7Crisis de las izquierdas, las izquierdas instaladas en la crisis
Podemos afirmar que hoy se da un declive de los partidos de izquierda y de las culturas políticas post-68 tanto a nivel internacional como de la que protagonizaron la transición democrática española.
Las identidades políticas socialdemócrata y comunista, predominantes en la izquierda durante décadas, han sufrido una erosión importante y han demostrado ineficacia a la hora de reproducirse tanto generacionalmente, como culturalmente.
En cuanto a la izquierda alternativa y transformadora, la desarticulación política y organizativa, así como su pérdida de capacidad de intervención política, y la incapacidad para articular foros de análisis adecuados, han sido sus principales características en estos últimos quince años en el conjunto de los países europeos, salvo las excepciones del caso francés y portugués.
Las culturas políticas conformadas después del 68, fundamentalmente verdes y radicales, surgidas al calor de los últimos conflictos de la Guerra Fría, han crecido, en buena medida, con la experiencia y la energía de la extrema izquierda. Sin embargo, el proceso que estas culturas han seguido puede ser descrito como el de una paulatina adaptación a ese orden atlántico al que antes se hacía referencia, evolución en la que los elementos más antagónicos han quedado subsumidos.
Los socialistas españoles, de la socialdemocracia al social-liberalismo
En el marco del Estado español, este proceso se ha encontrado mediatizado por un Partido Socialista cuyo eje programático se ha construido sobre los principios de “modernización”, ajuste y crecimiento, y cuyo horizonte se dibuja en la consecución de un mínimo y famélico Estado del Bienestar y la integración del Estado español en aquellas organizaciones supraestatales que garantizarían su inclusión en el centro de las relaciones configuradoras del orden atlántico.
El PSOE también ha sufrido bastantes dificultades de adaptación a la nueva realidad política. Los intentos de superación del tardofelipismo han sido continuos pero fallidos. Se ve obligado a diferenciar su discurso frente a la derecha, aunque todo el mundo percibe que su modelo social y el del PP son muy similares. Sobre todo en lo que respecta a las coordenadas que presiden la construcción de la UE. Las bases sociales del PSOE difieren desde luego de las del PP, sin embargo su influencia aun en el caso de las primarias ha acabado siendo diluida. La experiencia de los pactos ha sido vivida en el PSOE con crispación. El PSOE ha demostrado a lo largo de este periodo que su readaptación no va a ser fácil, pues cuenta con evidentes limites para encabezar y movilizar el malestar social y también para representarse de nuevo como garantía de gobierno.
No merece la pena en este texto darle vueltas a una corriente política y un partido que, tras doce años de gobierno en el que desaprovechó una ocasión de oro para transformar en clave social y progresista la sociedad y reformar el Estado español en clave plurinacional, hoy se encuentra, pese al importante apoyo electoral que conserva y a ser visto por millones de personas de la izquierda social como su referente, en plena crisis interna y deriva hacia el social-liberalismo. Si bien esta organización es un dato fundamental para la evolución de la izquierda en el Estado español dada su influencia (por lo que no caben posturas sectarias que blinden a su base popular frente a otras propuestas), en su seno no se albergan sectores alternativos de interés para la renovación de la izquierda.
La izquierda comunista, breve constatación de un fracaso
Los partidos de la extrema izquierda experimentaron sucesivas crisis terminales durante la larga transición española y la pérdida de identidad política del PCE –si bien viene de más lejos- se ha hecho patente en los últimos cuatro años. Si en el caso de la extrema izquierda podemos hablar de fracaso de sus expectativas y proyectos, en el del PCE su propia pérdida de influencia estuvo aparejada a su colaboración con las políticas de “normalización de la situación”, contención del movimiento de masas y autocontención programática durante la Transición. El cambio de época sobrevenido con la caída del muro de Berlín, supuso un salto de página en la historia nacida de las esperanzas de 1917. Todas las corrientes políticas que basaban su legitimidad en aquel acontecimiento histórico (fuera cual fuera su posición frente al “socialismo real”) se han visto obligadas a volver reconstruir su discurso so pena de quedar ancladas en un mundo que ya no existe. Tanto las corrientes antiburocráticas revolucionarias como las que aceptaron en mayor o menor medida el modelo soviético tras la degeneración estalinista están huérfanas actualmente de proyecto estratégico. En particular la larga e irresoluta crisis del PCE hace que el proyecto de IU, en el que participan otras muchas gentes ajenas a dicho partido, se haya resentido dramáticamente sin que tan siquiera haya podido ensayar nuevos caminos para la transformación social radical.
Cenit y ocaso de una posibilidad, la situación de IU
Por su parte, Izquierda Unida, tras un periodo de crecimiento en el que pudo recoger el apoyo de aquellos sectores más progresistas a la izquierda del PSOE (1990-96), se mostró incapaz de asumir el cambio de escenario originado por la victoria del Partido Popular y el pase a la oposición del partido socialista (1996-2000), actuando más en clave anti-PSOE que a partir del análisis concreto de lo que suponía social, cultural y políticamente ese triunfo de la derecha.
Ante los problemas internos y externos la dirección de IU “resolvió” de forma administrativa y autodestructiva tanto la tensión socialdemócrata expresada por el PDNI, como la nacional, expresada en EG e IC, incluso por EB, aunque en este caso , la solución rupturista todavía no se haya producido. evidenciando todas sus carencias programáticas y organizativas y emprendiendo un camino que, escenificado en las últimas elecciones generales, parece dirigido a evitar la desaparición institucional, aun a costa de agudizar los conflictos internos y perder las más mínimas señas de identidad. Mientras tanto, ha quedado olvidada la propuesta de construcción de un movimiento político-social articulador de la izquierda transformadora, y se ha puesto de manifiesto la incapacidad para erigirse en referente estable de las escasas movilizaciones sociales habidas, en bastantes de las cuales por otro lado ha habido una presencia activa de IU en diversas federaciones, y no ha logrado el acercamiento ni a los “viejos” movimientos ni a las culturas antagonistas, plurales y multiformes, que se han generado en la última década, unas más politizadas otras menos y algunas abiertamente enfrentadas con los partidos políticos.
IU ha confirmado su crisis. El contexto desfavorable de desmovilización no explica, por sí solo, esta situación. Años después de su creación como coalición interpartidaria, se produjo una convergencia de sectores alternativos, ecosocialistas, verdes y de diferentes izquierdas. La dirección de IU ha derrochado todo ese bagaje. La pesada herencia del organizativismo del PCE ha marcado de un modo determinante la historia de IU. El punto de inflexión lo constituyó la expulsión de Nueva Izquierda y lo que significó en cuanto a democracia interna. La actual etapa ha seguido dominada, dentro de IU, por la disminución del espacio para la discusión no sectaria y política, el enrocamiento de la dirección y el autismo, cuando no el enfrentamiento con los movimientos sociales.
El retraso de la dirección de IU en comprender el nuevo ciclo de hegemonía política y cultural de la derecha, lastró su posición con respecto al PSOE y a los sindicatos mayoritarios. El giro hacia el emplazamiento a la unidad de la izquierda se hizo cuando se había roto ya mucha de la unidad previamente construida dentro de IU (IC; Nueva Izquierda y EU-EG) y la que podría haberse construido fuera (CHA, BNG, EH, ERC).El paso final de este proceso fueron el pacto o los pactos PSOE-IU. Nuestra critica se centraba tanto en los contenidos del llamado pacto de gobierno como en la oportunidad política, el método antidemocrático usado dentro de la organización y las dudas de que la unidad de la izquierda se pueda hacer obviando su enorme pluralidad y ahorrándose el trabajo de engarce con la izquierda que trabaja en los movimientos, que recela tanto del PSOE como de IU. De hecho la sensación de sometimiento de IU a todo el entramado politico-mediatico-institucional del poder es la que han dejado los pactos entre muchas gentes de izquierda. No se puede solucionar en 15 días de campaña electoral el trabajo pendiente de todo este tiempo. Como decíamos, no hay atajos electoralistas para la unidad de la izquierda
En definitiva, parece que IU ha agotado su impulso fundacional, derivando hacia una estructura cada vez mas jerárquica, institucional y anquilosada que responde con enorme lentitud a los desafíos presentados por la realidad rampante del neoliberalismo y la revolución conservadora.
Dentro de IU conviven varios proyectos de regeneración, refundación o simple reconstrucción ligados a las diferentes corrientes o sensibilidades políticas. Existen quienes quieren reconstruir una organización neocomunista y españolista, autoafirmativa y sectaria, complaciente con su marginalidad buscada y pegada al terreno hasta que vengan “tiempos mejores” sin que se les conozca propuesta alguna para que realmente lleguen. Y también existen quienes quieren recorrer el camino ya recorrido por carrillistas y Nueva Izquierda subordinándose al PSOE y entregándose directamente a la gestión social del liberalismo. Todavía queda la esperanza de que haya algunos sectores lúcidos en el seno de IU capaces de llamar a las cosas por su nombre y proponer un giro copernicano hacia una organización abierta y no sectaria, capaz de generar procesos de unidad de acción y convergencia de la izquierda social y política, una organización realmente plural, plurinacional, federal, alternativa y de izquierdas con capacidad de relacionarse con las organizaciones sociales y de proponer alternativas que generen un nuevo bloque social y un nuevo impulso militante.
No es descabellado temer que esta última opción no es, de momento, mayoritaria en el seno de una élite dedicada más a la autodestrucción interna que a resolver los problemas que afectan realmente a la izquierda social y política. El tiempo dirá, pero el tiempo para tomar decisiones se agota y, de no adoptar las convenientes y creibles ante la sociedad en la próxima Asamblea, el tiempo del proyecto de IU habrá acabado. Existe el riesgo de que no sea en el seno de IU sino en el de la dirección del PCE en donde se tome la decisión, lo que, de producirse, no significaría una solución, probablemente se reforzará el internismo y la burocratización. Y esto no haría sino acentuar la inadaptación de IU a la difusa contestación social y le llevará a distanciarse aún más de los movimientos que buscan una salida anticapitalista y una ruptura con el modelo civilizatorio.
Cierto auge las izquierdas nacionalistas
Otro fenómeno digno de análisis hace referencia a las izquierdas nacionalistas, en ascenso sobre parámetros identitarios, cuyas propuestas de autogobierno, centradas en la cercanía institucional y la participación, hacen de su programa, en buen número de casos, la opción más atractiva para el sector más joven del electorado, convirtiéndose así en referentes, y a la vez, productores, de esa cultura de la diversidad, frente a la uniformización con la que amenaza el capitalismo global.
Un Estado plurinacional, una izquierda plural, una nueva transversalidad
La victoria del PP y la existencia de una realidad plurinacional de las organizaciones de la izquierda cuya división no se agota en la existencia del PSOE e IU, obliga a tener propuestas transversales de cooperación entre las distintas izquierdas políticas en aspectos puntuales, aunque hoy es impensable una colaboración estable –dada la correlación de fuerzas– en los temas de Estado fundamentales porque no significaría otra cosa que la renuncia a posiciones alternativas frente a las posturas del PSOE. Es por eso que en su día criticamos el acuerdo de gobierno PSOE-IU previo a las pasadas elecciones generales.
La constatación de la pluralidad de la izquierda y de sus organizaciones y de la necesidad de una desectarización no basta para hacer avanzar la emergencia de un polo político referente alternativo. La componente mayoritaria de las organizaciones de izquierda es ajena a la renovación radical de la acción y la propuesta política que proponemos. En el seno de esas organizaciones, de forma desigual, existen sectores sensibles a lo que defendemos, pero ninguna de esas organizaciones representa el embrión del proyecto de una izquierda alternativa radical. Es preciso dar pasos concretos para crearlo. En nuestro caso para reforzar Espacio Alternativo.
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