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Ética para Amador de Fernando Savater
Martes 16 de junio de 2009, por Romina Soledad Bada

Fernando Savater escribe este libro a su hijo Amador, el cual entra en la adolescencia, hablándole sobre las cuestiones éticas de la vida, cuestiones que él debe empezar a plantearse en el camino hacia su madurez. A continuación se realizará una síntesis destacando los aspectos centrales de la obra.

De que va la Ética

El autor comienza explicando brevemente en qué consiste la ética; se puede vivir sin aprender muchas cosas o ignorándolas, pero otras cosas no pueden ser obviadas, lo que nos conviene y lo que no, lo que debemos saber para seguir viviendo, lo bueno y lo malo. Justo aquí es donde comienzan las ambigüedades, puesto que algunas cosas pueden ser buenas en principio pero malas después. En este caso menciona la mentira como ejemplo y dice que en general es algo malo porque destruye la confianza en lo que se dice, y es motivo de enemistad entre la gente.

Asimismo, plantea el caso de que si es mejor decir, por ejemplo a un enfermo terminal, que sus días están contados, o mejor dejarlo vivir plenamente este tiempo sin decirle que va a morir. Pero si uno le dice la verdad, lo que logramos es angustiarlo y hacerlo sentir peor de lo que está, pero si nos callamos, esta persona puede disfrutar plenamente, por lo menos, lo poco o mucho que tenga por vivir.

Detalla también el caso de las termitas, que construyen su hormiguero de manera tal, que es un caparazón contra ciertas hormigas de mayor tamaño, que aunque pueden destruir el hormiguero no en su totalidad, las termitas, pueden levantar nuevamente su fortaleza en muy poco tiempo. Lamentablemente, siempre tiene que haber las termitas-soldados, quienes realmente son las que sacrifican su vida por la seguridad de las demás, pues mientras las termitas levantan nuevamente su fuerte, las hormigas enemigas, son a las termitas-soldado a quienes devoran primero.

Lo que aquí cuenta es, según el autor, vivir bien o saber vivir, aunque siempre hay disparidad de opiniones sobre como ha de ser la buena vida o como se vive bien.

Nuestra vida no está predeterminada como, en cierto sentido, lo está la de los animales que actúan por instinto. Estos no tienen capacidad de decisión ante las adversidades, hacen lo que tienen que hacer, algo que no ocurre en los hombres quienes pueden decidir muchas cosas y modificar así su futuro. Para ilustrar esto toma como ejemplo la Ilíada y hace un breve resumen sobre la historia de Héctor, dando a entender que él pudo elegir a la hora de enfrentarse a Aquiles, pues podía haber salido huyendo, no estaba programado para hacer lo que hizo. Se dice entonces que es libre para elegir.

Habla de los límites que posee la libertad para nosotros. Podemos decidir sobre determinadas cosas, pero existen otras contra las que no podemos luchar, como es la muerte. En este capítulo Savater comenta que, en cierto modo los animales no tienen libertad, es decir, que no pueden elegir y que se limitan a seguir su instinto (lo que la naturaleza ha programado). De esto se deriva el que se le dé tanta importancia a las decisiones que tomamos los humanos.

Sin duda Savater cree que, en cierto modo, los humanos estamos programados. Se refiere a una programación cultural (como la educación) que se nos implanta a lo largo de los años y que, aunque no en todos los casos se sigue, influye de una manera muy fuerte en nuestro comportamiento.

Aún así, él destaca de nuevo nuestra posibilidad de escoger entre el “sí” y el “no”, y es aquí donde de nuevo sale a relucir nuestra libertad. No somos libres de escoger lo que ocurrirá, si no de decidir si lo queremos hacer o no (aunque hay casos en que ni eso se puede escoger). Savater subraya también que en ningún caso el concepto de “intentar” es sinónimo de “lograr” y que como tenemos derecho a elegir, también tenemos derecho a equivocarnos.

Volviendo al ejemplo de Héctor, a pesar de todo lo anterior, él podría haber huido, haber hecho cualquier otra cosa. Al hablar de libertad se hace referencia a que podemos hacer lo que queramos, y cierto es también que no estamos obligados a hacer una sola cosa. En consecuencia se hacen dos aclaraciones sobre la libertad:

1) No somos libres para decidir lo que nos pasa, pero si somos libres para responder de una u otra forma, comportándonos de tal o cual modo.

2) Ser libres para intentar algo no significa lograrlo infaliblemente. Ser libre no es ser omnipotente. La libertad depende en cierto modo de la voluntad, pero no es nuestra voluntad la única de este mundo.

A veces ser libres nos obliga a tomar el camino más difícil. Es más fácil obviar nuestra libertad.

Órdenes, Costumbres y Caprichos

De vez en cuando las circunstancias nos imponen elegir aunque prefiramos no hacerlo; Aristóteles fue uno de los primeros filósofos en tratar esta cuestión, imaginando situaciones en las que una persona tendría que decidir a partir de una circunstancia impuesta y en la cual lo más beneficioso para ésta habría sido no tener que elegir. Ninguna de las opciones gusta y, sin embargo, ha de escoger un camino. Si bien la mayoría de los actos los realizamos de forma rutinaria, no medimos los actos más comunes, si meditáramos todo, a veces eso haría que no fuéramos efectivos.

La mayoría de nuestros gestos y acciones son cosas que todo el mundo hace. Los distintos motivos para hacer tales cosas son:

1. Ordenes: cuando se nos manda por cualquier motivo.

2. Costumbres: cuando todo el mundo repite esos mismos gestos, lo hacemos sin pensar.

3. Caprichos: Lo que hacemos porque nos da la gana… porque queremos.

Las ordenes y las costumbres son cosas obligatorias, que están basadas en el miedo a las represalias o el afecto, la presión social (modas), la comodidad, etc. Se imponen desde fuera. Los caprichos parten, en cambio, de adentro. Bien en circunstancias extremas las ordenes y las costumbres de poco valen pero los caprichos menos. En estos casos debemos improvisar nuestras acciones de la manera más propicia y racional.

Haz lo que quieras

En determinadas circunstancias las decisiones que se toman han de serlo mediante nuestra libertad, asunto del que se ocupa la ética, y que nos permite actuar independientemente de órdenes, costumbres o caprichos que pueden ser malos o “inmorales”.

Esa libertad, que nos permite cuestionar las órdenes que recibimos, las costumbres que nos rodean, o los caprichos que nos atenazan, nos permitirá escoger la solución "correcta” a los problemas que la vida nos plantee, es decir, lo “bueno”. Sin embargo, dado que lo bueno y lo malo no suelen estar definido, la cuestión se complica. Se puede ser bueno o hacer lo bueno de muchas maneras. Hay que estudiar cada circunstancia y la intención de cada uno al realizar sus actos. Esto complica las cosas al no haber ningún reglamento para hacer lo bueno. Sin embargo, hay una noción que nos puede ayudar a ello, el “haz lo que quieras”.

Esto se ve matizado y explicado en las lecturas que Savater propone, de lo cual se concluye lo siguiente:

- Cuando a la gente se le da libertad y no se le constriñe, tiende a lo bueno, a de “huir del vicio y acogerse a la virtud”. (François Rebelais, Gargantúa y Pantagruel).
- “Solo el hombre por si mismo puede determinar el criterio sobre virtud y pecado, y no una autoridad que lo trascienda”. (Erich Fromm, Ética y psicoanálisis).
- Para hacernos preferir lo bueno a lo malo hace falta que se presente un sentimiento en nosotros, “una simpatía por la felicidad de los hombres o un eco de su desdicha”. (David Hume, Investigación sobre los principios de la moral).

También el autor menciona la palabra moral que “etimológicamente” tiene que ver con las costumbres.

Resume que “moral” es el conjunto de comportamientos y normas que todos nosotros solemos aceptar como validos, que la ética” es la reflexión sobre por qué los consideramos validos y la comparación con otras morales que tienen diferentes personas.

Describe, que el ser un ser bueno no nos dice en realidad nada. Que ser bueno, muchas veces se confunde con ser dócil o que por no tener problemas con los demás aceptamos las cosas de una manera sumisa, lo cual no quiere decir que realmente seamos buenos, sino mas bien que no queremos problemas y accedemos.

Da muchos ejemplos de lo que es una persona buena, pero como dice el refrán, según el cristal con que se mira…

Ser una persona buena, se puede ser de muchas maneras, y no necesariamente esto coincida con la mentalidad de mucha gente, a veces también se cuestiona que la gente es buena, pero muy a su manera, realmente todos somos buenos de esta forma, a nuestra manera y muy personal punto de vista y forma de ser.

Date la buena vida

Lo que cada uno debe hacer debe de preguntárselo a si mismo, dado que la libertad es algo innato y de lo que no podemos prescindir. Cualquier decisión que tomemos, ya sea entregar nuestra vida como esclavos, o no depender de nadie, lo haremos mediante nuestra libertad.

Sin embargo, ese “haz lo que quieras”, esa libertad, no es dejarse guiar por los caprichos de cada uno. A veces queremos cosas contradictorias y hay que establecer prioridades, hay que esclarecer lo que realmente uno quiere, lo que no es otra cosa que “darse la buena vida”, una buena vida humana, lo que implica relaciones con el prójimo. Sin relacionarnos con los demás es imposible esa buena vida, no tendríamos ningún aprendizaje cultural, ni llegaríamos a desarrollar el lenguaje. Debemos desarrollar la relación con los demás para desarrollarnos nosotros mismos, por eso darse la buena vida es también dar la buena vida… porque en definitiva, cualquier riqueza, cualquier don, cualquier cualidad, en la más extrema soledad, sin nadie más que la envidie, reconozca o alabe, no nos sirve.

Aquí el autor nos brinda el ejemplo del ciudadano Kane, quien es multimillonario y que todo lo que ha deseado siempre lo ha obtenido por medio de su fortuna, comprando a los demás y todo tipo de situaciones… sin embargo, al final muere murmurando una sola palabra “Rosebud”. Intrigado un periodista intenta adivinar lo que significaba, y era el nombre de un trineo que Kane tuvo de niño, lo cual significaba para el algo mas que un simple juguete, lo importante era que fue, en su época de niño, símbolo de dulces y relaciones afectivas desinteresadas completamente, la “buena vida” que en ese entonces disfrutaba, aunque al conseguir millones, la gente lo envidiaba, sin saber su triste realidad.

Un hombre libre en nada piensa menos que en la muerte, y su sabiduría no es una meditación de la muerte, sino DE LA VIDA.

¡Despierta, baby!

No basta con querer la buena vida, hay que saber lo que es ella. No es algo simple, pues la vida está llena de complicaciones: no parece bueno desechar el dinero, no parece bueno tampoco buscarlo por encima de todo. Esto último puede llevar a ver a las personas como cosas, eso sería una simplificación, huir de la complejidad de la vida, y ni siquiera sería darse la buena vida, sino que al fastidiar a los demás, al intentar dominarlos, no disfrutaremos de la relación con ellos, y nos fastidiaremos a nosotros mismos. Eso es precisamente porque los hombres no somos cosas, necesitamos “cosas” que las cosas no tienen, “cosas” que sólo las personas pueden aportarnos (amistad, respeto, amor) cuando las tratamos como iguales. Sólo el tratar a los demás como personas nos aportara esto, o cuando menos, nos respetaremos a nosotros mismos al defender el derecho a no ser cosas para los otros.

El obtener bienes materiales, aquello que los demás envidian, no sirve, hay que descubrir lo que nosotros queremos, en que consiste el fondo de la buena vida. Para descubrir ese fondo hace falta atención, reflexionar sobre lo que se hace y precisar el sentido que nos mueve, hasta llegar a comprender por qué algo nos conviene y otra cosa no.

No se puede contentar uno con ser tenido por bueno, hay que hablar con los demás, dar razones, escucharlas, aunque irremediablemente el esfuerzo de tomar las decisiones es propio.

Sin embargo, quedan cuestiones por concretar: ¿Por qué está mal lo que está mal?, ¿En qué consiste tratar a las personas como personas?...

El ser humano tiene que ser libre por si mismo, no por nadie ni en lugar de nadie mas.

Aparece Pepito Grillo

Según Savater, la única obligación que tenemos en esta vida, es no ser imbéciles, palabra que nos describe como: el imbécil según el latín baculus, significa una persona que necesita bastón para caminar.

Nos da varios modelos de imbécil a elegir:

- El que cree que no quiere nada, el que dice que todo le da igual, que vive en un perpetuo bostezo y en siesta permanente.

- El que cree que todo lo quiere, que vive en la indecisión, si marcharse o quedarse, bailar o seguir sentado.

- El que no sabe lo que quiere y no se molesta por averiguarlo.

- El que confunde la buena vida con aquello que le va a destrozar.

Para evitar caer en cualquiera de estos u otros ejemplos, lo que tenemos que hacer es esforzarlos por aprender.

Es necesario estar alerta, porque estos síntomas suelen darse en todos y pueden llevar a uno a acabar mal. Lo contrario de ser moralmente imbécil es la conciencia, para la cual hacen falta unas cualidades innatas, así como ciertos requisitos sociales y económicos, pero partiendo de estos, nuestra conciencia depende de la atención y esfuerzo de cada cual. Esta conciencia tiene ciertos rasgos:

1. Saber que no todo da igual.

2. Fijarnos en si lo que hacemos corresponde a lo que queremos.

3. Desarrollar el buen gusto moral.

4. Renunciar a coartadas que disimulen que somos culpables de nuestros actos.

Hay que ser egoístas, querer lo mejor para uno mismo: esa “buena vida” basada en conseguir de los demás lo que no se puede comprar, lo que no se puede robar, porque cuando se roba pierde su sentido y se convierte en veneno. El egoísta es aquel que sabe de verdad lo que quiere y se esfuerza por conseguirlo, el que no lo sabe, sólo se hace daño a si mismo y no puede considerársele realmente egoísta. Es en este caso, donde afloran los remordimientos al haberse estropeado uno mismo voluntariamente. Este remordimiento viene de nuestra libertad, de haber elegido y hacerlo mal, al igual que de ella viene ser realmente libre. Ser responsable implica no defenderse en lo irresistible, en lo que no podemos evitar, en una condición ineludible que aprisiona nuestra libertad. Esto no es más que una superstición, algo creado por los que tienen miedo a la libertad. Las condiciones nunca son favorables para la buena vida, por eso hay que luchar por ella. El responsable es aquel que toma decisiones sin que nadie ni nada por encima de él le dé órdenes, así se va haciendo la persona, se va transformando y cada vez le será más difícil obrar mal.

Ponte en su lugar

La ética se interesa en como vivir bien la vida que transcurre entre humanos, pero por muy semejantes que sean los hombres no está claro de antemano cuál es la mejor manera de comportarse respecto a ellos, aunque está claro que nos convienen. Sin embargo, lo que si es evidente es que son relaciones frágiles que hay que cuidar y hasta mimar. Se nos tratará como tratamos, esto hace importante el ejemplo que damos. Una persona que se sienta desgraciada por el trato que recibe, probablemente llegue a ser una persona “mala”.

Así que, ¿cómo tratar a las personas? Intentando ponerse en su lugar, comprendiéndolo desde dentro, llegando a ver que en cierto modo estamos dentro de nuestros semejantes. Esto debería servir para tomar en cuenta sus derechos, y cuando estos faltan, sus razones. Se trata de tomarlos en serio, tal como se toma uno a si mismo.

No se trata de sacrificar siempre nuestros intereses por los del prójimo, pero si de “relativizarlos”, es decir, de tener en cuenta que nuestros intereses son relativos, salvo uno, el interés de ser humano entre los humanos, el interés en sentir simpatía por el otro, el de ser justos con ellos, amarlos aunque sólo sea porque también son humanos.

Tanto gusto

La inmoralidad suele ir unida al sexo, cuando esto no es más que una enorme muestra de ignorancia, todo lo que no dañe a ninguno y nos produzca gozo no puede ser malo. El hombre ha sabido llevar el sexo desde la simple procreación hasta el disfrute, alejándose de los animales. Se agazapa tras esa ignorancia el miedo al placer, miedo porque nos gusta demasiado. Los hay que tienen tanto miedo a que el placer les sea irresistible que se convierten en calumniadores profesionales del placer, olvidando que nada es malo por el simple hecho de que te guste hacerlo. De hecho se deben de buscar todos los placeres de hoy, encontrar el guiño placentero a todo lo que hay, teniendo siempre bajo control, sabiendo lo que buscamos el mayor tesoro que redunda del dinero, prestigio, amor... la alegría.

Hay que poner el placer al servicio de la alegría, lo que suele llamarse templanza o una amistad inteligente con lo que nos hace disfrutar.

Elecciones generales

El adjetivo de inmoral suele mencionarse en numerosas ocasiones al lado de “políticos” lo cual demuestra que estamos en una democracia, y que nuestros representantes se parecen demasiado a los que los votan. En realidad habrá de todo entre ellos igual que en cualquier otro gremio, pero son cabezas visibles en la sociedad, sus defectos son más públicos. Además, también nosotros solemos exigir más promesas de las que pueden cumplir.

Ética y política se parecen en el sentido de que las dos tratan de conducir a vivir bien, pero la ética se ocupa de lo que uno mismo hace con su libertad, mientras que la política intenta coordinar provechosamente el conjunto de lo que muchos hacen con sus libertades. Para una cuenta querer bien y para la otra los resultados de las acciones (hacer bien).

¿Cómo sería la organización política preferible desde el punto de vista de la ética?

1. Debería respetar al máximo las facetas públicas de la libertad humana. 2. Debería tratar a todas las personas como a personas, es decir, de ponerse en lugar de los demás. 3. Simpatizar con sus dolores, con las desdichas que pueden afligirnos a cualquiera.

De hecho, cuanto favorezca la organización de los hombres de acuerdo con su permanencia a la humanidad y no por su permanencia a tribus, parece en principio políticamente interesante. La diversidad de formas de vida es algo esencial pero siempre que haya pautas de tolerancia entre ellas.

Reflexiones Finales

Considero que el libro “Ética para Amador” es una maravillosa reflexión que nos guía hacia el mundo de la moral y la vida en general de un modo adecuado a nuestra edad, sin recaer en la seriedad o monotonía que generalmente acompaña a este tipo de explicaciones. Su autor, Fernando Savater, consigue hacernos divagar sobre temas que generalmente no nos detenemos a analizar sin perder por ello el sentido del humor y la alegría que, según comenta en el texto, debe caracterizar a la ética. Nos aclara cuestiones que varias veces nos llevan a una mala comprensión de la vida, a la vez entreteniéndonos e intrigándonos.

A lo largo del libro, el filósofo Savater nos aconseja como debemos comportarnos ante los diversos aspectos de la vida. Comienza definiendo literalmente la ética, pero según vamos pasando páginas comprobamos que en nuestra vida cotidiana la ética y la moral van mucho más allá de una simple definición. Lo más importante de nuestra existencia es hallar la verdadera “buena vida”, que se basa en las positivas relaciones con nuestros semejantes. Debemos hallar un respeto mutuo, no dejándonos llevar por opiniones desafortunadas.

Bibliografía

Savater, F. (1993), Ética para Amador. Ed. Ariel. Barcelona.

Este pequeño ensayo está dedicado a Ana María Rocchietti porque mucho de lo que este libro expone, ella me lo ha aconsejado.

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