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Honduras existe y es un reto
Marga Roig
Viernes 9 de octubre de 2009

Empecemos recordando. Estamos en la madrugada del día 28 de junio cuando la lineal, aunque dramática historia de este desconocido país centroamericano se convulsionó repentinamente. El Ejército forzó el domicilio del Presidente Constitucional, elegido por el pueblo en elecciones libres, José Manuel Zelaya, le metieron en una avión y le enviaron a Costa Rica. Los medios de comunicación no podían dar crédito. Se había consumado un golpe de estado a un presidente del Partido Liberal, burgués y parte integrante de las clases dominantes en la vida económica y política de Honduras.

Las causas eran claras, no obstante, para los círculos, pocos, que han seguido el transcurrir de este país desde los duros años 80. Zelaya había traicionado a su partido y a su clase, con los pasitos dados a favor de los más desfavorecidos. “No quieren ceder ni un poquito”, explicaba el propio Presidente. Recuerdo yo que en mi estancia allí, en 1985, me explicaban la pirámide de recursos en poder de las clases sociales (que no ha variado mucho desde entonces) y justificaban la necesidad de su mantenimiento “porque supondría una pérdida para la clase dominante” ¡y se quedaban tan tranquilos! Naturalmente, la pirámide de recursos por clase social era inversa a la pirámide de población de cada una de ellas.

Para que la situación se mantuviera, contaban con uno de los ejércitos más sanguinarios de la zona, adiestrados en los Estados Unidos, país siempre presente desde su potente base militar de Palmerola. Así, el Ejército hondureño se empleaba en escarmentar convenientemente a los grupos que tímidamente iban surgiendo, con la pretensión de reivindicar la satisfacción de las urgentes necesidades de los más pobres y las mínimas garantías en los derechos humanos de la población.

Como la información sobre los acontecimientos está disponible en la red, con vídeos, fotos, artículos, etc. yo quisiera entrar a analizar cuatro puntos:

  • 1.-Qué pasó inmediatamente antes del golpe.
  • 2.-Movilizaciones internas.
  • 3.-Respuesta internacional.
  • 4.-Expectativas
  • 1.- Antes del golpe.-

    El ambiente estaba muy caldeado. El Presidente había organizado una consulta, no vinculante, para el 28 de junio, en la cual preguntaba a la población si estaba de acuerdo en que se colocase una “cuarta urna” junto a las otras tres de renovación de cargos públicos, incluso el suyo, que tendría lugar en el mes de noviembre. Dicha urna plantearía a la población hondureña si estaba de acuerdo en que se formase una asamblea constituyente para renovar la Constitución vigente, de 1982.

    La mayoría del Congreso se mostró en contra y se inició un rifi-rafe en el que no se ahorraron acusaciones a Zelaya de anticonstitucional y de buscar su permanencia, precisamente por parte de los que no habían tenido ningún remilgo en saltársela cada vez que les había interesado.

    Realmente, fue una excusa que se utilizó para quitar de en medio a un gobernante que, formando parte de la clase dominante, había tomado diversas medidas a favor de las clases más pobres, en contra de la opinión del resto de su clase y, además, se había integrado en ALBA (Alternativa Bolivariana), considerado como el círculo demoníaco latinoamericano que está creciendo peligrosamente en el área.

    En cuanto al papel de los EE UU en el golpe, se sabe que hubo movidas diplomáticas llamativas en esas fechas entre los dos países. Se conoce una conversación de la Embajada de EE UU en Honduras con Hillary Clinton, pocos días antes, en la que ésta decía: “nada de golpe de estado”. Está claro que a pesar de Obama persisten ciertos organismos que han estado apoyando tradicionalmente a las dictaduras y ejércitos latinoamericanos. Pero también está claro que un golpe del tipo del hondureño no favorece la imagen que en estos momentos se está todavía construyendo en Norteamérica.

    2.- Movilizaciones populares.-

    Fue sorprendente la multitudinaria movilización popular desde el momento en que Zelaya fue expulsado del país y el mantenimiento de las protestas en todo el tiempo que ha transcurrido desde entonces, aparte de los picos que han tenido las acciones de calle en momentos concretos.

    Todo ello ha sido posible por la conformación del Frente Nacional de Resistencia contra el Golpe de Estado, que desde los primeros momentos ha sabido aglutinar la participación y convergencia de los distintos sectores, colectivos y personas individuales en la lucha. Están en él los colectivos feministas, sindicales, comunidades de barrio, artistas, obreros y profesionales. Es un trabajo conjunto que no se conocía antes, en ese país.

    Y en una apertura al exterior, el Frente convoca un Encuentro Internacional por la Solidaridad en y por Honduras, para los días 8, 9 y 10 de Octubre en Tegucigalpa. Aunque la premura de la convocatoria quizás no permita una masiva asistencia más allá de los países latinoamericanos (aquí ni siquiera he visto reproducida la noticia), eso mismo es ya de por sí un avance y un refuerzo trascendental para la población luchadora hondureña. Para crecer y fortalecerse más.

    Toda esta fuerza desplegada por la población ha sido brutalmente reprimida por el ejército y la policía. Además de la desproporcionada represión de las movilizaciones pacíficas, que ya han causado un número importante de asesinatos, los allanamientos de casas en todo el territorio y los ataques y detenciones indiscriminados han vuelto a campar a sus anchas en territorio hondureño. Ya tienen su Estadio con detenidos. Se llama Chochi Sosa.

    3.- Respuesta internacional.-

    El rechazo a la expulsión del Presidente Zelaya fue unánime desde el primer momento. Todos los gobiernos denominaron golpe de estado a lo que el antiguo presidente del Congreso y luego Presidente golpista, Micheletti, denominaba traspaso de competencias, por actuación anticonstitucional del anterior presidente. Sin embargo, no se ha actuado con la contundencia que requería la decisión y cerrazón de los golpistas. Se tomaron diversas medidas diplomáticas en contra del gobierno de Micheletti, pero no se tocó apenas el punto clave, el económico, en un país tan dependiente del exterior y de los Estados Unidos en concreto, en este campo.

    Y ¿por qué?

    Por parte de Norteamérica, está claro que Zelaya no es santo de su devoción. Lo dijo abiertamente Obama en los primeros momentos. En la política blanda del nuevo gobierno no caben los golpes de estado; pero tampoco la existencia de organismos que permitan a lo que fue su patio trasero por tantos años, lograr una cohesión y una fortaleza que le permita funcionar de modo autónomo. En este sentido, es necesario debilitar al ALBA e impedir que vayan incorporándose los países que todavía no están, pero se les ve las ganas. Y Zelaya ya lo había hecho.

    En cuanto al resto de gobiernos latinoamericanos y a los del ALBA en concreto, quizás las apariencias de tibieza no son tales. La presencia de Zelaya en la Embajada de Brasil, así como las declaraciones de Lula podrían ser un signo. Está claro que no pueden permitir golpes de estado en ninguno de sus países, pero también es cierto que su capacidad de presión sobre Micheletti es menor que la de Estados Unidos. Insunza, Secretario de la OEA, ha tenido una postura clara y firme desde el primer momento, aunque Costa Rica ha estado muy contemporizador y Colombia ha mostrado incluso una especie de aceptación del gobierno golpista.

    No podemos olvidar que, el documento que Costa Rica presentó como mediador a Zelaya, aparte de su reposición en el cargo, contenía puntos que limitaban por lo demás su actuación. Bendiciendo las próximas elecciones y descartando la asamblea constituyente para refundar el país, que precisamente se ha convertido en el lema de las luchas populares.

    4.- En cuanto al futuro.-

    Decir que es altamente incierto. La insurrección popular en marcha ya no es tan fácil de parar. Aunque esto es, precisamente, lo que se pretende con los intentos de negociación. La comunidad internacional, gobiernos y movimientos populares, deberían hacer una decidida apuesta de solidaridad. Pero esta no es la forma en que se mueven los hilos del poder. Y, a este lado del océano, Honduras todavía se mira muy lejos y muy desconocida.

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