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Nº 17, diciembre 2.001 http://www.nodo50.org/espacioespacio@nodo50.org |
Corriente alterna Un papelón rojo, verde y violeta del espacio alternativo
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La VII Reunión de las Partes del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (en adelante COP 7) celebrada el pasado noviembre bajo los auspicios del hermano del monarca alauita -dictador y comendador de los creyentes- ha sido calificada metafóricamente como el reglamento y la letra pequeña que sustancian los acuerdos adoptados hace cuatro años en Kyoto. Como suele suceder con los foros internacionales de larga denominación el nivel de acuerdos alcanzado es pequeño y habitualmente su tamaño y alcance son inversamente proporcionales al número de vocablos que componen el nombre propio de la reunión diplomática. Y como suele ocurrir con los reglamentos que desarrollan las leyes, aquellos podan y dejan éstas todavía más alicortas de lo que su texto original enunciaba. Kyoto no fue precisamente un paradigma de audacia para combatir el cambio climático; el pequeño paso que adoptó fue proponer la reducción del 5,2% de las emisiones respecto a 1990 para el periodo 2008-2012. Entre una y otra reunión se han sucedido todo tipo de presiones para descafeinar aún más lo acordado, dejando reducidos a mínimos los contenidos del protocolo de Kyoto: fracaso de la reunión de La Haya; abandono por parte de la administración Bush de los tímidos semicompromisos de EE.UU. adoptados por el equipo de Clinton; acuerdos de Bonn en julio de 2001 que si bien suponen que el Grupo Paraguas formado entre otros por Japón, Australia, Canadá y Rusia no rompen definitivamente con la dinámica de reuniones COP, también suponen importantes concesiones de la postura de la Unión Europea (UE) respecto a los sumideros, etc. Desde la Cumbre de Río han pasado nueve largos años sin que se hayan adoptado medidas para combatir el efecto invernadero cuya realidad y consecuencias ya nadie discute. Cuatro de ellos han sido empleados en buscar la forma jurídica de la pomposamente denominada "arquitectura del Protocolo de Kyoto" que posibilitara recibir el apoyo y ratificación provisional de al menos 55 países que representen el 55% de las emisiones. En el momento en el que EE.UU. (emisor de al menos el 25% del volumen total de gases de efecto invernadero) dijo no, para las COP era fundamental atraer el sí de países como Rusia, Ucrania o Japón cuya capacidad de presión se incrementó notablemente. Por ejemplo, en Marrakech Rusia consiguió elevar de 17 a 33 los millones de toneladas de CO2 que puede descontarse del limite de sus emisiones a cuenta de la gestión de sus masas forestales en tanto que fijadoras del dióxido de carbono. Y en general, buena parte de países intenta no tanto adelantar al periodo 2008-2012 la consecución de objetivos marcados para el segundo periodo cuanto lo contrario. traspasar para el 2013-2017 hitos a lograr en los años anteriores. De la mano de este chamarileo sin sentido en el que, pese a la gravedad de la situación, tanto monta-monta tanto 17 como 33 megatoneladas, cabe albergar una profunda desconfianza sobre los Mecanismos de Desarrollo Limpio (CDM en sus siglas en inglés) y demás medidas y mecanismos de flexibilización, máxime cuando entre los países garantes de los acuerdos por encontrarse en el "bando" de la UE y China, se encuentra el Reino de España que no solo carece de un plan estratégico para hacer frente al cambio climático y no ha creado ni reunido hasta hace unos días al Consejo Nacional del Clima sino que se ha convertido en uno de los mayores transgresores de los acuerdos al haber tenido un crecimiento de emisiones del 23,2% al 30% (según las fuentes) durante el periodo 1990-1999 y solo revitaliza por motivos de apariencia y lavado de fachada el Consejo Asesor de Medio Ambiente a escasos días de la asunción de la presidencia europea por parte del gobierno Aznar. Los siempre satisfechos burócratas de la diplomacia "ecológica" gubernamental han calificado Marraquech de logro jurídico que permite un sistema de cumplimiento eficaz y disuasorio. El problema es quién tendrá capacidad de hacer cumplir los acuerdos y de imponer realmente sanciones en 2013, sanciones que –por otro lado- no tendrán carácter financiero y corresponderán a incumplimientos acaecidos entre 2008 y 2012. Asimismo, ¿qué organismo será capaz de controlar los CDM sustanciados en proyectos de ayuda y transferencia de tecnología? ¿cómo se evitará que la creación forzosa de sumideros a través de la reforestación mediante monocultivo de especies de crecimiento rápido no autóctonas no suponga nuevos desastres socio-ambientales? ¿cómo terminar con el descontrol y desconocimiento real de las emisiones en diversos países? ¿de qué manera evitar que el perverso comercio de emisiones no acabe reduciendo aún más en la práctica los índices reales de reducción de emisiones cuando no enmascarando el aumento de las mismas? Desde algunos gobiernos y medios de comunicación e incluso desde bien intencionadas portavocías de organizaciones no gubernamentales se afirma: es la hora de ratificar los acuerdos de Kyoto y de ponerlos en práctica, no es la hora del pesimismo sino de alentar los logros por escasos que sean. Así dicho, parece una gran verdad (que evidentemente no lo es) y podría suponer dar un paso real (tan pequeño y tardío que no merece tal nombre), siempre y cuando desde las organizaciones ecologistas, sindicales, sociales y políticas no se cayera en un posibilismo resignado. Hoy, ante las dificultades encontradas en las COP, el riesgo del movimiento social no es incurrir en posiciones utopistas sino en un conformismo paralizante. Ante ello, desde la izquierda radical y ecologista, debemos insistir en que no se pierda de vista ante la Cumbre de Johannesburgo en 2002 tres cuestiones: la urgencia de poner realmente coto al cambio climático, la radical insuficiencia de lo acordado en Kyoto-Bonn-Maraquech y el cinismo de los gobiernos que amparan el incumplimiento sistemático (incluso de lo que han acordado).
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Tres proyectos alternativos se presentan en la encrucijada en la que se encuentra hoy el estado de Israel. El primero es el mantenimiento del estado de Israel como estado judío, es decir, la identificación del soberano con una comunidad étnico-religiosa, el pueblo judío en todo el mundo. Es fundamental y estructuralmente un modelo no democrático, que mantiene a una parte importante de los ciudadanos en una situación de inferioridad y de discriminación. Constituye, si se tiene en cuenta la problemática definición de "¿quién es judío?", un modelo preñado de tensiones y de contradicciones insuperables en el propio colectivo soberano. A medio plazo, lleva a la transformación de Israel en un estado teocrático, en el que serían progresivamente abolidos los aspectos realmente democráticos que existen en el régimen israelí. El segundo modelo parte de la separación total de la nacionalidad y del estado, de la etnicidad y de la ciudadanía. En este estadio, se impone una precisión: en la lengua así como en la filosofía política francesas, se utiliza el concepto de "nacionalité" (nacionalidad), para definir a la vez la comunidad de los ciudadanos de un país y una comunidad nacional, étnica o cultural. El inglés (y el hebreo) conoce, en cambio, dos conceptos diferentes: "citizenship", para definir la pertenencia al colectivo de hombres y de mujeres que forman el soberano de un estado dado, y "nacionality", para definir la pertenencia cultural y/o étnica, incluso en el marco de una "citizenship" única. Esta diferencia no es evidentemente solo de orden lingüístico. Remite a la concepción republicana y laica, nacida de la revolución francesa que ha querido crear una nación de ciudadanos, borrando en el terreno público la pertenencia racial, étnica o religiosa: todos los franceses son los descendientes de Vercingetorix, y la conversión de Clodoveo es uno de los momentos fundadores de su historia y de su identidad, incluso para quienes viven y tienen su raíces en Martinica, o para quienes su abuelo vivía en una chtettle de Besarabia. En la filosofía política republicana, los franceses no son solo ciudadanos del estado francés, pertenecen a la nación francesa, siendo únicamente del dominio privado sus especificidades étnicas o religiosas. Es este modelo republicano -el de un estado-nación de ciudadanos, indiferente al origen étnico o nacional de sus ciudadanos- el elegido por el Congreso Nacional Africano, alrededor de la consigna de "una persona, un voto", y que se ha impuesto contra las tendencias federales o multinacionales del Pan African Congress o de algunos partidos blancos, que sugerían un África del Sur multinacional, en la que cada comunidad tendría una autonomía propia y derechos colectivos. Para Nelson Mandela y su partido, al contrario, la lucha contra el apartheid debería desembocar, igual que la lucha contra el Antiguo Régimen en Francia, en la formación de una nación sudafricana nueva, simbolizada por la bandera multicolor de la nueva República. La constitución de una república laica y democrática podría ser una alternativa al estado judío en las fronteras restringidas del estado de Israel con su corolario: la formación de una nación ciudadana "palestisraelí" nueva. Sin embargo, esta opción laica y republicana no parece ser ni la más probable ni siquiera la más deseable. Su principal debilidad, que es también la del modelo republicano al alba del tercer milenio, es que no toma en consideración la diversidad esencial de la identidad colectiva, nacional o étnica, de los individuos que supuestamente forman la nación ciudadana. Como decía recientemente, entre muchos otros, Alain Dieckhoff: "La democracia republicana inscribe al individuo en un colectivo: ciudadanía, movilización cívica. Pero su límite actual, es su carácter hiperpolítico que no concibe al individuo más que como ciudadano. Sin embargo, esta dimensión política no es sino una faceta del individuo moderno... No hago sino constatar el debilitamiento de la pareja estado-nación. Del estado, pues cumple menos que antes su función de regulación, y de la nación como colectividad de ciudadanos... Hay que salir del dogma: un estado, una cultura, un pueblo. Si naturalmente la cuestión de reivindicaciones nacionalistas afirmadas se plantea, es preciso, me parece, darle un espacio no solo de libertad, sino de expresión, incluso constitucional. El estado multinacional puede ayudarnos a ello, pues supone sociológicamente varios pueblos en un mismo estado... Habría pues que intentar ir hacia un estado más pluralista en el que una ciudadanía compartida iría a pareja con el reconocimiento de identidades colectivas diversas. Si esta cuestión de la expresión colectiva de grupos constituidos se plantea hoy, más de dos siglos después de la revolución francesa, en la mayor parte de los países de Europa, incluso en la Francia republicana, es aún más pertinente para un país como Palestina, en el que colectividades más o menos constituidas se han formado en el curso de los últimos decenios, a través de un conflicto doloroso y sangriento entre ellas. La necesidad de expresión autónoma, cultural y lingüística, pero también política, tanto para los israelíes como para los palestinos, parece casi una evidencia. El marco multinacional, sea en la Palestina histórica o en los límites del estado de Israel, aparece como una opción mucho más realista y creíble que un marco únicamente democrático, laico y ciudadano. Más allá de la necesidad de un espacio institucionalizado de expresión colectiva para las comunidades que componen el colectivo ciudadanía, la opción multinacional permite superar la obsesión demográfica. En efecto, la garantía de una mayoría étnica -siempre cargada del peligro de política de depuración- es percibida, en el marco del estado nacional, como la condición de la autodefensa de la especificidad cultural de la nación mayoritaria. El multinacionalismo, al contrario, garantiza la defensa de esta especificidad, independientemente del número y de los cambios demográficos. Esto permitiría, en el contexto concreto israelo-palestino, un planteamiento menos atemorizado de la cuestión de los refugiados palestinos y de su vuelta al país, sin amenazar sin embargo la autonomía, la autogestión o incluso el autogobierno de la comunidad judía. El rechazo a contemplar el derecho al retorno de los refugiados palestinos es ante todo la expresión del miedo a perder la mayoría judía, siendo percibida esta exigencia de mayoría como la condición sine qua non del mantenimiento de este "espacio constitucional de libertad y de expresión". Si un espacio así puede existir independientemente del número, y es lo que el binacionalismo significa conjugando igualdad individual e igualdad entre colectivos organizados, no hay ya lugar para temer una "mayorización" por otra comunidad. Además, la opción bi o multinacional permite dejar abierta la cuestión de la partición o no entre dos estados independientes, que guarda en los dos casos su pertinencia. Si se supone bien la ineluctabilidad, bien la necesidad de un estado palestino en Cisjordania y en la banda de Gaza, al lado de un estado de Israel democratizado (y por tanto bi/multinacional), todo parece indicar que las situaciones económicas, culturales y ecológicas empujarán rápidamente a esos dos estados a federarse, creando así una entidad política nueva que articularía unidad y autonomía. Si, en cambio, se defiende la opción de un marco unitario, verdaderamente democrática, este deberá, a fin de permitir la expresión de los colectivos nacionales, étnicos o culturales que le componen, federarse, y por tanto ahí también crear una articulación entre unidad y autonomía. Mucho antes de ser un programa político preciso y una forma concreta de institucionalización de la vida ciudadana, el binacionalismo se pretende un sistema de valores que tiene por objetivo regularizar la coexistencia entre los pueblos y las comunidades que viven en el territorio de la Palestina histórica, sobre la base de la igualdad y del respeto de las especificidades de cada uno de esos grupos. Es un sistema en las antípodas de la filosofía de la separación que se encuentra en el corazón del sionismo, en sus presupuestos y su aplicación. Igual que el apartheid, el sionismo es una filosofía de la separación que parte de la idea de que cuantos menos contactos haya con el otro, mejor -"ellos en su casa y nosotros en la nuestra"-. Excluye, por principio el pluralismo y aspira a la homogeneización: un estado, un pueblo, una nación, una cultura, una ideología. Por otra parte, y precisamente por ello, en Israel, los barrios y los pueblos agrícolas son muy a menudo reservados a comunidades culturales precisas (religiosas o laicas), y el sistema escolar, dividido en sistema escolar laico, religioso, árabe, etc. No por pluralismo sino al contrario, por voluntad de homogeneización que, cuando se demuestra imposible, toma la forma de la separación, es decir de entidades homogéneas paralelas. El binacionalismo es el exacto opuesto de esta filosofía del apartheid. Como escribe Amon Raz-Krakotzkin, sumándose así a las tesis de Alain Dieckhoff: "El binacionalismo constituye un conjunto de valores, y no forzosamente un compromiso político concreto. Implica la separación de la identidad nacional y del estado, y la percepción del otro como parte integrante de la autodefinición de cada uno...". Un poco más lejos, añade: "La emancipación de los judíos pasa obligatoriamente por la emancipación de los palestinos, y la inclusión de su memoria y de sus aspiraciones en la historia de la región y en sus proyectos de futuro. En este contexto, la cuestión que debería plantearse es la de saber cómo definir una colectividad judía en Palestina que estaría basada en el reconocimiento de los derechos palestinos. Es imposible distinguir la discusión de la identidad judía del debate sobre el conflicto nacional que prosigue y de la cuestión de la responsabilidad en la tragedia palestina. Así. el binacionalismo constituye el contexto evidente de toda discusión política o cultural".
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AFGANISTÁN A TRAVÉS DE UN BURKA Paco Romero
"Kandahar" 2001. Irán. Dirección, guión y montaje: Mohsen Makhmalbaf Protagonizada por: Nilovfar Pazira, Asan Tantai, Sadou Teymouri.
La historia de Nafas está basada en un hecho que le sucedió a la actriz principal: una mujer que huyó a Canadá y que decide volver cuando recibe una desesperada carta de una amiga que ha decidido suicidarse dadas las condiciones de vida de las mujeres en Afganistán. Para ella, no sólo significa volver a ver Afganistán a través de un burka. Es algo más. Es renunciar de golpe a la cotidianeidad de ser reconocida como una persona individual, para confundirse en una maraña de colores bajo la que sólo existe la asfixia de quien no puede respirar libremente. El viaje de Nafas hasta Kandahar es algo más que una forma de presentar la realidad de Afganistán antes de la guerra. El acierto del film es que hay una buena historia y unos personajes creíbles enmarcados en un contexto que por crudo no deja de ser real. De esta forma, el director es capaz de provocar la risa allí dónde no cabe más que la resignación o la ternura en una situación en la que pareciera imposible que el amor fuese más fuerte que la tela de un burka. Makhmalbaf ha logrado que el espectador pruebe a ver el mundo a través de un burka y que al salir del cine se aspire profundamente el contaminado aire libre de nuestras ciudades. ¿Globalización? Sí, pero de derechos. |
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Muy diferentes vientos confluyen en el tornado que se ha levantado contra la L.O.U. Haciendo el esfuerzo considerable de tratar de ver todas las respuestas como un "movimiento", diríamos que éste va construyéndose como una suma de hazañas y decepciones, resultado en gran medida, tanto las unas como las otras, de la heterogeneidad de los sujetos implicados. Hablamos de hazañas, sí, como las que aún se suceden en Santiago de Compostela, hasta hace dos meses un erial en lo que a movimiento estudiantil se refería; pero también de grandes decepciones, sufridas ya más internamente en el choque frontal de diferentes culturas de movilización. Partimos en el mes de octubre, que es cuando realmente se produce el toque de corneta sindical que saca a la luz pública el conflicto. Un conflicto entonces minoritario, apenas encabezado por la Conferencia de Rectores y las débiles voces de unos cuantos estudiantes aplicados que aprovechamos el verano para estudiar el proyecto además de las asignaturas pendientes. Las excepciones a la regla se daban allí donde los equipos rectorales se habían liado la manta a la cabeza y habían sacado a la gente a la calle antes del verano. En el resto, los profesores más concienciados esperaban angustiados que de una vez por todas los sindicatos rompieran el silencio, pues las fechas de tramitación se echaban encima. La Universidad parecía dormida y los objetivos se marcaban por tanto en función de las previsibles limitaciones: un paseo testimonial a principios de noviembre, y luego ya veremos... Incluso en este marco, la capacidad (o voluntad) de acuerdo entre sindicatos y estudiantes fue nula. Aparecen dos fechas por separado (7 y 14) y todo empieza a pintarse como un paseo triunfal para Pilar del Castillo. La convocatoria del 7 se salva honrosamente gracias al apoyo final de la mayoría de los estudiantes y se vende como éxito histórico y demostración de fuerza unitaria. Ante la primera "hazaña", los sindicatos deciden no desligarse finalmente del todo de la del 14, que al menos dobla las cifras de la semana anterior gracias a que el movimiento estudiantil se vuelca en esta fecha. En ese momento las direcciones sindicales (a las que se suma presto el PSOE) acaban por apropiarse del "movimiento", tanto reivindicando las cifras alcanzadas como lanzando el "órdago" de una Gran Marcha sobre Madrid el 1 de Diciembre. Como contrapunto a este modelo de convocatoria y movilización habían empezado a surgir paralelamente, y de forma casi espontánea, movimientos asamblearios tanto de profesores como de estudiantes en diferentes focos poco tenidos en cuenta y aislados (Santiago, Cartagena, Sevilla...). En estos lugares es donde se consigue un mayor grado de concienciación, trabajo y movilización, promoviendo un agotador ritmo de huelgas indefinidas combinadas con innumerables y multitudinarias acciones de protesta. Allí donde se pudo se trató de buscar la generación también de una dinámica propia al margen (pero no necesariamente enfrentada) de las fechas marcadas unilateral y centralmente. Empiezan a surgir potentes movimientos en Vigo, A Coruña, Girona, etc., se refuerza en las diferentes universidades de Barcelona, y surgen otros algo más modestos en Valladolid, Granada, Alacant, Málaga... Mientras, el movimiento sigue teniendo un claro objetivo: echar abajo la LOU.
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En unos momentos de insoportable choque, Bin Laden ha conseguido no solo aterrorizar a las multinacionales o a los defensores del orden neo-liberal sino también a la gente en general. O pero aún, ha dado un pretexto a los gobiernos, a los poderes públicos, a la patronal para hacer aprobar un arsenal represivo sin precedentes y acabar con miles de puestos de trabajo. El Parlamento Europeo también ha contribuido a esta ofensiva para reforzar el orden moral y policial. En pocas horas se le ha pedido que vote la congelación de las cuentas financieras de veintisiete organizaciones catalogadas como "terroristas" por la CIA, sin otra prueba ni justificación que la confianza absoluta que sin duda merece esta institución. Solo cuarenta y cuatro diputados han rechazado dar semejante voto de confianza a una agencia que tiene una definición muy particular de "terrorismo". Porque, ¿no es la CIA la que ha cambiado en los formularios de visado de EE UU la famosa pregunta "¿Es usted comunista?" por la de "¿Es usted terrorista?". Sin duda, un mero cambio de sinónimos. Se han dado prisa, cuando jamás el Parlamento Europeo se ha dignado a ocuparse de la cuestión clave del secreto bancario o de los paraísos fiscales. Demasiadas prisas, porque el Consejo, pocos días después, decidía que a fin de cuentas era más presentable utilizar la lista confeccionada por Naciones Unidas que la de la CIA. Apenas acabado el recuento de votos, la Comisión de Libertades fue reunida para discutir y enmendar un "proyecto marco" de la Comisión Europea proponiendo una definición comunitaria de "terrorismo", de sus diferentes manifestaciones y delitos y de las penas previstas. Si este documento es aprobado por el Parlamento Europeo en su sesión plenaria del 29 de noviembre, la Unión Europea entrará en un estado de excepción permanente. El próximo jueves 29, corremos el peligro de convertirnos todos en "terroristas". Elemento esencial del proyecto, el primer párrafo del artículo 3: "Cada estado miembro tomará las medidas necesarias para que los delitos siguientes, definidos de acuerdo con su legislación nacional, cometidos intencionalmente por un individuo o grupo contra uno o varios países, sus instituciones o su población con el objetivo de amenazarlos, dañar gravemente o destruir las estructuras políticas, económicas o sociales de un país, sean sancionadas como infracciones terroristas". No exageramos. Como anticapitalistas, siempre hemos estado contra las "estructuras políticas, económicas o sociales de nuestros países e intentamos acabar con ellas mediante la acción colectiva de "grupo". Sí, somos culpables de haber participado en las grandes movilizaciones que han socavado los poderes establecidos, como en Francia en 1995. Y hace poco en Niza, en Génova, hemos "amenazado" las "estructuras económicas y sociales": OMC, FMI, Banco Mundial. Peor aún, hemos participado en la "ocupación ilícita de instalaciones públicas o gubernamentales, de medios de transporte públicos, infraestructuras, lugares públicos..." (art. 3, párrafo f); con los emigrantes sin papeles de Saine-Saint Denis hemos ocupado la antigua comisaría de policía de Saint Denis después de haber ayudado a los trabajadores de Moulinex a ocupar su fábrica para evitar su desmantelamiento.... Aún más grave, hemos bloqueado aeropuertos para impedir la expulsión de los emigrantes sin papeles, ocupado centros de retención e incluso casas vacías para realojar a los sin techo. Nuestro caso se ve agravado por la "puesta en peligro de personas, bienes, animales y el medio ambiente" (art.3 párrafo h). Reconocemos que hemos ayudado a los militantes de la Confederación Campesina a destruir los campos plantados con OGM, asustando seriamente a los dos perros guardianes que nos amenazaban. Unas semanas más tarde, nuestro caso todavía empeoraba con un delito adicional de terrorismo: hemos ayudado a los trabajadores de EDF, amenazados por las privatizaciones europeas en curso, a parar el trabajo, es decir a hacer huelga, o , como señala el párrafo i del mismo artículo, a participar en "la perturbación o la interrupción del aprovisionamiento de agua, electricidad y otros recursos esenciales". Pero como somos ante todo militantes, tenemos la intención de seguir haciéndolo. Sumamos así a nuestro caso un nuevo delito (párrafo k del mismo artículo, que define como acción terrorista "la amenaza de cometer uno de los delitos aquí enumerados"). Y como somos más de dos en nuestras respectivas organizaciones "terroristas", caemos en la previsión del párrafo 2, que dice: "Se entiende por grupo terrorista una asociación estructurada de mas de dos personas que actúan en un periodo de tiempo y de manera concertada para cometer los delitos terroristas señalados". Por todo ello, nos pueden caer de dos a veinte años de cárcel. A menos que, naturalmente, aceptamos colaborar y denunciar a nuestros camaradas, es decir "se renuncie a las actividades terroristas y se proporcione a las autoridades administrativas y judiciales información que pueda ayudarlas" (artículo 7, párrafo a y b) Bin Laden y sus amigos no tienen de que preocuparse: todo este dispositivo no les afecta. Como tampoco las nuevas medidas adoptadas en EE UU o en Gran Bretaña, que permiten encarcelar sin juicio previo e inmediatamente a extranjeros que puedan ser potenciales terroristas. Ni el Plan Vigipirate en Francia y sus nuevas disposiciones de seguridad, que ya han permitido aumentar un 30% la población inmigrante en los centros de retención. Ni Bin Laden ni sus amigos acostumbran a pasearse por ahí sin papeles con una bomba en los bolsillos; ni ocupan fábricas ni bancos. Más bien los dirigen. Por el contrario, los gobiernos de la Unión Europea se dotan así de los medios de criminalizar los movimientos sociales, dando un contenido más preciso a la Europa de Maastricht. Después de Génova, Berlusconi calificó a los manifestantes de "aprendices de terroristas". El 29 de noviembre, en Bruselas, pueden tener su victoria. Pero todavía estamos a tiempo de reaccionar.
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