Tras la victoria por mayoría absoluta del PP y el fracaso del pacto PSOE-IU se abre una nueva fase, ya impostergable, en la reconstrucción de la izquierda. Una izquierda que es y va a ser mucho más plural que hasta ahora, no sólo en lo social y cultural sino también en lo político, pero que se va a encontrar con un contexto más adverso si cabe que el que teníamos antes del 12 de marzo. A la respuesta a ese reto debería contribuir el debate que se ha abierto en IU en el marco de la preparación de una VI Asamblea Federal que, en nuestra opinión, debería celebrarse a finales de julio o, al menos, a comienzos de octubre.
Porque es evidente hoy para todos y todas que era pura ilusión pensar que en un clima de desmovilización social y de ascenso de los valores neoliberales e insolidarios la derecha en el poder iba a ser derrotada por un pacto que, por distintas razones, ha sido visto como oportunista por amplios sectores del electorado potencial de izquierdas. Se impone, por tanto, una reflexión profunda sobre los factores externos e internos que explican la profundización de las tendencias a la moderación política en la sociedad española y que, acompañadas de cambios sociales importantes, se iniciaron hace ya más de dos decenios, tras el primer "desencanto" producido por la transición política.
Pero ese aprendizaje del pasado no debe servir como tarea autojustificatoria de las limitaciones con que se encuentra una izquierda transformadora en estos tiempos duros. Al contrario, ha de ayudarnos a conocer mejor las preocupaciones y la realidad cotidiana de las gentes de abajo con las que debemos relacionarnos para así buscar las brechas, las grietas en un sistema que sigue generando distintas formas de desigualdad, explotación y dominación y constituye una amenaza creciente para la supervivencia misma del planeta.
IU forma parte de una izquierda muy plural, pero ha de saber encontrar dentro de ella su lugar. Y pensamos que éste no puede ser ni el de fuerza subalterna de un PSOE en crisis abierta ni el de otra que pretenda autoafirmarse de nuevo como "la única izquierda". IU debe apostar abiertamente por ocupar el espacio de una izquierda alternativa, pluralista, federalista y dialogante y convergente con los movimientos sociales reales y las otras izquierdas en la lucha contra la derecha y en la construcción de un bloque de oposición al actualmente hegemónico.
Una izquierda alternativa significa, desde nuestro punto de vista, aspirar a superar las limitaciones que históricamente han tenido las tradiciones socialdemócratas y comunistas o, más recientemente, las exclusivamente verdes. Supone hacer el ajuste de cuentas con esas experiencias y afirmar la vocación de reconstruir una izquierda dispuesta a frenar hoy a la derecha, pero sin renunciar a la perspectiva de ruptura con un capitalismo estructuralmente injusto, depredador e irreformable. Dentro de ese horizonte el acento en lo rojo, en lo verde y en lo violeta no puede acabar quedándose en mera retórica sino, por el contrario, impregnar nuestros discursos y nuestras prácticas como respuesta a los principales problemas que atraviesan la Humanidad y el planeta.
Esa izquierda ha de ser pluralista, respetando el libre juego de mayorías y minorías y buscando al mismo tiempo el mestizaje y la confluencia entre las distintas sensibilidades y corrientes que puedan expresarse en función de los distintos temas de debate y actividad pública. Porque lo que ha perjudicado a IU no ha sido esa pluralidad sino el escaso desarrollo de una cultura política superadora de la percepción en términos antagónicos de las divergencias que han ido surgiendo. Es quizás aquí donde más se puede constatar el desgaste de las viejas generaciones y la necesidad de apostar por una renovación generacional que, con los puentes adecuados, ayude a construir una fuerza atractiva para quienes sienten un sano rechazo a seguir el viejo modelo partidario y el maniqueísmo predominante en él.
IU también tiene que ser coherentemente federalista. Ante una realidad plurinacional, reflejada sólo deformadamente en el Estado de las autonomías, imbricado a su vez en la UE, la izquierda ha de saber armonizar la diversidad de las respuestas a los distintos ámbitos de conflicto con la construcción en común de un proyecto organizativo federal y abierto que, además, ha de saber pensar y actuar con otras izquierdas afines a escala europea. Un proyecto que ha de apoyarse además, en cada Comunidad, en la potenciación de las experiencias más avanzadas de poder local y de democracia participativa, ya que, como estamos comprobando en otros países, sin la demostración previa de que "gobernamos para transformar" -y no al contrario- difícilmente podremos ser creíbles a escalas superiores.
Pero, sobre todo, en esta nueva etapa IU ha de saber conciliar su
preocupación por ser una fuerza dispuesta a reforzar su propia autonomía
con la modestia en su relación con las otras izquierdas y con los
movimientos sociales. Con el PSOE, con las izquierdas nacionalistas, con
distintos colectivos y sectores de izquierda politizados que no nos han
votado, IU debe establecer formas diversas de relación compatibles
con la preservación de su proyecto a escala estatal. Y con los sindicatos
-que deberían abanderar la oposición social a la derecha-,
con el movimiento ecologista, con el feminista, con el cada vez más
poderoso movimiento de solidaridad internacional -como demuestra el éxito
de la Consulta Social sobre la Deuda Externa-, con las asociaciones vecinales,
con la multitud de redes locales y sectoriales que, pese a su difícil
visibilidad en los grandes medios de comunicación, existen y luchan;
con todos ellos IU ha de buscar los foros, los ámbitos de colaboración
posibles, sabiendo además que en muchos de ellos hay afiliados y
afiliadas y simpatizantes de IU que llevan trabajando desde hace tiempo
y con los que hay que contar para recuperar esos vínculos sociales
a punto de perderse.