La coordinación y realimentación de las protestas, especialmente en el eje mediterráneo y también en Madrid y en Quito (Ecuador), suponen reavivar las brasas de la rebeldía y las aspiraciones libertarias, igualitarias y solidarias a ambos lados del Atlántico. Y además las protestas comienzan a convertirse en cemento mestizo, amalgamando la pluralidad y la diversidad de inmigrantes de orígenes étnicos y nacionales varios. La unidad que nos sirve es la que nos une en la lucha.
Es la hora de concatenar los encierros y los
ayunos, hombro con hombro, mano con mano, cooperando las personas inmigrantes
con las personas acogedoras y solidarias, administrando las fuerzas de
forma inteligente para garantizar la resistencia en el tiempo. Es hora
de generalizar la solidaridad entre las personas autóctonas y quienes
han elegido nuestras tierras para vivir y trabajar, dejando atrás
familiares, amistades y entorno natural. Es imprescindible el apoyo mutuo
entre inmigrantes con papeles y sin papeles. Es urgente extender la desobediencia
civil y la dignidad con coraje. Estamos en los comienzos de un nuevo movimiento
de insumisión transversal, multiétnico y transnacional, no
ajeno a las inquietudes por la abolición de la deuda externa y por
la resistencia al neoliberalismo.
Las grandes hazañas sólo son la suma de pequeñas decisiones.
Sobran razones para la acción solidaria: también abundan las ilusiones. Solidaridad es ternura entre pueblos. Insumisión es coraje cívico y dignidad.
Hay argumentos añadidos en algunos casos: con América y con Africa tenemos la deuda histórica del acogimiento humanitario que realizaron con el exilio económico y político tras la guerra civil española de 1936-1939. Ahora sucede a la viceversa.
El movimiento deviene ambicioso: invitamos a reflexionar a pequeños ganaderos y agricultores, a comerciantes, a propietarios de viviendas, y a otros profesionales y particulares y a implicarse en la defensa de quienes atienden sus cosechas y su ganado, compran en sus tiendas y alquilan sus casas, cuidan a sus niños o a sus personas mayores, imposibilitadas o discapacitadas, a levantar la voz en favor de los y las inmigrantes y a condenar las acciones y los discursos racistas y xenófobos.
También llamamos a quienes conviven amistosamente y comparten vecindad con las personas inmigrantes a dar un paso adelante en favor de sus vecinos y vecinas.
Son vitales la implicación y la unidad
de todas las organizaciones sociales y colectivos ciudadanos, sindicatos,
asociaciones diversas, grupos confesionales y sociopolíticos, para
conjugar esfuerzos en una acción cooperativa, decidida, continuada
y firme contra la regresión racista y xenófoba que suponen
la Ley de Extranjería y los planes del gobierno de Aznar y Mayor
Oreja.
Vicente Cervantes
Colectivo Arco Iris - Utopía Contagiosa de Murcia
Sumarios:
El movimiento que pide derechos y papeles
para tod@s ha puesto a la defensiva al Gobierno Aznar.
Es hora de generalizar la solidaridad entre las personas autóctonas y quienes han elegido nuestras tierras para vivir y trabajar, dejando atrás familiares, amistades y entorno natural.
Hay que conjugar esfuerzos en una acción
cooperativa, decidida, continuada y firme contra la regresión racista
y xenófoba que suponen la Ley de Extranjería y los planes
del gobierno de Aznar y Mayor Oreja.
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