EDITORIAL
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LA IU QUE QUEREMOS (RECOMPONER)

El recorrido llevado por IU desde su esperanzador origen hasta su atormentada situación actual no ha podido ser más tortuoso sumiéndonos en este último período en una profunda preocupación ante su incierto futuro. En ese discurrir muchos miembros de Izquierda Unida no adscritos a los partidos fundadores de la coalición hemos estado expectantes ante el rumbo que la organización tomaría en términos de su pluralidad, de su relación con los movimientos sociales, de su democracia interna, de su capacidad de vincularse y activar a la izquierda social de este país..., esperando con ansiedad que el proyecto terminara por encaminarse hacia eso que sin estar totalmente definido denominamos como “partido de nuevo tipo”.

Sin embargo, hemos asistido a un retroceso en todos los campos de lo alternativo, en los procedimientos y en lo programático, en la incidencia y en la capacidad de tejer redes y vínculos con la ciudadanía. En un panorama social y político desolador, donde el fin de siglo asemeja el fin de la razón política transformadora, Izquierda Unida no es un oasis en el páramo sino que se muestra en toda su debilidad por la desafección electoral sufrida, por su escasa capacidad para incidir y articular socialmente y porque internamente zozobra en guerras intestinas que se disputan la custodia del proyecto político, sin coincidencia ni en el rumbo, ni en las coordenadas a dónde dirigirse, en lugar de unificar esfuerzos para aglutinar sectores sociales potencialmente disponibles para protagonizar un proyecto de cambio a un orden civilizatorio que es caduco, injusto, insolidario e insostenible.

Desde Espacio Alternativo abordamos desde ya la tarea de recomponer la izquierda alternativa, transformadora, una izquierda de izquierdas y lo hacemos en dos secuencias, la de la reflexión crítica y la de la propuesta para la acción.

En esa deriva de IU confluyen muy diversos factores que se han complementado perversamente, conduciéndola hasta un mortecino  aislamiento y que va desde el debate pendiente sobre la caída del bloque del Este o la escisión entre partidarios de orientar el proyecto IU hacia posiciones subsidiarias del PSOE y los que apostaron por la autonomía y/o confrontación frente a aquel,  que se resolvió inadecuadamente y abrió una “guerra tutelar” de lamentables consecuencias para la pluralidad interna, hasta el error estratégico de no haberse sabido adaptar al cambio de ciclo político de la derecha que representa el PP. IU nació contra el PSOE, ya convertido en gestor “amable” del neoliberalismo, que abandona el programa con que accedió al poder y se prodiga en sembrar derrotas sin concesiones a la izquierda social (OTAN, sindicatos, desempleo, jóvenes...).

La IU cuyo legado era aunar la diversas sensibilidades emancipatorias, aglutinando demandas de giro a la izquierda, sobre una base sólida y cambios efectivos, no ha sabido reforzar esa compleja identidad anticapitalista y dirigirla contra una derecha que no es que gestione sino que encarna los intereses del capital: el PP que ejemplifica el acceso al poder político del poder económico.

Esta incapacidad le ha ido restando fuerzas y credibilidad para articular un bloque social de la izquierda transformadora, imprescindible argamasa en un  contexto social de desmovilización y franco retroceso democrático. A todo ello hay que añadir la falta de permeabilidad con los movimientos sociales, ya  que mientras se mantiene la vinculación formal se han sucedido las rupturas y distanciamientos (movimiento ecopacifista, movimiento sindical, ciudadano, de mujeres...) en el plano de la política real.

Y mientras tanto, la parte, nada desdeñable, de la militancia de IU que mejor legitima el proyecto originario, por su heterodoxia, por su mayor participación en movimientos y organizaciones sociales, por su generosidad política, por su radicalidad, se encuentra cada vez más cansada, más afectada por el continuo goteo de abandonos, más reducida, por tanto; pese a lo cual no faltan aún quienes seguimos a la expectativa del rumbo que tomará  IU ¿hasta cuando?. Nos preguntamos si la VI asamblea no será el punto de inflexión donde definitivamente se abandone el proyecto de “partido de nuevo tipo” o si por el contrario se retoma o se refuerza la radicalidad en la ética de la política, la escrupulosa democratización de las estructuras, la generosidad política para con las minorías, el cuestionamiento de interinidad del cargo, el reconocimiento de la pluralidad y de la federalidad como los valores principales de IU, el rejuvenecimiento de las figuras públicas y la apuesta por la dirección colegiada frente a hiperliderazgos o cultos a la personalidad. En definitiva, si se apuesta por una formación política capaz de recoger lo más ético de los movimientos sociales y lo más operativo de un partido de izquierdas. Un movimiento político y social fuerte y flexible como el “junco”.