La jornada de este Primero de Mayo se celebra en un momento de la historia especialmente crítico para el futuro de la humanidad: las consecuencias destructivas e injustas del modelo neoliberal están provocando ya la reacción creciente de l@s trabajador@s en muy distintas partes del mundo, pero no por ello los grandes poderes del planeta dejan de renunciar a seguir imponiendo unas políticas neoliberales y de guerra global, al servicio de un capitalismo cada vez más autoritario y militarizado. Desde el 11-S y el inicio de la guerra de Afganistán el 7-O, a lo que estamos asistiendo a escala internacional es a una verdadera ofensiva en toda regla contra los derechos y libertades de los pueblos. En este nuevo escenario crisis como la de Argentina revelan la creciente pérdida de legitimidad de las políticas del FMI, del BM, de la OMC y del G-7, mientras que el golpe de estado fallido en Venezuela (que, junto con el de EEUU, contó con el apoyo entusiasta del gobierno de Aznar) muestra hasta qué punto la derecha transnacional está dispuesta a saltarse sus propias reglas del juego cuando ve amenazados sus intereses económicos y geoestratégicos. Pero es sin duda en Oriente Medio donde se encuentra la clave de una confrontación en la que está en cuestión no sólo la supervivencia del pueblo palestino sino, como ocurrió en los años 30 durante la guerra civil española, la posibilidad de detener el rumbo a la barbarie generalizada emprendido por Bush, Sharon y sus aliados en las diferentes regiones del mundo.
En este marco las políticas de la UE son de sumisión en lo militar a EEUU y de agudización de la competencia con el amigo americano en la carrera de las liberalizaciones de los servicios públicos, de la reducción de los gastos sociales y los costes del trabajo asalariado, como han puesto de manifiesto las decisiones de la cumbre de Barcelona. Así, con la excusa de la amenaza de la recesión, los despidos masivos en las grandes empresas y el aumento de la nueva figura social del precariado son la norma, dando nuevos pasos adelante en la sobreexplotación y exclusión social de mujeres, inmigrantes, mayores y jóvenes en general. A esas políticas antisociales se une el auge del autoritarismo y la xenofobia, mediante el nuevo arsenal de medidas antiterroristas que, en nombre de la lucha contra la inseguridad, amenazan con un retorno a regímenes de excepción que no hace más que favorecer, como ha ocurrido ya en varios países europeos y recientemente en Francia, el ascenso de una extrema derecha nostálgica del fascismo; un ascenso al que, por cierto, no ha sido ajeno un gobierno de la izquierda plural que ha terminado confundiéndose con la derecha y ha conocido un rechazo significativo por su izquierda.
El gobierno de Aznar, presidente de turno de la UE, es uno de los que más se están distinguiendo, junto con Berlusconi y Blair, en el impulso de esas políticas, como estamos viendo con el proyecto de Ley de Partidos Políticos, la anunciada reforma de las prestaciones por desempleo y el abaratamiento del despido, o la desfiscalización creciente del Estado a través del nuevo IRPF, por no hablar de otras como la agresión clasista directa a la enseñanza pública, la represión del libre derecho al ocio de la juventud o la obsesión en querer imponer un Plan Hidrológico insostenible. La primera, de aprobarse, va a significar el retorno a un régimen pre-democrático, ya que no sólo pretende ilegalizar a Batasuna, algo que sin duda alguna rechazamos, sino que amenaza con criminalizar a cualquier formación política nacionalista o de izquierdas con el pretexto de que puedan cuestionar alguno de los pilares de un régimen que se está conformando cada vez a la medida de los intereses del partido hegemónico y de un poder económico cada vez más implicado en la economía criminal, de la que el caso BBV no es más que la manifestación escandalosa más reciente. En cuanto a la reforma de la protección social, nos encontramos con otra nueva vuelta de tuerca contra l@s trabajador@s en paro y el intento de culpabilizarl@s por su situación; mientras que con la eliminación de los salarios de tramitación se pretende facilitar el despido improcedente. En lo que se refiere a la reforma del IRPF, de nuevo se trata de un avance hacia la disminución de la imposición sobre los más ricos, acortando así las distancias respecto de los paraísos fiscales oficialmente existentes, al mismo tiempo que prosigue el recurso a una imposición indirecta que perjudica a la mayoría de la población.
Pero frente a las intrigas palaciegas de las diversas cumbres y a esa nueva ofensiva en todos los planos, un nuevo fantasma recorre el mundo: el de un movimiento de movimientos que, desde Seattle, sigue adelante y no se ha visto amedrentado por el 11-S y el 7-O, como pudimos comprobarlo en Bruselas en diciembre pasado y lo hemos visto recientemente en Barcelona, el 16 de marzo, y en Valencia, el 20 de abril. Un movimiento diverso social, política y generacionalmente pero que converge en la acción y en la lucha contra la globalización neoliberal, la Europa del Capital y la Guerra. Un movimiento que cuenta cada vez más con el protagonismo de una nueva generación que no sufre el lastre de las derrotas del pasado y que está convencida de que otro mundo es posible y de que puede contar con las fuerzas suficientes para llegar a alcanzarlo.
Frente a este (des)orden imperial, cuyas grietas empiezan a verse ahora por muchas partes, los sindicatos mayoritarios, agrupados en torno a la CES, han mantenido hasta ahora una actitud generalmente subalterna e incluso cómplice en muchos casos de las políticas neoliberales de sus respectivos gobiernos, en la vana esperanza de combinar la mejora de la competitividad nacional-europea con la atenuación de los daños sociales. Esa orientación se está demostrando errónea desde el punto de vista de la defensa de los intereses del mundo del trabajo en su conjunto y especialmente de los más débiles: inmigrantes, mujeres y jóvenes. Tampoco las direcciones sindicales se han esforzado por buscar la convergencia con el movimiento antiglobalización y con la nueva generación emergente, manteniendo por el contrario una actitud distante y reticente a la unidad de acción, sin que ello suponga ignorar la importancia de manifestaciones como la que se produjo en Barcelona el pasado 14 de marzo. Por este motivo, generalmente al margen de esas estructuras, ha surgido un sindicalismo combativo y anticapitalista que, aunque minoritario, ha contribuido en los últimos tiempos a impulsar la solidaridad con luchas como las de los inmigrantes y la participación activa en el movimiento antiglobalización de sectores de trabajadores y precarios, no siendo ajenas a esos procesos las diferenciaciones que se están produciendo actualmente en el seno de los sindicatos mayoritarios. Las experiencias vividas en Italia en los últimos tiempos, desde la participación de la FIOM (la federación del metal de la CGIL) en la movilización antiglobalización de Génova hasta la reciente Huelga General contra el despido libre y el gobierno de Berlusconi, tienen que ser una referencia para el movimiento sindical en el Estado español.
El movimiento contra la injusticia global generada por el capitalismo neoliberal se está reconociendo en cada una de las luchas en las que la gente resiste a las distintas formas que aquélla adopta, imaginando y construyendo al mismo tiempo procesos de autoorganización, acciones y propuestas que apunten hacia un nuevo internacionalismo y un cambio radical de sistema y de sociedad. El movimiento sindical, con sus peculiaridades, no puede vivir ajeno a esa realidad de lucha y de solidaridad convergente que está creciendo en diversas partes del mundo. Su contribución es indispensable no sólo para que ese movimiento pueda contar con la fuerza suficiente para parar los ataques del capital y las guerras actuales sino también para que el mundo del trabajo se vea fortalecido en la lucha por sus derechos fundamentales en una UE cuyo presunto modelo social es sólo ya un mito.
Por eso desde Espacio Alternativo consideramos que CCOO, CGT, CIG, ELA-STV, LAB, UGT y los sindicatos de clase en general deberían participar, en unidad de acción con la Campaña Contra la Europa del Capital y la Guerra, en las próximas convocatorias de MADRID (19 DE MAYO), y SEVILLA (22 DE JUNIO) contra las Cumbres oficiales que se celebrarán en esas ciudades bajo la presidencia española de la UE. Esa será una de las mejores formas de preparar las condiciones para una HUELGA GENERAL A ESCALA ESTATAL CONTRA EL GOBIERNO DE AZNAR Y LA PATRONAL y sus políticas contrarias los derechos de los trabajadores y de los pueblos.
Pero el Primero de Mayo nació como una jornada de afirmación internacionalista de los trabajadores y oprimidos en general y por eso no podemos olvidar que nuestra solidaridad tiene que estar hoy, más que nunca, con el pueblo palestino y la lucha por sus derechos nacionales, POR UNA PAZ JUSTA EN PALESTINA, impulsando una movilización sostenida basada en múltiples iniciativas, entre ellas el envío de brigadas sindicales por la paz en esa región. Con los palestinos y palestinas, con los israelíes que luchan contra la guerra de Sharon y Bush, tenemos que gritar muy alto: ¡SHARON, BUSH, ASESINOS! ¡INTIFADA, INTIFADA!
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