cabecera
Eskilarapeko Ateneoa
Etxebizitza guztiontzat
Navegación por palabras clave:
ecologismo   Berdintasuna   Ermua   Emakumea   Historia   laboral   Crisis   urbanismo   Autogestión   Argazkiak   No time for love   Informazioa   libertari@   foro   cultura libre  
Sitio desarrollado con SPIP
Valid XHTML 1.0 Strict
Valid CSS!
Licencia Creative Commons
Esta obra está
bajo una licencia
de Creative Commons
.
Portada del sitio > Global > Análisis de Clásicos > Diego Sabiote Navarro y la confrontación del problema del humanismo desde la (...)
Versión para impreimir Versión imprimir | Pincha para enviar este artículo por email Enviar por email
Diego Sabiote Navarro y la confrontación del problema del humanismo desde la perspectiva de Erich Fromm y Herbert Marcuse
Viernes 2 de octubre de 2009, por Romina Soledad Bada

Sobre el autor

Diego Sabiote Navarro nació en Macael (Almeria) en 1944. Desde muy niño comenzó a trabajar en las canteras de su pueblo natal (de 10 a 19 años). Es Doctor en Filosofía por la Unidad Civil y la Pontificia de Salamanca y, por está última, licenciado en Teología.

Desde 1975 reside en Mallorca, de cuya Universidad es Profesor Titular de Filosofía. Ha publicado diversos libros y estudios sobre la escuela de Frankfurt. Entre ellos se destacan: Eclecticismo y misticismo de Erich Fromm (Madrid, 1981), El Proyecto Utópico del hombre nuevo y la nueva sociedad en el pensamiento de Marcuse (Madrid, 1983), Popper: Método crítico y sociedad abierta (Palma, 1986), El problema del humanismo en E. Fromm y H. Marcuse (Salamanca, 1983), Alternativas paradigmáticas contemporáneas a la crisis de la teoría del conocimiento (Palma, 1991) y Configuración y desmoronamiento de la teoría del conocimiento (Palma, 1996).

Para comenzar

El libro comienza ubicando el problema del humanismo dentro del mundo contemporáneo como un tema ambiguo cuando se lo aborda con una pretensión universalista. El autor nos hace pensar en lo que subyace a la discusión acerca del humanismo que no es otra cosa que la filosofía misma a lo largo de su historia y tradición. Sin embargo, esta discusión adquirió relevancia a partir del siglo XX con el pensamiento crítico de hombres que intentaban dar soluciones que estuvieran a la altura de las circunstancias que configuraban el mundo posterior a la segunda guerra mundial.

El autor cita como formas significativas de humanismo el pensamiento marxista defendido por Goldman, Marcuse, Kamenka, Schaff, Bloch y Fromm; el existencialismo representado por Sartre; la explicación personalista dada por Mounier y Lacroix y la mirada científica de Bunge. Lo que distingue una postura de otra, las diferencias que albergan entre sí estará dado, según Sabiote, por la concepción que se tenga sobre el hombre.

En esta obra el autor recupera la figura de Louis Althusser como protagonista de un momento culminante y de ruptura del debate en torno al humanismo. Althusser va a criticar duramente el pensamiento de todas y cada una de las escuelas que discutían acerca del humanismo, especialmente la corriente marxista. De allí que Sabiote presenta las ideas de la Teoría Crítica que defendieron Adorno y Horkheimer y que representaba cierta sospecha ante la proliferación de los humanismos.

A partir de la ruptura que significó la crítica de Althusser en el seno de la reflexión filosófico-antropológica humanista y especialmente en el ámbito de la reflexión marxista, Sabiote ubica el pensamiento de Marcuse y Fromm en el lado opuesto a los planteamientos althusserianos. Sin embargo, destaca el hecho de que ninguno de estos autores mostraran de manera explícita y frontal una postura concreta frente al debate generado por Althusser.

¿Qué es lo que va a defender Althusser dentro del debate en torno al humanismo? Será su «antihumanismo teórico» el inicio de una nueva etapa. Hasta el momento en el que Althusser presenta su teoría, las diferentes corrientes humanistas (existencialismo, personalismo, marxismo, etc.) tenían como punto en común defender un humanismo que se inicia a partir de la idea de “hombre”. En otro sentido, lo original de las ideas de althusserianas, nos dice Sabiote, radica en el hecho de criticar duramente la base de esta coincidencia antropológica que compartían todas las formas de humanismo hasta aquel momento.

De este modo, la crítica de Althusser refiere al hecho de que las corrientes humanistas de su época se detienen en la obra marxista de la primera época, su juventud, que están enmarcados dentro de planteamientos filosóficos burgueses. En este sentido, los humanistas contemporáneos al pensamiento de Althusser, dejan de lado el momento en el que Marx rompe con las teorías tradicionales que fundaban sus doctrinas a partir de la idea de hombre, de su esencia. El giro que dio la teoría marxista implicó un quiebre y una crítica profunda hacia la antropología y el humanismo filosófico. Si bien la postura de Althusser provocó una crisis aguda en el seno de las diferentes corrientes humanistas que obligó a posicionarse claramente respecto de ella, el autor observa que, a lo largo de toda la obra de Marcuse y de Fromm no es posible hallar un solo comentario contra Althusser, a pesar de que ambos autores formaran parte del humanismo criticado por éste. Será pues, porque esta discusión, tanto Marcuse como Fromm la habían superado muchos años atrás.

Fromm, Marcuse y la tradición judía

Erich Fromm nació en 1900 en la ciudad de Frankfurt, en el seno de una familia judía. Sus ideas reflejan las duras circunstancias en las que le tocó vivir. Su crítica a la sociedad industrializada queda enmarcada dentro de ellas. Las dos guerras mundiales, el exilio, la guerra fría entre Estados Unidos y la antigua Unión Soviética. En sus obras, en las que realizó una severa crítica al mundo occidental basado en la dominación y la explotación del ser humano, podemos nombrar: La crisis del psicoanálisis ( 1970); El miedo a la libertad (1941); Ética y psicoanálisis (1947); Psicoanálisis de la sociedad contemporánea (1955); El arte de amar (1956); Marx y su concepto del hombre (1961); Humanismo socialista (1965) y ¿Tener o ser? (1976).

Herbert Marcuse nació en Berlín en 1898, comparte con Fromm su origen judío aunque, dice Sabiote, dentro de una familia arraigada a las tradiciones alemanas. Fue soldado en la Primera guerra mundial. Comienza sus estudios en Berlín, aunque se licencia en Filosofía en 1922, por la Universidad de Friburgo. Una de sus primeras desilusiones políticas, nos dice Sabiote, se relacionan con el fracaso de la revolución alemana en la que él había puesto sus esperanzas. Los asesinatos, en manos de la policía dependiente del gobierno socialdemócrata, de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo, acabaron con la confianza que Marcuse había depositado en la Socialdemocracia. Nunca se adhirió al partido comunista. Formó parte, junto a otros pensadores como Adorno y Horkheimer, de la Escuela de Frankfurt, a la que se incorporó en 1933, hasta su exilio a Suiza y Estados Unidos en 1934. Podemos nombrar parte del conjunto de sus obras, como por ejemplo: Razón y revolución (1941); Eros y civilización (1955), El hombre unidimensional (1964); Cultura y sociedad (1965); El final de la utopía (1967); Psicoanálisis y política (1968); Un ensayo sobre la liberación (1969); La sociedad industrial y el marxismo (1964); Contrarrevolución y revuelta (1972).

El judaísmo es un punto en común que tienen Fromm y Marcuse. Sabiote remarca este elemento ya que, desde su punto de vista se trata de una “circunstancia que es, al mismo tiempo, étnica, religiosay cultural, configurará, en gran medida, las trayectorias de ambos pensadores”. La Alemania nazi y el antisemitismo de ésta los llevó al exilio. Y, como nos dice Sabiote, también esto se convierte en un punto de convergencia entre Fromm y Marcuse. Ambos conservaron los aspectos místico-religiosos y culturales del judaísmo. Es más, todo el pensamiento desarrollado por estos pensadores se enmarca dentro de las ideas centro-europeas pero, la pertenencia a la fe judía implica una nueva aportación por parte de ellos que Sabiote llama “mística-escatológica”. Esta aportación, en ningún caso será una deformación del racionalismo europeo sino que, a él, se integra una nueva faceta del pensamiento a partir de ideas místico-religiosas de la tradición judía.

La interpretación de Sabiote es que tanto Fromm, como Marcuse, buscan una conexión entre el “impulso mesiánico con un sistema de pensamiento riguroso como el que contiene el materialismo dialéctico”. A partir de aquí, sostiene el autor, se corrige la deformación que el materialismo dialéctico había sufrido por intentar cumplir con los estrictos márgenes exigidos para el quehacer científico experimental. La recuperación de Hegel, dentro del pensamiento marxista, supuso, para Sabiote, hacer esa corrección. Respecto a la inclusión del elemento mesiánico al pensamiento marxista, Sabiote nos dice que, será un rasgo compartido por Fromm y Marcuse a lo largo de todo su quehacer filosófico. Será, de este modo, una nueva forma de pensar al hombre dentro de un ámbito conciliatorio hacia otros hombres, con él mismo y con la naturaleza que lo rodea. De esta manera, ya no serían la guerra, la hostilidad y la destrucción parte inherentes a la humanidad, como se desprendía del mundo contemporáneo a Fromm y Marcuse, sino que, una sociedad del futuro podía pensarse desde cualidades altruistas, liberadoras y gratificantes.

Marxismo, humanismo

Tanto Fromm como Marcuse mantienen una relación directa con las ideas marxistas, aunque, ésta vinculación se da de un modo muy diferente en ellos, respecto de sus contemporáneos. Una vez muerto Marx, las interpretaciones que abordaron su obra fueron incontables y muy distintas entre sí. Sabiote se detiene aquí en los que, al interpretar las ideas marxistas, formalizaron una especie de ortodoxia que monopolizó la manera de pensar a Marx, y que, de esta forma, condenó a la heterodoxia a muchos otros que no seguían la misma línea interpretativa. Además dice que Fromm y Marcuse, pertenecerían al grupo heterodoxo pues fueron capaces de leer e interpretar el pensamiento marxista sin ninguna base dogmática previa. Incluso, las ideas convertidas en dogma, serían el punto de partida desde donde recuperar a Marx. Para Sabiote, las consecuencias de la Revolución de Octubre suponen una “paralización teórica progresiva que desemboca en rígido dogmatismo”. Y este dogmatismo, implica una deformación ideológica de las ideas marxistas.

Será contra esta ideología económica marxista que, según Sabiote, reaccionan Fromm y Marcuse al criticar el punto de vista de un marxismo oficial que únicamente se centra en las ideas económicas dejando de lado la dimensión humanística y social del pensamiento de Marx. De este modo, ambos pensadores propondrán que la obra de Marx es indivisible y no representa la totalidad de sus ideas realizar una separación en función de su juventud o su madurez. La obra marxista obliga una lectura desde la totalidad. Es aquí cuando Sabiote habla de un “redescubrimiento del mensaje humanístico de los escritos tempranos” de Marx. Y expresa, también, que partiendo de ellos, intentarán buscar el origen histórico, social y cultural sobre el que se asientan. El lectura del marxismo que realizan será, entonces, defendiendo la vinculación entre las ideas economicistas y la tradición filosófica humanística occidental. Por lo tanto, Marx quedará fortalecido evitando la escisión de su doctrina en dos partes desvinculadas.

La presentación de Fromm y Marcuse que nos hace Sabiote refleja las ideas de dos pensadores que defienden un futuro basado en preceptos humanísticos donde, el hombre, en constante búsqueda de la verdad, lograría la felicidad, desterraría el egoísmo, la vanidad y permanecería en la fe hacia la razón y el progreso.

Freudismo, humanismo

Desde la mirada de Sabiote, Freud es un punto más de convergencia entre Fromm y Marcuse. Afirma que, ambos consideran las ideas freudianas como una explicación fundamental de las complejidades inherentes al ser humano.

La teoría conceptual psicoanalítica se expande fuera de las fronteras de lo psicológico y penetra en otras esferas de discusión, como son, la política y la filosofía. Aquí el autor añade –citando a Fromm– que, la teoría psicoanalítica freudiana surge como una “teoría revolucionaria” o, desde la perspectiva de Marcuse como una “teoría radicalmente crítica”. Lo que se vuelve importante reconocer, dice Sabiote, es el hecho de que Freud no es un intento más, una explicación más acerca del hombre, sino que, se trata de una nueva forma que dar luz a los misterios que esconde la complejidad del hombre. Freud ampliará, con sus ideas, los límites del racionalismo. Exige al hombre tomar conciencia de su ignorancia acerca de los procesos inconcientes que acompañan cada una de sus decisiones, para, de esta forma, controlarlos y dominarlos, acercándose a su propia liberación. Aunque existen claras discrepancias en la forma de abordar la obra de Freud por parte de Fromm y Marcuse, matiza Sabiote, ambos aceptan lo importante de su legado no como una continuación pasiva del pensamiento racional occidental sino que, dentro de él, implica una ruptura el mismo ámbito al que pertenece.

Sabiote señala que, a partir de la interpretación que nuestros autores realizan de Freud, logran sacarlo del ámbito psicológico y vincularlo al pensamiento marxista. Existían en la época posturas que defendían lo irreconciliable de Freud y Marx, sin embargo, para un buen número de pensadores, entre ellos Fromm y Marcuse, abogaban por una fusión entre el marxismo y el freudismo. Aquí, nos dice Sabiote, se genera, un enlace freudiano-marxista que ayuda a la “clarificación de los obstáculos psicológicos que se oponen al cambio social significativo”. En este sentido, es el factor subjetivo del marxismo lo que, para Sabiote, este enlace logra recuperar del materialismo vulgar. De esta forma, queda constituida una nueva herramienta para la crítica de la sociedad.

Si bien el legado freudiano es retomado por Fromm y Marcuse, en los párrafos anteriores realizamos un resumen de los puntos en los que ambos pensadores están de acuerdo respecto a Freud, vamos ahora a detenernos en los puntos en que discrepan en sus reflexiones acerca de éste. Sabiote presenta la confrontación posicionando a Fromm en una revisión de Freud, sin embargo, Marcuse supone una aceptación de Freud. La lectura que uno y otro hacen de Freud, los aleja claramente a partir de sus interpretaciones y los llevó a mantener una gran polémica a la hora de defenderlas.

Fromm, manifestó claramente no sentirse cómodo en las posturas reduccionistas que lo ubicaban dentro de una nueva escuela de interpretación freudiana. De esto modo, no se consideraba parte de los defensores del Neofreudismo ya que, según él mismo declaró, reflejaban solo una parte del pensamiento freudiano y dejaban a un costado reflexiones que para Fromm era de fundamental importancia estudiar. Consideraba que no eran más que escuelas deformadoras del pensamiento original del autor que intentaban representar. La teoría freudiana fue, en un primer momento, liberadora, profunda y revolucionaria. Fromm remarcaba que la teoría acerca del inconciente era decisiva para emprender el camino del conocimiento del hombre a partir de la complejidad que suponía aceptar la propia subjetividad. Reflexionar a partir de la existencia del inconciente, nos permitiría distinguir la realidad de la apariencia y comprender la profundidad del comportamiento de los hombres. Sin embargo, Fromm no va a aceptar las ideas del freudismo ortodoxo tales como, la libido, el instinto de muerte, el complejo de Edipo, el narcisismo, entre otras. De allí Sabiote dice que Fromm va a proponer un psicoanálisis humanístico, frente al psicoanálisis freudiano. El punto de desencuentro se ubica en la explicación que uno y otro hace del hombre. La idea de un hombre que se rige por los instintos de conservación y sexualidad o, en la última etapa freudiana, instintos de vida o de muerte, es rechazada por Fromm considerándola una simplificación de tipo biológica. El hombre de Freud, dirá, se rige por impulsos biológicos y tiene como principal objetivo la satisfacción libidinal. Se trata de un hombre incomunicado. La sociedad en la que vive y se desarrolla pasa a un segundo plano en una relación de servilismo ya que, este hombre necesita de los otros solo para saciar sus impulsos. Fromm, según Sabiote, rechaza fundamentalmente la base antropológica que subyace a estas ideas y que en su explicación de la naturaleza humana, las premisas de las que parte son la competencia y la hostilidad. Para Fromm, el problema central de la psicología radica en la relación del hombre con su mundo y no en la satisfacción o frustración de necesidades instintivas. Esto último, será la clave del psicoanálisis humanístico propuesto por Fromm.

La posición que adopta Marcuse respecto a Freud será muy distinta a la de Fromm. Para Marcuse, lo mejor de la teoría freudiana se pierde con la eliminación de los conceptos básicos que la forman. Serán éstos, justamente los que importan a la hora de reflexionar acerca del psicoanálisis; lo más original de toda la teoría se encuentra en lo que para el mismo Freud daba forma a toda su reflexión acerca del hombre. La decisión de ignorar una parte fundamental del pensamiento freudiano no sería, en este sentido, una buena vía de profundización. Para Marcuse, según Sabiote, el más fiel representante de esta interpretación errónea de Freud, sería Fromm. Marcuse aborda el tema del psicoanálisis criticando, fundamentalmente, las escuelas revisionistas neofreudianas que implicaban una depuración injusta. Esta crítica es continuadora de la que ya había comenzado Adorno. Ambos reclaman al Neofreudismo el haber ajustado la teoría original a las necesidades propias del positivismo con la intención de “hacer pasar la Teoría freudiana por la prueba clínica en orden a asegurar resultados terapéuticos eficientes”. Esto implicó una simplificación del psicoanálisis que, antes de las posturas revisionistas, no se conformaba con una cura eficiente de las patologías del hombre sino que lo abordaba a partir de tabús sociales se podían ser hostiles u ofensivos para el conjunto de la sociedad. Para Marcuse la terapia individual por la que se decantan los revisionistas, implica la elección más simple. Freud, partiendo de esos conceptos que ellos rechazan, revisaba todos los fundamentos de la civilización. Si el éxito del psicoanálisis se mide en solamente en el plano individual, y esto supone lograr que el hombre logre interactuar sanamente en la sociedad; entonces se está aceptando sin ningún reparo las ideas que configuran a esa sociedad como tal. No hay lugar para la crítica que las ideas freudianas originales plantearon a la civilización; con los revisionistas, no se abordan problemas inherentes a la sociedad, sino todo lo contrario, son descartados y minimizados, postulando una armonía aparente entre la psicología y las demás ciencias humanas. De este modo, será la ideología contra la que reflexionó Freud la que recupera su lugar, incluso con más fuerza. Este será un punto de desencuentro entre Fromm y Marcuse pues, el primero será señalado por el segundo como uno de los revisionistas a los que más criticaba. Si bien Fromm había demostrado con su crítica los factores represivos de la sociedad, ésta, quedaba enmarcada en los límites establecidos por el positivismo convirtiéndose, para Marcuse, en una crítica superficial de la sociedad. De este modo, dice Sabiote, la enajenación y la liberación se darían la mano. La postura defendida por Marcuse reclamaba que no seria alejándose de los conceptos básicos del psicoanálisis sino profundizando en ellos el modo de encarar la crítica social.

El hombre, núcleo del pensamiento

El núcleo sobre el que gira el pensamiento de Fromm y Marcuse es el hombre. Sabiote nos presenta de esta manera el punto más importante a tener en cuenta al hacer una lectura de las obras de estos dos autores y lo relaciona directamente con la temática “místico-escatológica” de la tradición judía que ambos heredaron. También, dice, partiendo del hombre como esencia de sus reflexiones, supieron construir a partir de Freud y Marx un pensamiento propio acerca del humanismo. Con Marx se vinculan a partir de las ideas de éste sobre los factores objetivos que convierten al hombre en un ser alienado. En el caso de Freud, el punto de unión se inicia por la referencia que éste hace acerca de estratos subjetivos “que interfieren el devenir humano.”. ¿Qué es lo que atrae a Fromm y Marcuse de Freud y Marx? El hecho de considerarlos a ambos como poseedores del pensamiento más lúcido y valioso para entender la complejidad de la realidad humana.

El hombre, afirma Sabiote, es la base de todo el quehacer filosófico de Fromm y Marcuse siendo los conceptos de enajenación y liberación fundamentales a lo largo de su pensamiento.

La reflexión que propone Sabiote es pensar el punto convergente respecto del hombre que une el pensamiento de Fromm con el de Marcuse. Ambos, dice, han enfatizado el hecho antropológico. Partiendo de Freud y Marx pudieron mostrar una nueva imagen de la antropología filosófica.

Podemos concluir, afirma Sabiote, de lo que se desprende de la lectura de las obras de Fromm y Marcuse, que el punto de vista antropológico que defienden se aleja de cualquier pretensión positivista negando, al mismo tiempo, el idealismo antropológico. Por el contrario, ambos autores proponen una antropología “comprometida con la realidad del hombre y su historia.”

En el caso de Marcuse, el hombre en el que está pensando es aquel capaz de construir una sociedad libre donde queden abolidos completamente todos los sistemas que esclavizan su libertad. Sabiote ve a este punto decisivo porque este hombre tendrá que asumir un compromiso vital para alcanzar nuevos valores que configuren su existencia hacia la libertad. Fromm, reclama un hombre conciente de sus necesidades, capaz de construir una sociedad sana que se ajuste a ellas. Podemos pensar, dice Sabiote, que la antropología que defienden estos autores se nos ofrece como “trampolín para alcanzar la verdad humana que dicha ideología trata de ocultar”. En consecuencia este autor propone que justamente serán las antropologías defendidas por Fromm y Marcuse, las herramientas poderosas para la crítica de una sociedad enajenada y tecnológica. Buscan, con su optimismo basado en la confianza y la fe en el hombre, la emancipación como única opción para la libertad. Lo que subyace a estas ideas, remarca Sabiote, es el pensamiento marxista que afirma que la alienación no es inherente a la condición humana sino producto de errores sociales e históricos que el hombre debe superar en pos de la libertad y la paz. Las legítimas necesidades humanas se vuelven inalcanzables con la injusticia, la dominación y la irracionalidad. Y será este, dice Sabiote, el motivo por el cual las posturas antropológicas de Fromm, Marcuse y Marx toman rumbos políticos que quedan reflejados en los proyectos e ideas propuestas desde el socialismo. Éste, afirma más adelante Sabiote, “como organización política, está orientado a servir el proyecto de la realización humana. El socialismo nace como protesta a una situación injusta”. Por esto, concluye el autor, no es incorrecto pensar que las ideas sostenidas por Fromm y Marcuse avalan un proyecto político, el socialista, criticando duramente al industrialismo avanzado de mediados del siglo XX. La postura que uno y otro adoptó respecto de Freud condicionó de alguna manera la concepción que tuvieron del hombre. En el caso de Fromm, ya se mencionó que su lectura de Freud implicó una revisión mientras que, para Marcuse, representó una aceptación. Fromm, nos dice Sabiote, rehuye tanto el modelo del hombre biologista-instintivista, como el modelo neo-conductista. Para Fromm, estos modelos oscurecen, más que iluminar la respuesta al problema del hombre. Mientras que el neo-conductista reduce al hombre a una especie de títere que responde a estímulos sociales, el biologista-instintivista impone como principal característica lo biológico. Acepta, por supuesto, el hecho de que la biología es parte constitutiva del hombre, pero discute las ideas que defienden un modelo determinista. Fromm ofrece, con su crítica, una tercera vía para la comprensión del ser humano. Ya no se trata de un hombre que basa todos sus comportamientos en una respuesta determinada biológicamente; como tampoco serán los factores sociales los que configuren sus comportamientos. El hombre de Fromm no prioriza lo físico sino lo emocional y psíquico como una nueva dimensión configuradota en el desarrollo de la realidad humana. La razón y la autoconciencia superan el umbral impuesto por la determinación biológica que reduce al hombre a instintos animales.

Los problemas y necesidades de los seres humanos, sólo serán resueltos y satisfechos a partir de un reconocimiento de estas singularidades y no otras de tipo instintivas. El hombre, con la evolución, ha dejado atrás la vida animal.

Para Fromm, el hombre ha roto los lazos instintivos que lo unían a la naturaleza. El hombre quedó desprotegido y sólo él es capaz de otorgarse protección. Para recuperar la unidad tiene dos alternativas, una regresiva y otra progresiva. La manera regresiva implica volver a un estado prehumano que le devuelva la unidad con la naturaleza a costa de la pérdida de aquellas peculiaridades de su existencia humana. La respuesta progresiva busca una nueva forma de armonía a partir de un pleno desarrollo de todas las fuerzas humanas.

Las religiones primitivas representan un buen ejemplo de respuesta regresiva, la psicología individual también. Para Fromm, esto es grave pues una regresión a la existencia animal o un estado de preindividuación supone el intento de prescindir de lo que es especialmente humano. La respuesta progresiva ha tenido, afirma Sabiote, un fuerte eco en las religiones denominadas por Fromm “humanistas”. Los conceptos y símbolos religiosos como Dios, Nirvana, Tao y muchos otros, has servido para reflejar la intención del hombre de recuperar la armonía perdida. Dan una solución al problema de la existencia para el hombre. Con los dioses, el hombre ya no está aislado.

El concepto de salud mental se desprende, para Fromm, de las condiciones mismas de la existencia humana y es el mismo para todos los hombres, en todas las épocas y en todas las culturas. Fromm se refiere al concepto que deriva de las ideas de los desarrollados por los maestros espirituales de la humanidad. Este concepto estaría caracterizado por las capacidades de amar y de crear como así también, por la liberación del incesto; por la construcción de una identidad propia a partir de la autoconciencia como individuo, como sujeto. Por la objetividad al reconocer el espacio exterior que nos rodea, es decir, por la razón.

La concepción antropológica de Marcuse es muy diferente a la de Fromm. La base instintiva del hombre se convierte en un elemento clave para Marcuse. Para él, la mejor manera de explicar los problemas del hombre es justamente tomando como punto de partida aquellas necesidades y potencialidades que exceden la propia historia de la humanidad. Para Marcuse, lo que hay que satisfacer no son las necesidades engañosas de la vida social del hombre sino aquellas que fueron marginadas a lo largo de la historia de la humanidad. Las explicaciones antropológicas que se han dado desde Kant, dice Sabiote, se basaron en una distinción de dos niveles: el psíquico o espiritual y el biológico-instintivo o material. Para Marcuse, el primer nivel oculta la última realidad del ser humano. En cambio, el segundo nivel, a partir de la interpretación de Freud permite rastrear más allá de los condicionantes histórico-socio-culturales al hombre más puro y originario. Freud pudo ver, según Marcuse, que la búsqueda de la felicidad del ser humano, tiene una base instintiva. Partiendo de las ideas de freudianas, Marcuse, plantea el problema del hombre. Sostiene que en el pensamiento de Freud está el camino para combatir cualquier tipo de mistificación. Sin embargo, no coincidirá con él respecto del pesimismo con que analizaba la búsqueda de felicidad de la civilización. Para Freud, una civilización que orienta sus comportamientos para la realización de la felicidad está recorriendo un camino hacia la catástrofe de sí misma. En cambio, para Marcuse, cita Sabiote: “la sublimación no es represiva”.

Ahora bien, para que sea posible un Eros liberado tendrá que modificarse el marco de realidad que rodea al hombre basado en la dominación. Se necesitará un marco donde el principio de realidad implique el protagonismo de las necesidades instintivas gratificadoras.

Marcuse plantea como algo posible, un nuevo hombre y un nuevo mundo. Desde las ideas instintivas, detecta los sufrimientos y la represión que la civilización inflige al ser humano. Al mismo tiempo, sienta las bases para el cambio de la vida social. Propone una sociedad donde todos los esfuerzos se centren en potenciar y liberar aquellas fuerzas instintivas marginadas a lo largo de la historia.

Las ideas de Freud y Marcuse, nos dice Sabiote, inmersas en la sociedad occidental que sentó sus bases sobre la idea de Logos implican un giro copernicano. Ellas suponen que para entender los problemas del hombre hay que entender el Eros y no el Logos. En este sentido, será el Eros liberado quien creará un nuevo Logos contra el Logos de la antigua civilización que reprimía el Eros. Marcuse nos muestra un hombre completo partiendo desde la base más primitiva como es su biología. Esto supone un quiebre entre la distinción histórica entre instinto y razón.

La sociedad industrial avanzada. Deshumanización de la realidad

En el contexto de las ideas de Fromm y Marcuse, es decir, la herencia del judaísmo como una “mística-escatológica”; las preferencias por los primeros escritos de Marx vinculados al humanismo; el legado freudiano y la especial preocupación por el hombre; llevaron a estos pensadores a una crítica sobre la sociedad de su época, la sociedad industrial avanzada. Para Sabiote, esta crítica resulta de una consecuencia lógica que toma como punto de partida todo el contexto que rodeaba las ideas de Fromm y Marcuse. El origen de sus pensamientos estaría, de este modo, en las preocupaciones acerca de los desequilibrios sociales que se daban en el seno de la sociedad industrial en la que vivían. Comparten como Marx y Freud “el mismo punto de partida: el hombre, y el mismo punto de llegada: la realidad social”.

La crítica realizada por Fromm y Marcuse hacia la sociedad industrial avanzada tiene puntos de convergencia y esta centrada en dos realidades que configuraron todo el siglo XX posterior a la Segunda Guerra Mundial: la sociedad americana y la soviética. La crítica hacia la realidad estadounidense se vincula directamente con el análisis que ambos autores hicieron de la sociedad capitalista. Estados Unidos representaba la mejor expresión de ésta, afirma Sabiote. En contraposición pero con la misma seriedad e importancia, se ubican las reflexiones acerca del tipo de socialismo que caracterizaba a la Unión Soviética. Se trataba de analizar y reflexionar acerca de un mundo polarizado entre capitalismo y marxismo.

Los trabajos críticos de uno y otro autor nacen, dice Sabiote, de una genuina preocupación por la realidad que rodea al hombre y, pretenden alcanzar la liberación del hombre de la alienación y enajenación en la que la sociedad industrial avanzada lo ha relegado. El hombre como único protagonista. Lo que “subyace en el trasfondo de estos grandes críticos contemporáneos es una preocupación moral”. La realidad deshumanizada, esta es la cualidad más importante de la sociedad que están criticando. El hombre ya no es el punto de referencia, ha sido reemplazado por la técnica, la política, los negocios, la ciencia y por diversos intereses que lo cosifican, lo deshumanizan. El hombre queda aislado, inmerso en una realidad que no puede comprender ni dominar. La vida social se resume en conceptos de productividad, interés y utilidad. Los individuos quedan alienados, pierden la posibilidad de tomar decisiones en completa libertad acerca del trabajo, la cultura y las demás personas con las que deberían poder construir una sociedad basada en los principios de libertad y solidaridad.

En este sentido, expresa Sabiote, la sociedad neocapitalista de la segunda mitad del siglo XX no ha eliminado la estratificación de clases, se encuentran disimulados en el consumo ilimitado, desenfrenado. El modelo de clase sustentado en la base económica aun permanece en la sociedad del capitalismo avanzado. Sin embargo, remarca que existen diferencias entre el modelo de sociedad criticado por Marx en el siglo XIX y la realidad sobre la que están reflexionando Fromm y Marcuse. Mientras que en una, se daba la negación absoluta de algún tipo de participación del proletariado dentro los órganos de poder; en la otra, el proletariado es integrado en las estructuras económicas y políticas, logrando así, defiende Sabiote, la perpetuidad del sistema capitalista.

La Unión Soviética significó para Fromm y Marcuse, en el ámbito de la crítica que realizaron, una cara más del capitalismo al cual, teóricamente se enfrentaba. Para ellos, la URSS no reflejaba las ideas de Marx respecto de la política y la realidad social. Esta cara del capitalismo sería un “capitalismo de Estado” que incluso buscaba superar al mismo capitalismo que decía combatir. La justicia social reclamada por el marxismo y defendida por Fromm y Marcuse, nada tenía que ver con toda la serie de medidas aplicadas tras la revolución bolchevique a partir del uso de la fuerza y el terror. Se trataba nuevamente, de un tipo de sociedad que establecía su realidad sobre la base de la dominación y la explotación. La liberación del hombre quedaba aún muy lejos de lograrse dando lugar a una completa deshumanización del individuo.

Fromm y Marcuse. Dos alternativas respecto al cambio social

La crítica ejercida por Fromm y Marcuse ante la sociedad tecnológica en la que vive inmerso el hombre adquiere momentos de brillantez y lucidez a pesar de que, en ciertos aspectos mantienen grandes diferencias entre sí. De este modo, no se conforman con una sociedad que ya existe tal y como es sino que, proponen pensar acerca de lo que podría ser. Se convierten en negadores de lo existente. Plantean la posibilidad de nuevos principios configuradotes de una sociedad justa e igualitaria. Para Sabiote, este punto en común presente en ambas críticas es lo que las hace revolucionarias. El hombre será la base de ambas, el punto de referencia. El factor subjetivo es recuperado por ambos autores para abordar la realidad social. Fromm y Marcuse se enfrentan con su crítica a un mundo unidimensional y autosuficiente y plantean lo subjetivo como una vía para detectar las insuficiencias de una sociedad que se deshumaniza. La realidad social frente a la realidad humana desvinculada entre sí solo puede conducir a la autodestrucción. Por esto, lo que estos autores postulan es la necesidad de estrechar lazos entre ambas realidades y conseguir la liberación. Se trata, pues, de una revolución que implica liberación y humanización. Esta revolución estará dada por la deshumanización y no por la pobreza, afirma Marcuse. La sociedad que está observando esclaviza al ser humano con el fin de sostener una realidad de superabundancia y despilfarro como la que configura la sociedad de consumo. La transformación de la vida del hombre que plantea Marcuse, no estará dada en términos cuantitativos sino cualitativos. El hombre liberado podrá encontrar una existencia digna desde la cual crear formas de vida completamente nuevas. En el mismo sentido se expresará Fromm, abogando por una sociedad donde las esferas políticas y económicas no esclavicen al hombre sino que, al contrario, se sometan ellas mismas al desarrollo humano. Resulta necesario un modelo de sociedad donde los individuos no se encuentren alienados sino orientados hacia su propia existencia libre. La salud de la economía no es sostenible a costa de la enfermedad de los seres humanos. Para Fromm y Marcuse, el cambio revolucionario de la sociedad industrial avanzada se presenta como algo urgente aunque, una vez más, no lo plantearán de la misma manera. Frente a la sociedad tecnológica Fromm analiza las diferentes alternativas posibles de cambio. Una de ellas sería la de aceptar la propia dinámica del sistema, aunque las consecuencias de esta opción son: el riesgo constante de una guerra nuclear, el desastre ecológico, la agudización de la patología humana, etc. Entonces, dice Sabiote, cabría pensar como segunda alternativa la revolución violenta. Lo que resulta aún más complejo ya que, esto supone desviar el rumbo de la primera alternativa a través de una revolución violenta que por la misma dinámica del sistema corre un serio riesgo de ser convertida en nuevos fascismos o dictaduras militares. Por todo esto, la única vía posible que propone Fromm es la de humanizar el sistema. Lograr que éste funcione al servicio del hombre en la búsqueda de su bienestar y crecimiento a partir de cambios establecidos gradualmente y que reflejen el amor por la vida de los otros, la razón y el realismo que demanda cualquier cambio fundamental de una sociedad.

Fromm nos presenta entonces un cambio revolucionario basado en las ideas de un Humanismo Radical y a lograr por la vía pacífica.

Fromm, según Sabiote, está planteando un cambio revolucionario en los tres niveles básicos de la sociedad: el nivel económico, político y cultural. Y para llevarlo a cabo se necesita una opinión pública concienciada en lograr una sociedad libre, humanizada y que busque el bienestar de todos y cada uno de los individuos que la forman.

¿Cuál es la postura de Marcuse respecto al cambio social? Contrariamente a Fromm, admite cualquier posibilidad que esté orientada hacia la libertad del ser humano. Incluso partiendo de métodos violentos. Las prácticas reformistas presentadas por Fromm le parecen insuficientes. No se opone a ellas pero tampoco las acepta como estrategia para el cambio. En este sentido, toda opción debe ser tenida en cuenta.

De esta manera, hay que tener en cuenta todas las posibilidades de cambio, aquellas que proponen reformas de lo existente y aquellas otras que suponen rebasar lo existente. Sin embargo, cuando Marcuse observa la sociedad norteamericana concluye que no hay espacio para el cambio social ya que no existe una oposición legal que lo proponga. De esta manera, propone lo que será para él la única vía hacia el cambio social: la vía subversiva extraparlamentaria. Es decir, emplear medios extralegales como la violencia revolucionaria. El hombre convive con la violencia de la opresión. Enfrentarse a ella supone una violencia de la liberación. Lo que resulta sumamente importante para Marcuse, afirma Sabiote, es no perder de vista nunca el fin último de la revolución que consiste en la liberación total del ser humano atrapado en una sociedad deshumanizada. En este sentido, la subversión revolucionaria lograría configurar una sociedad libre.

Bibliografía Diego Sabiote Navarro (1983). El problema del humanismo en Erich Fromm y Herbert Marcuse. Ed. Universidad Pontificia de Salamanca.

Comentar este artículo

2 Mensajes del foro



Puedes participar en la vida de este sitio comentando los artículos publicados. Si quieres participar más activamente ponte en contacto con nosotr@s escribiendo a ermukoateneo@nodo50.org. También puedes subscribirte a nuestros boletines informativos en este enlace.