III Encuentro confederal de Espacio Alternativo
–– Documento Político ––
Introducción
En mayo de 2000 tuvo lugar el II Encuentro confederal de Espacio Alternativo. No hace dos años desde entonces y, a pesar de ello, se impone una actualización importante de nuestros análisis; evidencia ésta de la celeridad de los nuevos tiempos, pero también de las dificultades con que nos encontramos a la hora de dar respuesta a los nuevos retos organizativos de la izquierda. "Salir de la perplejidad: por una izquierda de izquierdas" (p. 27), decíamos entonces y no parece que dicha tarea sea menos urgente hoy. Al contrario, el diagnóstico que realizábamos en aquel momento sigue estando vigente: "hay dos tipos de conclusiones, ambas complementarias y ambas necesarias. Por un lado, debemos impulsar todas las formas organizadas posibles de convergencia de las organizaciones sociales para que puedan darse avances sociopolíticos. Por otro, sigue pendiente construir un referente político en su ámbito específico para que puedan darse avances político-sociales" (p. 27). Y si bien es cierto que apuntábamos una solución posible ("en este momento comenzamos a construir Espacio Alternativo como una organización política autónoma constituida por una red de colectivos confederados y como una corriente amplia en el seno de IU" – p. 29), no lo es menos el hecho de que los cambios ocurridos desde entonces hacen más apremiante, si cabe, la necesidad de trasladar nuestras reflexiones al plano de lo concreto.
En efecto, desde mayo de 2000 hasta hoy se han operado a todos los niveles notables cambios en el escenario político que exigen volver a captar las dimensiones de los distintos espacios políticos en que hemos desarrollado nuestra actividad. Y ello no sólo por los cambios substantivos que se han producido en la arena internacional con el desarrollo de un «movimiento antiglobalización» capaz de deslegitimar, al menos en parte, las agencias mundiales de difusión, consolidación y gestión del sistema capitalista (FMI, BM, etc.); sino también, y de forma no menos relevante, por las nuevas perspectivas que este desafío a la globalización capitalista supone para las distintas corrientes de la izquierda tradicional.
En el Estado español estas tendencias generales del escenario político adquieren unos nombres y apellidos de tod@s bien conocidos. El "Socialismo libertario" de Rodríguez Zapatero no ha convencido ni a propios ni a extraños, si bien parece haber amortiguado la imagen de división interna que se transmitía a los medios de comunicación. La actual IU sigue incapaz de salir de su presente crisis. Así, transcurrido algún tiempo desde la elección de Llamazares como Coordinador General, no parece que se vaya a producir un relanzamiento del movimiento político y social. Por el contrario, la vida política de IU se ve más bien determinada por el PCE y las luchas internas dentro de esta organización. Asimismo, el impulso general de algunas izquierdas nacionalistas, aún considerado en toda su diversidad, parece ser bastante menor de lo esperado y afecta tanto a las organizaciones más radicalizadas (Batasuna) como a las más moderadas (BNG). Por último, al margen de los ámbitos de la representación institucional y al hilo de cierto impulso movilizador experimentado en diversos sectores sociales, está teniendo lugar la aparición de colectivos de diversa índole que reflejan cierto dinamismo general.
En estas circunstancias, Espacio Alternativo ha tenido un desarrollo desigual en las distintas federaciones de IU y que se extiende desde la participación activa en la política institucional de esta organización (incluidos los casos de participación en gobiernos autonómicos) hasta la exigencia del reconocimiento como corriente de opinión. Y si bien Espacio Alternativo no ha logrado ampliar substantivamente su influencia en IU-Federal a pesar de su apoyo a Llamazares, sí ha logrado extenderse territorial y sectorialmente. Con todo, el balance del tiempo transcurrido desde el último encuentro no puede ser positivo: así, si hasta la última asamblea de IU, Espacio Alternativo había aparecido como el referente exclusivo de los movimientos sociales y la cultura alternativa, el desarrollo de dicha asamblea y su resultado posterior se han traducido en una pérdida de perfil propio en beneficio de terceros no necesariamente integrantes de una auténtica cultura política alternativa. Por consiguiente, Espacio Alternativo ha tenido bastantes dificultades en consolidar un espacio que les es propio. Asimismo, esta situación concreta ha terminado por inclinar el fiel de la balanza en beneficio de los debates internos de IU y en detrimento de quienes en Espacio Alternativo no pertenecen a esta organización. Resultado de todo ello, en el momento presente la situación de Espacio Alternativo se ve marcada por una debilidad organizativa, la falta de un perfil propio y una mayor definición política.
CONTEXTOS PARA LA REFLEXIÓN:
LOS ESCENARIOS POLÍTICOS INTERNACIONAL, EUROPEO Y ESPAÑOL.
Tendencias de la globalización: el escenario internacional
El escenario internacional aparece marcado, sin duda alguna, por la fecha 11 de septiembre. Todavía resulta temprano para evaluar el impacto de lo que han supuesto estos hechos; si bien algunos de los acontecimientos subsiguientes evidencian que su desarrollo ha servido para reforzar las medidas con las que se esperaba abordar la coyuntura de recensión económica anterior. En efecto, en la etapa inmediatamente precedente a los acontecimientos del 11-S, la crisis del modelo desarrollado desde 1993 por la Administración Clinton bajo la ambiciosa denominación de "Nueva Economía" se encontraba en una situación de crisis manifiesta. Este modelo de desarrollo, basado en una fuerte apuesta por la "revolución tecnológica" que venía a expresar en positivo los procesos de transformación estructural del capitalismo de las últimas décadas (desterritorialización e informatización de la producción, dominio creciente del trabajo inmaterial, etc.), pretendía confirmar la hegemonía norteamericana sobre el proceso de globalización frente al doble desafío de los otros dos grandes polos del capitalismo mundial, a saber: el desafío financiero al régimen dólar-Wall Street lanzado por el polo euro-germano con la puesta en marcha de una divisa única europea y el desafío productivo del polo asiático-japonés en la única región del planeta que ha experimentado una acumulación notoria durante las últimas décadas. La respuesta a la necesidad de un reajuste sistémico siguió (y sigue) las viejas fórmulas capitalistas, fuertemente acentuadas tras el 11-S: cierre y reconversión de empresas en crisis (real o inducida), despidos masivos, generalización de la precariedad laboral y de la exclusión en todas sus dimensiones (edad, género, etc.), así como un fuerte recorte de las libertades públicas justificado por la "amenaza terrorista".
Las enormes esperanzas puestas en la "Nueva Economía" tras el fracaso de las políticas neoliberales de la década de los ochenta fueron falsamente alimentadas por los medios de comunicación de masas durante los noventa. La realidad indica que se trataba –sobre todo– de un corto ciclo de expansión rápida del sector de la electrónica y las telecomunicaciones, pilotado por las grandes multinacionales y que ha supuesto más desigualdad social y más desequilibrio económico. Mientras tanto, las recetas neoliberales aplicadas por gobiernos corruptos en un marco de endeudamiento creciente, han agravado la inestabilidad política y social de países y regiones enteras. La crisis argentina es el ejemplo más acabado. La respuesta es un proceso de nuevas revueltas y nuevas formas de autoorganización, desde Argentina a Corea. Resultado de todo ello, se han extendido, diversificado e intensificado las formas de protesta de un nuevo ciclo en el que la pérdida de legitimidad de las instituciones no siempre ha tenido una respuesta organizada. Los estallidos espontáneos, revueltas y rebeliones que se han producido a lo largo y ancho del globo han puesto de relieve las grandes dificultades que existen para articular las respuestas políticas adecuadas a los conflictos sociales. Asimismo, la migración transnacional también ha aumentado como fórmula espontánea y masiva de respuesta a las distintas crisis que se han estado produciendo. Dicho incremento de las migraciones ha trasladado a los distintos centros del capitalismo, bien que con expresiones distintas, problemas que las formas tradicionales del imperialismo resolvían manu militari a través del Estado nacional, tal y como ejemplifica la política norteamericana en América Latina durante buena parte del siglo XX. Ante estas circunstancias inéditas, la respuesta institucional neoliberal no ha sido capaz de ir más allá de un constitucionalismo de "diseño" que tras festejar el triunfo universal de la "democracia occidental" en el "fin de la Historia" ha tenido que recurrir a la degradación progresiva de los contenidos y procedimientos de las "nuevas democracias". Una vez más, América Latina, pero también la Europa central y oriental (cuanto más al Este tanto peor), ejemplifican con claridad esta tendencia marcada por el incremento del clientelismo, las mafias, la corrupción y un largo etcétera. Desde Ucrania hasta Perú, la idea de democracia ha visto corrompido su significado original hasta hacerse irreconocible.
En respuesta a este nuevo escenario hemos visto surgir y desarrollarse al movimiento antiglobalización. Desde Seattle hasta Génova y aún después se ha desplegado un nuevo ciclo de protesta que ha logrado poner en entredicho a las instituciones financieras internacionales sobre las que se articulan las políticas económicas neoliberales de la globalización. Sin duda, la contracumbre de Génova marca aquí el punto de inflexión. En el recuerdo de tod@s, la muerte de Carlo Giugliani. Lejos de ser un fenómeno aislado, el asesinato del joven italiano es la consecuencia lógica de un endurecimiento deliberado de las políticas represivas por parte de los distintos gobiernos: antes de Génova, también Gotemburgo, Barcelona y otras ciudades en las que se reunió el movimiento antiglobalización fueron objeto de la violencia policial. A pesar de ello, el movimiento ha dejado de ser la "nube de mosquitos" que pretendían sus detractores y su intensa difusión en todos los sectores de la sociedad demuestra que el movimiento antiglobalización ha venido para sumarse al espectro de los nuevos movimientos sociales anticapitalistas.
La reacción al desafío del movimiento antiglobalización tampoco se desmarca de las intervenciones características del proyecto neoliberal. Los notables logros del movimiento y la situación económica han reforzado las tendencias autoritarias y conservadoras del neoliberalismo. Esta involución no se produce sin tensiones, sin fallas en el consenso neoliberal, al darse en algunos sectores social-liberales acercamientos más o menos propagandísticos a ciertos sectores del movimiento, las ONGs moderadas y los grandes sindicatos. No obstante, en la misma medida en que ha progresado la movilización y se han ido haciendo fuertes los defensores de un endurecimiento de la represión de la protesta, el margen de acción para las opciones de corte "social-liberal" se han ido estrechando cada vez más (en este sentido, pocos conceptos políticos han tenido una vida más fugaz e improductiva que el de "tercera vía" ¿alguien lo recuerda ya?). De igual modo, los abusos sistemáticos de los neoconservadores contra los mecanismos neocorporativos de negociación de los conflicto de intereses propios de los modelos de la "acción social concertada", amenazan con acabar con uno de las principales agencias sobre las que se articula la negociación: los llamados sindicatos "de concertación". La terciarización de la economía (en la que la presencia de mujeres es mayoritaria) supone, por las propias condiciones laborales, una dificultad de sindicalización, mayor precariedad en el empleo y la desaparición de los derechos laborales tradicionales.
En estas circunstancias, y como resultado del propio desarrollo de las tendencias apuntadas, emerge en la actualidad una izquierda social anticapitalista en la que se puede percibir una importante renovación generacional inscrita en el marco de una radicalización inducida por la precariedad y la exclusión crecientes; un auténtico "precariado" socializado en unas relaciones laborales a cada día más adversas y marcadas por la inestabilidad y el despotismo. A pesar de la nueva radicalidad que caracteriza a esta izquierda social emergente, sus referentes políticos siguen siendo escasos y débiles. Con todo, destaca la superación del "síndrome del Muro de Berlín" que marcó la mayor parte de los años noventa.
Por otra parte, expresión de un nuevo internacionalismo, hemos asistido a una intensificación del debate sobre las alternativas substantivizado en el paso de la crítica por veces parcial de las políticas neoliberales a una oposición frontal al capitalismo. Este mismo paso del anti-neoliberalismo al anticapitalismo se ha visto acompañado de una formulación en positivo de la demanda de otro modelo de sociedad ("Otro mundo es posible") basado en una "crítica negativa" del presente estado de cosas que se articula en torno a la denuncia de la mercantilización de los "bienes comunes" y se enuncia positivamente en una lucha por los derechos y poderes de la ciudadanía frente a los derechos patrimoniales en la búsqueda de la propiedad social como horizonte. En el ámbito de la organización del debate de estas, el Foro Social de Porto Alegre ha contribuido de forma notable a dar forma a las nuevas exigencias programáticas: así, además de haber servido como lugar de encuentro para cuant@s se encuentran inmers@s en las luchas anticapitalistas, su ejemplo ya ha sido seguido con éxito relativo a un nivel regional. El Foro Social Mundial se ha convertido en un espacio de intercambio de experiencias para la articulación de luchas y un referente importante para el conjunto de los movimientos sociales opuestos a la globalización neoliberal. Nos sentimos parte de las organizaciones, movimientos y redes que vienen trabajando en él por reforzar el protagonismo y la autonomía de los movimientos sociales; por profundizar en la crítica radical a la globalización neoliberal y todas sus consecuencias, desde la mercantilización de todas las relaciones humanas y la hegemonía de las empresas transnacionales hasta la guerra; por convocar acciones comunes de todo el movimiento internacional al servicio de esos objetivos.
Desde este compromiso, rechazamos cualquier maniobra que puede producirse contra la autonomía del movimiento y su derecho a dotarse de las propuestas y objetivos que libremente acuerde, como los contenidos en la Declaración de los Movimientos Sociales adoptada en el II FSM. En lo que se refiere al Estado español, el trabajo debe basarse en los marcosunitarios constituidos en las últimas movilizaciones contra la globalización neoliberal, como las de Barcelona en junio pasado o las del actual semestre europeo. Son inaceptables las iniciativas autodenominadas "Foro Social" que se han constituido sin respetar estos marcos unitarios. Es preciso asegurar que la preparación en el Estado español de los próximos Foros Sociales se hagan desde el movimiento real y desde los marcos de trabajo que tienen establecidos.
Por todo ello, en el momento actual nos encontramos en una situación crítica que puede derivar en un proceso de involución o en una crisis de crecimiento. Los acontecimientos del 11-S han servido de excusa para acentuar todas las tendencias descritas para el bloque hegemónico. El nombre de la "amenaza terrorista" hemos visto como se han puesto en marcha importantes recortes a las libertades, especialmente agudos en el caso de los propios EE.UU. Asimismo, estas medidas involucionistas, abiertamente antidemocráticas, han ido acompañadas de una intensificación de la carga simbólica de los conflictos internacionales, posible mediante el recurso a expresiones puramente ideológicas como la "defensa de Occidente", la "comunidad internacional", etc. Esta ofensiva reaccionaria, fundamentada en un neokeynesianismo militarista en lo económico (la "globalización armada") y un etnocentrismo occidental en lo ideológico, ha bloqueado en cierta medida el ritmo movilizador del movimiento antiglobalización.
También en Europa...
El 1 de enero de este mismo año, con la entrada en circulación del Euro, las instituciones de la UE han culminado el proceso de construcción de un federalismo monetario asimétrico bajo la hegemonía del marco alemán. Este hecho, del que tanto se enorgullece el establishment de la UE, nunca hubiera sido posible sin las políticas de privatizaciones, la precarización del empleo, el paro masivo y tantas otras crudas realidades económicas que se obvian no sólo con el afán de borrar la memoria de los costes sociales de la aventura del capital euro-germano, sino en el ánimo decidido por volver a recurrir a las mismas políticas neoliberales de nuestro pasado inmediato. En este orden de cosas, es de destacar cierta voluntad por construir un "consenso" neoliberal mediante la aristocratización de la política europea: cada vez son más l@s trabajador@s carentes de derechos de todo tipo y quienes ven progresivamente reducidos los suyos. Los procesos de inmigración masiva y las políticas que los regulan (leyes de inmigración) aspiran a coadyuvar la confluencia entre distintos intereses abriendo una clara línea de fractura social que aspira a excluir de los modelos institucionales y de participación democrática, progresiva pero continuadamente, a los inmigrantes, al "precariado" y en última instancia a quienes no detentan la propiedad privada.
El proceso de construcción europea tampoco ha escapado a los efectos del 11-S. Así, el papel desempeñado por las grandes potencias europeas en la última Guerra de Afganistán ha puesto en evidencia la debilidad institucional de la UE. La intervención puntual de los más importantes Estados nacionales de la Unión prescindiendo del resto de "socios" no ha desmerecido del protagonismo militarista del Gobierno Blair en el Reino Unido. Una vez más, ni Prodi ni Solana han contado lo más mínimo en el proceso de toma de decisiones, lo que no sólo nos han recordado lo efímero que puede llegar a ser el europeísmo ingenuo, sino el vigor del que todavía siguen disfrutando los Estados nacionales. Asimismo, el recorte de libertades también ha llegado a Europa tras el 11-S. Medidas como la decisión marco sobre el terrorismo y la que se conoce como "euro-orden" apuntan precisamente en esta dirección. En líneas generales, el endurecimiento de todas estas medidas, aunque desigual según los países, se encuentra orientado a criminalizar cualquier forma de protesta u oposición política.
Las respuestas al nuevo contexto político no siempre adquieren el vigor político necesario. Así, en paralelo a esta aristocratización de la política prosigue el aumento de la desafección ciudadana, el cinismo político y la pérdida de centralidad de las instituciones representativas: desde la crisis del parlamentarismo hasta la crisis de los partidos políticos. En términos electorales, el abstencionismo y el voto de protesta evidencian la crisis de lo político. En términos parlamentarios, el desplazamiento de las cámaras de representación por el espectáculo de representación mediática característico de la video-política muestra la pérdida de centralidad del parlamentarismo tradicional (la política parlamentaria ya sólo es noticia, sólo interesa en la esfera pública en función de la espectacularidad mediática de lo que ocurra en el parlamento).
Pero, si en el plano del funcionamiento político habitual de los regímenes políticos de la UE, nos encontramos ante un fracaso evidente de los postulados democrático-representativos de los que se reclaman herederos, en el plano de las alternativas que se ofrecen dentro de este marco el fracaso no es menor. Así, la izquierda del neoliberalismo o antigua Socialdemocracia no ha sabido formular una respuesta al desafío del movimiento antiglobalización. Olvidada definitivamente la propuesta teórica de la "tercera vía" y su plasmación gubernamental en el "papel Schroeder-Blair", no ha surgido en Europa alternativa alguna capaz siquiera de recabar la atención de la opinión pública. De igual forma, en los últimos tiempos hemos podido comprobar como se ha ido profundizando la crisis del sindicalismo "de concertación" en no pocas ocasiones con el sustento gubernamental.
Existen, con todo, respuestas importantes a la ofensiva conservadora que debemos tener en cuenta. Al igual que en otras regiones del planeta, también en Europa se ha producido la emergencia de una izquierda radical y anticapitalista, impulsada en buena medida por una importante renovación generacional y con posibilidades reales de llegar a consolidar nuevas alternativas anticapitalistas. En este proceso hemos visto como las Conferencias de la Izquierda Anticapitalista Europea han adquirido un papel importante. Asimismo, seguimos pendientes de los resultados del "test" italiano que encarna en estos momentos Rifondazione Comunista y que, básicamente y en el caso de resultar positivo, representaría el éxito de una fórmula (que no la única posible) basada en un cambio de eje paradigmático en el que las luchas en la dimensión político-social sustituiría a lo que hasta ahora no es más que la centralidad electoral-parlamentaria de los partidos. Tal y como reclaman Bertinotti y Bandiera Rossa, la ruptura con la herencia político-cultural del Estalinismo es un prerrequisito de la posibilidad misma de refundación y confluencia con los sectores partidarios de un amplio proyecto anticapitalista e internacionalista. En este sentido, el movimiento antiglobalización y quienes luchan contra la Europa del capital se encuentran ante el reto de dotar de unos contenidos programáticos más definidos a sus acciones; de otro modo, podrían perderse los importantes y valiosos esfuerzos movimentistas realizados hasta el momento. Así, dado el carácter constituyente del proceso de construcción europeo, la reforma de los Tratados de la UE y la lucha por una Carta de Derechos Fundamentales se presentan como el principal horizonte político sobre el que concretar las luchas del futuro inmediato que el Tratado de Niza ha negado a la ciudadanía europea.
En el plano sindical, la crisis del sindicalismo de concertación ha dado paso a la emergencia de un nuevo movimiento sindical impulsado por la agudización de los conflictos laborales resultantes de la globalización. Tanto las luchas contra los despidos masivos en las multinacionales (una vez más, el 11-S se nos presenta como disculpa para intensificar estas y otras medidas neoliberales) como las iniciativas sindicales "desde abajo" (Euromarchas y otras) dan buena prueba de la recuperación de cierta vitalidad por parte del sindicalismo europeo. Asimismo, casos como el de la FIOM italiana han sacado a la luz notorias diferencias en el seno de la CES a la hora de comprender lo que habrá de ser el futuro de la estrategia sindical.
...y aquí en el Estado español.
En términos generales, podemos caracterizar la situación política en el Estado español como la hegemonía neoliberal, neocentralista y autoritaria del bloque dominante, que vive síntomas de crisis, pero sin una alternativa convincente. El Partido Popular empieza a acusar el desgaste de un gobierno escudado durante tiempo en una coyuntura económica favorable, un talante "centrista" y el olvido intencionado de la corrupción. En los últimos tiempos parece que esta situación ha tocado a su fin: ni la evidente ralentización del crecimiento económico que reflejan los últimos datos macroeconómicos (PIB, inflación, etc.), ni la pérdida sistemática de credibilidad como opción centrista, como tampoco la regeneración política (caso Gescartera), conceden al PP el margen de acción sobre el que alcanzó su actual mayoría parlamentaria. Por otra parte, el resultado de las elecciones vascas ha supuesto un punto de inflexión fundamental que va mucho más allá de la propia política vasca; especialmente por la fuerte apuesta realizada desde instancias gubernamentales. Lo ajustado del resultado y las difíciles condiciones para la gobernabilidad de la Comunidad Autónoma vasca, palpables en la reciente crisis de los presupuestos, así como los acontecimientos del 11-S han animado al gobierno del PP, interesado en recuperar un cierto control sobre la agenda política (actuales contenciosos sobre la representación de las comunidades autónomas en Europa, la financiación de la Comunidad Autónoma vasca y el concierto, etc.). Todo ello no refleja sino la necesidad de relanzar el movimiento a favor de una salida dialogada basada en el derecho de la sociedad vasca a decidir su futuro. Es de reconocer en este sentido la labor realizada por iniciativas cívicas como Elkarri, Gesto por la Paz y otras.
Con todo, las dificultades gubernamentales siguen siendo una condición necesaria pero no suficiente para un cambio político. En este sentido, el viraje del PSOE al centro (algo que desde la izquierda sólo puede conducir a la derecha) no parece dar sus frutos. En vano cierta recuperación de una imagen pública de cierta unidad (aun cuando siga latente el problema de las baronías) a través del candidato Zapatero como operación de marketing político resulta suficiente para construir una alternativa de gobierno. Asimismo, el actual debate en torno al modelo de Estado, en el que parece abrirse camino el federalismo asimétrico y competitivo de corte inequívocamente neoliberal auspiciado por Maragall, refleja las dificultades que atraviesa la dirección del PSOE en el lanzamiento del "Socialismo libertario".
En IU también se han producido cambios notables y poco esperanzadores. La elección de Gaspar Llamazares no ha servido para revitalizar el movimiento político y social que, en rigor, debería ser esta organización. Por el contrario, desde entonces hasta hoy hemos tenido ocasión de comprobar una dependencia creciente entre las crisis del PCE y la vida interna de IU de suerte tal que, cada vez más, el próximo congreso del PCE parece determinar el futuro de esta última (cabe preguntarse si en marzo de 2002 asistiremos a un nuevo cierre en falso de la crisis o si, por el contrario, tendrá lugar una nueva fractura). Sometida desde las filas del PCE a un cuestionamiento permanente de su idoneidad o razón de ser como proyecto estratégico, IU no parece encontrar su sitio en el actual panorama político estatal. La subsiguiente situación de crisis larvada en que se ha visto inmersa IU ha impedido la apertura de esta organización hacia los movimientos sociales por las bases, si bien es de destacar una cierta mejora de la relación "por arriba" con algunos movimientos sociales. Mención a parte merece en este sentido el "test" vasco, donde las condiciones particulares y constituyente de su política nacional no pueden ser comprendidas al margen de su especificidad.
Por lo que se refiere a las izquierdas nacionalistas que hace poco parecían irrumpir con fuerza en el escenario político estatal, hemos de constatar un importante agotamiento del impulso inicial en sus distintas expresiones. Y no sólo por el carácter más o menos coyuntural los fracasos electorales de Batasuna por la izquierda y el BNG por la derecha, sino también por falta de definición de líneas políticas capaces de hacer frente al contexto de españolismo creciente que se deriva de la actual mayoría absoluta del Partido Popular. A día de hoy no parece que ni la Declaración de Barcelona para el BNG, ni la línea seguida por Batasuna en el conflicto de Euskadi, por no hablar de izquierdas mucho más recientes, heterogéneas y de difícil definición como la CHA, dispongan de una estrategia sostenible a medio plazo.
La situación no es mucho más esperanzadora en el plano sindical: fragmentación y debilidad marcan la historia reciente del sindicalismo en el Estado español. La "cohabitación" de los grandes sindicatos con los gobiernos del Partido Popular ha terminado por inducir un desconcierto evidente. En este contexto se ha instaurado una lógica desmovilizadora que ha levantado importantes resistencias a la reactivación de una política de movilizaciones, cuando no ha suscitado una cierta "contra-movilización" (caso de CC.OO. en Galiza ante la huelga general del 15-J convocada por CIG y UGT). A día de hoy las posibilidades del sindicalismo de concertación parecen cuando menos limitadas. Con todo, es de destacar que tampoco en la izquierda sindical se perfila una alternativa clara; si bien es cierto que el mayor dinamismo que caracteriza la reconstrucción de las formas de hacer sindicalismo a la izquierda confiere un impulso de mayores perspectivas. El movimiento sindical se encuentra, globalmente, en situación de desmovilización. La táctica básica de las dos centrales mayoritarias es de negociación en seco, sin presión sindical; la consecuencia es no sólo una escasa capacidad negociadora, sino un reflujo estructural del tejido sindical y un debilitamiento del músculo movilizador de los trabajadores, un extrañamiento respecto de los negociadores y la delegación apática en los mismos.
Las luchas puntuales (empresas en crisis, algunos convenios, huelgas generales en la construcción contra la siniestralidad laboral) no terminan de romper esa tendencia de años. La extraordinaria lucha de Sintel y la solidaridad recibida no ha supuesto el inicio de una nueva etapa, ni lo ha supuesto la huelga general gallega; pero sí son, al igual que las acciones de algunos sindicatos más minoritarios en defensa de los inmigrantes, un síntoma de reacción sindical de sectores de la clase obrera que mantienen vivo un espíritu solidario y combativo.
UGT mantiene una confrontación poco más que verbal frente al Gobierno, posiblemante más por criterios políticos que sindicales, como prueba su escasa voluntad por traducir en práctica movilizadora dicha confrontación.
CC.OO presenta un mayor perfil de lucha y una mayor sensibilidad hacia las reivindicaciones cualitativas (salud laboral, inmigrantes, guerra, crisis ambiental) pero es sólo una pequeña parte del Sindicato la que integra esas dimensiones en la acción sindical.
CGT se ha situado como el sindicato antiglobalización, lo que unido a su capacidad de movilización en defensa de los inmigrantes lo presenta como una fuerza sindical combativa; sin embargo, su influencia en los centros de trabajo es débil.
El movimiento contra la globalización del capital ha arrancado con fuerza muy desigual. Las acciones de Barcelona han sido un hito; el buen trabajo de las organizaciones más alternativas hizo posible la participación de CC.OO., pero ese entorno unitario no se ha extendido. Algo parecido ocurre con el movimiento contra la guerra.
Con esos antecedentes se inicia la campaña contra las políticas de la UE y los objetivos que se plantea la presidencia española en los próximos seis meses. La exigencia de una Carta de Derechos civiles sociales, la revisión de los Tratados y la derogación de la normativa que, con el pretexto de perseguir a las organizaciones terroristas, dan un paso más hacia la criminalización de los movimientos alternativos son piedras angulares de dicha campaña.
La continuidad de las acciones por la paz, contra la globalización del capital y frente a la actual Unión Europea puede ir creando condiciones para la conformación de un movimiento plural por la paz y la justicia global.
En términos globales, se trata de que el movimiento se vaya estructurando en torno a bloques de afinidad, permitiendo la participación de fuerzas sociales y políticas diversas en torno a objetivos que se graduan en su radicalidad, pero que se articulan sumando acciones y energía social. Uno de los objetivos a cumplir por el movimiento será complementar las acciones centrales con la iniciativas locales, que permitan ampliar el arco social y político actuante y la participación en el mismo.
La militarización de la política, estructural en el proceso globalizador, pero acentuada tras el 11-S, debería conducir a las fuerzas alternativas a una mayor capacidad de análisis y de respuesta a las agresiones militares del imperio, sean "antiterroristas" o "humanitarias".
Las movilizaciones en defensa de los derechos de los inmigrantes han supuesto la emergencia de un movimiento multiforme que, sin embargo, no se ha traducido proporcionalmente en organización estable.
La lucha contra el Plan Hidrológico Nacional ha sido de las más masivas de los últimos años y no ha concluido. Más allá de las ambigüedades del Gobierno de Aragón y de las contradicciones del PSOE (en algunos casos, también de IU), la respuesta popular, integradora de intereses muy diversos, ha sido contundente.
La movilización estudiantil y del resto de los sectores universitarios y ciudadanos contra la LOU sólo se puede calificar de histórica. La contestación ha sido lo suficientemente profunda como para haber expresado una desafección –que puede profundizarse- de importantes sectores de las capas medias hacia el PP. En el ámbito estudiantil, la protesta, que hunde sus raíces en la lucha contra el informe Bricall, ha hecho emerger de nuevo una parte del movimiento que pone en cuestión no sólo la LOU, sino también el modelo mismo de Universidad. Esta parte del movimiento, en la que han tenido un papel destacado l@s jóvenes del espacio, cuestiona tanto los métodos tradicionales de organización como las consignas clásicas de movilización y se encuentra enraizada en torno al movimiento asambleario. En algunos lugares (como Santiago o Sevilla), este ala radical ha llevado la hegemonía de la lucha, desbordando a los sindicatos mayoritarios y a los partidos tradicionales, que trataron de recuperar la iniciativa con la convocatoria unilateral de la marcha del 1 de diciembre. Algunos de los procesos de lucha son una fuente inapreciable de experiencias que deberían traducirse en formas de coordinación y de generación de alternativas que tenga una continuidad en el tiempo.
En definitiva, hemos visto emerger una izquierda política impulsada por los movimientos alternativos y marcada por una enorme diversidad en la que cabe distinguir, desde el sector "anti-imperialista primario" hasta el sector autónomo, pasando por diferentes corrientes. El surgimiento de esta izquierda de adscripción inequívocamente libertaria y anticapitalista se ha desarrollado entre importantes divisiones en las que los debates sobre la "violencia" y la política unitaria han generado una importante línea táctica de fractura interna. A pesar de las dificultades que ello plantea, es de reconocer aquí el dinamismo que para sus desarrollos futuros comportará el propio desarrollo de los procesos de movilización en que se inscriben.
POR UNA IZQUIERDA ROJA, VERDE Y VIOLETA
Después de un lustro, desde su creación hasta el presente, Espacio Alternativo ha afirmado reiteradamente como señas de identidad los colores de la emancipación: somos roj@s, verdes y violetas porque somos anticapitalistas, feministas, ecologistas, pacifistas, demócratas radicales, plurinacionales y multiculturales. No se trata de retórica, se trata de contenidos; de continuar desarrollando una estrategia de la contrahegemonía que fomente los antagonismos y construya un bloque social alternativo que enfrente el derecho de las cosas, la propiedad, al derecho de las gentes, lo social.
En la perspectiva por avanzar en esta dirección, Espacio Alternativo se propone abrir diálogos y convergencias con determinados sectores de los movimientos sociales y distintas fuerzas políticas, para configurar un bloque anticapitalista y alternativo. Aspiramos a aprender junto a todas ellas y ellos de las experiencias comunes de lucha por la emancipación del Género Humano en todas sus dimensiones; queremos "avanzar preguntando"... y con respuestas abiertas; sin dogmas, ni esquematismos.
En nuestro anterior encuentro reconocíamos la necesidad de « construir Espacio Alternativo como una organización política autónoma constituida por una red de colectivos confederados y como una corriente amplia en el seno de IU ». En estos momentos hemos de reconocer que IU ha agotado un ciclo político y desconocemos si incluso llegará a tener una continuidad real entre la "izquierda de izquierdas" que queremos construir. En este sentido, las próximas elecciones municipales, por su condición de comicios más próximos a la ciudadanía, nos darán la medida en que existe una convergencia real de IU con los movimientos sociales emancipatorios y en qué grado esta organización sigue siendo un proyecto político viable. Esta situación es tanto más grave por cuanto que nuestros déficits organizativos pueden favorecer una posición de subalternidad dentro de IU.
Avanzar hacia la construcción de Espacio Alternativo como una organización política autónoma debe ser nuestro objetivo político central. Es el momento de hacer una apuesta política de fondo en esta dirección y de dotarse de una estrategia política clara para ir avanzando hacia la consecución de dicho objetivo.
En los últimos tiempos hemos asistido a la apertura de un nuevo ciclo de luchas a nivel internacional tras Seattle, y a un nuevo clima de re-movilización social, aunque parcial, en el estado español (LOU, sin papeles, PHN, algunas luchas sindicales...). La consolidación de este proceso de re-movilización social puede constituir la base social potencial para la construcción de una organización política alternativa. Espacio Alternativo debe saber adaptar su discurso y su estrategia al nuevo contexto abierto, diferente del existente hace cuatro años cuando Espacio fue constituido. Los tiempos, o como mínimo el clima social, están cambiando y nuestra estrategia, y la ambición de nuestros propios objetivos también deberían hacerlo. El nuevo ciclo de luchas muestra la posibilidad real de construir una organización política anticapitalista, y el potencial de Espacio para pasar de ser una organización con poca capacidad de acción propia a convertirse en una organización política confederal autónoma con capacidad de intervención propia. Esto solamente será posible si Espacio sabe conectarse estrechamente con las nueva luchas emergentes y con la nueva generación militante.
Para hacerlo, Espacio necesita ajustar mejor su perfil político y su discurso general. Necesitamos un perfil político claro y un discurso definido, que exprese bien el carácter anticapitalista y alternativo de nuestro proyecto, que nos permita aparecer y ser percibidos como la izquierda de las luchas. En este terreno es preciso constatar que Espacio a nivel confederal aparece con un perfil que no parece conectar tanto como debiera con el anticapitalismo genérico de buena parte de la nueva generación militante. Además, el discurso de Espacio ha sido de forma frecuente poco sólido y poco claro, y ha estado marcado por la falta de estrategias colectivas claras en nuestra intervención en muchos movimientos sociales, dando una imagen imprecisa, borrosa, y a veces contradictoria, de nuestro proyecto. En este nuevo ciclo de luchas y de radicalización de una franja importante de la juventud, Espacio necesita un perfil más combativo e innovador que debe plasmarse en sus actividades, sus prioridades, su discurso y sus formas de aparición pública.
Es por ello que la construcción de Espacio Alternativo como una organización política autónoma constituida por una red confederal ha dejado de ser una tarea del medio plazo y se ha convertido en nuestro principal problema del presente. Dar solución a lo que en estos momentos se nos plantea ya como un imperativo requiere que busquemos respuestas acertadas a las siguientes cuestiones:
¿Qué programa de acción?
Uno de los hechos que se ha de reconocer ante el surgimiento del movimiento antiglobalización es que ha puesto de relieve que también aquí se ha abierto un nuevo ciclo de movilización. Durante los años precedentes, la izquierda anticapitalista, impotente ante la desmovilización general, presa del síndrome del Muro de Berlín y sometida al acoso ideológico neoliberal, rehuyó frecuentemente a acometer la elaboración de un auténtico programa de acción anticapitalista. En estas circunstancias, expresiones como "izquierda transformadora" cumplieron la función de soslayar el viejo debate reformas-revolución. Hoy, ante el proceso de movilización creciente, no podemos postergar por más tiempo la reformulación de este debate; se impone la necesidad de ir diseñando un conjunto de reivindicaciones y demandas que introduzcan una perspectiva de ruptura con la irracionalidad global capitalista, productivista y patriarcal. En un contexto de creciente "autoritarismo antiterrorista", resulta prioritario construir un bloque alternativo que defienda las libertades democráticas y los derechos sociales, reclamar la soberanía de quienes están "abajo" frente a la de quienes están "arriba"; plantear, en definitiva, el dilema revolucionario de la dualidad de soberanías que rige el mundo bajo la hegemonía capitalista; situar esta orientación en el marco de una ruptura con la UE neoliberal, desde una perspectiva anticapitalista y radical democrática, desarrollando el marco europeo como marco fundamental de las luchas y propuestas político-sociales; y abordar estos debates enel seno de la izquierda anticapitalista europea.
¿Qué tipo de organización política?
En primer lugar hay que decir que al hablar de las "viejas formas de organización de los partidos políticos" y de su reverso las "nuevas formas de organización política" es muy fácil caer en la retórica y en la superficialidad. En efecto, tales denominaciones o calificativos se utilizan muy a menudo más que como conceptos con una definición precisa como símbolos cargados de emotividad o peor aún, como "piedras filosofales" cuya sola mención fuera a resolver los enormes problemas que conlleva la construcción de organizaciones políticas de izquierda alternativa (o de izquierda revolucionaria, empleando un lenguaje más "antiguo" o "clásico"). Tal utilización de las palabras, aunque puede resultar muy satisfactoria para quién la hace, no resuelve ningún problema real al mismo tiempo que produce un doble engaño: en primer lugar el de pensar que existe una determinada "fórmula" organizativa que por sí misma es capaz de superar dificultades que son de índole muy distinta (por ejemplo las derivadas de la inexistencia de fuertes movimientos sociales y/o de una potente corriente de pensamiento y de acción social de tipo alternativo); en segundo lugar el de pensar también que la "fórmula" es totalmente "nueva" en el sentido de que lo son todos sus componentes y la relación entre ellos (como si en el pasado no hubieran existido experiencias y modelos organizativos próximos a lo "nuevo" que se pretende).
La realidad sin embargo es muy distinta: ni las "fórmulas" organizativas son capaces por si mismas de superar situaciones políticamente muy adversas, ni tampoco es cierto que exista tal "fórmula mágica"- ignota hasta el momento –absolutamente distinta a todo lo hecho y experimentado hasta ahora.
Con esta introducción no se pretende "saltar por encima" de un problema que existe y al que hay que intentar dar respuestas, sino únicamente situarlo en su justo término. Y para hacerlo hay que contestar a varias preguntas:
1) La primera de ellas es qué entendemos por izquierda alternativa, qué es lo que pensamos que- de manera general –la diferencia de las "otras" izquierdas.
2) La segunda pregunta es por qué es necesario ahora construir una organización política de este tipo y qué funciones o cometidos se supone que tendría que desarrollar dentro del conjunto de movimientos sociales y del tejido social.
3) En tercer lugar hemos de preguntarnos por las características que debería tener tal organización, esto es por su fórmula organizativa y política.
4) Por último y como cuarto interrogante tenemos el de cómo comenzar a construir tal organización partiendo de la situación actual de la sociedad y de los movimientos, de nuestras propias fuerzas y de las de los de colectivos que puedan participar en semejante proyecto.
Se intentará a continuación, sin el absurdo ánimo de pretender ser exhaustivo ni de dar imposibles respuestas a todo, esbozar algunas líneas de solución a los interrogantes anteriores.
¿Qué se entiende por izquierda alternativa?
Existen varias características diferenciadoras básicas de la izquierda alternativa respecto de las "otras izquierdas". La primera es su pretensión de una transformación global de la sociedad y de todas sus estructuras. Tal transformación se entiende basada en la acción y en la experiencia teórica, programática y práctica de los sectores más "alternativos" de los movimientos sociales. Aparece aquí un primer punto de desencuentro con la socialdemocracia (incluida la socialdemocracia de izquierdas) en cuanto que ésta acepta como válidos elementos básicos del actual sistema sociopolítico (como la economía de mercado o el aparato estatal-institucional, entre otros), aunque pretenda introducir mejoras en los mismos. Junto al desencuentro con la socialdemocracia se produce una confluencia en este punto con distintos sectores de la izquierda "radical" ya que evidentemente no somos los únicos que en el ámbito de la izquierda pretendemos una transformación global de la sociedad. Pero éste no es el único punto que define a la izquierda alternativa.
En segundo lugar, la izquierda alternativa otorga a los movimientos sociales una importancia fundamental en cualquier proceso de cambio social, al mismo tiempo que defiende su autonomía (quizás sería más correcto decir su independencia) organizativa y política respecto de los partidos y organizaciones políticas. Encontramos aquí un segundo punto de diferenciación con la socialdemocracia, que se significa por su marcado institucionalismo, al mismo tiempo que una confluencia parcial con otros sectores de izquierda; la confluencia puede ser calificada de parcial en la medida que la experiencia de nuestra intervención en los movimientos nos demuestra que, más allá de las retóricas, se producen múltiples intentos de control sectario (conscientes e inconscientes) de los movimientos sociales tanto por organizaciones políticas ya constituídas como por otras con ánimo de "constituirse".
En tercer lugar, y sin pretensión de exhaustividad, la izquierda alternativa busca un equilibrio o síntesis programáticos y prácticos entre los objetivos de los distintos movimientos. Esta búsqueda, que se expresa en el calificativo que nos autootorgamos de "rojos-verdes-violetas", también produce una diferenciación con "otras" izquierdas. Se trata de una diferenciación "práctica", más que "en los papeles y declaraciones formales". Es por esto que la izquierda alternativa "choca" a veces con planteamientos que provienen del ámbito "nacionalista", "verde", "obrerista", "feminista", etc., en la medida que los anteriores tienden a otorgar a su "ismo" correspondiente un peso mayor que al resto de facetas políticosociales. Como afirmábamos en 1998, algunos trazos de las señas de identidad alternativas son: la defensa de la estrategia del protagonismo social , el rechazo del capitalismo, la propuesta de un socialismo y de una democracia alternativos, con base en un modelo económico social y ecológicamente fundamentado, la exigencia del derecho a la autodeterminación de los pueblos y nacionalidades, el comrpomiso con la feminización del pensamiento, las propuestas, la organización de la izquierda, la reivindicación del antimilitarismo y el pacifism, de la solidaridad y el internacionalismo.
Los puntos de diferenciación señalados- nuevamente hay que decirlo, que no pretenden abarcarlo todo –son importantes porque nos ayudan a comprender nuestra "especificidad" al mismo tiempo que nos señalan los límites de las confluencias políticas y organizativas que se pueden producir. Si no se tienen en cuenta podemos crearnos falsas ilusiones que la realidad se encargará de desmentir de manera frustrante. No se trata de "autoafirmarse" de manera sectaria, sino de comprender los "límites" que realmente existen. Por ejemplo, en la intervención en Izquierda Unida hemos topado a menudo con el sectarismo y la burocracia de distintos sectores que la componen lo cual puede llevar a pensar que éste es el único problema existente. Pero más allá de los vicios de funcionamiento de la organización no se puede desconsiderar que ésta se encuentra fuertemente socialdemocratizada- con todo lo que esto supone de aceptación de los marcos establecidos y de institucionalismo –lo cual hace muy difícil su transformación en una organización de izquierda alternativa. Por tanto, dentro como fuera de Izquierda Unida nos encontramos con organizaciones o con núcleos organizativos no socialdemócratas con los cuales nuestra confluencia ideológica general puede ser mayor pero con los cuales, sin embargo, los conflictos se sitúan a otro nivel (el papel que se otorga a los movimientos sociales, la prioridad dada a un movimiento sobre otros, la desconsideración de la importancia que tienen las confluencias unitarias en la acción, los rechazos "sumarios" a todo tipo de intervención institucional, etc.).
Por todo lo anterior hay que comprender que cuando hablamos de "reforzar" y de "consolidar" nuestro propio proyecto también hablamos de hacer lo propio con nuestras características específicas, con nuestras señas de identidad. No podemos ni debemos constituirnos en un gueto sectario, pero tampoco podemos pretender que en la "izquierda alternativa" cabe todo aquello que se sitúa a la izquierda del PSOE.
¿Por qué es necesario ahora construir una organización política de izquierda alternativa?
La izquierda alternativa social existe. Existe a nivel mundial, en Europa y también el Estado español. Esta existencia social se traduce a menudo en la presencia de partidos o de organizaciones políticas quela representan con más o menos contradicciones. En el Estado español, una evolución política desfavorable durante decenios ha llevado al punto de la desaparición de la escena electoral (y prácticamente de la política) de la izquierda radical, lo que ha generado una derechización suplementaria. El papel que Izquierda Unida podría haber jugado al respecto se ha visto anulado por sus propias incoherencias y contradicciones.
Hay que plantearse, sin embargo, el papel que hoy en día debería desempeñar una organización política de izquierda alternativa. Las experiencias históricas habidas nos obligan a intentar definir con claridad qué es lo que una organización de este tipo debería plantearse como sus objetivos de acción. Una organización de izquierda alternativa, ¿realmente se trata de algo útil o más bien es una rémora para los movimientos, un "engendro" artificial que entorpecería la constitución "natural" de un movimiento políticosocial de izquierda alternativa? La respuesta que en este papel se da al interrogante anterior es que una organización de izquierda alternativa debe desenpeñar unas funciones diferentes a las de los movimientos sociales que éstos no pueden, por su misma naturaleza, desarrollar de manera adecuada. En concreto su actividad debería abarcar los siguientes cometidos:
Para poder desarrollar de manera adecuada las tareas antes descritas nos hace falta dotarnos de una organización con unas caracterísitcas muy específicas cuyos elementos fundamentales se intenta apuntar en el apartado que sigue.
¿Qué características debe tener una organización de izquierda alternativa?
Respecto del nivel programático y de objetivos hay que decir que se hace necesario sistematizar nuestra posición respecto de la cuestión económico-social, feminista, ecologista, nacional, internacionalismo y derechos humanos, pacifismo, antimilitarismo, etc. Sistematizar no quiere decir ni abarcarlo todo ni tampoco que haya que definirse sobre cuestiones que tienen difícil o imposible respuesta en estos momentos, tampoco que necesariamente tenga que haber una sola respuesta válida a los distintos problemas. Pero sí que se deben poder presentar unas propuestas claras tanto de corto como de medio y largo alcance que definan nuestra posición. En parte éste es ya un trabajo hecho y que forma parte de nuestro pequeño patrimonio, en parte es también un trabajo por realizar que será fruto del trabajo de síntesis y de elaboración a desarrollar en contacto estrecho con los movimientos sociales.
Las relaciones entre los movimientos sociales y las organizaciones políticas es un tema tradicionalmente muy conflictivo. Cuestiones como el respeto a la soberanía política y organizativa de los movimientos sociales, la articulación entre éstos y las organizaciones políticas y la forma en se elabora la estrategia y el programa de los movimientos son aspectos que nos diferencian de las opciones y actuaciones de "otras" izquierdas.
El trabajo institucional es otra piedra con la cual repetidamente se tropieza y que siempre ha sido motivo de conflictos y de debate en el seno de la izquierda "radical". Hay que definir qué es lo que se pretende y qué no con este tipo de intervención. Por ejemplo: ¿su objetivo es promover la transformación de las estructuras políticas o integrarse en ellas?, ¿pueden servir las instituciones como altavoz de las opciones transformadoras y/o como lugar de negociación política?, ¿en qué casos se puede participar de la "gestión" de las instituciones o de su gobierno?, ¿cómo se evita la contradicción existente entre dicha gestión y la intervención en los movimientos sociales?
Las soluciones que se pueden plantear de entrada a todos los problemas anteriores son muy variopintas y en el seno de las organizaciones políticas (y de los movimientos) podemos encontrarnos con dos tipos de conflictos graves que surgen por su causa y que hay que intentar evitar al debatir y resolver sobre cuestiones programáticas y estratégicas. El primer problema es el del debate "artificial" y sectario. En un debate de este tipo los "contendientes" intentan solventar la validez de una determinada posición o planteamiento a través de una confrontación de posiciones abstracta haciendo cuestión de principios el que se convierta en parte del programa o de la estrategia de la organización (o del movimiento). Como no existe forma alguna de demostrar en la práctica la validez o la incorrección de lo que se defiende tales debates suelen acabar a menudo en inútiles rupturas de tipo sectario. Para evitar esto el sentido común aconseja no obcecarse en mantener la validez absoluta de lo indemostrable y, al mismo tiempo, intentar realizar experiencias prácticas de las distintas opciones existentes. Siempre que la realidad lo permita las experiencias deben de ser en las diferentes direcciones planteadas como alternativas y cuando esto no sea posible, pero sólo cuando realmente no lo sea, se tendrá que optar por una de ellas (aunque sin estigmatizar las otras que aunque hayan sido de momento descartadas podrían ser válidas). Pero cuando no es factible la comprobación práctica de las distintas posiciones parece más sensato el recogerlas todas como opciones posibles, aunque de momento indemostrables, más que empecinarse en debates estériles y sectarios.
Un segundo problema, reverso de la moneda del anterior, se presenta cuando se constituyen "consensos" o "unidades" programáticas y estratégicas de tipo "artificial". En este caso las personas o colectivos "ocultan" en base al "consenso" las diferencias de criterio que realmente existen (las cuales, en los papeles, quedan resueltas mediante fórmulas más o menos alambicadas). Tenemos aquí un supuesto "acuerdo" que la realidad se encarga de hacer estallar en cuanto urgencias de tipo práctico impelen a tomar decisiones. Por esto conviene a toda organización que pretenda un desarrollo político adecuado el que sus miembros confronten entre sí las distintas opiniones aún con el riesgo de crear ciertas "tensiones". Es preferible saber de antemano dónde pueden situarse los problemas futuros (los cuales en algún caso se convertirán en presentes y reales y en muchos otros habrán sido meros fantasmas).
Estas reflexiones quieren apuntar una cierta metodología para abordar nuestros debates y nuestra práctica basada en: 1) Abordar los distintos problemas en la búsqueda de alternativas, 2) Hacer aflorar las distintas opciones existentes, 3) Si estas son susceptibles de distintas experiencias, realizarlas, 4) Si no son compatibles, escoger, reservando el derecho a la duda de que lo escogido no haya sido lo correcto y 5) Si un problema no es susceptible de ser abordado en la práctica tomar buena nota de las diferentes opciones surgidas y hacerlas todas, de momento, patrimonio nuestro.
Los criterios metodológicos expuestos están muy relacionados con la siguiente característica de una organización de izquierda alternativa que se va a tratar, el pluralismo.
Cuando hablamos de pluralismo en una organización de izquierda alternativa suponemos de entrada que las personas y colectivos que forman parte de la organización comparten unos presupuestos mínimos sobre las señas de identidad y las características de la izquierda alternativa (de los que se ha hablado en los puntos anteriores). Si no lo hacen la organización que constituyan será otra cosa distinta, pero no una organización de izquierda alternativa. Es preciso dejar esto claro porque (aunque sea sobre el papel) pueden existir organizaciones de izquierdas y pluralistas a las que sin embargo no les sea aplicable de ninguna de las maneras el calificativo de "alternativas". Tal caso sería el de una Izquierda Unida (o similar) desprovista de sus elementos sectarios y más burocratizados pero con una componente socialdemócrata de izquierdas mayoritaria. Si tal organización existiera podríamos formar parte de ella (de hecho formamos parte de la Izquierda Unida real que sólo de manera muy deformada se asemeja al modelo expuesto), pero no sería correcto considerarla de izquierda alternativa ni con su existencia quedaría solventado el problema de la necesidad de una organización de izquierda alternativa.
El pluralismo tiene una cierta base "histórica" en la diversidad de personas y de colectivos que constituyen la organización. Esto supone que, además de las señas de identidad comunes, existen diferentes tradiciones, diferentes fuentes teóricas y políticas de referencia y una manera particular de hacer las cosas y de resolver los problemas. Para que todo lo anterior pueda coexistir de manera fructífera, enriqueciendo la organización y no agotándola en contínuos enfrentamientos es necesario un cierto acuerdo entre las partes sobre cómo solventar las diferencias prácticas que van surgiendo en el trabajo político. Una metodología como la apuntada en el apartado anterior que respeta, dentro de lo posible, la multiplicidad de opciones en la práctica y en las ideas puede ser un buen instrumento para dotar al pluralismo de cauces para desarrollarse.
Recapitulando, el pluralismo dentro de una organización de izquierda alternativa supone: 1) Que existe una base sólida de acuerdo sobre señas de identidad, características de la organización y aspectos programáticos y estratégicos, 2) Que ante las diferencias que van surgiendo se adopta el criterio, cuando sea posible, de la multiplicidad de experiencias, 3) Que si ésto no se puede realizar se adoptan acuerdos de actuación basados en las mayorías, tomándose buena nota de lo dicho por las correspondientes minorías, 4) Que todo lo anterior se hace respetando siempre la soberanía específica de los distintos colectivos y su derecho al "disenso". Por derecho al "disenso" entendemos el derecho a discrepar en las ideas y en la práctica de los acuerdos tomados mayoritariamente. Por su propia naturaleza tal derecho debería considerarse una "válvula de emergencia" tanto por parte de la organización en general como de los colectivos en particular. Su uso sistemático indicaría a las claras que algo está funcionando muy mal, tanto en los mecanismos de debate y de toma de decisiones como en el terreno de los acuerdos básicos y de las señas de identidad.
En tercer lugar en una estructura red los flujos de información deben de ser rápidos. Los actuales flujos de información son muy lentos y puntuales (reuniones de coordinación confederal, envíos de documentos desde la secretaría confederal...). ¿Quién conoce de la situación de los colectivos del Espacio en lugares distintos del suyo propio? A menudo nos enteramos de los problemas o de las actividades del Espacio de manera indirecta a través de los mismos movimientos sociales y/o de sus reuniones.
En resumen la estructura de una organización como la nuestra debería basarse en: 1) Autonomía y soberanía de los colectivos, 2) Relaciones horizontales de transvase de información y de coordinación entre los mismos, 3) Flujos rápidos de información extendidos al conjunto de la organización, 4) Puntos de toma de decisión confederales (actualmente secretaría y coordinadora confederales) realmente "confederales".
Así queda garantizada una conexión estrecha entre la organización política y los movimientos sociales. Se solventa también de manera directa el problema de cómo trabajar en los movimientos sociales (por la propia experiencia de las personas) y se avanza mucho en el necesario respeto a la soberania movimentista (por la propia sensibilidad de l@s activistas).
Finalmente de ésta manera se evita el peligro de la "invención" de programas o de recetas políticas ajenas a los propios movimientos, pudiéndose realizar un adecuado trabajo de síntesis programática, estratégica y táctica.
¿Qué trabajo de corriente en IU?
Casi dos años después de nuestro último encuentro resulta evidente que IU no ofrece el marco organizativo deseable para la construcción de una izquierda anticapitalista. Lo que entonces podía parecer una duda razonable, hoy es un hecho: "IU ha agotado su impulso fundacional, derivando hacia una estructura cada vez más jerárquica, institucional y anquilosada que responde con enorme lentitud a los desafíos presentados por la realidad rampante del neoliberalismo y la revolución conservadora" (p. 25). A día de hoy debemos constatar las dificultades de la nueva dirección para reconducir el proyecto político de IU, pero también la incapacidad para reforzar aquellos planteamientos que suscitaron nuestro apoyo puntual y para lograr con ello nuevas incorporaciones con las que imprimir el giro decisivo que demandábamos. En este sentido, Espacio Alternativo no puede hipotecar el futuro de la construcción de una izquierda anticapitalista a la voluntad de terceros y debe hacer valer sus planteamientos con rotundidad. Resulta imprescindible, pues, reforzar nuestra coordinación en pos de una mayor coherencia y autonomía en IU. Debemos proceder, asimismo, a una toma de posición sistemática, escrita y pública, en todo lo relativo a los temas más conflictivos y a los procesos asamblearios, evitando posiciones subalternas respecto a terceros. En definitiva, es necesario que el trabajo de Espacio Alternativo como corriente en IU contribuya a la recuperación del perfil propio que hemos perdido en los últimos tiempos. Lo contrario mina desde la base la razón de ser de Espacio Alternativo como corriente de IU.
¿Qué política violeta?
El movimiento feminista ha sido y seguirá siendo el motor que impulse las luchas contra la opresión de las mujeres y los cambios producto de las mismas. Por lo tanto, reforzar la participación de mujeres de EA en el mismo es fundamental, puesto que estamos contra toda opresión y además esta es uno de los pilares en los que se sustenta el sistema capitalista. Debemos participar respetando su independencia, impulsando la confluencia con otros movimientos sociales en aquellas acciones que también le son propias. Puesto que la izquierda históricamente ha relegado las reivindicaciones feministas debemos insistir ahora, por tanto, en que nuestro colectivo incorpore sus reivindicaciones y reflexiones.
¿Qué trabajo entre la juventud?
Espacio Alternativo no ha dejado de crecer, y lo ha hecho principalmente entre la juventud. El recambio generacional que trae consigo el actual ciclo de movilización se ha dejado sentir en la composición de Espacio Alternativo y sin duda lo hará en un futuro inmediato. El protagonismo inequívoco de l@s más jóvenes en los distintos procesos de movilización (desde el movimiento antiglobalización hasta la campaña del movimiento estudiantil contra la LOU) exige que consideremos en toda su importancia la contribución que l@s más jóvenes a la construcción de Espacio Alternativo. En este sentido, resulta necesario facilitar a l@s jóvenes de Espacio Alternativo formas de aparición propias y, eventualmente, un marco organizativo específico que, de todos modos, rehuya de los modelos paternalistas de las organizaciones tradicionales de las juventudes de partido. A l@s jóvenes de Espacio Alternativo corresponderá, en todo caso, definir la forma organizativa que desean adoptar y en que desean aparecer.
¿Qué política de formación?
Dada la juventud de l@s integrantes de Espacio Alternativo, la heterogeneidad de sus procedencias, así como la larga fase de desmovilización general que ha experimentado la política española desde hace años, la política de formación se convierte en una de las principales tareas que debemos abordar. Es necesario forjar un discurso congruente, capaz de dar expresión teórica a un mundo complejo y cambiante, pero en el que no todo se ha inventado de nuevo y, por consiguiente, en el que debemos aprovechar para asimilar experiencias pasadas, transmitir la experiencia e impulsar un programa revolucionario. Aún en la medida de nuestras modestas capacidades, regularizar seminarios y jornadas de debate debería ser una labor prioritaria de nuestro trabajo inmediato.
¿Qué trabajo en los movimientos sociales?
En Espacio Alternativo entendemos que el éxito de todo proceso de movilización social requiere la participación de tod@s. Por este motivo, nuestra apuesta por la influencia y confluencia en los procesos de movilización ha girado desde el comienzo sobre la base de la construcción de consensos por medio del trabajo en común, lejos del control partidario –o fraccional– y la delimitación de "campos". Espacio Alternativo aspira a configurar la "inteligencia" de todos aquellos movimientos en que participa, sin pretensión de infalibilidad alguna, interviniendo siempre de manera transparente y democrática. A tal fin, debemos definir eficazmente nuestra estrategia política, dejando claras cuáles son nuestras prioridades, qué espacios aspiramos a articular, qué política de alianzas vamos a llevar adelante, etc.
¿Qué política de publicaciones y qué formas de aparición autónoma?
A lo largo de los últimos años hemos desarrollado una política de publicaciones articulada principalmente en torno a nuestro órgano de expresión confederal Corriente Alterna. De forma complementaria, algunos de los colectivos que integran Espacio Alternativo han ido sacando adelante sus propias publicaciones o bien han incorporado al órgano federal la separata correspondiente. De todas formas, con haber experimentado un crecimiento evidente, tanto cualitativo como cuantitativo, nuestra actual política de publicaciones resulta a todas luces insuficiente. De hecho, sigue siendo necesario, por una parte, regular y acortar los tiempos entre números y, por otra, buscar soluciones a la gestión confederal de la publicación. De igual modo, debemos continuar profundizando en la gestión de nuestro sitio web, sin perder de vista por ello la solución confederal de su gestión. En este sentido, ya hemos dado pasos que deberemos seguir profundizando. A todo esto cabría añadir la potenciación de publicaciones electrónicas que permitan la difusión de opiniones políticas específicas sobre aquellos asuntos que requieran rapidez en las respuestas.
¿Qué política de autofinanciación?
Todas los planteamientos vistos hasta aquí dependen en última instancia de que seamos capaces de dotarnos de una auténtica política de autofinanciación. En rigor, hasta el momento nos hemos financiado de una manera bastante desorganizada. A pesar de algunos reiterados y meritorios intentos por sacar adelante un verdadero plan de financiación, ésta sigue siendo nuestra principal cuenta pendiente si en verdad deseamos seguir avanzando. Así, sigue siendo imprescindible que presupuestemos de antemano nuestra actividad política en sus grandes líneas para que, a continuación, podamos autofinanciarnos como consideremos más oportuno, teniendo en cuenta las exigencias confederales (necesitadas de mayores ingresos o menores gastos) y la independencia organizativa de los colectivos que integran Espacio Alternativo y que caracteriza el modelo confederal.