Èxit de Le Pen a la primera volta presidencials franceses

Razones de una catástrofe

Christian Picquet. (Rouge, 24-4-02)


 

Contra todos los comentarios que en numerosas ocasiones le habían declarado agonizante, la extrema derecha acaba de provocar en Francia un seísmo político con una onda de choque aún incalculable. Este nuevo salto adelante representa un peligro gravísimo para la izquierda, el mundo del trabajo, la democracia.

Mientras la tasa de abstención progresa en más de seis puntos sobre el escrutinio presidencial de 1995, Le Pen gana 234469 votos. En total, los dos partidos neofascistas, Frente Nacional y Movimiento Nacional Republicano, obtienen una influencia de 19,20% en la primera vuelta. Jacques Chirac no supera el 19,88%.

Sin duda, la presencia del caudillo frentista en la segunda vuelta de las presidenciales no puede asimilarse a la conquista del poder por Hitler. Al contrario de los años noventa, el auge de la extrema derecha se opera en el momento en que sus formaciones no han superado los efectos centrífugos de la escisión de 1998. Lo que les impide, a corto plazo al menos, representar una posible solución de recambio a los partidos de gobierno.

Pero ¡así y todo!. La realidad del voto a favor del Frente Nacional da la medida del desafío. Le Pen llega en cabeza en nueve de las 21 regiones metropolitanas y supera el 20% en 25 departamentos. Sus bastiones se sitúan al este de una línea Le Havre-Perpignan, con un record de votantes en el Vaucluse (29,7%), y niveles superiores al 27% en los Alpes marítimos, el Alto Rhin, el Bajo Rhin, el Gard, Bouches du Rhôn y el Mosella. Si el mapa del voto lepenista tiende ya a ocupar todo el territorio nacional y a tocar al conjunto de las categorías sociales, el competidor de Chirac se sitúa, sin embargo, en cabeza entre los parados (30% de los votos) y los empleados (23%). Sigue a Lionel Jospín entre los obreros (18% contra 19%) y está inmediatamente después de Chirac entre los jubilados. Fenómeno nuevo, obtiene hoy el 17% de los votos entre los agricultores y el 19% entre los cuadros medios.

Tanto como decir que el neofascismo continúa disfrutando del aporte electoral de las victimas de la desreglamentación liberal, del paro y de la precariedad, de las reestructuraciones económicas, de la degradación de las condiciones de vida. El gran movimiento del invierno de 1995 y la renovación concomitante de la radicalidad social atenuaron un tiempo el impacto de las ideas lepenistas en la sociedad francesa. Pero, habiéndose negado la izquierda plural a responder a las esperanzas de las clases populares y no traduciéndose aún el auge de la izquierda radical en una real alternativa política, la extrema derecha ha visto reabrirse ante ella un verdadero boulevard.

La crisis de la representación política tradicional, el desgaste de la V República, el descrédito de las élites gobernantes, la pérdida de las capacidades reguladoras el estado-nación bajo el choque de la mundialización de los mercados y de la finanza, habrán hecho el resto. ¿Cómo explicar de otra forma la tasa record de abstención este 21 de abril, la pérdida de 3,8 millones de votos por la derecha parlamentaria y de 1,5 millones por la izquierda gubernamental, la transferencia de un cuarto de los electores de Chirac en 1995 hacia Jean Marie Le Pen?. Esta crisis se habrá incluso agudizado en la medida en que los "grandes" candidatos no mostraban diferencias perceptibles para una mayoría del electorado y se ponían de acuerdo para hacer de la "inseguridad" su principal caballo de batalla. Resultado: en la motivación de su comportamiento, los electores lepenistas plantean esta cuestión... por delante de la de la inmigración.

Falta trágica la cometida aquí por el estado mayor de Lionel Jospin al creer juicioso competir con sus adversarios de derechas en su terreno favorito. Tanto más cuando en un contexto internacional turbado por el 11 de septiembre, y luego por la guerra de Palestina, numerosos puntos de referencia se habían oscurecido. Los llamamientos a la restauración de la autoridad del Estado no podían sino atizar las más oscuras aspiraciones a un régimen fuerte, las pulsiones xenófobas, el racismo ordinario, los repliegues comunitarios o el miedo fantasmal de una pretendida amenaza islámica. Si su actitud demagógica permitió a Chirac salvar su posición a la cabeza del escrutinio, el jefe frentista encontró en ella el principal resorte de su éxito. El candidato socialista habría sin embargo debido escuchar a este último pavonearse de la "lepenización" del discurso político y advertir que sus electores preferirían siempre el original que la copia. Fuimos de los pocos a lanzar la señal de alarma durante la campaña....

Incluso si la batalla para que Le Pen tenga los menos votos posibles el 5 de mayo trae sus frutos, esta presidencial abre una crisis mayor del régimen y de sus instituciones. La presión de una extrema derecha con casi la quinta parte de los votos expresados en la primera vuelta no dejará de tener sus consecuencias sobre los equilibrios internos de la derecha tradicional, como sobre la brutalidad de las políticas que intentará aplicar contra el mundo del trabajo, la juventud, las mujeres, los inmigrantes... Es decir que es urgente refundar una esperanza a la izquierda, en ruptura con la herencia catastrófica de la izquierda plural....

 


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