PREGUNTAS A RESPONDER: 2.- ¿QUÈ TIPO DE ORGANIZACIÓN POLÍTICA?
En primer lugar hay que decir que al hablar de las "viejas formas de organización de los partidos políticos" y de su reverso las "nuevas formas de organización política" es muy fácil caer en la retórica y en la superficialidad. En efecto, tales denominaciones o calificativos se utilizan muy a menudo más que como conceptos con una definición precisa como símbolos cargados de emotividad o peor aún, como "piedras filosofales" cuya sola mención fuera a resolver los enormes problemas que conlleva la construcción de organizaciones políticas de izquierda alternativa (o de izquierda revolucionaria, empleando un lenguaje más "antiguo" o "clásico"). Tal utilización de las palabras, aunque puede resultar muy satisfactoria para quién la hace, no resuelve ningún problema real al mismo tiempo que produce un doble engaño: en primer lugar el de pensar que existe una determinada "fórmula" organizativa que por sí misma es capaz de superar dificultades que son de índole muy distinta (por ejemplo las derivadas de la inexistencia de fuertes movimientos sociales y/o de una potente corriente de pensamiento y de acción social de tipo alternativo); en segundo lugar el de pensar también que la "fórmula" es totalmente "nueva" en el sentido de que lo son todos sus componentes y la relación entre ellos (como si en el pasado no hubieran existido experiencias y modelos organizativos próximos a lo "nuevo" que se pretende).
La realidad sin embargo es muy distinta: ni las "fórmulas" organizativas son capaces por si mismas de superar situaciones políticamente muy adversas, ni tampoco es cierto que exista tal "fórmula mágica"- ignota hasta el momento –absolutamente distinta a todo lo hecho y experimentado hasta ahora.
Con esta introducción no se pretende "saltar por encima" de un problema que existe y al que hay que intentar dar respuestas, sino únicamente situarlo en su justo término. Y para hacerlo hay que contestar a varias preguntas:
1) La primera de ellas es qué entendemos por izquierda alternativa, qué es lo que pensamos que- de manera general –la diferencia de las "otras" izquierdas.
2) La segunda pregunta es por qué es necesario ahora construir una organización política de este tipo y qué funciones o cometidos se supone que tendría que desarrollar dentro del conjunto de movimientos sociales y del tejido social.
3) En tercer lugar hemos de preguntarnos por las características que debería tener tal organización, esto es por su fórmula organizativa y política.
4) Por último y como cuarto interrogante tenemos el de cómo comenzar a construir tal organización partiendo de la situación actual de la sociedad y de los movimientos, de nuestras propias fuerzas y de las de los de colectivos que puedan participar en semejante proyecto.
Se intentará a continuación, sin el absurdo ánimo de pretender ser exhaustivo ni de dar imposibles respuestas a todo, esbozar algunas líneas de solución a los interrogantes anteriores.
1.- ¿Qué se entiende por izquierda alternativa?
Existen varias características diferenciadoras básicas de la izquierda alternativa respecto de las "otras izquierdas". La primera es su pretensión de una transformación global de la sociedad y de todas sus estructuras. Tal transformación se entiende basada en los principios actualizados de libertad, igualdad y fraternidad y también en la acción y en la experiencia teórica, programática y práctica de los sectores más "alternativos" de los movimientos sociales. Aparece aquí un primer punto de desencuentro con la socialdemocracia (incluída la socialdemocracia de izquierdas) en cuanto que ésta acepta como válidos elementos básicos del actual sistema sociopolítico (como la economia de mercado o el aparato estatal-institucional, entre otros), aunque pretenda introducir mejoras en los mismos. Junto al desencuentro con la socialdemocracia se produce una confluencia en este punto con distintos sectores de la izquierda "radical" ya que evidentemente no somos los únicos que en el ámbito de la izquierda pretendemos una transformación global de la sociedad. Pero éste no es el único punto que define a la izquierda alternativa.
En segundo lugar, la izquierda alternativa otorga a los movimientos sociales una importancia fundamental en cualquier proceso de cambio social, al mismo tiempo que defiende su autonomía (quizás sería más correcto decir su independencia) organizativa y política respecto de los partidos y organizaciones políticas. Encontramos aquí un segundo punto de diferenciación con la socialdemocracia, que se significa por su marcado institucionalismo, al mismo tiempo que una confluencia parcial con otros sectores de izquierda; la confluencia puede ser calificada de parcial en la medida que la experiencia de nuestra intervención en los movimientos nos demuestra que, más allá de las retóricas, se producen múltiples intentos de control sectario (conscientes e inconscientes) de los movimientos sociales tanto por organizaciones políticas ya constituídas como por otras con ánimo de "constituirse".
En tercer lugar, y sin pretensión de exhaustividad, la izquierda alternativa busca un equilibrio o síntesis programáticos y prácticos entre los objetivos de los distintos movimientos. Esta búsqueda, que se expresa en el calificativo que nos autootorgamos de "rojos-verdes-violetas", también produce una diferenciación con "otras" izquierdas. Se trata de una diferenciación "práctica", más que "en los papeles y declaraciones formales". Es por esto que la izquierda alternativa "choca" a veces con planteamientos que provienen del ámbito "nacionalista", "verde", "obrerista", "feminista", etc., en la medida que los anteriores tienden a otorgar a su "ismo" correspondiente un peso mayor que al resto de facetas políticosociales.
Los puntos de diferenciación señalados- nuevamente hay que decirlo, que no pretenden abarcarlo todo –son importantes porque nos ayudan a comprender nuestra "especificidad" al mismo tiempo que nos señalan los límites de las confluencias políticas y organizativas que se pueden producir. Si no se tienen en cuenta podemos crearnos falsas ilusiones que la realidad se encargará de desmentir de manera frustrante. No se trata de "autoafirmarse" de manera sectaria, sino de comprender los "límites" que realmente existen. Por ejemplo, en la intervención en Izquierda Unida hemos topado a menudo con el sectarismo y la burocracia de distintos sectores que la componen lo cual puede llevar a pensar que éste es el único problema existente. Pero más allá de los vicios de funcionamiento de la organización no se puede desconsiderar que ésta se encuentra fuertemente socialdemocratizada- con todo lo que esto supone de aceptación de los marcos establecidos y de institucionalismo –lo cual hace muy difícil su transformación en una organización de izquierda alternativa. Fuera de Izquierda Unida nos encontramos con organizaciones o con núcleos organizativos no socialdemócratas con los cuales nuestra confluencia ideológica general puede ser mayor pero con los cuales, sin embargo, los conflictos se sitúan a otro nivel (el papel que se otorga a los movimientos sociales, la prioridad dada a un movimiento sobre otros, la desconsideración de la importancia que tienen las confluencias unitarias en la acción, los rechazos "sumarios" a todo tipo de intervención institucional, etc.).
Por todo lo anterior hay que comprender que cuando hablamos de "reforzar" y de "consolidar" nuestro propio proyecto también hablamos de hacer lo propio con nuestras características específicas, con nuestras señas de identidad. No podemos ni debemos constituirnos en un gueto sectario, pero tampoco podemos pretender que en la "izquierda alternativa" cabe todo aquello que se sitúa a la izquierda del PSOE.
2.- ¿Por qué es necesario ahora construir una organización política de izquierda alternativa?
La izquierda alternativa social existe. Existe a nivel mundial, en Europa y también el el estado español. Esta existencia social se traduce en algunos estados o países en la presencia de partidos o de organizaciones políticas que- con sus contradicciones -la representan (como el PT en Brasil, Refundazione Comunista en Italia, el Bloque d’Esquerda en Portugal o la LCR y otros grupos afines en Francia...). En el estado español sin embargo una evolución política desfavorable mantenida durante decenios ha llevado al punto de la desaparición de la escena política de la izquierda alternativa y de cualquier otra expresión de izquierdas "radical" (con excepciones muy contradictorias en Euskadi y Galicia). Esta situación influye de manera muy negativa en la moral de las personas afines a la izquiera alternativa, en los movimientos sociales y en los procesos sociopolíticos, generando una derechización suplementaria, por la inexistencia de verdaderos polos de referencia de izquierdas (el papel que Izquierda Unida podría haber jugado al respecto se ha visto anulado por sus propias incoherencias y contradicciones).
Hay que plantearse, sin embargo, el papel que hoy en día debería desenpeñar una organización política de izquierda alternativa. Las experiencias históricas habidas nos obligan a intentar definir con claridad qué es lo que una organización de este tipo debería plantearse como sus objetivos de acción. Una organización de izquierda alternativa, ¿realmente se trata de algo útil o más bién es una rémora para los movimientos, un "engendro" artificial que entorpecería la constitución "natural" de un movimiento políticosocial de izquierda alternativa? La respuesta que en este papel se da al interrogante anterior es que una organización de izquierda alternativa debe desenpeñar unas funciones diferentes a las de los movimientos sociales que éstos no pueden, por su misma naturaleza, desarrollar de manera adecuada. En concreto su actividad debería abarcar los siguientes cometidos:
□ Impulsar la coordinación entre los distintos movimientos sociales. Sabemos que existe una marcada tendencia en el seno de los movimientos a actuar de manera sesgada, priorizando lo propio y perdiendo de vista la necesaria coordinación entre ellos y la gestación de un proyecto social común. Esto no sucede así siempre, como tampoco es cierto que los movimientos, por sí mismos, no se coordinen o no confluyan en más de un momento de manera espontánea. Pero las tendencias centrífugas y a la dispersión son un hecho innegable. Una organización de izquierda alternativa- implantada y con capacidad de trabajo en los distintos movimientos –puede ser un instrumento sumamente eficaz para frenar estas tendencias e impulsar la coordinación entre ellos.
□ Impulsar las corrientes de izquierda alternativa en el seno de los movimientos. Sin querer eliminar la necesaria pluralidad y multiplicidad que debe existir en el seno de los movimientos sociales parece evidente que es requisito básico para el cambio social la existencia de potentes movimientos sociales con una componente importante imbuída de los principios y formas de actuación de la izquierda alternativa. En esta dirección una organización como la que pretendemos debe realizar un trabajo importante.
□ Realizar un trabajo programático, estratégico y táctico de síntesis, basándose en las aportaciones y experiencias de los movimientos sociales. Ni los programas ni las estrategias y tácticas de acción se inventan en los laboratorios de ninguna organización política sino en la práctica cotidiana- tanto de intervención como teórica –de los movimientos sociales y de sus componentes. Sin embargo, de la misma forma que ocurre con las tendencias a la descoordinación, es muy fácil que las propuestas elaboradas desde una determinada visión movimentista pierdan de vista el conjunto de las propuestas existentes, las contradicciones y confluencias entre ellas y la utilidad y necesidad de una síntesis superadora entre todas. De ahí que tales funciones puedan y deban ser desarrolladas por organizaciones con capacidad integradora, las cuales una vez realizado el trabajo deben revertirlo en el conjunto de los movimientos. Evidentemente para poder realizar este cometido se necesita una gran implantación y un contacto muy estrecho con los movimientos mediante las cuales se pueda evitar la "artificiosidad" de las propuestas.
□ Desarrollar un trabajo institucional alternativo. Un ejemplo claro de éste puede ser el realizado por el PT de Brasil en los Ayuntamientos y Estados que gobierna. Se trata de un trabajo institucional cuyo objetivo no es la consolidación o mejora de las instituciones existentes sino el aprovechamiento de éstas para propiciar cambios estructurales. Experiencias de este tipo son muy necesarias en la medida que demuestran que las propuestas alternativas son "realistas" y además constituyen un excelente banco de pruebas programático y estratégico. Aquellas experiencias que resultan existosas- como ha sido el caso de los "Presupuestos Participativos" –se convierten en modelos a seguir y pasan a formar parte de manera muy sólida de los programas de izquierda alternativa.
□ Ser altavoz de la necesidad de un cambio social global y de la existencia de alternativas para desarrollarlo. Esta tarea de tipo propagandístico no es cometido tan solo de las organizaciones políticas de izquierda alternativa, aunque son éstas las que pueden desarrollarlo de manera más coherente y sistemática a través de la explicación de sus objetivos programáticos y estratégicos.
Para poder desarrollar de manera adecuada las tareas antes descritas nos hace falta dotarnos de una organización con unas caracterísitcas muy específicas cuyos elementos fundamentales se intenta apuntar en el apartado que sigue.
3.- ¿Qué características debe tener una organización de izquierda alternativa?
□ Existencia de unos puntos mínimos de convergencia entre sus distintos constituyentes: a nivel programático y de objetivos, de las relaciones que se deben mantener con los movimientos sociales y de la relación entre la intervención en los movimientos sociales y la intervención institucional.
Respecto del nivel programático y de objetivos hay que decir que se hace necesario sistematizar nuestra posición respecto de la cuestión económicosocial, feminista, ecologista, nacional, internacionalismo y derechos humanos, pacifismo, antimilitarismo, etc. Sistematizar no quiere decir ni abarcarlo todo ni tampoco que haya que definirse sobre cuestiones que tienen difícil o imposible respuesta en estos momentos, tampoco que necesariamente tenga que haber una sola respuesta válida a los distintos problemas. Pero sí que se deben poder presentar unas propuestas claras tanto de corto como de medio y largo alcance que definan nuestra posición. En parte éste es ya un trabajo hecho y que forma parte de nuestro pequeño patrimonio, en parte es también un trabajo por realizar que será fruto del trabajo de síntesis y de elaboración a desarrollar en contacto estrecho con los movimientos sociales.
Las relaciones entre los movimientos sociales y las organizaciones políticas es un tema tradicionalmente muy conflictivo. Cuestiones como el respeto a la soberanía política y organizativa de los movimientos sociales, la articulación entre éstos y las organizaciones políticas y la forma en se elabora la estrategia y el programa de los movimientos son aspectos que nos diferencian de las opciones y actuaciones de "otras" izquierdas.
El trabajo institucional es otra piedra con la cual repetidamente se tropieza y que siempre ha sido motivo de conflictos y de debate en el seno de la izquierda "radical". Hay que definir qué es lo que se pretende y qué no con este tipo de intervención. Por ejemplo: ¿su objetivo es promover la transformación de las estructuras políticas o integrarse en ellas?, ¿pueden servir las instituciones como altavoz de las opciones transformadoras y/o como lugar de negociación política?, ¿en qué casos se puede participar de la "gestión" de las instituciones o de su gobierno?, ¿cómo se evita la contradicción existente entre dicha gestión y la intervención en los movimientos sociales?
Las soluciones que se pueden plantear de entrada a todos los problemas anteriores son muy variopintas y en el seno de las organizaciones políticas (y de los movimientos) podemos encontrarnos con dos tipos de conflictos graves que surgen por su causa y que hay que intentar evitar al debatir y resolver sobre cuestiones programáticas y estratégicas. El primer problema es el del debate "artificial" y sectario. En un debate de este tipo los "contendientes" intentan solventar la validez de una determinada posición o planteamiento a través de una confrontación de posiciones abstracta haciendo cuestión de principios el que se convierta en parte del programa o de la estrategia de la organización (o del movimiento). Como no existe forma alguna de demostrar en la práctica la validez o la incorrección de lo que se defiende tales debates suelen acabar a menudo en inútiles rupturas de tipo sectario. Para evitar esto el sentido común aconseja no obcecarse en mantener la validez absoluta de lo indemostrable y, al mismo tiempo, intentar realizar experiencias prácticas de las distintas opciones existentes. Siempre que la realidad lo permita las experiencias deben de ser en las diferentes direcciones planteadas como alternativas y cuando esto no sea posible, pero sólo cuando realmente no lo sea, se tendrá que optar por una de ellas (aunque sin estigmatizar las otras que aunque hayan sido de momento descartadas podrían ser válidas). Pero cuando no es factible la comprobación práctica de las distintas posiciones parece más sensato el recogerlas todas como opciones posibles, aunque de momento indemostrables, más que empecinarse en debates estériles y sectarios.
Un segundo problema, reverso de la moneda del anterior, se presenta cuando se constituyen "consensos" o "unidades" programáticas y estratégicas de tipo "artificial" (de esto en Izquierda Unida se sabe un montón). En este caso las personas o colectivos "ocultan" en base al "consenso" las diferencias de criterio que realmente existen (las cuales, en los papeles, quedan resueltas mediante fórmulas más o menos alambicadas). Tenemos aquí un supuesto "acuerdo" que la realidad se encarga de hacer estallar en cuanto urgencias de tipo práctico impelen a tomar decisiones. Por esto conviene a toda organización que pretenda un desarrollo político adecuado el que sus miembros confronten entre sí las distintas opiniones aún con el riesgo de crear ciertas "tensiones". Es preferible saber de antemano dónde pueden situarse los problemas futuros (los cuales en algún caso se convertirán en presentes y reales y en muchos otros habrán sido meros fantasmas).
Estas reflexiones quieren apuntar una cierta metodología para abordar nuestros debates y nuestra práctica basada en: 1) Abordar los distintos problemas en la búsqueda de alternativas, 2) Hacer aflorar las distintas opciones existentes, 3) Si estas son susceptibles de distintas experiencias, realizarlas, 4) Si no son compatibles, escoger, reservando el derecho a la duda de que lo escogido no haya sido lo correcto y 5) Si un problema no es susceptible de ser abordado en la práctica tomar buena nota de las diferentes opciones surgidas y hacerlas todas, de momento, patrimonio nuestro.
Los criterios metodológicos expuestos están muy relacionados con la siguiente característica de una organización de izquierda alternativa que se va a tratar, el pluralismo.
□ Pluralismo. Está basado en la diversidad de personas y colectivos constituyentes de la organización y en su soberanía específica. Si no se acota su significado y la metodología que ha de hacerlo posible el pluralismo puede quedar en agua de borrajas, como sobradamente ha quedado demostrado en frustradas experiencias pasadas. Evidentemente el pluralismo tiene unos límites que tienen mucho que ver con los "puntos mínimos de convergencia" del apartado anterior. En la izquierda alternativa cabe mucho, pero no cabe todo.
Cauando hablamos de pluralismo en una organización de izquierda alternativa suponemos de entrada que las personas y colectivos que forman parte de la organización comparten unos presupuestos mínimos sobre las señas de identidad y las características de la izquierda alternativa (de los que se ha hablado en los puntos anteriores). Si no lo hacen la organización que constituyan será otra cosa distinta, pero no una organización de izquierda alternativa. Es preciso dejar esto claro porque (aunque sea sobre el papel) pueden existir organizaciones de izquierdas y pluralistas a las que sin embargo no les sea aplicable de ninguna de las maneras el calificativo de "alternativas". Tal caso sería el de una Izquierda Unida (o similar) desprovista de sus elementos sectarios y más burocratizados pero con una componente socialdemócrata de izquierdas mayoritaria. Si tal organización existiera podríamos formar parte de ella (de hecho formamos parte de la Izquierda Unida real que sólo de manera muy deformada se asemeja al modelo expuesto), pero no sería correcto considerarla de izquierda alternativa ni con su existencia quedaría solventado el problema de la necesidad de una organización de izquierda alternativa.
El pluralismo tiene una cierta base "histórica" en la diversidad de personas y de colectivos que constituyen la organización. Esto supone que, además de las señas de identidad comunes, existen diferentes tradiciones, diferentes fuentes teóricas y políticas de referencia y una manera particular de hacer las cosas y de resolver los problemas. Para que todo lo anterior pueda coexistir de manera fructífera, enriqueciendo la organización y no agotándola en contínuos enfrentamientos es necesario un cierto acuerdo entre las partes sobre cómo solventar las diferencias prácticas que van surgiendo en el trabajo político. Una metodología como la apuntada en el apartado anterior que respeta, dentro de lo posible, la multiplicidad de opciones en la práctica y en las ideas puede ser un buen instrumento para dotar al pluralismo de cauces para desarrollarse.
Recapitulando, el pluralismo dentro de una organización de izquierda alternativa supone: 1) Que existe una base sólida de acuerdo sobre señas de identidad, características de la organización y aspectos programáticos y estratégicos, 2) Que ante las diferencias que van surgiendo se adopta el criterio, cuando sea posible, de la multiplicidad de experiencias, 3) Que si ésto no se puede realizar se adoptan acuerdos de actuación basados en las mayorías, tomándose buena nota de lo dicho por las correspondientes minorías, 4) Que todo lo anterior se hace respetando siempre la soberanía específica de los distintos colectivos y su derecho al "disenso". Por derecho al "disenso" entendemos el derecho a discrepar en las ideas y en la práctica de los acuerdos tomados mayoritariamente. Por su propia naturaleza tal derecho debería considerarse una "válvula de emergencia" tanto por parte de la organización en general como de los colectivos en particular. Su uso sistemático indicaría a las claras que algo está funcionando muy mal, tanto en los mecanismos de debate y de toma de decisiones como en el terreno de los acuerdos básicos y de las señas de identidad.
□ Estructura de tipo red con relaciones horizontales entre los distintos núcleos y puntos de toma de decisiones. La estructura de tipo red supone varias cosas: la primera que los distintos colectivos constituyentes son autónomos y están dotados de soberanía (lo cual actualmente es una realidad), la segunda que son capaces de relacionarse entre sí de manera horizontal, sin pasar por centro alguno (cosa que de momento no ocurre). Para que esto último sea posible la organización debería dotarse en su conjunto de medios telemáticos e informáticos y de fórmulas de funcionamiento que hicieran uso adecuado de ellos. No entraremos aquí a desarrollar este punto que tendría que ser motivo de discusión específica. Sin embargo hay que decir que parece de suma importancia porque de su desarrollo depende en buena medida que nuestra organización sea de "nuevo" tipo. La utilización de medios "arcaicos" conlleva servidumbres y entre ellas de vernos forzados a reproducir, por necesidad, "viejos" esquemas. Por ejemplo, la secretaría confederal con la actual falta de medios necesariamente ha de estar compuesta por personas de una misma ciudad (actualmente de Madrid) que puedan verse y hablar directamente de manera fácil, siempre que se pretenda un funcionamiento ágil de la misma. Sin embargo actualmente existen medios que permitirían el funcionamiento de una secretaría confederal "virtual" (con unos gastos seguramente asequibles) de la que formaran parte personas de diferentes zonas del estado. Tal secretaría sería probablemente más eficaz para la coordinación confederal que una ubicada físicamente en la misma ciudad.
En tercer lugar en una estructura red los flujos de información deben de ser rápidos. Los actuales flujos de información son muy lentos y puntuales (reuniones de coordinación confederal, envíos de documentos desde la secretaría confederal...). ¿Quién conoce de la situación de los colectivos del Espacio en lugares distintos del suyo propio? A menudo nos enteramos de los problemas o de las actividades del Espacio de manera indirecta a través de los mismos movimientos sociales y/o de sus reuniones.
En resumen la estructura de una organización como la nuestra debería basarse en: 1) Autonomía y soberanía de los colectivos, 2) Relaciones horizontales de transvase de información y de coordinación entre los mismos, 3) Flujos rápidos de información extendidos al conjunto de la organización, 4) Puntos de toma de decisión confederales (actualmente secretaría y coordinadora confederales) realmente "confederales".
□ Compuesta básicamente por personas activas de los movimientos sociales. Ésta condición es imprescindible para que la organización puedea cumplir las funciones que debe desarrollar (impulsar la coordinación entre los movimientos sociales, impulsar las corrientes de izquierda alternativa en el seno de los movimientos, realizar un trabajo programático, estratégico y táctico de síntesis, realizar un trabajo institucional alternativo y ser altavoz de la necesidad de un cambio social global).
Así queda garantizada una conexión estrecha entre la organización política y los movimientos sociales. Se solventa también de manera directa el problema de cómo trabajar en los movimientos sociales (por la propia experiencia de las personas) y se avanza mucho en el necesario respeto a la soberania movimentista (por la propia sensibilidad de l@s activistas).
Finalmente de ésta manera se evita el peligro de la "invención" de programas o de recetas políticas ajenas a los propios movimientos, pudiéndose realizar un adecuado trabajo de síntesis programática, estratégica y táctica.