que en un futuro no muy lejano se aumente la producción, desciendan los costes y puedan subir los salarios y reducir las jornadas. |
Las condiciones de trabajo son muy duras porque carecen de cualquier tipo de tecnología en el proceso que les alivie la tarea. Llevan a cabo labores preventivas y de combate de plagas de modo casi artesanal. El ejemplo más impactante es el de la "broca" (un insecto muy pequeño que penetra en el grano y se come la semilla), que obliga a ir seleccionando y eliminando uno a uno aquellos granos de café que están afectados por la enfermedad. Las hierbas y malezas salvajes, que nacen sin parar en el trópico, son desbrozadas con machetes cada tres meses aproximadamente porque no pueden comprar herbicidas. Para trasladar la cosecha de café de la misma plantación a la carretera donde espera el camión para llevarla al beneficio húmedo, no tienen más que sus propias fuerzas, ni un solo animal de carga.
Hay que señalar que no todos los trabajadores de la empresa son
socios. Por un lado están los trabajadores permanentes no socios,
familiares de los primeros, que adquirirán tal condición
en la primera ampliación de capital que la empresa realice. Y, por
otra parte, en época de recolección del café se contrata
personal ante la avalancha de trabajo y su inmediatez para realizarlo.
En cualquier caso, estas personas se integran perfectamente en la estructura
de la empresa, participando en ella como cualquier otro trabajador-socio,
y recibiendo por su trabajo el mismo salario y las mismas prestaciones
sociales.
Una vez que el café maduro ha sido recogido, se traslada en camiones al beneficio húmedo. El beneficio húmedo es el lugar donde el café se clasifica por calidad (se echa a un pilón de agua -el sifón- y el café bueno, el pesado, se precipita al fondo, mientras que el vano, enfermo, brocado o seco flota), se despulpa en unas zarandas vibratorias, después fermenta entre 24 y 36 horas y, finalmente, se deja secar en unos patios a la espera de ser trasladado al beneficio seco. Allí la semilla ya del café sigue secando, por lo que es muy importante que esté situado en zonas de pocas lluvias, para ser posteriormente, y por última vez, trillado y empaquetado, listo para la exportación. El café se exporta verde porque la mayoría de los cafeteros nicaragüenses no tienen recursos para comprar su propia tostadora.
La Alfonso Núñez tiene beneficio húmedo,
por lo que lleva la semilla fermentada a las instalaciones de beneficio
seco de AGROCAFE, Empresa Agropecuaria de UNAPA
(Unión Nacional de Productores Asociados), de la cual es miembro.
La UNAPA agrupa a los nuevos sujetos económicos
trabajadores-socios, bajo un modelo asociativo y autogestionario, y, por
el momento, aporta el 8% de la producción nacional de exportación
de café.
Logotipo de UNAPA
Tradicionalmente, todo beneficio húmedo ha estado a la orilla de un río, del que se canalizaban sus aguas para el lavado y seleccionado del grano y eran devueltas más adelante contaminadas con la pulpa del café. Sin embargo, por el momento, en la Alfonso Núñez se ha construido un pulpero, donde se echan los desperdicios del café, se ponen a secar y descomponer, y luego se utilizan como nutrientes en los viveros, aunque éste no es de muy buena calidad. Incluso así, las aguas del lavado siempre vuelven a parar al río, aunque ahora se haga en unas mejores condiciones.
De este modo la empresa se ha planteado hacer un beneficio húmedo ecológico en el cual
Desde un punto de vista histórico, se puede afirmar contundentemente que el Gobierno sandinista priorizó, junto con la enseñanza, el tema de la sanidad. Se levantaron centros de salud, se realizaron innumerables campañas de medicina preventiva, se llevaron a cabo proyectos de potabilización de aguas en grandes áreas, etc. Sin embargo, a partir de 1990 el plan neoliberal de Chamorro, trazado indiscutiblemente por el Banco Mundial, empezó a cerrar centros y los que sobrevivieron tienen en la actualidad muchísimas carencias.
En nuestro caso concreto, en la zona de La Dalia, sólo existía
un hospital primario con atención materno-infantil y medicina general.
Para otro tipo de necesidades debían acudir al Hospital regional
de Matagalpa, a unos 50 km, por un camino de montaña. Así
las cosas, en 1993 nació la idea de crear un centro de salud en
la finca. El proyecto se inicia por una ONG belga, la FOS, que lleva trabajando
en Nicaragua desde la época sandinista y que, en este caso, aporta
la infraestructura de la clínica. Paralelamente, nace el llamado
"Seguro del Campo", sistema de protección social que le garantiza
consulta médica y medicamentos al trabajador y a su familia. El
seguro se financia del siguiente modo:
Al "Seguro del Campo" están afiliados el 78% de los socios
y el 52% del total de los trabajadores (trabajadores permanentes no socios
y trabajadores temporales).
El primer año de funcionamiento de la clínica fue en 1996
y, dado por descontado que no hay ni habrá ninguna aportación
gubernamental, se ha creado un fondo para sostenerla cuando termine el
proyecto de cooperación de la FOS. El centro está asistido
por un médico y una enfermera, los cuales tienen que atender como
poco a la población de las cinco fincas, unas 4000 personas. Es
importante destacar que la clínica atiende no sólo a los
trabajadores de la Alfonso Núñez, sino a otra población
de La Dalia.
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Anecdóticamente, podemos reproducir lo que Augusto González Echevarría, el médico nos contó: "El primero de septiembre de 1995 llegué a la Finca y cuatro horas después de comenzar con la consulta me di cuenta de que estábamos en una situación de emergencia palúdica: De casi trescientos trabajadores, doscientos estaban enfermos. Decidimos que durante cinco días había tanto que fumigar como facilitar medicamentos. Ya en el mes de octubre, la incidencia había descendido a cinco o diez casos solamente."
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Se han realizado diversas campañas fumigadoras y el paludismo está controlado. Para evitar diarreas se clora el agua en su fuente y se garantiza el 90-95% de potabilidad. La desnutrición es otro gran problema, pero no depende tanto de la medicina preventiva como de la falta de financiación que no permite mejorar la alimentación. En cualquier caso, el grado de desnutrición en las fincas privadas se multiplica por tres. En La Dalia han conseguido que descienda la mortalidad infantil del 18 al 15 por mil y aumente la esperanza de vida de la mujer a 48 años y del hombre a 52.
En fin, parece claro que este pequeño oasis rodeado de un gran
yermo debe sobrevivir, debe crecer, y en ello está el empeño
de la gente de la Alfonso Núñez y de aquellas
personas fuera que compartimos su proyecto.
En la Alfonso Núñez, todo el mundo tiene garantizada la posibilidad de asistir a la escuela. En primer lugar, y para los más pequeños, de cero a 6 años, está la guardería de la finca. A pesar de funcionar en unas condiciones precarias, debido a la escasez de recursos, todos los días acuden unos 35 niños de 5:00 de la mañana a 14:00 de la tarde, justo el tiempo que sus padres y madres andan trabajando en el campo. Esta guardería está atendida por tres personas: una cocinera y dos cuidadoras. Durante el tiempo que están allí, se les dan dos comidas, desayuno y almuerzo, que consisten en sendos platos de arroz blanco con frijoles. Hasta hace poco, a los lactantes se les alimentaba con leche que proporcionaba el Instituto Nicaragüense del Niño, con ayuda de la Unión Europea, pero ahora es la madre la que, si puede, debe llevar la leche para su hijo. En la finca, por el momento, no pueden permitirse el "lujo" de comprar y alimentar ganado.
En la guardería se enseña a los niños lo más básico, los lavan, incluso los curan, pero, sobre todo, les dan mucho amor que es lo único que allí no escasea. Es sobrecogedor ver cómo tratan de enseñar a los niños las letras y los números cuando no tienen ni una pizarra, pocos cuadernos y muchos niños; lo limpias que están el par de habitaciones de las que disponen (además de la cocina), a pesar de las moscas hayan decidido instalarse allí, a pesar de que no tenga ni siquiera una letrina, a pesar de que el agua haya que ir a buscarla al río, a pesar de...
Por otra parte, está el CEIR, Centro de Educación Infantil Rural. Esta escuela primaria es fruto de la época sandinista y, por el momento, el salario de la maestra lo sigue pagando el Gobierno. De todos modos, todas las mejoras que se han ido haciendo en la escuela, incluso la actual construcción de una nueva más grande y con pupitres y cristales en las ventanas, se deben a las aportaciones y al trabajo solidario de ONGs extranjeras. La jornada escolar va desde las 8:00 a las 12:00 y desde las 13:00 a las 17:00 horas.
Por último, y como actividad fomentada y sostenida por la Alfonso
Núñez, aparece la escuela nocturna. Esta enseñanza,
principalmente de alfabetización, se lleva a cabo en el CEIR, cuando
tanto los adultos como los niños-trabajadores han terminado su jornada
laboral y tienen un rato de tiempo libre. Hay que hacer notar que, aunque
la ley dice que no pueden trabajar los menores de 16 años, en Nicaragua
es una realidad cotidiana que los niños empiecen a trabajar con
once o doce años. Es increíble el entusiasmo con el que acuden
a la escuela después de tantas horas de trabajo. Blanca García,
de 30 años, socia de la empresa, soltera y con 6 hijos, nos decía:
"Quiero
que todos mis hijos vayan a la escuela para que en el futuro puedan tener
un buen trabajo con el estudio".
El tema de la vivienda es una de las espinas que tiene clavada la Alfonso Núñez. A pesar de que al socio se le garantiza una casa, la mayoría de estas son de la época somocista y están en unas condiciones lamentables. Son unos cubículos de madera de unos tres metros cuadrados, en los que conviven juntos todos los miembros de una familia (la media es de 7 a 8 personas), con el suelo de tierra, sin agua corriente y sin letrina. Las nuevas casas que poco a poco se van construyendo con mucho esfuerzo son de ladrillo y con el techo de uralita, lo que, al menos, protege de la lluvia.
En cualquier caso, la empresa proporciona luz eléctrica, la potabilización del agua que se utiliza y la leña, lo que, en Nicaragua no es poco. Con relación al asunto de las letrinas, también desde hace escaso tiempo existe una letrina por cada dos o tres casas, gracias a un proyecto de una ONG estadounidense.
Como vemos, en un aspecto tan fundamental y necesario para disfrutar
de unas condiciones de vida mínimas como es tener una vivienda digna,
todavía a la Alfonso Núñez le queda mucho camino
por andar, aunque cada vez su paso se hace más firme.
Tratando de situarnos dentro del contexto del país, se puede
decir que en Nicaragua la situación
de la mujer se desenvuelve en condiciones casi infrahumanas: mujer
trabajadora, mujer madre, pero, sobre todo, mujer sola. La mujer en Nicaragua
es, muchas veces, la que sostiene con su trabajo fuera y dentro de casa
la economía familiar y, por consiguiente, la "deseconomía"
nacional. Es la que trae una media de cinco a seis hijos al mundo y tiene
que verlos morir ante sus ojos impotentes, o verlos crecer en la miseria.
Es la que es maltratada y abandonada por su compañero (en Nicaragua
el nivel de alcoholismo entre los hombres es altísimo). Es la que
no tiene horario, ni dignidad, ni cerebro, ni conciencia, ni derechos,
sólo deberes. La mujer nicaragüense, como la de otros muchos
lugares y no precisamente todos de países subdesarrollados, no es
educada en la igualdad de género, en la convicción de que
ella es también una persona. Quizá no fue a la escuela...
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En la Alfonso Núñez, casi un tercio de los socios son mujeres que trabajan la tierra y viven del café, como el resto de sus compañeros. Ganan el mismo salario y reciben las mismas prestaciones sociales. Tienen sus representantes tanto en los órganos de gestión y administración como en el sindicato e incluso han formado un colectivo de mujeres.
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La mayoría de las mujeres que trabajan en la empresa son madres
solteras que tienen a su cargo varios hijos y, algunas veces, hasta a sus
propios padres. En la finca vive y trabaja la cocinera María Echevarría.
Ella lleva allí desde los 14 años y ahora tiene 37. Es dueña
de tres acciones y, a pesar de trabajar más de 12 horas diarias
en la cocina de la Alfonso Núñez, tiene una casa con
tres hijos que cuidara. Su compañero se fue hace años que
ni ella misma lo recuerda. La diferencia entre María y cualquier
otra mujer nicaragüense es que ella, a través de su trabajo,
gracias a la escuela de la finca donde aprendió no solo a leer y
a escribir y, cómo no, a sentirse tratada igual que cualquiera de
sus compañeros por la empresa, ha tomado conciencia real de la igualdad
del hombre y la mujer, y lucha por ello sin descanso, como lucha sin descanso
por sus hijos, por la tierra que considera suya, por su futuro y el de
Nicaragua.