Nº 20, abril 2.002

Especial Palestina

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Corriente alterna

Un papelón rojo, verde y violeta del espacio alternativo

 


-SSSumario Especial Palestina

Editorial: Sharon sigue el camino abierto por Bush

El estado judío de la utopía a la pesadilla
(Michel Staszewski)

Al Aqsa Intifada: El rechazo a capitular (Majed Nassar y Nassar Ibrahim)

Israel-Palestina: ¿Es posible un proyecto binacional? (Michel Warschawski)

Entrevista a Michel Warschawski

Mujeres de Negro en Israel (Entrevista con Judith Warschawski)

Carta de Sergio Yahni al ministro israelí de Defensa




 
 

 

Editorial: Sharon sigue el camino abierto por Bush

Como no podía ser de otra manera la "guerra internacional contra el terrorismo", decretada por el presidente Bush en nombre del gendarme del imperialismo mundial, Estados Unidos, está teniendo como consecuencia la exacerbación de diversos conflictos políticos y militares ya existentes. Provistos de las escobas ideológicas, mediáticas, materiales y armamentísticas suministradas por el "emperador" americano los "reyezuelos" locales se aprestan a barrer diligentemente para casa. Tal es el caso paradigmático del gobierno israelí de Ariel Sharon, enfrentado en una lucha a muerte y sin cuartel a la Intifada Al Aqsa.

Criminalizado el mundo árabe, tensada hasta el límite la opinión pública estadounidense y mundial con los tambores de guerra del "nuevo orden" y de la "lucha contra el terrorismo", invadido y arrasado Afganistán en cuestión de semanas, ¿acaso la ofensiva israelí contra la Intifada no aparece ante los ojos del mundo entero como algo enteramente coherente con todo lo anterior?, ¿quién no recuerda las imágenes de la cadena de televisión estadounidense CNN en las que aparecían palestinos "celebrando" el atentado a las Torres Gemelas?. Los militares y políticos reaccionarios israelíes no hacen otra cosa pues sino transitar cómodamente por el ancho camino que les ha abierto la nueva estrategia del imperialismo americano.

De paso es muy oportuno señalar que Ariel Sharon no es el único "súbdito" imperial que ha decidido sacar provecho del río revuelto de la "guerra contra el terrorismo". Otro pequeño sicario del Imperio, el presidente español José María Aznar, ha creído ver llegada su hora para "dar una vuelta de tuerca" al pueblo de Euskadi. En este contexto puede ser mejor entendido el relanzamiento de la ofensiva "españolista" contra Euskadi que apunta en estos momentos a la ilegalización de Batasuna y a la criminalización del nacionalismo vasco. Y aunque los niveles de enfrentamiento y de violencia en Euskadi y en Palestina-Israel no son en absolutamente comparables, los métodos políticos utilizados por Sharon y por Aznar tienen múltiples puntos de contacto: negación del derecho a la autodeterminación, rechazo a cualquier tipo de negociación con los "terroristas", con los nacionalistas y con los defensores del diálogo en general, mantenimiento a ultranza de los privilegios y derechos adquiridos sobre los pueblos que oprimen, afirmación farisaica de su "voluntad de paz" , defensa de los marcos políticos prestablecidos, utilización contínua de métodos policiales y atentatorios contra los derechos humanos... Todo ello persiguiendo el objetivo último de "aplastar" y de "someter" a los movimientos nacionales a los que respectivamente se enfrentan.

La situación en Palestina, desde la creación del Estado de Israel, se ha caracterizado por la férrea opresión a que ha sido sometido el pueblo palestino: millones de personas expulsadas de sus residencias y muchas de ellas obligadas a vivir en campos de refugiados y/o en el exilio, situaciones constantes de discriminación de la gente palestina e infracciones de los derechos humanos, empobrecimiento de la población palestina y deterioro de sus condiciones de vida y de trabajo, negación perpetua de su derecho a la autodeterminación como pueblo, uso casi constante por el Estado de Israel de la fuerza policial y militar para imponer todo lo anterior... No ha de sorprender a nadie, en estas circunstancias, la desesperación- personal y colectiva -de un pueblo que se ha visto sometido durante más de cincuenta años a tales vejaciones. Es el Estado de Israel quien fabrica los "mártires" palestinos.

Ehoud Barak fracasó en hacer aceptar al pueblo palestino su caricaturesco proyecto de "Estado Palestino" (un "Estado" que más que fragmentado se concibe como "atomizado" y con muy escaso control sobre resortes de poder efectivo). La actual rebelión de la Intifada Al Aqsa tuvo su inicio con la provocadora visita del mismo Sharon, cuando no era aún Primer Ministro, a la "explanada de las mezquitas". A partir del estallido de la Intifada los sectores israelíes más militaristas y políticamente reaccionarios emprenden una ofensiva cuyo objetivo último no puede ser otro que el "aplastamiento" del movimiento nacional palestino. En este contexto se pueden producir ralentizaciones o incluso parones puntuales de la ofensiva por razones diplomáticas o de otro tipo, pero ésta en última instancia no se detiene. La resistencia de la Intifada frente al poderío militar y represivo israelí es impresionante. Sin embargo, dado el empeño puesto por el gobierno de Sharon y los inmensos medios de que éste dispone, no se puede descartar que sus intentos se vean coronados por el éxito. Se tratará no obstante, caso de producirse, de un éxito a corto plazo. Una política militar y represiva como la de Ariel Sharon no puede eliminar las causas profundas que subyacen en la rebelión y en la lucha palestina, al contrario las exacerba y acrecienta. Por lo tanto la "paz" de Sharon sería una falsa paz, preludio quizás de tensiones y enfrentamientos de magnitud aún superior a los actuales.

Sin embargo existen factores que pueden oponerse a la ofensiva actual y frenarla. En primer lugar la misma Intifada con su firme resistencia. En segundo lugar las solidaridades que se produzcan a nivel regional y mundial, tanto en el seno de la comunidad árabe como a través de los movimientos de solidaridad internacionales, del movimiento de resistencia global, etc. A este respecto son muy importantes las campañas de sensibilización que se puedan desarrollar en los Estados Unidos e internacionalmente con el objetivo de "descriminalizar" al pueblo palestino ante los amplios sectores de la opinión pública potencialmente críticos ante las políticas belicistas y de "intoxicación mediática" que se desarrollan. La extensión de las protestas, además, puede forzar a los gobiernos imperialistas y a los Estados Unidos en particular a que detengan la mano genocida de Sharon.

Se debe exigir no solamente el fin de la ofensiva militar israelí y la retirada de las tropas de las ciudades y territorios que actualmente ocupan, sino el cumplimiento de condiciones que puedan llevar una verdadera paz a la zona: Derecho de autodeterminación efectivo para el pueblo palestino, incluyendo el derecho a la creación de un "verdadero" Estado Palestino; derecho a la vuelta de los refugiados y exiliados a sus lugares de origen, sustituyendo la actual Ley del Retorno por una legislación no discriminatoria en lo que concieren al derecho de residencia, a la reunificación familiar y a la inmigración; fin de las discriminaciones de todo tipo con los palestinos, con desmantelamiento de las instituciones paraestatales como la Agencia judía o el KKL cuya única razón es representar, defender y reforzar los privilegios de la comunidad judía; reparto equitativo de las riquezas y recursos de la zona entre los diversos paises, estados y pueblos; estatalización de la tierra y fin de toda discriminación étnica en el reparto de la misma y en la ordenación del territorio; desmilitarización y desarme de Israel y de la zona en su conjunto. Además, con independencia de la creación de un Estado Palestino separado, el mismo estado de Israel debería ser democratizado reconociéndose su diversidad cultural y la propia existencia de la minoría árabe en su seno. Tal democratización debería incluir el desarrollo de diversos tipos de autonomía y de autogestión para los grupos étnicos- en particular para la minoría árabe -que componen la colectividad ciudadana (autonomías locales, derechos culturales no espaciales, etc.). En el orden cultural habría que hacer un gran esfuerzo para salvar el foso actualmente existente entre las comunidades árabe y judía, mediante el conocimiento mutuo de sus respectivas culturas y el reconocimiento abierto del papel desempeñado históricamente por el estado sionista en la opresión del pueblo palestino. De la misma manera, la persecución a la que historicamente ha sido sometido el pueblo judío debería ser comprendida por los palestinos. Esas son las condiciones mínimas que se deben cumplir para conseguir una paz satisfactoria. Que todas ellas no tienen nada que ver con los objetivos y pretensiones de Sharon, de Bush, de Aznar y de los imperialistas en general es evidente.

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El estado judío: de la utopía a la pesadilla.

Michel Staszewski (coautor del "Manifiesto por una resolución justa del conflicto israelo-palestí. Los judíos de Bélgica se implican y se explican". el texto de este Manifiesto (en francés, holandés e inglés) igual que la lista de firmas (246 al 1º de diciembre del 2001) figuran en el sitio de Internet www.israel-palestine.be)


El sionismo o la separación como respuesta al antisemitismo

En el último cuarto del siglo XIX y en los inicios del siglo XX, las comunidades judías de Europa fueron víctimas de numerosas manifestaciones de antisemitismo de las cuales las peores fueron los progromos perpetrados en el Imperio ruso que costaron la vida a decenas de miles de personas. contemporáneo de estos trágicos acontecimientos, Théodore Herzel, periodista austríaco, fue un testigo privilegiado de las violencias antisemitas que salpicaron, en Francia, el caso Dreyfus. El concluyó de esto que si el mismo país de la Declaración de los Derechos del Hombre y del ciudadano de 1789 podía ser afectado hasta este punto por manifestaciones de odio antisemita, no quedaba más que una sola solución a los judíos para vivir en paz: la separación de los no judíos mediante el reagrupamiento de los judíos en un Estado propio. El proyecto político sionista fue por lo tanto basado sobre la convicción de que una convivencia armoniosa entre las minorías judías y las poblaciones no judías mayoritarias en los Estados donde vivían era decididamente imposible.

Hasta después de la Segunda Guerra Mundial, la ideología sionista se mantuvo minoritaria entre los judíos de Europa oriental, central y occidental y casi ausente de otras comunidades judías cuyos miembros, es cierto, vivían generalmente en buenas relaciones con sus vecinos no judíos.

El proyecto de creación de un Estado judío se inscribía en el gran movimiento nacionalista que se desarrollaba por todo el mundo desde los inicios del siglo XIX y que, en nombre de los derechos de los pueblos a disponer de sí mismos, pretendía permitir a cada comunidad nacional disponer de un Estado independiente. A los ojos de las opiniones públicas europeas sin embargo, este principio no se aplicaba más que a los pueblos "evolucionados". Estamos en efecto en la época del colonialismo europeo triunfante y éste tenía la opinión de que lo que valía para los pueblos "civilizados" no podía valer para los pueblos "primitivos" o "salvajes". ¿Es por esto que los primeros sionistas consideraron que Palestina, poblada sin embargo por medio millón de árabes era "una tierra sin pueblo"?

Cada vez más tierras de Palestina reservadas para los Judíos

Para concretar su sueño, el movimiento sionista puso todos sus esfuerzos en la apropiación de un máximo d tierras, compradas a sus ricos propietarios a menudo ausentes (viviendo en el Líbano, en Siria o en Turquía) y librados, según los contratos de venta,"libres de habitantes"1. Estas tierras eran desde entonces repobladas con inmigrantes judíos, cada vez más numerosos. De 1917 a 1939, esta política fue incontestablemente favorecida por la autoridad mandataria británica.

A partir de 1920, esta colonización de poblamiento entrañó una serie de revueltas de la población árabe de Palestina, excluida de territorios cada vez más vastos. Sin embargo, la llegada al poder de los nazis en Alemania y la política cada vez más ferozmente antisemita llevada contra los judíos alemanes y después austríacos, engendró una aceleración del movimiento de emigración de judíos europeos, entre otros hacia Palestina. Después de la Segunda Guerra mundial, la revelación de la amplitud del genocidio nazi creó las condiciones para la aceptación por la mayor parte de los Estados europeos del principio de la creación de un Estado judío en Palestina. Y así se dio el reparto de 1947 decidido por la Asamblea general de la O.N.U. contra la opinión de los Estados árabes. Este preveía la división de Palestina en tres entidades: un Estado judío constituido por el 55% del territorio y poblado por 500.000 judíos y por 400.000 árabes; un Estado árabe poblado por 700.000 árabes y por 10.000 judíos; la zona de Jerusalén bajo la administración de la ONU poblada por 100.000 judíos y por 105.000 árabes. El rechazo árabe de este plan engendró la guerra de 1947-49, guerra que dio la ocasión al movimiento sionista de extender su control territorial al 78% de la Palestina mandataria y de expulsar a la mayor parte de sus habitantes árabes. En 1949, de 700 a 800.000 àrabes palestinos se convirtieron en refugiados. 150.000 de ellos, que permanecieron en el Estado judío, vivieron bajo un régimen militar hasta 1966.

En 1967, la "Guerra de los Seis Días" permitió al ejército israelí tomar el control del resto de Palestina 3, dicho de otra manera de Jerusalén-Este, de Cisjordania y de la banda de Gaza. Estos acontecimientos provocaron un nuevo exilio de muchos centenares de miles de palestinos que fueron a engrosar las filas de los refugiados, básicamente en Jordania. Las ocupaciones de los nuevos territorios conquistados comenzó al día siguiente de esta conquista mediante la destrucción del grueso de las casas de la vieja ciudad de Jerusalén que bordeaba el "Muro de las Lamentaciones". Desde 1967, la colonización de estos territorios ha ido acelerándose sin cesar, incluso después de la firma de los acuerdos de Oslo de 1993, y fuera cual fuera el gobierno en el poder. En 1988, 68 años después de la primera revuelta de los árabes de Palestina contra la inmigración judía y las adquisiciones de tierras por los Judíos, el Consejo Nacional palestino (parlamento en el exilio) reconocía el derecho a la existencia del Estado judío. en 1993, la OLP admitía la soberanía del Estado de Israel en el interior de las fronteras de 1967 (antes de la Guerra de los Seis Días); aceptaba pues que el futuro Estado palestino se limitara al 22% de la Palestina mandataria, dicho de otra manera Cisjordania y la banda de Gaza.

Las "concesiones generosas" de Barak

Es en este contexto que el Primer Ministro Ehoud Barak quiso inscribir su nombre en la Historia como aquél que habría puesto fin al conflicto israelo-árabe, después de un siglo. en Camp David, en julio del 2000, el creyó poder hacer aceptar a Yasser Arafat y a su equipo de negociadores un acuerdo que preveía la creación de un "Estado" palestino desmilitarizado, dividido en cuatro entidades separadas, las fronteras del cual serían controladas por Israel y constituido por menos del 20% de la Palestina mandataria. Según este plan, las principales colonias judías de Cisjordania debían ser anexionadas a Israel. en Jerusalén-Este, El Muro de las Lamentaciones y algunas zonas de ahora en adelante pobladas mayoritariamente por judíos debían permanecer bajo soberanía israelí. Debía suceder lo mismo con el "monte del Templo" (la explanada de las mezquitas) de la cual los Palestinos habrían sin embargo podido obtener la "guardia permanente".

Los negociadores israelíes rechazaron por otra parte reconocer la menor responsabilidad de su país en lo concerniente a la cuestión de los refugiados. A lo más aceptaron la idea de la repatriación escalonada durante diez años de algunos miles de entre ellos "por razones humanitarias".

Los negociadores palestinos rechazaron estas "ofertas generosas" y la desesperación y la cólera se extendieron entre los suyos. Algunas semanas más tarde, Ehoud Barak autorizó a Ariel Sharon, entonces principal líder de la oposición a ir a "visitar" el "Monte del Templo" acompañado de una muy importante escolta armada. Jóvenes palestinos manifestaron su indignación; se enfrentaron a una represión de las más brutales: en 3 días el ejército israelí abatió a 30 persones e hirió a 500. La "Intifada de Al Aqsa" había comenzado. Las negociaciones se reanudaron sin embargo en Taba (Egipto) en enero del 2001 entre los representantes israelíes y palestinos, bajo la égida de la administración Clinton en su fase terminal; dejaron entrever la posibilidad de serios avances pero Ehoud Barak había perdido su mayoría en el seno del parlamento israelí y buena parte de su legitimidad ante la opinión pública israelí, como habría de demostrarlo el resultado de las elecciones de febrero del 2001. Es en efecto el "halcón" Ariel Sharon quien fue elegido Primer Ministro de Israel por una confortable mayoría de electores judíos. Y los avances de Taba quedaron en papel mojado.

La situación actual de los palestinos

¿En qué condiciones viven actualmente (diciembre 2001) los palestinos? El millón de estos que son ciudadanos israelíes son los que salen menos malparados. Continúan sin embargo siendo regularmente víctimas de discriminaciones. Esto se ve por ejemplo, por el reparto muy desigual de los fondos públicos entre las localidades según se trate de comunidades habitadas por judíos o por árabes (no existen prácticamente ciudades o pueblos "mixtos") o por el no reconocimiento de la existencia misma de ciento cincuenta de estas localidades y aldeas que agrupan alrededor de 75.000 habitantes, lo cual tiene como consecuencia que estas localidades estén privadas de todo servicio público (sin conexión a la red eléctrica, de agua o de teléfono; prohibición de abrir nuevas escuelas...); sus habitantes tienen prohibida toda construcción de edificaciones y de servicios.4 Mucho más insidiosa es la suspicacia de que son víctimas sistemáticamente los árabes israelíes, lo que les excluye de muchos empleos y les hace víctimas de controles policiales sistemáticos.

Los palestinos que viven fuera del territorio de la Palestina mandataria son actualmente más de tres millones 5 sus condiciones de vida son muy variables: si bien una pequeña minoría se han integrado como ciudadanos de pleno derecho de su país de acogida, la gran mayoría de entre ellos viven en campos de refugiados.6 Y es seguramente en el Líbano donde, víctimas de múltiples medidas de segregación, viven peor. Los palestinos de los territorios ocupados conocen, en lo referente a éstas, desde 1967, un interminable descenso a los infiernos. sus condiciones de vida no han cesado de degradarse, particularmente, es preciso subrayarlo, desde la entrada en aplicación de los acuerdos de Oslo (1994-1995). Los asentamientos judíos en Cisjordania y en Gaza son actualmente más de 160 y reagrupan alrededor de 400.000 habitantes. Las zonas autónomas palestinas que ocupan alrededor de los dos tercios de la banda de Gaza y menos del 18% de la Cisjordania están completamente separadas unas de otras. La circulación entre las diferentes localidades palestinas, ya extremadamente problemática antes del estallido de finales de setiembre del 2000, se ha vuelto casi imposible. El "cerrojo" es tal que numerosos alumnos y estudiantes no pueden, durante la mayor parte del tiempo, trasladarse a sus centros escolares ni los adultos ejercer sus actividades profesionales. Algunas personas han muerto por falta de cuidados por haber sido impedido su llegada al hospital. Desde el inicio de la actual Intifada, alrededor de 800 palestinos de los territorios ocupados de los que 200 eran niños han sido muertos. Los heridos son más de 30.000. más de 2.000 palestinos, de los que 350 son menores de edad, están detenidos en las cárceles israelíes. Numerosos casos de malos tratos, incluso de tortura, han sido probados. Desde la llegada al poder del gobierno dirigido por Ariel Sharon, las incursiones del ejército israelí en las zonas autónomas palestinas se multiplican. Más de 5.000 edificios han sido dañados y 800 enteramente destruidos como resultado de estas operaciones militares. Miles de hectáreas de tierras agrícolas han sido asoladas y decenas de miles de árboles arrancados. Un abismo, típico de una situación colonial, y que no 9cesa de ampliarse, separa las condiciones de vida de los colonos israelíes de las de los palestinos. Mientras que estos últimos viven una situación de precariedad extrema, los colonos, cuya libertad de circulación entre sus colonias y el Estado de Israel es completa, se apropian cada vez de más tierras y han acaparado la mayor parte de los recursos acuíferos.

Una política ilegal y sin salida para la mayoría de los ciudadanos israelíes.

De acuerdo con el derecho internacional, esta política hace de Israel un Estado fuera de la ley. Ésta es efectivamente contraria a las resoluciones de la asamblea general y del Consejo de Seguridad de la ONU y los medios utilizados para desarrollarla son contrarios a todas las convenciones sobre el derecho de la guerra. No conducirá a una solución del conflicto. Engendra una situación económica y financiera cada vez peor para le mismo Estado de Israel. Y nunca los israelíes, que han tenido de todas maneras alrededor de 200 muertos a lamentar desde el inicio de esta Intifada, no han vivido en tal estado de inseguridad como actualmente.

Sin embargo, después de numerosos sondeos realizados en los últimos tiempos en Israel, más de dos tercios de la población israelí apoyan la política de Ariel Sharon. ¿Cómo explicar esta paradoja?

El "complejo de Massada"

Muchas personas subestiman los efectos que a largo plazo pueden generar las persecuciones graves dirigidas contra una comunidad humana entera. El alineamiento con la ideología sionista de la mayoría de los judíos europeos a continuación de la Segunda Guerra Mundial se explica ante todo por una visión del mundo transformada por la experiencia traumática de judeocidio. Y estos traumatismos transmiten una parte de sus efectos a las generaciones siguientes: todo judío cuyos padres o abuelos han vivido la guerra bajo el yugo nazi está, de una manera o de otra, psicológicamente marcado por este atavismo. Esto es lo que explica, al menos en parte, por qué la visión sionista del mundo es aún dominante hoy en la diáspora europea o de origen europeo. El "Complejo de Massada" o de "ciudadela asediada" es característico de esta visión del mundo: los judíos no podrían contar sino con ellos mismos para defenderse de las poblaciones no judías generalmente hostiles. Es así que el Estado moderno de Israel es considerado por numerosos judíos de la diáspora como el "último refugio", el lugar donde uno se podría refugiar "en el caso de...". Da ahí la importancia vital, a sus ojos, de preservarlo como Estado judío, lo que implica que los judíos se mantienen en su seno, a toda costa, como mayoritarios.

Esto permite entender por qué la mayoría de los israelíes y un gran número de judíos de la diáspora, por un lado partidarios incondicionales del "derecho al retorno" a Israel para los judíos del mundo entero se oponen con fuerza a la reivindicación palestina del derecho al retorno de los exiliados palestinos víctimas de las guerras sucesivas que han enfrentado a judíos y árabes en Palestina-Israel desde 1947. El hecho de que os representantes palestinos se declaren desde hace tiempo dispuestos a negociar la aplicación de este principio 11 no cambia nada. En realidad, desde su creación, Israel es el país donde los judíos están menos seguros. Esta constatación no parece quebrantar la convicción de que constituye un refugio para los judíos. Es justamente lo contrario de lo que pasa: cuanto más la política del estado judío choca con los palestinos y la reprobación de la opinión pública internacional, más la mayoría de la opinión pública judía israelí y diaspórica, confortada con el sentimiento de que los judíos son aún víctimas de la hostilidad de los no judíos, se mantiene en una posición intransigente. Esto favorece el desarrollo entre los palestinos, de sentimientos de cólera, de humillación incluso de odio y de desesperación, la desesperación que ha llevado cada vez más a jóvenes palestinos, que no encuentran más sentido a su vida, a buscar darle uno a su muerte, perpetrando atentados suicidas en el corazón de Israel. Estamos dentro de un trágico círculo vicioso. Pero hoy en día los descendientes de las víctimas del genocidio nazi son minoritarias entre los judíos israelíes. Queda por explicar pues el inmovilismo descrito antes concerniente a la aplastante mayoría de la población judía de Israel.

En su libro "El Séptimo Millón", el historiador israelí Tom Segevnous da la llave de este enigma. El muestra como, desde el nacimiento del Estado judío, los dirigentes israelíes han utilizado la memoria del judeocidio nazi para construir una identidad colectiva israelí 12. Desde la edad más temprana, los niños israelíes, sea cual sea la historia de sus antepasados, son educados en el recuerdo y el culto del pasado trágico de las comunidades judías europeas. Es pues el conjunto de la población joven israelí el que lleva el peso del pasado, el que se ve transmitir el trauma y los efectos secundarios, comenzando por el "complejo de Massada".

Separación unilateral

A la luz de lo que precede, se comprende mejor por qué un cierto número de dirigentes y de intelectuales israelíes, incluso miembros o simpatizantes del partido laborista, considerando que judíos y árabes no llegarán nunca a entenderse, defiendan hoy muy seriamente la idea de la "separación unilateral" como solución al conflicto. Se trataría concretamente de separar a los judíos de los árabes por un "telón de acero" como el que Europa ha conocido durante la Guerra Fría. En un artículo titulado "Un remedio milagroso" 13 Uri Avnery, figura relevante del "Bloque de la paz" israelí, ha calificado al proyecto de "nuevo paso en el camino hacia la locura". Demostraba que no podría desembocar más que en una guerra sin fin en la medida que el emplazamiento de ese "telón" no sería nunca motivo de un acuerdo y que , de todas maneras, la imbricación de las poblaciones judías y árabes es tal que sería necesario o bien construir "telones" por todos lados, quedando entonces el territorio de la Palestina histórica transformado en una multitud de guetos invivibles tanto desde el punto de vista económico como desde el punto de vista humano, o bien proceder a nuevos desplazamientos forzados de poblaciones de forma que se obtuvieran dos entidades "homogéneas".

Diabolización de los palestinos

La paranoia colectiva de que son víctimas la mayoría de los israelíes los ciega: no ven que los actos de violencia a los cuales se lanzan los palestinos se explican esencialmente por las condiciones cada vez más insoportables en que viven, por la opresión y las humillaciones continuas que sufren por parte del ejército israelí. Para ellos la violencia de los Palestinos se explica por su antisemitismo 14 que sería mantenido y reforzado por una educación en el odio de la que serían víctimas desde generaciones. Este odio antisemita los habría deshumanizado colectivamente. Es por esto que muchos israelíes creen sinceramente que numerosos padres palestinos envían deliberadamente a sus hijos a arriesgar sus vidas lanzando piedras sobre los soldados israelíes o los animan a convertirse en "mártires".

Esta visión deshumanizada de los palestinos afecta igualmente a las altas esferas del partido laborista israelí. Así el 2 de agosto pasado por el canal de televisión americano ABC, el periodista Chris Bury exponía la siguiente cuestión a Abraham Burg, uno de los principales dirigentes de este partido y presidente del parlamento de Israel: "Israel se jacta de ser una nación democrática fundada sobre las reglas del derecho. Entonces como se puede justificar asesinatos cuando las fuerzas de seguridad son, en los hechos, al mismo tiempo, jurado, juez y verdugo?" Respuesta de Abraham Burq: "No hay ninguna duda de que en el mundo occidental y en el sistema de valores en que vivimos, el cordero tiene en general buenas posibilidades de defenderse ante el lobo que quiere devorarlo. en Oriente Próximo las reglas son un poco diferentes (...) Vivimos en otro hemisferio, hecho de islamistas fundamentalistas, de bombas humanas, de un pueblo suicida, de asesinos, de secuestradores, de personas con las cuales no se querría casar a la propia hija, Que no se intente exigirme que me comporte con mi vecino no humano de la misma manera que los Escandinavos se comportan con los Suecos.

La aplastante responsabilidad del mundo occidental

No hay ninguna duda de que israelíes y palestinos no saldrán solos del paso. Frente al "enano" palestino, el Estado de Israel es un "gigante" superarmado, convencido de que está rodeado de enemigos y que su única salvación consiste en una relación de fuerzas militar a su favor. A la paranoia colectiva de la mayoría de los israelíes y de sus dirigentes electos, se opone la locura asesina de un sector, por fortuna aún muy minoritario, de una población palestina cada vez más desesperada.

Los Estados de Europa Occidental y los Estados Unidos tienen, por muchas razones, una responsabilidad aplastante en este interminable descenso a los infiernos. Sin su apoyo resuelto, la injusticia que ha constituido la creación en Palestina, de un Estado destinado a acoger a los judíos del mundo entero a expensas de las poblaciones no judías de este territorio, no hubiera sido posible. Por su apoyo económico y militar casi incondicional al Estado de Israel a pesar de su no respeto sistemático a las resoluciones de la Asamblea General y del consejo de Seguridad de l'ONU así como de las convenciones internacionales sobre el derecho de los pueblos bajo ocupación extranjera, han permitido que una situación de opresión y d desprecio del derecho internacional de los Derechos del Hombre se perpetúe y se agrave durante más de medio siglo. Aún hoy, mientras que las víctimas caen casi diariamente, rechazan responder positivamente a la petición de la autoridad palestina de que una fuerza de interposición internacional bajo el mandato de la ONU pueda poner fin a la carnicería, bajo el pretexto de que no sería factible sin un acuerdo de las dos partes. La presidencia belga de la Unión Europea, representada por el Primer Ministro Guy Verhofstadt y por el ministro de Asuntos Exteriores Louis Michel, en lugar de convertirse en defensora del Derecho Internacional, ha pretendido realizar una política "de equidistancia! entre las dos partes... con el fracaso que se conoce.

Por su apoyo casi incondicional a la política del Estado de Israel por su pasividad, los Estados occidentales son los principales responsables de la perpetuación del inmovilismo trágico en el cual se han empantanado los dirigentes sionistas, al cual han arrastrado a la sociedad judía israelí pero de la que es víctima principal el pueblo palestino.

El sueño sionista se ha concretado en una interminable pesadilla. Los judíos israelíes, imbuidos de esta ideología que les ha llevado a sostener una política de apardheit de la peor especie, están a punto de "perder su alma" en un conflicto sin fin y cada vez más mortífero con sus vecinos palestinos. La "desionización" de los espíritus, absolutamente necesaria para que una verdadera reconciliación 16 entre judíos israelíes y palestinos pueda suceder, llevará tiempo. No es ni moralmente, ni políticamente defendible subordinar la solución a un conflicto a la evolución de este estado de ánimo. La comunidad internacional debe intervenir urgentemente, de entrada para poner fin al mortal abrazo en el cual están entrelazados los pueblos israelí y palestino, y después par imponer una paz duradera basada sobre el respeto al Derecho internacional de los Derecho del Hombre.

Pero para que todo esto suceda, es necesario que, en todo el mundo, las opiniones públicas se movilicen para hacer actuar a sus representantes políticos con el fin de que entre el Mediterráneo y el Jordan, el reino de la ley del más fuerte ceda por fin su sitio al de la igualdad de derecho entre las personas.

* Michel Staszewski es coautor del "Manifiesto por una resolución justa del conflicto israelo-palestí. Los judíos de Bélgica se implican y se explican". el texto de este Manifiesto (en francés, holandés e inglés) igual que la lista de firmas (246 al 1º de diciembre del 2001) figuran en el sitio de Internet www.israel-palestine.be


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Al Aqsa Intifada: el rechazo a capitular

Majed Nassar y Nassar Ibrahim (Director de la Union of Health Work Committees y miembro del Centro de Información Alternativa, respectivamente)

La Intifada actual descansa sobre un número de realidades políticas formando un cuadro que permite entender mejor los acontecimientos de las últimas semanas en los Territorios palestinos ocupados. Antes de emprender un análisis debemos señalar sin embargo que la ocupación israelí de Cisjordania y de Gaza es la única responsable de la Intifada. Esta ocupación significa años de una política de terror contra el pueblo palestino, arrestos, asesinatos, pillaje de la economía nacional, confiscación de tierras y establecimiento de colonias de población. las fuerzas de ocupación rechazan todavía reconocer los derechos legítimos del pueblo palestino, principalmente el derecho a la autodeterminación, el derecho a crear un Estado palestino con Jerusalén como capital y el derecho a la vuelta de los refugiados

La provocación que ha alumbrado esta Intifada fue la visita provocadora de Ariel Sharon, en compañía de cetenares de soldados israelíes, a Al Haram A-Sharif. Toda tentativa de minimizar este hecho o de explicar los acontecimientos actuales sin tenerlo en cuenta no puede sino conducir al fracaso.

Paz o capitulación sin condiciones

Se ha asistido a una pérdida de confianza creciente en el proceso de paz concebido según la óptica americano-israelí, que implica la realización exclusiva de las condiciones israelíes. Estas condiciones son:

* La ruptura de la unidad geográfica y demográfica del pueblo palestino imponiendo los cantones A, B y C, separados por carreteras de "contorno" que absorben millares de hectéreas de tierras palestinas. * La construcción y expansión de nuevas colonias. * El sitio continuado de ciudades, pueblos y campos palestinos.

* La política de derribo de viviendas.

* La ignorancia de los derechos humanos fundamentales de los palestinos y de sus derechos nacionales.

* El empleo de prisioneros palestinos como moneda de cambio para obtener nuevas concesiones.

Además, israel ha rechazado de manera regular respetar las resoluciones de la ONU, reemplazándolas por sus propias referencias reforzadas por la política de hechos consumados. Para hacerlo, Israel depende exclusivamente del apoyo americano, que apoya sus prácticas contra el pueblo palestino. Además los Estados Unidos amenazan contínuamente con recurrir a su poder de veto contra toda tentativa de condenar los crímenes israelíes.

Los recientes acontecimientos, así como el fiasco de los siete años del proceso de Oslo con todos los "acuerdos"realizados en este marco, revelan la misma voluntad de neutralizar y de anular los derechos del pueblo palestino. Ninguno de estos acuerdos era un paso hacia el establecimiento de una paz justa en la región. la violencia extrema utilizada por Israel contra el levantamiento palestino no es más que una nueva tentativa de dictar por la fuerza una "paz" fundada sobre la capitulación.

Intransingencia israelí

Aunque Israel se presente como una parte presta al compromiso, en realidad la política de "hechos consumados" ilustra perfectamente su intransigencia. Barak fue a Camp David, que vio como el inicio de las negociaciones relativas al estatuto final, como portador de las siguientes condiciones:

* Ningún retorno a las fronteras de antes del 6 de junio de 1967, en violación flagrante de las resoluciones 242 y 338 de la ONU.

* Insistencia para que la mayoría de las colonias fueran mantenidas y anexadas por Israel, en contradicción igualmente con las mismas resoluciones de la ONU y con su propia ley que considera ilegales todas las colonias en cisjordania y Gaza.

* Rechazo de todo derecho palestino sobre Jerusalén-Este y trato de Jerusalén en su totalidad como capital eterna de Israel.

* El rechazo de conceder a los palestinos el derecho a volver a las residencias de las cuales fueron expulsados en 1948, igualmente en contradicción con la resolución 194 de la ONU. * El rechazo de aceptar que cualquier ejército "extranjero" pueda poner pi sobre la ribera oeste del Jordán.

El significado de todo esto está claro: si alguna vez Israel acepta la creación de un Estado palestino, éste será una entidad dependiente, no viable y desprovista de todo medio de autodefensa

Es importante entender lo que significan estas condiciones para los palestinos y sobre todo aquellas relativas a los principales "hechos consumados": las colonias y el cerco creciente de las autovías palestinas. Las colonias son un proyecto político israelí que apunta a la negación de las aspiraciones palestinas a la libertad y a la independencia. Todo discurso realista sobre la creación de un Estado palestino que coexistiría con las colonias y las carreteras de contorno implica un Estado privado de soberanía: ésta ha sido siempre una de las principales causas de desacuerdo y de enfrentamientos. La visión israelí de la anexión de las colonias existentes implica la anexión de un 15% de las tierras palestinas en adelante.hay actualmente alrededor de 200.000 colonos que viven en más de 140 colonias en Cisjordania, en Gaza y en Jerusalén. en Hebrón el caso es dramático: 400 colonos judíos viven en medio de 200.000 palestinos, pero controlan más del 20% de la ciud

La cuestión de los refugiados es otro problema fundamental en el corazón de la causa palestina. Los refugiados son el resultado directo del proyecto sionista en Palestina. el 78% de la superfície de palestina fue ocupada en 1948 y, en consecuencia, más de un millón de palestinos se convirtieron en refugiados. Durante el curso de la Guerra de los seis días, en 1967, medio millón de nuevos refugiados se les unieron. hoy en día más de cuatro millones de refugiados palestinos viven en Líbano, en Síria, en jordania y en otros lugares, incluyendo Palestina.

La cuestión de los refugiados es otro problema fundamental en el corazón de la causa palestina. Los refugiados son el resultado directo del proyecto sionista en Palestina. el 78% de la superfície de palestina fue ocupada en 1948 y, en consecuencia, más de un millón de palestinos se convirtieron en refugiados. Durante el curso de la Guerra de los seis días, en 1967, medio millón de nuevos refugiados se les unieron. hoy en día más de cuatro millones de refugiados palestinos viven en Líbano, en Síria, en jordania y en otros lugares, incluyendo Palestina.

Estos son los hechos sobre los cuales se basa la actual Intifada. La única conclusión que se puede extraer de todo esto es que mientras Israel habla con elocuencia de su deseo de paz, se comporta en los hechos como un ocupante brutal que quiere mantener su control eternamente. Oslo ha permitido únicamente al ejército israelí apoderarse de cada ciudad y de cada pueblo palestinos. Los planes de reorganización puestos a punto en Oslo únicamente han mejorado la posición estratégica del ejèrcito israelí, sin iniciar de ninguna manera su retirada. la reciente cumbre del 17 de octubre en Sharm a-Sheikh, con Clinton, Mubarak, Annan, Solana, Arafat y Barak no fue más que un paso más perpetuando la decepción que ha dominado todas las tentativas de reglar el conflicto de manera racional. la resistencia palestina fue prsentada en el curso de esta cumbre como un disturbio y no como la expresión profunda de las aspiraciones de todo un pueblo a la libertad y a la independencia. Esta cumbre y sus resultados han sido la expresión de la visión americana de la "paz" en la región, una "paz" que aplastaría la Intifada palestina, bloquearía el movimiento nacional árabe y pondría trabas a los movimientos de solidaridad en Europa y en otros lugares del mundo. Una de las consecuencias más perversas de esta cumbre fue la tentativa de poner en el mismo plano a las víctimas y a los agresores y negar la dimensión política del movimiento de liberación que constituye la esencia de la resistencia palestina. En resumen Sharm a-Sheikh fue una tentativa de transformar los hechos consumados por la fuerza brutal israelí en ganancias políticas que se impondrían como condiciones políticas israelíes en todo futuro acuerdo.


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Israel-Palestina: ¿Es posible un proyecto binacional?

Michel Warschawsky (del Centro de Información Alternativa de Jerusalén)

Tres proyectos alternativos se presentan en la encrucijada en la que se encuentra hoy el estado de Israel. El primero es el mantenimiento del estado de Israel como estado judío, es decir, la identificación del soberano con una comunidad étnico-religiosa, el pueblo judío en todo el mundo.

Tres proyectos alternativos se presentan en la encrucijada en la que se encuentra hoy el estado de Israel. El primero es el mantenimiento del estado de Israel como estado judío, es decir, la identificación del soberano con una comunidad étnico-religiosa, el pueblo judío en todo el mundo.

El segundo modelo parte de la separación total de la nacionalidad y del estado, de la etnicidad y de la ciudadanía. En este estadio, se impone una precisión: en la lengua así como en la filosofía política francesas, se utiliza el concepto de "nacionalité" (nacionalidad), para definir a la vez la comunidad de los ciudadanos de un país y una comunidad nacional, étnica o cultural. El inglés (y el hebreo) conoce, en cambio, dos conceptos diferentes: "citizenship", para definir la pertenencia al colectivo de hombres y de mujeres que forman el soberano de un estado dado, y "nacionality", para definir la pertenencia cultural y/o étnica, incluso en el marco de una "citizenship" única. Esta diferencia no es evidentemente solo de orden lingüístico. Remite a la concepción republicana y laica, nacida de la revolución francesa que ha querido crear una nación de ciudadanos, borrando en el terreno público la pertenencia racial, étnica o religiosa: todos los franceses son los descendientes de Vercingetorix, y la conversión de Clodoveo es uno de los momentos fundadores de su historia y de su identidad, incluso para quienes viven y tienen su raíces en Martinica, o para quienes su abuelo vivía en una chtettle de Besarabia. En la filosofía política republicana, los franceses no son solo ciudadanos del estado francés, pertenecen a la nación francesa, siendo únicamente del dominio privado sus especificidades étnicas o religiosas.

Es este modelo republicano -el de un estado-nación de ciudadanos, indiferente al origen étnico o nacional de sus ciudadanos- el elegido por el Congreso Nacional Africano, alrededor de la consigna de "una persona, un voto", y que se ha impuesto contra las tendencias federales o multinacionales del Pan African Congress o de algunos partidos blancos, que sugerían un África del Sur multinacional, en la que cada comunidad tendría una autonomía propia y derechos colectivos. Para Nelson Mandela y su partido, al contrario, la lucha contra el apartheid debería desembocar, igual que la lucha contra el Antiguo Régimen en Francia, en la formación de una nación sudafricana nueva, simbolizada por la bandera multicolor de la nueva República.

La constitución de una república laica y democrática podría ser una alternativa al estado judío en las fronteras restringidas del estado de Israel con su corolario: la formación de una nación ciudadana "palestisraelí" nueva. Sin embargo, esta opción laica y republicana no parece ser ni la más probable ni siquiera la más deseable. Su principal debilidad, que es también la del modelo republicano al alba del tercer milenio, es que no toma en consideración la diversidad esencial de la identidad colectiva, nacional o étnica, de los individuos que supuestamente forman la nación ciudadana. Como decía recientemente, entre muchos otros, Alain Dieckhoff: "La democracia republicana inscribe al individuo en un colectivo: ciudadanía, movilización cívica. Pero su límite actual, es su carácter hiperpolítico que no concibe al individuo más que como ciudadano. Sin embargo, esta dimensión política no es sino una faceta del individuo moderno... No hago sino constatar el debilitamiento de la pareja estado-nación. Del estado, pues cumple menos que antes su función de regulación, y de la nación como colectividad de ciudadanos... Hay que salir del dogma: un estado, una cultura, un pueblo. Si naturalmente la cuestión de reivindicaciones nacionalistas afirmadas se plantea, es preciso, me parece, darle un espacio no solo de libertad, sino de expresión, incluso constitucional. El estado multinacional puede ayudarnos a ello, pues supone sociológicamente varios pueblos en un mismo estado... Habría pues que intentar ir hacia un estado más pluralista en el que una ciudadanía compartida iría a pareja con el reconocimiento de identidades colectivas diversas.

Si esta cuestión de la expresión colectiva de grupos constituidos se plantea hoy, más de dos siglos después de la revolución francesa, en la mayor parte de los países de Europa, incluso en la Francia republicana, es aún más pertinente para un país como Palestina, en el que colectividades más o menos constituidas se han formado en el curso de los últimos decenios, a través de un conflicto doloroso y sangriento entre ellas. La necesidad de expresión autónoma, cultural y lingüística, pero también política, tanto para los israelíes como para los palestinos, parece casi una evidencia. El marco multinacional, sea en la Palestina histórica o en los límites del estado de Israel, aparece como una opción mucho más realista y creíble que un marco únicamente democrático, laico y ciudadano.

Más allá de la necesidad de un espacio institucionalizado de expresión colectiva para las comunidades que componen el colectivo ciudadanía, la opción multinacional permite superar la obsesión demográfica. En efecto, la garantía de una mayoría étnica -siempre cargada del peligro de política de depuración- es percibida, en el marco del estado nacional, como la condición de la autodefensa de la especificidad cultural de la nación mayoritaria. El multinacionalismo, al contrario, garantiza la defensa de esta especificidad, independientemente del número y de los cambios demográficos. Esto permitiría, en el contexto concreto israelo-palestino, un planteamiento menos atemorizado de la cuestión de los refugiados palestinos y de su vuelta al país, sin amenazar sin embargo la autonomía, la autogestión o incluso el autogobierno de la comunidad judía. El rechazo a contemplar el derecho al retorno de los refugiados palestinos es ante todo la expresión del miedo a perder la mayoría judía, siendo percibida esta exigencia de mayoría como la condición sine qua non del mantenimiento de este "espacio constitucional de libertad y de expresión". Si un espacio así puede existir independientemente del número, y es lo que el binacionalismo significa conjugando igualdad individual e igualdad entre colectivos organizados, no hay ya lugar para temer una "mayorización" por otra comunidad

Además, la opción bi o multinacional permite dejar abierta la cuestión de la partición o no entre dos estados independientes, que guarda en los dos casos su pertinencia. Si se supone bien la ineluctabilidad, bien la necesidad de un estado palestino en Cisjordania y en la banda de Gaza, al lado de un estado de Israel democratizado (y por tanto bi/multinacional), todo parece indicar que las situaciones económicas, culturales y ecológicas empujarán rápidamente a esos dos estados a federarse, creando así una entidad política nueva que articularía unidad y autonomía. Si, en cambio, se defiende la opción de un marco unitario, verdaderamente democrática, este deberá, a fin de permitir la expresión de los colectivos nacionales, étnicos o culturales que le componen, federarse, y por tanto ahí también crear una articulación entre unidad y autonomía.

Mucho antes de ser un programa político preciso y una forma concreta de institucionalización de la vida ciudadana, el binacionalismo se pretende un sistema de valores que tiene por objetivo regularizar la coexistencia entre los pueblos y las comunidades que viven en el territorio de la Palestina histórica, sobre la base de la igualdad y del respeto de las especificidades de cada uno de esos grupos. Es un sistema en las antípodas de la filosofía de la separación que se encuentra en el corazón del sionismo, en sus presupuestos y su aplicación. Igual que el apartheid, el sionismo es una filosofía de la separación que parte de la idea de que cuantos menos contactos haya con el otro, mejor -"ellos en su casa y nosotros en la nuestra"-. Excluye, por principio el pluralismo y aspira a la homogeneización: un estado, un pueblo, una nación, una cultura, una ideología. Por otra parte, y precisamente por ello, en Israel, los barrios y los pueblos agrícolas son muy a menudo reservados a comunidades culturales precisas (religiosas o laicas), y el sistema escolar, dividido en sistema escolar laico, religioso, árabe, etc. No por pluralismo sino al contrario, por voluntad de homogeneización que, cuando se demuestra imposible, toma la forma de la separación, es decir de entidades homogéneas paralelas. El binacionalismo es el exacto opuesto de esta filosofía del apartheid. Como escribe Amon Raz-Krakotzkin, sumándose así a las tesis de Alain Dieckhoff: "El binacionalismo constituye un conjunto de valores, y no forzosamente un compromiso político concreto. Implica la separación de la identidad nacional y del estado, y la percepción del otro como parte integrante de la autodefinición de cada uno...". Un poco más lejos, añade: "La emancipación de los judíos pasa obligatoriamente por la emancipación de los palestinos, y la inclusión de su memoria y de sus aspiraciones en la historia de la región y en sus proyectos de futuro. En este contexto, la cuestión que debería plantearse es la de saber cómo definir una colectividad judía en Palestina que estaría basada en el reconocimiento de los derechos palestinos. Es imposible distinguir la discusión de la identidad judía del debate sobre el conflicto nacional que prosigue y de la cuestión de la responsabilidad en la tragedia palestina. Así. el binacionalismo constituye el contexto evidente de toda discusión política o cultural".

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¿Qué paz para mañana? Entrevista con Michel Warschawski

P.: En tu libro hablas de un "sueño andaluz", ¿por qué? (Se trata del libro Israel-Palestina: la alternativa de la convivencia binacional. Ediciones la Catarata.)

R.: La perspectiva binacional no es presentada en ese libro como una opción política concreta e inmediata, sino como una alternativa global a una concepción que constituye la sustancia misma del sionismo. Concepción que supone que normalidad sea sinónimo de homogeneidad cultural, étnica, nacional, que toda sociedad plural (pluralista) en términos de existencia nacional sea por definición problemática. Lo que he intentado describir en el libro es por qué esto representa una opción a la vez negativa y, en el fondo, destructiva. En el contexto concreto de Palestina, y de Oriente medio, una opción distinta de la binacional no puede realizarse sin que ello suponga una política permanente de depuración étnica, de negación del otro, de represión, de "apartheid" y de expulsión masiva. Ya se hable del "pequeño Israel" o del "gran Israel", hay por definición en esa voluntad de Estado "exclusivamente judío" o de Estado judío "tanto como sea posible", el rechazo del otro. Y el rechazo del otro implica por definición la degeneración de sí mismo. No he presentado la concepción binacional como una alternativa a una eventual división. Aun asumiendo la división, el problema sigue estando ahí. Israel es un país que no es ya un Estado exclusivamente judío, incluye una importante minoría árabe, otra rusa no judía, otra creciente de trabajadores inmigrantes, y todo eso plantea el problema de un Estado democrático multicultural y multinacional, cualesquiera que sean las fronteras.

P.: ¿Ha cambiado algo el 11-S de 2001 en Israel?

R.: Creo que el 11 de septiembre ha tenido dos consecuencias. En primer lugar, ha situado la política de represión, de violencia y de negación del otro en un contexto mundial. En Israel había miedo a ser vistos, incluso por el mundo occidental, como un "Estado diferente", como un factor desestabilizador, como una situación de "anormalidad". Ariel Sharon y la clase política y militar israelí se han visto consolados por el hecho de que el 11-S "todo el mundo" les comprende, se identifica con su política, sigue su política. El resultado del 11-S ha sido que hoy EEUU se muestran casi completamente blandos ante la política israelí, con el silencio y la pasividad cómplice de Europa. En resumen, si antes del 11-S Israel podía ser considerado como un factor de "riesgo" para la estabilización imperialista de la región, hoy Israel reivindica su propio mérito de estar en la vanguardia de la cruzada imperialista contra los pueblos, con la coartada de la lucha contra el terrorismo. La segunda consecuencia, que es la misma en todas partes del mundo, en EEUU y en Europa y también en Israel, es la utilización de la psicosis antiterrorista y esa nueva legitimidad dada por la "guerra de civilización" para reforzar la deshumanización de los palestinos y la deslegitimación de toda tentativa de diálogo.

P.: Inmediatamente después del 11-S, Colin Powell declaró que él mismo estaba dispuesto a hacer un discurso ante la ONU sobre la necesidad de un estado palestino. Poco después, de manera aparentemente brusca, la política de EEUU ha "cambiado" para volver a avalar la represión israelí bajo todas sus formas. ¿Qué opinas sobre esto?

R.: Creo que Powell, pero no solamente él -eso ocurre también en Europa- ha establecido una especie de comparación con la guerra del Golfo de 1991, creyendo que en la guerra actual, lanzada por EEUU, era necesario construir una gran coalición internacional con la aportación sustancial de los países árabes. Y para hacer eso hacía falta, como en los tiempos de la guerra del Golfo, poner un freno a la política de represión de Israel, para dar satisfacción a sus aliados árabes. Ese es el sentido de las declaraciones de Powell. Y ésas son las apreciaciones que algunos han formulado sobre lo que ha pasado pero creo que equivocadamente. La opción de EEUU consiste en desarrollar una guerra sin compromisos, en apoyarse en las declaraciones más extremas de Bush en términos de "guerra de civilización", de guerra sin límites, incluido el caso israelí. Y es esto lo que predomina partiendo de la hipótesis de que los Estados árabes y los Estados musulmanes no iban a atreverse a frenar la voluntad belicista de Bush y el carácter total de esta guerra. Desgraciadamente Bush ha tenido razón, ya que no hay grandes protestas o cuestionamiento de la coalición ni por parte de Egipto ni de Arabia Saudí, dejando así campo libre a una política sin compromisos con el mundo árabe. Una guerra definida como una guerra contra el extremismo, pero en realidad una guerra de realineamiento del mundo entero y del mundo árabe en particular.

P.: Los Refuseniks Yesh Gvul ("Hay un límite") han comenzado una campaña de contrainformación en el seno del ejército a partir de la segunda Intifada. ¿Crees que los Refuseniks han podido servir de estímulo a lo que se llama "el despertar del pacifismo israelí"?

R.: Hay dos momentos importantes en el movimiento de soldados. Desde las primeras semanas de la Intifada y la represión masiva en los territorios ocupados, Yesh Gvul ha reanudado la campaña de rechazo al servicio militar en Cisjordania y Gaza y centenares de soldados han firmado esa petición. Muchos de esos soldados han pagado esa opción con la cárcel. Esta primera etapa puede ser considerada, en cierto modo, como la continuación de lo que había pasado durante la guerra de Líbano en 1982 y la primera Intifada. Hay una continuidad y Yesh Gvul ha sido la organización más activa en la movilización. Lo que hay de nuevo ahora es un nuevo movimiento paralelo, y más amplio, de soldados firmantes de la petición que no se reconocen en Yesh Gvul pero que, debido al horror por los métodos empleados por el ejército, por los crímenes de guerra permanentes cometidos en los territorios ocupados, han decidido tomar una nueva iniciativa que quería desmarcarse de la de Yesh Gvul. Es un rechazo derivado de la Intifada misma, de la política aplicada, no es un rechazo en una lógica más sistemática de oposición a la ocupación. Esos soldados dicen: no queremos participar en esta guerra. Esto ha abierto una brecha en el seno de la sociedad israelí hasta tal punto que Sharon se ha visto obligado a tenerlos en cuenta en su discurso a la nación, lo cual está abriendo un gran debate en el seno del ejército y de la opinión pública.

P: ¿Y Arafat?

R.: Creo que Arafat tiene un pasado y continúa practicando una doble política. Esta consiste en buscar un compromiso, que sigue sin tener el consenso dentro de la comunidad palestina y que provoca debates y conflictos incluso graves. Pero esa política de compromiso tiene un límite. Arafat es un dirigente nacional, abierto a grandes compromisos que pueden y deben ser sometidos a discusión y que lo son. Ahí está el inmenso error derivado de la arrogancia colonial de Barak, el de haber creído haber conseguido imponer a Arafat un plan de "bantustanes". Arafat había aceptado ya un compromiso todavía mayor: renunciar al 80 % de la patria, aceptar la reconciliación con Israel, pero no está dispuesto a negociar el 20 % restante. El umbral mínimo está claramente definido en la política de Yasser Arafat. La arrogancia colonial ha conducido a Barak a creer que podía transformar a Arafat y a la Autoridad Nacional Palestina en ministros israelíes dedicados a ka destión de un sistema de "bantustanes", a un sistema de "apartheid". Creo que la política de Arafat sigue jugando un papel, no ha cerrado la puerta a una cooperación con Israel, pero ésta tiene un límite. Israel tiene razón en quejarse del "doble juego" de Arafat: éste negocia y está dispuesto a jugar un papel conforme a una política de pacificación de la región, pero eso tiene un precio y, mientras Israel no esté dispuesto a pagar ese precio, Arafat dirigirá en parte la resistencia a la ocupación. Doble papel, por tanto: resistencia a la ocupación y negociación de un compromiso con Israel. El problema está en que Ariel Sharon y antes de él Barak han reducido el margen de maniobra de Arafat, empujándolo más a la resistencia que a la cooperación, no porque lo quiera él así sino porque no puede hacer de otro modo. Está preso en Ramallah mientras el ejército destruye las infraestructuras de la policía y de la administración palestina. La capacidad de Arafat de "mantener el orden" y un mínimo de resistencia para obtener un compromiso aceptable por la población palestina es muy limitada.

P. ¿Está haciendo emerger un nuevo liderazgo la Intifada?

R.: Es verdad que desde hace más de un año y medio hay una dirección que combate contra la ocupación y que proviene del interior, una nueva generación, militantes de la primera Intifada, de todas las formaciones políticas pero principalmente de Al Fatah, que constituye el nuevo marco de la resistencia actual. Esta no se define en ruptura con Arafat, se sitúa en una relación conflictiva con él y la ANP. Incluso la detención de militantes del FPLP o el cierre de las oficinas de Hamas o las detenciones de algunos militantes y dirigentes de Hamas, son operaciones que han sido "negociadas" en cierto modo entre la ANP y las organizaciones afectadas. Sabemos que Arafat se encuentra diariamente con los dirigentes de la oposición. Existen al mismo tiempo un frente unido anti-israelí y medidas represivas, las cuales lógicamente no satisfacen a Israel. Se trata de una maniobra cuyo desenlace es incierto ya que, a diferencia de los otros gobiernos israelíes, Sharon no tiene nada que proponer. Sería lógico si Sharon dijera lo que quiere y su precio, y entonces Arafat podría decir entonces: de acuerdo, pago el precio por tener lo que me ofreces. Pero se puede constatar que nada es nunca suficiente, como se ha visto con la detención de los militantes del FPLP acusados del asesinato del ministro Zeevi. Arafat toma esas medidas no tanto, y no solamente, de cara a Sharon sino más bien a la opinión pública internacional. Con esas detenciones Arafat se dirige, en efecto, a Bush y a Europa: para demostrar lo que puede hacer. Se trata más de un trabajo de propaganda política que de represión propiamente dicha. P.: En Italia el movimiento "Action for Peace" ha encontrado mucho eco. ¿En tu opinión, ¿eso es suficiente como labor de solidaridad? R.: Considero que el envío de misiones italianas e internacionales a Palestina es importante por tres razones. Primero, porque la expresión de la solidaridad con los palestinos es muy útil desde el punto de vista moral, ya que se encuentran muy aislados. Y el aislamiento puede convertirse en un factor de desmovilización. En ese sentido el hecho de que una parte de la sociedad civil europea e internacional exprese su solidaridad es muy importante. En segundo lugar, esto produce una disminución de la represión israelí. La presencia de la prensa internacional, pero también la de militantes internacionales en los puntos clave y en las calles crea dificultades a una parte del ejército y de la clase política. Pero la tercera razón es en mi opinión la más importante: estar en condiciones de servirse de los testimonios de los que vienen y ven para reforzar en sus países respectivos un movimiento de solidaridad de masas y hacer presión sobre los gobiernos. Esa es la prioridad. Y en algunos países, como Francia y Bélgica que conozco más, se ha producido un cambio en un sector muy importante de la opinión pública. Incluso después de la ofensiva antiárabe post-11S.

P.: Has participado en el Segundo Foro de Porto Alegre, ¿crees que ha abierto nuevas perspectivas?

R.: En mi opinión creo que Porto Alegre es el lugar en donde el movimiento interncional contra el neoliberalismo ha conocido un giro. Pero pienso también que entre quienes orientan y dirigen el movimiento, se presta mucha atención a la economía y menos al análisis de la política. Siguen así la hipótesis según la cual la globalización neoliberal pasa exclusivamente por la dictadura del mercado. La guerra, en cambio, no ha sido un tema central en Porto Alegre. Pienso que los periodistas "neutrales", "burgueses", han hablado mucho del mercado, pero poco de la dictadura de la guerra imperialista, que es parte integrante de la globalización. A pesar de las grandes manifestaciones contra el FMI y los McDonalds, las manifestaciones contra la guerra concreta, hoy contra Afganistán, mañana contra Iraq, en Europa, con la excepción de Italia, han sido limitadas.

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Mujeres de Negro en Israel. (Entrevista con Judit Warschwaski)

(Nota: esta entrevista se realizó a comienzos de marzo de 2002 y fue publicada en "Rouge")

Judit Warschawski, nacida en 1950 en Strasburgo, es asistente social en un centro para mujeres víctimas de agresiones. Desde su llegada a Israel en 1968, forma parte de los movimientos por la paz que luchan por el reconocimiento de una entidad palestina y contra la creación de asentamientos. A comienzos de la primera Intifada, se afilió a "Mujeres de negro" y luego a Bath Shalom ("Hija de la paz"), movimientos políticos que apoyan el diálogo entre mujeres israelíes y palestinas. En 2001 se incorporó a un grupo de mujeres, Machsom Watch, cuyo propósito es observar el comportamiento de la policía y del ejército en los enfrentamientos entre Israel y Palestina.

P.: ¿Qué es el movimiento de "Mujeres de negro"?

R.: Este movimiento se creó en diciembre de 1987 –al comienzo de la primera Intifada- por varias mujeres (entre ellas Hagar Roubless, muerta hace poco más de un año) siguiendo el modelo de las Madres de Plaza de Mayo en Argentina. Todos los viernes las mujeres vestidas de negro (signo de la tragedia que sufren los dos pueblos) enarbolan una mano negra con la consigna "Alto a la ocupación". El movimiento empezó en Jerusalén, en la plaza de Francia –rebautizada por las mujeres plaza Hagar y se ha ido extendiendo a todo el país (actualmente en cerca de diez plazas y glorietas) y al mundo entero. Hasta la guerra del Golfo había más de cien mujeres reunidas todos los viernes, pero luego el movimiento perdió fuerza. Recuperó fuerzas después de la segunda Intifada. Las mujeres están tomando conciencia del desastre engendrado por la ocupación y, como quieren dejar de estar inactivas, se incorporan al movimiento. Desde hace más de catorce años, gracias a la perseverancia de los movimientos de mujeres y a pesar de las fluctuaciones políticas, de las reacciones hostiles y a menudo machistas de los que pasan por la calle y de las manifestaciones de grupos de extrema derecha, no hemos dejado de gritar nuestra única consigna: "¡Alto a la ocupación!".

P.: ¿Qué relaciones mantenéis con el Movimiento por la Paz en Israel y los movimientos palestinos similares?

R.: Después de los acontecimientos de octubre de 2000, a lo largo de los cuales trece palestinos ciudadanos de Israel murieron por disparos de la policía israelí, se creó la Coalición de mujeres por una Paz justa, que agrupa a una decena de grupos de mujeres que luchan por el fin de la ocupación. Las "Mujeres de negro" forman parte, evidentemente, de esa coalición y participan en sus actividades y manifestaciones, además de participar también en todas las manifestaciones organizadas por los diferentes movimientos por la paz. Después de los acuerdos de Oslo, mujeres palestinas se unieron a las israelíes en la plaza de Hagar; actualmente, la situación impide toda normalización de las relaciones entre mujeres israelíes y palestinas aunque, en el plano personal, hay buenas relaciones. Continuamos así cooperando en el marco de los grupos para el diálogo que existen desde hace tiempo.

P.: ¿Cómo apreciáis la nueva fase de la guerra emprendida por Sharon?

R.: Somos testigos de una escalada en la represión y en los medios empleados por Sharon y su coalición. Sharon no quiere negociar. No quiere pagar el precio de la paz. Los que pensaban, después de su elección, que había cambiado, que no era ya el Sharon de la guerra del Líbano, se han equivocado. Su política se resume en la represión y en la destrucción de las ciudades palestinas, como ocurrió durante la guerra del Líbano. El 4 de marzo hizo una declaración afirmando que su intención era eliminar a Arafat y a los palestinos antes de pensar en dialogar. En los últimos tiempos las "Mujeres de negro" y Machsom Watch han visto unirse a sus acciones a muchas mujeres que habían dejado de implicarse cuando empezó la segunda Intifada. La izquierda moderada –como Shalom Ah’shav (Paz Ahora)- se está implicando de nuevo y organiza grandes manifestaciones. El pueblo de izquierdas comienza a entender que no es mediante la fuerza como se resolverá el conflicto, que hace falta dialogar. En la derecha, siguen negándose a ver la relación entre la conducta de israel y la respuesta palestina, con los atentados. El rechazo a servir en el ejército israelí, a cometer brutalidades contra las poblaciones civiles y a proteger las colonias, por un número cada vez mayor de soldados y oficiales israelíes ha sido esencial en este comienzo de reacción de la opinión pública israelí y de los movimientos de la izquierda moderada.

P.: Con ocasión del 8 de marzo, ¿qué llamamiento querríais hacer a los movimientos de mujeres en Europa?

R.: El hecho de saber que no estamos sólas, que otras mujeres apoyan nuestra lucha, es estimulante. Concretamente, es importante que presionen sobre sus gobiernos para que se desmarquen más claramente de la posición americana pro-israelí y que apoyen el envío de una fuerza de protección internacional a los territorios ocupados. Pueden aprticipar también en las misiones civiles de solidaridad organizadas por los comités de apoyo al pueblo palestino. También, de forma más modesta, pueden popularizar la consigna de boicot a los productos israelíes procedentes de los territorios ocupados.

 

 

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Carta de Sergio Yahni al ministro israelí de Defensa
(Sergio Yahni es Codirector del Centro de Información alternativo de Jerusalén)

Al ministro de Defensa, Ben Eliezer,

Un oficial que estaba bajo su responsabilidad me ha dado, hoy, una sentencia de 28 días a penar en una prisión militar por haber rechazado servir como reservista en el ejército israelí. No solamente, he rechazado servir en los Territorios Ocupados como he hecho durante los últimos quince años, sino que también he rechazado servir en el ejército israelí en cualquier circunstancia.

Desde el 29 de setiembre del 2000, el ejército israelí lleva adelante una "guerra sucia" contra la Autoridad palestina. Esta guerra sucia incluye medidas extrajudiciales, asesinatos de mujeres y de niños, destrucción de la infraestructura económica y social de la población palestina, incendios de tierras agrícolas, talas de árboles. Siembran el miedo y la desesperación pero no consiguen su objetivo final, el pueblo palestino no ha renunciado a su sueño de soberanía y de independencia. No consiguen tampoco asegurar la seguridad de su propio pueblo. A pesar de toda la violencia desplegada por el ejército del que usted es responsable.

A la luz de su gran fracaso, somos testigos ahora de un debate intelectual del peor nivel entre los israelíes: una discusión sobre la posible deportación y el asesinato masivo de palestinos.

La tentativa infructuosa de los dirigentes del Partido Laborista por imponer un acuerdo al pueblo palestino nos ha conducido a una "guerra sucia" a causa de la cual tanto los palestinos como los israelíes han pagado con sus vidas. La violencia racista del "stablishment" de la seguridad palestina, que no ve personas sino solamente "terroristas"" ha exacerbado el círculo vicioso de la violencia entre palestinos e israelíes.

Los israelíes son también víctimas de esta guerra. Son víctimas de la irresponsabilidad y del fracaso de la agresión del ejército del cual usted es responsable.Aun cuando han llevado hasta el extremo los ataques más asesinos contra el pueblo palestino, han sido incapaces de cumplir con su obligación de asegurar la seguridad a los ciudadanos/nas de Israel. Los tanques en Ramallah no podrán impedir su más monstruosa creación: la desesperación que estalla en los cafés. Usted, y los militares bajo sus órdenes, han creado seres humanos cuya humanidad desaparece a fuerza de desesperación y de humillación. Han creado esta desesperanza y no pueden pararla.

Está claro que han arriesgado nuestras vidas para poder continuar construyendo colonias ilegales e inmorales en Gush, Etsion, Efrat y Kedumin; este cáncer que devora el cuerpo social de Israel. Desde hace 35 años, las colonias han transformado la sociedad israelí en zona peligrosa. El Estado israelí ha sembrado la desesperación y la muerte entre los palestinos y entre los israelíes.

En consecuencia no serviré en su ejército. Su ejército que se autodenomina "Fuerza de defensa de Israel" no es otra cosa que el brazo armado del movimiento de colonización. Este ejército no existe para asegurar la seguridad de la ciudadanía israelí. Existe para garantizar la continuación del robo de tierras palestinas. como judío, estoy repugnado por los crímenes que esta milicia comete contra el pueblo palestino.

Es mi deber como judío y como humano, rechazar formar parte de este ejército.Como hijo de un pueblo víctima de progromos y de destrucción, no puedo ser partícipe de estas locuras políticas. Como ser humano, es mi deber rechazar participar en cualquier institución que comete crímenes contra la humanidad.

Sinceramente

Sergio Yahni

 

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