Teleoperadoras, jornaleras de las telecomunicaciones.
Cristina Oller
Stock Options, boom de los valores de alto riesgo tecnológico,
megafusiones de empresas de telecomunicaciones e Internet . Detrás
del gran espectáculo y de los astronómicos beneficios una
realidad plagada de explotación salvaje y precariedad
laboral.
El conjunto de empresas de telemarketing creadas por los grandes
grupos de telecomunicaciones gestiona a modo de ETT, un ejército
de trabajadoras cuyo entorno laboral nos traslada a las más
remotas épocas de los albores del industrialismo.
Sin embargo la precariedad, la movilidad indiscriminada y los bajos
salarios son los principios de ³modernidad² que empresarios
y gobierno proclaman como receta de éxito en la lucha contra el
endémico problema del paro.
La libertad, con L mayúscula, desde la óptica de la
patronal, es algo tan tangible como: cursos de formación no retribuidos,
contratos por obra o servicio sujetos a finalizar a cualquier hora del
día sin previo aviso, desplazamiento a los polígonos industriales
en colaboraciones externas a cargo de la trabajadora, salarios que en la
mejor de las hipótesis rozan las 100.000 ptas. brutas
y horarios que crean conflictos y desarraigo familiar.
El secreto de tan mentado éxito es un mecanismo de contratación
basado en la circulación continua del personal, que permite a estas
empresas prescindir de una plantilla estable, evitar cualquier carga fija
y desmantelar cualquier tipo de reivindicación sindical.
Los beneficiarios de esta desregulación salvaje,
son empresas como Telefónica, Airtel, Retevision,Citybank,
Banco de Santander, Argentaria... que con este tipo de contratos
solventan la gestión de servicios fijos tan populares
como el 1004, 1003, 123, Call Center y Contact Center de los grandes bancos,
La tienda en casa y un largo etcétera.
En este desolador panorama, las posibilidades de promover
cualquier iniciativa de lucha se enfrentan a la extrema movilidad del personal
y a la falta de identificación del antagonista porque
las empresas de telemarketing como Estratel, Citel, Iberphone, Power Line
etc. otra cosa no son que meros instrumentos y fantoches de las grandes
compañías que están detrás y que frente a cualquier
tipo de reivindicación delegan, en las primeras, todo tipo de responsabilidad.
De ahí surge la necesidad de un trabajo de recomposición
cuyos objetivos sean presentarse como una fuerza compacta que tenga la
capacidad para obligar al verdadero interlocutor a sentarse
a la mesa de negociaciones. Por otra parte sería ingenuo hacer caso
omiso al hecho que esta lucha trasciende el mero ámbito sindical:
lo que está en juego es nuestra capacidad estratégica
de enfrentarnos a un sistema económico regido por la
competitividad absoluta y cuyo eje se centra en la privatización,
liberalización y desregulacion.