Para conocernos mejor

 


 



¿De dónde venimos?

El origen de ESPANICA está en un acuerdo entre la ONG española Asociación Rubén Darío (ARD) y la ONG nicaragüense CIPRES. La Asociación Rubén Darío es una organización pequeña, pero formada por personas con unas dosis enormes de ilusión y esperanza. Esta esperanza se fundamentaba –a principios de los años 80 del siglo XX- en los cambios sociales experimentados en Nicaragua, que abrían una posibilidad de formas alternativas de organización de la propiedad de la tierra, hacia una distribución más social y popular.

La ARD -radicada en Madrid- desarrolló durante la citada década proyectos de cooperación económica, que con el tiempo se fueron orientando cada vez más al apoyo al sector productivo popular, y más concretamente a la producción agrícola campesina nicaragüense.

Este sector popular procede de una economía estatalizada que, tras las elecciones de 1990 y gracias a las luchas campesinas, se transfirió a manos de los trabajadores y productores asociados en cooperativas. Era sin embargo éste un marco en el que los productores iban a tener muy difícil su supervivencia: había que crear nuevas estrategias.

A partir de la propia experiencia, y recogiendo referencias históricas cooperativistas y comunitarias, se desarrolló en Nicaragua todo un nuevo proyecto estratégico de producción y gestión de la economía: la ECONOMÍA POPULAR. 

 

Este modelo para la sostenibilidad económica –que podría aplicarse prácticamente a cualquier sector productivo popular del Sur- se basa en dos principios:

1º.        La propiedad de la tierra y las empresas por parte de los propios trabajadores; esto es, el control directo de los medios de producción (AUTOGESTIÓN).

2º.        La ASOCIATIVIDAD entre productores en todos los estadios del espacio económico (producción, transformación, comercialización,…).

 

 

Los objetivos que se plantean con esta estrategia son:

  • Los medios de producción están (y seguirán) en manos de los trabajadores, directamente pero de manera colectiva.

 

  • La asociatividad entre productores permite la eficiencia productiva, la competitividad económica, y alcanzar economías de escala.

 

  • Todo ello ha de permitirle a los productores avanzar en la transformación y comercialización propia de sus productos, escalando en la cadena de valor y recuperando así vía precio el valor que han aportado a dichos productos en su creación.

 

En el año 1994 la Asociación Rubén Darío hizo una evaluación del impacto de los proyectos que venía apoyando. La conclusión fue que, pese a sus esfuerzos y los de la contraparte nicaragüense, los productores no conseguían reproducir el capital invertido en las cooperativas. La causa de ello -evidente casi a primera vista- resultaba ser el bajo precio obtenido en el mercado por los productos elaborados, tanto a escala local como internacional.

Se abrieron así los ojos a una realidad, la del comercio mundial como fuente principal de desigualdad entre los países y los pueblos. A primera vista la explicación es sencilla: las multinacionales compran las materias primas por debajo de su valor gracias a un mercado manipulado mediante múltiples presiones (las propias condiciones de pobreza del productor, la amenaza militar, etc.)  

 

Dos son los fundamentos estructurales de la explotación Norte-Sur:

A) La extracción de valor aportado por los productores (sobretrabajo)

 

 
El valor –según la definición clásica- es la cantidad de trabajo aportada a a un producto, medida por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción. La extracción de valor consiste en que si un productor (P) aporta un valor X a un producto y lo vende a un precio de X-1, pierde 1, y quién lo ha comprado –el intermediario (I)- gana 1. Uno gana lo que el otro pierde; uno se enriquece a costa del que se empobrece.

 

Esto es lo que ocurre entre las multinacionales y los productores del Sur: reciben vía precio menos del valor que han aportado a los bienes que  venden y/o exportan

 

B)  La cadena de valor de los bienes

Por su parte, los intermediarios pueden añadir costes al producto e incluso ganancias injustificadas. Como no pueden subir el precio final de venta por la competitividad, tratan a toda costa de comprar el producto por debajo de su valor, y así obtener la ganancia. Esto obliga al consumidor (C.) a alimentar contra su voluntad y con su dinero todo el mecanismo de explotación social global

 

 

Pues bien, como vimos, la estrategia de la ECONOMIA POPULAR tiene precisamente como finalidad evitar este drenaje de valor, pero para ello tiene que contar con amigos y organizaciones allí donde están los mercados, donde están los compradores y consumidores. Tiene que tener amigos en la comercialización que la practiquen de forma social y sin ánimo de lucro

Las multinacionales tienen sus mecanismos de defensa. Entre estos destacan los aranceles progresivos, que gravan las importaciones crecientemente según el grado de transformación del producto en cuestión.

 

 

Sin tostar

Tostado

Descafeinado

Arancel aplicado

0%

11,5%

8,5%

 

De esta manera, el beneficio que obtendrían los campesinos del Sur transformando sus productos –y suponiendo que fueran capaces de exportarlos ellos mismos- se perdería a la hora de entrar en los mercados del Norte, bajo estas condiciones de un libre mercado.

Mientras esta injusticia no se resuelva de manera política, es necesario centrarse en la comercialización. El Comercio Justo comenzó en Europa en los años 70, a través de ONGs que decidieron ignorar los precios de referencia de las materias primas -fijados en los mercados bursátiles de Nueva York y otros- para comprar a los productores campesinos del Sur a un precio que les proporcionara unas condiciones de vida dignas.

Fue ésta la propuesta que se puso sobre la mesa en el momento en que la Asociación Rubén Darío tomó conciencia de la situación de los productores asociados nicaragüenses. Sin embargo, y dada la premisa de la ECONOMIA POPULAR de que los medios debían estar en manos de los trabajadores, la ARD optó por plantear una versión diferente: se crearía aquí una sociedad comercializadora de los productos nicaragüenses en la que participaran los propios cooperativistas (al 50%). Así, mediante la participación en el capital de dicha sociedad los medios de comercialización también estaban en manos de los productores.

 
 

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ESPANICA permite a los productores apropiarse de la intermediación

Esta sociedad –bautizada con el nombre de ESPANICA y participada en el otro 50% por la Fundación Campo-Ciudad, creada por la ARD permitía confrontar los dos elementos estructurales que como hemos visto sostienen la actual dinámica de injusticia económica:

Con este esquema –con el apoyo de la organización de Comercio Justo (OCJ)- el productor rodea el escollo de los aranceles progresivos, si bien tiene que contratar la transformación aquí en España de sus productos –en nuestro caso el café-. Pero en un futuro hipotético también podría contar con una industria propia aquí en la metrópoli, de manera que ese eslabón de la cadena quedara también recuperado. Todo esto es posible por la misma razón por la que las multinacionales pueden instalarse en los países del Sur: la posibilidad del capital de instalarse en cualquier lugar del mundo para operar y extraer un rendimiento. Sólo que en este caso la estrategia invierte el camino y favorece a los productores originarios de los bienes.

 

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La activación del consumidor y una base social para ESPANICA

Pero nuestro objetivo no era sólo permitir al productor la reproducción de su capital –cosa a la que cuantitativamente sólo podemos contribuir de manera muy limitada-. Deseábamos poder transmitir este proceso de toma de conciencia de la realidad, y a la vez proponer una acción práctica y participativa que interpelara a la gente en sus hábitos de vida y de consumo.

Por ello, con este doble objetivo de comercialización y sensibilización nos propusimos crear una Red de Comercialización Alternativa. Para evitar los canales tradicionales de distribución -lo cual nos podía poner en cuestión todo el mecanismo centrado en la cadena de valor- decidimos optar por una vía de comercialización directa, no dirigida a sujetos individuales, sino a través de colectivos de todo tipo que quisieran apoyar este proyecto.

Así, durante estos últimos 5 años, hemos creado una red de más de 200 grupos de consumo, grupos ya existentes o formados expresamente en torno al CAFÉ DE NICARAGUA. Prácticamente cualquier colectivo humano puede participar y entrar a formar parte de la red: un centro de trabajo, una ONG, un sindicato, una comunidad de base,… y cualquier persona puede promover la formación de un nuevo grupo. No hay límites para la participación.

 

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En apoyo de la estrategia de los productores

Cuando los consumidores del Norte asumimos el carácter central de trabajador del habitante del Sur, estamos activándonos y cerrando el círculo que conforma una alianza internacional con los productores. Alianza que se va formando progresivamente en tres niveles:

 

  Nivel 1 Nivel 2 Nivel 3
Quién Los productores entre sí Las OCJ del norte con los productores Consumidores, OCJs y productores
Qué Producción Intermediación Distribución
Dónde Nicaragua España España
Cómo Economía Popular ESPANICA Grupo, Red

 

La participación en el último nivel -que es la propuesta que ESPANICA lanza a toda persona o colectivo con voluntad crítica y ganas de activarse- no es una propuesta fija del tipo “haz esto y estarás resolviendo los problemas del mundo”. Es una propuesta dinámica que admite grados de participación crecientes, desde el mero consumo particular de café hasta la creación de un grupo de consumo, la difusión del proyecto e incluso la facilitación de nuevos clientes. En otra página te explicamos gráficamente cuál es nuestro esquema de funcionamiento (aquí).

El proyecto estratégico de la ECONOMÍA POPULAR es el que orienta y da sentido a esta alianza global. Sin él, sin este proyecto, nuestra labor no tendría sentido y se quedaría en un mero ejercicio de solidaridad. Y no; se trata de ir avanzando, respetando lo ya hecho y la mejor voluntad de la gente; pero ésta sola no le basta al trabajador del Sur indefenso ante el mercado. Es hora de darnos cuenta de que tenemos que meternos en el fango del mercado y la economía si queremos de verdad un mundo no sólo mejor, sino más justo. 

 

 

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