Miles de personas inocentes han muerto el 11 de septiembre en EE UU como consecuencia de los ataques terroristas perpetrados por fanáticos suicidas. Espacio Alternativo condena incondicionalmente estos actos y expresa su pesar por las víctimas y por el dolor de sus familiares y amigos.
Nuestra condena nos obliga al mismo tiempo a comprender la naturaleza de un ataque contra los símbolos de la hegemonía económica y militar de EE UU, ahora presentados cínicamente por los líderes del G-8 y de la OTAN como expresión máxima de los valores de la “civilización occidental”.
Quienes han llevado a cabo estas acciones con determinación suicida han querido poner de manifiesto la vulnerabilidad de la principal superpotencia mundial y llevar al corazón del Imperio la desesperación y el sufrimiento que experimentan millones de pobres y oprimidos en nuestro planeta. Este acto de venganza ha sido, sin embargo, estrictamente eso. En nada afecta a las causas estructurales que generan esa pobreza, opresión y violencia, sino que simplemente las reproduce, ampliando un círculo que tendrá ahora una nueva fase de represalia. Porque si nada justifica la violencia ciega, tampoco ésta puede justificar la venganza indiscriminada contra todo un pueblo, una cultura o una religión por los actos cometidos por una minoría. La calificación interesada de este ataque como “acto de guerra” por parte de Bush y sus aliados de la OTAN, incluido el Presidente Aznar, anuncia una posible escalada de respuestas armadas indiscriminadas, en cuya preparación jugarían un siniestro papel las bases militares presentes en nuestro país.
En ningún caso el pueblo palestino, que sufre una política de violación sistemática de sus derechos por parte del Gobierno de Sharon en Israel, puede ser el chivo expiatorio. Por eso nuestra solidaridad con ese pueblo debe ser hoy una de nuestras prioridades en la reconstrucción de un internacionalismo a la altura de los nuevos retos.
Salimos de un siglo de horror y la última década ha visto cómo en nombre del “fin de la historia”, de la globalización de las políticas económicas neoliberales y de la hegemonía militar de EE UU y sus aliados, se ha impuesto a sangre y fuego una pretendida paz sin justicia. Y éstos son los resultados de tanta violación del derecho internacional, de tanta acción unilateral, de tanto terrorismo de estado: un ciclo estructural de violencia a nivel planetario.
Otro mundo es posible y es urgente comenzar a darle
forma. O nos espera la barbarie.
Madrid, 13 de septiembre de 2001