2La globalización de l@s de abajo: el mundo por venir
Las crisis internacionales (a escala regional) del modelo neoliberal socavaron la legitimidad del mismo en bastantes países dependientes, de ahí la postura de muchos de sus gobiernos en la cumbre de Seattle.Resistencias (1): las esperanzas
Pero sobre todo han comenzado a generar importantes luchas de resistencia impensables hace cinco años en América Latina y en el sudeste asiático y la aparición de un amplio y heterogéneo frente de alianzas que en la reunión citada adoptó el lema “el mundo no es una mercancía”.
Las consecuencias antisociales de la globalización neoliberal y la aparición de nuevos sujetos diversos dispuestos a luchar y a converger en sus luchas, es lo que nos permite por un lado afirmar la nueva centralidad de lo social y por otro alumbrar la esperanza de que la contestación anticapitalista vuelva a darse de forma masiva ayudada objetivamente por el mismo proceso de globalización capitalista que abarca a todos los ámbitos de la vida social.
El neoliberalismo está teniendo efectos radicales en todas las partes del mundo y en todos los dominios, esa es la expresión de su fuerza y de su triunfo, pero también su principal debilidad. Los efectos de las políticas neoliberales comienzan a crear nuevos vínculos objetivos y subjetivos entre las distintas expresiones de resistencia que aparecen y el capitalismo global no puede apoyarse ni en la legitimidad democrática basada en el mandato electoral ni en la legitimidad social surgida de la reducción de desigualdades y el aumento del bienestar general. Todo ello está en la base de una nueva convergencia transversal y multisectorial de los combates sociales y democráticos en los que se incorporan de forma creciente y protagonista las demandas feministas y ecologistas con arraigo en amplios sectores sociales.
Resistencias (2): el punto de partida
Las distintas manifestaciones contra el orden neoliberal mercantilista adquieren hoy un carácter más democrático que el explícitamente socialista de otros momentos, pero esa exigencia democrática afirma también una dimensión ciudadana e igualitaria ante el vaciamiento progresivo del contenido de las formas democráticas vigentes, vaciamiento que cuestiona la soberanía popular que queda fuera de importantes terrenos como la salud, educación, protección social, seguridad ecológica, modelos de desarrollo y genera nuevas fuentes de desigualdad entre géneros, clases sociales, capas sociales y países.
En este contexto la exigencia democrática ciudadana, la afirmación de la primacía de la política y el derecho ciudadano sobre el derecho al comercio y la ganancia mercantil tropieza rápidamente con la capacidad de concesión de las distintas burguesías y por ello, puede adquirir una nueva dinámica subversiva antisistémica, siempre y cuando las organizaciones que estructuran la resistencia sepan preservar su autonomía de criterio y su independencia política frente a los diversos poderes e instituciones.
Al igual que la propia globalización capitalista plantea un nuevo marco de las luchas sociales y democráticos, hay que constatar que una parte importante de las organizaciones sociales y políticas que resisten están desarrollando nuevos elementos culturales de un nuevo internacionalismo bien alejado de los estereotipos estalinistas o socialdemócratas. De ahí la importancia que le damos a las experiencias de convergencia de ese movimiento multiforme, sin hegemonías y basado en la confluencia en acciones centrales (Seattle o las Marchas Europeas contra el paro) a partir de experiencias locales que entran en interacción y son la base de un nuevo internacionalismo de los movimientos sociales y ciudadanos.
La capacidad de esas corrientes y colectivos sindicales o sociales por encuadrar y representar esa protesta es una de la incógnitas a desvelar. Su tarea actual es colocar la lucha por los derechos democráticos y sociales de todos ellos como ejes de la línea de fractura roja. No obstante somos conscientes de las dificultades que representa esta tarea, sin embargo abordable, como lo demuestran las movilizaciones francesas contra el paro y por la defensa de los derechos de los/las trabajadores/as extranjeros/as, así como las recientes marchas contra la OMC, el BM, el FMI y demás órganos de la globalización.
Las exigencias sociales, ambientales y políticas que expresan son elementos imprescindibles para poner en pie una alternativa de conjunto a la sociedad capitalista. La elaboración de ésta no será un producto por adición espontánea, requiere a su vez un esfuerzo específico de carácter político desde instancias específicas políticas, desde organizaciones políticas, siempre y cuando éstas se basen en la experiencia real del movimiento real y formen parte sin hegemonismos ni prepotencias de esas redes de resistencia.
Con muchas dificultades y sin que el éxito esté asegurado, comienza a abrirse paso el inicio de la construcción de una “globalización alternativa desde abajo” que encierra un potencial anticapitalista que no encuentra todavía referentes políticos globales, que tropieza con la falta de credibilidad de una nueva alternativa al capitalismo y sobre la que pesa la losa de las derrotas históricas y los retrocesos de las últimas décadas.
Pero ahí están las mujeres y hombres que han dicho basta y han comenzado a reinventar la historia para hacerla a la medida de las personas.
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