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Poco más de dos años después de las numerosas e impresionantes manifestaciones que conmocionaron el régimen serbio, el movimiento Resistencia sigue existiendo. Se dirige también a los asalariados e intenta establecer contactos con los sindicatos independientes del país. "Reclamamos en la calle por encima de todo nuestros derechos. Ante todo, la democracia". Miroslav Maric, uno de los responsables del movimiento estudiantil de Belgrado, se expresaba de esta forma en las columnas de "L'Humanité" el 9 de diciembre de 1996. La república de Serbia -dirigida entonces por Slobodan Milosevic, convertido luego en presidente de la república federal de Yugoslavia (Serbia y Montenegro)- estaba en plena ebullición. A mediados de noviembre de 1996, la cólera de los estudiantes y la exasperación de una buena parte de la población serbia se juntaban. Catalizador de todos los descontentos: la posición del poder negándose a reconocer el resultado de las elecciones municipales del 17 de noviembre de 1996, que había dado a la oposición la mayoría en 15 de las 18 principales ciudades de Serbia, entre ellas Belgrado. En realidad, desde hace cinco años, el nacionalismo y la guerra habían arrasado, dejando tras de sí campos de ruinas y un inmenso malestar político. Con su actitud el gobierno serbio había asociado contra él
una acumulación de descontentos. Y cerrando las radios independientes,
tratando a los manifestantes de "fascistas", no hizo más que reforzar
una oposición que, al principio, no constituía una alternativa
coherente. Las consecuencias fueron miles de personas manifestándose
en las calles convocadas por la coalición "Zajedno" ("Juntos", constituida
por la Alianza Cívica, el Partido Democrático y el Movimiento
por la Renovación Serbia) y por un movimiento estudiantil informal,
que defendió firmemente su independencia política. Eran más
de 200.000 el 4 de diciembre de 1996 en Belgrado. "Estamos hartos de vuestra
mierda", gritaban entonces los estudiantes, lanzando rollos de papel higiénico
delante de la entrada del inmueble de la comisión electoral. Con
silbatos y campanillas cantaban: "A nosotros no se nos puede anular". En
el 75 día de protesta, el 2 de febrero de 1997, era reprimida brutalmente
una manifestación en las calles de la capital serbia. Ratko Kostik,
uno de los dirigentes estudiantiles, fue golpeado por la policía
con el resultado de dos dientes rotos y una fractura en la nariz.
La situación de guerra que perdura en Serbia desde el inicio
de los ataques de la OTAN no hace más que agravar las dificultades
para esas asociaciones en general y los estudiantes en particular, que
no pueden ya seguir sus cursos, ya que la universidad está cerrada
por razones de seguridad, mientras que los exámenes se desarrollan
casi con normalidad.
Pierre Barnacey
ALEXEI: "LO QUE HACE LA OTAN ES VERGONZOSO" Aleksei recuerda los acontecimientos de 1996-1997 como un acontecimiento feliz. Un espacio de libertad se abrió entonces. "Las manifestaciones comenzaron en noviembre de 1996. En esa época yo era estudiante de economía. Pero no participé inmediatamente. Pensaba que se trataba de mera agitación. Luego fui con unos amigos a una concentración organizada por la coalición "Zajedno". Era una marcha alrededor de la ciudad que comenzaba en la plaza de la República. Luego acudí casi todos los días. Hacía mucho frío y andar nos daba calor. Había un ambiente agradable. La gente usaba silbatos, tambores. El número de manifestantes fue aumentando cada día. Una vez llegamos a ser 300.000. Era realmente impresionante. Cada vez que pasábamos cerca del inmueble de la televisión, lanzábamos huevos. Cuando volvíamos a pasar por allí, olía bastante mal. Algunos lanzaban piedras. Había algunos cristales rotos, pero eso me parecìa estúpido. La gente salía a la ventana cuando pasábamos por sus calles. Había una mujer mayor que siempre aparecía y nos aplaudía. La apodamos Olga". Ese ambiente sano no duró mucho tiempo. "A finales de diciembre las comenzaron a ir mal. Había contramanifestaciones organizadas por el Partido Socialista de Serbia (SPS, organización de Slobodan Milosevic). El primer mes, cuando nos manifestábamos, no había policías. Luego, la represión fue muy dura. Tuve que correr mucho para evitar que me pegaran. No todo el mundo tuvo esa suerte. En los días siguientes hubo enfrentamientos entre los oponentes y los partidarios de Milosevic. Al principio, la policía no reaccionó. Luego intervino, pero únicamente contra la coalición". Desde entonces, las cosas han cambiado mucho. Poca gente está dispuesta a salir a la calle de nuevo. Hay que decir que la actitud de los partidos la oposición no ha ayudado mucho, según cuenta Aleksej: "No sólo se paró el movimiento, sino que luego los partidos se dividieron. Fue en relación a las elecciones. El Partido Democrático decidió boicotearlas, mientras que el Partido de la Renovación Serbio se presentó. Y Draskovic se convirtió luego en viceprimer ministro de Yugoslavia, cuyo presidente no es otro que Milosevic. Aunque haya vuelto a la oposición desde hace quince días, el recorrido es bastante atípico, ¿no?". Es difícil despues de tantas cosas mantenerse políticamente activo. Aleksei había encontrado un trabajo en una sociedad de importación-exportación. Esto no le iba mal. Pero llegó la guerra. "Los bombardeos han tenido una consecuencia casi inmediata. No hemos tenido ya más contratos". Desde hace casi un mes, ya no trabaja. Al principio, "era una sensación rara. Tenía la impresión de estar en la facultad. Pero la alerta todas las noches, el ruido de las bombas y esa pregunta agobiante de por qué nos bombardean me han puesto cada vez más nervioso. Es vergonzoso lo que hace la OTAN. ¿Cuánto tiempo va a durar todo esto?". Este joven parece sentirse perdido. Señala al cielo con la mano, y le gustaría encontrar en él alguna esperanza. P.B. DANILO: "MILOSEVIC ES UNA COSA, SERBIA, OTRA" A sus veinticinco años, a Danilo le gustaría dedicarse a su pasión: la filosofía. "Pero desde el comienzo de los bombardeos, muchas cosas han cambiado", dice. "Todas mis actividades privadas están paralizadas y la facultad ya no funciona. Al principio no podìa apenas comer ni dormir". Confiesa que no puede leer. "Oigo las sirenas de alerta durante el día, escucho caer las bombas por la noche. Pongo la radio el resto del tiempo. Me es imposible concentrarme para hacer algo. No he caído todavía en la depresión, pero tengo la impresión de que me falta poco". Con sus amigos, durante la primera semana, intentaba discutir para "encontrar soluciones racionales a todo lo que pasaba. Pero rápidamente nos cansamos. Es imposible estar correctamente informado, ya sea escuchando los 'media' serbios, captando los 'media' occidentales o navegando en Internet. Por uno y otro lado se trata sólo de propaganda". Danilo duda: "Todo es cada vez más irracional en estos últimos días. Tomemos el ejemplo del bombardeo de la embajada de China. Cuando he oído lo ocurrido, no lo podía creer. Luego he visto las imágenes. ¿Querían alcanzarla realmente? No lo sé. Pero a veces pienso que lo hacen deliberadamente. Las cosas parecen incontrolables". Danilo participó en las manifestaciones de 1996-1997. "Era la
ocasión para cambiar las cosas. Pero, como muchos, me sentí
decepcionado por la incapacidad de la oposición en impulsar realmente
el cambio que necesitábamos. La oposición había tomado
ventaja, pero no supo utilizarla. Hoy, Milosevic está en posición
de fuerza. Habrá que ponerle en posición defensiva para echarle
del poder".
P.B. MILICA: "HAY QUE CAMBIAR EL SISTEMA" "Yo pensaba que se podìa cambiar algo en el país, que se podía cambiar el sistema y el régimen. La gente se sentía muy fuerte, muy motivada. Pero la cosa no funcionó". Milica, de veinticinco años, estudiante de sociología, se queja. "Necesitábamos a la coalición de partidos de oposición en tanto que movimiento estudiantil, pero la coalición dejó de manifestarse, contentándose con algunos logros. Ya no sabíamos qué hacer. Estábamos divididos. ¿Había que conseguir la retirada de Milosevic o aceptar simplemente algunos cambios en la universidad?". Esta joven está un poco desconcertada. Por un lado sostiene que hay que "cambiar el sistema y acercarse a Europa porque la necesitamos". Por otro, constata que "esa Europa nos bombardea. Es un grave error. Es hipocresía. Yo no he apoyado nunca a Milosevic y sin embargo me bombardean. ¿Por qué? En realidad, pienso que Estados Unidos necesitan a Milosevic porque al final harán lo que quieran. En la práctica, apoyan al régimen". Algo se ha desgarrado en Milica. Ella, que ha participado en todas las manifestaciones desde 1991, dice no tener ya "la motivación para continuar. Ahora todo va a depender del final de esta guerra. Si no tenemos ayuda, el país se hundirá". El único sueño que se permite ahora es abandonar el país. "Si me quedo, mi vida será aún más miserable. En esas condiciones no puedo crear una familia y permitirle vivir. Durante estos diez últimos años, la gente ha cambiado. Han tenido que luchar por su supervivencia. La mayoría se han visto destruidos casi completamente, cultural, política y económicamente. Nuestro espíritu está destruido. Es muy importante en una vida tener esperanzas y sueños. Pero aquí eso es imposible". Tampoco ella llega a "concentrarse para revisar los exámenes. Paso mis noches en los refugios, ya que vivo en un lugar próximo a objetivos militares. Ahora tengo menos miedo, ya me he acostumbrado. En realidad, he aprendido a vivir con ese miedo. Sé que es desesperanza, fatiga moral". Sus manos se ponen a temblar un poco y dice: "Esos errores colaterales, lo que hacen es terrible. Son inocentes los que mueren. Intentan salvar la vida de los albaneses bombardeando a inocentes del otro lado. Todo el dinero que utilizan en esta guerra, podrían utilizarlo para ayudar a los pueblos en el mundo". P.B.
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