El Manifiesto Mayo 2000 no se plantea redefinir nuestras señas de identidad, ni expresar sistemáticamente de nuevo la opinión sobre todos los temas sobre los que nos hemos pronunciado, ni formular propuestas tácticas para la intervención tan concretas como las que se han aprobado también en otros documentos, ni agotar la agenda de temas teóricos y políticos sobre los que la izquierda alternativa deba reflexionar/proponer ya que son muchas las cuestiones que quedan abiertas para futuros y necesarios debates y pronunciamientos.
Hemos sido voluntaria y conscientemente selectivos/as a la hora de elegir los temas de definición que orientarán nuestros pasos colectivos inmediatos que deseamos que también sean útiles para las gentes que no forman parte de Espacio Alternativo pero que se reconocen en el mismo ámbito de preocupaciones y de lucha. Los elementos analíticos que introducimos están subordinados a los objetivos temáticos que nos hemos marcado como más urgentes. Por ello si reflexionamos sobre los cambios internacionales, europeos o estatales, de la situación objetiva o de la subjetiva, de los cambios operados en la realidad o en nuestro interior, sesgamos y limitamos nuestras consideraciones a las intenciones de la resolución: definir nuestras tareas colectivas confederales centrales para el próximo periodo.
Los objetivos del II Encuentro Confederal de Espacio Alternativo han sido:
A) Identificar a los nuevos topos anticapitalistas, reconocer sus resistencias
Pretendemos acercarnos a una mejor comprensión de la naturaleza de los sujetos que en la práctica cuestionan el orden neoliberal (aunque su enfrentamiento y perspectiva sea parcial), lo que implica conocer más de cerca sus aspiraciones, ideas, formas de trabajo, aportaciones y limitaciones, y establecer con los/las mismos/as relaciones solidarias entre iguales de cooperación, debate y acción común porque tal como afirmamos en uno de nuestros documentos fundacionales “nadie, ninguna organización, ninguna doctrina, tiene hoy autoridad reconocida para guiar las aspiraciones y las luchas de todas las gentes que no se someten al catecismo neoliberal. Durante mucho tiempo habrá que ensayar y aprender, rectificar o confirmar ideas, propuestas, objetivos. Y ponerlos en común entre diversos movimientos y organizaciones sociales, porque así lo queremos, no porque nadie lo mande (...) El punto de partida tiene que ser, otra vez, el movimiento real que critica, en las ideas y en la práctica, el orden existente. Y para que ese movimiento viva, para que exista comunicación y colaboración entre sus diversos componentes, la democracia es vital”.
Con este primer objetivo damos cuenta de lo cambiante de la situación y la necesidad de conocer mejor esa parte de la realidad que resulta vital para quienes queremos subvertir el orden capitalista: quienes y cómo resisten a la globalización neoliberal.
B) Contribuir a la construcción de una nueva ciudadanía con plenos derechos y poderes
Los efectos de las políticas neoliberales han tenido una consecuencia no deseada por sus defensores: lo social ha vuelto a adquirir actualidad y una nueva centralidad. Pero, a la vez, programas, discursos, recetas y consignas del pasado no tienen operatividad política en el mundo de hoy, tras las derrotas y desengaños experimentados, con la correlación de fuerzas existente y teniendo en cuenta la conciencia y las ideas de quienes plantan cara al capitalismo aquí y allá.
Opinamos que actualmente hay que situar en el centro de gravedad de la lucha contra la globalización capitalista la cuestión de la democracia, de la participación activa de las gentes en las decisiones que les afectan, de los derechos democráticos que el neoliberalismo ningunea y cercena, de la construcción de nuevos conceptos y nuevas prácticas de una nueva ciudadanía viva y activa capaz de enfrentarse a la desigualdad, la exclusión y la opresión porque, tal como nos planteamos hace dos años en la Carta de los derechos fundamentales de los pueblos y las gentes y en la Carta de la Ciudadanía, “la nueva ciudadanía no tiene por qué basarse en compartir identidades y sentimientos, sino en una equiparación de derechos (sociales, cívicos y políticos) que realmente le otorguen la condición de sujeto activo y soberano”.
La centralidad de la lucha por los derechos abarca tanto al ámbito de las alternativas sociales y políticas que ofrezcan las organizaciones de izquierda, como al de los criterios de construcción de las mismas organizaciones sociales y políticas para que se conviertan en herramientas útiles de subversión y transformación social. Hace dos años ya le dábamos una importancia central “al establecimiento de los mecanismos de participación y control democrático de la ciudadanía en las decisiones políticas y en la determinación del tipo de instancias políticas a crear” en la sociedad, pero también aportábamos una visión radical de la democracia organizativa, al constatar que “en estas condiciones no basta con reconocer el pluralismo, lo que vale es la democracia, es decir, la búsqueda limpia de la opinión mayoritaria, integrando hasta donde sea posible la diversidad existente y respetando efectivamente las opiniones disidentes, en el debate y en la práctica”, a la vez que advertíamos sobre las terribles secuelas en la izquierda de “la aparición de tendencias sectarias que han podido con muchas ilusiones y confianzas que serán difíciles de recuperar”.
Esta nueva ciudadanía sólo se podrá construir desde el antagonismo con el orden neoliberal, desde la lucha y la experiencia práctica de millones de seres humanos, desde la conquista de nuevos espacios, desde la defensa de los conquistados, desde la elaboración colectiva y contradictoria de alternativas al “pensamiento único”, desde el avance de lo político y público frente al todopoderoso mercado de los poderosos. Porque, tal como se señalaba en la Declaración Política de 1998 “las necesidades humanas carecen de valor en la globalización. La noción de “bienes comunes” –es decir, aquellos que son necesarios para una vida digna y a los que, por tanto, toda persona tiene derecho de acceder– ha sido destrozada. El mercado no reconoce necesidades: sólo reconoce demandas de consumidores solventes. El proceso en marcha no es la extensión de la ciudadanía universal. Crece el mundo de los y las “sin”: sin trabajo, sin vivienda, sin “papeles”, sin derechos sociales... Sin solidaridad, frecuentemente, por parte de organizaciones políticas y sindicales de la izquierda”.
Con este propósito subrayamos la centralidad que tienen actualmente un amplio abanico de temas democráticos en la lucha por una sociedad alternativa socialista de mujeres y hombres libres, temas sobre los que tenemos que profundizar y que configuran la nueva ciudadanía a construir.
C) Ampliar el espacio del Espacio. Definir su papel, sus relaciones y sus empeños actuales
Pretendemos construir
en el Estado español una herramienta política útil
para desbrozar rutinas, falsas certezas y errores del pasado, para devolver
las ganas de luchar a viejas generaciones de la izquierda, pero sobre todo,
para motivar al combate político a las nuevas y para facilitar las
convergencias político-sociales necesarias. En definitiva para dar
pasos reales en la senda de una sociedad alternativa.
En 1998 hicimos varias
afirmaciones en nuestro Manifiesto y en el documento Organización
y Funcionamiento absolutamente útiles para hoy, pero que necesitan
matizarse o concretarse, y, en su caso, modificarse: “Intentamos configurar
y ser una de las expresiones de las posiciones de la izquierda alternativa
ecosocialista, feminista, marxista revolucionaria, antiautoritaria y libertaria,
radical, alternativa. (...) El Espacio Alternativo comparte las aportaciones
teóricas más globalizadoras y radicales de los movimientos
ecologista, feminista, pacifista-antimilitarista, solidario, de okupación,
del tercer sector y pretende, basándose en ellas, una renovación
profunda de la izquierda, que incorpore también sus ideales emancipatorios
de las clases subalternas (...) y contribuir a la precipitación
de la nueva síntesis emancipatoria, al desarrollo y difusión
de sus elementos, a la lucha cultural que todo ello representa y a la recuperación
de la esperanza, la motivación y la combatividad de las gentes de
izquierda (...) Por ello el Espacio Alternativo se configura de una doble
forma como red de colectivos que agrupa a militantes y activistas de izquierda
para el debate y la propuesta y como corriente en el seno de Izquierda
Unida”. Y nos pusimos como tarea “consolidar nuestro colectivo y ayudar
a construir un nuevo bloque alternativo, plural y multiforme, un movimiento
político y social integrado por organizaciones políticas
de nuevo tipo y movimientos y proyectos sociales alternativos”.
En esta resolución intentamos actualizar nuestra percepción de las organizaciones existentes de las que formamos parte –especialmente en lo referido a la crisis de IU y al papel que proponíamos que jugara en la recomposición de una izquierda alternativa y transformadora–, constatar (y dar coherencia política) el hecho de que se han acercado al Espacio Alternativo nuevas gentes cuyo marco de militancia es IU en unos casos pero no en otros, dar nuevos pasos concretos en la organización confederal de Espacio Alternativo, y muy particularmente revisar una afirmación que hicimos hace dos años y que en los hechos se ha mostrado insuficiente: “no somos una preorganización política” porque no es así como nos hemos desarrollado (y se nos percibe) y porque se ha abierto paso en los colectivos que configuran Espacio Alternativo la voluntad de incrementar la intervención y aparición política autónoma.
En definitiva, pretendemos definir mejor la naturaleza del propio Espacio Alternativo para que juegue el papel necesario con proyectos flexibles y abiertos pero con propuestas claras y no difusas (porque tantas veces lo difuso deviene en confuso), y expuestas a revisión permanente tras su verificación práctica. Con ello pretendemos que Espacio contribuya –desde su modestia y sintiéndose parte de una amplia red de organizaciones sociales y políticas alternativas en la que ninguna tiene la verdad absoluta ni papel preponderante– a superar la crisis de la izquierda, o al menos, a que salga de la perplejidad y la dispersión.
D) Sacar cuentas de nuestras afirmaciones en el Primer Encuentro y hacer los ajustes, todos y sin miedo, necesarios
Desde el primer día, Espacio Alternativo, afirmó que se debía analizar los discursos de las organizaciones, pero también poner en relación lo que se dice con lo que se hace. Esa regla de oro también vale para nuestra experiencia. Y lo hacemos públicamente, porque entendemos que la autocrítica no es una suerte de “lavado de trapos sucios” en casa, sino una herramienta útil para el avance de todas las gentes, incluidas las que no están en la misma organización. En ocasiones, el “éxito” que hayamos tenido no ha sido fundamentalmente fruto de nuestros aciertos, pero tampoco los fracasos en las tareas que nos marcamos lo han sido exclusivamente de nuestros errores porque dependían también de voluntades ajenas y de nuestras limitaciones. En otras cuestiones los fallos sólo se pueden imputar a nuestra mal hacer. Aciertos y errores forman parte de nuestro patrimonio colectivo, pero también del conjunto de quienes luchan por los mismos ideales.
En el Primer Encuentro hicimos un análisis de la globalización capitalista, de la Unión Europea como nuevo marco de lucha social y política, y de la situación en el Estado español que comportaba diversas propuestas y tareas en el terreno del internacionalismo; de la alternativa a la Europa de Maastricht; por el reparto del trabajo, los tiempos y la riqueza, por la jornada de 35 horas y por la creación de empleo con derechos; y por el libre derecho a la autodeterminación de las nacionalidades, y a favor de una configuración del Estado español bajo la forma federal, plurinacional, republicana y solidaria.
En lo fundamental hoy podemos seguir adoptándolas como aciertos válidos con resultados insatisfactorios: Partíamos de que “la izquierda debe edificarse sobre dos pilares, el de lo social y el de lo político, pero debe ser consciente de que sólo avanzará a partir de la movilización organizada de la sociedad”, para ello nos proponíamos nutrir y fortalecer los movimientos sociales y hacer de puente entre IU y los mismos.
Nuestra participación en la dinamización de las organizaciones sociales y de las luchas y los movimientos alternativos, si bien desigual, ha sido un eje de trabajo que ha ofrecido resultados satisfactorios en algunos casos: deuda externa, impunidad, Kosovo, apoyo a una salida política, pacífica y negociada al conflicto vasco, apoyo activo a las demandas ecologistas... A su vez, nuestro papel de puente de IU con los movimientos lo hemos podido jugar activamente en algunas federaciones en el caso de la Guerra de los Balcanes, o de ciertas reivindicaciones sociales medioambientales, pero en otros casos hemos encontrado el vacío por parte de la organización política. No hemos hecho esfuerzos colectivos suficientes por acercar nuestro proyecto a la juventud, si bien, de forma espontánea (y el mérito es suyo) varios grupos de jóvenes, especialmente de estudiantes, algunos de ellos implicados en la reciente lucha contra el Informe Bricall, se han organizado en colectivos pertenecientes a Espacio Alternativo o afines al mismo.
No podemos hacer un balance positivo de nuestra contribución al movimiento feminista (y en general de nuestra aportación al feminismo), lo que comporta un importante déficit para el proyecto de Espacio Alternativo y para la configuración de una propuesta de sociedad alternativa al capitalismo y al patriarcado. Igualmente arrastramos un importante déficit –pese a que bastantes de las personas que pertenecen a los colectivos del Espacio sean sindicalistas– en el debate y propuesta colectivos sobre el movimiento sindical, pieza importante en una futura recuperación movilizadora de “l@s de abajo” sin la que las propuestas alternativas estarían alejadas de la mayoría social, imprescindible para un proyecto de cambio social radical.
En el plano interno hemos dado pocos avances en dos terrenos: en el de la puesta en pie de las mediaciones organizativas que decidimos para construir el propio Espacio y en el de delimitar bien nuestros debates en tanto que corriente en IU y en tanto que colectivo de activistas político-sociales. Resultado de ello es que seguimos teniendo una débil capacidad organizativa y que hemos realizado sólo parcialmente muchos debates de interés por estar muy mediatizados por los problemas internos de la misma IU en crisis.
La evolución y
crisis de IU no ha facilitado un mayor acercamiento de la misma al mundo
de los movimientos sociales y cabe albergar serias dudas de que pueda a
corto plazo transformarse en el movimiento político-social con nuevos
modos de organizarse y de hacer política, con propuestas eficaces
para impulsar la lucha social y la recuperación electoral, así
como para avanzar en el desarrollo de un programa político útil
para diseñar un nuevo modelo de sociedad. Dado los esfuerzos que
hemos dedicado a IU buena parte de las gentes de Espacio Alternativo –si
bien la responsabilidad de esa transformación no era de una fuerza
minoritaria como la nuestra– no podemos dejar de señalar el serio
revés que supone para la construcción de “una izquierda de
izquierdas” esta situación en el momento político actual.
Los efectos negativos de esta cuestión afectan a todas las gentes,
sean o no afiliadas a IU, pero para las gentes de Espacio en particular
significa que debemos redoblar nuestra capacidad de imaginación
e iniciativa para encontrar temas y formas de trabajo que contribuyan a
una recuperación de la izquierda social y política, adscrita
o no a IU.
Junio de 2000
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