
El Parlamento Europeo es el órgano electivo del proyecto europeo que llevan años desarrollando desde las élites político-económicas. Comparte sus funciones legislativas con el Consejo de la Unión Europea que, representando a los gobiernos de los Estados miembros, asume también el poder ejecutivo (aunque lo delegue en la Comisión Europea, 1 comisario por estado miembro). El sistema ha sido diseñado desde los estados, por lo que l@s ciudadan@s y naciones sin estado no tienen muchas posibilidades reales. Europa es así cada vez más una realidad impuesta e impositiva en el que las personas tenemos poco que cortar. De ahí viene la falta de legitimidad de la Unión Europea que se ha visto en el proceso de ratificación del Tratado, rechazado en varios países, y en la escasa participación en las elecciones.
Como era de esperar un escaso nº de votantes se acercaron a las urnas para optar entre las diversas opciones que se postulaban para acceder al Parlamento Europeo. El proyecto de construcción europea no cuenta con mucho tirón, pero no deja de ser interesante observar como un proyecto artificial, impuesto y dirigido desde la cúpula, se desarrolla poco a poco cual crisálida que va superando sus diferentes fases larvarias hasta eclosionar no se sabe muy bien cuando ni como en un proyecto que los padres fundadores avanzaron hace ya cinco décadas. Si esto funciona, que no podría conseguirse con un proceso de reconstrucción social más humano, efectivo, solidario, equitativo y construido por la base con la participación de todos y todas.