24 de abril de 2002
Los resultados de las elecciones en Francia confirman varios fenómenos significativos que deben llevar a una profunda reflexión entre las gentes de izquierda:
en primer lugar, revelan una importante desafección ciudadana frente a los partidos del gobierno de la izquierda plural, cada vez más confundidos con la derecha y las políticas neoliberales. Esa desafección se ha podido manifestar tanto de un modo pasivo y desencantado en el aumento de la abstención como de una forma activa y crítica en el voto a las formaciones de izquierda radical, especialmente las representadas por Arlette Laguiller y Olivier Besancenot.
en segundo lugar, muestran también la consolidación del voto de una parte del electorado en una formación de extrema derecha, la cual, aunque sin haber aumentado sustancialmente su apoyo electoral, ha sabido explotar el malestar de un sector social ante la inseguridad ciudadana y la política gubernamental en un sentido xenófobo y autoritario. En esto recae también una parte de responsabilidad en Jospin por haber aceptado un enfoque del problema de la seguridad en términos meramente policiales, así como en los grandes medios de comunicación , cómplices del discurso de la derecha y de haber establecido un debate público fuera de lugar.
en tercer lugar, se ha podido comprobar también que existen una izquierda social y una parte importante de jóvenes, vinculados especialmente a los movimientos llamados antiglobalización, que están dispuestos a apoyar y colaborar en la reconstrucción de una izquierda anticapitalista y alternativa en Francia, distinta de la izquierda comunista tradicional, y, al mismo tiempo, a hacer frente desde la movilización al ascenso de la extrema derecha, como se está comprobando desde la misma noche electoral.
en fin, la atribución de la responsabilidad del fracaso del candidato Jospin a la división de la izquierda desvía la atención sobre los problemas de fondo revelados por estas elecciones. Por una parte, ha habido varias candidaturas en todos los campos políticos, incluyendo los que pasan a la segunda vuelta. Pero además, y sobre todo, la desafección del electorado de izquierdas se ha dirigido hacia la política de un gobierno unitario de lo que llaman en Francia la izquierda gestora del sistema. La lección principal de las elecciones es, por tanto, que la izquierda necesita una política alternativa.
Consideramos que el desenlace de esta primera vuelta contiene también lecciones para la izquierda en el Estado español. Porque el balance del centro-izquierda no puede ser más concluyente: a medida que esas fuerzas han ido siguiendo la estela de Blair, amigo de Bush y Aznar, se ha podido comprobar que han ido perdiendo toda credibilidad como alternativa frente a la derecha. Urge, por tanto, un giro radical en aquellos sectores de la izquierda que todavía sueñan en reeditar experiencias como la del Olivo o la de una izquierda plural que como ha reconocido más de uno de sus dirigentes en la noche del 21 de abril- no ha sabido distinguirse de la derecha en estas elecciones. Pero, además, con el voto a formaciones de izquierda que no tenían nada que ver con esa izquierda plural se ha visto también que es posible construir un espacio de izquierda anticapitalista, ecologista, feminista y alternativa, una izquierda de izquierdas. A esa tarea llamamos también desde Espacio Alternativo.